Chapter Text
Cuando Tomás Holder se despertó se sentía raro. Tardó un par de segundos en darse cuenta de que no estaba viendo el techo de su casa si no el de Gran Hermano. "Claro" pensó "me metí a un reality" y trató de levantarse. No pudo. No importa cuanta fuerza hizo, no podía levantar el torso, se giró y notó que la cama era demasiado grande.
"¿Qué carajos?" Pensó.
—¡Tomi!— lo llamó Martina.
"Marti" quiso decir pero no podía, estaba tieso. ¿Era esto una parálisis de sueño?
—¡¿Tomi?! ¡¿QUÉ TE PASÓ?!— gritó.
Y se acercó corriendo a la cama. Tomás la veía gigante, ¿cuándo había crecido tanto?
De repente fue agarrado y levantado de la cama. ¡¿Martina le estaba haciendo upa?! ¿Tanta fuerza tenia?
—Dios, tomi...
Tomas giró la cabeza hacia el espejo y comprobó con horror que ahora era un baby Holder.
[×]
—¿Pero cómo pudo pasar esto?— preguntó Juan escandalizado por octava vez mientras caminaba por toda la cocina. No tenía sentido.—¿Podes parar?
Agustín levantó la manos y dejó lo que estaba haciendo: golpear una cuchara contra la mesada al ritmo de una canción de marama.
Tomás lo miró con duda, ¿por qué había dejado de entretenerlo? Él quería golpear la cuchara, le gustaba la canción...él era el bebé, ¿no les importaba que ahora fuera del tamaño que tenia a los doce meses? ¿No podía hablar y ahora tampoco podía jugar con la cuchara? Abrió la boca y empezó a gritar.
Después de descubrir que era un bebé no habían pasado ni cinco minutos antes de que Tomás descubriera su sorprendente capacidad pulmonar y la habilidad de dejar salir lágrimas. Ahora le había agregado un pataleo solamente por propósitos teatrales.
—¡¿Lo podes callar?! — gritó Alfa. Holder se rió en su mente, a este le iba hacer la vida imposible.
—Ay, Tomi...sh...shhh...bebé.
Romina estaba dando todo de sí para tratar de calmarlo. No había caso. Holder disfrutaba de verlos a todos desesperarse. Él quería la cuchara.
—Tomá, bebé, mira...— Agustín empezó a golpear la cuchara contra la mesada y Holder se calló en automático.
Agustín era su favorito, le había caído bien entrada. Se refería a él como "gordo" en su mente y quería meterlo en los monitos. Todavía no sabía de su sorprendente capacidad musical con objetos culinarios, ¡estaba lleno de sorpresas!
Holder dejó salir un gritito emocionado y aplaudió. Acto seguido le tiró los brazos a Marcos que estaba apoyado contra la mesada mirando todo impasivo.
—Quiere que lo agarres.— señaló Agustín lo obvio. Marcos lo miró con incredulidad. —Dale, Marcos, es un bebé.
—Es Holder.— dijo, con la misma cara que uno le pondría a la caca pero sin demostrarlo demasiado. Solo Holder se daba cuenta de su desprecio. Se odiaban.
Una mueca de Agustín fue suficiente para que Marcos lo levantara tratando de poner la mayor distancia posible entre sus cuerpos. Tomás se tiró encima de Marcos y le agarró el pelo, soltando grititos agudos cada vez que el otro se quejaba.
Aaaaa, tal vez ser un bebé tenia sus ventajas. Tomás se iba a divertir mucho.
[×]
-¡Que asco, Tomás!- gritó Romina con la cara llena de pis.
En algún momento de la tarde Romina decidió que no podían tener al bebé solo con una camisa. Así que usando sus habilidades de madre todo terreno recortó un pedazo de tela a la antigua, y le hizo una especie de pañal. Tomás estaba bien con eso, parte de ser bebé significa usar pañal. Whatever. Siempre y cuando pueda seguir torturando psicologicamente a los participantes está todo bien. Aparte tenia un plan... entonces cuando Romina lo apoyó en la mesa y le sacó la camisa, Tomas la meó. Literalmente. Un chorro derecho a su cara de forra mala leche. No podía parar de reírse. "Sufrí, bruja" pensó.
—¡Sos un bebé malo! ¡Que te cambie otro!— Romina se metió al baño dando un portazo.
Tomás empezó a los gritos, ¿qué se creía dejándolo ahí en la mesa? Si así trataba a las hijas lo primero que iba a hacer Tomás cuando recuperara su forma era mandarle un asistente social.
—Aw...bebé.— apareció Agustín en la cocina.—¿Te dejó sola esa mujer mala mala?
Agustín lo levantó mientras hacía un puchero falso y Tomás soltó un grito a cambio. Agustín podía ser su favorito pero tampoco le caía tan bien. El tema acá era Marcos. Y como siempre donde está Agustín estaba Marcos, el chico apareció un segundo después. Tomás gritó más fuerte y no perdió el tiempo en tirarle los brazos. Agustín se lo pasó y Marcos lo agarró como pudo de la sorpresa.
–Te re quiere, boludo.
—Está desnudo.
—Es un bebé, Marcos. Por dios. Sostenelo mientras voy a buscar alcohol para limpiarlo.
Tomás le gritó a Marcos y pataleó.
—Uh...
Marcos y Tomás se estaban mirando fijo. Un duelo de alfas. Obviamente Tomás tenía la mano ganadora. No había nada que Marcos pudiera hacer sin ser acusado de maltrata bebés ¡o peor! Sin que se enoje Agustín. Tomás le pegó una patada en el pecho.
—Mira, Holder, yo sé que vos me entendes así que no me jodas.—dijo Marcos sentandolo en la mesa.
"¿Ah si? ¿Me amenazas? Chequea esta, maestro" Tomás se tiró con toda la fuera que pudo hacia atrás. El golpe de su cabeza contra la mesada resonó en la cocina. Le tiró una sonrisa a Marcos que se había acercado corriendo y empezó su acto.
—¡Tomi!—todos los participantes entraron corriendo a la cocina, incluido Agustín.
—¡Marcos, te lo di dos segundos y te dije que lo cuidarás! ¿Qué te pasa?—Agustín fue el primero en agarrarlo y abrazarlo contra su pecho.
Tomás se reía en su cabeza de la cara completamente avergonzada de Marcos, en el exterior estaba gritando como si lo estuvieran matando.
—Ya está, bebé, ya pasó. Estás bien. —Agustín le acariciaba la cabeza mientras lo llevaba a la pieza con Marcos siguiéndolos como un perrito retado. —No se puede creer, Marcos. ¿Cómo lo vas a dejar así?
—Pero yo no fui, Agu, lo dejé en la mesa y él se tiró para atrás.
Tomás se rió más fuerte por dentro sin parar de llorar. Claro échenle la culpa a la inocente criatura que no se puede defender.
Agustín lo ignoró completamente y siguió arullando al baby Holder para que se calmara.
— Tu y yo nena nivel cien quiero pasarla bien una noche contigo cintura de diez...— cantó.
Tomás se calmó y se quedó muy quieto mientras era cambiado. Por su buen trabajo recibió besitos en el cachete que aceptó sin dejar de mirar a Marcos en ningún momento. Esto era la guerra.
