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A Kazutora le gusta Chifuyu, demasiado. Aún no comprende del todo las razones detrás de su enamoramiento hacia el amigo de Baji, simplemente es consciente de que le gusta mucho. Quizás es por su apariencia física, porque Chifuyu tiene su propio encanto. Cabello rubio, ojos azulados brillantes como el mar, tez pálida, sonrisa brillante. Chifuyu apenas es unos cuantos centímetros más bajo que él, pero a pesar de eso no era para nada débil. Es más, Kazutora piensa que, en cuanto a fuerza física, quizás Chifuyu le gana por muy poco, aunque, en cuanto a dar patadas, es Chifuyu el que definitivamente gana. Quizás le gusta por su personalidad brillante y leal; siempre alegre y dispuesto a apoyar a sus amistades. A veces es un completo y terco idiota; uno que cree que sus ideas son las más geniales del mundo, sin embargo, eso es parte del encanto del muchacho. Tal vez está enamorado de él por la forma en que lo trata. Pese a que en primera instancia Chifuyu desconfiaba de él, pronto lo empezó a considerar como un amigo más y tratarlo con amabilidad y cortesía. Por supuesto, existen veces en que a Kazutora le fascina molestarlo sólo para apreciar los gestos que el chico realiza, pese a ello, nunca intenta excederse de sus bromas.
Con el pasar del tiempo, Chifuyu le permite tener más tacto y apego: abrazos por la espalda, caricias en el cabello, poner su cabeza en uno de sus hombros o sobre su regazo. Kazutora cree que Chifuyu permite estas acciones con sus otros amigos, sin embargo, parece ser lo opuesto y con muy poca frecuencia, lo que le lleva a pensar que, quizás tiene cierto privilegio con él, lo que le hace sentir especial y querido de cierto modo.
Aun así, Kazutora no quiere ilusionarse de que tal vez puedan ser algo más eventualmente, pero Chifuyu muchas veces se lo deja muy difícil no pensar que quizás hay algo más íntimo entre los dos.
El sentimiento que siente por él crece cada día. Cree que llegará a un punto en que tendrá que confesarse, pero Kazutora no tiene experiencia en ello. Además, tiene cierta desconfianza y miedo ante el escenario, a pesar de que ha hecho pequeños intentos disimulados para mandarle las señales, pero fallando en el intento. En secreto y en la comodidad de su casa, ha leído unos cuantos mangas de romance de los que consume Chifuyu para comprender un poco más sobre el dilema de la confesión de amor –y también para aprender de los gustos del chico que le gusta–, a pesar de ello, por más que lee, se da cuenta que no está preparado para ello. Se da cuenta que, en los mangas, ilustran el momento de la manera más romántica del mundo, con planos generales ambientando el lugar, que siempre son espacios abiertos con las copas de los árboles danzando suavemente por el viento, en donde la protagonista al fin se abre con el chico que le gusta y profesa lo enamorada que está. Aun así, Kazutora no logra comprender del todo y su inexperiencia le hace retroceder en querer llevar a cabo la confesión.
No quiere recurrir a su mejor amigo, Baji. No porque no le tenga confianza, sino que sabe perfectamente que él tampoco posee alguna experiencia que le ayude. A esas alturas, preguntar sobre Chifuyu levantaría sospechas en el otro muchacho y sería objeto de sus burlas, aunque también Baji sería capaz de darle el apoyo que Kazutora necesita para dar el siguiente paso.
Así que Kazutora prefiere guardarse el sentimiento.
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“¿Estás cómodo?”
“¿Hm?”
Kazutora se gira en dirección a Baji mientras permanece tranquilamente en el regazo de Chifuyu mientras éste juega con un par de mechones desteñidos de su cabello. Los tres se han juntado durante el receso más largo, por lo que se han escabullido hasta la azotea sin ser descubiertos exitosamente. Baji guarda una considerable distancia de Chifuyu y Kazutora sin razón aparente, pero ninguno de los otros dos parece importarle ese detalle.
“Oh”, atina a decir Kazutora al darse cuenta de la pregunta. Examina rápidamente a Chifuyu quien le da una sonrisa. “Sí, estoy cómodo”, replica él.
Baji ríe. “Ustedes dos se ven como si ha fueran novios”
“¿Qué?”
“No se hagan los idiotas, se ven lindos juntos”, argumenta el chico con sencillez. “Hacen buena pareja”.
Kazutora intercambia miradas con Chifuyu y se da cuenta que se ha ruborizado un poco. Él también siente las mejillas algo calientes ante el comentario de Baji.
“¿Qué te hace pensar eso?”, pregunta ahora Chifuyu.
“Ustedes dos se han vuelto muy cercanos en poco tiempo”, argumenta Baji, enfatizando la voz en 'muy', “además, no se ven nada mal juntos. Como dije, hacen buena pareja”
“Sólo somos amigos”, refuta Kazutora, enfatizando la voz en la última palabra.
“¿Pero no te molestaría en que pudieran ser algo más?”
La pregunta hace que Kazutora trague duro y sienta que las mejillas le arden de calor. No quiere mentir porque es bastante malo en ello, pero en su mente piensa que quizás es la oportunidad para dejar en claro que está dispuesto a algo más serio con Chifuyu. Puede percibir que tanto la mirada de Chifuyu como la de Baji están puestos en él, expectantes en una respuesta.
“Bueno... Chifuyu es tierno y lindo, no me molestaría para nada salir con él”, sincera Kazutora, quebrando el silencio.
“¡No soy tierno!”
“Debes asumir que lo eres”, Kazutora hace una pausa, esbozando una sonrisa traviesa, “aunque también eres bastante idiota”
Chifuyu le vocifera algunas maldiciones en su contra, intentando sacarlo de su regazo mientras que Kazutora y Baji se echan a reír. De repente, los tres logran escuchar a duras penas el timbre, lo que los alerta de que deben regresar a clases. Se levantan del suelo y caminan a paso lento hasta la puerta del acceso a la azotea.
“Bien, hora de regresar”, anuncia Baji, estirando los brazos, “por cierto Chifuyu, ¿qué harás esta tarde?”
“Tengo la tarde ocupada con Kazutora, lo siento”, responde Chifuyu.
“Espera, ¿sólo ustedes dos?”
“Kazutora hace tiempo que me pidió una tarde exclusiva para los dos”, en eso, Kazutora se acerca a Chifuyu y pasa uno de sus brazos por el cuello del chico. Le muestra la lengua a Baji de forma burlesca. “Otro día podemos hacer algo los tres juntos, ¿sí?”
“Tampoco es para tanto Baji”, agrega Kazutora, con un tono juguetón, “vives cerca de Chifuyu, que lo tenga para mí por una tarde no es nada malo”
“¿Hah? Yo no le pertenezco a nadie”, refuta Chifuyu, cruzándose de brazos.
Baji mira con ojos entrecerrados al par que se aleja, dejándolo solo sin que ellos se den cuenta de ello. Kazutora por su parte, bromea y molesta a Chifuyu en el transcurso del trayecto mientras se dirigen a sus respectivos salones de clases para volver al estudio.
***
“Hanemiya, nuestra amiga quiere hablar contigo a solas, ¿puedes venir?”
“Ya le dije a su amiga que no estoy interesado”
Es casi a diario que Kazutora reciba declaraciones amorosas e invitaciones a salir de otras chicas. Es consciente de que es atractivo a pesar de que aquel atributo no es de su agrado por cuestiones personales. Al inicio, poco y nada le importaba recibir cartas o ser detenido en medio de la salida por chicas interesadas por él, declarándose en ese momento, pero pronto comenzó a ser una completa molestia para Kazutora.
Más le irrita ahora porque esa tarde tiene planes con Chifuyu y quiere irse lo más pronto con él, sin embargo, la insistencia de aquellas dos muchachas le están fastidiando más de lo que debería y parecen que no están dispuestas a dejarlo escapar tan fácil.
“¡No seas descortés!”, exclama una de ellas, algo ofendida, “sólo será unos minutos”
“Ya dije que no”, dice Kazutora, con voz seca y tajante.
“¡Qué cruel eres, Hanemiya! Le romperás el corazón”
“Hey, ¿qué está pasando aquí?”, inquiera una voz, integrándose a la charla.
Para sorpresa de Kazutora, Chifuyu aparece y se interpone entre las dos muchachas que lo miran con desprecio por la interrupción.
“Disculpen, ¿estaban en algo importante?”
“No realmente”, se apresura en decir Kazutora, aprovechando la oportunidad de poder zafarse de la situación.
Una de las chicas abre la boca para poder hablar, pero Chifuyu se adelanta abrazando el brazo de Kazutora y empezar a tirar de él para llevárselo consigo. “Si no les molesta, me lo llevo”, exclama Chifuyu mientras se van alejando por el pasillo de la escuela.
En cuanto ya están en una prudente distancia de aquellas muchachas, Chifuyu por fin suelta el brazo de Kazutora. “Eres demasiado popular con las chicas”, reclama Chifuyu, en un falso tono ofendido.
“No es algo que pueda controlar, ¿sabes?”, se excusa Kazutora alzando sus brazos, “mucho menos que siempre busquen la forma de impedir que me vaya de la escuela a tiempo”
“Bueno, al menos esta vez fui en tu rescate”, y Chifuyu infla el pecho de orgullo.
Kazutora sólo se limita a rodar los ojos mientras niega suavemente con la cabeza.
Mientras van caminando hacia el apartamento de Chifuyu, charlan un poco e incluso hacen una pequeña parada a una tienda de convivencia con tal de tener algunos dulces y bocadillos para la tarde que tendrán juntos. En el trayecto, Chifuyu luce animado y lo expresa abiertamente, hablando con Kazutora sobre el anime que han quedado de ver. Lo cierto es que Kazutora no presta demasiada atención a lo que dice, porque su atención está fija en lo lindo que se ve Chifuyu tan animado.
Peke J, el gato de Chifuyu, los recibe a ambos maullando animadamente y paseándose a través de las piernas de ambos jóvenes en cuanto entran al apartamento. Chifuyu le alza en brazos para permitir que el felino restriegue su cabeza contra el rostro de su amo. Los dos chicos se desplazan por el apartamento hasta que llegan a la habitación de Chifuyu: es de un espacio reducido, las paredes de un sólido color blanco que se ha desgastado un poco con los años, con los muebles necesarios e imprescindibles y algo de decoración en las paredes como posters y alguna que otra foto enmarcada importante. Aun así, a Kazutora le agrada la simpleza del sitio pese a que no es primera vez que ha estado allí. Chifuyu suelta a Peke J; el felino salta a la cama, en donde amasa un poco una zona de ésta por unos segundos y se hace un ovillo para continuar con su siesta.
Mientras tanto, los dos chicos se han instalado en el suelo de la habitación, lo suficientemente cerca de la televisión que Chifuyu tiene. La bolsa con los bocadillos y dulces queda en medio de ambos.
“Como te decía, Igarashi tiene muchas oportunidades de ganar el corazón de Kae”, comenta Chifuyu, entusiasmado.
“¿Sigues con eso? Es obvio que Mutsumi-senpai es el ganador, el mismo manga te lo deja implícito desde el inicio por como trata a Kae”, replica con desgano Kazutora.
“¡No! Igarashi tiene que ganar”
No hacía mucho tiempo que Chifuyu estaba viendo ese anime a raíz del manga. En consecuencia, Kazutora también se lo empezó a leer con tal de tener algo de conversación de Chifuyu –y porque también así podría encontrar cosas que le gustaban a él–. Aún si intentaban obviar el hecho de que la autora del manga había publicado anteriormente historias de romance sobre chicos, ambos no podían negar que la historia, un shojo sobre una chica corpulenta y otaku que, de a la noche a la mañana pierde peso y se convierte en la más linda, era divertida y de cierto aspecto expectante ante qué personaje del elenco de pretendientes iba a ganar el corazón de la protagonista.
El anime salió con el motivo de aumentar las ventas del manga, por lo que Chifuyu comenzó a verlo por gusto, así que esa tarde, aprovechando que saldría el capítulo de la semana, iba a verlo acompañado con Kazutora quien le había sugerido la posibilidad de verlo juntos, aunque él no haya visto los primeros capítulos del anime –a pesar de ello, Kazutora no se ha perdido nada porque gracias a que le pidió los primeros tomos prestados a Chifuyu, ya sabía del inicio de todos modos–.
Chifuyu sintoniza el canal en donde transmiten la serie, mientras Kazutora hurga en la bolsa con bocadillos para escoger algo de comer. De manera disimulada, observa la emoción de Chifuyu mientras el opening suena de fondo. Aprecia embobado la mirada brillante de su acompañante mientras que, finalmente, saca un bocadillo salado y se lo lleva a la boca.
Del capítulo poco le toma importancia de ver, Kazutora se queda en silencio mientras Chifuyu habla hasta por los codos comentando cada detalle del capítulo: si está bien animado, si le da risa alguno de los comportamientos de la protagonista, lo lindo que luce su personaje favorito del elenco, Igarashi. A veces, solo ofrece respuestas cortas y pequeñas afirmaciones con la cabeza, pero una creciente sensación comienza a surgir en él que lo incomoda un poco.
“¿No crees que lo que acaba de decir Igarashi es lindo?”, consulta Chifuyu, emocionado.
Kazutora pone una expresión seria. “Sí, sí, es muy lindo”, ironiza.
A la par de aquella sensación, una pregunta se instala en Kazutora que le hace molestar un poco: ¿por qué personajes de ficción y no él? Siente que ha hecho todo lo posible para que Chifuyu se fije en él y sólo ha recibido respuestas confusas llenas de una falsa ilusión. ‘Ahora no sé si quiero gritarte o besarte’, piensa, mientras sigue observando a Chifuyu quien mantiene su atención fija en la pantalla de la televisión. Tras unos minutos, por fin una seguidilla de comerciales aparece, lo que conlleva a que Chifuyu se estire un poco y descanse un poco la vista. Kazutora por su parte, saca otro bocadillo para comer.
“Me está gustando el capítulo”, comenta Chifuyu, mientras se gira para comer algo. Hurgando en la bolsa, saca una pequeña caja de pocky, llamando la atención de Kazutora.
Abre el paquete sin mucho cuidado y tras romper la bolsa plástica que contiene las galletas largas cubiertas de chocolate, Chifuyu extrae uno para ponerlo entre sus labios, seguido de dejar el paquete en el suelo para sacar otro más tarde. Es ahí cuando Kazutora tiene una idea, pero no sabe si debe aprovechar el momento. No ayuda en nada la forma distraída en que Chifuyu se come la galleta. Traga duro, porque es evidente que su momento podría ser ahora y si espera un poco más, tal vez algo pueda demasiado tarde.
Así que Kazutora se arma de valor: esta vez, está determinado a ser un poco más claro con sus sentimientos.
“Chifuyu”, dice él, captando la atención inmediata del muchacho mencionado.
“¿Hm?”
Kazutora, aprovechando la cercanía, le quita la galleta a Chifuyu y antes de que éste pudiese protestar ante la acción, presiona sus labios contra los ajenos. En ese instante, percibe que el tiempo se detiene y que su cabeza no para de girar. Además, en cuanto hizo contacto con los labios contrarios, cerrando rápidamente los ojos, temiendo el peor de los escenarios. No obstante, Kazutora siente que Chifuyu no se ha movido en lo absoluto. El primer beso para ambos es inmóvil, pero para Kazutora es una agradable sensación tranquila y dulce gracias a la galleta que estaba comiendo Chifuyu. En cuanto siente la necesidad de respirar –porque la inexperiencia lo llevó a contener la respiración sin querer–, se separa con lentitud.
Tras abrir los ojos, se encuentra con un ruborizado Chifuyu que lo mira sorprendido y confundido. Él también siente que sus mejillas están cálidas.
“¿Qué fue eso?”, pregunta Chifuyu, nervioso.
“¿No es obvio? Eso fue un beso”, responde Kazutora, también nervioso.
“¿¡Y por qué lo hiciste!?”
“Porque me gustas, idiota”
Chifuyu se queda boquiabierto y congelado por un momento, hasta que sacude la cabeza para volver en sí, todavía más incrédulo por lo que acaba de escuchar.
“Espera, ¿te gusto?”
Kazutora resopla. “Por supuesto que sí. Me gustas desde que nos conocimos, gracias por notarlo todo este tiempo, maldito bastardo”, ironiza él.
Ahora, Chifuyu se lleva una de sus manos para cubrir su boca, lo que hace pensar a Kazutora que ha cometido un error. Una creciente preocupación y culpa se llegan a posar en el pobre muchacho que recién se ha confesado, por lo que su semblante rápidamente pasa de la molestia a la culpa y preocupación. Abre su boca, pero de ella no brota ninguna palabra porque tiene un nudo en la garganta que le impide articular algo. Con desesperación, Kazutora carraspea para aclarar su garganta y pone que mano en un petrificado Chifuyu que parece aún procesar la situación.
“Oye”, dice Kazutora, con voz nerviosa y entrecortada, “lo siento si yo...”
Antes de que pudiera decir algo más, es Kazutora ahora quien se lleva la sorpresa de sentir los labios de Chifuyu sobre los suyos. El contacto le provoca un escalofrío que recorre todo su cuerpo y que lo lleva a, de manera inconsciente, echarse un poco para atrás tras perder un poco el equilibrio. Ahoga un pequeño y apenas audible sonido de sorpresa en cuanto siente que Chifuyu ha iniciado un ligero, pero tímido movimiento de sus labios.
Él torpemente le sigue, temeroso por tantear el nuevo terreno que ahora puede explorar a su antojo. Se siente como un completo manojo de nervios, envuelto en una dulce y cálida sensación nueva que poco a poco le va resultando adictiva, con el corazón palpitando violentamente en su pecho. Deja que Chifuyu sea quien guíe el compás del segundo beso, inseguro de realizar un movimiento en falso y arruinar la experiencia. Encapsulado en el momento, ignora que su cuerpo comienza a pedirle que necesita respirar un poco, sin embargo, es Chifuyu quien finaliza el beso.
Ambos se miran avergonzados, no obstante, ninguno parece incómodo ante la cercanía del otro ni de cómo sus labios rozan peligrosamente, expectantes para otro beso más. Kazutora puede sentir la intensidad en que arden sus mejillas y de cómo le sudan las palmas de las manos.
“Así que...”
“No”, le interrumpe Chifuyu, “no digas nada”
Kazutora, alza una de sus cejas, divertido. “¿Eh? Es evidente lo que querías decir con ese beso”, bromea.
“Cállate, no lo digas”
El otro no puede evitar dejar escapar unas cuantas risas nerviosas. “¿Seguro? Deberías mirarte en el espejo, así ves la emoción que tratas de ocultar”, canturrea Kazutora.
“Disfrutas mucho molestarme, ¿verdad?”
“Lo disfruto y también disfruto ver las expresiones que pones, Chifuyu”
Chifuyu deja escapar un suspiro, desviando un poco su mirada por la vergüenza que siente. Entonces, Kazutora vuelve a tomar la iniciativa, esta vez, un poco más seguro de incorporar el tacto. Toma el rostro del otro entre sus manos y vuelve a besarlo. Siente cómo Chifuyu rodea su cuello con los brazos, en un intento de cortar un poco más la distancia mientras se besan. Una de las manos de Kazutora acaricia con ternura la mejilla de Chifuyu mientras que la otra baja sin escrúpulos hasta posicionarse en la cintura ajena. Ninguno de los dos parece querer acelerar el ritmo y disfrutan de lo lento, pero dulce que es el beso.
Aún si Chifuyu no ha correspondido abiertamente sus sentimientos, para Kazutora, los besos son la respuesta que necesita saber en ese momento.
“Oh, el episodio ya terminó”, dice Chifuyu, rompiendo el beso de manera inesperada.
“Van a dar la repetición en algún momento, tampoco es para tanto”, habla Kazutora, restándole importancia.
“Pero dijiste que querías ver el capítulo conmigo”
“¿Qué tan idiota eres? Lo dije para pasar tiempo contigo, además, solo empecé a leer esas historias por ti”
Chifuyu parpadea incrédulo y por un momento, se pierde en sus pensamientos: como si algo en él hizo clic en el instante. Kazutora, por su lado, suspira, cuestionando el por qué le gusta tanto ese chico rubio.
Pero si de algo está seguro, es que es un hecho de que está totalmente enamorado de Chifuyu.
“Oye, bueno... sobre...”, balbucea Kazutora, volviendo a ser un manojo de nervios. “Uhm, ya sabes”
“¿Saber?, ¿saber qué?”, le cuestiona Chifuyu.
Kazutora chasquea la lengua. “No sé cómo decirlo”, se excusa.
“Fuiste capaz de confesarte, ¿y ahora no puedes decir eso?”, se burla Chifuyu, soltando una risilla.
“... Tú, estás disfrutando hacer esto conmigo, ¿verdad?”
“Vamos, estoy esperando. No me hagas esperar”
El chico puede ver la emoción que desprende Chifuyu de sus ojos radiantes y sabe que no tiene otro remedio que volver a armarse de valor para preguntarle lo que desea decir.
“Quieres... ¿quieres salir conmigo?”, pregunta Kazutora, en un hilo de voz.
En cuanto finaliza de formular la pregunta, Kazutora es testigo de una de las sonrisas más radiantes que Chifuyu le ha regalado, derritiendo su corazón lentamente. Antes de escuchar la respuesta, el muchacho le planta un pequeño beso en los labios y escucha su risilla traviesa.
“Por supuesto que sí”
