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La mala broma de estar en tus zapatos.

Summary:

Ena se despierta en un cuerpo extraño.

Mizuki también.

O

El bodyswap au que me gustaría haber escrito mejor

Notes:

Bien, persona que lee esto, para acá.

Este aviso es importante, ya que no muchos conocen mis trabajos en AO3 como los conocen en Wattpad o Twitter. Usualmente escribo angst, sobre todo aquel relacionado con la introspección y el horror.

Este capítulo contiene menciones de transfobia interiorizada y horror corporal al igual que una narración pesada que puede desatar algunos gatillazos si no tienes la costumbre de leerlo. Así que estás bajo tu propio riesgo si lo haces.

Si decides continuar, feliz mzen week, día 5: Swap!!!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

 

Mizuki tiene una rutina establecida.

No es la gran cosa, pero mantener las cosas en orden funciona como un sistema que puede evitar un colapso.

Su primera alarma suena a las 6 am para que tenga tiempo de decidir si ir a la escuela vale la pena.

Luego, por lo general, duerme otro poco y empieza su rutina a las 8 am, cocinando el desayuno o comiendo lo que su madre haya dejado en la mesa luego de calentarlo. Viendo anime mientas come o simplemente leyendo tonterías en Twitter.

Pero esta vez no se despierta así. 

Está acostumbrada a la sensación de pesadez en su cuerpo. Los malos días de la depresión la hacen sentir como si le hubieran pasado con un camión encima.

Sin embargo, hoy es peor. 

Su cuerpo no solo se siente apaleado, sino como si tuviera media hora de sueño encima.

Tampoco se despierta con su alarma de las 6:00 AM, sino por una serie de gritos que apenas puede entender.

Todo se siente brumoso y borroso. Es como un sueño lúcido o una caminata nocturna por su casa en la madrugada. Todo es tan brillante y confuso que su mente no registra correctamente lo que pasa a su alrededor más allá de que hay un intruso en su habitación.

El intruso es ruidoso, su cabello es rosa pastel y sus rasgos son familiares. 

–¿Hermana?– sale de sus labios, y el intruso se queda en silencio.

Mizuki sabe que probablemente acertó, así que se incorpora, su rostro se suaviza en una expresión infantil y malcriada. Las sábanas se sienten raras contra su piel, y puede asegurar que todo se siente más grande que de costumbre.

Se limpia los ojos, y se prepara para los abrazos de su hermana. Generalmente es una persona muy física, y Mizuki aprendió a apreciar cada abrazo, cada toque y cada palabra. Incluso es algo que espera en las raras ocasiones en que pueden verse.

Pero nunca llega.

–¿Nee?– pregunta antes de abrir los ojos, viendo mínimo dos cosas que están fuera de lugar.

La primera es la habitación. No hay nada rosa ni está ordenada. Hay de todo por doquier, pinturas, peluches, lienzos y ropa por todo el lugar.

La segunda es el doppelganger que le devuelve la mirada.

Su cerebro aún parece dormido, sabe que tiene que estar en pánico ante la situación, pero no puede.

Su cuerpo está físicamente obligándola a volver a dormir.

Resiste el impulso, mirando hacia abajo. No está su pijama rosa, ni su edredón rosa, ni nada que en realidad sea suyo.

Es como un balde de hielo que congela el tiempo.

Sus manos van a su cabello, intentando encontrar su largo cabello trenzado como usualmente lo usa para dormir, pero no está. En su lugar, mechones marrones y lacios se enredan en sus dedos.

Su cuerpo no es suyo.

Hay partes que puede sentir, y que no deberían estar ahí.

Su doppelganger tiene una mirada desesperada y atónita mientras observa su lenta realización de lo que está pasando.

Oh no.

No...

No.

No no no no no no nonononono.

Puede sentir como su corazón se acelera y se siente claramente al borde de un colapso.

Y aún en esa situación, se siente demasiado diferente. 

La manera en que su cuerpo no responde con ganas de huir como usualmente pasa. No.

Es más fuerte, es ira y es fuego que empieza a consumirla desde dentro. Es como quemar un papel desde el centro.

La ira se transforma en violencia, y la violencia pide a gritos salir, es una sensación que controla cada parte de sus movimientos, la manera en que necesita hacer algo al respecto; necesita desaparecer la fuente de lo que está causando esas reacciones tan viscerales.

Puede sentir unas manos frías sobre las suyas, la voz que le dice que se controle, que todo está bien.

Pero no es suficiente.

Todo se está cayendo a pedazos y el mecanismo con el que su cuerpo está lidiando no es familiar, es extraño y abrumador.

Tanto que puede sentir como todo la abruma más y más.

Y entonces, ya no está en una habitación. No hay más que oscuridad que se extiende por todos lados.

Está sola.

---

Ena rara vez se despertaba temprano. Dormir a las 5 am y tener clases nocturnas generalmente significaba que nunca iba a despertar temprano por más que se lo pidieran. 

Por ello encontró extraño cuando una alarma la despertó a las 6 am.

Probablemente era algo que había configurado con su cerebro semi dormido. Era usual que hiciera cosas que se perdían entre sus recuerdos de los días. A veces simplemente estaba demasiado adormilada para hacer cosas coherentes, y su cerebro procedía a decirle cosas particularmente extrañas que entre la bruma del sueño tenían sentido.

Así que hizo lo más lógico. Apagar la alarma y dormir de nuevo.

Su cama era más cómoda de lo habitual, y tuvo la grata sorpresa de no sentir su cuerpo pesar una tonelada.

Todo se sentía diferente de algún modo, una sensación pequeña pero molesta como una pequeña astilla en el dedo.

Sin embargo, su cerebro no estaba lo suficientemente despierto, así que lo tomó como otra de sus peculiaridades de ese borde entre el sueño y la vigilia.

Entonces despertó una segunda vez una hora más tarde.

No estaba gruñona como de costumbre, su cuerpo no estaba tratando de colapsarse sobre si mismo, y no sentía el horror que usualmente era tener que quitarse los edredones de encima y desperezarse. 

¿Qué había causado un cambio tan agradable?

Se estiró antes de volver a abrir los ojos, aclarando su mirada y acostumbrándose a la luz matutina entrando por su ventana.

Espera.

Esa no es su ventana. Su ventana, in fact, no deja pasar luz. Ena se aseguró de eso.

Por otro lado, su habitación no es rosa. No está tan metodicamente ordenada, su pijama no es tan ligero y rosa, y su piel no es de ese tono tan pálido.

Ena entra en pánico, tomando el teléfono que está a lado suyo para ver su reflejo.

Más rosa.

Cabello, pestañas y ojos. Todo es rosa.

Mizuki le devuelve la mirada con un gesto lleno de pánico y confusión. Su pecho se llena de la sensación desagradable de querer correr. 

¿Eh? ¿Correr? 

Bien, tiene que calmarse. 

Primero que todo. Esa es la habitación de Mizuki. Ha visto suficientes videollamadas y fotos para reconocer la habitación demasiado rosa.

Segundo. Ese es el cuerpo de Mizuki.

Es más delgado y alto, se siente extraño de alguna manera.

No siente la fatiga usual que llena cada recoveco de su mente cuando despierta, y en realidad siente que descansó en lugar de sentir que no ha dormido nada.

Tercero, y más importante. Si ella está aquí, ¿Dónde está Mizuki?

El frío llena su cuerpo con la realización más lógica. 

Si ella está en el cuerpo de Mizuki, Mizuki está en su cuerpo.

Mizuki está en el cuerpo de Ena. El cuerpo que le acompleja tanto.

Grita de terror. Es una maldita historia de terror sucediendo frente a sus ojos, un accidente que no tiene que estar pasando. 

Sin embargo, nadie acude a su grito.

En su lugar, un mensaje ilumina la pantalla del teléfono de Mizuki, mostrando a Mía, el personaje favorito de su amiga, como protector de pantalla junto al mensaje de una tal "Annnnn 🎤⭐"

Annnnn 🎤⭐ 

"Vendras hoy? Akito no irá y Toya tiene algo que hacer"

"di que si porfavor".

An... ¿No es la amiga de su hermano y Mizuki?

Está tentada a revisar algo más en el teléfono, pero hay otra urgencia que tiene que atender, la cual tiene sentido cuando ve cuatro latas vacías en el escritorio de Mizuki.

Necesita orinar.

Buscar el baño de los Akiyama es tarea difícil. Moverse en un cuerpo que no es suyo es bastante complejo. A veces pierde noción de su altura o de la longitud de sus extremidades, tropezando como un cervatillo recién nacido, pero logra llegar. 

No tiene tiempo para admirar la decoración, de verdad no sabe si es el pánico, pero la sensación desagradable de su vejiga llena es aún peor.

Cree que todo ha acabado, que puede relajarse en el baño y luego seguir lo que sea que esté pasando; pero pronto se da cuenta de que no es así.

Y Ena suelta otro grito de terror al que nadie acude.

---

Cuando Mizuki vuelve en si y el ataque de pánico se acaba, se da cuenta de que no está sola.

No tiene ni siquiera que abrir los ojos para que eso pase, la otra persona en la habitación es demasiado ruidosa, y Mizuki reza porque todo lo que vivió antes sea una fea pesadilla.

No es así.

Abrir los ojos le demuestra que está en la habitación de Ena, en un cuerpo que no es suyo.

Su cuerpo está del otro lado de la habitación, en el escritorio, tecleando freneticamente mientras maldice.

Oír su propia voz maldecir es raro, pero es más raro darse cuenta de lo distinto que es el cuerpo de Ena. 

Su cuerpo está más cansado, por alguna razón, y hay algo que la está irritando pero que no puede identificar. Es una sensación de malestar general que le hace preguntarse: "¿Cómo diablos puede vivir así?".

Es horrible, y esto está acentuado por el colapso.

–Ugh– se queja mientras trata de incorporarse, el miedo aún está en su cuerpo, y tiene la ligera esperanza de que Ena no haya tenido que ir al baño.

Sin embargo, Ena no lleva el pijama con el que Mizuki durmió. Lleva sus habituales ropas favoritas.

La joven ahora pelirrosa voltea en cuando escucha el ruido. Sus ojos muestran una mirada que solo ha visto en pesadillas, cuando sueña con espejos y palabras desagradables.

Es esa mirada extrañada y fría que tanto detesta, llena de dudas, pero de una templanza que le hace saber que no importa lo que diga, porque caerá en oídos sordos.

–Despertaste– su propia voz es alienígena, tiene la inflexión de Ena, pero es su voz. La disonancia cognitiva es demasiado grande, es como estar frente a un impostor.

–Yo... ¿Sí?– la pregunta sale extraña. Demasiado débil y vulnerable para ser Ena, pero de todos modos es Ena.

–Tenemos que hablar– su voz es severa, y sus ojos se endurecen.

Sabe que era inevitable. Que cualquiera que se acerque tarde o temprano sabrá su secreto, porque las malas lenguas adoran esparcir veneno y porque una vez que alguien se acerca lo suficiente, siempre hay un desliz que la delata.

N25 había sido el lugar donde creería que eso no iba a pasar.

Eran 4 extrañas haciendo música sin hablar más de lo necesario a excepción de Ena y ella misma. Pero todo era en línea.

Incluso cuando el Sekai puso todo de cabeza, incluso cuando supieron que vivían cerca, creyó que había un muro que podría bloquear las cosas que quería mantener en secreto.

Ahora estaba en un aprieto grande.

Ena, la única persona de la que había querido mantener todo en secreto, estaba en su cuerpo.

Había visto lo que había abajo de los volantes, de los vestidos hermosos y los lazos coloridos. Ena sabía la verdad: que era una mentirosa, que su sucio secreto era algo grande y desagradable.

–Mizuki– su voz severa hizo que su atención se fijara en la puerta. 

Usualmente querría huir. Estaría viendo la manera de irse, de correr.

Pero su cuerpo no lo permitió, en cambio, apretó los puños y subió la barbilla, como si tuviera el valor de enfrentar uno de sus peores miedos.

Volver a quedarse sola.

–Ena– reconoció a su contraria, quien tensó la mandíbula cuando el tono extrañamente sereno y serio salió con la voz incorrecta.

–¿Tienes algo que decir?–

–Nada que no sepas ya, ¿No?– su propio tono fue duro, y los ojos de Ena se abrieron con sorpresa ante la inflexión de su voz.

–Mierda, bien, esto no va como esperaba– dió un respingo antes de continuar –¿Sabes por qué cambiamos de cuerpos?– 

Parpadeó una vez.

Luego otra.

¿Qué diablos?

–¿Por qué sabría yo algo?– se defendió. Algo en su cuerpo gritaba con las ganas de responder duramente, como si su paciencia pudiera acabarse en cualquier instante.

–Porque esto parece un cliché de los mangas que lees y porque en ningún puto momento recuerdo haber aceptado un trato para despertar en un jodido cuerpo que no es mío– el tono de su voz fue subiendo, pero no con rabia. 

Era miedo.

Miedo puro y duro. 

Mizuki no podía decir que no lo estuviera experimentando, pero no era igual. Su desesperación y miedo se sentían con fuerza, pero su cuerpo respondía con la necesidad de pelear.

De afrotar lo que estaba pasando.

–Nunca habría cambiado de cuerpo contigo– la admisión vulnerable es una afirmación. Los ojos rosas la miran con incredulidad –Escucha, no sé por qué rayos cambiamos de cuerpos así, pero por favor, explota de una vez para que podamos buscar como solucionar esto– su murmullo es totalmente autoritario. Es molesto como su cuerpo parece reaccionar por voluntad propia, como parece que tiene que pedirle permiso para actuar de una manera que no revuelva su personalidad con la de Ena.

Se siente como un alienígena.

–¿Explotar?– su ceño fruncido se pronuncia, y la confusión en su rostro se arremolina con el miedo –¿Exactamente por qué?– su cuerpo retrocede, como si estuviera lista para huir.

Mizuki conoce su propio lenguaje corporal, como su cuerpo reacciona instintivamente ante la confrontación, y por ende, puede decir que Ena está tratando de alejarse de ese tema.

–Cuando te cambiaste, viste mi cuerpo– no es una pregunta. Y Ena retrocede otro poco ante la manera exigente que suena su voz.

El silencio tenso se disuelve en el aire, y lo primero que escucha Mizuki no son los gritos enojados que estaba esperando.

Es un sollozo. 

Ena está llorando en su cuerpo, haciéndose pequeña y sollozando con miedo.

El cuerpo de Ena, que parece cada vez más reacio a obedecer las órdenes que quiere darle, abraza a su propio cuerpo, acunando a Ena entra sus brazos y consolandola.

Es casi como una segunda naturaleza que se siente extraña en alguien que nunca se queda tan cerca como para limpiar lágrimas.

Los sollozos dolorosos y aterrados se disuelven en pequeños hipidos. 

Pasa los dedos entre los mechones rosas que están sueltos a diferencia de su usual coleta de lado, su propio cabello es suave, es uno de sus orgullos. Algo que la hace sentir femenina y bonita. 

Algo que puede hacer que la gente no se concentre en las partes feas de su cuerpo.

No es que importe ahora, ¿Verdad?

Sus feas partes fueron expuestas, y Ena está aterrada de ellas.

Es como un gran insecto saliendo de su cómoda pupa, como si su cuerpo se transformara en algo que pone paredes irrompibles, que genera asco.

Ena lo está sintiendo.

Está sintiendo esa sensación tan horrible y desagradable, la manera en que todo es como una pesadilla interminable que dicta lo que debes ser, que te aliena.

Ena se sorbe los mocos, enterrando el rostro en su pecho, como si la comodidad pudiera ser encontrada entre menos espacio hubiera. 

Como si pudieran volver a cambiar luego de eso.

Como si solo hiciera falta despertarse de la horrible pesadilla que están viviendo.

En algún momento cuando era más joven, pensó lo hermoso que sería simplemente ser alguien más. 

¿Cómo sería cambiar de cuerpos con una chica? ¿Por fin podría dejar de sentirse rota?

Ahora mismo, era doloroso.

Ena sentía todo con tanta fuerza, incapaz de huir en los momentos de lucha o huida. Tomando todo a pesar de sus propias inseguridades, de sus propios demonios internos.

La euforia que pudiera sentir respecto a tener el cuerpo que deseaba fue aplastada por el peso de la tristeza desgarrando su pecho de adentro hacia afuera, como si un alien fuera a salir de su caja torácica.

Todo quedó en silencio cuando los sollozos dolorosos de Ena se calmaron, cuando las gotas saladas gotearon por el rostro pétreo que no le pertenecía.

El marrón y el rosa se encontraron, ambas miradas llenas de una miseria que no era suya pero estaban experimentando.

–Es aterrador– las palabras de Ena revolvieron su corazón y sus entrañas –estar en el cuerpo que siempre consideré de otro... Se siente raro, da miedo saber que has estado viviendo así– los dedos del cuerpo de Mizuki pasearon por el rostro que sería de Ena.

–Te acostumbras– mintió. 

–¿Ese es tu secreto? ¿Que eras un chico?– su voz temblorosa causa un pinchazo de molestia en Mizuki. Es cansado explicar las cosas, y podría dejarlo así.

Pero probablemente es la última vez que Ena les hable. Así que es mejor deshacerse de esa espina de una vez por todas.

–Siempre he sido una chica– no sale tan brusco como esperaba. Acostumbrarse al cuerpo de Ena está siendo un poco más fácil cuando no está llorando como una fuente –No elegí serlo, así como tampoco elegí el cuerpo en el que estoy– su voz se levanta, más orgullosa de lo que pensó que podía ser en un momento como ese. –Ser yo es... Complicado, simplemente tengo que lidiar con gente que usa esto para describirme, para reducirme y alienarme, por eso es un secreto, por eso nadie de N25 lo sabe– explica, y en realidad, Ena escucha.

Ena está escuchando. Su mirada concentrada la deja ver los engranes, como giran y conectan piezas.

–No se siente desagradable del todo– Ena admite –Es una sorpresa, jamás pensé que tu cuerpo se vería así– niega, sus palabras se enebran con cuidado. –Pero... ¿No es desagradable?, Se siente mejor que mi cuerpo– 

Mizuki tiene que estar de acuerdo en eso.

El cuerpo de Ena se siente tan pesado y cansado, no sabe donde empieza el cansancio físico y donde empieza la depresión. Es confuso, y de alguna manera la sensación es familiar.

Claro, no tan fuerte, pero puede recordar ocasiones en que se ha sentido así de pesado.

Decide no analizarlo por ahora. Probablemente tendrá una noche de noctambulismo luego de esto, podrá analizarlo ahí.

En su lugar, decide traer un poco de normalidad a la mesa.

–Al menos es mejor que estar en tu cuerpo, de verdad, ¿Cuánto duermes al día?– pregunta, el aire pesado sigue en el aire, pero puede sentir un pequeño punto de ligereza, así que va a explotarlo.

–¿Vas a decir que duermes más que yo? Siempre nos desconectamos casi a la misma hora– gruñe, y Mizuki tiene que admitir que no es tan adorable como cuando Ena lo hace en su cuerpo.

–Sí, estoy diciendo que duermo más que tú, además, ¿Por qué tu cuerpo se siente tan pesado y cansado? Moverse es un horror– la sonrisa felina no es habitual de Ena, y por ende, es un poco torcida cuando Mizuki la intenta, pero tiene el mismo efecto.

El rostro que usualmente ve en el espejo frunce las cejas en la expresión adorable que ama causar en Ena, sin embargo, no recibe la respuesta que espera.

–Tu cuerpo no es mejor, siento ganas de correr y llorar, ¿Sientes eso todo el tiempo?– para mostrar su punto, la voz de Ena se quiebra.

Mizuki se rió de ello. Una risita demasiado nerviosa que causó una ceja enarcada en su dirección.

–Ah, se irá cuando te calmes– 

Sus palabras distraen del elefante en la habitación. Están sobre las puntas de sus pies mientras evitan pisar aquello que no pueden sacar de sus mentes.

Sin embargo, huir de tus problemas no los elimina, y aún en el cuerpo de Mizuki, Ena sigue siendo Ena.

Lo sabe, sabe que de todos modos tienen que hablar al respecto, pero da miedo.

Sabe que muchos se ríen un rato, siguen pasando el tiempo y luego un día se van, porque la verdad es que solo hay dos personas que han sabido de su secreto y han permanecido.

Duele saber que es el final, pero no puede llorar. 

No sabe si es la catarsis o el simple hecho de que el cuerpo de Ena la ha hecho actuar raro.

–Así que...– por supuesto, Ena rompe el silencio –¿Este es tu secreto?– dice mirando hacia abajo. 

–Sí, no lamento haberlo ocultado, fue lindo tenerlas en mi vida mientras duró– es una aceptación fatalista, pero es mejor que nada.

–¿Perdón?– sigue siendo extraño escuchar la inflexión de Ena en su propia voz, le gustaría que esto fueran otras circunstancias.

Que pudiera beber de sus expresiones una última vez.  

–¿Mientras duró?– la pregunta es extraña, ¿Ena no es buena entendiendo subtextos?

–Bueno, sé que no es fácil lidiar con esto, y la gente simplemente se va cuando lo sabe– el tono fingidamente indiferente se nota demasiado. El cuerpo en el que está parece no ser capaz de soportar las mentiras, porque su estómago se revuelve cuando la falsedad sale de sus labios.

La mirada que recibe a cambio es aterradora.

–¿Eres idiota o simplemente tienes mala memoria?– la pregunta es retórica, porque Ena la responde ella misma –Esa tarde en el techo, te lo dije ahí, ¿No?– su tono sigue siendo hosco, pero con el toque Ena-esco tan característico que no puede tomar los insultos en serio –Te esperaré, quiero quedarme contigo– 

Mizuki solo puede dar una risita incrédula.

–Muchos han dicho eso antes de irse, ¿Por qué sería distinto?– no quiere nada más que creerle, que tener la certeza de que va a quedarse.

–Porque... Yo lo digo en serio– el susurro en que su voz baja cuando dice eso es electrizante, los ojos rosas se llenan de una determinación que nunca han experimentado, y de pronto, Ena ya no está escondida en el pecho de Mizuki.

Está sentada en su regazo.

Mizuki solo puede contener el aliento. 

El contacto es demasiado íntimo, más de lo que jamás ha tenido con nadie, el cuerpo que no es suyo está reaccionando, su rostro está rojo y el corazón le martillea el pecho.

Si antes pensó en un alien saliendo, ahora puede visualizar su propio corazón, rompiendo sus costillas para asomarse por lo fuerte que está latiendo.

–Que seas trans no me empuja hacia atrás, idiota– su aliento choca contra su mejilla, es cálido y vaporoso, todo se vuelve a sentir como un sueño por un momento –No te dejaré por algo así, y tampoco me agradas menos–

La -ahora- castaña está helada, no es la escena a la que está acostumbrada; apoyo tibio o desdén tan fuerte que es físico.

No, es totalmente distinto. Es algo que no se permite sentir habitualmente, tan cálido y fuerte que deshace sus preocupaciones.

Los ojos rosas que la miran lo hacen con adoración, con tanto cariño que es imposible no abrumarse.

La presa de Ena se ha roto. 

Y no tiene intenciones de repararla.

---

Es suave. 

Toda esta experiencia es demasiado para Ena, y el corazón que late en su pecho, aún si no es suyo, clama furioso porque haga algo con la manera tan ligera en que late.

Hay una promesa al fondo de su mente. La promesa de no revelar sus secretos hasta que Mizuki lo haga.

Son las cosas que no puede llevar en la manga o dejar que vean la luz, porque eso los haría más tangibles y dolorosos de sentir.

Juega con esa promesa mientras el pulgar del cuerpo que está controlando pasa por el labio de su cuerpo, generando un escalofrío que puede sentir.

Solo tiene dos secretos tan pesados, y uno está saliendo descaradamente a la luz, con el otro siguiendo al primero.

El primer secreto es lo cómoda que está en el cuerpo de Mizuki.

Más ligero, sí, pero ahora que ha visto más allá de las ropas llenas de volantes y los listones, hay más.

La forma en que ese toque no-femenino la hace sentir mejor.

No quiere decir que está mal con su cuerpo más allá de los canones, pero en el cuerpo de Mizuki se siente a gusto.

Su primer secreto es en realidad lo rara que se siente diariamente. La manera en que a veces usar ropa vieja de Akito se siente mucho mejor que sus faldas y vestidos. La manera en que sus faldas y vestidos se ven hermosos, pero les falta algo.

Alguna cosa.

El segundo secreto baila mientras siente por fin lo íntimo que está siendo el momento.

Sus manos se entrelazan con las de Mizuki, quien cae al colchón cuando Ena levanta sus dedos entrelazados, dejándola sonrojada y vulnerable bajo su peso.

El segundo secreto es lo mucho que ama a Mizuki.

La manera en que cada cosa que hace la saca de quicio, en que quiere callar sus diatribas nocturnas porque piensa que sus labios podrían hacer algo mejor que molestarla.

En que sus reuniones en el Sekai se sienten etéreas, un lugar sin nadie ni nada que moleste.

Sin que vea la manera en que quiere devorar a la linda joven.

En que la necesita tanto.

Sus abrazos, sus sonrisas, su alegre risa y su burbujeante carisma que la atrae en un juego de tira y afloja en el que ha caído con tanta fuerza que siente como todos sus huesos se rompen a pesar de que sea metafórico.

Es egoísta.

Pero prometió que se lo dejaría saber cuando las cartas estuvieran sobre la mesa.

Y ahora lo están, por lo que puede sentir la manera en que su corazón pide a gritos que libere ese secreto, para saber si romperse o elevarse.

–No puedes alejarme, porque no sabes lo perdida que estaría sin ti– la vista surreal de su cuerpo reaccionando de forma mansa y sonrojada es algo que le da el valor de simplemente acercarse más.

Mizuki no está rechazando sus avances, y quiere tomarlo como algo bueno.

Su mano derecha lleva la mano de Mizuki a sus labios, esperando que la retire si lo quiere, pero no es así.

Entonces deja un beso en la mano de Mizuki, quien deja escapar un patético gimoteo manso mientras tiembla.

–Ena–

Es lo único que sale de sus labios, así que se inclina, cerrando los ojos, imaginando que la situación bizarra es distinta, que sus cuerpos no están intercambiados y que es solo una situación normal donde todo acaba de salir a flote de una buena manera.

Entonces es suave. 

La sensación es suave, al igual que el respingo que siente que se le escapa cuando suelta las manos de Mizuki, prefiriendo sostener su peso mientras se intenta separar.

Los brazos de Mizuki la abrazan por el cuello, y sus labios vuelven a encontrarse cuando un mareo la invade.

Es demasiado, la sensación de lo que sea que esté pasando es demasiado. 

Puede sentir una mano fría acariciando la piel de su estómago, erizando su piel.

Sin embargo, cuando vuelve a separarse puede sentir el cambio de posición.

Ya no está arriba de Mizuki, y cuando abre los ojos, un par de orbes rosas le devuelven la mirada.

Cambiaron de nuevo.

Eso pasa a segundo plano cuando vuelve a buscar a Mizuki, el calor sofocante que siente no es suficiente para frenarla, y sabe que en realidad nada lo será en este momento. 

Mizuki también está buscando más, con su respiración acelerada y sus manos tocando su piel, trazando círculos con sus manos frías mientras besa sus labios con la urgencia que su cuerpo está exigiendo.

Ena y Mizuki no saben besar, pero supone que mientras se sienta lo suficientemente bien, todo está correcto. Y la manera en que esto es tan satisfactorio desdeña cualquier inseguridad que podría tener.

Solo quiere tener más de Mizuki.

Más.

Más.

Más y más y más y más y...

Click.

Ambas saltan cuando la puerta de la habitación se abre. El cabello rojizo de Akito y su expresión atónita resaltan en la habitación mientras su mandíbula se abre ligeramente.

Sabe lo que parece.

Sabe lo que su hermano está pensando.

Sabe que nada de lo que diga borrará la imagen que tiene Akito, quien no sabe si salir o simplemente mantenerse ahí.

Estupefacto.

–A-ah, hermanito, ¿No deberías estar en clases?– Mizuki pregunta, aclarando un poco el aire espeso de la habitación.

Oh. Cierto, él iba a saltarse clases hoy.

No recibe más respuestas que la puerta cerrándose, con la puerta principal azotándose poco después.

El ambiente ya no está tan cargado, pero hay demasiado volando en el aire.

Sin embargo, puede esperar. Por ahora, Ena le da la vuelta a Mizuki, obligándola a caer sobre su costado mientras sus brazos se aferran a ella.

Tiene como 2 horas de sueño encima, y si Akito saltó ese día, ella puede hacerlo para recuperar un poco más de sueño.

–¿E-Ena?– el torpe tartamudeo de la joven es ignorado a favor de la castaña, simplemente abrazando a la más alta. Se mueve hasta que está prácticamente acurrucándola, decidida a tener ese sueño extra.

No es en absoluto porque está tan avergonzada que solo quiere que su frenético día tenga una pausa.

–Silencio, tengo sueño, quiero dormir– no deja espacio a discusión, y Mizuki tampoco da ninguna queja.

Simplemente se acomoda.

Hablarán después, cuando despierten y puedan dilucidar qué diablos acaba de ser todo eso.

Mientras, Ena está feliz de tenerla entre sus brazos. De hacerle sentir que nunca se irá.

Porque no planea hacerlo.

---

Mafuyu no sabe ponerle nombre a la mayoría de sus emociones, pero hay una en particular a la que puede referirse como "fastidio".

Y lo siente cada vez que Amia y Enanan coquetean de forma fastidiosa y descarada mientras no hacen nada al respecto.

No tiende a intervenir, pero sus coqueteos no son solo fastidiosos, sino que también retrasan el arte de las canciones de Kanade.

Por ende, está buscando ideas para hacer al respecto mientras vaga en un mundo de bolsillo nacido de la depresión de cuatro adolescentes martirizadas.

Y solo hay un cantante virtual que está dispuesta a hacer algo al respecto.

–¿La pequeña Mafuyu interviniendo?– su sonrisa es burlona como siempre, pero es tolerable.

–Son molestas– es lo único que ofrece mientras la ve pensando.

–¡No te preocupes! ¡Tengo el remedio perfecto! ¡Estarán mejor en un santiamén!– Mafuyu asiente y quita la canción que la conecta al mundo de bolsillo, yendo a dormir inmediatamente después. 

Espera que Luka haga un buen trabajo al respecto.

 

Notes:

Más notas del autor!

Sí, Ena es trans aquí, y no lo ha notado del todo. Egg Ena es mi hc ocasional.

Si eres un lector en inglés, probablemente el traductor haga cosas raras, ya que el estilo de narración que uso es MUY pesado. No te preocupes si algo parece no tener sentido, puedo aclararlo en los comentarios.

Y sí, Ena adora a Mizuki aquí. Es esta clase de amor insano que muchas personas deprimidas experimentamos. Las descripciones de la depresión de ambas son cosas que el autor ha sentido y siente hasta el día de hoy, por ende, pueden ser demasiado incómodas para algunos.

Me alegro que hayas leído esto, gracias por leer!

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