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Durante los últimos meses, Chifuyu ha encontrado un hobbie al que poco a poco comenzó a dedicarle la mayor parte de sus tardes: escribir fanfics. Descubrió que, mediante la escritura, puede echar a volar su imaginación y plantearse ideas fuera de los hechos canónicos de sus series y mangas favoritos. Escribiendo, puede rehacer la historia a su antojo e imaginar diferentes finales de los que a él le hubiese encantado poder haber visto alguna vez. También, poder proponer mediante la escritura universos alternativos en donde podría poner a sus personajes favoritos en situaciones cotidianas o poco usuales. Siente que escribir es una herramienta poderosa, una herramienta a la que debe aprender a usar con sabiduría, pero que, sobre todo, una herramienta que puede usar cuando quisiera sin perderle el gusto.
Claro está que, al principio, sus historias carecían de cuidado en cuanto a la narrativa; Chifuyu no había nacido con el supuesto talento que muchos escritores aseguran tener. Por lo que pronto, a la par de empezar a practicar escribiendo todos los días, empezó a sumergirse en las páginas dedicadas al fanfiction en general, encontrando historias que le sacaron suspiros, que le hicieron llorar, otras que le provocaron rabia y frustración y unas pocas a las que no volvió a leer porque encontró que no le llamaba la atención la trama que abordaban. Gracias a ello, también su forma de escribir comenzó a forjarse y tener su propia identidad. Su ardua dedicación logró que, poco a poco, también se ganara un pequeño nicho de fanáticos que fielmente esperaban sus historias y que le alentaban a seguir escribiendo.
El recibimiento entusiasmaba mucho a Chifuyu. Le gustaba poder conversar con aquellas personas detrás de la pantalla, discutir sobre temas de sus series y mangas e incluso buscar por redes sociales arte creado por fans. Nunca había estado dentro de un 'fandom' de manera tan activa, por lo que tenía mucho por donde aprender a interactuar con la gente de internet. Lo que más adoraba Chifuyu es que todo aquello que le gustaba, tenía una generosa cantidad de contenido por lo que podía pasar unas cuantas horas frente a su laptop leyendo, escribiendo sus fanfics o revisando sus redes sociales en búsqueda de los ansiados fanarts de sus parejas favoritas.
Pronto, se dio cuenta que necesitaba un seudónimo o un usuario con el cual identificarse: no le estaba gustando el insípido usuario con el cual se había registrado en un inicio, por lo que, tras pensarlo unos minutos, realizó el cambio: thousand_winters. Era su nombre de manera literal, pero sabía que nadie de sus amistades le reconocerían bajo ese usuario, además, de por sí en redes sociales prefería que le llamasen 'Fuyu' o 'Yuki', por lo que se sentía a salvo dentro de internet.
Poco a poco, el pequeño nicho de seguidores empezó a aumentar de número de manera exponencial, teniendo una buena cantidad de éstos que esperaban sus escritos y siempre le comentaban en sus capítulos que Chifuyu procuraba publicar de manera semanal. Pese a su creciente fama por internet, él intentaba mantenerse al margen dentro de todo, pero siempre agradecía el apoyo que le estaban proporcionando. Sus seguidores le tenían mucha estima y admiración, no sólo por la contribución de contenido que Chifuyu hacía, sino que la forma cálida y respetuosa a la que se dirige a todos ellos conllevó a que muchos de éstos le tuvieran un enorme cariño.
Sus historias también comenzaron a tener mayor relevancia en los fandom donde Chifuyu estaba. Aquellas historias que en algún momento poco y a nada eran conocidas, pronto fueron tomadas en cuenta por nuevos usuarios que se integraban a dichos fandom. Aún no escalaban a un mayor número de audiencia, pero para Chifuyu, aquella relevancia era más que suficiente.
Con varios meses, casi un año estando en el mundo de los fanfics, a Chifuyu cierto día se le ocurre algo que integrar a su nuevo capítulo de un fanfic que ha estado ocurriendo. Quiere complacer a su audiencia y comisionar a algún artista digital considera que es la mejor forma de lograr esa satisfacción; además, el simple hecho de que alguien pudiese retratar alguna de sus escenas, le emociona demasiado. Ha juntado algo de dinero, lo suficiente como para poder tener un extra para el artista, así que se pasa una noche buscando en redes sociales a algún artista nuevo. Era muy común en él siempre estar en la incesante búsqueda de nuevos artistas a los cuales apoyar y seguir su arte. Los considera tan importantes como los fanfickers dentro de un fandom, después de todo, ambos aportan con contenido a la comunidad en general.
Recostado en la cama con su celular, va con su pulgar bajando por el navegador viendo sugerencias de nuevos artistas, hasta que uno en particular, le llama mucho la atención. Su foto de perfil es una especie de diseño de tatuaje de un tigre bastante excéntrico. Chifuyu no duda demasiado en empezar a ver el perfil de dicho artista. El nombre del usuario es tiger_kh y tiene una gran cantidad de gente que le sigue. Al tocar en la galería de imágenes que tiene el perfil, Chifuyu cree que ha descubierto lo que es una mina de oro. Sus ojos brillan y se deleitan con el arte que puede observar. Si bien no parece tener los mismos gustos que él –porque no ve fanarts de lo que él suele consumir–, las ilustraciones que este artista ha publicado le atraen demasiado. Le encanta la forma de los trazos, del uso de diferentes paletas de colores, de los estilos de dibujos que este artista maneja. Para Chifuyu, él era el indicado y su entusiasmo aumenta, cuando se da cuenta que ha abierto comisiones.
Revisa de manera electrónica la cantidad de dinero que ha dejado para poder comisionarle a algún artista, por lo que una vez que lo piensa bien, decide ir al mensaje interno del perfil, para asegurar un cupo en las comisiones de dibujo.
***
A Kazutora siempre le gustó dibujar. Desde su más tierna infancia, sus padres se esmeraron en obligarle a tocar instrumentos musicales, sin embargo, a él jamás le encantó. Tocaba bien y para un niño de su edad era bastante bueno, pero lo que a él más le gustaba era dibujar. Si poseía algún cuaderno disponible y sin usar, repletaba las hojas con diferentes dibujos. Su padre era el mayor opositor de aquella afición; no lo consideraba como algo útil y prefería más que el pequeño Kazutora se dedicara a tocar algún instrumento. Su madre, por otro lado, era un poco indiferente en ese ámbito, no obstante, apoyaba a Kazutora en su hobbie, por lo que después de algunos años, ella se ofreció a pagarle a su propio hijo diferentes talleres de dibujo.
Fue gracias a ese impulso otorgado por su madre, que pronto Kazutora empezó a aprender y poco a poco tener un estilo propio de dibujo –siempre y cuando pudiese rendir bien en la escuela, con un mínimo de notas decentes para sus padres–. Pero al inicio, a él poco y nada le interesaba compartir su arte con los demás: pensaba que no valía la pena y que, en el mundo cibernético del arte, ya existía gente mucho mejor que él dibujando y con más años de experiencia. Pese a ello, su mejor amigo Baji le alentó a que abriera un perfil en alguna red social a la que se sintiera cómodo para que comenzara a mostrar sus ilustraciones. Al inicio, Kazutora se resistió a la idea, principalmente porque por el pensamiento que ya tenía al respecto. No obstante, terminó cediendo a medida que pasaba el tiempo en internet y la gente empezó a interesarse en su arte.
Hasta ese momento, Kazutora no tenía demasiadas ideas en cuanto a un usuario en concreto. No era demasiado creativo y su firma para dibujos era llanamente su nombre y apellido. Pensó por unos días hasta que una idea se asomó por su mente: tiger_kh. Con ello y, abandonando su cuenta privada de la red social que usaba en aquel entonces, se creó su cuenta para compartir su arte.
Lo que no esperaba, era el enorme recibimiento de la gente y lo mucho que adulaban sus dibujos. Si bien Kazutora había recibido varias críticas buenas y excelentes comentarios hacia su arte, no creyó que, en tan poco tiempo, mucha gente empezó a seguirlo. Por supuesto, el apoyo le dio el ánimo suficiente como para estar casi a diario dibujando y mostrando su arte.
Con el pasar del tiempo, mucha gente empezó a preguntarle si tenía comisiones abiertas, lo que le hizo sentir raro porque jamás había escuchado sobre eso. Gracias a algunos artistas que estuvo conociendo en ese periodo, le aclararon sobre el tema, lo que llevó a Kazutora plantearse en la chance de aceptar pedidos de la gente a cambio de dinero. No le hacía falta, porque él conoce que su situación económica es bastante buena, pese a ese minúsculo detalle, un pequeño extra no le haría mal.
Pasó largas semanas planteándose la idea, además de conversar consigo mismo sobre los precios que establecería. Incluso recurrió a la gente que ya le apoyaba y recibió los comentarios que le proporcionaban. Con todo aquello, Kazutora decidió por fin abrir comisiones, aunque, nuevamente, no esperó que tuviera a tanta gente interesada. Si bien estableció una cierta cantidad de cupos limitados, al ver que más gente estaba interesada y que incluso esperaría a que dispusiera de cupos habilitados, Kazutora accedió a abrir otra pequeña cantidad para poder recibir comisiones.
En una de las noches que se estaba dedicando a hacer las comisiones, le llega un mensaje al privado. No conoce a la persona en lo absoluto, pero es uno más que le ha preguntado si tiene comisiones disponibles.
‘Buenas noches. Tengo las comisiones abiertas’, escribe Kazutora, ‘si lo desea, puedo enviarle mi documento de términos y condiciones. Si lo acepta, podemos hablar de lo que desea’.
Acto seguido, le hace envío a la persona del enlace que lo derivaría a su documento y retoma el dibujo mientras espera la respuesta del potencial cliente. El sonido de notificación lo sobresalta; de manera inesperada, su potencial cliente le había respondido casi al instante.
‘Estoy de acuerdo con tus términos y condiciones’, ha mensajeado el usuario, ‘¿está bien si te puedo compartir mi idea?’
‘Está bien’, escribe Kazutora de vuelta, ‘puede dejar todo especificado, mientras más detalles me entregue de lo que desea, mejor para mí’
Vuelve al dibujo porque sabe que el proceso de la especificación puede ser tardío entre la búsqueda de imágenes como referencias, propuestas de paletas de colores así también como descripciones de lo que cliente está buscando. No obstante, el tiempo pasa y, por curiosidad, Kazutora le echa un ojo a la pestaña de la conversación con el usuario y, para aumentar su intriga, aún aparece que está escribiendo. Desconoce la cantidad de minutos que han pasado desde que aquella persona le ha estado escribiendo, pese a ello, la intriga le hace olvidarse por un momento de la comisión que ha estado dibujando.
De pronto, aparece un archivo en un formato Word y, seguido de éste, aparece un gran párrafo de mensaje. Kazutora pestañea varias veces sorprendido por la extensión del mensaje, pero su atención cae en los mensajes siguientes.
‘Lamento si es demasiado’, escribe el cliente, ‘creo que me emocioné y para ser honesto, pensé muy bien lo que deseo comisionarle. Por favor, primero revise el archivo que le he enviado para que tenga el contexto de mi comisión’.
Kazutora hace caso, no sin antes enviarle un mensaje de regreso, mencionando que se tomará el tiempo para leer todo y abrir dicho archivo. Primero, descarga éste para abrirlo en la aplicación. Luego, se da cuenta que el archivo, es un extracto de un futuro capítulo de fanfic y, a medida que va leyendo, se va percatando que su comisionado es el usuario thounsand_winters. Hace una pequeña pausa a la lectura del archivo para intercalar con el largo mensaje enviado y, en efecto, se trata de dicho fanficker. Según lo que puede leer, él desea poder integrar en el próximo capítulo de su fic en emisión una ilustración con tal de poder llamar más la atención de futuros lectores, además de hacer una especie de "regalo" a sus fieles lectores dándoles un apoyo visual al extracto que le ha mandado.
A pesar de no ser muy fanático de leer en general, mucho menos fanfiction, Kazutora ya ha leído unas cuantas obras de dicho usuario y que le han gustado bastante, por lo que cierta emoción se acrecienta porque el ficker le ha pedido esta comisión. Además, le es inevitable no sentirse privilegiado de poder leer un extracto del próximo capítulo del fanfic que ha estado siguiendo –a pesar de que, según el usuario, ha dicho que es un borrador escrito a la rápida para hacérselo llegar–, así que pronto se le vienen algunas ideas de cómo proponer la escena a ilustrar.
“Ha dicho que es un borrador, pero yo veo que la idea es bastante sólida y me gusta cómo va quedando el capítulo”, se comenta a sí mismo Kazutora.
Vuelve a la pestaña de la conversación y procede a escribir su respuesta.
‘Puedo trabajar con todo lo que me ha enviado’, teclea, ‘¿está bien si puedo saber más de lo que está escribiendo?’
***
Después de la comisión, ninguno de los dos esperaba que alguna amistad surgiera de repente. Chifuyu publica ese ansiado capítulo junto a la ilustración hecha por tiger_kh, agradeciendo a éste por la hermosa obra que ha ilustrado para el capítulo en cuestión –y Kazutora lo lee, sólo que para leer fanfiction, utiliza un usuario diferente para no ser reconocido–. A raíz de ello, Chifuyu sigue al usuario tiger_kh y éste le devuelve el seguimiento.
En un principio, la conversación había quedado en el enorme agradecimiento que Chifuyu le escribió al artista por la ilustración, mencionando cada detalle que le quedó gustando. Pero la conversación es retomada en cuanto Chifuyu nuevamente le pregunta cortésmente si aún tiene las comisiones abiertas.
Kazutora se queda sorprendido ante la nueva solicitud. Pensaba que sólo sería una sola ilustración, no obstante, no se puede negar, mucho menos si se estaba tratando de uno de los pocos fanfickers a quién seguía y leía de manera constante. Gracias a aquella segunda comisión, ambos empiezan a tener conversaciones más personales.
Pasan a enviarse mensajes a diario para saber del otro y conocerse cada vez más. Chifuyu encuentra que tiger_kh es un chico que lo cautiva, tanto en su forma de ser cómo en la manera en que se comunica con él, lo que lleva que poco a poco empiece a sentir una silenciosa atracción amorosa. De todo lo que hablan todos los días, Chifuyu termina descubriendo que ambos viven aparentemente en la misma ciudad, pero que asiste a una escuela diferente a la que asiste. También se entera que es hijo único como él, pero ninguno de los dos parece interesarle saber del nombre del otro: Chifuyu ha pasado a apodar a tiger_kh como ‘Tora’, mientras que Kazutora le apoda ‘Yuki’. Y a pesar de que Chifuyu empieza a imaginar en la posibilidad de conocerlo en persona, piensa que es demasiado apresurado y que es mejor esperar a que pase el tiempo y que tengan la confianza suficiente como para acordar una pequeña salida a algún sitio.
Pronto, los mensajes al privado son reemplazados por mensajes en Discord y, un día en concreto, Chifuyu le propone a Kazutora entablar una llamada. No hay una excusa de por medio, sólo le apetece hablar de una manera más directa con él, incluso le propone ‘hacerle compañía’ mientras dibuja. Lo que no espera, es que Kazutora acepta gustoso y en cuanto sabe de su afirmativa respuesta, la pestaña de llamada aparece en toda su pantalla. Chifuyu se asusta un poco por lo repentino de la situación, pero pronto agarra torpemente sus audífonos y hace clic en la opción de ‘responder el llamado’.
“¿Yuki?, ¿se escucha bien?”, inquiere una voz al otro lado de la línea.
El corazón de Chifuyu hace un inesperado vuelco en su pecho y un potente calor se presenta en sus mejillas. De pronto, su mente se queda en blanco y él no sabe qué decir. No esperaba que la voz de Kazutora fuese tan bonita, más de lo que alguna vez había fantaseado. Y si debía ser sincero consigo mismo, Chifuyu puede jurar que lo que está experimentando es el famoso gay panic.
“Uhm, ¿Yuki?, ¿estás ahí?”, habla de nuevo Kazutora, “lamento si es un mal momento para que hables”
“No, no lo es”, apresura en decir Chifuyu, dispersando sus pensamientos del momento. “Lo siento, es que eso fue muy... inesperado”.
Escucha cómo Kazutora ríe suavemente y aquello es otro ataque directo a su pobre corazón adolescente: tiene una risa muy adorable. “Bueno, usualmente no hablo mucho por aquí”, dice él. “Pero a veces es agradable poder hablar con alguien mientras dibujo”
“¿No te interrumpirán tus padres?”, atina en preguntar Chifuyu.
“No”, responde el otro, “dudo mucho que vengan por el momento a molestar, así que no tengas vergüenza en hablar”
“Oh... está bien”
“Por cierto, ¿puedo hacer un comentario sobre algo?”
“¿Hm?, claro, ¿qué es?”
“No pensé que tuvieras una voz tan ronca”, admite Kazutora, “me resulta poco creíble que tengamos una edad similar, pero tengas un registro más grave que el mío. Me agrada”
Chifuyu ríe con nerviosismo, sin saber si debería tomarse aquello como un halago. “Gracias, supongo”.
Ambos se quedan en silencio sin saber qué decir a continuación. Chifuyu aún está demasiado nervioso como para hablar sobre algo mientras que Kazutora está concentrado dibujando, que olvida por un momento que ha iniciado una llamada. Entonces, en medio de ese silencio, a Chifuyu se le ocurre un tema de conversación. “¿Te molesta si te hablo de mis ideas de lo que quiero escribir?”, pregunta el chico.
“¿Estás seguro de eso?”
“¡Por supuesto! A veces me gusta comentar sobre mis ideas, me ayudan a poder recordarlas para después con mejores detalles”
“Está bien”, dice Kazutora, “soy todo oídos”
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“¿Te parece atractivo alguien que no has visto en tu vida? Eso es peor que tus amores imposibles con personajes de ficción”, le pregunta el mejor amigo de Chifuyu, Takemichi.
Han pasado algunos meses desde que las conversaciones con Tora se han vuelto cada vez más frecuentes y que han realizado varias llamadas a la semana. A simple vista, todo parece marchar bien en la relación de amistad, las bromas aparecen de vez en cuando, también las charlas para dar consejos o reconfortar al otro. Poco a poco, Chifuyu comenzó a sentirse más atraído por la figura idónea que tenía de Tora pese a que, hasta la fecha, ninguno de los dos parecía querer enviar alguna foto personal. Quizás Chifuyu estaba temiendo los peores escenarios, en especial de descubrir que quizás la persona detrás de Tora no era la que conocía, sin embargo, el hablar con él casi a diario, es la única forma a la que se aferra de que Tora es la persona que dice ser.
Eventualmente, Takemichi supo de ese tal Tora porque Chifuyu necesitaba contarle a alguien sobre su existencia: son muy buenos amigos después de todo. Aunque a medida que le contaba más sobre este amigo de internet, Takemichi más se preocupaba de Chifuyu y su relación con el famoso usuario.
“No me gusta”, repone Chifuyu, “al menos, no siento que me guste”
“¡Pero me hablas de él muy seguido!”, se queja Takemichi, “está claro que te gusta esa persona. Pero me da miedo que no sea lo que te ha contado. ¿Y si en realidad no es lo que tú quién crees?”
Chifuyu suelta un quejido. No es primera vez que Takemichi toca el tema y ya a esas alturas, su preocupación le está empezando a molestar. Puede comprender en parte porque internet no es un sitio seguro y mucha gente puede fingir ser alguien más, a pesar de todo eso, Chifuyu confía en Tora y en sus palabras, confía que él es la persona que dice que es.
“Ya te dije que hablo seguido con él por llamadas”, argumenta Chifuyu, rascándose la nuca. “¿Por qué alguien llegaría a relacionarse con otra persona por llamado si quiere fingir?”
“No lo sé, pero debes tener cuidado”
“Sí, sí, ya lo sé”, Chifuyu hace una pausa, “cambiando de tema, si vas a poder ayudarme el día de la convención, ¿verdad?”
Takemichi pone una mano sobre el hombro de Chifuyu, “no te preocupes, ese día estaré puntual para que no te sientas solo”
La respuesta deja más tranquilo al chico rubio, quien deja suspira con alivio. Hace un par de semanas, le llegó el aviso de que la convención a la que postuló con tiempo, siendo esta la primera vez que Chifuyu asistía a una. En realidad, jamás pensó llegar tan lejos, pese a ello, estaba emocionado por poder asistir, ya que mucho de sus seguidores anhelaban poder conocerlo. Al no vender nada, la organización del evento había abierto pequeñas secciones para que la gente conociese a sus ficker favoritos, compartir con ellos y darle regalos, por lo que fue suficiente motivo para Chifuyu de postular. No obstante, tenía cierto miedo de asistir solo, por lo que ya le había propuesto a Takemichi de que lo acompañara ese día.
“Estoy muy entusiasmado por ese día”, se sincera Chifuyu, “mucha gente irá a conocerme, necesito al menos hacer un detalle para todos los que me irán a ver”
“¿Consideraste lo de una bolsita con dulces?”, le consulta Takemichi.
“Puede ser buena opción”
“Si quieres, vamos por la tarde después de clases a ver qué podemos comprar y armar las bolsitas con tiempo”
“Sí, me parece bien”, accede Chifuyu, con una sonrisa en el rostro.
***
Chifuyu bosteza una vez más en medio de su charla por llamada con Kazutora. Ha sido un día bastante intenso para él, por lo que ya estando en casa, su energía habitual estaba decayendo más rápido de lo normal.
“¿Estás cansado?”, pregunta Kazutora.
El otro pega un pequeño salto del asiento al ver que estaba a punto de quedarse dormido. Se restriega los ojos con pereza y se estira un poco, intentando disipar el cansancio que tiene. “Un poco”, Chifuyu miente, “he estado toda la tarde armando unas bolsitas de dulces”
“Es por la convención, ¿verdad?”
“Sí, quiero darle un detalle a quienes me vayan a ver”, otro bostezo sale de su boca, esta vez, es uno largo, “así que con mi mejor amigo armamos unos cuantos ya”
“Te entiendo”, dice Kazutora, “yo también he estado ocupado con lo mismo”
“Oh, cierto que tú también tienes una convención”, recuerda Chifuyu, “me imagino que debes tener muchas cosas impresas”
“Sí, también he tenido que ver si algunas cosas se han impreso bien”, el chico puede escuchar cómo Kazutora bosteza, “creo que tengo todo listo para el fin de semana. Dudo ganar bastante dinero, pero al menos espero que sea una buena experiencia”
“Sí... yo también espero lo mismo”
Chifuyu escucha una voz que ríe con suavidad mientras vuelve a acomodarse sobre el escritorio para dormitar un poco. El cansancio está poco a poco apoderándose de él. “Yuki, deberías ir a dormir”, le dice.
El mencionado deja escapar un quejido. “Está bien”, accede a regañadientes, “estamos al habla”
“Descansa bien, Yuki”
***
El ansiado día de la convención había llegado por fin y Chifuyu no podía disimular su emoción. Por la mañana se despertó mucho antes que su alarma, se colocó la ropa que escogió previamente el día anterior y tomó su desayuno con prisa. Trató de hacer tiempo para no ir a buscar a Takemichi tan temprano, pero las ansias eran tantas, que al final fue por él de todos modos. Ahora, estaban a escasos metros de poder entrar al sitio en donde se estaba realizando el evento.
La instalación era un espacio del tamaño de un gimnasio escolar, seccionado en varias partes: una para artistas en general con sus respectivos puestos para exponer su arte y la gente pudiese comprar su mercancía, otra sección estaba destinada a puestos de comida y la tercera era la que dicho evento había incorporado de realizar grupos de gente para que conozcan a artistas en general, destinado principalmente a conocer fickers.
Por supuesto, Chifuyu debía estar temprano ya que tomó uno de los horarios de la mañana, con tal de disponer de la tarde para pasear por el sitio y comprar alguna que otra cosa.
Por suerte, el evento no era lo suficientemente relevante como para que una gran masa de gente fuese allí, a pesar de ello, Chifuyu se pudo dar cuenta que de todas formas había una cantidad considerable de gente fluctuando a la hora de su llegada. Una de las personas que organizan el evento lo guía junto a Takemichi hasta el sitio donde han decidido hacer los encuentros. Consigo, lleva un par de bolsas de papel llenas de las bolsitas de dulces que hizo los días anteriores. Para poder llegar al sitio, debían pasar por la zona de los artistas, pues era la que más abarcaba espacio de las tres secciones importantes.
Tras pasar algunos puestos, uno en particular llama la atención de Chifuyu, en concreto, una firma que ha visto antes en muchas ocasiones, pero por la prisa, no logra fijarse en mayores detalles, así que se queda divagando mientras sigue caminando.
“¿Pasa algo?”, le pregunta Takemichi.
“No, no es nada. Creí ver algo, pero no creo que sea la gran cosa”, replica Chifuyu, negando con la cabeza para restarle importancia.
Una vez que ya están en la zona, la guía les indica a Chifuyu y a Takemichi a dónde situarse, por lo que ambos amigos van al lugar señalado. Chifuyu se acomoda en uno de los asientos mientras deja las bolsas en ambos lados para tener las bolsitas de dulce a mano.
Al no tener una dinámica en concreto, Chifuyu se sentía emocionado de poder por fin hablar con más gente con gustos similares a los suyos. Las primeras personas empezaron a llegar y una agradable charla comenzó a darse cuando ya la primera tanda de gente llenó los asientos disponibles. La mayor sorpresa para la gente era creer que Chifuyu era una chica, no obstante, parecían muy complacidos por la forma en que él se relacionaba con todos, demostrando no sólo su agradecimiento por el apoyo a su trabajo, sino que también demostrando lo feliz que estaba por compartir su tiempo con ellos.
Chifuyu pierde la cuenta de cuánta gente nueva ha conocido y que sigue su trabajo, pero fácilmente cree que la cifra es superior a las 50 personas. Todos, en su mayoría chicas, se han ido felices de haberle conocido y, no menor, felices por el pequeño detalle que Chifuyu había preparado: al final y al cabo la bolsita con los dulces fue un éxito.
Tras varias horas sentado en el mismo puesto, por fin ha terminado, por lo que estira sus extremidades antes de levantarse de su asiento.
“¿Qué tal todo?”, le pregunta Takemichi, apareciendo de repente por la espalda.
“Estuvo bien, pero ya quiero sacar el trasero de aquí”, replica Chifuyu.
La persona que los guio en el inicio aparece unos segundos después, agradeciendo la asistencia de Chifuyu y mencionando que ya estaba libre para pasear por el evento, además de darle más del montón de regalo que ha recibido hasta ahora.
Ahora que es libre, Chifuyu piensa que primero podría ir con Takemichi a comer algo para después de tener el tiempo suficiente para recorrer la sección de ilustración. Con varias bolsas en ambas ambos, los dos se trasladan con cierta dificultad hasta la zona de los puestos de comida. Esperan en una pequeña fila para poder acceder a las mesas; ya es horario de almuerzo por lo que mucha gente ha ido a comprar y comer. Por suerte la fila es expedita, así que pronto llega el turno de los dos amigos poder tener una mesa y pedir algo de comer.
Ambos terminan pidiendo lo mismo: una ración de fideos instantáneos.
***
No era la primera vez de Kazutora asistiendo un evento, por lo que ya está acostumbrado a pasar casi gran parte del día sentado vendiendo su arte. No gana tanto como con las comisiones, pero de todas formas siempre intenta aprovechar de asistir a un evento cuando tiene el tiempo para ello. Gracias a la experiencia adquirida, ya podía hacerse ideas de cuánto producir para vender en los eventos, así también como invertir en imprentas de buena calidad. Sin embargo, ésta es la primera vez para Kazutora en asistir un evento para un público más en específico.
Ya era mediodía y la fluctuación de gente estaba empezando a subir un poco más. A esas alturas, ya está algo cansado, pero gracias a algunos bocadillos y algo de beber, ha podido mantenerse bien dentro del día. Al no tener personas comprando en su stand, ha estado realizando bosquejos rápidos de gente que le ha parecido interesante a la vista, pues siempre lleva consigo una pequeña libreta y un lápiz para dibujar algo.
“Se supone que Yuki estaría por aquí, pero no lo he visto”, se dice a si mismo Kazutora, murmurando, mientras se acomoda los lentes, “no quise molestarle preguntándole eso la otra vez porque estaba demasiado cansado”
Se vuelve a rascar la zona del cuello de la camisa porque le ha dado comezón otra vez. No es muy fanático de andar con una camisa a cuadros y un suéter sin mangas, sin embargo, su madre le presionó a vestirse de esa manera para lucir presentable en el evento. También se acomoda la boina negra que lleva como parte de la vestimenta que lleva y con el lápiz traza líneas curvas a forma de garabato.
Al pensar en Chifuyu, Kazutora suspira porque ha ilusionado en verlo en persona. Si bien ambos se dijeron que postularían al evento, al parecer ninguno de los dos se dijo algo más al respecto, no obstante, Kazutora tenía toda la impresión de que, en ese momento, estaban postulando al mismo evento.
En eso, Kazutora levanta la mirada y se encuentra con la sorpresa de que alguien se ha detenido en su puesto. El muchacho parece estar embelesado observando su trabajo.
“Buenas tardes, ¿desea llevar algo?”, inquiere Kazutora.
“¿¡Eh!? Uhm, no, yo solamente estaba viendo y...”
A pesar del bullicio del ambiente, hay algo que le suena similar en dicha voz del chico que tiene al frente. No tarda demasiado en atar los hilos.
“Espera, creo que he escuchado tu voz antes...”, dice el chico.
“¿Acaso eres tú, Yuki?”, se adelanta en preguntar Kazutora.
Chifuyu tarda un poco en procesar la información en ese momento. Vuelve a mirar el trabajo que tan familiar se le hacía y se da cuenta de la firma que tienen las ilustraciones.
“¿¡Tora!?”, exclama él, sorprendido. “¿Qué haces aquí?”, titubea Chifuyu ahora, nervioso.
“¿No te lo dije? Postulé a este evento”, responde Kazutora.
“Eso quiere... ¿postulamos al mismo evento?”
“Pues sí”
“¿Alguna vez me lo ibas a decir?”, le pregunta ahora Chifuyu.
“¿Uh?”
“Quiero decir, que si ibas a decirme en algún momento que estarías aquí”, replantea el chico, “no supe nada de eso”
“¿De verdad? Creí que te lo había contado”, contesta Kazutora y vuelve a acomodarse los lentes, “además, la cuenta que organiza este evento publicó todo, así que pensé que también sabías por eso”
Chifuyu abre la boca un poco, pero la cierra de inmediato al darse cuenta de que, en realidad, nunca estuvo al pendiente de ello además de solo saber que iba a poder asistir. Y quizás... existía la posibilidad de que Kazutora se lo había comentado, solo que no puso atención.
Ahora, Chifuyu se siente como un idiota.
“Oh”, atina a decir.
Kazutora ríe. “Justo estaba preguntándome si te iba a ver por aquí”, comenta.
“Oh sí, en realidad estaba al fondo del lugar reuniéndome con otras personas”, cuenta Chifuyu mientras acomoda una de las bolsas que lleva consigo, “no hace mucho que terminé y fui a comer algo con mi mejor amigo”
“¿Dónde está él?”
“Tenía que irse, solo me acompañó por el tiempo en que duraban esas reuniones”
Por alguna razón, Chifuyu se siente cohibido ante la presencia de Kazutora. Hablar con él por llamada es una sensación diferente que estar frente a él. Sabe que ya han charlado por horas y sabe bien que ha sido él quien más ha hablado, pero ahora, que lo conoce en persona, no le fluyen las palabras a pesar de que siempre anheló poderlo conocer en vivo y en directo.
“Y... ¿todavía tienes que quedarte por aquí?”, pregunta ahora Chifuyu.
“Por desgracia sí”, responde Kazutora, suspirando. “Aún queda evento y yo tengo que quedarme todo el día hasta que esto termine. Por cierto...”
“¿Sí?”
“Ya que nos conocemos en persona, ¿no crees que deberíamos llamarnos por nuestros nombres reales?”
“Tienes razón”, y el muchacho se rasca la nuca por la vergüenza, “soy Chifuyu”.
“Kazutora”
Al darse cuenta de un detalle no menor, a Chifuyu se le ilumina el rostro. “Ah, ya entiendo de donde viene tu firma y tu usuario”.
“Bueno, no soy muy creativo con apodos y ese tipo de cosas”, explica Kazutora. “Los tuyos me parecen más interesantes”
“Y… ¿estás solo?, ¿no te ayuda algún amigo?”
“No realmente, me gusta asistir solo de todos modos”, sincera el artista, “mi mejor amigo es demasiado disperso y estúpido, prefiero que solo me ayude con las impresiones, del resto me encargo yo”
Poco a poco, los dos vuelven a tener la confianza de siempre, por lo que se la pasan charlando en los lapsos en que a Kazutora no esté atendiendo clientes, incluso Chifuyu decide finalmente hacerle compañía, por lo que, de alguna forma, termina sentado al lado de él. Pese a que no le gusta tener la presencia de otra persona a su lado para las convenciones, con Chifuyu hace una excepción porque su presencia es cómoda y tranquila. Mientras charlan, el ficker se da cuenta que Kazutora llega consigo uno de sus tantos cuadernos de bosquejos, por lo que le pide permiso para hojear uno de ellos, a lo cual él acepta.
“Realmente dibujas demasiado”, halaga Chifuyu, mientras sus maravillados ojos se pasean de plana en plana.
Kazutora simplemente se limita a sonreír ante el cumplido a la par que termina el último bosquejo que ha estado dibujando. Cuando pasa a la siguiente hoja, se queda mirando el perfil de Chifuyu por un momento. Se da cuenta que sus facciones son lindas y suaves; le gusta ese pequeño contraste de sus ojos con la forma de su cara porque le da toda la apariencia de un felino. Así que no tarda en empezar a bosquejar el rostro de su acompañante mientras sigue fascinado con sus antiguos dibujos. Por suerte, la fluctuación de gente poco a poco va bajando, por lo que tiene todo el tiempo para poder dibujar a gusto.
En cuanto termina, se queda contemplando el dibujo por unos largos segundos y, de manera inconsciente, sonríe.
“Parece que el sol está más radiante de lo usual”, dice Kazutora en voz alta.
“¿Dijiste algo”, pregunta Chifuyu
“No, no es nada”, y él cierra su pequeña libreta de dibujos.
Cae el anochecer y el evento ha terminado por fin, por lo que tanto los artistas como los pequeños locales de comida pueden por fin tomar sus cosas e irse. Gracias a la ayuda de Chifuyu, Kazutora logra poder guardar todas sus pertenencias para poder irse a casa, aunque, en el fondo, está un poco preocupado por la cantidad de bolsas que el otro deberá cargar hasta su casa. Han quedado de irse juntos porque su trayecto es casi similar hasta tomar el tren; ambos van en líneas diferentes. Los organizadores del evento agradece a quienes han venido, esperando a que la convención pueda volver a suceder de nuevo en un futuro.
“Aún no puedo creer que pude conocerte el día de hoy”, dice Chifuyu mientras van caminando hasta la estación de trenes.
“¿Estás seguro de llevar tantas bolsas de esa forma?”, pregunta Kazutora.
“¡No te preocupes! Llevar las más pequeñas en las bolsas más grandes es la mejor solución que se me ha ocurrido”
Una suave brisa corre en ese momento, por lo que Chifuyu se siente fresco dentro de todo el calor que siente debido a la cantidad de bolsas que ha tenido que cargar durante casi todo el día. La caminata es lenta, pero agradable por la compañía que se hacen al otro.
Cuando ya llegan a la estación de trenes, se detienen en el punto de encuentro en común antes de que se tengan que ir por sus respectivos caminos.
“Espero que llegues bien a casa”, dice Chifuyu, acomodándose una de las bolsas en su mano.
“Lo mismo digo”, replica Kazutora, “uhm, ¿hablaremos esta noche por llamada?”
“Por supuesto, no veo por qué no”
Entonces, Chifuyu se despide con dificultad con la mano y se da vuelta para ir a pagar el pasaje de su tren. Pero Kazutora necesita decirle algo más.
“Espera”, exclama, llamando la atención del otro. “Tengo un pequeño obsequio para ti”
Chifuyu le mira con sorpresa, por lo que aguarda a Kazutora cuando éste se quita su morral para buscar algo. Se da cuenta que ha sacado la libreta de dibujos que tenía consigo en la convención y arranca de manera prolija una de las hojas. Con cierto nerviosismo que Kazutora trata de disimular, le da la hoja que ha arrancado de la libreta.
“Es para ti”, se limita a decir, mientras intenta ocultar el pequeño rubor que tiene en las mejillas con la boina.
El otro toma con intriga la hoja y se da cuenta que es un dibujo de él en perfil. Kazutora se ha dado la molestia de hacer un buen dibujo, agregando luces y sombras al dibujo con achurado. A pesar de que es un bosquejo, a Chifuyu le encanta bastante y por la luz que atraviesa la hoja, se da cuenta que hay algo escrito al otro lado.
‘¿Podemos quedar para una cita?’
