Chapter Text
Una sensación de ingravidez, como estar sumergido bajo el agua. ¿Se estaba ahogando? No, podía respirar.
Podía rogar.
—Déjame ir.
Un toque en su pecho, íntimo y no deseado.
—A-Cheng.
—Vete.
—Puedo ver dentro de tu corazón, A-Cheng.
¿Qué corazón le quedaba?
—Veo qué es lo que más quieres en el mundo.
—¡Déjame solo!
—Puedo darte lo que quieres. Puedo hacerlo realidad.
Se agitó tratando de encontrar algo a lo que aferrarse para escapar de esa cosa. Sus extremidades pesaban y no le respondían.
—Aléjate de mí, no te quiero, a ti ni a nadie...
—Te daré lo que quieres... Tu deseo más profundo...
Era un ronroneo, negro y resbaladizo dentro de su cabeza, invasivo y palpador, recordándole de...
—¡Por favor! Déjame ir. No sé a lo que te refieres, pero no quiero nada de ti. Sólo quiero ir a casa.
—Casa. El hogar es un lugar vacío. Lleno de recuerdos y añoranza... Yo puedo arreglar eso.
—¡No!
La voz se volvió más fría.
—Yo arreglaré eso.
El toque en su pecho se arrastró hacia abajo, hacia su ombligo. Se sacudió y se retorció, pero el toque no se desprendió.
—¡Déjame ir! ¡Dije que no!
—Yo no pido permiso.
Nadie nunca lo había hecho.
—Por favor, no de nuevo, te lo ruego, déjame.
—Te daré lo que quieres, A-Cheng.
El toque se hundió en él y, de nuevo, fue Wen Zhuliu. Podía sentir el goteo de la sangre de su niang[1] en su rostro mientras Wen Chao separaba sus piernas.
—Shh, este es un regalo.
Dijo la voz, el tacto acariciando su interior. Sollozó– un horrible sonido roto. ¿Para qué se molestaba? Nadie lo escuchaba. Cerró los ojos con fuerza, sintiendo cómo las lágrimas calientes escapaban y rodaban por los costados de su rostro.
—Me lo agradecerás.
Susurró la voz en su oído, con el tacto posado en su núcleo dorado.
—¡No, por favor!
—Shh, A-Cheng. Esto es lo mejor.
—Pero no lo quiero.
—¿Y eso qué importa?
Tiró su cabeza hacia atrás y gritó mientras su cuerpo quemaba, todo el qi en su interior se precipitó hacia su centro, bajo su dantian, donde se condensaba y solidificaba, zumbante y ajeno.
En lo más profundo de su ser, su núcleo dorado se extendió y se envolvió alrededor de un nuevo objeto, que formó un pequeño orbe y se agitó. Se dividió en dos orbes, que se pegaron y volvieron a dividirse. Y otra vez.
Y otra vez...
Y otra vez...
Las banderas de papel afuera del Salón Ancestral que ondeaban por el rabillo de su ojo enviaron picos de ansiedad a través de Jiang Cheng. Yulanpen[2] le recordaba que el invierno estaba en camino. El frío que se arrastraba en el aire hizo que a Jiang Cheng se le revolviera el estómago. Veinte años como Líder de Secta no habían curado el miedo grabado en su alma al mal clima. Por mucho que lo intentara, no podía hacer que la comida apareciera mágicamente ni podía mover las cosas para asegurarse de que todo el mundo estuviera alimentado. Algunos años sólo eran malos y tenía que lidiar con las consecuencias. La infraestructura de su territorio había sido destrozada por los Wen, tanto como el propio Muelle de Loto, e intentar asegurarse que todas las personas —las doce millones, trescientas cincuenta mil, cuatrocientas seis personas— bajo su cuidado tuvieran suficiente para comer lo había dejado con nuevas pesadillas que se sumaban a aquellas de la guerra.
Las madres lo habían abordado en la calle mientras intentaba lidiar con una infestación de demonios, o demonios ahorcados, y le habían gritado que sus hijos se habían muerto de hambre por su culpa. Algunas le habían tirado basura, rocas o incluso sangre y mierda en su rabia y dolor. Los días que tenía que limpiarse la piel de los últimos asaltos fueron los días en los que se planteó seriamente dejar su puesto a alguien más cualificado. Entonces podría reunirse con su familia y ver a su Jiejie, a su Niang, a su Die[3] (y a su Shixiong) de nuevo. La obstinada negativa a abandonar a Jin Ling era la única razón por lo que no lo había hecho. Jiang Cheng esperaba que nunca se enterara, era una carga que su sobrino nunca debería cargar, incluso en retrospectiva.
Yunmeng ya no tenía ese tipo de tiempos oscuros, pero el día después de Yulanpen, Jiang Cheng siempre estaba al límite y comprobaba y volvía a comprobar los números. Su subordinade, Jiang Shouhai, se burlaba de él diciendo que sabía el nombre de cada persona de Yunmeng ya que cotejaba una y otra vez la cantidad de cosechas con el número de habitantes.
Los antiguos reportes de censos se habían guardado en el estudio del Líder de Secta en la época en la que su padre había sido Zongzhu[4], pero Jiang Cheng había convertido toda una habitación que antes había sido un almacén en una Sala de Censo, con un complejo sistema de catálogo. Existían los registros habituales de nacimientos y muertes, pero también había desgloses de diferentes grupos que podrían ser relevantes en un momento dado. La comida era sólo uno de los recursos que se necesitaban para mantener a la población a salvo y feliz, también se necesitaban cosas como la vivienda, el combustible, el agua, buenos caminos, población de animales, tanto salvajes como domésticos. Jiang Cheng lo controlaba todo.
Allí es donde se retiraba para revisar los últimos números de las cosechas y para cotejarlos con las últimas cifras de nacimientos y muertes después de una noche de insomnio y trazaba los caracteres en los libros más recientes, "Mín yǐ shí wéi tiān".
La comida es la primera prioridad del pueblo.
Observó el Mapa Mediano pintado en la pared descubierta. Era una obra de una belleza minuciosa, con cada río, montaña, lago y colina pintados, cada pueblo, aldea y ciudad marcada con su nombre. Era extremadamente hermoso, pero también extremadamente útil ya que lo había utilizado muchas veces para examinar patrones de comportamiento y crecimiento, clavando alfileres con notas mientras iba acumulando información.
Ahí es donde había planificando las rutas de viaje para sus maestros de las Manos de Yunmeng y, al mismo tiempo, había observado el aumento de personas que necesitaban esos servicios al norte, lo cual lo había ayudado a darse cuenta de que algo ahí andaba mal. Resultó que una cierta fuente de agua había sido portadora de una enfermedad que causaba sordera en los niños y había enviado a doctores e ingenieros para ver qué podían hacer. El Mapa Mediano también le había ayudado a idear su matriz de protección, contemplando todo su territorio y pensando una y otra vez cómo estaban tan céntricos y, por tanto, tan peligrosamente vulnerables a los ataques. La habitación de al lado era el taller de sus Flores de Ciruelo, donde sus expertos en cultivación (y ocasionalmente él mismo) desarrollaban talismanes y matrices; con Jin Ling a su espalda, un bulto cálido y gordo que resoplaba y roncaba como sus cachorros desaparecidos hacía mucho tiempo atrás.
Ahora le resultaba compulsivo revisar una y otra vez los números de las cosechas, aunque nunca había sido capaz de controlarse tan bien. Cada vez que trataba de convencerse de que todo estaba bien, de que cinco recuentos eran suficientes, su cabeza empezaba a dar vueltas y le venían imágenes de rostros demacrados, estómagos hinchados, el llanto de niños hambrientos. La única manera de detenerlos era volver a comprobarlos o entrenando lo suficientemente duro para sudar a través de las tres capas de ropa y no necesitar más que un empujón en el lago para volver a estar limpio.
Las personas pensaban que entrenaba para ser fuerte. En realidad, entrenaba para apagar su cerebro y tener paz durante algunas horas. Era por eso que había dejado que otros líderes de secta como Yao-zongzhu y Ouyang-zongzhu le convencieran de hacer su trabajo sucio persiguiendo demonios, fantasmas y cultivadores demoníacos, para seguir moviéndose y no pensar.
Los ojos de Jiang Cheng captaron un destello de una túnica color loto cian pasando por la puerta de la Sala de Censo y se dio la vuelta, llamando a Lei Xia, que se dobló hacia atrás y se inclinó hacia él.
—Zongzhu, ¿cómo puedo ayudarle?
—¿Cómo le está yendo a Sun Xifeng? —preguntó, tratando de no lucir preocupado mientras cerraba los últimos números de la cosecha. Lei Xia sonrió.
—Lo está haciendo maravillosamente, acertó al asignárnosla. Su confianza ha crecido demasiado.
—Bien, quiero una demostración cuando pienses que esté lista.
—Por supuesto. —Lei Xia empezó a alejarse, luego se volvió con una pequeña sonrisa—. ¿Le dijo a Jin Ling sobre su nombramiento en las Orquídeas?
—No, y no lo haré mientras pueda aplazarlo. No quiero lidiar con su histrionismo. —Jiang Cheng rodó los ojos, oyendo ya el furioso balbuceo de Jin Ling. Su estómago, ya hecho un nudo gracias a su usual ansiedad invernal, se apretó un poco. Lei Xia se rió detrás de su manga.
—Se muere por decírselo.
—Por eso se lo diré cuando esté en Jinlin Tai, no cuando esté aquí. Y si Sun Xifeng le dice antes de que yo lo haga, ¡se las verá conmigo!
—Oh, se lo dejamos muy claro. No es propio de una Orquídea ser petulante. Bueno —enmendó ante las cejas levantadas de Jiang Cheng—, petulante contra alguien como Jin Ling.
Jiang Cheng resopló divertido y la despidió. Una vez que dobló la esquina, él se frotó el estómago, tratando de cesar la molestia mientras se forzaba a guardar el informe de la cosecha. Odiaba el invierno y ni siquiera había llegado aún.
Si Shao Heli no fuera el gege de una Orquídea, Jiang Cheng habría matado al hombre años atrás. Pero entonces Muelle de Loto perdería a su mejor músico y, considerando qué tan importante se había vuelto la música en Yunmeng Jiang, eso probablemente causaría una revuelta. Aún así, Jiang Cheng tenía su límite de tolerancia hacia las mierdas de Shao Heli.
—¡Tomaré tu pipa[5] y la romperé en pedacitos! —rugió Jiang Cheng mientras dejaba su oficina y se dirigía al Pabellón de la Caja justo a tiempo para ver a Shao Heli correr por su vida, para diversión de las otras personas que descansaban allí. Jiang Cheng soltó a Zidian, envolviéndola alrededor del cuerpo de Shao Heli y tirando de él hasta detenerlo. Un rápido tirón sobre su trasero y Jiang Cheng lo enrolló como pez en un sedal, arrástrandolo sobre la madera ante los rugidos de risa de los demás. Shao Heli parpadeó en su dirección mientras caía sobre su espalda a los pies de Jiang Cheng.
—¡Zongzhu! ¿Qué puede hacer esta mediocre persona por usted?
—Deja de cantar esas ridículas canciones en mi ventana.
—Zongzhu, ¡no son más que verdades a las que les doy voz! Por supuesto que tiene la mejor cintura del mundo de cultivo. —Shao Heli le sonrió. El rostro de Jiang Cheng, ya caliente de escuchar a Shao Heli por medio shichen[6], ardió de nuevo.
—¿Y sentiste que era necesario expresarlo en una canción?
—Hay mucho sobre usted de lo que me gustaría cantar. Su cintura sólo es una cosa. —Shao Heli batió sus pestañas y Jiang Cheng rodó sus ojos con fuerza, recordándose a sí mismo que el hombre no era un cultivador. Le dio un ligero choque eléctrico con Zidian, ganándose un chillido tan obviamente exagerado que las personas se rieron con más fuerza—. ¡Sandu Shengshou es tan cruel! ¡Me tengo que ir a las mazmorras! ¡Adiós! —les gritó a todos mientras Jiang Cheng retraía a Zidian.
—¿Qué mazmorras? —murmuró Jiang Cheng, pinchando a Shao Heli con el dedo del pie.
—¡En la que nos ha mantenido a nosotros los grandes y malos cultivadores demoníacos por años! —se burló Lei Xia, besando la parte superior de la cabeza de su hijo—. Debe estar familiarizado, Zongzhu, va allí a bañarse en nuestra sangre todas las noches.
—Oh, esas mazmorras —dijo rotundamente Jiang Cheng, lo que los hizo reírse más fuerte. Shao Heli se puso de pie y abrazó su pipa.
—Me gustaría marcar el punto en el que yo no cree la letra sobre su cintura, yo sólo soy un humilde recipiente para la creatividad de esta secta. La letra vino de la Caja. —Señaló con un brazo la caja contra la pared trasera del pabellón—. ¡Deben ser las hambrunas invernales, porque las personas empiezan a estar hambrientas! —Movió las cejas hacia Jiang Cheng, quien enrojeció con fuerza.
—¡Tú–!
—¡Sálvame! —Shao Heli se escondió detrás de una de las discípulas menores que parecía alarmada de ser puesta entre el músico y su Líder de Secta.
—¿Ahora haces que los niños luchen por ti? ¡Debería romper tus piernas!
—Ah, pero ella es una cultivadora, a diferencia de mí. Puede aguantar un puñetazo.
—No quiero recibir un puñetazo por ti —dijo la chica.
Shao Heli jadeó: —¡No filial!
—Mi juramento es hacia Zongzhu, no hacia ti —dijo con calma. Siempre era una buena señal cuando le contestaban a Shao Heli, significaba que se habían adaptado bien.
—Como debe ser —dijo Jiang Shouhai, apareciendo por la esquina y dando por terminada efectivamente la riña. Jiang Cheng miró a su subordinade y éste le asintió, asegurándole que no había nada mal.
—Deja de cantar estas canciones en mi estudio, Shao Heli —ordenó.
—Sí, Zongzhu —suspiró Shao Heli como un niño, luego se sentó y empezó a tocar el favorito de Muelle de Loto. Mientras Jiang Cheng y Jiang Shouhai se alejaban el sonido del canto les siguió por las tablas.
—¿Qué fue esta vez? ¿Tu cabello? ¿Tus ojos?
—Cintura —murmuró Jiang Cheng, con el rostro aún hirviendo. Jiang Shouhai se rió, lo que le valió una mirada filosa a la que era totalmente inmune—. ¿Qué querías?
—Ah —Jiang Shouhai metió la mano en su manga y sacó una carta, dándose la vuelta para mostrar un simple dibujo de una linterna donde usualmente iría un sello—, esto acaba de llegar.
Jiang Cheng observó la carta y la abrió, girándose ligeramente para poner la carta a la desvaneciente luz del sol.
Jiang Zongzhu,
Hanguang-jun y Wei-qianbei vinieron a nuestro festival de comida, tal y como lo predijo. Les di la linterna de conejo que comisionó y parecían encantados con ella, me aseguré de dejarles claro de quién provenía.
Disfrutaron su tiempo aquí, especialmente cuando entendieron que usted era quien pagaba por todo. Le adjunté la factura según lo acordado.
Saludos.
El cuerpo de Jiang Cheng se entumeció y su humor se hundió.
—Se llevaron la linterna... Aparentemente les gustó. —Jiang Cheng tragó, tomando la cuenta y arrugando la carta en una bola—. Bien. Eso está hecho.
—No he visto que se reciba una carta de ninguno de los dos agradeciéndote —dijo Jiang Shouhai, con los labios fruncidos mientras tomaba la cuenta.
—¿Por qué lo harías? Lan Wangji esperaría algo así como un pago para Wei Wuxian y Wei Wuxian dejó en claro que no quería tener contacto —dijo Jiang Cheng, tratando de sonar desinteresado. A pesar de haberse tomado el tiempo de organizarse para hacerse cargo de todos los pagos y encargar la linterna para Wei Wuxian y Lan Wangji, aún no podía articular por qué lo había hecho. Se dijo a sí mismo que era porque, pese a lo que Wei Wuxian podía sentir con respecto a su familia, A-Jie hubiera querido que hiciera algo para aludir al matrimonio de Wei Wuxian, incluso si era cuatro años tarde. Quizá Wei Wuxian veía su historia como una de deudas y pagos, pero A-Jie lo había amado como su didi y lo había defendido a costa de su propia reputación y eso debía respetarse.
Encendió un brasero para ahuyentar el viento y arrojó la carta hacia las llamas, viéndola mientras se oscurecía y enroscaba. Cómo deseaba que fuera así de fácil apagar el doloroso hueco en su pecho. Observó a Jiang Shouhai, quien a su vez lo observaba cuidadosamente y frunció el ceño, como de costumbre.
—Estaba revisando el control bianual de los maestros de las Manos de Yunmeng, cuatro de los profesores no se reportaron.
—Mn, eso dijo Yan Tongrui. Mañana iba a hablar contigo sobre eso.
—Haz que las Fengwang se encarguen de ello. Quiero que los encuentren antes del invierno —ordenó Jiang Cheng antes de regresar a su estudio. Aún había una pila de trabajo que hacer y Jiang Cheng añoraba los días en los que estaba a cargo sólo de su propia secta y territorio. Entre evitar que la Secta Jin se desmoronara mientras Jin Ling terminaba sus estudios, lo que se reducía a hacerse cargo de dos sectas por tres años, y volverse Cultivador Jefe cuando todos se dieron cuenta de que Lan Wangji era realmente malo en su política, ya no volvió a ver el fondo de la pila. Un simple placer robado porque, de alguna forma, había terminado siendo el más confiable de los Cuatro Grandes Líderes de Secta. Aún se estaba acostumbrando a la idea.
Bostezó y se sentó en su escritorio, observando la pila mientras trataba de adivinar cuánto podría hacer razonablemente en esa noche. Mientras tiraba la siguiente pieza hacia él, trató de alejar la carta de su mente, pero fue tan exitoso como intentar no pensar en Wei Wuxian. Cuando escuchó que Wei Wuxian y Lan Wangji se habían fugado, se fue a nadar río arriba durante todo un día y una noche, llegando tan lejos que terminó cerca de una montaña y tuvo que nadar todo el camino de regreso. Jiang Shouhai claramente había querido gritarle, sin embargo, no era del tipo que gritaba. Por eso era tan buene como subordinade de Jiang Cheng, era calmade cuando estaba furiose. Une prime lejane, une de los únicos Jiang aún vivos en el mundo que llevaba ese apellido, se había unido a su llamado a las armas tras la destrucción de Muelle de Loto y había demostrado ser invaluable.
Jiang Shouhai había sido quien le había escuchado morder palabras sobre la fuga de Wei Wuxian, quien había mandado llamar a la Abuela Meihui para que le llevara vino y su reconfortante presencia y entre los tres, los últimos tres que habían conocido a Wei Wuxian antes de su caída y que aún vivían en Muelle de Loto, se habían sentado a hablar toda la noche hasta que Jiang Cheng se desmayó donde estaba sentado. Aunque Jiang Cheng aún se había despertado enredado en la red que eran sus sentimiento hacia su alguna vez Shixiong, hablar había facilitado dejar que Jin Ling pasara tiempo con Wei Wuxian.
La primera misiva fue una oferta formal de matrimonio de una secta menor, con la esperanza de emparejarlo con su hija mayor. Echó un vistazo a la lista de los atributos positivos de la hija y resopló. Siempre hacían lo posible para hacer que los atributos coincidieran con la lista que le había dado a los casamenteros, a veces de formas hilarantes. Él y Jiang Shouhai se habían sentado algunas noches para leer lo mejor y lo peor y reírse de ello con unas cuantas jarras de vino, de una manera que le recordaba a cuando se habían sentado juntos y habían ideado aquella estúpida lista en primer lugar.
Jin Ling había estado dormido en el regazo de Jiang Cheng, una pequeña cría de pavo real dorada a los dos años, mientras intentaban idear más y más cualidades ridículas que pudieran añadir antes de eliminarlas por ser demasiado obvios en su intención saboteadora. Cuando terminaron, Jiang Cheng había mirado la lista final y aceptado que eso acabaría con cualquier posibilidad de que tuviera un heredero legítimo. Jiang Shouhai le había abrazado en la oscuridad, sin decir nada.
Aún había necesitado tres desastrosas citas para poner el último clavo, dos de las cuales se sentía un poco mal, de una aún se reía con Jin Ling. No obstante, las propuestas seguían llegando, usualmente de una secta desesperada por el flujo de dinero y necesitaba escribir una respuesta a cada una de ellas. Bueno, él no lo hacía, dejaba que Jiang Shouhai lo hiciera porque lo encontraba divertido.
La siguiente carta era sobre una infestación de demonios de agua en el este, la dejó a un lado para enviar algunos discípulos; la siguiente era una petición de Meishan Yu para ajustar los impuestos sobre el tinte púrpura para que fuera más barato durante el invierno. En los meses fríos, cuando la gente permanecía más tiempo en casa, solía haber un repunte en las compras, por lo que, según la carta, los ingresos de Yunmeng Jiang se mantendrían estables o incluso aumentarían. Jiang Cheng lo selló con un no porque, lo que fuera que pensara su abuela, él no era estúpido, y continuó con las demás.
Y así siguió, carta tras carta, reporte tras reporte, ordenados y divididos hasta que la oscuridad fue total y los ojos de Jiang Cheng ardían. Tenía la sensación de que todo el mundo quería algo de él y él tenía que decidir si tenía la fortaleza para otorgárselos. Ahora era más difícil tomar esas decisiones. Antes, podía darle prioridad cómodamente a su secta y a su gente por encima de todo y nadie esperaba más de él. Como Cultivador Jefe, ahora se esperaba que le diera prioridad a todas las sectas como una unidad y eso chocaba con su necesidad instintiva de proteger a su secta que le había definido durante toda su vida.
Algunas veces, la presión era tan grande que se había quedado tumbado en el suelo sin moverse por horas, sobre todo por las noches, cuando todos los demás se habían ido a dormir, paralizado por las diferentes facciones que tiraban de él. En esos momentos, pensaba que era Lan Wangji vengándose de él, dejando que el mundo le quitara el título y se lo diera a Jiang Cheng. Lan Wangji consiguió mantener su reputación buena y correcta, intocable por la suciedad de la política, y viajaba por el mundo con Wei Wuxian mientras Jiang Cheng siempre quedaba atrapado, enterrado en papeleo e incapaz de mantener a todos felices, hasta el momento en que inevitablemente fallara demasiado y fuera avergonzado, humillado y despojado del título. Un título que no había querido y que había intentado rechazar, pero que había sido forzado a aceptar. El Mundo de Cultivo necesitaba un Cultivador Jefe y nadie más iba a dar el paso. Jin Ling no podía, Nie Huaisang no lo quería, ni Jiang Cheng le confiaría esa cantidad de poder, y Lan Xichen había estado en reclusión y sin mucha influencia después de la debacle con Jin Guangyao. Ninguna de las sectas menores tenía el alcance, así que sólo quedaba Jiang Cheng. La última y única opción.
Jiang Cheng bajó su pincel y se frotó la cara con las manos, con el cerebro nublado y oscuro. Estaba muy cansado.
—Puedo ver dentro de tu corazón.
Jiang Cheng dio un respingo y miró a su alrededor, dándose cuenta de que sus linternas se habían apagado y se había quedado dormido en su escritorio. De nuevo. Su corazón se aceleró por alguna razón y sus manos temblaban minuciosamente. Las sacudió, haciendo una mueca por el desastre que había hecho con su última pieza, el pincel había borrado sus caracteres. Tendría que volver a hacerlo. Pero no esa noche. No podía soportar la idea de escribir otro caracter, especialmente cuando sus manos se sentían así. Sería antiestético y estaba orgulloso de su caligrafía. Se levantó, estirándose y echando los hombros hacia atrás para quitarse la rigidez.
La secta estaba en silencio cuando dejó su estudio, todos se habían ido a dormir hacía tiempo, excepto, por supuesto, de una de sus Víboras, quien lo siguió en completo silencio. Atravesó los corredores, mirando las aguas mientras caminaba sobre los puentes. Las flores de loto en el lago estaban cerradas por la noche, tan regulares como un Lan con su horario. A veces Jiang Cheng envidiaba su capacidad para desconectarse, eso facilitaría mucho las cosas. Pero había pasado tres meses viajando con Lan Wangji y había sido una auténtica pesadilla lidiar con sus hábitos reflexivos de sueño.
En ocasiones pensaba que esos tres meses habían sido un sueño. Le parecía totalmente extraño que hubiera básicamente conseguido vivir con Lan Wangji durante tres meses y que no se habían matado el uno al otro. Ahora apenas soportaban estar en la misma habitación.
Se detuvo en un puente para mirar hacia el agua, con una media sonrisa en los labios al ver a dos ranas peleando en una hoja, probablemente por una hembra. Las observó por un rato, luego curvó los dedos hacia la palma de su mano y envió hacia abajo una pequeña libélula púrpura, que hizo que las dos ranas huyeran despavoridas. Los Jin le habían quitado mucho, por lo que no le había importado en lo absoluto robarles la técnica de la mariposa para hacer la suya propia. La libélula revoloteaba sin rumbo, Jiang Cheng no le había dado un propósito, y se encontró recordando a un niño regordete persiguiendo esas mismas libélulas en esos muelles mientras chillaba, "¡Jiujiu, vuelva, vuela!".
Ahora ese niño regordete era un adulto que dirigía su propia secta. Jiang Cheng se sintió viejo al pensarlo. Se dio una pequeña sacudida y se enderezó, disipando la libélula y sintiendo cómo el qi tiraba de su núcleo y éste retrocedía de una forma que no debía. Frunció el ceño, pero lo descartó como una sensación pasajera. Si dejaba que cada cosa extraña del núcleo le molestara, se volvería loco de inmediato. Tenía cosas mejores que hacer con su tiempo, mejor no pensar en el núcleo en lo absoluto si podía evitarlo.
Como Líder de Secta, Jiang Cheng podía ir donde quisiera, cuando quisiera. Era, literalmente, dueño de toda la secta y del territorio a su alrededor. Aún así, sentía como si estuviera rompiendo una regla cuando entraba en la cocina a la mitad de la noche buscando... algo. No tenía idea de qué, sólo sabía que tenía hambre y que quería algo en específico. Se preguntó con una punzada si estaba buscando la sopa de A-Jie, algo que no podía replicar, pero no lo creía. Era la quinta vez en algunas semanas que entraba buscando algo que no podía nombrar.
—¡Estás pidiendo unos golpes, A-Cheng!
Jiang Cheng saltó y se dio la vuelta. Una mujer mayor, pequeña y pulcra, se apoyó contra la puerta con una pequeña sonrisa en su rostro.
—¡Abuela! ¿Por qué estás despierta? ¡Es tarde! —espetó, como si fuera una discípula cualquiera. La Abuela Meihui le sacó la lengua.
—Oh, escuché a alguien traqueteando en mi cocina y decidí venir a ver quién era el culpable. Pensé que podría haber sido un pequeño junior hambriento del yuebing[7] que empecé a preparar por el Zhongqiu jie[8].
—No estaba traqueteando —dijo Jiang Cheng, con las mejillas ardiendo mientras se daba la vuelta—. Estaba trabajando y me dio hambre.
—Nada inusual, pero siempre dejo tus comidas favoritas a la mano para que no acabes hurgando en mi cocina así. Así que, ¿qué estás buscando?
Normalmente, Jiang Cheng se retiraría para ocultar su vergüenza, pero esta era la Abuela Meihui. Ella había sido parte de Muelle de Loto desde que su padre era un niño, había estado ahí el día en que Jiang Cheng nació y lo había visto crecer. Era difícil actuar como un Líder de Secta a su alrededor y descubrió que no quería hacerlo. Había muy pocas personas en el mundo que había conocido antes de ascender y aún menos que quisieran estar cerca de él. No quedaba nadie en el mundo que aún lo llamara A-Cheng.
—No lo sé —admitió en voz baja, apoyándose en la gran mesa donde los cocineros hacían su trabajo—, quiero algo, pero no tengo idea de qué.
La Abuela Meihui entró a la habitación y se apoyó en la mesa frente a él.
—Un juego, entonces. Déjame ver... ¿quieres algo dulce?
—¿No...?
—Entonces algo salado. ¿Picante?
El estómago de Jiang Cheng se apretó y sacudió la cabeza.
—¿Salado?
Asintió.
—¿Tofu?
No.
—¿Puerco?
No.
—¿Pollo?
Al final del interrogatorio, Jiang Cheng no se sentía más cerca de encontrar lo que buscaba, pero la Abuela Meihui tenía una mirada divertida en el rostro. Se enderezó y empezó a sacar cosas.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó.
—Una vieja receta. Tengo una corazonada, ¡siéntate!
Jiang Cheng bostezó y se sentó para verla trabajar, encontrándolo tranquilizador. No era la primera vez que la Abuela Meihui le hacía comida a la mitad de la noche. Más de una vez, Jiang Cheng se había desplomado sobre esa mesa, usualmente con Jin Ling entre sus brazos negándose a dormir, mientras la Abuela Meihui le cocinaba algo para hacerlo sentirse mejor. Le había recordado, una vez, a A-Jie y eso a menudo lo había hecho aún más desastroso, sin embargo, con el tiempo esa pena se había suavizado y ahora se sentía más cálido por el cuidado de la Abuela que frío por la ausencia de A-Jie. Aunque, ahora mismo, mientras la observaba tomar diferentes objetos, sintió un creciente temor.
—Ahí, pruébalo —dijo finalmente la Abuela Meihui, acercándole un tazón. Jiang Cheng lo miró horrorizado.
—¿Qué es eso?
—Es youtiao, relleno de haishen y rociado con salsa zhejiang[9]. Pruébalo.
—¡Eso es desagradable! —dijo Jiang Cheng mientras arrugaba su nariz.
—Vamos, A-Cheng, no desperdicies mis esfuerzos. Esta es la quinta vez que entras aquí buscando algo, no creas que no lo he notado —comentó la Abuela Meihui, descansando su barbilla sobre su mano y sonriendo expectante. Jiang Cheng hizo una mueca, pero tomó uno de los trozos de masa frita y se lo metió en la boca antes de que pudiera pensárselo, mordió y saboreó la dulzura y luego lo crujiente del pepino de mar. Se sentía tan mal, el sabor debería haberle dado arcadas, pero aunque a su cerebro le dio asco, su lengua se regocijó y tragó, con los ojos muy abiertos mientras la Abuela Meihui sonreía.
—¿Era lo que estabas buscando?
—¿Cómo...?
—Una suposición.
—Brujería, más bien —murmuró Jiang Cheng, comiendo apresuradamente antes de pensar demasiado en el plato.
—Luces cansado, A-Cheng —dijo la Abuela Meihui—. ¿Has dormido algo últimamente?
Jiang Cheng bajó sus ojos, enfocándose en masticar. La verdad era que no había estado durmiendo, ni siquiera para sus bajos estándares. Sus sueños habían sido especialmente desagradables últimamente y se seguía despertando con sudores fríos. La Abuela Meihui suspiró y se enderezó para recoger la mesa.
—Yo lo haré —dijo con rapidez.
—Está bien, terminaré en un momento —aseguró. Jiang Cheng sabía que no debía discutir—. ¿Has escuchado de A-Ling últimamente?
—Está bien. Aún se siente un poco incómodo en su papel, pero está tan bien preparado como cualquier heredero podría estar dadas las circunstancias, sin duda más que yo.
—Porque te aseguraste de que tuviera tiempo para estar preparado.
Jiang Cheng puso más comida en su boca, pensando en que debería de haber encontrado una manera de retrasar más la ascensión, pero le había preocupado que eso debilitara la posición de Jin Ling. Se alegraba de que, al menos, Jin Ling hubiera tenido tiempo de ir a Gusu Lan para estudiar con sus amigos y de cumplir dieciocho años, haciéndole justo un poco mayor de lo que había sido Jiang Cheng cuando tomó el manto de Líder de Secta. Había sido lo mejor que había podido hacer.
—Hace tiempo que no lo vas a ver.
—No desde que pasé a buscarle un tratado para llevárselo a Moling Su hace un par de meses, y sólo fue por un shichen. Lo veré en la celebración de su cumpleaños. —Jiang Cheng deseaba que llegara ese día, extrañaba a su sobrino y había estado pensando en los tiempos cuando Jin Ling era más joven y había estado más o menos pegado a él. Parecía que había pasado mucho tiempo y, al mismo tiempo, nada en lo absoluto. La última vez que había visto a Jin Ling había sido más un cruce de caminos ya que había pasado por la Torre Koi mientras se dirigía a otra reunión. Él y Jin Ling tomaron el té y Jin Ling le había pedido su consejo sobre un asunto en particular. No había sido exactamente tiempo de calidad, pero de nuevo, ¿qué contaba como tiempo de calidad entre ellos? Jin Ling ahora tenía amigos con los cuales pasar su tiempo libre.
Un grito interrumpió sus reflexiones y levantó la mirada cuando la Tía Bingxue entró con un bebé llorando entre sus brazos.
—Oh, mis disculpas, Zongzhu, no me di cuenta que estaba aquí —dijo con una inocente inclinación de la cabeza. Observó su rostro cansado y el del bebé y suspiró.
—¿Cólicos?
—Mn, no se calma.
—A-Cheng, vete a la cama, yo cuidaré del bebé —dijo la Abuela Meihui rápidamente, dándole a la Tía Bingxue una mirada de reproche.
—No, está bien —suspiró Jiang Cheng—, dámela.
La Tía Bingxue no escondió su alivio mientras le entregaba a la bebé, era Lei, la reconoció. Ella se calmó a sólo lloriqueos y gemidos en su dirección, su labio inferior temblaba en un ridículo puchero.
—¿Cuál es tu problema? —le preguntó imperiosamente a Lei y ella le parpadeó, quedándose callada.
—Bendito silencio —suspiró la Tía Bingxue, hundida en la mesa junto a la Abuela Meihui—. Zongzhu, desearía que todos tuviéramos su talento con los bebés.
Las mejillas y orejas de Jiang Cheng ardieron y chasqueó la lengua.
—¿Qué talento?
—Bueno, yo no pude hacer que se detuviera —comentó la Tía Bingxue.
Jiang Cheng rodó los ojos.
—Empezará de nuevo en un minuto, sólo espera.
Naturalmente, Lei no volvió a llorar mientras Jiang Cheng terminaba su tazón y la Tía y la Abuela tomaban el té. Jiang Cheng estaba feliz estando sentado con la bebé, dejándola jugar con la cadena de Zidian, mientras la Abuela y la Tía hablaban sobre sus hijos, los de la Abuela por sangre, los de la Tía por su trabajo en el orfanato. Jiang Cheng no se consideraba bueno con los niños, aunque le gustaba imaginar que se había vuelto mejor después de criar a Jin Ling, no obstante, sí encontraba reconfortante el cálido peso de un bebé entre sus brazos. Probablemente era, como muchas otras cosas en su vida, un recuerdo de esos días después de que A-Jie y Wei Wuxian habían muerto, en donde sostener a un durmiente Jin Ling entre sus brazos era lo único que había mantenido unida su cordura. Le recordaba que todo lo que le habían hecho a él, o por él, había valido la pena.
Eventualmente, Lei se quedó dormida y la Tía los observó con deleite.
—¡Oh, gracias! La llevaré de regreso.
Jiang Cheng le devolvió a la bebé, un escalofrío se formó en su pecho, pero lo ignoró y se puso de pie, deseándoles a ambas mujeres una buena noche. Regresó a su estudió y encendió las linternas, observando la pila de papeles en su escritorio. Suspiró pesadamente antes de cuadrar sus hombros. Tenía un trabajo que hacer y lo haría. No había otra alternativa.
Había muy pocas montañas cerca de Muelle de Loto. Era un día de viaje por espada a la más cercana, sin embargo, había algunas colinas decentes que eran lo suficientemente altas como para volar cometas en Zhongyangjie[10] a poca distancia. La mayoría de los años, Jiang Cheng lograba hacer tiempo para llevar a los más jóvenes de la secta a volar cometas. Era una mezcla de sus discípulos más jóvenes, los hijos de sus discípulos y sirvientes, y los niños del orfanato. Colectivamente los llamaba "los pequeños mocosos" en su cabeza. Ese año eran cuarenta y seis en total, más sus padres y otros adultos.
Jiang Cheng siempre terminaba cargando a uno de esos mocosos cuesta arriba porque alguien inevitablemente terminaba lastimándose en el camino. Este año había sido una niña de seis años, Chen Jinlian, quien lucía muy complacida consigo misma mientras miraba desde arriba a sus compañeros. Jiang Cheng sospechaba que su tobillo torcido sanaría muy rápidamente para alguien que aún no tenía un núcleo.
—Aquí —dijo Hou Mingyue, entregándole una botella de agua. Jiang Cheng movió su agarre sobre la niña y tomó un gran trago, dándose cuenta de que en realidad tenía mucha sed cuando el agua golpeó su lengua.
—Gracias —dijo, dándole la botella a la niña, que bebió hasta saciarse—. ¿Lista para caminar por tu cuenta?
—Oh, no, Zongzhu, esto es demasiado doloroso —respondió en un tono ridículamente formal mezclado con su voz aguda. Hou Mingyue resopló y luego se rió cuando Jiang Cheng rodó los ojos.
—Quizá Tao Jia pueda llevarte —sugirió con un brillo malicioso en sus ojos. Chen Jinlian la observó y luego apretó su agarre alrededor del cuello de Jiang Cheng, mas fue lo suficientemente inteligente como para no objetar.
—Si Zongzhu está cansado...
¿Cómo sabía tan bien un niño de seis años qué partes de su orgullo debía pinchar? Debía estar poniéndose blando en su vejez.
—¿Quién está cansado? De todas formas ya casi estamos allí.
Hou Mingyue sonrió e inclinó su cabeza antes de alejarse para darle agua a los demás.
—Me he vuelto muy buena pintando flores de loto, mi cometa está cubierta de ellas —dijo Chen Jinlian.
—Bueno, eso está en tu nombre —comentó Jiang Cheng, con los labios crispados. Un día, Chen Jinlian aprendería por qué se llamaba "Loto Dorado", pero no iba a ser pronto. Jiang Cheng dudaba de que supiera que él había elegido su nombre, y no le importaba que hubiera sido una indirecta para avergonzar a sus padres respecto al lugar donde habían concebido a la niña. Había olvidado que su madre era imperturbable y desvergonzada como el resto de los Lan y que lo había aceptado sin pestañear. Ups.
La cima de la colina ofrecía una vista impresionante del Lago de Lotos y de los ríos que lo alimentaban y desembocaban en él. Los ojos de Jiang Cheng barrieron el área, buscando instintivamente por cualquier señal de peligro. ¿Quién invadiría Yunmeng Jiang estos días? Era imposible de adivinar, pero no todos los enemigos eran como los Wen y demostraban su villanía sin tapujos. No es que su A-Die hubiera prestado mucha atención a la obvia amenaza.
—Ya puedo bajar, Zongzhu —dijo Chen Jinlian mientras se retorcía en su agarre. Jiang Cheng rodó los ojos y la bajó, observando con diversión como se alejaba cojeando con el pie que le dolía.
—Aww, será una pesadilla cuando empiece a entrenar —opinó Gao Changying, agitando su abanico mientras se acercaba a él. Era una mujer regia, alta y elegante sin esfuerzo, con ojos inteligentes y manos ágiles que preferían el constante chasquido del abanico masculino al bonito bordado de un abanico femenino. Menos mal que había frotado los hilos mientras estaba sentada en una sola reunión.
—Ese será un problema de tu esposa —replicó Jiang Cheng, mirando en dirección de Tao Jia, quien estaba ordenando a los más jóvenes para que sus cometas no se enredaran. Ayudaba que fuera tan alta y ancha como Nie Mingjue, así tenía el alcance y fuerza para mover a los niños pequeños como si fueran las piezas de un juego de mesa.
—Y cuando sea adulta, será su problema. Espero que sea capaz de rechazarla con suavidad —dijo Gao Changying con burla. Las mejillas de Jiang Cheng se calentaron y bufó.
—¡Ridículo!
—¿Se ha visto a sí mismo, Zongzhu? Sigue siendo un hombre bastante atractivo. —Cerró el abanico y le dio un pequeño golpe en el brazo. Jiang Cheng lo desvió con la empuñadura de Sandu.
—Aleja eso de mis túnicas, o pagarás por los daños.
—Una vez que destrocé sus túnicas favoritas y nunca escucho el fin de ello —suspiró, mas cambió su abanico de cuchillas por uno normal que no le cortaría la manga si lo rozaba.
—Me gustaban esas túnicas, ¡y eran caras!
—¡Oh, las cometas están subiendo! —dijo como si no le hubiera escuchado y se alejó para reunirse con su esposa. Jiang Cheng desvió su atención hacia la miríada de cometas que se elevaban hacia el cielo. Muchas de ellas estaban decoradas con flores de loto, pero también había dragones, grullas, mariposas, peces y ranas. Algunas de las ranas estaban claramente inspiradas en las ranas de Sandu, especialmente la de la empuñadura. A Jin Ling le encantaba cuando era pequeño, con sus diminutos dedos de bebé palpando cada grieta de la talla, antes de inevitablemente intentar comérsela.
Jiang Cheng había considerado invitar a Jin Ling, no obstante, era mejor que Jin Ling celebrara con su secta. Su sobrino necesitaba que lo vieran haciendo sus deberes sin Jiang Cheng encima de él, así que ambos habían acordado que algo de distancia entre ellos sería beneficioso. El hecho de que fuera un posacuerdo en muchos sentidos no lo hacía menos irritante. Como Jin Ling había ido a la Profundidad de las Nubes para estudiar y había pasado más tiempo con Wei Wuxian, Jiang Cheng se mantuvo alejado porque no quería interferir con su floreciente relación.
Fueran cuales fueran sus sentimientos hacia Wei Wuxian, Jin Ling necesitaba aliados y contar con Yiling Laozu era una gran ventaja para tu poder como un joven Líder de Secta. Jin Ling había intentado que Jiang Cheng fuera a la Torre Koi cuando Wei Wuxian había estado ahí en una ingenua idea de reconciliación, pero Jiang Cheng siempre había dado excusas. Su red de espías siempre lo había mantenido informado sobre dónde se encontraba Wei Wuxian para que pudiera evitarlo.
Jiang Cheng no había pasado ni un sólo festival con Jin Ling en casi cinco años.
—Necesitas alcohol —dijo Jiang Shouhai, apareciendo a su lado y tendiéndole una jarra de vino de crisantemo. Jiang Cheng la aceptó y dio un gran trago para ayudarle a ahogar la sensación de malhumor que le invadía cada vez que Wei Wuxian oscurecía sus pensamientos—. Estaba pensando.
—Oh no.
—¡Es un pensamiento bonito! —se rió Jiang Shouhai—. Escucha, siempre cuentas los granos y los nombres, ¿alguna vez has contado las cometas?
Jiang Cheng le observó confundido. Agitó la jarra hacia las cometas que volaban en el cielo. —En el primer Zhongyangjie que tuvo esta secta después de la guerra sólo había seis cometas en el cielo. Ahora mira cuántas hoy, ¿alguna vez las has contado?
Jiang Cheng observó las cometas y rápidamente se tragó otro sorbo de vino. No sólo eran los niños de la secta los que volaban sus cometas, la gente de la amplia Ciudad de Loto también había salido a volar sus cometas.
—Están demasiado juntas, deberían abrirse más —comentó.
—Están demasiado juntas porque hay tantas que la colina no es lo suficientemente grande —dijo Jiang Shouhai con desesperación. Jiang Cheng sonrió sobre su jarra.
—¿Cuál es tu lote? —preguntó.
—Bueno, mi hija más joven estuvo a cargo de decorar las de este año, así que... bueno, ¿al menos es llamativa? —suspiró, señalando la grotescamente llamativa cometa amarilla. Jiang Cheng entrecerró los ojos ante la decoración y trató de averiguar qué estaba mirando. La hija más pequeña de Jiang Shouhai era... bueno, era rara. En la forma en la que todos los niños pequeños son raros, pero lo bastante condensado como para seis niños. Jiang Cheng se la había encontrado una vez en el barro tratando de enseñarles a una hilera de ranas la filosofía de la cultivación, pero ella más o menos había creado su propia versión del Camino, que implicaba comer chiles enteros cubiertos de miel, alguna teoría de que los patos tenían universos enteros en las gargantas y que el secreto para formar un núcleo era gritar. Eso último parecía haberlo decidido observando a Jiang Cheng. Por su parte, él había tomado los chiles antes de que matara a una de las ranas o de que se hiciera un agujero en el estómago y la había abandonado a su suerte.
Otro día, había afirmado que era una oruga y se arrastró sobre su vientre por el pasillo durante tanto tiempo que su barbilla quedó a sangre viva y sus túnicas se estropearon. Jiang Cheng le preguntó por qué cuando casi estuvo a punto de pisarla y ella le dijo que estaba intentando hacer "seda" para ofrecérsela al dios cabra que vivía bajo el muelle. Al parecer, le daría cuernos con un gran poder si lo conseguía. Él decidió no interferir más.
—Aparentemente es un caballo-mono sobre el que soñó —explicó Jiang Shouhai.
—Seguro —accedió Jiang Cheng.
—Quiere trabajar en los establos. Por el estiércol.
—Si ella lo esparce por toda la secta, tú lo limpiarás.
Jiang Shouhai respondió engullendo el resto del vino de su jarra. Jiang Cheng sonrió, mirando alrededor a la gente reunida. Vio a Bai Renci, una de los médicos, hablando con las Orquídeas, con un brazo alrededor del cuello de Hou Mingyue mientra esta bebía de su jarra, y cerca de ahí sus bibliotecarios estaban de pie uno al lado del otro, observando pero sin participar, como les gustaba. Algo le llamó la atención detrás de ellos. Un pequeño niño estaba de pie aferrado a una cometa en el borde de la multitud. Observaba a los demás niños lanzar sus cometas al aire con sus padres con un aura de triste envidia a su alrededor. Jiang Cheng parpadeó y, de repente, ahí estaba un niño diferente. Pequeño y desnutrido, aferrándose a una bolsa harapienta que contenía todas sus posesiones mundanas en lugar de una cometa, acobardado ante el mundo.
Jiang Cheng cerró sus ojos con fuerza por un momento mientras le dolía el hueco en su pecho. Cuando volvió a abrir sus ojos, el niño estaba como antes.
—Pensé que todos estaban emparejados —le dijo a Jiang Shouhai, quien siguió su mirada—. ¿Dónde está su Shixiong?
—No lo sé, me aseguré de elegir a los que hubiera esperado que cumplieran con su deber.
—Mañana quiero el nombre de ese discípulo —ordenó Jiang Cheng, entregándole su jarra y acercándose a grandes zancadas al niño—. A-Tu, ¿dónde está tu Shixiong?
—No lo sé —respondió Tu, con el labio tembloroso—, me dijo que se reuniría conmigo aquí arriba, pero no lo he visto. Él... él me prometió que me ayudaría a terminar mi cometa.
La rabia atravesó a Jiang Cheng tan blanca que lo cegó por un momento y Zidian echó chispas alrededor de su mano.
—Deja que los Lan tengan a sus Gemelos Jade– Yunmeng Jiang tendrá a sus Dos Orgullos.
El núcleo se agitó y el qi salió disparado hacia su brazo, sólo para volver a romperse como la cuerda de un arco. Jiang Cheng se vio obligado a volver al presente, donde un niño sin padres lo estaba mirando alarmado. Tragó saliva y se llevó una mano a la cadera.
—Debería haber mantenido su palabra, ha deshonrado su título de Shixiong. Hablaré con él.
—¿Lo hará?
—Mn.
Tu tragó y miró su cometa.
—Pero entonces ya no querrá hablar conmigo, ¿y quién arreglará mi cometa?
—Tu cometa no está rota, sólo inacabada —dijo Jiang Cheng, ya agachado a su lado—. Yo te ayudaré.
—¿Lo hará? Pero, Shifu, es el Zongzhu, y yo soy sólo...
Jiang Cheng le frunció el ceño.
—¿Sólo qué? Eres uno de mis pupilos, me llamas "Shifu", ¿por qué no iba a ayudarte?
Tu no parecía tener una respuesta, así que sacó su cometa. Juntos terminaron de ensartar y Jiang Cheng le ayudó a lanzarla al aire. Rápidamente se elevó y se unió al resto y pronto Tu estaba corriendo con los otros niños, con las cometas arrastrándose tras ellos. Jiang Cheng lo observó marcharse y regresó junto a Jiang Shouhai, que sin decir palabra le tendió la jarra de vino. Jiang Cheng se la terminó de un trago y se limpió la boca, haciendo una mueca mientras se le agriaba en el estómago.
—¿Estás bien?
—Bien. Sólo consígueme el nombre de ese discípulo. Estará de guardia estable como mínimo durante el próximo año.
—Hecho —aseguró Jiang Shouhai sombríamente y chocaron las jarras.
Notas de traducción:
[1] niáng (娘) significa "madre".
[2] yú lán pén es el festival fantasma en donde los fantasmas y espíritus, incluídos los de los ancestros fallecidos, salen del reino inferior.
[3] diē (爹) significa "padre".
[4] zōng zhǔ (宗主) se refiere a una persona admirada por todos, representante y autoridad de cierto aspecto. También es el hijo mayor, el heredero de un apellido.
[5] pípá (琵琶) es un instrumento tradicional de cuerda pulsada parecido al laúd occidental.
[6] Un shíchen (时辰) es equivalente a dos horas.
[7] yuèbing (月饼) es un dulce chino que se consume tradicionalmente en el Festival de Medio Otoño.
[8] zhōngqiū jié (中秋节) es el "Festival de Medio Otoño", esta fiesta en el principio es para celebrar la rica cosecha.
[9] La comida que le da la Abuela Meihui es masa frita con pepino de mar seco y fideos con salsa frita.
[10] zhòngyángjié (重阳节) es un día festivo en el que la gente solía subir a tierras altas y volar todo tipo de cometas como una forma de apaciguar los espíritus.
