Actions

Work Header

La tumba de los dos nombres

Summary:

"Te quiero y pase lo que pase, siempre estaré contigo. Lo juro por la luna y las estrellas en el cielo.

Tuyo, Kyle"

 

Isaac, el bisnieto de Kenneth McCormick y Leopold Stotch, se encuentra con la tumba de dos personas enterradas juntas en el cementerio de South Park. Es tanta la intriga que decide embarcarse en un viaje que hará que la historia jamás contada de Kyle Broflovski y Eric Cartman salga a la luz.
 

Pareja principal:
-Kyman

Parejas secundarias:
-Bunny
-Stendy
-Creek
-Dip

 

Los personajes pertenecen a los genios de Trey Parker y Matt Stone ❤️

--- Inspirada en el Hilo de Twitter de @guillemclua / La historia de Emil&Xaver---

Chapter Text


5 de enero del 2019

La ciudad dejaba ver los primeros indicios de primavera.

Denver, la mayoría de las veces, era frío, rozando lo helado en los días más opacos, cuando las nubes grises cubrían hasta el mínimo rayo de luz en el cielo; sin embargo, ese día todo se sentía tibio. Incluso la sonrisa de su madre cuando salió de la cocina llevando con ella una pequeña bandeja.

Sonrió atando los cordones de sus zapatos e incorporándose al instante para tomar el pedazo de papel que le extendía

- ¿Cómo supiste que iría al súper?- preguntó Isaac con una sonrisa extrañada.

-Mi sexto sentido me lo dijo - respondió ella, soltando una especie de carcajada macabra. Al fondo se escuchó la risa más baja de su tía abuela, detalle que lo hizo girar los ojos, pensando que seguramente ella se lo dijo.

-Bien... Voy a fingir que te creo, mamá - terminó de ponerse la chaqueta y se aseguró de llevar todo antes de abrir la puerta. Hasta que escuchó su llamado, seguido de sus pasos cortos.

-Isaac, no olvides que mañana debes ir a South Park a dejar mi encargo - dijo en voz baja, como si intentara decirme un secreto pero con la idea de que todos escuchen.

Mamá siempre decía que la tía abuela Karen era muy similar al bis abuelo Leo y que por eso el otro bis abuelo Kenny se había quedado hechizado por él. No sabía si eso era válido hasta el día de hoy pero para la tía abuela era más que suficiente para retener hasta el último recuerdo a sus casi 58 años.

A ella le encantaba hablarles de las épocas en donde todo era más brillante y sólido, de los días en los que el bis abuelo Kenny buscaba conquistar de todas las formas posibles al bis abuelo Leo y sus rostros de felicidad cuando llegaron a casa con el tío abuelo Adam y su tía abuela Amelia en brazos porque lograron adoptarlos finalmente.

Era un poco complicado recordarlos porque eran bis abuelos, tíos abuelos o ¿bis-tíos abuelos?, solo abuelos... a lo mejor solo debía llamarlos por sus nombres para no hacerse tanto lío.

- ¿Hablas de... las flores? - preguntó Isaac en un susurro igual de alto mientras le sonreía- Si, las compraré allá en el pueblo. Estaba investigando y dicen que allá hay una de las flores más bonitas de todo el continente.

-Oh, ¿en serio? - sonrió haciendo que sus arruguitas sean más notables en su rostro. Nunca podría decirle que no... tenía algo que hacía que cualquier persona se quede embelesada mirándola cuando sonreía, calmaba hasta el alma más inquieta- Gracias, cariño. Estoy seguro de que tus abuelos estarán felices de verte en la ciudad que nos vio nacer.

-Lo sé. Yo también estoy ansioso de visitarlos.

.

.

.

Los senderos de las tumbas eran realmente hermosos. Las ramas de los árboles estaban llenas de flores rosadas y en la punta se podía notar que el rocío amenazaba con caer ante la visita de la gente. No había mucha pero el ambiente era tranquilo y apacible a comparación con el cementerio de una gran ciudad como era la de Denver. Por eso había aceptado gustoso volver a ese lugar años tras año desde que los abuelos fallecieron en un accidente automovilístico.

Solía venir con su tío, tía abuela y sus padres pero ese año podía considerarse el primero en el que viajaba completamente solo. No estaba mal, al menos llegó sin tener que detenerse por un poco de agua y comida.

Isaac contempló las flores sujetas en sus manos, que se mecían al ritmo de la brisa característica de inicios de primavera. Era temprano aún y su cuerpo le pedía a gritos tumbarse unos segundos en cualquier banca que encontrara para recuperar el aire pero tampoco quería que lo encerraran dentro de ese lugar, por lo que siguió caminando con firmeza.

Al menos así lo intentó hasta que una de las ramas demasiado bajas le rozó la mejilla, casi provocando que se tropiece con la compuerta de barrotes a un lado del sendero.

Se mantuvo firme, dejando que el rocío empape su rostro al sostenerse del árbol. El cementerio de South Park era bonito pero necesitaba un poco de organización.

Suspiró mirando a las personas amontonarse en el sendero por donde quería pasar, amenazamdo con atraparlo ahí de por vida.

Miró hacia los barrotes y los fue contando uno a uno mientras los usaba de apoyo para no caerse. Pisaba con cuidado para no estropear ninguna tumba o sacar alguna cruz accidentalmente. Los árboles se mecían cada vez más fuerte y a lo lejos se podían escuchar los murmullos de las personas alborotadas al ver a un chico ingeniárselas para llegar más rápido a lo alto de la colina pero eso a Isaac no le importaba.

Continuaba subiendo, las ramas despeinando su cabello igual de rubio que el de sus bis abuelos. Incluso si no tenían la misma sangre, le gustaba pensar que eran rasgos caracterícos que lo hacía más cercano a ellos

Sonrió notando que estaba más cerca de las tumbas a las cuales no solía tener tanto acceso. Era gracioso de cierta forma, casi todo el grupo de sus abuelos estaban reunidos en un mismo espacio, como si hubieran quedado de acuerdo en que debían continuar juntos incluso después de la muerte.

-Tío abuelo Craig, tío abuelo Clyde... tío abuelo Stan, tía abuela Wendy...- continuó enumerándolos mientras intentaba recordar las historias que implicaban travesuras entre ellos, tan fugaces en los recuerdos de sus abuelos que a veces contarlos resultaba una lucha constante, es por eso que su madre solía anotarlo todo en un diario adjunto al álbum de fotos.

Los escapes a medianoche para ir a fiestas, los atrasos en clase porque hacían carreras en bicicleta cada madrugada y alguien siempre terminaba herido, las risas, el amor, las adicciones... La juventud más colorida que nunca nadie pudo haber imaginado. Todos ellos guardados en la memoria de aquellos que ya no estaban presentes.

Sonrió acariciando la tumba de su bis abuelo Kenny y luego la de su bis abuelo Butters. También los recordaba a ellos, tan unidos siempre y a la vez luciendo tan capaces de darse un espacio para respirar y pensar pero sabía que no siempre fue así, que fue el tiempo el mejor mentor para aprender a amarse mejor cada día.

Isaac apretó los labios y dejó los dos ramos de flores. Los extrañaba mucho...

Suspiró volviendo la mirada hacia el sendero. La gente ya no estaba, dejaron detrás un reguero de pétalos escarlata junto con la sensación de tristeza en el aire. Pestañeó apretando las pretinas de la mochila y se dispuso a volver por el mismo sendero creado por él para alcanzar a despedirse de todos sus tío abuelos.

Contempló las tumbas desde un ángulo nuevo y los pudo ver lleno de flores, como si las personas que estuvieron ahí se hubiesen encargado de llenar cada una de las tumbas con flores algo marchitas pero hermosas.

Fue inevitable no sacar su celular y fotografiarlas desde ese punto de la colina. Luego se lo mostraría a su madre y a su tía abuela Karen para que sepan que aún hay familiares que van a dejarles flores, que no debían preocuparse de que vayan a caer en el olvido.

Pensando en eso observó la foto que logró capturar mientras caminaba devuelta al sendero para salir de allí, sin embargo algo dentro de la foto lo hizo detenerse y pestañear con curiosidad.

Alzó la mirada mientras fruncía el ceño y buscaba enfocar ese algo que lo había hecho detenerse. No hizo falta mirar demasiado para encontrarse con un grupo de tumbas cimentadas por piedras grises y blancas colocadas simétricamente, como si hubieran tenido mucho más cuidado al momento de enterrar los cuerpos.

Nunca antes prestó atención al terreno al otro lado de los barrotes. Siempre creyó que más allá de la tumba todo eran espacios vacíos hasta la granja Tegridad de la familia Marsh. Ahora sabía que no...

Tragó mirando la imagen y caminando hacia el final del sendero en busca de la entrada a ese cementerio. Sus pies se movían uno junto a otro deprisa, no podía creer que haya existido otro cementerio a lado de ese. Es decir, ¿quién más podía estar ahí?... Estaba seguro de que no encontraría más familiares... ¿no?... porque todos los nombres que solían decir sus abuelos los tenía grabados a fuego en su mente y los veía aún, algunos seguían vivos.

El tío abuelo Tweek ya casi no recordaba mucho pero cuando lo hacía solía reír a carcajadas junto al tío abuelo Token porque él sí que tenía buena memoria. Los nombres de las personas que ya los habían dejado estaban grabados en las cruces de esa misma colina.

Entonces... ¿por qué? ¿Por qué sentía que había algo más? ¿Por qué sentía que si no veía lo que había detrás de los barrotes metálicos se estaría perdiendo de algo sumamente importante?

Se detuvo de repente, con el corazón latiéndole a mil por hora y la respiración agitada. Ahí estaba...

-Cementerio... militar - susurró mirándolo mientras varias hojas chocaban contra los barrotes y el letrero se movía levemente por el viento, haciéndolo lucir pesado.

Parecía ser un lugar al que uno no solía desviarse porque deseaba hacerlo, sino porque se veía en la obligación de entrar una vez que tropezaba con las raíces sobresalientes de la acera. Solo en ese momento se podía decir que algo divino hacía que los susurros del bosque tuvieran sentido, incluso la brisa hacia que su cabello apuntara hacia dentro.

Movió la reja con fuerza y esta rechinó en protesta, dejando detrás un montón de hojas que se habían quedado a esperar a que alguien las admire. Él lo hizo, se detuvo a verlas un rato.

No se puso a pensar que South Park era incluso más frío que Denver, que la gente paseándose por por los alrededores eran como percheros andantes y las madrugadas se sentían como lapsos eternos de invierno. Pero ahora que veía las hojas y los últimos rastros del invierno cayó en cuenta de que estaba ahí y que descubrió un cementerio solitario, en donde las estaciones también parecían estar perdidas en el tiempo y andaban lentas.

Tras esa pausa inicial, la reja se deslizó fuera de sus dedos y volvió a cerrarse con lentitud, rechinando con suavidad, como si temiera que su único visitante se asustara. Pero no sabía... no era consciente de esa carga emocional enredada en los troncos dormidos de aquel pueblito, no sabía que frente a él se encontraban recuerdos perdidos...

Sus ojos recorrieron aquel sendero pequeño, lleno de ramas y rastros de nieve. Las tumbas se mostraban impávidas, tan frías como del material en la que estaban hechas. No había nada más que eso, la presencia de almas cansadas de ver y esperar. De cierta forma recordó lo que solía decirle su tía abuela Karen.

"¿Sabes que mi hermano siempre está sentado atrás de su tumba cuando lo visitas? Siempre sonriendo, siempre observándote..."

En ese lugar no se sentía así, era todo mucho más desolado, menos colorido por la falta de flores y más silencioso por la ausencia de conversaciones ajenas. Caminó mirando cada tumba, tocando cada piedra fría mientras detrás de él dejaba huellas como señal de que estuvo ahí.

Isaac se detuvo entonces, maravillado de la cantidad de nombres sin rostros dentro de su mente. Eran como un montón de seres meciéndose con el viento sin ninguna razón. Eso pensaba...

Hasta que lo vio...

O mejor dicho, los vio.

Algo dentro de su mente se iluminó de repente. Se acercó con cautela, ladeando la cabeza como un gato curioso pero con el temor de un ratón enjualado.

Sus ojos, a pesar de que veían los nombres escritos con blanco, aún no terminaban de darle un sentido completo. Una tumba... con dos nombres.

Dos nombres... en un cementerio militar, dos nombres...

Dejó que flotaran dentro de su mente, les dio vuelta una y otra vez, hasta que se dignó a pronunciarlos con suavidad, con respeto, porque se trataba de gente que sirvió al país y que sacrificó su propia vida para que ahora haya paz. Pudo deducir que uno de ellos o los dos eran judíos a juzgar por las piedras encima de la tumba.

-Kyle Broflovski y Eric T. Cartman - susurró al aire poniéndose en cuclillas y quitando con la yema de sus dedos un poco de la nieve cubriendo la placa. Fue entonces que observó las fechas en las que nacieron y paulatinamente murieron-. Muy jóvenes. Demasiado jóvenes... -eso solo hizo que algo dentro de él pesara de repente, su pecho se contrajo ante la idea de los pocos recuerdos que alcanzaron a dejar y que aun así no hayan sido suficiente para que los visitaran con tanta frecuencia.

Isaac se levantó y sin importarle que sus zapatos se hundieran en la nieve corrió hasta la caseta del guardián del cementerio y tras llegar el hombre de barba prominente y arrugas profundas se levantó para escucharlo. Su pregunta fue corta y clara. ¿Quiénes eran ellos?

-Soldados.

-No, no... Los dos chicos en la tumba.

Él estrecho los ojos, pensativo. Eso solo lo hizo desesperarse, volvió a entrar al cementerio, sacó su celular y tomó cinco fotos del lugar.

Sabía que no podía quedarse tanto tiempo ahí pero al menos quería saber quiénes eran, porque a simple vista uno pensaría que se trataban de amantes. Para Isaac eso sería lo normal porque prácticamente su familia había comenzado a tejerse gracias a una pareja gay pero no conocía South Park y las tumbas podrían ser solo de...

-Amigos - respondió el señor de mirada seria y ojos apagados cuando observó la foto. En la boca del más joven se quedaron atrapadas muchas preguntas a medida que el señor se volvía a sentar y abría su periódico matutino en un solo movimiento. Un "lárgate"... eso era todo.

Isaac apretó los labios y tras dar una mirada rápida a la tumba de esos dos chicos, ajustó su mochila y caminó hacia la salida principal dando largas zancadas. La ciudad no era grande, la gente se conocía la una a la otra. Iba a descubrir quiénes eran...

Lo iba a hacer.

.

.

.

LA TUMBA DE LOS DOS NOMBRES

.

.

.

1 de noviembre de 1934

-Las andanzas de una pobre alma vagabunda... de aquellos que buscaban a liberación del veneno ataviado de rocío dulce... tan dulce como los primeros días de primavera y peligroso... Tan peligroso como los cascabeles colgados al filo del abismo de tu alma intrépida...

-¿Pueden recordarme, grupo de imbéciles, por qué seguimos aquí si ya es la hora de descanso? Digo, no sé ustedes pero empiezo a morirme de hambre.

-No es posible que te mueras de hambre. Se nota que tus reservas están más que dispuestas a dar la cara por eso - susurró Stan Marsh mientras intentaba tocar su barriga pero recibió rápidamente un manotazo por parte de Eric.

-No me toques... No. Me. Toques - lo miró de mala forma mientras le apuntaba con el dedo hasta que el pelinegro desvío la mirada y la posó en escenario-. Empiezo a creer que eres homo...-

-Ya, shhh. Hagan silencio, no puedo escuchar - murmuró Kyle mordiendo la punta del lápiz mientras intentaba centrarse en lo que el joven frente a él decía.

Agradecía internamente que Stan haya ocupado el puesto del medio porque estaba seguro de que la discusión no se hubiera acabado ahí si estaba sentado alado del idiota de Eric Cartman.

Los miró de soslayo y volvió a apartar la mirada enseguida al notar que el gordo también lo miraba.

-Las tinieblas de tus ojos son semejantes a aquellas mañanas lluviosas, tan decadentes por la falta de amor, por la falta de su sonrisa... Y he aquí, he de morir si así me dejas en paz finalmente, si así tus ojos dejan de atormentarme... Y he de morir entonces, dulce primavera, si así dejo paso a que renazcas como una hoja marchita después de que un rayo de luz la empape de calidez. He de morir, amada mía... si así tú vives por mí.

Se escucharon las ovaciones tras las últimas palabras. Tweek se arrodilló en el escenario y las únicas luces que lo alumbraban se apagaron en un click grave.

Su monólogo terminó de una forma única, según Kyle, casi pudo sentir lo que él quiso transmitirle, dejando tras de sí una sensación temblorosa en el pecho. Si no fuera porque Stan lo tomó de la muñeca para levantarlo del asiento y Kenny se reía detrás de él se hubiese quedado sentado, observando el vacío total.

-Es realmente talentoso. Mamá me dijo que habló con la señora Tweak y ella le dijo que pensaba meterlo a una academia de artes escénicas cuando cumpliera quince, que solo dejaría que acabe este año - murmuró Kenny una vez que salieron al pasillo. La gente salía con tranquilidad, soltando comentarios acerca de todos los estudiantes que se presentaron pero cada vez que Kyle chocaba contra alguien los podía escuchar hablar solo de Tweek.

-Hay que ir a felicitarlo.

-Ve solo - murmuró Eric girando los ojos, haciéndoles muecas a las personas que pasaban empujándolo por accidente.

-No creo que podamos hacerlo ahora, amigo. Lo vi irse con su grupo al comedor y cuando está con ellos nadie puede acercarse a molestarlos -le respondió Stan mientras dejaba pasar a un grupo de chicas con un gesto de manos bastante caballeroso, pensó Kyle mientras veía cruzar a las chicas con una sonrisita y comentarios halagadores.

Una de ellas no dejó de mirar al pelinegro en todo el camino hasta el comedor, detalle que no pasó desapercibido por ninguno de ellos.

- ¿Se puede saber qué fue eso? - preguntó aprovechando el atrevimiento para codearlo -Wendy Testaburger, ¿ella no es menor que tú por tres años?

- ¿Lo es? No lo sabía - fue lo único que supo responder largando una sonrisita despreocupada y un movimiento de cabeza, gesto que adoptó de Kenny, quien siempre hacía eso cuando quería disimular-sin-disimulo su improvisado plan.

-Ajá... entonces aprovecho para decirte que es menor que tú por tres años, Stanley. Te lo repetiré las veces que sean necesarias.

-Gracias, espero que cuando sea viejo y me cueste recordar mi propia edad, también me lo repitas las veces que sean necesarias.

-Cuando estés casado con Wendy eso ya no será muy necesario. De seguro ella te lo repite.

-... te lo repite mientras hacen sus cositas - murmuró Kenny abrazando del hombro a un sonrojado Stan-. Apresúrate, Romeo. Ya hay una larga fila por delante y hoy es nuestro turno de comprar - dijo empujando al pelinegro hacia el inicio de la fila. Kyle rió por lo bajo.

-Agh, Kenny se la pasa diciendo puras estupideces - murmuró Cartman sentándose a su lado y dejando caer el maletín a un costado de la silla.

-A lo mejor... ya tuvo su experiencia e indirectamente nos lo quiere decir -respondió a su vez Kyle.

Sacó su cuaderno de apuntes para revisar las tareas que tenía hasta el momento. En algún punto de su vida su madre dejó de revisarle cada trabajo hecho, por lo que se vio en la obligación de ser más responsable a la hora de usar el tiempo. No fue muy difícil encontrar la autonomía por sí mismo, solo fue cuestión de organizarse y autodisciplinarse como cualquier otro chico de catorce años lo haría.

O al menos un chico de catorce años promedio... ¿no?

Miró de soslayo a Cartman quien jugaba con las servilletas encima del comedor, haciendo y deshaciendo dobleces, rompiéndolo y soplándolo. - Deberíamos jugar otra vez... La última vez que fui el mago hicieron trampa, malditos - murmuró frunciendo el ceño y alzando un pequeño sombrero de papel con una sonrisa amplia-. Esta vez les ganaría.

Kyle pestañeó con sorpresa ante lo que dijo. ¿Cuándo fue la última vez que jugaron eso? Honestamente no lo recordaba pero algo pesó en su pecho al pensar que hubo una "última vez" y ni siquiera se acordaba.

-Nunca hicimos trampa, culón. Si ganábamos era porque mi reino élfico era mucho mejor que el tuyo, más preparado y menos malvado. Nadie quería unirse a ti porque eres demasiado egoísta, no servías como líder - dijo como única respuesta, mirando con diversión como Cartman fruncía el ceño y se giraba hacia él-. ¿Me lo vas a negar?

Se quedo en silencio por unos minutos, en los cuales Kyle dejó de mirarlo y continuó revisando sus apuntes, intentando centrarse solo en eso y no en la mirada intensa de Cartman.

-¿Sabes qué está pasando en Europa? - preguntó de repente, borrando por completo cualquier otra expresión en su rostro. Sin embargo, él no borró su sonrisa, solo le devolvió la mirada, expectante.

-Hay... muchas cosas ocurriendo en Europa -murmuró frunciendo el ceño, empezando a entender a dónde quería dirigir la conversación-. Si te refieres a que el verdadero nombre de Butters es ahora el de un rey en Bélgica, estás siendo un tonto.

-No...

-Y si te refieres a lo del nuevo canciller de Alemania, estás siendo un malnacido de mierda.

-¿Así que lo sabes? - sonrió asintiendo mientras jugaba con el sombrero de papel, abriéndolo y cerrándolo con sus manos regordetas-Te superas, Kyel porque aquí casi no llegan esas noticias. Los medios de comunicación no quieren que lo sepamos, me pregunto por qué.

-Para evitar conflictos... ¿tal vez? Además, ¿quién sabe? Son solo rumores de viajeros, debe ser una mentira o pueden estar exagerando. ¿Alemania hablando de una única raza aria? ¿Realmente eso tiene sentido?

-No lo sé. Es decir, podemos saber lo que pasa en nuestro propio contexto, Khal, pero la realidad es una cosa muy diferente. Dependemos de un canal que nos transmita la información que queremos y no queremos saber y tenemos que confiar en lo que ha sido creado hasta ahora porque no tenemos otra opción -susurró encogiéndose de hombros mientras sus ojos se centraban nuevamente en el sombrerito. Tenía una mirada dulce... venenosa. No supo descifrarlo a tiempo-. Pero tranquilo, aquí nadie te atrapará. Papá Roosevelt no dejará que te atrapen- dijo poniéndole el sombrerito sobre su ushanka y palmeándole el hombro, despacio, como saboreando hasta el último cambio de expresión.

-Estás demente - murmuró apartando su mano con una mueca de molestia-. Y no me vuelvas a tocar- tomó el sombrero de papel y le hizo una bola antes de levantarse y caminar fuera del comedor.

A veces Eric podía ser un idiota insensible....

.

.

.

5 de enero del 2019

-Ahí está... -susurró Isaac sosteniendo fuertemente el celular entre sus dedos mientras miraba con atención el retrato de una de las familias mejor acomodadas del pueblo. Cuando pensaba en dinero fácilmente podría pensar en el tío abuelo Token, pero frente a él estaban tres familias y una de ellas era la de Eric Cartman.

Una foto familiar... muy seca...

Una madre, un padre, dos niños. Al parecer el menor era Eric, cabello castaño, ojos claros, mirada seria, algo gordito. Su hermano mayor era diferente a él, pelirrojo, su seriedad parecía ser más aburrimiento que cualquier otra cosa.

Pero ahí estaba. Encontró al primero.

Isaac sonrió y enfocó el retrato con su cámara. Quería capturar todo lo que encontrara, incluso si eran cosas que no parecían tener importancia. Sentía que todo serviría en algún punto de su búsqueda. Además estaba en un museo, ¿Cómo perder la oportunidad de tomar fotos de la historia de ese pueblo que tanto le intrigaba? A veces deseaba haber crecido en un lugar como ese, tan pequeño y acogedor, en donde todos se conocían.

Desearía también haber conocido a Kyle y Eric y preguntarles ¿qué había sucedido? ¿Por qué murieron tan... jóvenes? Y ¿por qué juntos?

Suspiró mirando las fotos. Apenas empezaba pero no iba a detenerse hasta descubrirlo todo.