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Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 22 of Flufftober 2022
Stats:
Published:
2022-10-22
Words:
2,679
Chapters:
1/1
Comments:
1
Kudos:
7
Hits:
57

El día que nos graduamos

Summary:

Es su graduación y Leo se pregunta qué es lo que hará después, tal vez seguir al lado de Elliot.

Notes:

Día 22. Graduación.

Título random porque no sabía qué poner.

Work Text:

—Deja de moverte —pidió Leo a la vez que acomodaba el moño del uniforme.

—¡No me estoy moviendo!

—Si lo estás —respondió y luego soltó un suspiro de cansancio—. Ya el moño está chueco.

La razón por la que Leo estaba acomodando el uniforme de Elliot era porque hoy era su graduación y tenían que estar presentables. Por eso revisó que toda su ropa estuviera limpia y bien planchada, no quería ver una suciedad o arruga. En este momento ya casi terminaba, lo único que tenía que volver a hacer era acomodar el moño porque su querido amo se movió, tal vez por sentirse un poco incómodo al ver que su sirviente decidió encargarse de su vestimenta.

«Elliot se ve atractivo» pensó.

Muy raro, había transcurrido un tiempo desde que empezó a vivir en la mansión Nightray y eso no se le había pasado por la cabeza, tal vez sus ideas estaban cambiando. Va a pensar que era a causa de todos los libros que ha leído porque no iba a poder procesar que era a causa de algo más. Regresando a su pensamiento inicial, Leo sonrió, bajó la cabeza para que no pudiera ver su sonrisa.

—¿De qué te ríes, idiota?

No respondió de inmediato, sino que retrocedió unos pasos y miró de arriba a abajo a Elliot, aún siguió manteniendo su expresión. Quiere que luzca igual que bien cuando va a los eventos que organizan a veces los cuatro grandes ducados.

—De nada, de nada —canturreó—. Te ves bien.

«Y no lo digo solo porque soy tu sirviente». Siguió con un tono de voz muy animado. ¿Qué le estaba sucediendo para pensar en esas cosas? ¿Será por la primera vez que revisa su vestimenta? ¿Porque la situación lo ameritaba? Muchas preguntas y de ninguna tenía la respuesta, en realidad era porque no quería pensar en nada más que disfrutar su graduación.

Elliot le dedicó a Leo una mirada que parecía decir "no te creo nada". No tenía por qué hacerlo.

—¿No te vas a cortar el cabello o quitar los lentes?

Leo miró el reloj de la pared. Una hora antes de que la ceremonia empezara. Dentro de la habitación pudo escuchar el ruido de una persona hablando a través del micrófono para asegurarse de que funcione bien. Si quisiera cortarse el cabello, ya lo hubiera hecho desde antes.

Leo formó una línea con sus labios. Se dio la vuelta para sacar de un cajón unas tijeras. «Una hora» se repitió y le tendió el objeto a Elliot, él no las tomó, sino que lo miró desconcertado.

—Córtame el cabello —pidió, al ver que él seguía sin responder, sacudió un poco las tijeras—. Quieres que me corte el cabello, entonces hazlo.

Elliot chasqueó la lengua y aceptó las tijeras a regañadientes. Se quitó los lentes para dejarlos sobre la cama. La satisfacción lo invadió cuando caminó para quedar enfrente de él, sus dedos tomaron los mechones que cubrían sus ojos y enredó sus dedos.

—No lo vayas a hacer mal.

Lo dijo con una sonrisa y notó cómo se molestó. Se preguntó si pudo captar que solo era una broma porque parecía que iba a soltar el cabello de golpe, ya casi escuchó su voz diciendo "entonces hazlo tú". No necesitó pensarlo mucho para saber que Elliot es malo con las indirectas, ¿es que tenía que decirlo directamente? Si le dio las tijeras fue porque confiaba en él y porque no es capaz de arruinarle el cabello, si lo hiciera mandaría a la mierda la graduación para golpearlo.

No hizo nada de eso, fue obra de su imaginación. Lo que sí pasó es que se quedó un tiempo sin hacer nada, sus manos seguían sosteniendo las tijeras y cuando lo miró de reojo, lucía como si le estuviera preguntando si podía, una acción que Leo consideró innecesaria porque estaba muy seguro de que lo hiciera, más si era él.

Había una razón por la que prefería que sus ojos se mantuvieran ocultos. Sin embargo, no quería decírselo a Elliot, tal vez se preocuparía y le haría muchas preguntas que Leo no tenía intención de responder. No quería hablar del tema. Fingirá que nada pasa.

Cortarle el cabello fue una acción muy rápida de lo que esperaba. Igual, solo era el fleco y Elliot no iba a tardar mucho porque el tiempo seguía avanzando.

—¿Por qué te sonrojaste? —preguntó al ver sus mejillas teñidas de rojo—. ¿Es que te gusto o qué?

Leo le sonrió y Elliot se volteó, en su rostro estaba claro su molestia, aunque lo trate de disimular, algo debió haber sucedido para que se ruborizara, no es algo que ocurre de la nada y tampoco es como si apenas lo conociera. Decidió dejar el asunto a un lado y se levantó para verse en el espejo. El uniforme lo tenía bien arreglado, se sacudió las posibles pelusas que pudiera tener. Una vez que se aseguró que se veía bien su ropa, se fijó en su rostro.

Para ser la primera vez que Elliot le cortaba el cabello a alguien no lo hizo mal, le gustó su apariencia. Ideal para la ocasión. Se quedó satisfecho con el resultado.

Ya debe de quedar poco tiempo. Sin saber por qué, Leo miró de reojo el tocador, vio los guantes blancos y luego las manos de Elliot.

—¿Por qué no me dijiste que todavía no te he puesto los guantes?

—Puedo hacerlo solo —contestó seco.

Leo rodó los ojos y negó con la cabeza. Es su sirviente, es su labor. Si se encargó del uniforme ¿por qué no también de los guantes? Entrecerró los ojos y los agarró de todas formas.

—Dame tu mano.

Elliot se volteó rápido y le dedicó una mirada de desagrado. Oh, ya se estaba enojando, pero no había razón, solo quería que le diera su mano, le pondría los guantes y luego los dos ya podrían salir de su habitación. Iba a ser terco entonces, a Leo se le empezaba a acabar la paciencia cuando el tiempo seguía avanzando y él todavía no le hacía caso.

—Elliot —pronunció su nombre sin importarle si sonaba calmado o no—, si no me das tu maldita mano, te pondré el guante a la fuerza.

Escuchó un bufido y luego estiró su brazo. No lo miró a la cara. Leo se inclinó un poco para ponerle el guante, hizo lo mismo con la otra mano. Los insultos que iba a soltar Elliot fueron interrumpidos por el sonido del micrófono pidiendo a los estudiantes que salieran para tomar sus lugares.

Parpadearon ante el silencio para escuchar claramente. Elliot fue el primero que salió de la habitación, Leo fue detrás de él, tratando de seguirle el paso y esquivando a los grupos de estudiantes que iban caminando en el pasillo. Por lo menos reconocía su silueta, así que encontrarlo entre la multitud no era algo difícil.

Una vez que lo alcanzó, le tocó el hombro y él se giró pocos segundos porque siguió en su camino. Con lo que alcanzó a ver, aún no se le borraba la molestia de la cara. Si era por mencionarle su sonrojo entonces Leo se iba a reír. No se le hacía una buena razón para que se pusiera así.

Se detuvo. Desvió la mirada hacia arriba. Sin duda Elliot se le hacía desesperante algunas veces. Miró a todos lados y trató de buscarlo porque lo había perdido, rápidamente se dirigió hacía los asientos, fue muy fácil encontrarlo por el cabello y porque estaba al lado de Oz y Alice. Ada estaba sentada en una fila delante de ellos. Sin importarle el enojo de Elliot, se sentó en el lugar vacío que había, era como si le hubieran guardado ese espacio para él.

—¡Leo, ese corte te queda bien!

Oz se había levantado de su asiento. El brillo en sus ojos era notable. Leo sonrió ante su comentario. Claro que su cabello había quedado bien y más que fue hecho por la persona importante para él, aunque no podía decirle eso porque no cree que Elliot sienta lo mismo.

—Oh, muchas gracias —contestó muy alegre—. Elliot lo hizo. Debieron ver cómo lucía su rostro cuando terminó…

—¡Leo! —lo reprendió Elliot.

Les quería decir que sus mejillas tomaron un color rojo, pero ante la molestia de él, supo que lo mejor era quedarse en silencio, además ya la ceremonia iba a empezar. No quería ser el protagonista de una escena enfrente de muchos grupos de estudiantes.

—Cuando mencionen mi nombre espero que grites emocionado.

Sonó como si le hubiera dicho una broma. Sin embargo, por un lado lo había dicho en serio.

—Como si fuera a hacer algo así.

—¿Por qué no?

Eso fue lo único que dijo. Elliot parecía querer decir algo, pero ya había empezado a hablar un maestro. Después de tanto comenzó su graduación.

Leo sintió mucha emoción ante las palabras que dijeron los profesores invitados. También unos alumnos aprovecharon la ocasión para expresar su discurso de despedida. Luego el director de la escuela empezó a mencionar los nombres de los alumnos para entregarles su diploma.

Estaba muy feliz porque ya había llegado lo que más esperaba, por fin había terminado sus estudios en Lutwidge y al lado de sus amigos, por eso es que cuando escuchó que sus nombres fueron dichos a través del micrófono, aprovechó para aplaudir con mucha fuerza. Cuando escuchó que nombraron a Elliot hizo el esfuerzo por no levantarse de su lugar y gritar, sino que permaneció calmado y se fijó en cómo su uniforme se le veía. Sin duda había hecho un buen trabajo con la forma en que le acomodó la ropa. Por eso no quería que nadie más lo hiciera. Siguió con su idea de que se ve atractivo, le gusta.

En el momento que dijeron su nombre y ya estaba subiendo el podio, trató de ver de reojo a Elliot, sin embargo la lejanía se lo impidió, así que va a imaginar que él tiene una ligera sonrisa y está aplaudiendo. Saludó a los maestros y recibió su diploma con mucha felicidad por su logro.

Al terminar Leo observó cómo los grupos de amigos se abrazaban, algunos hacían poses para las fotos que les hacían sus familiares. Oz y Ada se fueron para buscar a su tío, Alice fue detrás de ellos. Así es como se quedó en el mismo lugar que Elliot.

—¿No le dijiste a tus padres que vinieran?

Se giró en dirección a Elliot quien tenía una mirada algo triste. Ya con solo verlo pudo estar seguro de que no asistieron.

—¡Hermano, felicidades por tu graduación!

Vanessa abrazó a Elliot y empezó a soltar muchas palabras de felicitación. Él se veía un poco incómodo, aunque luego su expresión se volvió muy suave, le hacía feliz ver a su hermana junto a sus
hermanos. A Leo se le hizo una escena muy tierna, decidió voltear a otro lado para darles su espacio.

—Elliot, Leo, queremos tomarnos unas fotos con ustedes —dijo Oz y lo tomó de la muñeca para llevarlo con él.

No se fueron muy lejos de su lugar original, terminaron cerca de las jardineras, a un extremo de las escaleras para subir a las habitaciones. Saludó al tío de Oz y a Gilbert.

Oz, Gilbert, Alice y Ada se colocaron alrededor de él. No fue necesario que los volteara a ver para saber que tenían una gran sonrisa en sus rostros, Leo también estaba muy feliz y su estado de euforia aumentó cuando ya los hermanos de Elliot lo dejaron. Se sacaron varias fotos, tuvieron un rato muy agradable y cuando terminaron se alejaron de ellos.

—¿Qué harás después de graduarte?

Leo hizo la pregunta porque es un tema que le causa curiosidad. Siendo sirviente de Elliot y él no le ha hablado sobre eso, ni siquiera sabe si está feliz por haberse graduado, pero debe estarlo. No es algo que le cause muchas dudas.

—Seguir estudiando en casa —respondió.

Asintió en comprensión. Empezó a sospechar que su familia lo mantendría ocupado con los preparativos para cuando llegara el momento de que heredara el título de su padre. Leo suspiró, se preguntó si seguiría estando a su lado, si no cambiaría su personalidad cuando asuma el cargo. Quería que fuera el mismo de siempre, la misma persona de la que se enamoró, algo que no tiene por qué saber. Puede estar bien a su lado sin ser nada, sólo seguir siendo su sirviente. Es fácil pensarlo, pero está seguro de que si tuviera una prometida, tendría una molestia. Sacudió su cabeza a los lados para borrar esas ideas. Al mirar a Elliot, él tenía una ceja levantada.

—¿En qué piensas?

—En nada —contestó y prefirió añadir algo más para que no sospechara—, en que me gusta cómo te ves.

No lo dijo como lo tenía en su mente. Leo esbozo una sonrisa en sus labios y cuando volteó a ver a Elliot tenía una expresión extraña en su rostro, parecía que le sorprendió lo que dijo, al parecer fue muy inesperado y no sabía cómo reaccionar. Lo puede comprender.

—P-pero… ¿Qué estás diciendo? —dijo en voz alta, se alegró de que no pasaran estudiantes cerca porque llamarían la atención—. ¡No es la primera vez que tengo puesto el uniforme!

Lo sabía. Sin embargo, hay algo… algo que hace que no luzca igual a otras ocasiones, es diferente y no puede averiguar qué es. Hizo un gesto de estar pensando cuando dio unos pasos para verlo. No tiene nada que ver qué le haya arreglado el uniforme, debe ser algo más. Quiso maldecir por no saber cómo explicarlo.

—Te ves diferente —dijo al fin—, no sé si sea porque me gustas o…

—¿Qué? —interrumpió.

—Que te ves diferente —repitió.

Elliot negó con la cabeza. Quería que volviera a decir lo otro y no tenía valor para que salieran esas palabras de nuevo, las dijo en un tono suficientemente alto como para que escuchara.

—No, no —repuso de inmediato—. Me pareció escuchar que dijiste que te gusto.

Leo bajó la mirada al piso para que no viera cómo le invadió la vergüenza. Ya no había por qué ocultarse. Respiró profundamente varias veces. En este momento le gustaría volver a tener el cabello tapándole la cara para que no lo viera.

—Escuchaste mal.

—¿Q-que escuché mal?

—Sí, lo debiste haber imaginado.

—Estoy seguro de lo que dijiste, idiota.

Elliot se colocó enfrente de él y tomó el mentón de Leo para que alzara su rostro. Pudo ver de nuevo esas mejillas sonrojadas que se le hicieron muy tiernas, solo le estaban dando ganas de besarlo. Lo siguiente que hizo cuando los dos se estaban mirando a los ojos, fue que Leo se estampó en sus labios. Sin importarle que alguien los viera, lo estaba besando, levantó su brazo para rodear su cuello.

—¿Entonces si están enamorados?

—No tenía dudas de que había algo más en su relación de amo y sirviente.

Escuchar a Oz y a Alice hizo que el beso no dudara mucho tiempo. Elliot fue el primero que se separó, su mano estaba sobre su boca, el sonrojo aumentó en sus mejillas, Leo sonrió al verlo de reojo y se fijó en la expresión muy alegre de él, los habían atrapado en un mal momento.

—¡No digas nada, enano!

Se dirigió a Oz y lo apuntó con el dedo en señal de advertencia. A él solo le divirtió la situación.

—Bien, bien —dijo entre risas—. Haré que no ví nada. Por cierto, los queríamos invitar a comer para celebrar nuestra graduación.

Leo tomó el brazo de Elliot y asintió. Él no tenía ningún problema con asistir, además de que no quería permanecer en la mansión Nightray sin hacer nada. Quería disfrutar al máximo el día de su graduación y al lado de la persona que quiere. Realmente no había mentiras en las palabras de Oz.

Subieron por sus cosas y luego se fueron juntos a la mansión Vessalius. Le gustó mucho como Elliot entrelazó su mano con la de él. No había nada más que pudiera mejorar su día.

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