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Júbilo y nostalgia era lo que flotaba dentro de la mente de Orihime. Sentía la mirada esmeralda sobre ella, atravesando su alma, su corazón, como si pudiese leer su interior por completo. Las palabras no salieron de sus labios, atónita ante la presencia de ese hombre lo que quería hacer era tocarlo para asegurarse que era real. Él tampoco había dicho nada, aún.
La tensión era tan fuerte que parecía que solo una zampakuto pudiese cortarla, y de no ser por Kisuke, Orihime habría salido corriendo de la tienda.
—Lamento la tardanza Inoue-san...—El hombre interrumpió sus palabras al ver al ex cuarto espada presente en la tienda, no esperaba que llegase tan temprano.
El silencio ya presente desde antes de la aparición de Urahara, se prolongó unos segundos más hasta que el hombre carraspeó.
—Veo que se han encontrado de nuevo.
Ulquiorra asintió, con las manos en los bolsillos, su falta de expresión no era acorde con lo que quería en ese momento, pues fantaseaba con la idea de acercarse a la mujer que le había vuelto loco, entrelazar sus dedos con los de ella y hacerle ver qué quizá, también tenía un corazón.
—Ha pasado mucho tiempo, mujer—dijo finalmente el arrancar.
Hacía más de una década que no le veía, Orihime era demasiado joven para entender mucho de lo que había pasado en Hueco Mundo; más nunca consideró a Ulquiorra como un enemigo, a su modo, el la cuidaba y siempre intuyó que el trato que le daba iba más allá de las órdenes de Aizen. Lo más complicado para ella fue procesar que Ulquiorra, al ser un hollow per se, su ética y moral no correspondían a los de un ser humano; el no había socializado lo suficiente como para entender el funcionamiento de las relaciones humanas y por eso no comprendía los sentimientos, pues los hollows además de guiarse por sus instintos guardaban en su interior los más oscuros aspectos del ser humano. Por eso cuando el intentó alcanzarle con su mano antes de morir, Orihime consideró por un segundo que había alguien más en el mundo que la apreciaba. Ponerle nombre al lazo que había formado con Ulquiorra era complicado, se trató más bien de algo intenso, pero que jamás llegó a concretarse, y ahora estaba ahí, frente a ella, en el mismo universo. Si esa era una broma del destino, era una muy mala.
—Yo, yo...—Los ojos comenzaron a picarle y sus hombros temblaban por las emociones que florecían.—Pensé que estabas muerto.—Su voz se volvió menos audible a medida que lloraba, se derrumbó de rodillas y pronto los brazos de Ulquiorra la rodearon.
—Aun tienes el mal hábito de llorar por todo, mujer.
Ulquiorra tenía grabado en su mente cada momento junto a Orihime, la manera en que lloraba, como movía sus piernas al estar nerviosa, el tono de su voz al expresar llanto, alegría o esperanza. Era inusual para él identificar distintos sonidos de la voz humana y a la vez no ser capaz de entender cada emoción que los producía. Verla sollozar con tanto fervor confundió las ideas que ya tenía predefinidas, ¿Qué debía hacer para calmarla? Varias ocasiones vio como los hermanos de Nelliel la abrazaban, y pensó que podría hacer eso, con algo de suerte funcionaría.
Kisuke no quiso interrumpir aquel reencuentro tan interesante, conocía gran parte de la historia de Orihime en Hueco Mundo por medio de terceros, y existió un rumor de que el cuarto espada tuvo cierto interés en Orihime; la escena frente a sus ojos lo confirmaba.
Luego de que Orihime dejara de llorar, Ulquiorra le ofreció su mano para levantarse, Kisuke le ofreció un pañuelo y se limpió el rostro. Estaba un tanto avergonzada por parecer tan débil, no era la primera vez que lloraba frente a Kisuke porque el le brindó asilo los primeros días tras su divorcio, era solo que no quería que la vieran con lástima.
—¿Usted lo sabía, Urahara-san?
No hizo falta explicar a que se refería Orihime con su pregunta. La resurrección de Ulquiorra fue un milagro, y al arrancar le tomó años recuperarse por completo.
—Siento mucho habertelo ocultado, pero estabas pasando un mal momento cuando me enteré que Ulquiorra-san había vuelto a la vida.
El arrancar permaneció silente. Ocasionalmente visitaba el mundo humano, idea que apoyó Nelliel, pues quería conocer el mundo que Orihime decía amar. No obstante, el saber que el Shinigami Sustituto la tomó por esposa le hizo montar en cólera y agonía. No pensó jamás que pudiera volver a sentirse más vacío que cuando cobró consciencia al convertirse en adjucha, solo el asegurarse que ella era feliz le bastó para apaciguar sus sentires, pues hasta ese momento él no sabía del divorcio de la mujer. Y entonces, las palabras de Urahara sembraron dudas.
—Esta bien, entiendo, no hay problema. —En el fondo si lo había; aunque Orihime no quiso replicar—. Es solo que me alegra mucho que Ulquiorra este vivo. —Miró con ternura al arrancar y brindándole una sonrisa cálida.
—Es difícil de explicar, Inoue-san.
—Será mejor que tengas esa conversación conmigo, mujer—aclaró Ulquiorra.
—En ese caso, podrían ponerse al día—propuso Kisuke con picardía.
Orihime se olvidó por completo de porqué visitó la tienda de Urahara y decidió retirarse con Ulquiorra. Los dos se despidieron y comenzaron a caminar todavía sin rumbo definido; querían disfrutar del momento.
El anterior contacto entre ellos fue espontáneo y encendió las cenizas de un vínculo casi marchito. Orihime todavía sentía el tacto de los brazos delgados cubriendo su cuerpo, los dedos enredados en su cabello causándole ligeras cosquillas. A su vez Ulquiorra memorizó la reacción de la mujer, desde sus gestos al hipear hasta la manera en que su boca emitía lamentos, tenía impregnado el perfume del cabello cobrizo, tan sedoso y precioso que lo consideró una joya.
Apenas iban a cruzar palabras, cuando de nuevo la aparición de otra persona los interrumpió.
Era Kazui, el hijo de Orihime e Ichigo.
—!Mami! —El niño corrió hacia la mujer, se detuvo al ver al hombre junto a ella.
Kazui lo había visto una vez en la tienda de Urahara, el hombre lo miró de forma extraña como si intentase descifrar quien era. Sin embargo, el niño no percibió malas intenciones y lo dejó pasar, tal vez solo era un visitante inusual.
La mujer por fin recordó la razón de su visita a la tienda; iba a comprar golosinas para su hijo y se encontraría con él ahí mismo. Quiso palmearse el rostro por su Descuido. Ulquiorra intentó no mirar al niño, le causaba incomodidad y celos contemplar el fruto entre la mujer y Kurosaki, al mismo tiempo que le fascinaba el hecho que la criatura heredó la gracia de su madre.
—¿Me das unos minutos, Ulquiorra? —pidió Orihime.
El accedió. Avanzó unos cuantos metros, aunque se alejase un kilómetro el escucharía la conversación, su oído era muy refinado, no es que quisiera entrometerse, era natural para el captar los sonidos. Gracias a ello supo que el niño pidió permiso para regresar a la tienda y jugar con los otros infantes, la mujer accedió, no sin antes que el niño le indagase sobre su presencia; le sobrecogió que ella respondiera que era un amigo.
Amigo.
A Ulquiorra le faltaba todavía discernir sobre la amistad. ¿Era verdaderamente Orihime una amiga para él? Ella pronto le alcanzó.
—¿Te hice esperar mucho? —Orihime estaba nerviosa, se mordió la lengua a causa de ello—. Sabes, se siente raro tenerte tan cerca, no me molesta para nada...
—Tiene tus ojos—comentó Ulquiorra de repente.
—¿Eh?
—Tu hijo, se parece a ti.
La mujer no supo si considerarlo un halago o una observación perspicaz por parte del arrancar.
—Todos me dicen eso, que es más como yo que como Ichigo—respondió Orihime con naturalidad—, de él solo sacó el cabello.
—El tuyo me gusta más—espetó Ulquiorra.
Aquellas palabras terminaron por desatar un caos interno en Orihime, tal vez su corazón tenía espacio para Ulquiorra sin que ella misma lo supiera.
