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Harry había pasado las últimas semanas con la nariz metida en libros y apuntes. Los exámenes finales estaban por iniciar y él sentía que no podía memorizar ni una sola palabra más de los temas que han dado durante seis meses.
Muy diferente a Louis, quien está al otro lado del gran sofá repasando los temas que se había dedicado en organizar durante los tiempos libres en el semestre.
Con frustración, Harry se levanta del sofá y camina hasta la cocina, tratando de despejar su mente por un momento y buscar algo de comer. Cuando ve que no hay nada más que unos pedazos de pizza de la noche anterior y algunos snacks, resopla y calienta la pizza unos segundos para regresar a la sala.
—Toma, bebé —Harry le tendió la comida a su novio, el cual agradeció con una pequeña sonrisa.
—¿Cómo vas con eso? —preguntó, señalando el montón de páginas que se encontraban esparcidas en la mesa. Harry hizo una mueca de fastidio que hizo reír al otro—. ¿Tan mal?
Harry asintió, acomodando su cabeza en los muslos de su novio. Louis tarareó, llevando un trozo de pizza a su boca.
—Abandonaré la facultad algún día, lo prometo —dramatiza.
—Claro que lo harás —sonríe—, luego yo la abandonaré también y entonces comenzaremos a sobrevivir en las frías y desoladas calles de Londres cuando ya el dinero se nos acabe.
—Siempre podemos ir con Gemma y hacerle la vida imposible —ríe.
—No —ríe, trenzando el cabello del menor—. Evitemos ese tipo de tragedia y veamos cómo salvar el semestre.
Harry gruñe y frunce el ceño, abrazando la cintura de Louis.
—Quiero ver una película.
Louis vuelve a reír y besa suavemente el cabello de Harry. Sabe que es necesario un descanso para ambos luego de estar dos horas acostados en un sofá con libros por todos lados. Y, de todas formas, nunca podría negarle algo a esa cara bonita.
—Bien, pero yo la elijo.
Después de acomodar los libros y cuadernos, apagar las luces y buscar lo últimos snacks, Louis escoge una comedia romántica, la cual parece no tener mucha trama, la escoge para desestresar más a Harry que por otra cosa.
La película empieza con la típica boda cliché donde los personajes principales se conocen y crean un gran vínculo. Los diálogos no son muy buenos en los primeros quince minutos pero ninguno menciona algo al respecto y sólo se encargan de hacer bromas sobre algunas escenas.
Todo transcurría en un silencio comodo, hasta que Harry observa cómo Louis comienza a removerse en el sófa, junto con una mirada que delataba una clara molestia.
—¿Todo bien?
—¿Mh? Sí, no te preocupes —esquiva la mirada de Harry.
Es raro pero Harry asiente, enfocándose en la película frente a ellos. Riendo de vez en cuando al escuchar los pésimos chistes del personaje principal. Agarró el envase de palomitas acarameladas y recuesta su cabeza en el hombro de Louis, quien se vuelve un poco rígido pero luego de unos segundos parece relajarse.
Pocos minutos después, Harry siente a Louis tensarse por unos segundos, por lo que intenta buscar su mirada pero se detiene cuando escucha cómo un agudo pedo se escapa del mayor. No puede evitar soltar una risita y sonreírle a Louis con cariño.
—Ese fue uno bueno, amor.
Louis trata de corresponder la sonrisa pero termina siendo más como una mueca de frustración, y murmura un "lo siento", para luego dirigir su vista al televisor. Harry no puede negar que le parezca tierno como su novio se avergüenza por ello. Segundos después, Louis vuelve a removerse, inquieto, en el sofá. LLeva una de sus manos bajo el suéter y tantea un poco su abdomen, sintiendo como esta se ha vuelto dura y grande bajo su tacto.
De un momento a otro, Louis siente su rostro arder cuando, sin querer, se escapa una serie de pequeños pedos olorosos.
—Cariño... —Harry susurra, luego de más segundos en silencio que no han sido más que mortificantes para Louis.
El mayor se aleja, por instinto, cuando siente la suave mano del contrario en su rostro.
—Ya vuelvo.
Louis tenía pensado llegar al baño y, simplemente, morir de verguenza ahí dentro mientras se deshacía de esa incomodidad en su abdomen. Sin embargo, cuando intenta levantarse, vuelve a salir un pedo bastante sonoro; así que decide sentarse de nuevo, sintiendo un fuerte retorcijón en su pancita y todo el rostro sonrojado.
—Joder —susurra, entre dientes.
—¿Seguro que estás bien, Lou? —pregunta al ver como Louis cierra los ojos por un largo momento y una mueca de dolor adorna su rostro.
—Sí, Harry. Sólo... dame un momento, ¿está bien eso? —balbucea, con una molestia palpable en su voz.
Y, odia desquitarse con su novio por algo que ni siquiera él tiene la culpa, pero solamente no puede sentirse de otra forma más que a la defensiva.
Y, sabe que está mal, pero joder... siempre ha sido así.
De alguna forma, Harry lo entiende. Por lo que asiente, desviando su mirada de Louis, y tratando de no tocar otro de esos botones invisibles que Louis parece destapar cuando se siente avergonzado. Y, bueno, no es que fuera algo nuevo para ellos escuchar los pedos del otro, porque no lo era, pero Louis siempre solía mortificarse cuando era él quien lo hacía. Así que, sí. El menor prefiere callar los siguientes minutos, poniendo su atención en la película y mirando de reojo al chico a su lado cada que lo ve removerse.
Tal vez Harry está siendo paranoico y Louis sí se encuentra bien.
Pero esa idea se descarta cuando un quejido amortiguado se escucha, y es ahí cuando Harry se olvida todo ese estúpido protocolo inventado de "sentarse ahí y fingir que todo está bien". Se acerca más a su chico, quien sigue con la mirada fija en la película, impidiendo el contacto visual con Harry.
—Dime qué pasa, amor —dice suave pero firme, mientras busca con la mirada algún indicio de dolor en el cuerpo del otro.
—No sé de qué hablas —un mechón húmedo se pega a su frente y lo aparta con sus temblorosas manos, a este punto no había notado lo sudoroso que se encontraba su novio.
Harry se contiene de rodar los ojos por la terquedad de Louis. No le sorprende, en realidad. Pero no lo dejará pasar ahora que ha visto como ambos brazos del castaño se envuelven protectoramente sobre su vientre.
—Oh vamos, eres pésimo mintiendo, ¿lo sabes, no? —Harry toma las manos del mayor y las besa. La mirada de Louis se suaviza unos segundos—. Ven aquí.
Con cuidado de no perturbar esa docilidad momentánea, Harry toma la cintura del mayor y lo acomoda en su regazo. Louis al principio parece rehacio con la idea, pero termina cediendo y apoya su barbilla en el hombro de su novio, quien ha comenzado a trazar patrones suaves con sus dedos en su espalda.
—Lo siento... Es sólo que la pizza me ha pateado el estómago —suspira—. Como, realmente mal.
Harry tararea, entendiendo.
—Iré por medicamento, entonces. ¿O prefieres un té?
—Quiero quedarme aquí un rato —se queja, acomodando mejor su cuerpo contra el de Harry—. Odié la película, por cierto.
Harry suelta una carcajada: —Estoy seguro que no viste la mitad de ella, ni hemos visto el final aún.
—No hace falta terminarla para saber que es mala.
—Oh, claro, amor. Lo que tú digas —niega con una sonrisa.
—Oye —se queja, riendo cuando la cabeza de Harry choca contra su cabeza con suavidad y siente al menor abrazar más su cintura.
De pronto, un quejidito sale de sus labios e intenta separarse del menor con prisa.
—H-Harry, espera —balbucea, y Harry no sabe qué ha hecho hasta que cae en cuenta que ha presionado de más el abdomen de Louis contra el suyo.
Tan pronto como puede, disminuye el agarre y murmura un "lo siento", pero parece demasiado tarde cuando un pedo sale abruptamente de él y el olor los envuelve a ambos.
Ahora, con un Louis totalmente sonrojado y con la mirada fija en el camisón de Harry, Harry siente que ha retrocedido lo que había conseguido hace unos minutos atrás. Y no puede con eso. No puede sólo ver como su chico sufre en silencio y se encierra en sí mismo una vez más.
—Oye, está bien, de verdad —dice Harry, rápidamente. Porque puede ver como la mirada del chico lindo frente a él se quiebra de un momento a otro.
Louis niega.
—No lo está —una mueca de dolor se instala en su rostro. Vuleve a suspirar—. No está bien, es vergonzoso.
—No lo es, y sabes que no me molesta —recuerda, buscando la mirada del mayor sin éxito alguno—. Es normal, así que... Esto es lo que haremos, amor —menciona mientras se levanta con ambos brazos bajo los muslos de Louis y camina hasta la cocina.
Deja a un confundido Louis sobre la barra, besa sus labios repetidas veces hasta sacarle una sonrisa y procede a buscar algo en la alacena.
—Tomarás esto —le enseña el tan popular frasco de Pepto y lo agita—, nos acurrucaremos en la cama y te besaré hasta que pueda ver esa sonrisa todo el tiempo, ¿estás de acuerdo? —ladea el rostro, tendiéndole una porción del líquido rosa.
Louis asiente, mejillas coloreadas de un bonito rosado, antes de beber la medicina. La verdad es que, tal vez, estaba siendo un poco dramático. Pero, vamos, ponganse en su lugar. El simple hecho de haber soltado un pedo cerca de Harry ya era demasiado para él, ahora hacerlo sobre él, eso... No, eso lo sacó completamente de sus casillas.
—Bien, sí.
Harry sonríe y lo lleva cargado a la habitación. Todo es siempre más tranquilo ahí. Son a penas las seis de la tarde pero así está bien para ambos. Quedan en un cómodo silencio mientras se desvisten, Louis con más dificultad que Harry. Siente que cualquier movimiento brusco le haría soltar más gases y sería el doble de humillante.
—Déjame ayudarte.
Harry se acerca, besando suavemente sus labios para después tomar las mangas de su sudadera y tirar con sutileza hacia arriba. Una risa tonta sale de los labios de Louis cuando la prenda queda atascada en su cabeza.
—Los cordones —dice obvio, aflojando las tiras de tela y tirando, ahora sí, la sudadera a un lado de la cama.
Harry sonríe tímido, sienta a Louis en la cama y se encarga de sus pantalones. Ambos quedan en ropa interior.
—Sabes… A pesar de lo terrible humillante que ha sido para mí este día, sigues siendo un amor de novio, mh.
—Oh, por supuesto que lo soy —afirma, con un Louis cerca de su pecho—. No es para menos, ¿no has visto la joya de chico que tengo como novio?
—Mmm, debes tener mucha suerte, entonces —sonríe, besándolo lentamente, sus brazos a ambos lados del cuello del Harry.
Se besan con suavidad, Harry tomando las caderas de Louis, siendo consciente de que sus molestias aún persisten, y lo acuesta sobre la cama mientras él cae a su lado.
—Te aseguro que lo soy —sus ojos conectan por largos segundos, un brillo especial en ambos. Harry le da un pico rápido en sus labios y toma el montón de sabanas para cubrirlos—. ¿Cómo sigue tu pancita, cariño?
—Mejor —murmura.
—Aún te duele, ¿no es así? —una mirada conocedora adorna su rostro.
Louis desvía su mirada, como si hubiese sido descubierto haciendo una travesura.
Harry se acerca más a él y posa sus amplias manos sobre el vientre del mayor, sintiéndolo duro y abultado. Puede sentir el montón de aire acumulado en todo su bajo abdomen, por lo que comienza a trazar leves movimientos circulares. Louis se tensa con el contacto.
—Relájate, amor. Te hará sentir mejor, lo prometo.
—Pero... —un bajo gemido de alivio se escapa de él cuando siente como el ritmo de las manos de Harry trabajan sobre su vientre—. No quiero que… ya sabes. Es asqueroso.
—¿Asqueroso? —niega, confundido—. Amor, si esto te hace sentir mejor, es lo único que me importa.
—¿No te molesta el olor? —susurra con un hilo de voz.
—No —asegura—. Igual, pensé que ya habíamos superado esta etapa de vergüenza y pudor con el otro —rueda los ojos, sonriendo.
Louis iba a protestar, pero calla cuando siente como algo dentro suyo se afloja. El aire queda atrapado justo en su esfínter. Y, para su buena o mala suerte, Harry lo conoce tan bien, que supo interpretar su silencio. Siente su rostro arder porque sabe lo que le espera en los próximos segundos.
Harry no menciona algo al respecto cuando escucha los constantes silbidos que salen de Louis, sólo se encarga de besar la frente del castaño y enterrar suavemente las yemas de sus dedos en la blanca piel de su novio.
Louis oculta su rostro en el hombro de Harry, quien lo acerca más a su cuerpo —si es que eso era posible— y lo arrulla con cariño.
No pasan más de cinco segundos, cuando Louis pierde toda la fuerza que había podido ejercer para seguir sosteniendo el montón de aire que aún queda dentro de él, al sentir la presión de los dedos de Harry en un punto exacto de su abdomen. Siente que puede llorar de alivio y vergüenza. Sus manos tiemblan ligeramente, y puede sentir como la cercanía y calidez de Harry le brindan ese reconfortamiento y tranquilidad durante el momento. Y, buscando esa liberación, Louis se permite poner en segundo plano su obstinación y resistencia.
Es entonces, cuando los suaves gemidos de alivio de Louis y los pedos —ahora ruidosos y forzados— perturban el silencio de la habitación durante dos minutos. Los dedos de Harry aún presionados sobre su bajo abdomen.
Louis piensa que esto no podría ser más humillante, hasta que los pedos disminuyen en cantidad con sonidos húmedos y rápidos, aumentando la acidez casi permanente en el lugar. Su cuerpo vuelve a apretarse, lo suficiente como para saber que si se relaja un poco más, no saldrá únicamente aire.
Es ahí cuando entra en pánico.
—Hazz... —su voz tiembla, separándose rápidamente del otro—, e-espera. Detente.
Ante esto, Harry detiene sus movimientos y Louis puede sentarse correctamente en la cama. Todo pasa muy de prisa y a penas tiene tiempo de correr hacia el baño.
Una expresión de dolor adorna su rostro. Llega a tropezar un par de veces antes de tirar de su boxer y sentarse en la porcelana blanca. Los gases son agudos y fuertes y, Louis está seguro que son lo suficientemente audibles para Harry desde la habitación.
No pasa mucho tiempo después para que su novio aparezca en la puerta y le dé una mirada compasiva. Louis siente su rostro enrojecer, por lo que baja la mirada a sus muslos, mientras presiona fuertemente sus ojos y evita la mirada de Harry, quien parece haber tomado asiento a un lado suyo en la esquina de la bañera.
Las manos de Harry son grandes y puede sentirlas subir y bajar en toda su espalda. El silencio es momentáneo en el baño, porque segundos después un fuerte retorcijón empuja todo el líquido marrón del intestino al agua del váter. Grandes salpicaduras espesas, fetidas y constantes son lo único que se percibe en el baño.
El mero sonido es desagradable, pero Louis está agradecido de que Harry no diga nada al respecto y se mantenga a su lado. Un minuto después, cuando gran parte de la popó ha salido de él y todo queda en silencio, Louis está seguro que puede echarse a llorar una vez más.
Louis se siente débil y las náuseas parecen surgir a medida que pasa el tiempo en el baño. Harry le da otra de sus miradas compasivas y le sonríe.
—Vamos, amor... —susurra, dando un beso en el hombro del mayor.
Louis se vuelve dócil con el tacto de Harry y deja que éste haga lo que le plazca con él. Las piernas le tiemblan levemente pero logra estabilizarse en los hombros de Harry. Siente el fuerte latido de su pecho justo en la boca y se replantea un segundo volver a sentarse en el váter y llorar por lo bizarro de este día, pero el suave tacto de los labios de Harry en su mejilla y el sonido del váter cuando Harry tira de la cadena lo traen de vuelta a la realidad.
Su pálido rostro toma un poco de color al saber que Harry ha visto toda su mierda junta en el váter, pero afortunadamente no indaga mucho en eso porque siente a Harry levantar una mejilla de su culo y limpiar suavemente.
—Hazz... Mh, espera.
Sus fuerzas son casi nulas cuando intenta detener a Harry, por lo que su equilibrio falla y termina sosteniendose de la pared. Las náuseas incrementan con cada movimiento y los cólicos resurgen con agresividad en su vientre.
La desesperación en el cuerpo de Louis incrementa hasta tal punto de no poder controlar las lágrimas. Su estómago se siente hinchado de nuevo y las ganas de pedorrearse persisten.
—Lou, está bien, ¿si? —tranquiliza—. Dime qué necesitas.
El mayor estaba por responder cuando un fuerte pinchazo en su vientre hace que un gran pedo salga sin vergüenza de su ano. No pasa mucho tiempo cuando un líquido marrón comienza a descender en gruesas hileras sobre su muslo izquierdo.
—Oh, amor... —murmura Harry—. No pasa nada, ¿vale? Ven, sientate de nuevo.
Harry lo sostiene por la cintura y lo guía unos pasos hasta quedar sentado en el váter. Por el momento ignora las pocas gotas liquidas y grumos de mierda en las baldosas blancas del baño, y limpia las calientes lágrimas del mayor. A este punto, Harry no sabe quién de los dos está más nervioso, así que toma las temblorosas manos de Louis como un intento para tranquilizarlo.
—Lo siento —susurra el mayor con un hilo de voz.
Harry niega.
—No tienes por qué, cariño —besa sus manos.
El castaño frunce el ceño y concentra su mirada en las baldosas, cierra los ojos un momento y se tensa, gruñendo un poco al tratar de sacar todo de una vez por todas. No entiende por qué tiene que ser tan ruidoso y desagradable. Casi cinco, seis y siete "plops” salpican de nuevo el agua, seguido de otro chorro de diarrea caliente.
Las náuseas regresan cuando el aroma se vuelve pesado dentro del baño y no quiere imaginar lo que Harry pensará de él.
Cuando abre los ojos, ve a Harry buscar unos pañitos desechables de cloro y limpiar los grumos de mierda en el piso. Su rostro se calienta nuevamente y trata de decirle al menor que se detenga pero siente cómo la poca comida que había en su estómago está en su boca y no tiene otra opción que arrodillarse frente al váter y vomitar sobre el montón de mierda acumulada en el agua del váter.
Con rapidez, Harry coloca un cubo bajo su barbilla y tira de la cadena otra vez para no alterar de más el sensible estómago de Louis. El vómito cae espeso contra el plástico durante unos segundos más, las lágrimas del mayor ruedan por sus mejillas y siente de nuevo otro pinchazo en su vientre.
Tiene que tomar el brazo de Harry para que lo ayude a subir a la porcelana porque sus fuerzas ya son casi inexistentes. Ocurre de inmediato cuando su piel caliente toca la porcelana fría, que un húmedo pedo estalla contra las paredes del váter y otra ola de diarrea líquida escapa de él sin control. Ni siquiera hace falta que puje para sacarlo, ya que toda la popó sale por su cuenta, irritando su ano.
Es un minuto después, cuando su pancita parece haberse estabilizado, que quedan en absoluto silencio.
—¿Has terminado, Lou? —pregunta, un poco nervioso por lo muy deshidratado y débil que se ve su novio.
Con las pocas fuerzas que le quedan, logra asentir y tirar de la cadena nuevamente. Es ahí cuando Harry se acerca y lo toma de las axilas, lo sostiene contra su cuerpo y comienza a limpiar su entrada de adelante hacia atrás repetidas veces.
Harry puede decir que Louis está avergonzado, porque sabe lo orgulloso que suele ser cuando se trata de sentirse mal o algo por el estilo, por lo que no menciona nada al respecto y se propone a arrullarlo con cariño durante el resto de la noche.
—Tomemos una ducha amor, ¿suena bien eso? —pregunta.
Siente a Louis asentir contra su hombro, por lo que Harry se encarga de dejar a Louis sentado de nuevo en el váter mientras llena la bañera con agua tibia y fragancias.
Media hora después, cuando ambos están limpios, más animados —a pesar de que Louis aún está un poco avergonzado— y Harry ha obligado a Louis a tomarse un litro de agua entera, terminan acurrucados dentro de las cálidas sábanas con Harry besando los labios de Louis repetidas veces hasta hacerlo sonreír y olvidar todo lo anterior.
