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Detrás del telón (Inacabada)

Summary:

Spreen es un amante de la literatura y el teatro que se niega a expresar sus gustos al público y, por mucho que sus amigos insistan en que debería meterse al club de teatro, él se niega rotundamente, por vergüenza y porque el líder de dicho club es Roier, el chico que le gusta desde que empezó la secundaria. Lo que no sabe es que, por un malentendido, se verá obligado a participar con este particular grupo en el mundo de la actuación y, tal vez en el proceso, será capaz de acercarse más a Roier, ser amigos o incluso algo más.

Notes:

IMPORTANTE:

-Se shipean a los cubitos, nada de streamers.

-Contenido LGBTQ+, parejas homosexuales.

-A quien se le ocurra mencionar este Fanfic a los creadores de contenido me lo como.

-Soy española, por lo que me disculpo si hago un mal uso de los modismos mexicanos y/o argentinos. Si hay algo que tengo que cambiar por favor decírmelo en los comentarios y lo modificaré encantada. ^^

-No hay smut, solo hay fluff y cosas bonitas.

-Respetaré las boundaries de Spreen, no tengo la intención de que la historia llegue a él ni voy a hacer contenido +18.

Poco más, disfrutad del Fanfic! <3

Chapter 1: Bajo las luces

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Spreen era alguien a quien usualmente no le importaba lo que los demás podían llegar a opinar de él, le gustaba ir a lo suyo, ignorando todo lo que pasaba a su alrededor. De hecho, nadie tenía la osadía de meterse con él, probablemente la gente hablaría mal de él a sus espaldas, juzgando su comportamiento, pero tendrías que ser muy imbécil como para decírselo a la cara. No era un chico agresivo, pero tampoco se lo pensaba dos veces antes de amenazar a cualquiera que intentara meterse con él o con alguno de sus amigos.

Por mucha mala fama que tuviera, sus más cercanos sabían que en realidad era alguien empático, que no dudaba en ayudar a quien lo necesitara. Además (esto solo lo sabían Carrera y Robleis, sus amigos más íntimos) sentía una gran admiración por el mundo de la literatura y el teatro, y eso era algo de lo que se avergonzaba.

Carre ya le había dicho más de una vez que debía apuntarse al club de teatro de la escuela y así poder participar en algo que genuinamente le encantaba, pero Spreen siempre se negaba, alegando que tampoco le hacía tanta ilusión. Esto, por supuesto, era mentira. De pequeño solía inventar sus propias historias, escribiendo los guiones en hojas de papel, además de invitar a sus padres a la cocina donde representaba la obra de teatro para ellos, Spreen interpretando todos los personajes.

Había otro punto a favor de apuntarse al club de teatro, a parte de cumplir con su sueño de actuar en un escenario, estaba el líder de dicho club, cuyo nombre era Roier. Tanto Carrera como Robleis conocían el crush que Spreen tenía en el mexicano desde que empezaron la secundaria. Eso era algo de lo que también le hablaban sus amigos, animándole a que podría aprovechar la situación de unirse al club para acercarse más a Roier.

Spreen era terco, negándose, incluso cuando Carre le animaba a acompañarle a ver la actuación de esta noche donde actuaba Robleis, su pareja.

-Dale amigo -insistía el chico tomándole del brazo-, posta te gustará, solías ir al teatro a menudo cuando eras más chico. ¿Por qué no ahora?

-¡Bajá la voz! -susurró enfadado el pelinegro mirando con miedo a su alrededor, vigilando que ningún estudiante les haya escuchado.

Salían de la escuela y, nada más cruzar la puerta, Carrera había invadido su espacio personal (algo que lo ponía de los nervios), interrogándole sobre si tenía algún plan esa noche. Era martes, por supuesto que no tenía nada planeado para hacer, pero se negaba a hacer caso al chico frente a él y acompañarle a ver la obra que el club de teatro había preparado.

-Será solo unas horas boludo.

-¡¿Unas horas?! -Spreen no sabía como hacerle entender que no quería y punto.

-Estará Roier -dijo Carrera riendo por lo bajo.

El pelinegro no lo dudó ni un momento antes de pisar con fuerza uno de los pies de su amigo, quien se quejó en voz alta mirándole de mala manera.

El mexicano era un tema sensible para él, y es que si Spreen era malo en algo, sin duda era en los temas del amor. Había mantenido alguna conversación con Roier antes, pero siempre le pasaba lo mismo: temblores por todo el cuerpo, sudores fríos, su cara se ponía completamente roja y las palabras no querían salir de su boca. Sobretodo cuando el castaño se le insinuaba usando frases de ligoteo o hacía contacto físico con él, poniendo su mano en su hombro. Eso era lo peor para él. Su cuerpo se paralizaba por completo y sentía que hasta sus orejas se enrojecían. Roier solo reía, entretenido con su reacción, y sus amigos también a veces le chinchaban con este tema, sabiendo sobre su debilidad por el castaño.

-Dale Spreen, sos un gil si no venís conmigo -la paciencia de Carrera se empezaba a acabar-. Además, me debés una.

El pelinegro miró a su amigo mientras caminaba, enarcando una ceja, preguntándose a que se refería con aquello.

-Hace dos días -prosiguió Carre-, te salvé el culo cuando tu viejo quería saber donde estabas, le mentí diciéndole que estabas conmigo en mi casa.

Spreen gruñó por lo bajo, dándose cuenta de que no era mentira lo que su amigo le decía y, que en efecto, le debía un favor. Sopesó la situación en su cabeza, tal vez no estaría tan mal pasarse por el teatro esa noche, podría escaquearse y no lavar los platos de la cena con esa excusa incluso.

Suspiró pesadamente y miró a su amigo quien le sonreía sabiendo de antemano que iba a aceptar.

-De acuerdo -prosiguió-. Pero vemos la actuación y nos vamos.

Carrera asintió alegre mientras Spreen ponía los ojos en blanco dándole patadas a una pequeña piedra que había encontrado por el camino. No lo iba a admitir, pero estaba emocionado por el espectáculo de aquella noche.

•••

Por fin eran las 9 y Spreen se miraba frente al espejo, asegurándose de que se veía decentemente. Acomodaba su cabello, enfadándose cada vez que uno de sus rizos no se quedaba de la manera en la que él quería. Escuchó el timbre, sabiendo de inmediato que se trataba de Carrera. Se miró una última vez quitando las arrugas de su suéter y salió de su habitación, caminando hasta la puerta.

Nada más abrirle se encontró con su amigo, sonriendo levemente y saludándole con un leve movimiento de cabeza. Spreen suspiró y cerró la puerta tras de sí, comenzando a caminar ambos hacia el teatro.

Por el camino hablaron de idioteces, bromeando y riendo entre ellos, haciendo que el camino se volviera más ameno y que el tiempo se pasara volando.

Finalmente se pararon frente a las puertas del edificio que buscaban, observando una larga fila de gente, todos ellos siendo estudiantes esperando a entrar al teatro.

-¿Tenés las entradas?

Carrera asintió sacando los dos papelitos de uno de los bolsillos de su pantalón. Robleis se las había regalado, tenía la suerte de que su novio fuera uno de los actores, por lo que recibía entradas gratis.

Se pusieron en la fila, siguiendo el orden y por fin, después de estar unos minutos esperando, entraron.

Carrera fue el primero en tomar asiento, pillando lo que a él le parecía un buen sitio, indicándole a Spreen con una mano que se sentara en la silla que había al lado suyo. El pelinegro le hizo caso, comenzando a sentirse nervioso nada más sus ojos hacían contacto con el escenario.

Amaba tanto la ambientación de aquel lugar, los focos iluminándolo todo, la olor del terciopelo de los asientos, la decoración estilo de la antigua Grecia... Todo aquello hacía que se enamorara cada vez más de todo ese mundillo, invitándole a adentrarse en él y desenvolverse en el escenario interpretando cualquier personaje, le daba igual que papel le dieran, él solo quería actuar.

Por fin las luces se apagaron y Carrera le dio un pequeño codazo en el brazo llamando su atención. Spreen le devolvió el golpe y sus ojos morados miraron directamente al escenario ignorando los insultos por parte de su amigo.

El telón rojo se abrió poco a poco mientras los focos iluminaban únicamente la zona donde los actores actuaban. Spreen sabía que interpretarían "Hamlet" de Shakespeare, Robleis interpretaba a Laertes, uno de los personajes importantes de la historia, quien al final se enfrentaba al protagonista, el propio Hamlet, quien era interpretado por un tal Aldo. Spreen no lo conocía personalmente, pero sabía que era un amigo de Roier, lo había oído hablar de él en más de una ocasión.

La obra transcurrió con normalidad, Carrera le daba pataditas por debajo del asiento cada vez que Roier salía al escenario, interpretando al rey Claudio, y Spreen no dudaba en devolverlas mientras sus mejillas se enrojecían notoriamente.

Finalmente llegó el quinto acto, donde Robleis y Aldogeo se enfrentaban en un duelo, Aldo moría trágicamente a causa del veneno en la espada del otro chico, pero en algún momento de la batalla consigue el arma de Robleis y le ataca, infectándolo con su propio veneno por lo que ambos fallecen.

Pasan las escenas finales y por fin todos los actores salen al escenario haciendo una reverencia en grupo, agradeciendo la atención del público. Spreen no puede evitar que su corazón de un vuelco cuando los ojos de Roier caen en él y una sonrisa aparece en el rostro del mexicano. El castaño le saluda con la mano de forma disimulada y Spreen le devuelve el gesto, sintiendo unas mariposas recorrer su estómago.

Por otro lado Carrera se había levantado del asiento, silbando usando sus dedos, llamando la atención de Robleis.

Ambos argentinos se levantaron de los sillones y el más bajo de los dos tomó del brazo al otro para comenzar a caminar a paso rápido recibiendo múltiples quejas por parte de su amigo.

-¿A dónde me llevás? -preguntaba Spreen sin recibir respuesta.

Carrera se dirigía a los camerinos, más específicamente al de su novio, tenía ganas de verle y felicitarle por su actuación, además tenía otra cosa en mente que quería llevar a cabo para ayudar un poco a Spreen, sabía que podría llegar a molestar a su amigo, ¿pero desde cuando le importaba eso?

Esquivando a distintos actores vestidos con extrañas ropas y maquillados de manera exagerada, llegaron a la puerta numerada. Carrera la abrió de golpe, sin siquiera preguntarse si tal vez el chico que había dentro se estaría cambiando de ropa.

Robleis dio un pequeño grito de sorpresa, con desmaquillante en una mano y una peluca en la otra. Carrera se lanzó a darle un abrazo casi tirándolos a ambos de la silla en la que el otro estaba sentado, mientras, Spreen observaba la habitación con curiosidad, llamándole la atención unos disfraces colgados en unas perchas.

La pareja hablaba tranquilamente, Carrera sentado en la mesa frente a Robleis y Spreen apoyado en la pared interviniendo en la conversación de vez en cuando. El más bajo de los tres se disculpó un momento, diciendo que tenía que ir al baño, saliendo de la habitación.

-Deberías apuntarte al club -le dijo Robleis frunciendo el ceño.

Spreen resopló sabiendo la conversación que se venía ahora que ambos se habían quedado solos.

-Ya te lo dije amigo, no voy a meterme a ningún club por mucho que insistan, y menos a este.

-¿Por qué no querés? -interrogó el otro.

El pelinegro suspiró pesadamente, cansado de la misma pregunta.

-Porque no, punto -desvió la mirada evitando los ojos inquisitivos de su amigo-. Vamos a platicar de otra cosa.

Robleis estuvo a punto de hablar de nuevo, sin embargo la puerta del camerino se abrió de nuevo. Tanto Spreen como Robleis esperaban ver a Carrera cruzar la entrada de la habitación, sonriente, sin embargo la persona frente a ellos no tenía nada que ver con su amigo.

Roier miró a Robleis con las cejas alzadas para después observar a Spreen, quien sintió sus extremidades entumecerse con tan solo tener los ojos avellanas del mexicano sobre él. El castaño sonrió al verle y se acercó a él tomándolo de los hombros.

-Creí que nunca serías capaz, pero neta me has sorprendido -habló emocionado-. ¡Bienvenido al club de teatro Spreen!

El pelinegro sintió como la mente le daba vueltas, no sabía bien si era por el contacto físico del castaño o las palabras del chico.

Carrera se asomó por la puerta segundos después, caminando a paso rápido para posicionarse al lado de su novio, recibiendo una mirada interrogativa por parte de este.

-¿Qué hiciste? -Robleis susurró mientras buscaba entre sus neceseres algo para peinarse el pelo.

Carre se encogió de hombros, riendo.

-Solo hablé con Roier un poco.

Por otro lado Spreen temblaba bajo el tacto del chico frente a él, quien seguía con esa sonrisa que tanto amaba el argentino.

-¿Q-qué? -consiguió preguntar en un hilo de voz.

-No sabía que eras tan cagón wey, solo tenías que preguntármelo -Roier rio sonoramente.

Spreen tuvo la suficiente fuerza de voluntad como para tomar ambas manos de Roier entre las suyas, apartándolas de sus hombros. Miró con el ceño fruncido a Carrera, fulminándolo con la mirada, el otro se escondió detrás de su pareja. Robleis negó con la cabeza levantándose de su asiento y saliendo a paso rápido del camerino, no queriendo saber nada de lo que iba a pasar a continuación, ignorando los llamados de su novio quien pedía ayuda para que Spreen no acabara con su vida en cuestión de segundos.

-Carre la concha de tu re puta madre -murmuró Spreen sin quitar sus ojos violetas de su amigo.

Roier giró su cabeza hacia un lado, mirando a ambos chicos extrañado. Las manos de Spreen seguían tomando las del castaño, algo que también lo confundía, por lo que apretó el agarre con suavidad para llamar su atención.

En efecto el pelinegro se giró a mirarle de inmediato, totalmente rojo, sintiendo como la respiración se le cortaba. Se olvidó de Carrera de inmediato.

-Empezamos el jueves, te enviaré por mensaje el aula en la estamos, ¿okey?

Spreen asintió de forma robótica recibiendo una dulce sonrisa por parte de Roier quien, satisfecho, soltó sus manos y caminó fuera del camerino. El pelinegro observaba la entrada de la habitación por la que había salido el castaño, con la mente en blanco y la mirada perdida. Carrera aprovechó esto para correr detrás del mexicano, antes de que su amigo pudiera notar su presencia de nuevo.

Spreen en ese momento solo tenía dos cosas en mente: la bonita sonrisa de Roier y, lo más importante, ¿qué mierda iba a hacer ahora que había aceptado unirse al club de teatro?

Notes:

Hola! :D Regreso con un Fanfic Spiderbear después de estar casi un mes sin escribir nada de ellos.

Después de ver como el fandom de esta adorable pareja había revivido no pude evitar volver a encariñarme de nuevo con ellos (aunque nunca dejé de amarlos) y como resultado ha salido esta pequeña idea.

Aviso de que estoy con los exámenes para entrar a la Uni por lo que estaré un poco ocupada y no podré actualizar en una semana o así, en cuanto termine volveré a publicar capítulos cada dos días como suelo hacer.