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Te lo prometo

Summary:

Akaashi Keiji estaba a punto de recaer y, por eso mismo, recurrió a Bokuto Koutarou.

Notes:

¡hola!

aquí traigo la décima palabra del softober: bellota.

estoy un poco nerviosita por la trama que le he dado a este oneshot, espero haberlo representado bien. ¡y es el primer bokuaka que escribo!

en fin, espero que os guste y muchísimas gracias por leer !

besis de fresi de la sugamari y nos leemos en twitter ! ♡

Work Text:

Keiji no podía más. Tuvo que recurrir a él para no recaer. Era la única persona que le daba confort. Era quien conseguía que respirara hondo, que contara hasta diez, que se relajara, que se calmara. Era por quien estaba comenzando a tener sentimientos más fuertes y tenía conciencia de que, si seguía así, tenía que dejar de ir al grupo de terapia que impartía en Alcohólicos Anónimos y cambiar a otro profesional.

 

—Soy yo. Hola.

 

—¿Akaashi? ¿Qué pasa? ¿Ha habido algún problema?

 

—Soy el problema. Soy yo.

 

Pudo escuchar un suspiro lleno de preocupación al otro lado de la línea. Ojalá pudiera cambiar eso. Ojalá nadie se tuviera que preocupar nunca más por él. Ojalá pudiera controlar mejor esa ansiedad que pensaba que solamente podía apaciguar con gotas ardientes y fuertes recorriéndole la garganta. Se sentía impotente. Quería estar bien.

 

—Hey, Keiji. No. No eres el problema, ¿vale? Te lo recordaré todas las veces que hagan falta. No eres el problema —notaba movimiento en sus palabras, como si estuviese haciendo algo. ¿Se estaba vistiendo?

 

—Todo el mundo está de acuerdo. Me lo dicen. Me siento como un monstruo que está escondido detrás de una colina, refugiándose para que los demás no se asusten. 

 

—’Kaashi… No eres eso. No me gusta que te hagan creer algo que no eres. 

 

—Solamente con verme las ojeras es normal que piensen algo así de mí. Me llegan hasta los tobillos, me las podría pisar si quisiera.

 

—Yo te las recojo para que no las pises, Kei —hizo una pequeña pausa antes de volver a hablar, carraspeando, pareciendo algo avergonzado de lo que acababa de decirle—. ¿Dónde estás ahora?

 

—En casa.

 

—Genial. ¿Quieres que salgamos a dar un paseo? Y así te despejas y piensas en otra cosa. Hoy están los puestos de castañas y bellotas en la plaza del centro.

 

Akaashi no sabía cómo de correcto era hacer eso. Estaba quedando con la persona que le veía casi todas las tardes por culpa de su alcoholismo. No era su psicólogo como tal, pero seguía siendo poco ético. Él dirigía esas reuniones. Él era el encargado de su seguimiento. Odiaba haberle conocido en esas circunstancias. Pero si el propio Bokuto Koutarou le estaba diciendo de quedar con él sería por algo. Algo que todavía desconocía.

 

—Sí. Vale. Gracias.

 

—Nos vemos en media hora en la propia plaza, ¿vale? Te esperaré al lado de la torre del reloj —y sonó un ruido que le hizo creer que se estaba poniendo una camiseta.

 

—Vale. Nos vemos ahí, Bokuto.

 

Tras colgar, Keiji se pasó las manos por la cara. Definitivamente quería gritar, pero no tenía tiempo. En ese momento debía poner las pocas fuerzas que tenía en lavarse la cara, asearse y quitarse el pijama para ponerse algo de ropa medianamente decente. Sus días se basaban en dormir durante toda la mañana, ya que las madrugadas se las pasaba en vela. Aprovechaba entonces para trabajar en la revisión de los mangas que le mandaba la editorial, pero también era notorio cómo cada vez le iba dando menos tarea que realizar. Hasta sus propios compañeros se daban cuenta de su malestar; ya ni era capaz de disimular. Lo peor de todo era que él en general ya iba mucho mejor, así que no quería ni imaginar la impresión que daba antes de comenzar las consultas psicológicas y las tardes de terapia de grupo. Y llevaba un mes sin probar una gota. Hacía tiempo que no estaba a punto de tener una recaída así.

 

No había sido consciente, pero la presión del pecho se fue yendo lentamente, así como su dificultad para respirar y las ganas de llorar. De todos modos, la ansiedad dejó la puerta entornada para poder volver a entrar cuando le apeteciera. Siempre hacía lo mismo. Nunca pedía permiso.

 

Ya estaba listo. Camino a su encuentro con Bokuto, Keiji tomó una decisión: iba a decirle lo que sentía y comunicarle que, por eso mismo, tenía que cambiarse de turno e ir con otro profesional. Era lo correcto. Tenía que ser así si quería contar con Koutarou de otra manera distinta. Incluso siendo su amigo si el sentimiento no era correspondido. No podía ser su terapeuta si las cosas se tornaban de esa manera. Y Akaashi prefería que fuese así. Prefería tener al chico de ojos dorados en su vida de cualquier manera posible.

 

—¡Kei! ¡Estoy aquí! —el chico de cabello grisáceo estaba alzando los brazos, con el cuerpo girado hacia la dirección en la que estaba llegando.

 

La respuesta del moreno fue esbozar una pequeña sonrisa a modo de saludo a la par que levantaba la diestra y la movía hacia los lados —pero tampoco con demasiado ímpetu—.

 

—¿Estás un poco mejor? —Akaashi asintió—. Bien. ¿Te apetece pasear? —Volvió a decir que sí con la cabeza—. Pues vamos —le tendió el brazo para que se enganchara en él.

 

Lo único que se le pasaba a Keiji por la cabeza en ese momento era que le gustaba muchísimo caminar así con Koutarou. Era como si llegase a casa y supiese que todo iba a ir bien, que iba a poder descansar, que iba a estar en paz. El paseo olía a hojas mezcladas con castañas y bellotas; olía a otoño. No quería que acabase nunca. Quería vivir para siempre en esos pasos guiados por el de ojos dorados.

 

—Bokuto, tengo que hablar contigo.

 

Pero las cosas a veces no salen como queremos, y para Akaashi no iba a ser menos. Era consciente de que tenía que hablar con él y cuanto antes mejor. Antes podía quitarse esa espinita. Antes podía saber si iba a ser rechazado. 

 

—¿Todo bien, ‘Kaashi? —En su tono de voz se podía apreciar la preocupación que también le estaba demostrando por la forma en la que le estaba mirando.

 

El nombrado se limitó a encogerse de hombros como respuesta. Genuinamente no sabía si estaba todo bien o no. A lo mejor estaba mejor dependiendo de la reacción que tuviera ante lo que estaba a punto de decirle.

 

—Tengo que cambiarme de grupo de terapia. No está bien que yo siga ahí. A ti pueden hasta multarte por ello. Lo siento. Realmente todo esto es culpa mía.

 

—¿Culpa tuya? No tiene sentido. ¿Por qué dices eso?

 

—Porque si no hubiese empezado a sentir cosas por ti, no tendría que hacer nada. Todo seguiría bien. Igual que antes. Seguiría siendo un alcohólico más con el que haces dinámicas grupales. Uno más de la lista.

 

Cabe destacar que a Koutarou toda esa confesión le dejaba bastante perplejo. Sus orbes se agrandaron por completo, pero su boca decidió moverse por su cuenta para acomodarse en una sonrisa. Akaashi no entendía, pero en breves iba a hacerlo.

 

—Kei. No quiero que vuelvas a decir eso, ¿vale? Tú ya no eres uno más de la lista. Por eso también quería quedar contigo. Quería hablar. Pero lo primordial es que estuvieses mejor. Antes de que tú me llamases yo estaba dispuesto a escribirte un mensaje.

 

—Entiendo. Me ves como a un amigo y por eso también ibas a decirme que me cambiase. No se puede tratar a los amigos.

 

—¡No! No. Escúchame, por favor —con toda la delicadeza del mundo, Bokuto alzó el mentón de Keiji para que pudiese mirarle fijamente a los ojos—. Te veo como más que un amigo. No quiero que pienses que tengo el complejo de salvador, por eso mismo no te lo había dicho antes. Pero es inevitable que me gustes, ‘Kaashi. Me gustas mucho. Y quiero ayudarte a mejorar de la forma más sana posible.

 

Por fin el moreno pudo sonreír. No era la curva más grande del mundo, pero estaba ahí. 

 

—Te prometo que voy a trabajar en mí. Voy a intentar mejorar todo lo posible.

 

—Pero hazlo por ti, ¿vale? Sobre todo. 

 

—Eso también te lo prometo. 

 

—¿Y besarme?

 

Pero, antes de poder dar una respuesta, la boca de Akaashi se vio abrazada por la de Bokuto. De esa manera sellaban todas las promesas. De esa manera comenzaba un nuevo camino para los dos. De esa manera crecía la esperanza de Keiji en sí mismo.

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