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Después de la caravana

Summary:

Enzo decide que le gusta cuidar a Julián.

Work Text:

Julián tiene un brazo alrededor del cuello de Enzo quien lo intenta arrastrar con él una vez que llegan al predio de Ezeiza. Se habían bajado del helicóptero recién después de haber pasado 2 horas de caravana en el micro descapotable.

Decir que Julián había tomado solamente un poco de alcohol era claramente una mentira porque ni siquiera puede caminar en línea recta. Por esa razón, Enzo lo agarra fuerte de la cintura y lo pega contra su cuerpo. Cuando estaban arriba del micro ya lo había visto tambalearse y eso le pareció prueba suficiente de todo el alcohol en sangre que tiene Julián ahora.

“¿A dónde vamos?” la voz de Julián es graciosa por como arrastra las palabras y se esfuerza por hablar.

“Al predio” le dice lo obvio.

La cabeza de Julián se gira para mirarlo más de cerca y de la nada siente los labios del castaño aplastarse contra su cachete. No tiene mucho tiempo para pensar en eso que Julián se suelta para detenerse a menos de la mitad del camino y eso a Enzo lo toma por sorpresa, haciéndolo casi perder el equilibrio. Enzo lo mira con atención, Julián tiene esa cara y ve que además tiene intenciones de agacharse pero lo detiene.

“Ni se te ocurra quebrar acá porque te juro que te mato” lo vuelve a tomar de la cintura con firmeza. 

“Bueno, pará. Déjame respirar” Julián lo aparta de un empujón  “No me toques” le advierte.

Enzo mira para los costados y no ve a nadie cerca. Después de todo habían sido los últimos en bajar porque lo tuvo que sacar a la fuerza. Julián estuvo demasiado feliz todo el recorrido haciendo las señas del hombre araña con las manos y Enzo estuvo más que feliz de verlo así, hasta ahora.

“Bueno, dale. Respirá pero sin quebrar” Enzo le indica sintiendo el estrés de la situación empezar a caer en sus hombros.

Julián se mantiene parado con las dos manos en la cintura y con la cabeza baja, debatiendo entre la vida y la muerte. Respira profundo y cierra los ojos con fuerza momentáneamente sacudiendo la cabeza. Enzo se queda a un costado esperando y se acomoda la gorra negra que lleva puesta para hacer tiempo.

“Podes mirar para arriba” le ruega como si eso cambiara o evitara algo. A Enzo lo pone nervioso que se atreva a mirar al suelo porque eso significa una sola cosa y teniendo en cuenta que no habían caminado ni la mitad, no quiere imaginarse lo que le queda del recorrido hasta el cuarto.

“Cállate un rato sino no me puedo concentrar” el otro le insiste en un intento de recuperarse lo más pronto posible.

Enzo se ríe un poco con esa respuesta y no le saca la mirada de encima hasta que se recompone. Se da cuenta que Julián está de regreso a la normalidad porque lo confirma con un pulgar arriba y una sonrisa medio forzada, le cuesta hablar a causa de que está mareado. Quiere descartar la idea de que probablemente Julián le está mintiendo y que puede pasar en cualquier momento, sin embargo, decide confiar en ese pulgar arriba por ahora.

“Dale, vamos” Enzo lo vuelve a acoger bajo su brazo y lo termina guiando hasta la puerta con pasos torpes y perdiendo el balance en alguna que otra ocasión.

Julián ya no siente esa diversión que estaba teniendo hace tan solo unos minutos, ahora todo le da vueltas y se empieza a arrepentir por la cantidad de alcohol que había tomado, sintiendo que se le fue de las manos. Ya no se siente tan bien como cuando estaba al aire libre acompañado de los vítores de la multitud, todo ahora es más silencioso e insoportablemente el doble de caluroso, y se deja llevar por Enzo que lo agarró para cuidarlo porque quien más que él lo iba a cuidar.

Cuando llegan al cuarto Enzo no sabe muy bien que hacer. Julián sigue con los lentes de sol puestos hasta que Enzo se los saca y hace lo mismo con los suyos seguido de su gorra, después lo agarra de la muñeca y lo sienta en el borde de la cama en la que había dormido la noche anterior. Julián se saca la camisa violeta que está impregnada en gotas de alcohol y de sudor, y termina pidiéndole la remera a Enzo con la mirada. Enzo lo entiende al segundo y le presta la suya, que está un poco más decente, y él se pone la camisa sintiendo el olor de Julián llegar a su nariz.

“Voy a buscar una botella de agua”, lo anuncia en voz alta una vez que concreta la idea en su cabeza y Julián alcanza justo la mano de Enzo impidiendo que se aleje.

"Espera, ¿no podes llamar a alguien?" lo mira con los ojos parcialmente cerrados ajustando la vista a la luz natural después de haber usado lentes de sol. 

Enzo entra en pánico demasiado rápido y la preocupación se le asienta en la boca del estómago. ¿Llamar a alguien por qué razón? ¿Tan mal se siente? No hace más que mirarlo intentando ver los engranajes de su cabeza y Julián solamente tiene una cara tierna, los ojos perdidos en los de Enzo y los labios sellados en una línea. No encuentra nada pero la preocupación crece de igual manera porque teme leerlo mal y descuidarlo. Es su novio, de todos modos, y la necesidad de verlo bien es más fuerte que él.

“Que podes llamar a alguien y pedírselo”, explica resignado y le duele todo el cuerpo cuando habla, el alcohol lo había debilitado por completo.

Enzo se da cuenta de que Julián hace todo lo posible por resumir todo lo que dice y evita hablar demasiado porque no se siente bien.

“Sí, tenés razón, es mejor que llame a alguien para eso”, concluye Enzo y por un segundo considera decirle algo en un esfuerzo por hacerlo sentir mejor.

En cambio, mira a Julián como un boludo que no tiene idea de como cuidar a su novio, considerando que hasta recién había pensado en dejarlo solo.

Pero con mirarlo le es suficiente para saber más o menos cómo se siente. Por ejemplo, es evidente que la timidez de Julián sigue ahí por muy inconsciente que esté en este momento, está ahí en la superficie y Enzo percibe un poco de su incomodidad por la forma en la que respira, la forma en la que se sienta y la forma en la que habla. Lo que demuestra cuánto quiere que Enzo no salga por la puerta para buscar una simple botella de agua, o en otras palabras, no lo deje solo.

“Enzo”, lo llama.

“¿Mm?”

“El agua” Julián le recuerda.

Cierto. Enzo toma su celular y busca el número de Licha. Cuando Licha no responde, Enzo ve a Julián poniéndose ansioso y eso también lo pone ansioso a él. Por suerte termina contestando la llamada de Enzo y rápidamente le da una breve explicación, luego le pide que les lleve una botella de agua y Licha accede. Cuelga y deja el dispositivo en la superficie más cercana.

Enzo nota que aún no ha visto a Julián levantarse para ir al baño desde que entraron al cuarto. Pensó que lo usaría tan pronto como pusieran un pie en el lugar, principalmente debido a que se había mareado llegando al predio, pero permanece inmóvil en el borde de la cama como si nada hubiera pasado.

"¿Te sentís mejor?" Enzo quiere asegurarse.

“Un poco creo” le contesta, desganado. 

"¿No necesitas el baño?" Enzo pregunta y se siente un poco avergonzado por una razón que no puede entender.

"¿No?" responde, pero resulta ser una pregunta y muestra lo inseguro que está sobre si realmente tiene ganas de ir o no.

A Enzo no le sorprende la falta de resolución de Julián.

“Podes ir ahora, Licha va a llegar en cualquier momento” le sugiere y lo observa desde la distancia, todavía cerca de donde había dejado el celular.

"¿Podes venir conmigo?" Julián pregunta en voz baja.

Enzo no entiende del todo la pregunta o finge no hacerlo. ¿Por qué iría con él? Tiene que esperar en la puerta dado que Licha ya está en camino hacia acá.

Julián lo mira y sus ojos son demasiado suplicantes para la tortura de Enzo. De repente, ese sentimiento en la boca del estómago de antes lo está molestando una vez más, pero luego recuerda que su novio opuesto a él está sufriendo las consecuencias de tomar sin medirse en este momento. Enzo se le acerca y le ofrece una mano la cual él agarra, ahora sus manos están unidas y Enzo se da cuenta de lo transpirada que está la mano de Julián, no le toma importancia y le acaricia el dorso con el pulgar.

Julián comenta que no se siente enfermo sino mareado y piensa que sin la ayuda de Enzo no sería capaz de caminar. Que solo necesitaba mear. Entonces, Enzo lo escolta hasta la puerta porque Julián lo detiene y le pide que espere afuera, aunque él no cierra la puerta.

Desvía su atención a su celular por el tiempo restante.

"Sos un nene", se ríe Enzo expresando sus pensamientos cuando Julián sale del baño. Enzo le toca el pelo y se lo desordena "¿Te lavaste las manos?"

Julián asiente y se derrite con el toque de Enzo, pero lo esquiva cuando una ola de náuseas lo golpea por un segundo.

"¿Evitando mi mano ahora?" su sonrisa de suficiencia sale a la vista.

Julián no tiene la fuerza suficiente para decirle que todavía siente náuseas, y en lugar de eso, lo agarra de la mano de nuevo y Enzo lo guía hasta la cama donde vuelve a sentarse.

Licha llama a la puerta con analgésicos y dos botellas de agua.

"No me di cuenta de pedirte esto" concluye después de abrir la puerta y recibir las pastillas en sus manos.

"Sos un boludo, por eso" Licha guiña un ojo y le da palmaditas en el hombro, luego se pone serio "¿Qué tan mal está?"

"No es para tanto", le asegura y Licha le dice que si pasa algo que lo llame. 

Julián agradece que no lo dejó entrar porque no quiere preocupar a nadie más.

Enzo le acerca una botella de agua dejando la otra en la mesita de luz. Se la entrega y Julián no hace ni el mínimo esfuerzo por abrirla, la sostiene en la mano y la apoya en su muslo. Enzo no le reclama nada y abre la cajita de las pastillas, presiona una de ellas para sacarla y la deja en la palma de su mano para que Julián la agarre. Enzo le saca la botella de la mano y la abre haciendo un esfuerzo mínimo porque estaba un poco sellada de más.

Le hace una seña con la cabeza para que tome la pastilla y Julián se la pone en la boca. Recién ahí Enzo le entrega el agua de nuevo y él toma un sorbo, dos, tres y para el último la botella se comprime, entonces cuando se separan los labios del pico de la botella el plástico hace ruido y la boca de Julián también. Un poco de agua se le escapa por la comisura del labio y Enzo lo limpia con el pulgar agarrándolo de la cara. Julián le devuelve la botella después de eso y Enzo la tapa bien, dejándola al lado de la otra botella y las pastillas.

Julián se ve lindo, tierno. Ahí sentado esperando órdenes. Enzo se derrite, se muere de amor casi cada vez que se detiene a mirarlo en silencio. Enzo decide que le gusta cuidarlo aunque en realidad no hizo más que darle una pastilla que Licha trajo por su cuenta. Pero se lo atribuye como mérito propio por como lo mira Julián con los ojos brillosos, además Licha no está acá con él cuidándolo en su lugar.

Enzo le pasa una mano por el pelo, lo acaricia y se lo peina para atrás. Julián cierra los ojos por el tacto, se ve que lo relaja por como los hombros se le van destensando de a poco. Julián tiene las manos puestas en la orilla de la cama y las piernas abiertas, el short se ajusta a sus muslos en esa posición. Enzo se pone en medio de sus piernas todavía con los dedos enredados en los mechones de pelo y Julián de repente lo rodea por la cintura abrazándolo, apoyando la cabeza en su abdomen. El pelo de Julián le hace cosquillas en la piel que está expuesta dado a que tiene la camisa abierta que era de él hasta hace un momento atrás. Enzo lo abraza también por la espalda y lo rodea con un brazo por la nuca, lo acaricia detrás de la oreja y en donde los pelitos son más cortos.

“¿No querés dormir?” le pregunta por las dudas cuando lo ve con los ojos cerrados.

Julián no le contesta. Enzo asume que no o que por lo menos todavía no. Lo conoce y sabe que prefiere esperar un rato más hasta sentirse mejor para dormir tranquilo.

“¿Querés un beso?” se anima a preguntarle como si fuera la primera vez.

Julián se separa pero no del todo, lo suficiente para levantar la cabeza y mirarlo. Sigue con las manos en la cintura de Enzo pero lo agarra más de la camisa que otra cosa, estirándola para atraerlo disimuladamente hacia él. Le hace una seña con la cabeza y sonríe de costado como diciendo dale. Los dos sonríen a la vez, la sonrisa de Enzo muestra los dientes y la de Julián es más chiquita sin asomarse ningún diente, más débil. Julián lo empuja para adelante haciéndolo trastabillar con los pies y Enzo se tiene que agachar, Julián se tiene que estirar. Lo agarra de la cara, los pulgares en cada cachete y el resto yendo a parar detrás de las orejas de Julián. El beso es lento, con las bocas uniéndose coordinadas.

Enzo lo corta y es el primero en separarse.

“Es incómodo así, nos acostemos mejor y te doy todos los besos que quieras” Enzo lo agarra del mentón para hablarle.

Julián solamente asiente con la cabeza y sube los pies a la cama después de sacarse las ojotas que tenía puestas, Enzo hace lo mismo con las ojotas y no se termina de acomodar que Julián ya está al lado suyo, los dos se acuestan de lado a lado. A Julián lo pone nervioso estar acostado porque hace que todo le de vueltas, entonces traga saliva y promete no volver a tomar en su vida. La sensación le dura un segundo porque Enzo le da un beso cerca de la boca desconcertándolo y sacándolo de ese estado mental.

“¿Ju?” los orbes negros lo miran de cerca y cuando las dos sílabas hacen que los labios de Enzo formen un círculo los ojos de Julián se desvían a la boca de Enzo.

“Mm” con eso le da a entender que lo está escuchando y vuelve a mirarlo a los ojos.

“Si te llegas a sentir mal, decime” le da otro beso pero esta vez es un pico en la boca.

Julián asiente y se pega más al cuerpo de Enzo, buscando su calor.

Enzo lo besa otra vez lento y siente que besarlo es un lujo y que encima solo él puede dárselo, entonces lo hace con más ganas y Julián siente que puede estar así por horas. Se besan tiernamente todo el rato, con picos de por medio y los dos están más enamorados en cada beso que se dan.  

Se dejan de besar únicamente para recuperar el aire. Julián tiene los labios rojos e hinchados, los ojos grandes, la boca entreabierta, el pelo todo desordenado y cayéndole en la frente. Se ve incluso más lindo así y a Enzo eso lo pone contento porque solamente él lo puede ver de esa manera, la sonrisa se le escapa al pensarlo y Julián apenas le puede sostener la mirada cuando Enzo sonríe, su corazón se saltea un latido y la respiración se le corta pero disimula lo mejor que puede.

“¿Mejor?” le pregunta levantando las cejas, atento y expectante a cualquier cosa que haga o diga Julián. 

Lo primero que hace Julián es encogerse y Enzo lo siente más tímido que nunca, no está muy seguro de esperar un sí como respuesta porque tarda en responder pero Julián al final asiente, le da el sí con la cabeza y se termina de acurrucar contra su cuerpo escondiéndose en el cuello de Enzo. El último no hace más que abrazarlo, subiendo y bajando la mano por su espalda y le da dos besos en la cabeza como Julián había hecho con él una hora atrás arriba del micro.