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Selfship: Soldier Boy x Eline

Summary:

Fic selfinsert donde guardaré mi historia con Soldier Boy y la de un amigo con el capitan america en un pequeño crossover

Chapter 1: Stean pt.1

Chapter Text

 

—Así que aquí estamos.

—Sí, ya te estabas tardando.

Dean estaba encadenado a su silla, el lugar a su alrededor estaba deteriorado y sucio; lo único que parecía nuevo era el plástico de tres metros de largo que cubría tanto el piso debajo de él como la pared a sus espaldas. Su enemigo estaba sentado enfrente de él en una silla igual a la suya (despegable y de metal oxidado), solo que él la utilizaba al revés para dejar descansar sus brazos sobre el espaldar viejo y decadente como debería de verse el soldado con más de dos siglos de vida. Dean no sintió miedo, aunque cualquiera le hubiese aconsejado hacerlo y mucho… hasta que implorara por el perdón que dudaba recibiría de aquel monstruo al que alguna vez quiso tanto.

Soldier Boy parecía relajado, no era la primera vez que la sangre de un inocente correría por sus manos y no sería la última, pero esta ocasión era especial. El soldado preferido del pueblo se lo había tomado con calma, pensó bien su plan para asesinar al hombre encadenado y la precisión de su ataque al momento de secuestrarlo no pudo ser eclipsado ni por la ira o la emoción que siempre le invadían al luchar… al hacerle daño a las personas. Ben ahora estaba calmado, porque quería disfrutarlo antes de tomar el mazo que colgaba entre sus manos y volver a aquel humano en una pasta irreconocible que vendería a cualquier restaurante chino solo por diversión.

—¿Qué estás esperando? —inquirió Dean con la voz forzada y completamente hambriento. El humano no quería saber cuánto tiempo había pasado cautivo, era mejor no saberlo —Ya terminé contigo, deberías seguir adelante.

¿Qué hizo Dean? ¿Qué fue tan malo como para que la joya de la nación se ensañara con la fantasía de acabar con su vida? Soldier Boy se rió por lo bajo al escuchar al joven periodista. El hombre era un prodigio, uno lastimosamente humanista que los mismos héroes que le dieron caza habían alentado cuando era pequeño, cuando Dean era un niño había deseado fervientemente en algún día ser un héroe, ser como el Soldier Boy que la televisión tantas veces le había repetido que era la voz del pueblo y de los que no podían defenderse.

A sus inocentes ojos era un manto que protegía al mundo... Pero qué ciego estaba. Ya no más.

—Lo dices como si no pudiera recuperar el amor de las personas, soy el maldito Soldier Boy, niño. Después de esta noche nadie recordará ni siquiera el color de tus horribles gafas —el súper escupió las palabras como vinagre, su cara era estoica, pero aquel tono de voz… Esa entonación tan característica rezaba que el hombre ardía por dentro —No eres importante. 

Dean comenzó a sudar, el lugar estaba cada vez más caliente. Lo cual era gracioso ya que estaban en pleno invierno.

—Te quité 50% de aprobación con un documental apoyado por el medio indicado, “señor intocable” — se mofó Dean con sus últimas fuerzas, aceptando su muerte y estando feliz de que antes de llegar al tramo final de su vida hubiese sido capaz de arrastrar el cariño de las personas por aquel demente a la tumba junto con él —y si crees que es el único que filmé estás muy equivado. Eres una vergüenza y no tardará mucho en llegar otro como yo que te lo recuerde.

Nunca conozcas a tus héroes. 

Era aún más grande, estaba a pocos años de acabar la escuela y entrar a una universidad, era el comienzo de la madrugada y Dean había cometido la insensatez de salir a trotar. Ese día fue raro, sus rutinas se habían atrasado y él mismo no había reaccionado a ello para corregirlas, cada noche salía a trotar dos horas entre las 8 y las 10 de la noche justo a tiempo para regresar a casa. Sin embargo, ese día en que toda su rutina fue aplazada tres horas vio algo que lo aterró hasta la médula; era Soldier Boy, el héroe de su infancia, el hombre al que había idealizado tanto hasta el punto de enamorarse de la figura que los medios vendían de él, pero todo aquello fue mentira, Dean lo supo en el instante en el que el súper aventó un auto entero a una casa que se vino a abajo como si estuviese hecha de naipes.

Estuvo presente en un horario improbable en el peor lugar posible.

—Que vengan entonces, acabarán en esa misma silla. —Dean regresó al presente con la oración del asesino. Los gritos que llegaron a sus oídos esa trágica noche ya no podían alcanzarlo para este punto, el dolor de ver a su héroe generando destrucción, gritos y un excesivo derramamiento de sangre por vanidad había quedado atrás. Se había librado del arrepentimiento por tanto cariño a esa insana relación parasocial cuando mandó el USB a las oficinas de una empresa enemiga de Vought que estaba emergiendo con fuerza en el medio.

No eran buenos a los ojos del periodista, ningún súper lo era y listo. Pero en este punto de su historia cualquier cosa era mejor que Vought y los fenómenos que mantenían encapsulados en sus sótanos. 

—Mátame —Dean miró al soldado con una convicción total; miraba más allá del súper, estaba hablando con el chico sin padre que buscó llenar todos los vacíos de su vida con drogas, patriotismo y fama inmerecida. Le estaba enviando un mensaje, Dean estaba apunto de perder la batalla, pero a cambio ganaría la guerra —Anda, ¡vamos! No te contengas, esto va a ser divertido.

Si sus documentales, archivos y su vídeo casero haciendo responsables de su muerte a Vought y a Payback lograban ver la luz del día entonces él sería el primer hombre en desenmascarar a los héroes. Se convertiría en un mártir que no vería un mañana ni su victoria sobre aquel maldito súper adicto a la meta. Pero qué la sentiría resonar en el universo pasaran los años que tuviesen que pasar.

—Todo este berrinche por la muerte de gente inútil, increíble —gruñó el súper soldado finalmente levantándose de su puesto, quedándose a dos pies del sentenciado a muerte con el mazo sostenido firmemente entre sus manos expertas y listas para matar. Dean no cerró los ojos, quería seguir siendo consciente de quién era realmente el bastardo al que todo el mundo le regaló sus esperanzas y sueños en una fina bandeja de plata. —¿Últimas palabras?

—Chúpamela.

—Qué original —Soldier Boy se rió mientras alzaba en alto su arma homicida, los detalles de su traje no eran visibles como lo eran bajo la luz del sol rodeado de miles de seguidores o como lo fueron en la noche que quedó impresa en las retinas de Dean. No, su traje era oscuro y no se apreciaba bien entre tanta oscuridad, pero un brillo repentino abriéndose paso a través de lo inmaterial al rasgar un punto en el espacio fue suficiente para que hasta las líneas doradas del enigmático símbolo en el pecho del súper quedarán a disposición de los ojos del periodista.

En menos de un segundo el cuerpo de Soldier Boy fue arrojado al otro lado de la sala por la fuerza arrolladora de un escudo que silbó en el aire antes de regresar como un boomerang a un brazo que emergió de la brecha blanca a pocos metros de la silla de Dean. Dos hombres traspasaron la barrera de lo imposible, uno era un soldado de vestimenta azul con un cabello rubio brillante peinado hacia atrás con unos preciosos ojos azules que se detuvieron momentáneamente en él. Fue solo un segundo, pero el hombre que llegó para salvarlo le dió una sonrisa calmada y afable antes de volver a lanzar su escudo en otro ataque contra el hombre inmortal con el águila vibrando en su pecho lleno de ira ciega. El otro hombre ya conocía a Dean directamente, compartieron una curiosa conversación antes de que Dean le entregase su primer documental sobre los crímenes que Payback había cometido en la primera mitad de su carrera antes de la horrible muerte de Black noir y la condesa carmesí.

Su nombre era Reed Richards y, en contra de lo que Dean pudiese pensar, era un súper que quería hacer un buen cambio. Era el dueño de la más grande competencia de Vought y era la mente del momento, era el nuevo Tesla con sus extremidades extendiéndose tanto como su cerebro en pro de la humanidad que tanto amaba.

—Es una pena que volvamos a vernos bajo estas circunstancias, Dixon. —fue lo que le dijo el científico sacando de su traje un vial con una solución diminuta que al gotear sobre las pesadas cadenas del humano se quebraron al instante. Dean escuchó la lucha con atención, los dos súper soldados estaban a la par en tácticas de pelea y aún así aquel escudo de la mano del rubio sin duda estaba haciendo a Soldier Boy pasar un mal rato. —Sé que no debí dejarte marchar sin protección, pero nadie tenía la fuerza para combatir al soldado a excepción de- bueno, él mismo.

—¿A qué te refieres, Richards? —el científico jaló a Dean consigo, cada vez más cerca de la brecha abierta y de un resplandor blanco que no dejaba ver el escenario al que serían teletransportados. Él mismo, Soldier Boy . ¿Qué clase de locura era esa? 

—Para hacerlo corto —Reed bajó su voz, aunque dudaba que alguno de los dos hombres les prestarán atención aún si se pusiera a gritar el punto débil de su rival. —Busqué por el multiverso a una versión buena de Soldier Boy y la pedí prestada para arreglar este desastre, lamento mucho la tardanza. Debió ser una semana horrible.

—Nada que no pueda perdonar si nos sacas de aquí. — la pelea era perfecta, eran golpes precisos y bien ejecutados dados por ambas partes y el choque del escudo arrinconando a Soldier Boy era lo más perfecto del mundo, aquella versión genuinamente buena del héroe al que tanto detestaba lo estaba dando todo de sí por salvar a un desconocido, luchaba como una fiera por un humano común y corriente que ni siquiera era de su mismo mundo. Dean por un momento se sintió como un niño una vez más, lastimosamente se obligó a ahogar esa sensación: No iba a dejar que pasara otra vez  —¡Rápido, sácanos ya!

—¡Por supuesto! —Soldier Boy comenzó a brillar con intensidad, la oscuridad de la noche ya no tenía influencia en el lugar lleno de luz, pero aquel rubio alto seguía dándolo todo como si no sintiera la carne de sus mejillas quemarse con cada golpe que el jodido soldado le asestaba. Él seguía dándolo todo como si pudiera seguir así por 70 años, porque para Steve Rogers valía la pena. Era lo correcto, sí al recibir esos golpes podía salvar una vida inocente entonces todo habría valido la pena al final del día.

Reed tomó a Dean y lo arrojó a la brecha abierta de su invención enrollado en un brazo protector. Soldier Boy detuvo sus golpes, un grito poderoso salió de su garganta y en un segundo el científico del siglo tomó a la antítesis de Soldier Boy por el cuello antes de arrastrarlo con él al portal que cerró al instante en que la cabeza de Payback explotó destruyendo por completo el lugar donde había decidido acabar con la vida de Dean. La onda expansiva alcanzó a entrar con ellos al portal antes que la radiación, dejando a los tres hombres volar por el aire para chocar contra varios inventos y máquinas que se hallaban en el taller del científico. Todo salió a la perfección.

Dean sintió cada hueso de su cuerpo crujir al levantarse del suelo y salir de entre las extremidades excesivamente largas de Richards. Jamás se acostumbraría a la sensación de ser salvado por un súper, eso podía darlo por seguro. No obstante, estaba infinitamente agradecido con Richards y el buen soldado de otra realidad. 

—Hey, ¿Te encuentras bien? — el súper soldado se acercó a él brindándole una mano amiga, pero al notar en el humano el miedo al escudo que colgaba de su brazo se sacó su fiel arma dejándola a un lado para ayudar a Dean a levantarse —Estás a salvo ahora. 

Dean examinó el rostro del hombre, era completamente diferente a Soldier Boy. Parecía que en lo único que eran idénticos era en el medio de trabajo y ni siquiera era tanto así, en ningún momento vio a Rogers intentar reaccionar con un rayo radiactivo en contra de su yo alterno. La adoración por la vida que se encontraba en los ojos amables y humildes de Steve era algo de lo que Ben y la mayoría de los súpers de su mundo carecían.

—Muchas gracias, eh… ¿Ben?

—Me llamo Steve Rogers, soy el Capitán América y no voy a permitir que vuelvan a hacerte daño. Tienes mi palabra. —Ni en el nombre se parecían. Steve siguió sosteniendo las manos del humano, eran frías y grandes, las manos de Dean encajaba perfectamente con ellas y, tras ahogarse con el ardiente odio de Soldier Boy, aquella frialdad fue como un bálsamo para su espíritu. Era un momento precioso el que compartieron hasta que el científico tirado en el suelo los interrumpió.

—¿Alguien puede ayudarme a levantarme? Creo que una de mis manos está gravemente herida

—¡Oh, claro! — exclamó el súper soldado de finos ojos color rubí alejándose finalmente de Dean para socorrer al científico que efectivamente tenía quemaduras dignas de una peli de terror en su mano derecha que llegaban hasta su antebrazo —Lo siento, doc.

Dean observó como las orejas del hombre que había demostrado ser una fuerza capaz contra el súper más peligroso del mundo sonrojarse violentamente. Ojalá hubiese podido burlarse del súper por aquello, pero él estaba en las mismas condiciones. Aquí vamos otra vez… malditos súpers.