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La meta de convertirse en artista es una de las más bajas que puedes tener.
Ena sabe que para ser una artista tiene que hacer arte -duh- y para hacer arte hace falta practicar y tener un portafolio que enviar al colegio de arte al que aplicará cuando vaya a la preparatoria. Aún faltan un par de años para eso, así que debe estar lista.
Hoy ha seguido el consejo del libro que ha estado leyendo últimamente para ayudarla con su arte.
"Consejo: Sal y bocetea aquello que llame tu atención. Luego trata de prestar atención a que te gustó de ello."
Así que, en pos de labrar su futuro artístico con esmero toma su estuche de lápices y su cuaderno de bocetos, dirigiéndose a cualquier lugar para poder practicar.
Su primer modelo es un gato, y es clara la razón por la cual el gato llama su atención.
Es demasiado bonito, su color negro contrasta con sus ojos verdes, y parece bastante relajado mientras toma el sol sobre el concreto tibio.
Tomar sus proporciones es sencillo, al igual que la construcción de su esqueleto y posteriormente, el bocetaje de su pelaje junto a los detalles más pequeños es más difícil, pero lo disfruta. Los lápices salen y entran en su estuche hasta que el boceto le gusta lo suficiente.
–Gracias pequeño– sonríe antes de saltar por las calles, buscando algo más que dibujar.
La siguiente víctima de sus observaciones es una planta.
Es una enredadera, bastante espinosa además, pero tiene una forma interesante. Si le pone un poco de imaginación, podría ser la cola de una quimera.
No tarda demasiado, el boceto está un poco torcido, pero es un boceto. Sabe que no todo lo que haga puede ser una obra de arte. Si eso fuera así, Ena estaría exponiendo su arte en galerías como su padre en lugar de vagar por las calles y buscando modelos.
El día avanza, compra algo de comer en la calle y luego de ello sigue en su búsqueda de cosas para dibujar.
Las páginas están llenas de grafito al igual que sus manos. Dentro de su cuaderno de bocetos hay bastantes cosas, animales, plantas y personas ocasionales.
Tiene que decir que puede ver el progreso en su arte.
Los bocetos se ven menos torcidos conforme más avanza, las líneas ya no parecen tan sobrepuestas y su sombreado es un poco mejor.
Sabe que no va a volverse la mejor artista de la noche a la mañana, pero tampoco puede desdeñar lo que hace.
Antes de siquiera notarlo, ya está en el parque de Shibuya.
¿De verdad caminó tanto?
No puede preocuparse por eso, los grandes artistas pasan horas y horas pintando. Pasar un día caminando no es nada.
Por ahora, su atención vuelve a su cuaderno.
Dibujar gente ayudará a practicar su uso del lápiz para las proporciones, así que busca a alguien que llame verdaderamente su atención.
Hay bastante gente como usualmente pasa los fines de semana. Hay niños jugando, pero todos son ruidosos y molestos, le recuerdan bastante a su hermano.
Hay señoras mayores, mujeres que van con sus familias y hombres que parecen aburridos. Todos ellos le recuerdan a su propia familia, pero no, Ena quiere ver algo nuevo.
Algo que la haga querer dibujarlo, como el libro dice.
Hasta que sus ojos ven algo rosa.
Es ridículamente rosa.
Ojos rosas, cabello rosa pastel en un lindo corte bob, dejando ver sus mechones ligeramente rizados en las puntas.
Su risa es ladrada mientras los otros jóvenes a su alrededor hacen el tonto.
Ena nunca ha sentido eso, el tirón en su pecho y el calor en su rostro, pero sabe que la sensación es desagradable.
No le gusta la manera en que se siente tan rara.
Sus manos pican con la necesidad de dibujar, y no sabe si es porque la señorita es bonita o porque su ropa es extravagantemente linda. Es molesto.
Alguien tan bonita solo puede darle celos, ¿No?
La sensación se parece vagamente a como se siente cuando la gente llama bonita a Airi y luego agrega algún comentario apresurado sobre Ena.
Al menos la manera en que su estómago se siente revuelto es similar.
Nunca había terminado un boceto tan rápido ni empezado otro a la misma velocidad.
Sus rasgos ligeramente afilados, la manera en que su nariz se arruga cuando ríe.
Su voz es divertida y sus expresiones son abiertas, confiadas, todo aquello que Ena quiere ser cuando sea una estudiante de preparatoria.
La señorita actúa como si supiera lo bonita que es y solo gustara de restregárselo al mundo.
Sin embargo, el momento pasa y la joven se va con sus amigos.
Su cuaderno tiene tres páginas gastadas extra. Tres páginas donde hay una joven garabateada de forma nerviosa, bocetos rápidos e inexactos que no hacen justicia a lo que vió.
Ena no puede dibujar más de nuevo, no hay nada que llame su atención luego de haber dibujado a alguien tan bonita.
Hay una sensación extraña en su estómago mezclándose con una vergüenza que no sabe porque está sintiendo.
Su cuaderno es cerrado antes de que Ena vuelva a casa, donde tiene que molestar a Akito; necesita a alguien para hablar de esa molesta y linda extraña que dibujó.
...
El siguiente domingo que va al parque a buscar modelos, Ena la ve de nuevo.
No es que la estuviera buscando, claramente solo fue al parque porque ahí hay mucha gente para dibujar.
Bueno, ¿Y qué si la estuvo buscando? Simplemente es una buena modelo y tiene ropa bonita, además de que sus bocetos anteriores no hacen justicia a lo linda que en realidad se ve. Está sentada en un banco mientras se ocupa de algo, ignorando todo a su alrededor.
Tiene un cuaderno en las piernas y un portaminas en la mano. Parece concentrada mientras dibuja algo.
Sus líneas son ligeras, se da cuenta. Las imita un par de veces, viendo como su lápiz deja un trazo ligero que apenas se ve en el papel.
Su vestimenta sigue siendo extravagante y hermosa.
Claro, es tan bonita, tiene un estilo lindo y también es dibujante. ¿No podría hacer algo que no pusiera de nervios a Ena?
La joven artista no pierde el tiempo, y sus trazos ligeros vuelven a bocetar a su modelo inconsciente. El cabello rizado siempre ha sido difícil de dibujar, los bucles rosas son difíciles, pero no se rinde.
Borra una y otra vez. Antes cuando solo insinuaba los rizos era más sencillo.
¿Tal vez debería intentarlo de nuevo?
No puede huirlo para siempre, así que hace lo que mejor sabe hacer: toma la situación por los cuernos.
Analiza la manera en que su cabello parece lacio y fino, bajando hasta hacer una onda que se riza ligeramente.
Intenta una y otra vez hasta que el resultado se ve bien.
El cabello es lo suficientemente bueno, así que puede pasar a su rostro.
–Hola– una voz suave y tierna saluda a Ena, quien salta en su asiento al darse cuenta de quién está frente a ella.
Rosa.
Demasiado rosa.
Su rostro arde de molestia, claro que sí, ¿Quién se cree para interrumpirla mientras trabaja para ser la mejor artista del mundo?
–H-hola– el tartamudeo tonto sale de su boca, y se siente humillada.
–Siento molestarte, pero, ¿No tienes un borrador extra? Dejé el mío en casa al igual que los repuestos– su sonrisa es encantadora pero apenada por la petición. Se supone que es mayor que Ena, ¿No debería ser más cuidadosa?
Extrañamente sus pensamientos no salen de su boca, sino que parte un trozo del borrador suave que lleva en su estuche de lápices y se lo da a la joven.
–Tenga– murmura, y solo puede molestarse más cuando toma suavemente el material de sus manos.
Ena se siente demasiado extraña.
–Muchas gracias, pequeña– sonríe y es molestamente encantador.
Demasiado encantador.
–No es nada– su corta interacción acaba, y solo puede seguir dibujando una vez se va.
Es molesto, esa bonita extraña no tiene el derecho de ser tan adorable, ni de hacer que tenga que calmarse cada pocos segundos cuando la interacción anterior le viene a la mente.
Tampoco tiene el derecho de cambiar tanto su expresión cuando dibuja. De pasar de tener el ceño levemente fruncido a sacar la punta de la lengua con concentración. De mirar de vez en cuando a Ena, quien tiene que pretender que está dibujando cualquier cosa más interesante que ella.
Sus bocetos siguen y el lápiz se desgasta hasta que su modelo se levanta, cerrando su cuaderno de bocetos y guardando el lápiz en la espiral.
La molestia de la más joven se dispara cuando la joven vuelve a acercarse. Sus manos cierran de golpe la libreta donde varias hojas han sido gastadas garabateando a la extraña.
Alguien tan bonita y molesta no tiene que saber que la gran futura artista Ena Shinonome ha hecho bocetos usándola de modelo.
Finge que está guardando sus lápices antes de que la extraña llegue con ella. Hay una hoja en sus manos, una que recortó hace un rato, mientras la artista descifraba como hacer que la sombra de su nariz se viera tan delicada como la original.
–Hey, gracias por el borrador– la joven ofrece el borrador que está moldeado en una tierna forma de corazón.
Eso es tan tonto.
–Está bien, puede conservarlo para que no tenga que volver a salir sin uno– sus palabras son bruscas, y espera una reacción como la que le daría Akito o sus compañeros a cambio.
Sin embargo, solo obtiene una risita que la hace sentir cosquillas en el estómago.
Ugh.
–Gracias entonces, eres una salvavidas– es exagerado y carismático, y el rostro de Ena se sonroja más por el enojo.
Sí, enojo.
...
Enojo raro.
Claro.
–Sí, no es nada– es algo, su borrador moldeable es caro. Tiene que ahorrar mucho dinero de su almuerzo para tener sus materiales que no son óleos o acuarelas, así que gastarlos en una extraña es algo que no haría.
Sin embargo, cree que vale la pena haber sido amable cuando la hoja de papel se extiende en su dirección. El grafito suave y los trazos descuidados están ahí.
Ena la toma, analizando el contenido.
–Es un agradecimiento, creo que sería un lindo traje para alguien tan linda– el comentario llena de vergüenza a la menor, quien solo puede agradecer en un murmullo, alabando el diseño que se le entregó.
La extraña se va, pero Ena se queda, viendo el papel.
Un atuendo bastante lindo está plasmado. Se ve un poco moderno y occidental, pero no es feo en lo absoluto.
Los trazos descuidados son bastante buenos, y solo puede guardarlo con cuidado entre las hojas limpias de su cuaderno de bocetos.
Es tan adorable que solo puede admirarlo hasta que se da cuenta de que no podrá dibujar de nuevo.
Ena desea volver a ver a la extraña.
Sin embargo, la extraña nunca vuelve al parque.
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–Enanaaaan– Mizuki se queja mientras Ena está ocupada, haciendo el retrato que la molestia rosa pastel le ha estado pidiendo por días, y para el cual no se está quedando jodidamente quieta.
Si bien se siente halagada por la cantidad de reconocimiento que Mizuki le da a su arte y la manera en que confió en ella para un retrato aún con el cuidado extremadamente psicótico que pone en la manera en que la perciben... Bueno, quiere que esto salga lo mejor posible.
Así que usa cada conocimiento que ha adquirido desde que sostuvo un lápiz para cumplir su misión:
Retratar a la bella diseñadora de la forma más realista y hermosa posible.
Dibujar sus ojos expresivos y sus pestañas rosas es relajante, tiene que admitirlo. El carboncillo mancha sus dedos, pero la hoja está tan impecable como si estuviera usando lápices en lugar de barras.
Se entretiene dibujando los bucles rosas en su cabello suave y esponjoso, usando el borrador para quitar los restos de carboncillo y generar los reflejos de la luz.
La línea de su mandíbula es ligeramente afilada, y poco a poco todo toma forma, aún cuando su modelo se mueve tanto.
El Sekai vacío ofrece el ambiente y el fondo ideal, la manera en que los andamios de fondo unen todo es bastante artístico, si tiene que decirlo.
La sombra de su delicada nariz es linda, pero por ahora, tiene que terminar la sonrisa juguetona y suave que tiene en este momento.
Mizuki no tiene ningún maldito derecho a ser tan adorable, hermosa y jodidamente molesta.
–Mizuki, si no te quedas quieta, voy a hacerte taxidermia para que por un segundo pueda tener paz. Es difícil dibujarte si cambias de posición cada 20 segundos– la amenaza no es real. Solo es una forma de sacar todo lo que se comprime en su pecho en un solo comentario.
–Pero me aburro– su gimoteo la hace rodar los ojos con un desdén totalmente justificado –Ni siquiera me dejas revisar mi teléfono–
–No puedo dibujarte mientras tienes la maldita nariz en el teléfono, además, ¿Qué es más importante que el maldito retrato por el que me has molestado tanto?–
Sus ojos se iluminan y wow, ¿Sus ojos pueden brillar con tanta fascinación por algo?
Hay un cambio que tiene que hacer al retrato.
–¡Mi hermana publicó sus nuevos diseños y están disponibles en una tienda de ropa francesa!– ah, era eso.
Mucho se ha escuchado de la hermana de Mizuki, la joven diseñadora no puede parar de hablar sobre como su hermana es tan buena diseñadora cada que el tema sale a flote por cualquier razón.
Ena escucha solo porque está ridículamente azotada por su mejor amiga, y no puede decirle que se calle cuando se ve tan genuinamente feliz.
–¿Son tan buenos?– la pregunta se escapa de sus labios, y la editora de videos simplemente corre a su lado, sacando su teléfono donde una publicación en Instagram muestra múltiples diseños.
Vaya, sí son buenos.
Pasa las imágenes, viendo cada trozo de tela transformado en una obra de arte.
Ahora entiende mejor la reverencia que Mizuki parece tener por su hermana.
Cada diseño está pensado, no son trozos de tela y patrones insufribles; tienen un tema en específico, patrones cuidadosamente seleccionados para ser disruptivos pero sin ser las abominaciones de Vogue.
Cuando las imágenes se acaban, hace click en el perfil de la hermana de Mizuki, y su respiración se queda atascada en su garganta.
Ah.
Ese rostro es muy conocido.
Tiene al menos un viejo cuaderno de bocetos lleno de él.
El corte bob sigue presente, pero su ropa es más... ¿Masculina? ¿Disruptiva?
Los ojos rosas son ligeramente más oscuros que los de Mizuki, y parece mayor a lo que recuerda, pero está ahí.
Esa chica bonita que había dibujado cuando apenas iba en la secundaria, que había sido su primer acercamiento a su atracción por las chicas y el inicio de su crisis bisexual.
–¡Esa es mi hermana!– Mizuki aclara como si no fuera obvio.
Ahora que todo está en perspectiva, es bastante obvio.
La manera en que los bucles rizados bajan por su cabello, el color rosa pastel, las risas ladradas cuando algo les hace especial gracia...
–Tengo que irme– Ena dice con una urgencia avergonzada, composing the future se detiene y pronto está de regreso en su habitación.
El cuaderno donde está haciendo el retrato de Mizuki es dejado en el escritorio mientras se tira a su cama, gritando en la almohada antes de que Akito grite un improperio y patee la pared.
Ena lo ignora a favor de volver a gritar, sintiendo su rostro sonrojado.
Parece que nunca ha tenido oportunidad contra el encanto de las Akiyama.
