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El fuerte sonido de algo cayendo fuertemente toma desprevenido a Kazutora. Escucha un débil quejido a la distancia e intuye con rapidez de quién se puede estar tratando. Al llegar a la entrada del apartamento, la escena lo conmueve y lo aterra: Chifuyu yace en el suelo y un pequeño charco de sangre se está asomando lentamente con el paso de los segundos.
“¡Chifuyu!”
Sus manos tiemblan sin saber cómo poder tratar a Chifuyu quien parece estar con evidentes signos de golpes y alguna que otra herida que le está haciendo sangrar. Trata de mantener la calma, pero le es difícil porque no sabe si debe recurrir a pedir auxilio a algún centro hospitalario cercano. Entonces, se le ocurre la primera idea que se le cruza por la cabeza: desliza el brazo de Chifuyu a su cuello y, con el mayor cuidado posible, trata de levantarlo para llevarlo al sofá. A medida que se desplazan, Kazutora se va dando cuenta de lo gravemente lastimado que está el hombre y de aquella y aparente única herida que continúa brotando sangre de ella, aunque en menor cantidad.
En cuanto llegan al sofá, Kazutora trata de acomodar a Chifuyu en ella, colocando una almohada debajo para la cabeza. Chifuyu apenas parece estar consciente porque escucha de él unos quejidos silenciosos. Con prisa, Kazutora va en búsqueda de un botiquín de primeros auxilios que alguna vez Chifuyu le mencionó de su existencia. Suelta algunos improperios porque al inicio no logra recordar la ubicación exacta e incluso realiza un caos buscando en el baño, pero en cuanto la encuentra, sale disparado para regresar a la sala de estar donde el hombre para tratar de curar sus heridas.
Es consciente de que es de aquellas pocas veces que ha tenido que curar las heridas de alguien, por no decir que es la primera vez que lo hace de manera seria, por lo que los nervios le provocan notorios temblores en manos y piernas. Pese a ello, trata de mantener su foco en una sola cosa: tratar de atender las heridas de gravedad de Chifuyu, así que toma algo de aire y luego lo exhala con lentitud. Primero, procede a desabotonar la camisa sucia y manchada para verificar la gravedad del asunto.
“Estás sangrando...”, murmura con los labios temblorosos.
Suspira aliviado en cuanto examina a detalle una vez que ha limpiado todo, que todas las heridas en general son superficiales y, la que provocaba que saliese una mayor cantidad de sangre en realidad era más de una: una en la cabeza, otra en el brazo derecho, y una tercera en la zona pectoral. A este punto, Kazutora tiene un desorden en el suelo con el algodón usado con sangre, el agua oxigenada abierto y el botiquín revuelto buscando banditas del tamaño correspondiente. Así que ahora busca un paño húmedo porque se ha dado cuenta que Chifuyu también tiene algo de fiebre: quizás estaba yendo a trabajar enfermo, pero nunca levantó sospecha porque trató de disimularlo por ser un simple resfriado a medio tratar.
Trae consigo un trozo de tela que ha sacado de por ahí junto con agua en un recipiente. Remoja la tela y la estruja con tal de extraer todo exceso de agua y, con el mejor cuidado que tiene, coloca la tela sobre la frente de Chifuyu.
Ahora, Kazutora espera unos minutos para que algunas heridas se cierren para poder proceder con colocarle las banditas, pese a que ya hay algunas situadas en las heridas más superficiales.
Lo único que calma la preocupación parcialmente a Kazutora, es ver a Chifuyu dormir debido a que quedó inconsciente en cuanto llegó al lugar. Todavía le cuesta comprender cómo es que pudo llegar hasta el apartamento en el estado que lo encontró cuando estaba desplomado en el umbral de la entrada. Sin embargo, sabe que las cosas últimamente se han complicado demasiado para Chifuyu y él no puede ayudar demasiado porque no está dentro de la pandilla. Aun así, es consciente que ha tratado de ayudar dentro de todo lo que puede a Chifuyu. Y desea poder hacer algo más por él para que no siga cargando con las cosas solo.
“No sé cómo es que terminaste así, pero no me vuelvas a asustar así, maldito bastardo”, murmura Kazutora.
Sabe que el otro no responderá, no obstante, necesitaba decir eso.
El tic tac del reloj de la sala de estar penetra el imponente silencio que hay en el lugar, Kazutora mantiene su mirada fija en un durmiente y algo afiebrado Chifuyu. Decide acercarse un poco más, para verificar que las heridas más profundas ya han cicatrizado. Se da cuenta en ese instante que Chifuyu posee una rápida y buena cicatrización. Así que se apresura en abrir las banditas previamente seleccionadas y comienza a cubrir las heridas ya cicatrizadas.
Cuando ya termina con la labor, se queda quieto en el sitio, haciendo guardia ante cualquier cosa que pueda suceder. Pero recuerda de inmediato que no ha comido nada porque se suponía que esperaría a Chifuyu para poder cocinar algo. Sin muchas opciones, decide levantarse, ordenar y limpiar el suelo e ir a la cocina para poder prepararse algo.
Por suerte, hay comida instantánea de sobra, por lo que Kazutora se regodea en escoger lo que más le abra el apetito. En unos cuantos minutos, su cena está lista. Vuelve a estar cerca de Chifuyu ante cualquier emergencia, pero, aunque esté comiendo en silencio, no puede dejar de estar preocupado. Hasta ahora, no sabe lo que ha ocurrido para que llegase en ese estado, intuye que quizás provocó a alguien más o algo por el estilo. Logra comer un poco más de la mitad, porque el apetito se le fue en el proceso, así que decide guardar lo que le queda en el refrigerador, para así ahora enfocarse en limpiar y ordenar lo que ha dejado a medias después de la conmoción que tuvo.
La labor le toma unos cuantos eternos minutos, en donde su foco principal fue limpiar el charco de sangre de la entrada. Se seca el sudor de la frente con la mano una vez que termina de dejar todo en un parcial y aparente orden, así que regresa cerca de Chifuyu para ver cómo se encuentra. Previamente le había colocado una manta para mantener el calor de su cuerpo. Kazutora revisa el paño que le tendió sobre su frente y decide que se lo dejará por el resto de la noche.
Está tan preocupado que no sabe si debe ir a su habitación a dormir. No quiere dejar a Chifuyu solo por la condición en la que está, así que finalmente decide que se quedará a dormir cerca suyo.
Sentado de rodillas, usa sus brazos cruzados a modo de almohada y se acomoda en la orilla del sofá en donde ha tendido Chifuyu. Antes de cerrar sus ojos, lo examina una vez más con preocupación.
“Buenas noches”, murmura Kazutora.
***
Lo primero que siente es dolor en todo el cuerpo. En cuanto abre los ojos, todo es difuso y el lugar está iluminado a pesar de ser altas horas de la mañana, así que molestan su vista. Tarda un poco más de lo habitual en acostumbrarse a la entrada de luz a los ojos y su visión se aclara pobremente hasta que Chifuyu es capaz de ver todo de manera nítida. No sabe cómo es que está en el sofá de su apartamento porque apenas recuerda con dificultad lo mucho que se le complicó llegar hasta allá, no obstante, lo primero que ve cuando gira su cabeza es el rostro durmiente de Kazutora. El pequeño sobresalto le hace aullar de dolor en silencio; no se esperaba la presencia del otro hombre cerca suyo. Luego, se da cuenta que su frente está totalmente húmeda por la presencia del paño que le han colocado y que las heridas que le fueron provocadas la noche anterior están limpias, cicatrizadas y cubiertas por banditas.
Entonces, luego de un largo momento de procesar todo su alrededor su mente le revela algo importante: Kazutora cuidó de él y se quedó a dormir junto a él para vigilarlo.
Chifuyu se levanta con sumo cuidado para evitar el menor dolor posible, pero pronto cae en cuenta que el dolor inicial se ha disipado parcialmente. Al mirar mejor a Kazutora, se conmueve en la incómoda posición en la que duerme y piensa para sus adentros sobre cómo diablos puede dormir de esa forma. Se retira la manta que lleva puesta y decir acobijar a Kazutora con ella, a pesar siente la necesidad de él devolverle el favor de recostarlo, pero no tiene la fuerza necesaria para hacer dicha acción.
Palma los bolsillos de su ensuciado pantalón y queda más tranquilo cuando logra detectar su móvil en uno de éstos; ha tenido suerte de que no le ha pasado nada. Revisa si tiene algún mensaje y, en efecto tiene uno. Uno de suma importancia
“Mierda, casi lo olvido”, masculla en voz baja y trata de caminar lo más rápido posible hasta su habitación para conseguir algo de ropa limpia.
Antes de poder partir y después de haber hecho un rápido y sencillo desayuno para Kazutora, le echa una última mirada a éste quien parece ni siquiera haberse movido del sitio en cuanto salió del sofá. Le causa malestar dejarlo de ese modo, sin embargo, no puede fallarle a Takemichi porque es su superior y debe cuidarle la espalda.
Cierra la puerta con el mayor cuidado posible y el silencio se impone en el apartamento una vez más.
***
El delicioso olor del desayuno despierta a Kazutora perezosamente, no quiere despertar, hasta que, al momento de abrir sus ojos, se asusta al ver que el sofá está vacío.
“¿Chifuyu?”, habla, bostezando y estirando sus extremidades.
A pesar de que durmió en una cuestionable y rara posición, no siente algún malestar, al contrario, cree que ha dormido mucho mejor que en una cama. Se desplaza en silencio buscando al hombre mencionado, pero no hay ningún rastro de él.
Es poco decir que Kazutora está preocupado, porque está también molesto por su actitud de salir sabiendo que el día anterior llegó mal herido. No sabe quién habrá sido el mal nacido que lo obligó a tener que irse de nuevo, pero en cuanto lo sepa, Kazutora le propinará una buena golpiza.
Regresa al comedor, inducido por el delicioso olor que emana el desayuno que Chifuyu aparentemente le ha dejado preparado, entonces, se da cuenta que, al lado de su generosa porción de comida y un vaso de jugo, hay una pequeña nota escrita a la rápida.
Kazutora:
Lo siento si tuve que irme y no te he avisado, tengo unos asuntos que atender en Toman, espero llegar antes del anochecer.
Con respecto a lo que sucedió ayer, muchas gracias por cuidarme, trataré de recompensarlo de algún modo cuando pueda regresar.
Cuídate.
Chifuyu.
