Actions

Work Header

The Amazing Spideroier

Summary:

La primera vez que Spreen regresó de sus exploraciones por la Isla Quesadilla, descubrió que Roier estaba bailando en un caño de una discoteca cualquiera. Y ahora que ha vuelto por segunda vez, ¿descubre que es un puto superhéroe que dispara telarañas por las muñecas? Que le den un poco de respiro.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

 

Roier se puso su máscara negra de un tirón y se colocó los auriculares.

 

Apenas se estaba acostumbrando a su nueva habilidad, pero en cuanto una canción de Eminem empezó a sonarle en los oídos, disparó una telaraña a lo alto de su torre y se balanceó por el jardín con una sonrisa de júbilo.

 

Todo era nuevo para él: días después de ser picado por una araña, se despertó con una fuerza, resistencia y agilidad impresionantes, así como con la capacidad de agarrarse a casi cualquier superficie con las manos y los pies. Y no solo eso, se dio cuenta de que podía lanzar telarañas desde sus muñecas, lo que en verdad le resultaba alucinante y repugnante a la vez.

 

Lo había mantenido en secreto para el resto de los habitantes de la Isla Quesadilla, y ni siquiera sus amigos íntimos eran conscientes de ello. El único que conocía sus poderes era su hijo Bobby; en cierto modo por accidente, en cierto modo porque casi siempre estaba con él, así que estaba ansioso por convertirse en una especie de vigilante de la justicia en la isla y que el huevo fuera su fiel compañero.

 

Debido a la máscara, no sentía el aire en la cara, pero sí la presión que ejercía una vez que se balanceaba hacia el frente. Su vaivén era un tanto caótico, lanzando más telarañas cada vez que sentía que se acercaba al suelo de su jardín y chillando cuando estaban a un pelo de no pegarse a ninguna superficie firme. Deseaba tener más espacio para practicar sus balanceos.

 

—Che, ¿qué poronga estás haciendo, boludo?

 

Roier había agarrado su tela de araña y se disponía a disparar otra, pero de alguna manera, consiguió distinguir una voz a pesar de la música y le pilló tan desprevenido, que fue incapaz de tomar la siguiente; en consecuencia, cayó al suelo a unos metros de su inesperado visitante argentino.

 

—¿Roier? —Spreen le miró con cierta preocupación.

 

Él se levantó en cuestión de segundos y empezó a reír con nerviosismo.

 

—¿Quién es ese tal Roier? —No tardó en preguntar, pero entonces se dio cuenta de que no había cambiado la voz, por lo que procuró engrosarla y aparentar serenidad—. Más bien, ¿quién eres y qué andas haciendo por acá?

 

—Roier, ¿sos pelotudo o me estás gastando?

 

Roier se quitó los auriculares y se aclaró la garganta.

 

—La- La neta es que no le caigo al chiste. ¿Quién es ese tal Roier? —repitió.

 

—La pregunta no es esa, sino por qué andabas balanceándote en tu jardín como un mono y cómo lo estabas haciendo —respondió el híbrido de oso, cruzándose de brazos y echando un vistazo a la tela de araña que permanecía pegada a la torre—. Te estuve mirando desde mi casa, no te hagas el boludo que se escucha tu griterío desde acá. Decime de una vez, Roier, ¿qué carajo es todo esto?

 

Sería inútil negar que ahora mismo no sentía el corazón en la garganta, pero en aquel momento estaba rodeado de callejones sin salida y aquellos ojos violetas parecían capaces de leerle como un libro abierto incluso bajo la máscara negra. ¿Había revelado sin querer su identidad secreta de superhéroe a su vecino incluso antes de tener una?

 

—Te debiste haber dado un madrazo o estás loco. Todo es un pedo mental tuyo.

 

—No, flaco, no me vengas con esa de querer hacerme el boludo, que los dos sabemos que sos un mal mentiroso —refutó Spreen, acercándose más a él.

 

»¿Para qué te pusiste la máscara? ¿Para ocultar tu identidad? —continuó, y Roier odió el tono petulante y algo burlón de su voz—. Porque si esa era la idea, tampoco te ayuda en nada entrenar en el jardín de tu propia casa, gil.

 

—A poco no te cansas de ser tan pesado, cabrón.

 

—¿Me decís pesado por tener sesos en la cabeza? —preguntó el otro.

 

—Ni te hagas —Roier decidió que era una tontería seguir llevando la máscara, por lo que se la quitó y tocó el pecho del muchacho con un dedo acusador—, eres bien pesado por andar de metiche donde no te llaman. ¿Cómo chingados iba yo a saber que ya habías regresado? Si no, me hubiera quedado callado, pero tampoco pensé que alguien vendría, mucho menos que fueses tú. ¿Ya te regresaste del viaje al quinto infierno o te vas a ir de nuevo por otras dos semanas?

 

Spreen soltó un bufido.

 

—Vengo de exploración la primera vez y resulta que sos un gato que baila en el caño, ¿y ahora que vuelvo por segunda vez sos un puto superhéroe? —le reprochó, casi como si fuera culpa suya que no estuviera al día de su vida y no culpa de su propia ausencia—. ¿Esas telarañas son posta?

 

—No, son solo decoración para Halloween, pero aguantan un chingo, ¿eh?

 

—Dale, boludo —insistió Spreen, poniendo los ojos en blanco y acercándose aún más. Si antes solo veía la línea oscura de sus largas pestañas, ahora podía ver todos y cada uno de los pelos que rodeaban sus párpados—, tengo más ganas de que no me rompas las pelotas que vos.

 

—Te lo voy a enseñar, pero escucha bien, Spreen, si abres la boca, vas a ser otro huevo de lo redondo que te voy a dejar con mi telaraña. ¿Entendido?

 

—¿Eso es una amenaza? —Spreen sonrió con suficiencia.

 

Roier disparó una telaraña a las gafas de sol que tenía sobre la cabeza y tiró de ellas. Él fue quien sonrió cuando el otro se quedó de piedra en su puesto.

 

—Tómalo como una advertencia, guapo.

 

Lanzó otra telaraña hacia lo alto de la torre y sintió que sus pies abandonaban el suelo una vez más, esbozando una sonrisa al notar que esta vez el aire le rozaba la cara. Dejó escapar un grito emocionado y echó un vistazo a Spreen, que le contemplaba incrédulo, pero también con una sonrisa en los labios, y que se le veía más menudo que nunca desde lo alto.

 

—¿Y cuál es el plan? —quiso saber el híbrido de oso una vez que regresó a la superficie con él—. ¿Vas a ser el súper héroe de la isla? Somos tan pocos acá que no creo que haya mucha gente a la que salvar.

 

—Pero oye, es una isla llena de gente loca y misterios, así que algo va a salir.

 

Spreen soltó una risita, provocando que sus ojos se achinaran, y respondió:

 

—¿Tenés al menos un apodo de súper héroe piola?

 

—¿Qué te parece el nombre de Spideroier? —sugirió Roier con entusiasmo.

 

—¿Me estás cargando? Bueno, al menos nadie se dará cuenta de que el psicologoier que da sesión de terapioier es en realidad Spideroier, ¿no?

 

Roier no pasó por alto los toques de sarcasmo en su voz y rio de forma seca.

 

—No te pases de verga, wey —refutó el menor sin más—. Superman nomás traía sus lentes pa' tapar su identidad secreta y nadie le chingaba nada.

 

—Porque eso era pura ficción y esto es la vida real. Aunque la gente en esta isla es un poco pelotuda, capaz que nadie se da cuenta de nada. Yo te caché al toque porque te conozco como la palma de mi mano.

 

—¿Apoco sí, mi Sherlock Holmes?

 

Tampoco pasó desapercibida para él la forma en que las mejillas de Spreen enrojecieron en cuanto le oyó, ni cómo sus ojos se desviaron hacia otra parte y parecía ansioso por salir corriendo. Pero él no era de los que huían como cobardes, no a menos que diera la cara primero, así que Spreen le devolvió la mirada y Roier contuvo una sonrisa al notar cómo aquellos ojos violetas se demoraron un poco más de lo necesario en sus labios.

 

—Tranqui, bro, tu secreto está bien guardado conmigo. Me piro.

 

La sonrisa se le borró de la cara en cuestión de segundos y el muchacho parpadeó con desconcierto.

 

—¿Te vas a ir así de volada, pendejo?

 

Spreen ya había movido un pie para marcharse, pero se dio la vuelta al oírle.

 

—Pah, parecía que estabas re laburando antes de que llegara yo, ¿no?

 

—Antes me echaste un sermón por no haberte contado nada y supongo que no llegaste hace mucho tiempo, así que lo menos que puedo hacer es invitarte a un café a la casa y que también me cuentes cómo te fue en la exploración. Además, te puedo enseñar el castillo que armamos con Bobby.

 

—¿No deberías entrenar para salvar a estos? No te quiero arruinar la movida, Roier.

 

El chico mayor se dio la vuelta y reanudó el camino hacia la entrada, pero Roier había echado mucho de menos al bastardo y quería pasar más tiempo con él, por lo que disparó una telaraña a la cintura de Spreen y lo hizo girar para acercarlo a él. Al chico casi se le salen los ojos de las cuencas cuando sus rostros acabaron a escasos centímetros el uno del otro.

 

—Ya le metí suficiente al entrenamiento hoy, carnal.

 

—¿Qué? —Roier casi sintió lástima por él, pero el argentino parecía tan desorientado y como si la cabeza aún le diera vueltas por el repentino movimiento, que le pareció más bien adorable.

 

—¡Va que va! —respondió como si el híbrido de oso hubiera aceptado su petición.

 

Rodeó el cuerpo del otro hombre con sus propios brazos y, antes de que pudiera preguntar nada, le advirtió brevemente que se agarrara bien antes de lanzar otra telaraña hacia lo alto de la torre. Roier nunca había oído gritar así a Spreen, y temía no vivir para contarlo si siquiera lo mencionaba.

 

—¡Hijo de puta!

 

Roier sonrió y le abrazó aún más fuerte mientras se suspendían en el aire.

 

—¿No querías ver cómo me estaba balanceando como un pinche mono por mi jardín? —le preguntó con burla—. ¿O acaso la curiosidad mató al oso?

 

—No significa que tenga ganas de estar tan pegado a vos. Ni hablar si eso implica estar a varios metros del suelo.

 

—¿Y por qué no? No te hagas, que sé que te mueres por estar cerquita de mí.

 

Acercó aún más su rostro solo para provocarle, ante lo cual la cara del chico se puso mucho, mucho más roja. De no haber sido por el firme agarre de Roier en su cintura, el híbrido habría caído en cuanto se hubiera movido con un estremecedor jadeo.

 

—¿Te pongo nerviosito, Spreen? —exageró el timbre grueso de su voz.

 

Y era evidente que a Spreen le estaba costando mantener la calma.

 

—Pará, capo —suplicó con la voz enronquecida.

 

—¿Y qué pasa si no paro, capito?

 

—Roier, la reconcha de la lora, te juro que me tiro al piso desde acá si no me bajás ahora mismo —le advirtió con un semblante un tanto más serio.

 

—Ya, vamos a subir, pero ¿qué tal si jugamos un rato antes? —La sonrisa de Roier se ensanchó, más jocosa que diabólica—. Desde aquí arriba se ve todo bien chido, ¿no crees? Y de paso se ve esa cagada de casa que tienes.

 

—No querés hablar de casas de mierda —le dijo Spreen.

 

—Hablas bien machito para alguien que está colgado de la telaraña de otro wey.

 

—De un pelotudo, más bien.

 

—Pues, acabas de convertirte en el Lois Lane de este pelotudo —contestó Roier y esta vez su sonrisa no desprendía nada más que socarronería.

 

—No soy Lois Lane, deja de decir boludeces.

 

—Chale, Spreen, eres igualito que Lois Lane, no me chingues.

 

—Que no lo soy —objetó Spreen rotundamente.

 

—Sí que lo eres.

 

—¡No, no lo soy! ¿Por qué seguís rompiendo las pelotas con eso, Roier?

 

El aludido estalló en carcajadas y reconoció que empezaba a dolerle el brazo, pero que podía aguantar un poco más. Solo precisaba aguantar un pelín más, lo justo para cumplir su objetivo final con la persona que tenía delante.

 

—Tienes algo de razón —le concedió Roier—, al menos Lois Lane tendría los huevos para darle un buen beso a su vato después de no verlo por semanas y no se le quedaría viendo a los labios como un baboso.

 

Eso bastó para que Spreen le mirara directamente a la cara.

 

—Chale, parece que no está enterado de que mientras no está, hay otros pibes queriendo chamuyarle a su novio —prosiguió entonces con ojos traviesos y su pobre imitación del acento argentino.

 

—¿Quiénes?

 

—BadBo-

 

Roier ni siquiera pudo terminar la frase, boquiabierto por el momento en que Spreen saltó de su agarre y consiguió sobrevivir a la caída tras colocar un cubo de agua en el suelo. Le vio sacar una espada de su inventario y revisar el mini mapa, lo que le hizo reaccionar de una vez por todas y bloquear la entrada con telarañas antes de que su pareja asesinara a su amigo.

 

Se plantó delante de él y contuvo una sonrisa al ver su cara de celoso cascarrabias.

 

—Solo estaba jugando contigo, amor —dijo Roier, con una mirada que esperaba que fuera tranquilizadora—. Por cierto, hay otra cosa que no te he contado: BadBoyHalo tiene una idea de que somos algo.

 

—¿Qué?

 

Roier se mordió el labio inferior y esbozó una mueca.

 

—Ya viste que soy una chingadera para guardar mi identidad secreta. No esperes que pueda mantener nuestro secreto por mucho tiempo, Spreen.

 

Spreen se limitó a suspirar, pero enseguida guardó la espada en su mochila y asintió en señal de comprensión. Roier tan solo observó en silencio cómo daba los pasos necesarios para colocarse frente a él. Y sin previo aviso, el chico de los rizos azabache le besó.

 

Aquel beso estaba lleno de semanas de momentos perdidos, palabras no dichas y auténtica necesidad. Fue como una reafirmación y una puesta al día, y Roier no pudo evitar que un suspiro de satisfacción escapara de sus labios por lo bien que se sentía; Spreen se burlaría de él más tarde por eso, pero Roier no había sido el único que había echado de menos aquello.

 

—Che, subestimé a estos pelotudos, era obvio que se iban a dar cuenta de lo lindo que sos —dijo entonces Spreen—. Pensé que al menos serían vivos para leer entre líneas, pero parece que no todos tienen dos dedos de frente en esta isla.

 

—¿Cómo? —Esta vez fue Roier al que siguió dándole vueltas la cabeza.

 

—Y me parece que voy a tener que frenar un poco con mis aventuras. Spideroier, ponete la mascarita esa porque te voy a dar el primer laburo.

 

Roier frunció el entrecejo, notando como su novio abría de nuevo su mochila.

 

—¿Qué carajos estás hablando, Spreen? —El chico le miró con una sonrisa diabólica y empuñó de nuevo su espada. Roier empezó a negar con la cabeza—. No, no, yo no soy ningún pinche policía, así que no me vengas con esas mamadas de casos de asesinatos o lo que sea que estés pensando.

 

—No lo voy a matar, pero me parece que no le quedó bien en claro la última vez que le di una paliza. Simplemente le voy a hacer acordar al chupapijas ese quién es el que manda aquí.

 

Roier profirió un suspiro cansado.

 

—Sí, ya sabemos que eres el gallo que más cacarea aquí, pero ¿por qué no dejas eso de lado? —propuso y batió las pestañas de forma un tanto coqueta, como si estuviera utilizando todos los recursos a su alcance para convencer al mayor.

 

»Bad ya sabe que me gustas, también sabe que eres de armas tomar.

 

—Obvio que lo sabe. Ya lo puse en su lugar en el cementerio.

 

El más joven hizo caso omiso y persistió en sus intentos de persuasión.

 

—¿No quieres venir a tomarte un cafecito conmigo? Hicimos la vecindad del Chavo del 8 con Quackity, te la puedo enseñar. Y la vecindad también.

 

Spreen resopló por la nariz, y Roier sonrió porque la expresión sombría de aquellos ojos púrpura se iba desvaneciendo poco a poco, convirtiéndose cada vez más en el chico tierno que solo él conocía.

 

—Vente, mi amor. ¿Sí? ¡Ándale! Nos podemos echar un cafecito juntos y hacer como que somos Doña Florinda y el Profesor Jirafales.

 

Y capaz que Spreen estaba pensando en la posibilidad de contarle a todo el mundo su relación con Roier, pero ni en pedo iba a dejar que supieran lo débil que lo hacía sentir Roier. Porque tendría que haberle llevado más de tres segundos aceptar su pedido, pero esos ojos de cordero degollado lo estaban matando y no había forma de negarles nada.

 

Pero claro, seguía siendo Spreen y tampoco había forma de que fuera tan cursi sin compensarlo con una pizca de su esencia, así que mientras tomaba a Roier de la mano y lo seguía a través de los campos, no reprimió el comentario que tenía en la punta de la lengua.

 

—Che, pero posta, si te escucho otra vez haciendo esa voz finita de mina me hago un autotrasplante de tímpanos, ¿entendés?

 

Y porque Roier era Roier, prorrumpió a carcajada limpia y le contestó con jocosidad:

 

—La verdad es que esperaba que fueras tú quien hiciera de Doña Florinda.

 

Notes:

Espero que les haya gustado <3. Es un poquito tomando lo canon y maquillándolo lmao, pero tenía que escribir algo con Spideroier ya que básicamente es canon en el QSMP... y con que le están soplando el bistec a Spreen lmao. Se agradecen mucho los comentarios y los kudos, que me pONEN FELÍH y me animan a seguir escribiendo.