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Es que yo te quiero a ti.

Summary:

Unas horas antes de un exámen muy importante, Fernando comienza a tener dudas sobre si realmente se encuentra preparado para lo que se aproxima. Dichos miedos lo llevan a tomar lo que probablemente haya sido la mejor decisión impulsiva de su vida.

Notes:

Escribí y publiqué este One Shot en wattpad hace bastantito. No obtuvo tanto alcance porque alch no es algo muy popular, pero al fin me decidí editarlo un poco y publicarlo acá porque siento que es de los mejores trabajos que tengo.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

—¿Bueno?—Julieta responde al teléfono un poco desorientada; apenas se había despertado por el timbre. Previamente consideró dejarlo sonar hasta que eventualmente parara. Pero, pensándolo mejor, era mejor que ella la atendiera antes que su esposo malhumorado y modorro lo hiciera por ella.

Un carraspeo grave suena en la otra línea; la única pista que Julieta necesitó para reconocer al propietario de la voz en un chasquido.

—¿Fernandito? —

—Muy buenas noches señora, soy un compañero de Leticia, Fernando Mendiola.—Titubeó, apenado por la incumbencia.

—Más bien serían buenos días, cielo,—corrigió; enternecida por la cortesía del muchacho en el teléfono. —¿Qué haces todavía despierto a estas horas? ¿Todavía no acabas tu tarea?

—Si, si... más o menos así está la cosa... es que hoy...o bueno... ayer nos dieron muchíiisima tarea.—Fernando trata lo más que pueda para ser escueto con su respuesta; sus nervios suelen descontrolarse más cuando se deja divagar al hablar. Además que, estas no eran buenas horas para dejar ir tanto tiempo en comadreos, debía ser directo con la razón de su llamada.

Fernando carraspeó una vez más.—¿Se-será que me pueda comunicar con Leticia Padilla, por favor?

Julieta chasqueó la lengua.— Ay Fernandito, no creo que puedas hablar con la niña ahora; muy seguramente ha de andar por el quinto sueño. ¿No quieres que le pase el recado mañana?

—Pero es que de verdad que me urge hablar con ella, es algo muy importante y ella…

—Y ella te va a atender, corazón.— Lo interrumpió a media oración, aún manteniendo su tono suave pese a que lentamente se estaba desesperando por colgar el teléfono y volver a dormir. —Pero lamentablemente eso tendrá que ser mañana en la escuela porque ahorita ella no puede hablar.

—No señora, es que usted no me entiende...— su voz temblaba, incluso parecía agrietarse en las últimas sílabas de su oración.

—Y si te entiendo... lo que no entiendo es porque andas muy insistente con hablarle ahorita si puedes simplemente decirle mañana…

—¡Porque es la única persona que me queda!—rechistó, gatillando sin querer los sollozos que le había costado tanto tiempo reprimir. 

A Julieta se le esfumaron las palabras en ese preciso momento; dejando espacio para un silencio denso en ambos lados de la linea. 

 

¡Chingadamadre!

 

Fernando comienza a entrar en pánico al darse cuenta de la babosada que había hecho.

—Pero tampoco debe estar tan fea la situación para ponerse así... ¿verdad? —Julieta se sienta en la cama. Para el desdén de Fernando, eso la despertó más.

No hay respuesta de la otra línea por un rato salvo a una estática que podía confundirse con cualquier cosa. Él todavía se encuentra remediando los hilachos que se le desbarataron en ese lapso de segundos, ahogando cualquier indicio de debilidad para poder volver a hablar nuevamente. 

—¿Todo bien, cielo? ¿Puedo ayudarte con algo?

Tenía que ser mucho más cuidadoso de lo que estaba siendo; la mamá de Leticia era capaz de mantenerlo en la llamada por horas con tal de saber que tenía. Sinceramente apreciaba ese cuidado de parte de ella, pero en estos momentos no quería mimos ni palabras alentadoras como consuelo. No tenía tiempo. Ya no había más tiempo.

Fernando tomó el teléfono nuevamente.

— Solo por favor no me...— traga saliva antes de hablar; no quería recaer otra vez, no se iba a dejar esta vez. Él se toma de su dulce tiempo para componerse una vez más.

—Solo...necesito hablar... con ella...—fórmuló sin temblar pero todavía rígido. Demasiado.

Julieta baja el teléfono para pensarlo un rato, el sueño mantenía al aire la posibilidad de decirle que no y ya colgar; fue un día algo largo para todos y lo menos que quería hacer era lidear con su esposo a estas horas de la madrugada.

Pero algo en la forma como le insistío, su voz después de explotar…

 

“Porque es la única persona que me queda”

 

No podía dejarlo pasar, su conciencia no la dejaría dormir tranquila después de haber escuchado lo que ella interpretaba como que ese niño estaba cargando el peso del mundo solo. Decidida, Julieta volvió a la llamada.

—Espérame aquí, cielo. — Cuidando que su esposo no se despierte, Julieta dejó el auricular a un costado del teléfono en la mesa de noche y salió de entre las sábanas rumbo para el cuarto de Lety.

Los pasillos de la casa no eran tan grandes ni tan amueblados como para verse en la necesidad de prender la luz; llevaba tantos años viviendo en esta casa que la luz sobraba para guiarla. Aunque todavía tendía caminar arrastrando los pies y con una mano bien fijada a la pared por esa costumbre que solía tener Lety de dejar sus juguetes tirados por todo el pasillo del segundo piso.

Hace tiempo que Leticia dejó de hacer eso. Hace tiempo que no le había costado tanto acostumbrarse a ver que su hija está creciendo.

No era de sorprenderse que encontrara a su hija acostada en la cama y totalmente destapada de las sabanas por su tendencia a moverse en sueños, mucho menos que estuviera completamente dormida al punto que se le podía escuchar roncar tenuemente. Julieta enciende la lampara de la mesa de noche y se sienta en la cama con cuidado, buscando cualquier reacción de parte de su pequeña. Su niña no aprieta los ojos en ninguna ocasión, ni siquiera cuando su mamá le pasó la mano por su sien para quitarle el cabello azabache que le cubrirá una gran parte del rostro anteriormente.

Se veía en tanta paz, en tanta serenidad; no pudo evitar sentir algo de culpa.

—Lety, mi vida...—le susurra con dulzura. 

Ahora si hay una reacción, solo un misero ladeo de cabeza para que la dejen en paz. Julieta persiste un poco más.

— Lety, despierta, necesito que te levantes...

—Cinco minutitos más.—Murmura.

—No mija, no puedo darte cinco minutos más,—continúa insistiendo, ahora un poco molesta. —Necesito que atiendas una llamada, Fernando te está buscando.

—Ay Fernando....—susurra con una ternura sosa, una que le saca una tenue sonrisa sin esfuerzo alguno.

—Si Lety, Fernando, Fernando está preguntando por tí en el teléfono.

 

Espera… ¿qué?

 

Lety se extiende para agarrar los lentes de su mesa de noche, más su mamá ya se había adelantado en agarrarlos para pasarselos. 

—¿C-Como que Fernando está preguntando por mi?—cuestionó entre bostezos mientras se ponía los lentes. 

—Si mija,—explicó Julieta, igual de confundida que Leticia.—Fernando me llamó y me comenzó a preguntar por tí con mucha insistencia.

Leticia se levanta con torpeza. Como que de pronto todo el sueño que tenía se le esfumó y pudo entrar en sus cinco sentidos lo suficiente para poder sentarse en la cama en un chasquido de dedos.

—¿Todavía está en la línea?—

—Si si, le dije que me esperara tantito mientras iba por ti. — explicó. —Me dijo que es muy urgente y que necesitaba hablar contigo, no se que es lo que pasa.

—¿No despertó a mi papá?— Había un poco de temor en la pregunta.

—Claro que no, ya sabes que tú papá se vuelve una piedra al dormir, aunque tampoco es como que hay que arriesgarnos a que se despierte. — ríe desganada.

Lety no parece hacerle mucho caso al comentario de su mamá, ahora no estaba para chistes después de escuchar lo que había pasado. Fernando no es de los que pide con urgencia algo, es más, se atreve a pensar que Fernando es la persona más orgullosa que puede conocer. Había algo que no encajaba, ella podía sentirlo. Lety se recarga en el marco de la puerta antes de salir.

—Pásame la llamada al teléfono de la cocina y desde ahí le respondo.— Y con eso, ella sale de su cuarto sin siquiera pensárselo dos veces.

Su mamá asiente y sale justo después de ella, pero esta vez los caminos se separan en el momento que Lety comienza a bajar los escalones de puntillas; vigilando de vez en cuando hacia la puerta del cuarto de sus padres para revisar que su papá no se había despertado todavía. Escuchaba un poco de charla desde el cuarto de sus padres, pero la voz de su mamá se escuchaba demasiado bajo para comprender lo que decía.

Justo cuando ya llega al último escalón y logra pasar por el pasillo de la entrada para entrar a la cocina, Lety relaja sus pasos un poco más para ir a encender la luz de la cocina y desde ahí retomar la llamada desde el telefono de pared.

Con cuidado, Lety descuelga el teléfono y se lo lleva al oído.

—Mamá, ya puedes colgar.— Lety susurra al teléfono.

—Muy bien mija, no vayas a demorar mucho.— Y con eso, se escucha un click en la otra línea.

Y ahora si, ambos estaban solos.

—¿Fernando?...— Pregunta entre bostezos, todavía no estaba del todo despierta.

—¿Lety?

—¿Qué haces llamando a estas horas de la noche? 

—Si si si, ya lo sé, Ya lo sé, sé que no es un buen momento para hablar pero es que...de verdad necesito de tu ayuda con matemáticas.

Lety frunce el ceño.—¿Te refieres a lo que estudiamos...ayer? ¿era sistema de ecuaciones?

—Si, los de sustitución y reducción

Lety no sabía que había estado tensa hasta que sintió como se relajaron sus hombros. 

 

¿Eso es todo? 

No mames, ¿eso era todo?

 

Sabía que Fernando batallaba un poco para comprender algunas cosas, entendía que requiere ser paciente con él aunque tuviera que explicarle algo demasiadas veces al punto de que hasta ya se había aprendido de derecho al revés la explicación, se preparó mentalmente para recibir las mismas preguntas una y otra vez en el momento que comenzaron a ver el tema en clases (Y honestamente, no podía ser tan duro con él cuando incluso ella batallaba para diferenciar los métodos entre sí), estudío día y noche los libros de los grados más grandes con tal de comprender todo y poder explicarselo a él sin problema alguno.

Pero nada de eso la preparó para éste momento en el que la tuvieran que despertar a quien sabe que horas de la noche -O quizás de la madrugada- para tener que explicar una vez más las cosas cuando está de todo menos despierta. Lety rueda los ojos por el susto en vano y se recarga en la barra de la mesa cubriéndose el rostro con una mano; estaba muy al tanto de que su reacción era inapropiada en estos momentos, pero tal vez dicha estaba muy ligada con la fatiga del momento y el hecho de que su mamá tambien salió involucrada en esto.

Simplemente no era necesario asustar a su mamá de esta forma, no era necesario asustarla a ella así. 

Lety suspira hondo antes de decir cualquier estupidez. La paciencia es la mayor virtud que puede tener el hombre, recita las palabras de su padre para si misma.

—Muy bien, empecemos con lo básico…¿En que partes tienes dudas? 

No hay respuesta. Desde la otra línea se escuchan papeles moviéndose de un lado a otro levemente junto a Fernando, quien está musitando palabras que no se logran captar bien, pero dichas no parecen sonar como si estuviera leyendo algo o siquiera que tratan del tema.

Lety levanta el rostro de su mano en una forma de alerta. En efecto, algo está fuera de lugar aquí.

—No...no lo sé— Vaciló al teléfono al fin de unos minutos.

—Bueno, guíate con los problemas que te escribí en la tarde.—Alienta en voz baja, de alguna forma adaptando un tono mucho más blando que el que normalmente tiene. —¿Cúal quieres que te explique primero?

E-es que...—Toma una pausa espontánea para poder hablar con recato. Por dios, podía sentir como la garganta se le cerraba mientras trataba de hablar, podía jurar que cada vez dolía más hablar. Pero no puede dejar de hacerlo debido a la estúpida esperanza de que tal vez si se dejaba divagar, podría enterrar sus nervios por un poco más.  —Es que en esta de verdad que no lo sé... no sé en dónde empezar. De verdad no sé que estoy haciendo y entre más veo las notas, menos estoy entendiendo lo que está pasando y simplemente creo que...no lo sé, no sé que estoy haciendo, nunca he sabido lo que hago...

Lety se acomoda en su silla y acerca el teléfono más a ella. Hay demasiada estatica en la llamada, pero es demasiado evidente que dicha la está causando el insesante jadeo de Fernando. El solo poder escuchar su habla, los ruidos alrededor de él, hacía mucho más fácil imaginar sus manierismos al hablar y de esta forma  concluir que está presenciando como Fernando se está deshilachando en su presencia. Lety detiene sus balbuceos con un siseo acompasado.

—Fer, ¿qué traes? ¿Qué te pasa?

De alguna manera, sin poner alguna clase de esfuerzo, esa compostura que rascó con las uñas para poder agarrar se le estaba desbaratando tal cual como azúcar en el café. Fernando no pudo evitar odiar a Leticia en esos momentos

No, no, no, no. ¿Por qué tuvo que preguntarle eso? ¿Por qué ahora?

—Me va ir horrible,— comenzó a jadear más.

—No, no, no, —Lety interrumpe antes de que hable más—No estes pensando así, luego te bloqueas más y te vas a desesperar más por no entender.

—De verdad que llevo toda la tarde estudiando y todavía no estoy entendiendo ni madres, solo veo tantas cosas ir de lado a lado en las notas y luego de pronto cambian a otros números y estoy haciendo todo lo que dijimos pero terminó con puntos decimales cuando me tienen que salir números enteros...Ya no se que hacer, de verdad que ya no se que hacer...

—Fer, necesito que te calmes. — Lety murmura, en parte también para poder mantenerse tranquila y poder manejar la situación. 

—¡No hay que mentirnos!—Fer reclama agobiado por todo, harto de palabras reconfortantes que al final del día eran completamente huecas. Fernando comenzó a sollozar, cada vez más audible en el teléfono. —Voy a reprobar el bimestre otra vez, me van a chingar el promedio otra vez. No quiero tener que verle la cara a mi papá cuando tenga que darle la puta boleta porque se exactamente lo que me dirá. Él volvera a decirme que tenía razón cuando me dijo que no iba a poder balancear tantas responsabilidades a la vez, que yo no debí postularme para presidente del consejo cuando de todos modos no duraría en el puesto como lo hizo Aldo y una vez más, todos estarán de acuerdo cuando Aldo me restriege en la cara que él es infinitamente mejor que yo. Toda mi vida he peleado por ser siquiera una pizca del hijo que mi papá ve en Aldo. Estoy harto de pelear por un lugar en mi propia pinche familia.

Él comienza a hiperventilar con cada palabra que salía de su boca. Ahora no podía enterrar nada, el veneno que salía de él lo estuvo consumiendo por tanto tiempo que ahora quemaba su piel y le provocaba un suicidio lento. Y ya sus daños eran demasiado grandes para poder hacer algo al respecto. 

—No, no, no. Fer, cálmate por favor— Esto iba más allá del examen. No importaba que es lo que le fuera a decir, Fer simplemente no entraría en razón, no podría entrar en razón porque ni siquiera estaría dispuesto a escucharla.

 

No mames ¿Qué debe hacer? ¿qué debe hacer? ¿qué debe hacer?.  

 

No iba a mentir que ella consideraba que la situación en la que se encontraba era algo bizarra. Pero eso no le impedía que sintiera un fuerte coraje por no saber qué hacer ahora, una impotencia de estar observando todo y no poder hacer nada al respecto. En su inexperiencia y su lógica, no encontraba qué podría decirle en estos momentos sin que se vieran de alguna manera demasiado imprudentes o insensibles para la situación en la que se encontraban. 

—Fer...—Titubeó.—¿Quieres que te deje un tiempo solo hasta que te calmes o necesitas que llame a alguien más...

—¡No me cuelgues el puto teléfono!— Fue lo único que pensó gritar en el momento.

Hubo un silencio golpeado en ambos lados mientras Fernando jadeaba entrecortado, temblando con la voz mientras trataba de formular lo que intentaba decir, aferrándose al teléfono con la finalidad de reponer el contacto físico que tanto anhelaba inconscientemente.

—N-no te vayas por favor...es que yo te quiero a tí

Leticia aprieta los labios en un intento de no romperse ella también. De pronto puede sentir como un nudo se forma en su pecho, como aquella impotencia de antes se comienza a materializar en las minúsculas lágrimas que se asoman en sus ojos.

—Aquí estoy...—Un pequeño hilo de voz sale de sus labios, algo roto para su parecer pero suficientemente dulce para la situación—No me voy a ir a ninguna parte...

Todavía no sabe qué fue exactamente lo que pasó. Tal vez pudo ser el estrés del examen que venía, la fatiga de haberse quemado los párpados estudiando o tal vez incluso la dulzura con la que le dijo esas palabras, pero ese simple acto de calidez fue suficiente para llevarlo a su límite y soltarse a llorar de una vez por todas. 

Ya estaba harto de mantener esta fachada, a la vez que estaba totalmente avergonzado de encontrarse aquí. Quiere dejar de llorar para poder hablar otra vez y llegar directo al punto, quiere seguir con lo que iban antes de que les amanezca otra vez, solo quiere ya acabar esta puta llamada antes de que empeoren las cosas mucho más. Pero Fer no podía hacer que su cuerpo respondiera de tanto que temblaba, no podía tener el mando en la situación cuando había tanta estática sonando dentro de él que ahogaba cualquier intento de cordura, no podía ni siquiera detener los ríos de lágrimas por más que le quemaban las mejillas y le ardíeran los ojos.

En estos momentos no podía evitar sentir ese coraje hacia él mismo que entraba a sus pulmones y lo ahogaba, al igual que tampoco podía evitar sentir un odio desmesurado y malagradecido hacia ella. 

Si, así es. Odiaba tanto a Leticia en estos momentos. Odiaba que lo hubiera hecho romperse de esta forma sin siquiera intentarlo, odiaba que ahora supiera tanto de él, odiaba que había llegado a tales extremos con ella para ser la única persona que se le ocurrió llamar ahora, odiaba que ella fuera tan dulce con él, odiaba que solo ella podía hacerlo sentir así de minúsculo sin ni siquiera tocarlo, odiaba que podía sentir su calor desde tan lejos, odiaba ella estuviera aquí para él, odiaba que…

Odiaba que dependiera de ella. 

Odiaba que necesitaba de ella.

Fernando no puede dejar de romper en llantos cada vez más despedazados y ahogados, tensos incluso debido a haber sido enterrados por tanto tiempo. 

Mientras que Leticia, ella tan solo se limitaba a escucharlo llorar desde la otra línea. No había mucho que pueda hacer ahora más que solo dejarlo sacar todo ese dolor y ese estrés guardado, era lo único que podía hacer ahora para él. Titubeando y tal vez en un acto desesperado por siquiera poder aportar algo ahora, Lety no hace nada más que tararearle con dulzura la primera canción que se le viniera a la mente. 

Ella nunca fue la persona más indicada para consolar a la gente, pero si conocía con una exactitud asquerosa los sentimientos que estaba sintiendo Fernando. Y en esos episodios, lo único que lograba calmarla a ella era escuchando a su mamá cantando alguna canción de las que pone su papá en el tocadiscos. Aveces lo hace de lejos porque ella se rehusa a que la toquen, aveces lo hace abrazandola mientras le acaricia el pelo.

Usualmente esto le servía a ella sin fallar, ¿tal vez serviría en esta situación también?

Pero sin saberlo, eso solo hacía que Fernando la odiara aún más.

No solo al romperlo un poco más en el momento que escuchó el siseo estremecer sus sentidos, si no que de alguna forma, ese pequeño acto de consuelo solo le restregaba en la cara lo solitario que ha estado durante toda su miserable vida.

Jamás había sentido unas ganas tan fuertes por poder abrazar a alguien.

O más bien, jamás había deseado tanto la compañía de alguien hasta hoy.

Y así estuvieron ellos dos por quien sabe cuanto tiempo de la madrugada. Lety trató de consolarlo tal como ella sabía hacerlo. Mientras Fernando, dominado por esa ternura encontrada, soltaba hasta el último gramo de odio en su alma que había tratado de enterrar. 

Hasta que lentamente sus ojos se secaron y le pesaron de tanto llorar, el dolor predominó por las palmas de sus manos al momento que sus manos atenuaron la fuerza con la que agarraba el teléfono, la garganta le comenzó a arder cada que respiraba.

Pero pese a que todavía no podía dejar de resollar, estaba en su cuarto otra vez. 

Había vuelto.

Y por primera vez en mucho tiempo, la charla brota una vez más.

—¿Cómo te sientes ahora?— vacila en un murmullo.

—No lo sé— musitó con una risilla; su voz está ahora un poco ronca.

—Esta bien no saber. —Lety también deja salir una risilla, más esta sale algo nerviosa más que cualquier cosa.

—No se que me pasó en verdad, Lety...me da muchísima pena que me hayas visto así. Lo siento muchísimo por haberte hecho perder el tiempo de esta forma, yo no…

Lety lo frena antes de que esto cause otro descontrol emocional en él.—No quiero que te disculpes por ser un puto humano.

—Tengo que hacerlo...¿Qué vas a pensar de mi después de todo esto?

—¿Quieres saber lo que pienso?, pues te lo digo, —Nuevamente tomó el control de la conversación.—Yo no pienso menos de tí porque te pusiste a llorar de estrés en medio de la noche y jamás voy a verte como menos por eso, porque se requiere mucho valor para despedazarte y todavía dejar que te vea vulnerable. Porque estás dejando que alguien entre y conozca más allá de tí, y de esa forma ese alguien puede...apreciar la persona que en verdad eres.

Fernando no sabía que responder ante esa perspectiva. De hecho, no sabía ni siquiera que estaba sintiendo en estos momentos.

Solo que él y el niño que marco los dígitos del teléfono no eran la misma persona.

Uno de ellos conoció la dulzura en su estado más puro.

Uno de ellos dejó de sobrevivir.

Pese a que Lety no lo podía ver, Fer no podía dejar de sonreír mientras se estaba limpiando los rastros de la tormenta en su rostro. 

A ella le gustaba el silencio, pero la incertidumbre de saber que ocurría en el otro lado de la línea la mortificaba demasiado para dejarse disfrutar el momento.

Lety carraspea.—B-bueno, ahora si ya podemos resolver las dudas de las que me hablaste, solo déjame agarrar mis cosas y ya empezamos con las preguntas, ¿Qué te parece?

Fer se centra una vez más.—Ah sí, las preguntas de matemáticas, es cierto que a eso llamaba, pues,—concuerda junto con ella.

Lety dejó el teléfono en la mesa para ir por su mochila. Le tomó un rato, pero ya que al fin logró hallar la mochila en la sala, se la llevó a la cocina para dejarla en la silla vacía que se encontraba al lado de ella y así volver a retomar la llamada. En la otra línea se escucha movimiento, probablemente Fer se acomodaba en donde se encontraba estudiando, muy seguramente en la cama. 

Ya que Fer estaba seguro de que Lety se encontraba en la línea, decidió hablar antes que ella.

—Oye Lety...

—¿Sí?—pregunta sin realmente poner mucha atención. Fernando tomó aire, agradeciendo que ella no estuviera frente a él para ver lo rojo que se encontraba en estos momentos.

—Gracias...

—¿P-Perdón?—Lety sube la mirada de la libreta.

—Te dije que gracias—murmura apenado, en parte por el estado de su voz y por las palabras que le estaba diciendo. —Gracias por...todo.

Lety sonríe por igual al momento de escuchar esas palabras. Es probable que jamás podría quitarle el peso del mundo, el amor que le tiene nunca va borrar ninguna de sus heridas ni lo protegería de todo lo que está mal en su vida o en el mundo entero.

Pero estaba bien.

Ella podría vivir con eso, porque al menos por ahora él estaba mejor que cuando empezaron a hablar. 

Le daba consuelo saber que, si llegara el día en el que el mundo se derrumbara a su alrededor, ella podría asegurarse de que los pedazos del cielo no los aplastarán.

—No hay de que, Fer...— responde en un suspiro tierno, uno que solo él y ella comparten entre la espesa obscuridad.

Como le encantaría compartir este silencio más cerca de ella…

Fernando carraspea para disimular los sentimientos encontrados que tenía en estos momentos, será mejor que cambie el tema antes de que las cosas se pongan más incomodas de lo que probablemente ya lo hizo durante su "teatríto".

—Oye Lety...¿Estas segura de que todavía quieres hacer esto ahora?

Lety encoge los hombros con una sonrisa sosa.—Sinceramente, no me molesta. Lo que más me importa es que te sientas seguro con el tema,— una vez más, volvió a retomar la página donde tenía los apuntes del día de hoy.

Esta iba ser una noche muy larga, pero al menos no la estaría pasando sola. 

—Así que…¿En que problema te atoraste?

Notes:

En efecto, estuve despierta toda la madrugada corrigiendo esta cosa y no estoy arrepentida de nada, está es la manera más saludable que tengo para canalizar un gusto sin que mis allegados me pierdan el respeto así que la voy a aprovechar como tal.