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Arte, café y amor.
Jiang Cheng se tomaba un tiempo libre cada viernes por la tarde para ir al Yunmeng Coffee . Las infusiones de aquella cafetería se colaban de manera placentera por las fosas nasales de quien ingresaba al lugar.
A Jiang Cheng le gustaba ir allí; le encantaba dejarse envolver por los aromas del excelente grano que se tostaba; le gustaba sentarse en esos confortables sillones de las mesas que estaban ubicadas junto al ventanal. Desde allí, Jiang Cheng tenía la mejor vista al parque del frente.
La mesera se acercó para tomar el pedido: galletas de miel y el café de siempre; nada especial, simplemente café cargado . Aquella bebida caliente de aspecto sencillo, tenía un sabor que contaba otra historia y el paladar de Jiang Cheng lo distinguía muy bien.
Una cantidad exacta de grano de robusta para darle intensidad redoblando el aporte de cafeína; un tueste oscuro que le brindaba el amargor preciso sin arruinar el sabor; «Ni mucho de esto, ni poco de aquello». Y así era también cómo el corazón de Jiang Cheng sentía que debía ser la mujer perfecta para él. Sin embargo, entre la infinidad de citas que tuvo, no halló a su mujer idónea y terminó quitando las aplicaciones de su teléfono para conseguir pareja.
Tecleó un par de mensajes en su celular y volvió a mirar la fecha en la parte superior de la pantalla: 5 de noviembre de 2022 . Era su cumpleaños número 24. Pensó en Yanli y en la propuesta que esta le hizo para celebrarlo en familia y, pese a que le respondió que lo pensaría, ya había decidido no pasar este día con ellos. Además, consideró que pasar la conmemoración de su nacimiento en su cafetería favorita y en soledad, era un excelente modo de celebrar. Enseguida dejó su teléfono a un lado. Bebió un poco de su humeante café y relajó su postura apoyando la barbilla en la palma de su mano; se quedó así unos instantes mientras miraba por la ventana… Observó a una pareja que paseaba por el parque, el chico le compró globos a su novia y ella lo besó agradecida. Jiang Cheng arrugó levemente su ceño, tal vez con un deje de frustración; aunque creía que esa clase de cursilerías no eran para adultos, más bien era algo ridículo.
«Justo así… estás en la posición perfecta. Solo… espero que no te muevas».
La mujer aprovechó el momento y tomó un par de capturas con su celular. Jiang Cheng abandonó su postura y miró al frente, unas cuantas mesas más allá, específicamente en la mesa 12, notó que una desconocida lo enfocaba con la cámara de su celular. Se sintió muy incómodo, pero la mujer lo miró sin hacer ningún gesto. Jiang Cheng alzó una ceja, pensó que la actitud de la chica era sospechosa, incluso podía tratarse de un espía o un sicario; con tantos casos ganados, mucha gente del mundo de la mafia podría quererlo muerto.
Desconfiado, miró fijamente a la mujer, pero esta no se inmutó, por el contrario, continuó con su postura y su teléfono en el mismo ángulo, su vista volvía a estar clavada en el aparato y de modo natural, la mujer comenzó a deslizar su dedo por la pantalla sonriendo divertida, fingiendo que veía alguna clase de video gracioso. Luego, con completa calma dejó el aparato telefónico sobre la mesa y se dispuso a sacar un croquis de su portafolio. Todo esto bajo la mirada escrutadora del hombre al cual fotografió. Finalmente, Jiang Cheng se convenció de que no era nada de lo que él estaba pensando y, aunque así lo prefería, no pudo evitar pensar en la cantidad de tiempo que perdía la gente viendo videos graciosos en internet. Negó con la cabeza y enseguida volvió a ponerle atención a su café y a las deliciosas galletas de miel que parecían deshacerse en el interior de su boca. Buscó en su bolso un libro que llevaba a medio leer.
«¡Demonios!… Casi me atrapa», pensó la mujer de cabello castaño con una perla de sudor asomando por su frente. El susto de casi ser descubierta en algo indebido le hizo saltar el corazón. Y solo luego de asegurarse de que él ya no la estaba mirando, procedió a desbloquear la pantalla de su celular para observar las fotografías que había tomado. Se decidió por una y borró el resto. « ¡Es perfecta!», celebró en silencio y observó detalladamente la foto. « Vaya… Eres muy guapo», pensó alucinando por el tesoro que encontró en esa rústica cafetería.
Un hombre delgado de alta coleta y ojos grises ingresó al Yunmeng Coffee . Parecía llevar la alegría tatuada en su rostro. Repasó con su mirada el lugar y clavó su vista en el hombre de la mesa 5, el mismo que ella fotografió y quién ahora se encontraba leyendo un libro de fantasías, el título decía: «Núcleo dorado».
Wei Wuxian se acercó al mesón y pidió que le llevaran a la mesa número 5 un Carajillo de brandy ; consideraba que aquel café era ideal para enfrentar una conversación de «estira y encoge» , con su hermano gruñón.
Jiang Cheng oyó una voz que se le hizo familiar y alzó la vista para comprobar que en efecto, era la voz de su hermano: «Tiene que ser una maldita broma…», pensó Jiang Wanyin. Y su escaso buen humor se fue al carajo.
Los trazos en el croquis comenzaron a dar la forma de un bonito perfil. Las cejas delgadas y los ojos con forma de almendra se trazaron de manera suave, casi imperceptibles para después remarcarlos debidamente. La apariencia de aquel hombre era una especie de belleza aguda en la que se podía notar un grosor de rudeza que predominaba en el exterior, pero si se hacía un zoom y se miraba con atención en el brillo de sus ojos, se podía percibir soledad y nostalgia que seguramente provenían desde un orgulloso corazón…
Wei Wuxian se quitó el abrigo, lo tiró al rincón del sillón y se sentó frente a Jiang Cheng. Lo miró fijamente. Su café le fue entregado y Wei Wuxian respondió a la mesera con una sonrisa y un «gracias». Luego dio el primer sorbo a su Carajillo .
—Mmm… vaya, no me esperaba un sabor tan bueno… Es una cafetería bastante bonita, no me habías hablado de ella.
Jiang Cheng se quedó en silencio con un semblante de notorio enfado. Así que, Wei Wuxian optó por ir al grano:
»―Escucha, no soy de rogarle a nadie, pero estoy aquí por mi Shijie ―mencionó con calma―. Te está esperando para celebrar tu cumpleaños. De hecho… todos te estamos esperando.
―No iré.
―¡Oh, sí!... Irás. No le harás ese desaire a Yanli, o esta vez, no te lo perdonaré, Jiang Cheng. Suficiente hiciste con…
―¿Arruinar el matrimonio?
―No exactamente. No impediste nada. Solo… los incomodaste.
―No me arrepiento. Ese imbécil nunca la trató bien, no la merece.
Los movimientos toscos de la mujer que anteriormente veía videos graciosos atrajeron su mirada. La observó concentrada dibujando en su croquis… La particular forma en que ella sacaba la punta de su lengua y rozaba con esta la comisura de su labio superior para poner extremo cuidado en el trazo de su dibujo; le pareció graciosa. La manera en que achicaba los ojos, fruncía su ceño y luego alzaba sus cejas como en un gesto de sorpresa que le formaba una fina línea horizontal en la frente; se acercaba y luego se alejaba del dibujo para apreciarlo bien… Todos esos gestos que ella hacía, despertaban interés en Jiang Cheng.
Un poco más de zoom a la fotografía para capturar mejor esa expresión dura y notado tinte masculino… Justo ahí; donde las cejas tienen la costumbre de unirse y formar esa pequeña arruga… Una nariz perfilada que realza su belleza y asevera ese semblante de altivez.
Y mientras ella dibujaba apasionadamente, pensó: «Aquella expresión me dice que algo te está molestando. ¿Qué habrás visto en el parque hace un momento? Aunque… desde que entraste a la cafetería tienes esa firme expresión de estar todo el tiempo de mal humor. ¡Ash…! De pronto me siento identificada con el carácter de este hombre».
―Sabes que estoy totalmente de acuerdo contigo, Jiang Cheng, pero, no es solo el hecho de que Yanli ama al «pavo» como si no existiera alguien mejor que él en esta vida ―Wei Wuxian suspiró con resignación, bebió de su aromatizado café y continuó―: Existe una razón de peso mayor para que el matrimonio ocurriera, aunque no es el verdadero motivo por el cual se casaron, pero es algo de gran importancia ―Wei Wuxian notó que unas cuantas veces, la mirada de Jiang Cheng oscilaba de mirarlo a él, a algo que había a sus espaldas. Iba a girarse para ver de qué se trataba, pero Jiang Cheng espetó:
―Espera… ¿Qué dijiste? ¿A qué te refieres con una razón de peso?
―No puedo soltarlo así nada más… Yanli te está esperando, necesita hablar contigo.
―Ya te dije que no iré —Se cruzó de brazos y desvió su mirada hacia el lado. Pero luego de unos instantes su rudo semblante se suavizó. Llevó su mano para cubrir con toda la palma su rostro—. No… no tengo cara para ir después de todas las cosas que dije —confesó agobiado—. La avergoncé frente a todos.
El boceto estaba casi terminado. El cabello se dibujó cuidadosamente atado en un moño; tal como él lo llevaba. El costado de su cabeza era rodeado por una trenza a cada lado, pero debido a la pose capturada en la foto, solo se apreciaría una de estas. Los mechones que caían como una delgada cascada a cada costado de sus sienes le daban un toque sensual y atractivo. En el boceto surgieron los hombros; el brazo que relajadamente se apoyaba sobre la mesa y que a su vez, sobre la mano, reposaba su barbilla; los dedos alargados se curvaban de manera natural hacia su boca, con el dedo meñique cerrado por completo, rozando con la parte inferior de este sus delgados labios que permanecían cerrados…
—Déjate de tanto moralismo. Sabes perfectamente que Yanli ya te perdonó, de lo contrario, no habría preparado un gran banquete para celebrar hoy tu cumpleaños número 24. Está muy ilusionada desde que dijiste que lo pensarías. Así que vendrás conmigo ahora, aunque tenga que sacarte a tirones de aquí. —Wei Wuxian dejó sobre la mesa dinero por ambas bebidas, además de una buena cantidad de propina.
— Mph… —resopló Jiang Wanyin en forma burlesca—. Has cambiado mucho desde que estás con Lan Wangji.
—¿A qué viene ese comentario? —cuestionó Wei Wuxian con los ojos entrecerrados.
—¿Desde cuándo eres tú el que invita el café?
—¡Ja! Tal vez no lo creas, pero gano bastante bien en mi trabajo… Este es mi dinero y no el de Lan Zhan. Ahora vámonos, Yanli nos espera.
Jing Cheng dio un gran suspiro, se sentía agotado de luchar contra su orgullo y harto de sentirse mal por lo que había hecho en la boda de su hermana.
—Bien… Iré. Pero no me disculparé con Jin Zixuan si es lo que están esperando.
—Eso no será necesario. Pero créeme, él ha cambiado bastante desde que asumió que estaba enamorado de mi Shijie —expresó Wei Wuxian con orgullo.
—Como sea, ya es su esposo, tampoco es que yo pueda hacer mucho.
Wei Wuxian asintió con la cabeza dándole la razón y finalmente, ambos se pusieron de pie para abandonar la cafetería. Wei Wuxian se dio cuenta que su abrigo se le estaba quedando en el rincón del sillón y se devolvió.
Jiang Cheng sintió mucha curiosidad por mirar el dibujo en el cual la mujer había estado tan concentrada. Así que al verla nuevamente sumergida en su labor caminó más lento para pasar junto a la mesa y observar el croquis. Ella no se dio cuenta de que su modelo se acercaba hacia su mesa. Y justo desbloqueó su celular para hacer una comparación entre la foto y lo que dibujó.
Jiang Cheng mostró una expresión descolocada al darse cuenta que el dibujo se trataba de él. Simultáneamente vio la imagen en el teléfono y sintió como si un buen pedazo de hielo le hubiese recorrido toda la espalda:
—Hey —Le habló Jiang Cheng a la mujer con tono seco. Esta se sobresaltó y tomó su croquis para ocultar el lado del dibujo contra su pecho—. ¿Sabías que es ilegal tomar la fotografía de otra persona sin su autorización?
Wen Qing pestañeo un par de veces. Definitivamente el hombre era más guapo que en la fotografía. Y de cerca lo pudo apreciar mejor, aunque el momento era el menos indicado para eso.
Wei Wuxian llegó junto a Jiang Cheng. Oyó lo que este dijo y a quién se lo estaba diciendo.
La mujer, que llevaba media cabellera atada en una coleta, miró a ambos hombres con rostro altivo.
—Mmm… Tal vez lo sé… o tal vez no —respondió con ironía.
—¿Qué sucede? —preguntó confundido Wei Wuxian, pero ninguno de los dos que se atravesaban con la mirada se molestaron en responder.
Jiang Cheng frunció el ceño más profundo y se percató que en el portafolios de la mujer había una inscripción bordada; seguramente era el nombre de ella. Entonces dijo:
—Wen Qing… —La aludida abrió sus ojos asombrada. Pero pronto miró su portafolios y entendió cómo él obtuvo su nombre—. ¿Sabes que puedo cursar una demanda por Afectación de la vida privada ?
—¡¿Qué…?!
—Soy abogado, y tú… Wen Qing —la nombró con sarcasmo— acabas de meterte en un lío.
—Vamos Jiang Cheng, ¿no estarás exagerando? —musitó Wei Wuxian que apenas lograba dilucidar lo que estaba sucediendo.
—Para nada. La señorita Wen Qing acaba de tomar una fotografía a mi rostro e hizo un dibujo. Aquello puede manifestarse en un mal uso y abuso de la imagen privada de mi persona, aunado a que es sin mi consentimiento. Posterior a ello, la señorita Wen Qing hizo un dibujo con la fotografía, aquello implica que la nombrada podría usar la imagen para fines lucrativos.
—Jiang Cheng, no estás en la corte —Wei Wuxian tuvo que ahogar una risa—. No tienes para qué ser tan técnico.
—Wei Wuxian, guarda silencio —espetó Jiang Cheng.
Wen Qing pareció tomar valor, su pecho se infló al inhalar una gran cantidad de aire por la nariz.
—¡Bien! Solo entendí que hice algo mal, pues pareces un bot , así que, adelante, señor abogado —espetó Wen Qing. Wei Wuxian se dio cuenta que ella era la representación exacta de Jiang Cheng en versión femenina, pero más osada—. Hazlo —Lo desafió Wen Qing.
La forma en que ella apretaba el croquis contra su pecho, las perlas de sudor en la frente y el pequeño temblor en sus manos… Jiang Cheng no necesitó más antecedentes para darse cuenta de lo nerviosa que ella estaba; él lo veía a menudo en la gente que subía al estrado para ser interrogada. Sin embargo, no podía permitir que su rostro fuera publicado o de cualquier modo se hiciera uso de su imagen sin su autorización. Ella había cometido un ilícito y debía recibir las sanciones de la ley.
—Bien. Haremos esto rápido. Dame el contacto de tu abogado. Y así no tendré que molestarte a ti.
—¿Mi abogado? No tengo uno y, no tengo porque hacerte caso, eres un abogado, no la policía.
—Tienes una fotografía mía que tomaste de manera ilícita, ¡debes responder por eso!
—Pues disculpa por creer que eras muy guapo y querer plasmar tu esencia en un dibujo —Jiang Cheng se sonrojó y ella también al confesar aquello. Wei Wuxian estaba fascinado con la escena, por fin le pasaba algo interesante a Jiang Wanyin. Ella continuó enfrascada en la discusión —Pero si tanto te molesta… —dejó el croquis de golpe sobre la mesa— ¡Está bien! ¡La borraré en frente de tu nariz!
—¡Bien!
—Hey, hey… vamos a calmarnos —intervino Wei Wuxian.
—¡¿Y tú quién eres, otro abogado?! —espetó Wen Qing mirando a Wei Wuxian con el ceño fruncido.
—Soy su hermano. Y no, no soy abogado —respondió con una sonrisa nerviosa, pues la mujer era de armas tomar—. Pero si algo sé y esto es por experiencia propia, que nada bueno se consigue cuando no se comunican las cosas de la forma correcta. —No obstante, si había alguien que supiera tratar con gente que siempre parece estar molesta y temperamental, era justamente Wei Wuxian. Puso una mano sobre el hombro de Jiang Cheng intentando calmarlo con este gesto y enseguida se dirigió a la mujer.
—Wen Qing, ¿verdad? —La aludida asintió confirmando su nombre—. ¿Me permites, por favor? —preguntó amablemente Wei Wuxian extendiendo su mano hacia el croquis, pero Wen Qing lo apretó más contra su pecho; esta vez, sí se notó que estaba nerviosa.
—¡¿Qué intentas hacer?! —Le cuestionó Jiang Cheng a su hermano, pero fue ignorado por este.
—Tranquila, jamás estaría en contra del arte. Solo quiero apreciarlo.
—No puedo creerlo —espetó Jiang Cheng y apretó el puente de su nariz.
La sonrisa afable de Wei Ying le inspiró confianza a Wen Qing y luego de unos instantes, aunque aún a regañadientes, decidió pasarle el croquis.
Jiang Cheng insistió en poner la ley ante todo.
—Escucha, si no tienes un abogado puedo conseguirte uno, pero no permitiré que…
—¡Aah! —Wen Qing unió sus palmas en un aplauso solitario— ¡pero qué conveniente! —lo interrumpió con marcado sarcasmo.
—Jiang Cheng, ¡¿ya viste esto?! —Wei Wuxian los interrumpió en la discusión y volteó el croquis para mostrárselo a su hermano. —¿No crees que es algo lindo? Incluso podría ser un regalo por tu cumpleaños.
—¿Estás de cumpleaños? —cuestionó Wen Qing.
Jiang Cheng volvió a sonrojarse y de pronto se sintió incómodo. Así que no respondió, en su lugar Wei Wuxian lo hizo.
—Sí, lo está...
—¡Wei Wuxian, no sigas! Dame eso —exigió Jiang Cheng e intentó quitarle el croquis.
—¡Oh, no! A tí no te lo prestó —Wei Wuxian alzó el croquis para que Jiang Cheng no lo alcanzara—. No puedes tocar lo que es ajeno. Es una falta a la moral, a la propiedad, a lo intelectual, ¿cómo es, Jing Cheng? —A ese punto Wei Wuxian ya hablaba entre carcajadas. Jiang Wanyin quería romperle las piernas—. Como sea, pero estoy seguro que también sería un ilícito, ¿no?.
—¡Por favor, no lo vayas a romper! —exclamó Wen Qing, angustiada—. Mis dibujos más importantes están en ese croquis.
Wei Wuxian y Jiang Wanyin la miraron con la sorpresa dibujada en sus semblantes. En especial el rostro de Jiang Cheng al enterarse que él estaba dentro de los tesoros de aquella hermosa mujer.
La puerta de la cafetería se abrió y una mujer delgada con piel de porcelana y rasgos delicados hizo su entrada. La mujer buscó con sus ojos. y cuando encontró a quien buscaba pronunció:
—¡A-Cheng!
El aludido se volteó.
—¡¿Yanli?! ¿Qué…? —Jiang Cheng quedó descolocado ¡¿Qué hacía su hermana ahí y sola?! Le dedicó una mirada acusadora a Wei Wuxian, de seguro él le había dado la ubicación para terminar de convencerlo. Wei Wuxian solo le sonrió.
Yanli corrió hacia su hermano y lo abrazó con fuerza.
—A-Cheng. Por favor, olvida lo sucedido… Ya no quiero que huyas de mí.
—Yan-Yanli… yo…
Yanli comenzó a llorar, pero de pronto se sintió débil y mareada. Entonces, perdió el conocimiento y Jiang Cheng evitó que cayera al suelo.
—¡Yanli! —Exclamaron los hermanos al unísono. Wei Wuxian dejó el croquis sobre la mesa para ver qué le ocurría a su hermana mayor.
Wen Qing ignoró el croquis y actuó de inmediato dando instrucciones a la mesera para que esta llamara a una ambulancia, enseguida miró a Jiang Cheng y le preguntó con sutileza:
—¿Me permites que la asista? —Jiang Cheng asintió, angustiado.
Wen Qing tomó acción y comenzó a comprobar el estado de los signos vitales de Yanli. En seguida dio nuevas instrucciones para que la acomodan de manera correcta y le permitieran una mejor ventilación.
—¿Sabes lo que haces? —Cuestionó Jian Cheng en un tono pacífico.
—Sí. Soy médico.
—Creí que eras artista.
—Es solo un pasatiempo. No gano dinero a costa del rostro de los demás. —Lo miró clavándole su verdad.
Jiang Cheng asintió tragando pesado, sin olvidar lo duro que fue con ella. Wen Qing se concentró en su labor.
—Puedes estar tranquilo, tu novia está bien. Solo se desmayó.
—Es… mi hermana —aclaró Jiang Cheng y de paso aclaró también su garganta.
—Como sea —espetó la doctora algo apenada por lo que había dado por hecho al creer que eran novios— Ya está volviendo en sí. Le haré las preguntas de rutina y si contesta todo bien y con coherencia, no hay de qué preocuparse.
Una vez que Yanli reaccionó. Wen Qing le hizo las preguntas pertinentes post-síncope . Todas las respuestas fueron satisfactorias y se concluyó que Yanli se hallaba en buena condición. Wen Qing le aconsejó visitar a su médico de cabecera para descartar cualquier anomalía que le produjera aquellos desmayos, sin embargo, Yanli respondió:
—No es ninguna anomalía, por el contrario, se trata de algo bueno.
—¿Cómo que algo bueno? —cuestionó Jiang Cheng.
—A-Cheng… ¡Feliz cumpleaños! Quería darte la noticia de que… serás tío.
Jiang Cheng la miró impactado, sintió que los ojos se le iban a aguar pero resistió y logró evitar las lágrimas, abrazó a su hermana y la felicitó. Además le pidió disculpas por su comportamiento en el matrimonio y le prometió que no volvería a suceder, no mientras Jin Zixuan se portara bien con ella.
—Vaya… Felicidades —expresó Wen Qing con sinceridad a su inesperada paciente—. Bueno, ya tenemos la causa del desmayo tal vez la ambulancia no sea necesaria, pero sí deberías ver con tu médico las vitaminas que estás consumiendo.
Jiang Yanli asintió y agradeció a la doctora por asistir, Wei Wuxian hizo lo mismo.
Jing Cheng tenía un conflicto interno; no sabía cómo luchar contra su orgullo, aún tenía clavado en la cabeza que ella hizo algo incorrecto, pero también se dio cuenta que no era una mala persona, y que sus intenciones eran benignas. Además, no podía negar que ella era absolutamente hermosa.
Enseguida Wen Qing tomó su portafolios y su celular. Recordó que debía borrar la foto así que, intentó desbloquearlo, pero este no respondió; la batería se había agotado. Rendida ante ello, aclaró su garganta, y dijo:
—Lo que hice estuvo mal, lo sé perfectamente. Pero cuando te vi tomar tu lugar en esa mesa yo… no pude evitar… —No, por Dios, no le iba a repetir lo atractivo que él le parecía. Y lo embelesada que quedó cuando lo vio—. Bueno, ya conoces la historia. —En sus mejillas volvió a asomar el tono carmín—. Mi celular se descargó, pero prometo que en cuanto lo vuelva a encender, borraré tu fotografía. —A Wen Qing también le costaba asumir sus errores—. Lo… lo siento.
—Está bien, solo… no andes sacando fotos a la gente sin consultar —Respondió Jiang Cheng algo tosco.
Wen Qing asintió. Enseguida con mucho cuidado arrancó la hoja del croquis y se la estampó a Jiang Cheng en el pecho con algo de fuerza. Entonces le dijo:
—Ten. Quédatela —Jiang Cheng movió las manos por reflejo para sujetar el papel. Wen Qing continuó diciendo—: Después de todo, estás de cumpleaños y te hice pasar un mal rato.
Por un momento, Jiang Cheng sintió nostalgia por ya no pertenecer al «croquis de los tesoros de la doctora Wen Qing».
Sin embargo, hubo un momento en que ambos conectaron la mirada; esas miradas que intentan «expresar y descubrir», pero que encierran sentimientos y palabras en firmes labios sellados. Y por primera vez, en todo ese tiempo, él disfruto de deleitarse con aquella innegable belleza que ella poseía, aquella que él ya había descubierto y que debido a la situación anterior se había negado a apreciar.
Jiang Cheng creyó que ella lucía adorable. La había visto enfadada, la había visto nerviosa, la había visto sonrojada y todo eso casi en un solo instante. Aquella mujer, que parecía tener una apariencia sencilla ; pero su carácter contaba otra historia . Jiang Cheng podía discernir en Wen Qing una actitud fuerte y avasalladora, pero que en el fondo guardaba nobleza y calidez. Y no pudo evitar pensar en que ella era como el café cargado que le gustaba beber en esa cafetería; «Ni mucho de esto, ni poco de aquello».
«Que estúpida comparación», pensó Jiang Cheng y se quedó sin palabras, realmente no supo qué demonios decir. Wen Qing se despidió de todos con una leve reverencia, tomó su portafolios y salió de la cafetería.
Jiang Cheng seguía con la hoja de croquis puesta en el pecho. La alejó para observar con detenimiento y por primera vez vio los delicados detalles que ella había trazado, la expresión de su propio rostro fue perfectamente capturada, su posición… Recordó el momento en que había tomado esa postura. Estaba observando a esa pareja siendo cursi, comprando globos en el parque.
De pronto, tuvo una idea…
Tal vez era un poco descabellada para su gusto, pero simplemente salió disparado de la cafetería ante la mirada atónita de todos y corrió hacia el carrito que vendía los globos. Compró uno y rápidamente siguió la dirección que tomó Wen Qing. Estaba seguro que por la ventana la vio doblar a la derecha. Corrió para alcanzarla y la divisó a lo lejos. Corrió más rápido como si la vida se le fuera a escapar. Un par de metros antes de alcanzar a Wen Qing, Jing Cheng reconsideró la idea del globo y creyó que era estúpido y cursi, así que, optó por soltar el hilo y dejó que este siguiera su curso hacia el cielo.
El globo subió de a poco y Wen Qing se volteó por casualidad. Entonces vio a Jiang Cheng.
—¿Tú? ¿Me seguiste?
—S-sí… es que…
—Creo que sí tendré que contratar un abogado después de todo, ¿qué es esto? ¿Acoso?
—¡No, claro que no es eso…! —Jiang Cheng necesitó un tiempo para recuperar el aliento después de correr varias cuadras. Wen Qing concedió ese lapso de tiempo. Una vez recuperado, Jiang Cheng continuó—: No te agradecí por asistir a mi hermana. Después de todo lo sucedido, igual la ayudaste.
Wen Qing se cruzó de brazos.
—Es mi deber como médico, no tienes que agradecer. Lo habría hecho con cualquier persona.
—Claro… —Las palabras nunca fueron el fuerte de Jiang Cheng y desistió de continuar hablando —. Bueno… Muchas gracias. —Hizo una leve reverencia y se giró casi como un robot para marcharse. Realmente no había nada que hacer con su falta de elocuencia. A lo lejos vio que alguien venía también corriendo a su encuentro con una mochila grande a cuestas.
—¡¿Wei Wuxian?! ¡¿Dejaste sola a Yanli?!
—Claro que no. Jin Zixuan llegó a buscarla. Vine por ti, te traje tus cosas y también quería entregarle esto a Wen Qing. —Wei Wuxian extendió un papel y se lo entregó a la doctora. Luego le dijo—: Me interesa tu arte, quedarás deslumbrada cuando conozcas a Lan Zhan. Me encantaría que hicieras un boceto de él para mí.
Wen Qing lo miró confundida y preguntó con la frente arrugada:
—Y… ¿Lan Zhan es…?
—Es mi esposo— aclaró Wei Wuxian guiñandole un ojo. Wen Qing asintió comprendiendo—. Puedes contactarme en ese teléfono. Te pagaremos por supuesto.
—No lucro con el arte que hago, ya se lo dije a tu hermano.
—Entonces, puedes regalarnoslo y tú sumas un nuevo arte a tu colección, ¿te parece bien?
—...Lo pensaré.
—Excelente —expresó Wei Ying con una amplia sonrisa. Luego se dirigió a su hermano—: ¿No traías un globo? Vi que compra…
—¡No hables estupideces! —Lo interrumpió Jiang Cheng con el rostro al rojo vivo—¡¿Nos vamos?!
Y prácticamente arrastró a Wei Wuxian con él.
Los hermanos caminaron en dirección contraria a la de Wen Qing y se alejaron rápidamente. Un niño con su madre pasó en ese instante junto a ella, el niño apuntó al cielo con una gran sonrisa señalando un globo que subía a lo lejos. Wen Qing comprendió que ese era el globo que Wei Wuxian mencionó y no pudo evitar sonreír, pues aunque no fue entregado, había existido una intención por parte de… Jiang Cheng. Se le hizo bonito pensar en su nombre. Enseguida retomó su camino.
Camino a la celebración Jiang Wanyin le habló a Wei Wuxian:
—No te va a llamar, ¿crees que le interesa ir a dibujar a tu marido? Además, ella debe tener mucho trabajo como médico.
—¿Estás preocupado por que no llame? —Le preguntó con picardía.
—¡Claro que no, no seas idiota!
—Bueno, deberías preocuparte… pues no será a mí a quien realmente llame.
—¿Qué?... ¿Qué quieres decir con eso?
—Le dí tu número de teléfono —confesó Wei Ying.
—Que hiciste, ¡¿qué?!
—Deberías agradecerme.
—¡¿Cómo quieres que te agradezca algo así?! ¡Qué vergüenza, Wei Wuxian!
—Jiang Cheng —habló riendo Wei Wuxian—. Te conozco y sé que aunque murieras de ganas por pasarle tu número, no te habrías atrevido. Así que, tenía que darte un empujón.
—¡Te voy a romper las piernas!
—Jajaja… Está bien, pero que sea cuando lleguemos a tu fiesta de cumpleaños —Wei Wuxian le golpeó el hombro con su puño y le guiñó un ojo de manera cómplice.
Jiang Cheng solo pudo negar con la cabeza, pues para él, su hermano era un loco, aunque un loco bueno que solo se preocupaba por él, al punto de querer conseguirle una novia. Y si era honesto consigo mismo, quería saber más de ella, de la doctora y artista Wen Qing, no sabía si ella lo llamaría, pero repentinamente sintió el deseo de que ella contemplara toda la noche esa fotografía que le tomó. Luego recordó lo molesto que se mostró ante ella y esa expectativa se desvaneció por completo, se sintió mal por eso… Tal vez, era hora de buscar un modo de atraerla por su cuenta; tenía su nombre… La comisura de su boca se curvó en una pequeña sonrisa al darse cuenta que estaba pensando en buscar información de ella para poder contactarla, pero irónicamente sin un motivo contundente que se atañe a la ley… Posó su mano en la frente. ¡¿Qué demonios estaba pensando?!
Era mejor esperar… Tal vez ella volvería al Yunmeng Coffee … Sí… Todo aquel que iba a esa cafetería regresaba por más. Todo aquel que guste de leer en calma, del arte, el café y, ¿por qué no? Tal vez… del amor y de volverse a encontrar.
Fin.
