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Paso a paso

Summary:

Leo sentía que le faltaba el aire, estaba muy conciente que su vida cambiara por completo en los próximos minutos... para bien o para mal.

O de cuando Leo conoce al hijo de su novio.

Notes:

Es el final del evento navideño con el prompt "ABO/Omegaverse"; me encanta este trop, disfruto desde lo más cliché hasta poder descubrir las infinitas posibilidades que este universo puede mostrarnos. Hoy decidí experimentar con rituales, inspirado en una escena corta de un fic cristessi omegaverse donde Leo conoce a Junior :)

Espero sea de su agrado, un fic familiar con toques de romance entre estos dos que me tienen embobada. La inspiración para este escrito fue la canción de "My boy" de Elvie Shane.

No tengo beta, muero con orgullo con los errores que pueda contener el fic.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Paso a paso

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«»

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Leo sentía que le faltaba el aire.

La espera se convertía en ansiedad para su cuerpo y sudor para sus manos. Había estado planeando esa cena durante semanas, justo cuando Cristiano le dijo muy seriamente que estaba dispuesto a formalizar con él —y claro, todo lo que eso conllevaba para el compromiso de casarse—; Leo sentía que el júbilo llenaba su pecho, era un secreto a voces que había amado a Cristiano desde aquel juego contra el Manchester aquella tarde de primavera del 2008, cuando quedó flechado por la presencia tan gloriosa que Cristiano demostraba en el campo de juego.

Después de todo, no siempre ves a un omega brillando y opacando a muchos betas o incluso alfas en habilidades deportivas.

Aunque Leo sabía de antemano que la vida no siempre fue dulce para Cristiano. Tuvo que soportar carencias y abusos a lo largo de su infancia y posterior debut; sin embargo, eso sólo era el impulso para continuar luchando y demostrando que su casta no era impedimento para ser el mejor, sobrepasando incluso a quienes tenían “privilegios de nacimiento” —como lo decía abiertamente en sus entrevistas sin medio a las represalias—.

Y contrario a lo que muchos creyeron, eso en lugar de ofenderle a su “orgullo de alfa”, lo hacía amarlo mucho más.

Sin mentir, podía decir que el día más dichoso de su vida fue cuando Cristiano aceptó su cortejo hace tres años, sin duda el cambio de Manchester a Real Madrid representaba para Leo la oportunidad de conquistar a quien consideraba su alma gemela —es decir, llevaban ya más de cinco años compartiendo el escenario, algo bueno debía traerle esa obsesión por el futbol—. Fueron meses felices, un poco difíciles por todo el escándalo mediático que hacían quienes estaban en contra de las declaraciones de Cristiano y su relación en general como miembros de equipos rivales… pero en su mayor parte, las cosas fluían de forma armoniosa.

O eso fue hasta esa noticia.

Fue una noche después del clásico hace poco más de un año, tenían dos meses de darle nombre a su relación —pasaron de “amigos” a “novios”, eso lo consideraba una victoria—. Después de una serie de besos y caricias en los vestidores, Cristiano recibió una llamada que le interrumpió su tiempo con él y después de un par de refunfuños respondió pero pudo ver en su rostro que era realmente importante.

El rostro de Cristiano se volvió pálido.

«¿Todo bien?» Preguntó sin ánimo de apresurar las cosas, pero el ceño fruncido de Cristiano lo alarmó más de lo que quería.

«Yo sólo… necesito irme Leo, después de explico, por favor». Cristiano no esperó a obtener una respuesta cuando ya se había puesto su chamarra deportiva y salió corriendo.

Leo empujó en lo más profundo de su mente cualquier atisbo de inseguridad que emergió, sabía con lógica que todo tenía una explicación… sin embargo, la que le dio Cristiano dos días después —tiempo que estuvo incomunicado con él esas largas horas—, era una verdadera sorpresa.

Un hijo… Cris, su Cris tenía un cachorro.

Fácilmente cuatro escenarios cruzaron la mente de Leo en un segundo, cada uno peor que el anterior; sintió lava corriendo por sus venas en un santiamén. Se sintió confundido, ofendido y herido. Realmente sus emociones dejaron de funcionar para pasar a soltar feromonas dominantes que por poco doblegaban a Cristiano.

«¿Me permites explicarte?» La voz de Cris sonó angustiosa y Leo se calmó un poco, aunque permaneció mirándole fijamente sin dar tregua a nada. «Hace un mes llegó a mi puerta una chica omega que conocí cuando estaba en Manchester, en ese entonces comencé a experimentar y fue fácil estar con ella, mi conteo de espermatozoides es bajo, era casi improbable que terminara embarazada… pero llegó con un hijo que es idéntico a mí.»

«¿Cómo se llama? El cachorro» Preguntó respirando profundamente, alejando a lo más hondo de su mente el sentimiento feo que nació de la noticia.

«Cristiano, como yo. Es un pequeño milagro médico.» Respondió Cris mostrándole una imagen de su celular de un niño de no más de siete años, con piel tostada y ojos marrones como él, pero lo que le convenció que era hijo de Cristiano, era la sonrisa tan perfecta con la que posaba en la foto.

«¿Cuándo ibas a contármelo?» Leo sonó más herido de lo que hubiera querido, pero no podía ocultar todas las dudas que surgieron en su mente.

«Leo, siempre quise decírtelo… pero no era fácil, mucho menos con todo lo que se tenía que hacer. Mi plan era hacerlo en cuanto todo quedara listo.»

«¿A qué te refieres?» La intriga crecía a medida que su novio hacía pausas que se sentía como eones para él.

«Estaba enferma, Leo.» Dijo Cris apretando su celular. «Le quedaban pocas semanas de vida, y me buscó como último recurso ya que su familia no quería hacerse cargo de Junior. Tuve que movilizar abogados y detectives para que juntaran toda la información necesaria para reconocer a mi hijo y que me cedieran todos los derechos sobre él. Un proceso así normalmente tarda meses o años, y con el dinero que tengo logré hacerlo en tres semanas.»

«No entiendo… entonces, ¿qué fue la llamada de hace dos días? Lucías angustiado.»

«Ella… falleció en el hospital.» La voz de Cris se cortó y unas cuantas lágrimas surcaron su rostro. Leo aventó lejos los celos que sintió y lo abrazó muy fuerte. «Junior estaba ahí cuando pasó, y yo sólo quería estar cerca de él… todo el mundo que mi hijo conocía cambió Leo, y yo necesito vincularme con él. No puedo recuperar todo el tiempo, pero si comenzar a reescribirlo.»

A Leo se le detuvo el corazón en ese instante… y al parecer fue evidente en su rostro, pues Cristiano sostuvo sus mejillas entre sus manos como si fuera lo más valioso en el planeta.

«Con esto no quiero decir que nos separaremos.» Su voz era calmada, aunque sus palabras sonaban firmes y decididas. «Sólo necesitaré más tiempo para Junior, reforzar el vínculo de padre y si me esperas un poco… podría presentártelo.»

El pulso de Leo se reinició después de esas palabras. Sin esperarse, se acercó a él para besarlo por todo su rostro una y otra vez hasta que terminaron en la cama, con Cristiano gimiendo y alabando el nombre de Leo como si se tratara de un Dios.

Y luego viceversa. A Leo también le gustaba sucumbir al placer, sentir a Cristiano rozando constantemente su próstata y tener el gozo de eyacular entre los cuerpos de ambos.

Después de eso, el tiempo pasó velozmente. Leo se dedicaba a leer libros de paternidad, a amar el tiempo que pasaba con su novio, y a apoyarlo en la crianza a distancia. Aún no conocía a Junior más que en fotos, y por lo que le contaba Cristiano, el niño parecía muy interesado en él, viendo sin descanso videos en YT de sus partidos.

Hasta ese momento, todo marchaba a la perfección.

Diciembre siempre era una época de añoranza y esperanza. Le recordaba su infancia en Rosario y luego en Barcelona, compartiendo todo a sus amigos y familia; su amiga Antonella era quien más lo acompañó en momentos tristes, cuando la melancolía le ganaba y él tenía que ser fuerte para no romperle el corazón a sus padres y hermanos.

Y ahora más que nunca, necesitó de ella para hacerle frente a la noticia que le dejó caer Cristiano los primeros días del mes.

«¿Qué pasa Lio? Son las siete de la mañana en Rosario.»

«Anto… Cristiano me dijo que es momento de conocer a Junior. Frente a frente.»

El grito ensordecedor de una mujer llenó sus oídos.

Cristiano y Leo platicaron sobre eso, pensando que la edad de Junior era una ventaja para conocer a quien sería el esposo de su padre. Y por lo mismo, Cristiano sugirió realizar el ritual de aceptación en la manada que hacían en su natal Portugal.

Leo aceptó sin dudarlo. El ritual duraba diez días, tiempo en el que los involucrados —es decir, el alfa y el nuevo integrante— intercambiaban regalos simbólicos y completamente del gusto de cada uno, lo que les permitía conocer sus aromas y familiarizarse con la personalidad del otro.

Un medio neutral tendría que estar llevando los regalos; muchos de sus amigos se ofrecieron para hacerlo, pero James sugirió a Shakira para eso. Ella era beta, y no tenía un vínculo tan cercano con ninguna de las dos partes, por lo cual todos accedieron.

El primer día, Leo le regaló un balón de futbol… sin pensar que obtendría uno muy parecido de vuelta, aunque el suyo iba con una nota que deseaba que el amor por el futbol sea igual al que tenía por su padre.

Leo contestó de vuelta que, sin duda, amaba a Cristiano mucho más.

Y que también ya comenzaba a amarlo a él.

El segundo día Junior le envió un dibujo hecho por él en clase de artes. Era un retrato de Leo portando el 10 en su playera de la selección Argentina. Leo sintió sus mejillas rojas y un poco de escozor en los ojos; rápidamente envió su presente, el cual consistía en un CD de música que solía escuchar en sus tardes libres cuando era niño, y lo que le consolaba en sus tardes solitarias en Barcelona.

Para el tercer día, Leo decidió darle un peluche de crochet, hecho con la lana vieja que soltaba su perro Max, un Golden retriever que tenía con él ya bastante tiempo, si Junior formaría parte de su manada era natural que aceptara a Max. A cambio, el niño le mandó una caja de sus chocolates favoritos; en una pequeña nota le contó que esos dulces se los compraba su madre sólo cuando era su cumpleaños o cuando terminaba el ciclo escolar, ya que no tenían mucho dinero.

Al día siguiente, Leo compró casi todas las acciones de la compañía chocolatera. Eventualmente Cristiano lo reprendió por eso.

Durante la mañana del cuarto día, Leo recibió dos regalos, el primero fue un suéter afelpado para Max, y el segundo fue una estampa de él mismo de la edición del mundial anterior. Detrás de su imagen con cabello corto, veía escrito en inglés “I admire you”; Cristiano —con mucho pesar en su voz— le confesó en un audio que Leo era el ejemplo a seguir de Junior para convertirse en profesional. Poco faltó para sentir que el corazón se le salía.

Y para corresponder a ese obsequio, Leo le envió la pequeña foto de Cristiano que tenía en su billetera, aquella que recortó de un periódico hace años y al reverso escribió “Y yo lo admiro a él”.

El quinto día pasó de forma tranquila, simplemente intercambiando su sabor de helado favorito y de qué forma preferían las palomitas de maíz. Leo dijo que él prefería el de limón y Junior dijo que chocolate, aunque ambos concordaron que les encantaban las palomitas con extra-mantequilla.

Para el sexto día, Leo envió un audio a Cristiano, diciéndole que él ya quería conocer a Junior, que sabía que su alfa lo aceptaba como parte de un todo, que se moría por tenerlo entre sus brazos… y sorprendentemente, su novio respondió en texto, diciéndole que Junior le quería decir que tuviera paciencia, que para la noche del 31 de diciembre se conocerían.

Leo vio a Shakira sacudiendo su cabeza de un lado a otro. Se veía con intenciones de reprender su comportamiento y eso lo avergonzó.

En agradecimiento a esa sensatez, Leo le envió sus primeros tachos, estaban algo viejos, pero con la restauración que les dio se veían decentes; en un breve post-it explicó que esos tachos se convirtieron en sus primeras alas para volar, y que deseaba que él trazara su camino sea cual fuere. Junior le obsequió un girasol, y en la nota mencionó que estaba avergonzado, ya que él solamente le envió ese porque fue el único que pudo cortar del campo al que fueron el día anterior, contándole que era su flor favorita porque le recordaba a su madre.

Leo puso la flor en un jarrón con agua sobre la cómoda de su habitación. Aunque llegara a marchitarse, nunca la tiraría.

El séptimo día Leo le envió un mate para que lo probara y Junior le respondió con una de sus playeras del Barcelona con la que solía jugar con sus amigos del colegio. Era obvio que pertenecía a la colección secreta, pues Cristiano nunca permitiría que su hijo anduviera divulgando por el mundo que es un culé de corazón.

Esa noche, Leo durmió en su cama con la playera de su novio y la de Junior abrazados a su corazón.

El octavo día se consideraba el más importante, pues era cuando intercambiaban una carta. Leo nunca fue una persona comunicativa, incluso con sus personas cercanas llegó a tener discrepancias debido a su forma de interactuar, por lo que una carta era un acierto para poder expresar a la perfección lo que sentía.

No escribió tanto como hubiese querido, pero sin duda cada palabra fue sincera. Deseaba que fuera un buen niño con su padre Cris que lo amaba con toda su alma, quería conocerlo para poder jugar junto a Max en el parque, poder llevarlo a la heladería, al cine y comer mucho chocolate. También le dijo que lamentaba profundamente cómo su vida cambió en tan poco tiempo, pero que podía apoyarse en él sin preguntarlo y que se sentía orgulloso de su valentía y su capacidad para poder afrontar todo lo que se presentaba (seguramente eso lo sacó de su testarudo padre omega Cristiano).

A cambio, la carta que recibió estaba a la mitad, diciéndole que lo admiraba desde siempre, contándole que él también ya quería conocerlo y justo después de eso, las letras se volvieron ilegibles por manchas de agua en la carta que difuminaron las palabras que estaban escritas. Unos minutos después, recibió un audio de Cristiano diciéndole que Junior lloró mucho después de leer la nota que él envió, por lo que su parte del intercambio estaba arruinada y lo disculpara por eso.

Shakira y Piqué tuvieron que detener a Leo justo en el pórtico de su casa; vio en el cristal como el color de sus ojos cambió a dorado y sus caninos sobresalieron; involuntariamente gruñó a su amigo.

«Apártate Geri, necesito ir a consolar a Junior». Recordó haber dicho en medio de la ansiedad. Sentía en su pecho el crudo impulso de abrazar al pequeño; imaginarlo llorando le dolió como pocas cosas en la vida.

«¿Estás loco? Cristiano me mataría por dejarte ir así… sólo faltan dos días Leo, contrólate por favor».

Sobra decir que las palabras no funcionaron con él, tuvieron que inyectarle un supresor de emergencia para calmarlo.

En el noveno día, Leo envió unas disculpas a Junior por hacerlo llorar a través de una pequeña nota y junto a ella le regalaba también la playera con la que obtuvo la victoria de su último partido, aquel que jugó y dedicó pensando en Cristiano y él; decidió no lavarla para que el chico reconociera su aroma en un momento de tanta pasión como lo era estar en la cancha. Junior correspondió a ese presente enviando un batido de cookies & cream que él mismo preparó, diciéndole que era su bebida favorita en el mundo.

Leo casi tuvo una congestión por el azúcar, pero se terminó cada sorbo porque fue Junior quien lo hizo para él.

Finalmente llegó el día diez. Ese día era la presentación del nuevo integrante al alfa, el reconocimiento de ambos frente a frente y que el destino decidiera lo que pasaría. Leyó casos donde la introducción no terminaba bien… Leo quería olvidar esas noticias, el juraba y apostaba sus piernas con que todo marcharía bien entre ellos.

Leo estaba en su casa con la cena puesta sobre la mesa y él llevaba puesto unos simples jeans y un suéter simple de color rojo, Shakira estaba sentada a su lado ataviada con un vestido verde con mangas largas y que llegaba hasta media pantorrilla. Como intermediaria en el ritual, tenía el deber de estar como contingencia para evitar cualquier percance; y sólo por precaución, Piqué esperaba en el coche estacionado en el jardín.

Se sentía nervioso, Cristiano y Junior no tardaban en llegar, y él sentía que la vida misma se desvanecía en la interminable espera.

El timbre sonó de pronto y su respiración se aceleró por instantes. Se quedó congelado en su lugar y aunque les ordenaba a sus piernas levantarse y caminar, éstas no le respondían. De pronto, las dudas que nunca tuvo comenzaron a asaltar su mente, ¿qué tal sí Junior no lo aceptaba? ¿Qué si terminaba por decir que era demasiado bajo, torpe o poco alfa como cientos de personas? ¿qué si después de eso Cristiano, en todo su derecho, decidía escoger la felicidad y tranquilidad de Junior y terminaba su relación?

En consecuencia, él se quedaría ahí con el corazón en las manos, la tristeza en su cuerpo y la melancolía deambulando en cada rincón de su casa.

El toque suave, pero firme de Shakira sobre su hombro lo sacó de las tribulaciones de su mente.

—Todo estará bien Leo —le dijo Shakira con una sonrisa en el rostro—. Confía en ti, en este momento necesitas tener en esa seguridad que tienes cuando juegas.

La vio levantarse del sillón y caminar hacia la puerta, abriéndola en lo que pareció una eternidad. Y ahí, justo debajo del marco de la entrada, estaban Cristiano y Junior vestidos con trajes y negros y moño, para dar ese toque informal, ambos llevaban puestos tenis blancos que hacían juego.

—Hola señorita Shakira —susurró Junior y saludó con un juego de manos que tal vez ella misma le enseñó. Leo sintió correr un escalofrío por su espalda al escuchar la suave voz del niño—. ¿Te quedarás a cenar?

—No cielo, hoy sólo estoy para acercarte a Leo, ¿quieres saludarlo?

Leo vio que Junior asintió, su actitud tímida le recordaba un poco a él. Determinado se levantó y caminó hacia donde estaban los tres, mantuvo el margen entre ellos tres metros. Tuvo que reprimir el impulso de besar a Cristiano con un beso largo y profundo, por lo que optó sólo saludarlo con una sonrisa.

—Continuando con el ritual, Cristiano debe pasar a la sala a sentarse y esperar la respuesta del alfa de Leo —dijo Shakira indicando con su brazo el camino a tomar para llegar a la habitación.

Cristiano asintió y caminó hacia dentro, dejando un rastro de aroma que Leo olfateó gustoso; dejaron pasar unos cuantos minutos y Shakira tomó la mano de Junior para aproximarlo al alfa, no tan cerca como para invadir tan pronto el espacio vital de Leo, pero lo suficiente como para estirarse y poder tocarlo si lo deseaba.

Leo observó como los ojos grandes y marrones lo veían con asombro y un poco de inquietud. Shakira dejó la mano de Junior y se alejó unos pasos hacia atrás para dar espacio a la integración de ambas partes. Él mantuvo firmes sus manos a los costados para evitar hacer el primer movimiento, lo último que quería era que pensaran que forzaba la presentación.

Cuando menos lo esperó, Junior alzó su brazo y colocó su mano justo sobre la mejilla de él, acariciando su barba desaliñada. El puchero del infante se transformó rápidamente en una sonrisa.

—Hola Leo, quiero decirte que eres increíble.

Y justo ahí sintió que su corazón se derritió por completo. Correspondió al saludo con un pequeño ronroneo y Junior bajó su brazo para exponerse al alfa; Leo se agachó sobre una de sus rodillas para acercarse al niño y aspiró el aroma natural de Junior, primero el de la coronilla de su cabeza y después el de su pequeño cuello que dejó completamente expuesto con la intención de someterse y dejar que Leo le acogiera o desgarrara la garganta.

Leo casi quiso llorar por tal muestra de confianza; Junior y cualquiera de esa habitación apostaba por la felicidad de todos al no intentar intervenir en la presentación.

Lentamente lo acercó a él y con sus manos callosas y grandes comenzó a acariciar el rostro, nuca y manos del niño, esparciendo con ese acto su aroma, marcándolo como parte de la manada, su manada.

El reconocimiento fue fácil; quizá no fuera uno de sus progenitores, pero fue su elección comenzar a quererlo desde el primer momento en que Cristiano compartió su existencia. Extendió sus brazos de par en par, permitiéndole a Junior abrazarle con suavidad, con uno de esos contactos que confortaban el alma.

La sensación de felicidad que drogaba su mente era una señal de como siempre debió tener ese calor, como si Junior perteneciera ahí de forma tan natural, tan tranquila… como si todo lo que había pasado en su vida lo llevara a ese momento.

Escuchó un suspiro de Cristiano, quien seguramente observaba todo con detalle, sin querer perderse nada. Shakira sólo se despidió con su mano alzada y una pequeña risilla en su rostro, supo con eso que no interrumpir el mágico momento que vivía. Leo susurró un “gracias”.

Aunque no podría terminar de agradecerle todo lo que hizo por ellos… por él.

Con la mente más tranquila y el corazón relajado, lo cargó entre sus brazos y frotó su mejilla con la del niño, caminó con él hacia donde los esperaba Cristiano con una sonrisa y un brillo azul en sus ojos, un cambio de color por la emoción y dicha, sabía que estaba rebozando en felicidad.

Hijo, es un gusto conocerte —respondió Leo con una sonrisa—. Tenemos mucho tiempo para hacer todo lo que te prometí.

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Notes:

¡Feliz año nuevo a todos!

Besos de champagne.