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Sentimiento Anormal

Summary:

Kyle trans y Eric descubriendo que tal vez sí tenga algo por uno que otro chico. Uno judío.

Un camino complicado donde ambos deben esforzarse, aunque la perspectiva será principalmente en Kyle.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Prólogo

Summary:

Nuevo.

Chapter Text

En sus recuerdos más lejanos siempre ha permanecido este sentimiento anormal, algo que no tenía la certeza de saber qué era o qué lo causaba incluso en sus dulces años de infancia. Sin embargo, seguía ahí, como si estuviese aferrado a una raíz desde lo más profundo de ella. Era algo que, como se decía a sí misma cuando los pensamientos interrumpían su día, algo que le parecía estúpido, ilógico. Por supuesto que eran otros tiempos, ahora a sus 16 años de edad (o desde sus 10 años) fue algo que comenzó a verse más y más aceptado en ese pueblo de mierda.

 

Pero ella, ahí en el seno de su familia, sabía que no había cambiado mucho. Al menos con su madre, sin mentir, con ella no es un tema con el cual podrías sentarte a hablar. Mucho menos en una cena familiar, Dios, se convertiría en una perra desquiciada apenas le comentase que tiene dudas sobre cómo se siente respecto a su genero. Sería como: “Mamá, no creo que me sienta cómoda siendo mujer”, después recibiría una respuesta como “¿QUÉEEEEEE?” seguidos de un montón de mierda que no le interesan. Porque no le preguntó.

 

Así que es estúpido. ¿Nitza siendo un hombre? Por favor, de por sí era considerada la niña más fea en el salón por sus rizos de estropajo rojo saliendo de su ushanka ante cualquier oportunidad, o sus pecas que para nada le dan por cubrir con maquillaje, su nariz de grande. O quizá por lo alta y flaca que es. Ugh, debería dejar el basquetbol.

 

Definitivamente no es algo de lo que podría hablar en una cena familiar.

 

Se mira al espejo al menos dos veces más al frente de su casillero, mientras se pasa por última vez la mano por su mejilla izquierda en una mueca de inconformidad. No puede evitar pensar en lo mucho que le gustaría tener la mandíbula de Stan o el vello facial de Kenny, algo que marcara la diferencia en ella. Suspira con completo pesar y cierra el casillero, sólo para encontrarse con la arrogante cara redonda de Eric Cartman.

 

—Marimacha.

 

No tiene tiempo para esto. Da la vuelta. Sigue su camino.

 

—Marimacha.

 

Aprieta la correa de su mochila.

 

—¡Marimacha!

 

Gira sobre sus talones de golpe. Y no puede decirle que no ve lo encabronada que está, toda su cara grita sin siquiera abrir la boca. El gordo chaparro delante de ella dejó de caminar y mostró esa patética sonrisa característica que da cuando consigue lo que quiere. A lo que Nitza se encorva para responder:

 

—¿Qué mierda quieres, culón? Voy tarde a estadística —. Una pausa corta —Y deja de llamarme así, imbécil.

 

—A mí qué me importa, lo hubieras pensado antes de quedarte cuatro horas mirándote en el espejo como las zorras de allá atrás —. La rodeó, como si fuera un animal hambiento (mucha diferencia no había) observando su caza, los nervios en Nitza crecían cuando la veía de esa forma. Ella lo veía hacia abajo, pero sabía cómo hacerla sentir rendida. Una parte de ella se estropeaba.

 

Lo odió. Lo odió por no poder odiarlo, más lo odió por lo mucho que le gustaba la sensación que revolvía sus entrañas. Aún así, jamás sería algo de lo que él se enteraría.

 

—Qué. Mierda. Quieres. Culón.

 

—Hablar sobre lo que pasó aye-

 

Se vio obligada a cortarlo de un tirón fuerte hacia cualquier lugar que no fuera el puto medio de los pasillos. La ira reemplazó el nerviosismo que la había apoderado anteriormente y bajó la voz, justo antes de asomarse de que no hubiese nadie más.

 

—¡Cierra la boca, Cartman! —Puso sus tembloras manos sobre los labios del chico castaño e hizo presión para callar cualquier queja. —Carajo, ayer no pasó nada. Fue el calor del momento; estábamos peleando y terminamos en una posición extraña, ¿Qué hay de raro en eso? No pasó absolutamente nada y no va a pasar. Fue un accidente.

 

A pesar del destello herido que notó en sus ojos, levantó una ceja y la vio como si le dijera que le crecieron dos penes o que Casa Bonita cerró sus puertas, a lo que su respuesta fue quitarse sus estúpidas manos femeninas de encima. Claramente esto la hizo enfadar más.

 

—Nos besamos —Lo dijo tan bajo y arrastró tanto sus palabras que casi lo siente irreal, estuvo a nada de derretirse. Se obligó a rodar los ojos, restándole importancia a eso que casi la mata.

 

—Como si eso fuera raro.

 

Al parecer, ahora el turno de enojarse era de él. La empujó con su dedo índice, acorralándola cada vez más a la pared.

 

Su ceño fruncido tembló.

 

—Al menos ten las bolas para aceptar que pasó algo.

 

—No voy a pelear aquí por algo tan ridículo.

 

Si antes no estaba segura si el destello era de dolor o ira, ahora lo supo bien. Era de dolor.

 

Entonces recibió otro empujón que terminó en acorralarla por completo. Algo burbujeaba en su estómago, eso a lo que quiso huir desde que este problema con Cartman fue avanzando hasta lo que era ahora.

 

—¿”Por algo tan ridículo”?

 

—… Estoy yendo tarde a estadística. Jesús.

 

—Judía asquerosa tenías que ser —Trató de sonar sarcástico. No le salió. —Vete al carajo, Nitza.

 

Y lo vio alejarse. Le regresó su espacio personal, pero se sintió un vacío nuevo cuando la espalda de Eric Cartman desapareció de su campo de visión.

 

Ese día ni siquiera pudo entrar a estadística.

 


 

Su mente divagó día y noche por todo el resto de la semana.

 

No sólo Cartman la evitó los siguientes tres días luego de la pelea en las sombras del corredor, sino que su cerebro se llenó de recuerdos donde la comodidad al llamarse a sí misma como "él" en la infancia, la primera hora creyó que pasaría, pero sólo siguió notando más, más, más y más patrones que la conducieron a sentarse delante de su computadora.

 

—Dios mío, ¿qué estoy haciendo?

 

Ya no había vuelta atrás. El ambiente de repente se sentía pesado, volteaba de vez en cuando a la puerta y la ventana con el miedo de que alguien pudiese entrar y mirar qué estaba buscando.

 

"ser transgénero es malo?"

 

"cómo sé si soy transgénero?"

 

"las hormonas me pueden matar antes? ftm"

 

"qué cambios hay con las hormonas? ftm"

 

"si me gusta un hombre y soy trans me hace gay?" 

 

"cómo puedo decirle a mi familia que soy trans?"

 

Siguió así por un largo rato, entró a foros y...

 

Bueno, pensó que podría ser algo peor. En realidad, mucho peor. Una parte de ella... O él... Experimentaba una clase de alivio fresco, como si hubiese obtenido una respuesta que rogaba tener desde hace años.

 

Prácticamente fue eso, ¿No?

 

Las fotos de las mastecotomías en los foros, sus cambios logrados, sus avances, lo felices que se veían consigo mismos cuando se aceptaron. Lloró con sus historias y se identificó como la mierda con todo. Se miró en el espejo del baño y volvió a llorar, porque no había manera que él (sí, él) pudiera lograr lo mismo que ellos.

 

Puso las manos sobre sus senos. Y no se reconocía. Él no quería esos rasgos finos, esos dedos delgados, esa cintura, ni mucho menos esas caderas que sobresalían. Experimentó su dolor más vivo que nunca, ahora que sabía cuál era su problema, no sabía cómo hacer para poder empezar.

 

¿Qué iba a hacer de su vida si se quedaba atascado en ese cuerpo para siempre? ¿Dónde iba a quedar su felicidad?

 

No sabe siquiera cuál podría ser su nombre. De alguna manera se sintió como volver a nacer. 

 

Por eso siguió llorando hasta que las lágrimas taparon su nariz y fue la hora de dormir. Su vida se sintió ir de picada de la noche a la mañana. 

Notes:

Mi primera historia Kyman:).