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Parecía ser que unos cuantos meses encerrado sin conexión en Blue Lock lo habían hecho olvidar los lugares tan recónditos donde podía acabar con tan solo una búsqueda en el navegador.
Aunque no era algo que le admitiría a cualquiera, Chigiri tenía el hábito de buscarse a sí mismo en internet. Fue algo que inició por su hermana, en realidad, que se emocionó la primera vez que se cruzó con una noticia suya en la web de un periódico local y, desde entonces, cada cierto tiempo trataba de dar con alguna nota sobre sus logros en los partidos más recientes. Además de alegrar a la familia, alimentaba de cierta forma su ego con todos los halagos a su impresionante velocidad.
Por supuesto, había parado a las semanas de lesionarse. No podía soportar la lástima encubierta en cada redacción preocupada por su futuro profesional. Que su nombre se asociara a una promesa probablemente inalcanzable era de lo último que deseaba. Después de mentalizarse para encontrar una razón para renunciar de una vez por todas, cazar noticias perdió sentido.
Entonces, aceptar la invitación a Blue Lock acabó devolviéndole las alegrías que le daba el fútbol, solo que, con el celular decomisado y sin acceso alguno a internet, no había forma de saciar su curiosidad. Nadie tenía idea de qué tanto del proyecto se revelaba al público, pero los nombres de los participantes debían ser información sencilla de conseguir. ¿Habría personas esperando por el resurgimiento del Leopardo Rojo? ¿Daban por hecho que lo descalificarían tarde o temprano, más bien?
No fue hasta el partido decisivo contra la Sub-20 de Japón que pudo dar por hecho su reaparición en periódicos, aunque no le enorgulleciera para nada ser consciente de que se enfocarían en su temprana salida del juego por la pérdida de resistencia remanente de su tiempo al borde del retiro. Incluso si les devolvieron sus cosas y los dejaron regresar a casa por dos semanas después de la victoria, los artículos sobre Blue Lock terminaron llegando solos a él.
Con los días, más animado por lo famosos que se estaban volviendo en tan poco tiempo, se le contagió la alegría de su familia por los logros que estaban en todos los informativos de deportes —y si así estaba la de un chico que no duró los noventa minutos, no se imaginaba la casa de los Isagi, con esa declaración tan atrevida a la prensa—. También había obtenido el contacto de los demás, así que se intercambiaban algunos enlaces. No fue hasta que comenzaron a planificar una salida grupal en Shibuya que Chigiri pensó en un nombre aparte del suyo que, definitivamente, quería buscar.
Kunigami Rensuke, tecleó en la barra de búsqueda. Aparte de un par de notas en los medios de Akita y de menciones como aspirante de Blue Lock —aunque nada oficial sobre su eliminación, lo que le extrañó solo un poco; ¿a quién le importaban los perdedores si aún no tenían fama?—, no halló nada relevante. Sí que aparecieron algunas redes sociales, mas todas privadas. Suspiró, ahí se fue su última esperanza de invitarlo a la salida.
En un intento por aliviar la aguja en el pecho que había sido eso, probó ingresar el nombre de uno de sus más nuevos amigos: Mikage Reo. Aunque compartieron poco durante el peor de sus tiempos antes de ser robado al grupo de Isagi, incluso si el reencuentro fue algo incómodo por la culpabilidad que el chico sentía por la eliminación de Kunigami, habían congeniado lo suficiente como para ahora empatizar con él —no lo diría en voz alta; no le gustaría que lo creyeran capaz de acercarse al nivel de drama de ese multimillonario—. Qué feo era separarse en contra de su voluntad de a quien quería.
Como esperaba, había muchos artículos de él como heredero de la Corporación Mikage. Realmente no mentía al decir que él y Nagi llevaban menos de un año entrenando, a juzgar por las fechas de las noticias de ellos como dúo estrella. Solo por eliminar cualquier rastro de dudas, continuó hasta las profundidades de los resultados. En eso, le llamó la atención uno en inglés:
Mikage Reo - Works | Archive of our Own
Alzó una ceja, curioso. ¿Acaso era una especie de síntesis curricular? El nombre del sitio le hizo pensar que estaba destinado a archivar cosas propias, así que le parecía coherente, sobre todo de alguien tan irremediablemente conectado a los negocios como él; solo le resultaba sorprendente que, a su edad, ya pudiera contar con la trayectoria suficiente para publicar algo así. La intriga le ganó, por lo que pulsó en el enlace.
Le saludó lo que debió ser la típica pantalla para aceptar las condiciones del sitio, supuso, porque seleccionar la opción era algo tan automático en él que ni siquiera leyó el contenido antes de que desapareciera. Entonces, ya ante el contenido real, no estaba muy seguro de qué era lo que estaba viendo. Se trataba de una página que a primera vista resultaba elegante, con un rojo vino y blanco, unas cuantas divisiones que en el primer segundo pensó, se trataba de los archivos de valor curricular de Reo.
—¿Perforaciones? —murmuró para sí mismo, aún procesando lo que estaba leyendo, ¿Reo tenía alguna perforación? ¿Por qué eso sería relevante?
Todo se encontraba en su mayoría en inglés, pero Chigiri reconocía varias de las palabras allí escritas, sobre todo su propio nombre. No sabía cómo sentirse al leerlo en una frase como Chigiri Hyouma is a Little Shit con solo entrar a esta página. Parpadeó. Bajó su teléfono un momento para acomodar su cabello detrás de su oreja y le volvió a echar un vistazo.
Si su comprensión lectora en inglés era lo suficientemente buena, esta página estaba llena de historias escritas por varios usuarios sobre personas famosas, como ellos podrían clasificarse en este momento. Bajo el nombre de la historia se leía Men’s Football RPF: Blue Lock Eleven. Después de que el impacto inicial se amortiguara, Chigiri le encontró sentido al ver los nombres de sus compañeros por ahí y por allá. Lo que había leído al principio se trataba de una historia ficticia en la que Reo y él eran amigos que habían hecho una apuesta y ahora Reo se tenía que perforar los pezones. Bien. Una trama interesante, supuso, era… graciosa cuanto menos en concepto. Le hacía algo de ruido la rápida asociación que el público hizo entre ellos, pues en la cancha no habían tenido interacciones, más que unos breves comentarios al salir del partido. Quizá algunas asociaciones eran un tanto al azar.
Al deslizar hacia abajo, notó que en la mayoría de las obras mostradas había otra constante —aparte del propio Reo—: Seishirou Nagi.
Bueno, eso tenía más sentido. Con su búsqueda inicial había encontrado varias noticias locales de ellos, eran destacadas promesas que se abrieron paso en un periodo brutalmente corto, juntos. Cualquiera podría pensar que entraron juntos a Blue Lock y habían permanecido “juntos” hasta el partido. Eran aproximadamente sesenta historias con el nombre de Reo en ellas, y más de la mitad lo colocaban junto a Nagi, separados únicamente por una diagonal, mientras que las veces que nombraban a Chigiri o a Isagi, se usaba un signo et (&) en ellos. Muchas de las tramas que leía por encima estaban enfocadas en Nagi y Reo; Chigiri no era tan despistado para dejar pasar el enfoque romántico y hasta implícitamente sexual de todos ellos. Había unos incluso donde se combinaban estos emparejamientos con otros, como: Isagi con Itoshi Rin o Bachira, y lo que más le sorprendió, algunos de Reo con Shidou.
Sin duda, la fama venía con letras pequeñas al final del contrato.
Chigiri no era ajeno al concepto del Fanfiction, eran mencionados cada tanto en los foros en los que se metía de vez en cuando para leer las opiniones de los capítulos recientes de Shingeki no Kyojin, sobre todo en esa etapa oscura en la que había dejado ir el fútbol y se sentía hundido, atado por cadenas. De cierta forma, lo entendía, él mismo disfrutaba de algunas tensiones románticas en medio de cualquier historia, pero no la buscaba de forma activa, mucho menos se imaginó ser parte de este tipo de prácticas como un personaje ficticio más.
No sabía cómo sentirse al respecto.
Fue como abrir una caja de Pandora cuya existencia ignoraba hasta hace un momento, no pasó demasiado en sucumbir ante la tentación y picar sobre Blue Lock Eleven.
Para su sorpresa, había más de doscientas obras en este enlace. Por un lado, no pudo contener una sonrisa. Era un descubrimiento muy particular, pero esto traducía el impacto que el partido contra la Sub-20 había tenido en el público general; es decir, no había pasado ni una semana desde que sus nombres comenzaron a ser un tema de conversación en internet y ya había personas inventando historias ficticias sobre ellos. Se alegró, pese a que posiblemente no debería hacerlo.
Las parejas más famosas eran Nagi y Reo; Isagi y Bachira; y de nuevo Isagi, pero con Rin. Chigiri se mordió los labios, una risa con una naturaleza más maliciosa le picaba en la garganta. No podía evitarlo, pero quizá aquella primera etiqueta que leyó sobre él se acercaba un poco a la realidad.
¿Pero quién podía culparlo? Mientras más bajaba en esta página, se encontraba con todo tipo de tramas fantasiosas que involucraron a sus conocidos, no solo entre ellos, sino como intereses románticos del lector. Había de cosas demasiado variadas y que no tenían nada que ver con el fútbol; incluso sus personalidades estaban completamente distorsionadas en algunos. No se imaginaba a Nagi con las suficientes energías como para ser un casanova multimillonario en busca de chicas jóvenes, o a Isagi siendo un omega —sea lo que sea eso— dividido entre escoger su alma gemela o competir en el partido contra la Sub-20.
(A Bachira no le quedaban mal las tramas de viajero o artista; era un alma libre, en su opinión. Lo hilarante era encontrarlo representado con una personalidad seria y seductora).
Afortunadamente, no encontró muchas obras donde lo mencionaran a él más allá que un personaje secundario, generalmente impulsando la trama de alguna de las parejas mencionadas. Hubo una o dos que lo emparejaban con Isagi, probablemente al ser la persona con la que más convivió en esos momentos antes de reiniciar el partido, pero al haber una señal en rojo y etiquetas que parecían sugerentes, eligió vivir en la ignorancia. Su curiosidad no era tan grande para llegar ahí y lidiar con eso.
Chigiri apagó la pantalla de su celular al notar que se había quedado casi una hora solo observando las diversas sinopsis de esa página. Rodó para quedar acostado boca arriba y dejó su celular sobre su pecho, mientras observaba el techo de la habitación. Comenzó a ser consciente de que mañana vería a sus amigos; se preguntó si sería una buena idea mostrarles su descubrimiento o no, si les perturbaría demasiado o… bueno, si se guardaba esta carta para su mejor aprovechamiento en el futuro.
El ritmo caótico de la salida grupal —desde Nagi quedándose dormido y decidiendo parar en el camino por los videojuegos de un arcade hasta la batalla de bolos contra la Sub-20— lo limitó a solo contarles que se habían vuelto celebridades. Aunque también existía la opción de decirles por mensaje, deseaba ver sus caras al descubrir en qué clase de historias los estaban involucrando, así que decidió guardar el secreto por el momento.
Cuando volvieron a las instalaciones de Blue Lock, le sorprendió que no les quitaran sus celulares como la primera vez. La explicación vino en breve y, con eso, muchas expectativas por lo que estaba por venir. Para Chigiri fue de lo más sencillo escoger, la característica velocidad de Inglaterra lo hacía el equipo perfecto para él, así que el tiempo sobrante lo usaría para acostumbrarse de nuevo a los intensos entrenamientos de este lugar.
Era consciente de que lo más probable era que muchas amistades se separarían al ir por distintos países y, sin saber si los enviarían a Europa o los dividirían por edificios una vez situados, estas podían ser las últimas horas de interacción con la mayoría de ellos hasta nuevo aviso. Aunque una parte de él quería aprovechar este tiempo de relativo relajo para mostrarles sus hallazgos, la prudencia le decía que no los distrajera en medio de una decisión tan importante, si tomaba en consideración que no todos estaban libres de dudas. Por ahora, el chisme se limitaría en averiguar a qué ambiente habían optado los demás.
Estaba de más mencionar que le había asombrado que Nagi y Reo acabasen en el mismo equipo —el suyo, de paso—, todo porque él le había enseñado al prodigio sobre un delantero que jugaba en Inglaterra. Realmente impulsaba a que otros terminaran juntos, ¿eh?
Hablando de ese par, estuvo pendiente de ellos para ver si su relación se había restablecido durante las vacaciones. Notaba mejorías, especialmente en Reo —si lo pensaba bien, fue el único que entró en crisis o lo que sea que haya sido lo que atestiguó en la segunda selección—, pero seguían sin ser lo mismo que antes.
Hasta donde tenía entendido, por muy cercanos que fueran, lo suyo era una amistad nacida de una promesa compartida de ganar la Copa Mundial juntos; sin embargo, ser de los pocos que habían visto el casi descenso a la locura de Reo después de que Nagi lo dejase solo le daba una perspectiva algo distinta. No era quien para presumir, pero debía confesar que, a veces, su actitud le hacía preguntarse si sus sentimientos iban un tanto más allá. Las obras en aquella página, aun ignorantes del drama, le daban cierta razón y, si Kunigami siguiera aquí, de seguro también estaría de acuerdo con él.
Un suspiro escapó sin permiso. Al menos, esos dos todavía tenían oportunidad de cumplir su promesa si arreglaban sus asuntos —como delanteros en una selección extranjera, porque por supuesto que el superviviente de esto sería él—, mientras que la que había hecho con Kunigami se resquebrajó hacía ya un mes y tanto. Lo extrañaba. Había sumado varios amigos en el proyecto, mas no se veía echando de menos a nadie como a ese autoproclamado héroe. A pesar de ser el primero en decir que no perdieran el tiempo pensando en quienes habían caído en el camino, sí le parecía injusto que no llegase más lejos.
Quizás, saber cómo se sentía que eliminaran a su persona más cercana era el origen de su hartazgo por la situación de Nagi y Reo. Ojalá no, pero si alguno de los dos resultaba descalificado antes de solucionar las cosas, imaginaba al otro invadido por una gran culpa que no se perdonaría tan fácilmente, si es que siquiera lo hacía. Ahora que estarían en el mismo equipo, no deseaba quedar en medio de su tensión. ¿Debería intervenir? ¿Mediar? ¿Encerrarlos en una habitación hasta que se llevasen tan bien como al inicio? Si tan solo estuviera seguro de qué tan profundos eran los sentimientos de uno por el otro…
—Estás muy pensativo. —Estuvo a punto de respingar al oír a Reo a su lado. Volteó a verlo. Estaba solo. Decepcionante. Por suerte, le sacó conversación sin profundizar en su comentario—. ¿A quiénes crees que conozcamos ahora?
—La primera pregunta es de qué equipo serán. ¿Alguna predicción?
—Hm, el segundo mejor del mundo está en el Manshine City. Sería una buena opción.
—El Manshine, ¿eh? —Si realmente entrenarían con jugadores de las ligas europeas, solo podía imaginar cuánto aumentaría la fama de Blue Lock en el mundo. Sin contar lo impresionante que esto sería para su carrera, recordó lo que les traía el renombre—. Tendrán que comenzar a revelar más de lo que hacemos aquí si vamos a llamar la atención de los fanáticos de esos equipos.
—Yo me pregunto cuánto dinero les ha dado el último partido como para lograr algo así.
—Muy propio de ti, pero es cierto.
Chigiri dio un vistazo alrededor. No había señales de Nagi en el área, lo que en un inicio le molestó por la falta de comunicación evidente entre ellos, pero que ahora parecía de lo más conveniente. Si quería empujarlos a reconciliarse, primero tendría que indagar qué era lo que sentía Reo con exactitud. Si se trataba de emociones, era más sencillo que él las comprendiera. De hecho, tal vez fuera factible solo guiarlo a él para que se animara a sincerarse y que se encargara por su cuenta de conseguir que Nagi se explicara también.
Muy bien, quizás ya había descifrado cómo proceder.
—Oye, ¿cómo te sientes con haber elegido el mismo ambiente que Nagi? ¿Estarás bien?
Notó una leve elevación de sus cejas ante ese nombre, aunque no tardó en disimular el gesto.
—¿No me dejarás olvidar eso? Nos viste jugar bien contra la Sub-20.
—Podía ser una excepción porque era una situación de vida o muerte para nosotros. —Alzó ambas manos a la altura de la cabeza—. Tengo razones para creerlo. Apenas interactuaron cuando salimos, hasta estuviste más con el grupo de Yukimiya que con nosotros y eso que preguntaste por Nagi.
—Fueron los que me invitaron —se excusó enseguida, mas esa misma rapidez delataba un mínimo pánico que no dejaría pasar. Chigiri simplemente lo miró directo a los ojos hasta desestabilizar su actuación—. De acuerdo, seguimos distanciados, ¡pero no estamos tan mal!
—Tienen que arreglar las cosas entre ustedes, no quiero que el mundo note su tensión y se pregunte qué les pasó.
—¿Ah? —Arqueó una ceja—. ¿Por qué les preocuparíamos?
Chigiri sonrIó de lado. Picó el cebo.
—Lo sabrías si hubieras visto las noticias o si hubieras estado con nosotros en la salida, pero ya somos famosos. Las chicas que se nos acercaron en los bolos no lo hicieron solo por los de la Sub-20, ¿sabes?
—No me interesa eso…
—Reo —irrumpió—, incluso hay fans de algunos de nosotros como jugadores individuales. Puedo mostrártelo después, pero, en lo que alcancé a ver, ustedes tienen seguidores fieles muy interesados en su dúo. ¿Cómo crees que se pondrían si se enteraran de que están peleados?
Los ojos agrandados y la boca entreabierta con indecisión de qué pronunciar eran justo la expresión que estaba buscando.
—¿Dices que sería un escándalo? —preguntó, cauteloso, pero con un tenue rubor en el rostro.
—Tal vez. —Se encogió de hombros.
Era sorprendente lo expresiva que se volvía la cara de Reo cuando se trataba de Nagi. Podía ver la intranquilidad en sus facciones con nitidez.
—Quiero volver a como éramos antes, pero es complicado. —Su voz, aun baja, también denotaba ansiedad—. Creo que estar en el mismo equipo por esta fase nos ayudará… o me terminará de hundir.
—¿Solo a ti?
—Ya ves, Nagi solo sigue escalando en el top sin mí.
Oh, no . No quería traer de vuelta al Reo depresivo.
—¡Pues ahora es tu momento de demostrarle que eres su mejor compañero! Incluso el mundo estará de acuerdo, no podrá negarse. —Posó una mano sobre su hombro.
—¿Es en serio lo del mundo?
—No creo que estés listo para que te lo demuestre, pero es completamente en serio.
—¿No estoy listo…?
—Te lo explicaré luego. No podrás creer cuánto los aman.
Con eso, le dio dos palmadas antes de soltarlo para alejarse con la excusa de que iría al gimnasio. Reo tardó unos segundos en despabilar y seguirlo.
Como era de esperar, la mayoría había elegido su estrato antes de que acabaran las noventa horas que Ego les dio. El primer equipo en pasar a la siguiente etapa fue Alemania, Chigiri se despidió de Isagi y después de Bachira, deseándoles lo mejor; una vez más su grupo inicial fue separado, aunque en esta ocasión, la despedida fue mucho más alegre y prometedora para su crecimiento individual.
Se dio una palmada en su mejilla izquierda, alejando cualquier pensamiento relacionado a Kunigami. No era el momento para eso.
—¿Nervioso, Chigiri? —Fue sorprendido por una pregunta de Nagi a su lado. Habían llegado ya al salón donde les darían la información de su destino los siguientes cien días. Chigiri se dio cuenta, al mirar a su lado derecho de reojo, que había quedado en medio de estos dos en algún punto. Probablemente Mikage lo hizo adrede.
—No, yo…
Pero repentinamente las luces se encendieron, dando paso a la extravagante presentación de la estrella del Manshine City: Chris Prince. Y el resto es historia.
Puede que Chris sea un tanto excéntrico, pero sin duda sabía lo que hacía —independientemente de que le gustara hablarles a las cámaras de seguridad—. Les ayudó a enfocar un entrenamiento individual de sus habilidades. Chigiri lo entendía más que cualquiera de los presentes: cuando no cuidas bien tu talento, se marchita. Usó la frustración de recordar su rendimiento en el partido contra la Sub-20 para entrenar duro, recuperar el tiempo perdido y superar sus propias habilidades. Definitivamente no iba a permitir quedarse atrás, no hasta que cada célula de su cuerpo sucumbiera por completo.
Su entrenamiento no le permitió desviar sus pensamientos a ningún otro lado que no fuera el aquí y el ahora, o eso hubiera querido.
Chigiri culpaba a aquella página, pero, en el fondo, tampoco podía evitar ser alguien observador. Ya fuera durante sus descansos en las duchas comunes o al final del día en su habitación compartida, ver a esos dos era doloroso. Sí, Reo ya no se veía tan depresivo como cuando lo conoció y en definitiva ya no asesinaba cepillos de dientes a mitad de la noche, pero, cada vez que estaban en un espacio en conjunto, había una atmósfera incómoda que cualquiera podía notar; lo peor era que era el único que podía entender el porqué.
—Nagi, debes tomar suficiente agua —le decía Reo una vez terminada su propia rutina. Se acercaba a él con una botella extra, pero ya estaba lejos para cuando Nagi volteaba a darle las gracias.
—¿Otra vez has olvidado tu toalla? —regañaba a la par en que le lanzaba una a la nuca, cuando Nagi terminaba su propio entrenamiento, pero rápidamente se volvía a enfocar en el suyo.
—Aunque te dé flojera, debes masticar bien eso —señalaba antes de irse del comedor ya que, de alguna forma, nunca coincidían en tiempos para comer juntos.
Chigiri solo pudo suspirar. Era evidente que Reo lo estaba intentando, pero a la vez no podía hacerlo por completo. Complicado, había dicho, cualquiera que les prestara atención cinco minutos podía verlo.
En cuanto a Nagi, bueno, Nagi Seishirou era probablemente un buen candidato como sujeto de estudio para la ciencia. Ni siquiera Chigiri podía saber lo que pasaba por su cabeza, cuál era su proceso de pensamiento, lo que haría a continuación o lo que deseaba hacer. Chigiri no estuvo presente en el momento de su separación, pero sí con cada uno de ellos por separado. Nagi no se veía afectado como Reo, pero siempre lo tenía presente; y ahora, aunque no se acercaba a él, miraba varios segundos por encima de su propio hombro para mirarlo.
En conclusión, eran un par de idiotas que no se tomaban el tiempo de hablar, aun cuando era evidente, al menos para Reo, que había cosas por tratar. Chigiri sinceramente esperaba que esto no afectase a su primer partido.
Entonces, tras diez días de arduo entrenamiento y tener que lidiar con la subtrama de sus dos amigos, los partidos comenzaron.
Los primeros en enfrentarse fueron los dos primeros estratos en formarse: Bastard München vs FC Barcha.
Chigiri se puso cómodo, había una gran probabilidad de que viera el progreso de Bachira e Isagi, además de que se enfrentaría con alguno de ellos. No era su partido, pero estaba ansioso por ver el progreso de sus amigos, además del nivel de fútbol de los equipos profesionales en su conjunto; quería saber a lo que se enfrentaba, mas no porque dudara de su preparación, por el contrario: quería aplastarlos.
Miró de reojo a una esquina de la habitación. Reo, apoyado contra la pared, observaba atentamente la pantalla a la espera de que aparecieran los nombres de los titulares. Entonces, Nagi se acercó con una de las tabletas de Blue Lock y se sentó prácticamente a sus pies sin decir una sola palabra, como si fuera natural para él estar a su alrededor.
Chigiri observó cómo los hombros de Reo se tensaron unos segundos, relajándose al darse cuenta que Nagi estaba en su propio mundo. Cuando Reo miró en su dirección, Chigiri alzó una ceja con intención, el otro le devolvió el gesto, como si quisiera demostrar que esto en realidad no le afectaba, cuando lo tenía escrito en toda la cara.
Mantuvieron una guerra silenciosa con la mirada hasta que Nagi exclamó sorprendido, llamando la atención de ambos.
—Vaya, hubo un comodín —susurró Nagi, más para sí mismo que para los demás. Le mostró algo a Mikage desde la tableta, pero la mirada del susodicho estaba clavada en la pantalla más grande, boquiabierto.
Chigiri siguió su mirada, encontrándose con que los titulares de ambos equipos ya se encontraban en la cancha. Y entre el estrato de Alemania estaba él.
—¿Kunigami? —murmuró Reo, como si estuviera viendo un fantasma. Nagi mencionó algo sobre un comodín secreto, pero Chigiri no pudo reparar en esos dos de momento.
Estaba demasiado enfocado en posar sus ojos en esa pantalla y hacer que su mente terminara de procesar toda la felicidad que invadía cada poro de su piel, recorría sus venas y latía fuertemente en su pecho. Le tomó un par de segundos, pero reparó en que se encontraba con la boca abierta, la cerró y se mordió el labio inferior, recuperándose del impacto inicial.
—Así que lo has logrado, héroe —finalmente concluyó para sí mismo, sin intención de evitar la sonrisa que surcó sus labios.
Sabía que Reo estaba igual de impactado y positivamente sorprendido por el regreso de Kunigami, pero fue imposible para Chigiri no notar que había algo diferente en él.
—Su puntaje es bastante alto, ¿qué demonios fue ese comodín? —murmuró Reo. Al voltear a verlo, Chigiri notó que ahora tenía en mano la tableta de Nagi.
Claro que era diferente, todos eran totalmente diferentes ahora, su fútbol avanzaba a pasos agigantados; si no lo hicieran, se habrían quedado atrás. Mas con Kunigami fue distinto. No supieron de él por mucho tiempo y ahora reapareció de la nada con unas estadísticas impresionantes.
Sin embargo, Chigiri sabía que fue mucho más que eso: la forma en la que se movía en la cancha, ese arranque de intenso egoísmo al no ceder el balón ni por un segundo y su expresión tan ecuánime incluso al enfrentarse contra el evolucionado regate de Bachira, le gritaban que algo mucho más profundo en él había cambiado. No había asomo de esa pasión en su juego o de esa ilusión que brillaba en sus ojos al pasar a sus contrincantes. Incluso desde lejos, Chigiri pudo notar que algo estaba mal.
No había forma de escucharlos, pero parecía que estaba siendo ignorado por su equipo y teniendo roces con sus integrantes. Aun así, su expresión no se movía ni un centímetro; no encontró frustración, coraje o determinación. No la que caracterizaba tanto a Kunigami.
Chigiri se encontró demasiado inmerso en el partido como para reparar en algo más. Se repetía a sí mismo que no debería darle demasiadas vueltas, que debería enfocarse en analizar el juego de ambos equipos, en las habilidades de cada jugador; pero, en el fondo, estaba deseando poder enfrentarse a ellos para finalmente volver a tener enfrente a Kunigami, hablar con él, al menos, felicitarlo por volver o, si era requerido, hacerle un llamado de atención.
Finalmente, con ayuda de Isagi, Kunigami marcó el gol que le daría la victoria del primer partido, haciendo de ellos sus siguientes oponentes.
Y, bueno, también revelaron que estaban inmersos en un Reality Show: Blue Lock TV.
Chigiri miró por encima de su hombro lo que antes pensó eran cámaras de seguridad. Aunque dudaba que los grabaran absolutamente todo el tiempo, se preguntó vagamente qué tanto de sí mismo había mostrado hasta ese entonces. También pensó que ahora Chris Prince no le parecía tan loco, sino que era un hombre de negocios.
Las ofertas fueron entabladas y la motivación de todos se encontraba por los cielos. En diez días más le demostrarían a todo el mundo de lo que eran capaces, le demostraría a todo el mundo que él sería el ganador de esto, sin importar qué.
Chigiri entró a la cancha el día de su debut en la Liga con varios objetivos en mente: poner a prueba el rendimiento de su fórmula dorada, anotar —al menos— un gol con ella, ganar el partido, abrirse paso en el ranking con una excelente oferta gracias a todo eso y dejarle claro a Kunigami que no le interesaba cuán cambiado se mostrase porque seguiría enfrentándose a él como si fuera el de siempre.
A estas alturas, más al tanto de lo que fue el Comodín, había aceptado que se reencontraría con una versión oscura del Kunigami que conocía. En lugar de desanimarle, Chigiri se propuso ser quien despertase al héroe que se escondía tras esa impropia hostilidad. No titubeó al acercársele ni al hallar su momento de hablar después de Reo —solo no le molestó que se le adelantara por ser quien estuvo a punto de acabar en su posición, la verdad—, tampoco se tomó a pecho el nuevo uso despectivo de princesa con el que lo llamó.
De sus objetivos, terminó cumpliendo la mayoría hasta cierto punto. Perdieron, pero la fórmula para la que tanto entrenó fue efectiva y le dio su puesto como un jugador valioso en tan solo su primer partido. Dejándose de lado, también hubo una grata sorpresa: Nagi y Reo parecían haberse reconciliado. Eligieron el peor momento para discutir sus perspectivas —si quería evitar un escándalo, no fue muy inteligente hacer un drama en medio del campo, menos con cámaras transmitiéndolos por todo el mundo—; sin embargo, la tensión ya no estaba presente en la habitación esa noche. Luego comprobaría el estatus de su relación y, ¿por qué no?, qué impacto tuvo esa escena en los fanáticos.
Lo que realmente le frustró fue que Kunigami lo ignorase por casi todo el encuentro. La brusquedad era comprensible, ¡la indiferencia no! Por eso, incluso había averiguado sobre las visitas a los otros estratos. No resultó ser un trámite tan complicado, por lo que en pocos días ya estaba de nuevo ante él.
Esperaba no haber estado en un buen ángulo para las cámaras, porque no pudo evitar abrir un poco más los ojos con el primer vistazo que consiguió de Kunigami. Acababa de salir del gimnasio —fue buena idea dirigirse allá primero, conocía muy bien sus hábitos— y, aunque ya había visto su cuerpo todavía más al descubierto incontables veces, sus desarrollados abdominales después de casi dos meses eran más que bienvenidos, aun si solo duraron un instante al aire, ya que se había terminado de poner una camiseta. Por supuesto, compuso su expresión de inmediato, sobre todo porque Isagi también estaba ahí.
Hizo énfasis en que había venido para hablar con Kunigami, pero nadie parecía captar indirectas aquí. Habría dado igual, de todos modos, porque Bachira apareció también en cuestión de minutos y, de pronto, la visita se convirtió en el reencuentro de los cuatro egoístas del equipo Z. Era prácticamente imposible tener un momento a solas en Blue Lock. Fue divertido, al menos.
Refrescado por haber vuelto a jugar con ellos, regresó al estrato inglés a darse un baño. Ya todos se habían acostumbrado a su larga rutina de cuidado personal, por lo que podía tomarse su tiempo con calma. Este parecía un buen día para revisar las noticias mientras se secaba el cabello.
Empezó por las del partido. Aunque el protagonismo se lo había llevado el Bastard München, sí que encontró párrafos dedicados a las revelaciones del Manshine City. Finalmente, sonrió en grande al leer su nombre junto a una gran descripción de su técnica. ¡Chigiri Hyouma había vuelto a ser prometedor! Nagi y Reo tampoco se quedaban atrás.
En segundo lugar, buscó por separado a Reo. A diferencia de la primera vez, las notas futbolísticas eran las destacadas, sobre todo aquellas donde lo apodaban Camaleón. Sentía algo de orgullo. Sabía que, aun si habían vuelto a ser un dúo, estuvo entrenando duro para también resaltar por su cuenta, por lo que ver que estaban reconociéndolo por sus propias jugadas era excelente. De nuevo, más abajo en la búsqueda, aparecía esa página. Estaba solo en la habitación, así que no habría problema con curiosearla.
La cantidad de historias había aumentado significativamente. Para evitar escandalizarse, se limitó a leer las etiquetas esta vez. El emparejamiento con Nagi era constante, pero ahora también lo escribían como un personaje secundario en tramas protagonizadas por Isagi junto a alguien más. Se le escapaba una risilla con cada nueva pareja que le asignaban. Si Reo viera que él era una de ellas, de seguro le sacaría una reacción divertidísima.
Suponía que la popularidad de Isagi continuaba vigente y que sus variados pretendientes ficticios eran una de las consecuencias; de otra manera, sería increíble que incluso hubiera historias en las que tenía un harem. Se preguntaba si le gustaría saber que el público lo veía como alguien así de deseable cuando…
—¡Pffft! —De no haber tenido ambas manos ocupadas, habría llevado una a cubrirse la boca. Acabó haciéndolo, de todos modos, forzado a apagar y soltar el secador por la risa incontenible que le había provocado la última pareja enlistada en una de ellas.
Si Isagi se enterara de que había gente leyéndolo con el mismísimo Kaiser —siendo uno de los emparejamientos más populares—, solo estaba seguro de que su respuesta sería digna de un espectáculo.
—¿Qué es tan divertido? —Las apariciones repentinas de sus amigos iban a ganarles un golpe un día de estos. De la risa, no había notado que alguien abrió la puerta hasta que escuchó a Reo hablarle.
—¿Y Nagi? —Usó la ausencia del más alto como distracción en lo que retrocedía el navegador hacia el buscador.
—¿Por qué preguntas como si fuera obligatorio que esté conmigo? —Se acercó hasta sentarse a su lado.
—No se han separado desde el juego. —Le dio un codazo al costado, al que Reo cedió con facilidad—. No estoy ciego, es obvio que volvieron a ser como antes.
—Chris lo llamó. Vine a repasar al PXG, pero ¿qué estás viendo tú?
—¿Recuerdas cuando dije que éramos famosos? —Le mostró la tablet con el buscador repleto de noticias de Reo—. Ahora es más de esperar por el reality, pero quise ver qué tanto ha cambiado el panorama con nuestro debut.
—¿Todas esas son mías? —Tomó el aparato en manos, boquiabierto. Chigiri sintió un leve nerviosismo al verlo deslizar hacia abajo. Reo sabía inglés; esperaba que no le llamase la atención aquel vínculo.
—Ya eres más reconocido como el Camaleón. ¿No es genial?
El brillo en los ojos de Reo era respuesta suficiente. Ver el resultado de su arduo trabajo, independientemente de sus hazañas en dúo con Nagi, debía ser una sensación plena y satisfactoria como la que transmitía con su sonrisa. Su propio mérito logró sobresalir sin ser opacado con el de Nagi.
Chigiri se olvidó momentáneamente de lo demás al ver a su amigo tan feliz.
—¿Has estado viendo algunos, eh? —le señaló Reo al picar una página que, se veía, antes había sido visitada.
Mierda.
—No creo que debas…
Pero fue tarde, Blue Lock actualmente era un proyecto a escala billonaria e internacional, así que el internet seguía siendo más rápido que Chigiri, por ahora.
Reo no dijo nada una vez que la página había cargado, saltándose olímpicamente los términos de seguridad como él la primera vez, y entró de lleno a una página donde se leían: 1-20 of 754 Works in Mikage Reo.
Chigiri no mentiría, había pensado un par de veces en mostrarles a sus compañeros esta parte de la fama, ver sus reacciones al ser emparejados de esa forma por su público y cómo los representaban en diferentes tramas ficticias y distorsionadas; pero, por alguna extraña razón, ahora que Reo estaba ante esa pantalla, leyendo y procesando lo que veía, el Leopardo rojo se comenzó a sentir nervioso, como una picazón en la punta de sus dedos y un cosquilleo que recorría sus hombros y le cubría hasta los omóplatos. Se lo atribuía al hecho de que Reo lo había descubierto por error, en vez de mostrárselo él mismo.
Pasando casi un minuto en silencio, Chigiri apretó los labios en lo que veía cómo sutilmente el rostro de Mikage comenzaba a pigmentarse. Entonces, se dio cuenta de que, todo este tiempo, su mirada no se había quitado de una sola etiqueta. La primera que salió en aquel sitio y la que Chigiri sabía era de las más populares del momento debido a su partido.
Mikage Reo/Nagi Seishirou.
Chigiri escuchó al otro tomar aire, como si de repente le faltara oxígeno a su cerebro.
—Chigiri, tú… —Reo alzó la mirada rápidamente, encontrándose a sí mismo como un desastre expresivo y abochornado—. ¿Por qué estás leyendo estas cosas sobre mí y Nagi?
Las alarmas se encendieron en la cabeza de Chigiri como un montón de ruidosas sirenas que tiraron por la borda cualquier pensamiento lógico. Nunca. Jamás se habría imaginado que Reo llegara a conclusiones que, si lo pensaba bien, por la situación actual parecían completamente lógicas.
—Espera, ¡no es lo que crees! —Trató de articular enseguida. Gruñó por lo bajo y suspiró pesadamente—. ¡Es lo que te decía antes! Somos famosos, entonces, los fanáticos hacen ese tipo de cosas. Apenas lo descubrí la vez pasada.
Reo entrecerró los ojos con un toque de escepticismo que se vería indolente si no fuera porque su cara aún mantenía remanentes de aquella explosión de calor en ella. Tras una guerra de miradas, Mikage pareció ceder y fruncir el entrecejo con cierta aceptación.
—Veo por qué te reías antes. Eres un desgraciado, Chigiri —resopló Reo, arrugando la nariz con cierto deje de desdén, pero ahora más animado.
—Empiezo a creer que los espectadores saben más de nosotros de lo que deberían. —Soltó una leve risa para aligerar el ánimo, rascando su mejilla.
Reo volvió a relajar su cuerpo y miró de nuevo la pantalla de la tableta, esta vez con más detenimiento. Miró de reojo la tabla que Chigiri había ignorado, y presionó, pensativo, dejando ver más etiquetas que Chigiri había pasado desapercibidas. El chico analizó la página con más interés del que Chigiri lo consideraba capaz por cosas tan banales como esa.
También llamó su atención el que no comentara nada respecto a cuán amado era su dúo, pero, aunque Reo trataba de mantenerse impasible, Chigiri podía ver el sofocante rojo invadir desde la punta de sus orejas hasta su nuca. Se preguntaba qué era lo que pensaba de ello, mas de repente algo cambió en la expresión de Mikage. Una sonrisa se asomó por su rostro, le dio escalofríos.
1-20 of 511 works in Chigiri Hyouma, se mostraba en la pantalla.
Chigiri se sorprendió por esto. La última vez que había echado un vistazo a esto, su nombre no era tan relevante como el de sus compañeros y apenas tenía unas pocas historias sobre su persona, ¿en qué momento había ascendido a tal número? Ego Jinpachi era un desquiciado que sabía cómo lanzarlos a la fama.
Cuando Reo abrió aquella barra lateral en un apartado que mostraba las relaciones, su sonrisa se atenuó levemente. Su nombre junto al de Nagi seguían en el podio. Chigiri quería reír ante esto, ya que estaba seguro de que la intención de su amigo era darle una cucharada de su propia medicina, hasta que reparó en los nombres debajo de Nagi y Reo.
Chigiri Hyouma/Kunigami Rensuke (104).
—¿Qué? —La impresión hizo que tomara aquella tableta de las manos del otro, tratando de leer bien. Por más que leía y releía, el significado de esas palabras no cambiaba.
Ni siquiera estaban en el mismo equipo, ¿cómo era posible que las personas hicieran esa asociación tan rápido? ¿Fue su corta charla a inicios del partido? Kunigami lo había evitado completamente después de esto, y la última vez que lo vio fue en el estrato alemán. Entonces, en ese preciso momento la cámaras estaban enfocadas en ellos, ¿eh?
Aun así, Chigiri no hizo o dijo nada que pudiera prestarse a otras interpretaciones, ¿no es así? Bien, fue a buscarlo a él específicamente, quizá lo miró un poco más y quizá lo había llamado por su nombre cuando comenzaron a jugar junto a Isagi y Bachira.
¡Isagi! Maldita sea. Al ser la estrella de Blue Lock desde el partido de la Sub-20, era natural que las cámaras lo siguieran de cerca.
Demonios, ¿era tan obvio con Kunigami? ¿Tanto que, incluso teniendo los reflectores en Isagi, los demás lo notaron? ¡Era la preocupación que cualquiera esperaría de un camarada! No había nada extraño en sus acciones. Kunigami ni siquiera lo volteaba a ver como antes, tratando arduamente de seguir con una barrera de indiferencia.
Apenas pudo regresar en sí cuando escuchó la risa de Reo a su lado.
—¿Qué sucede, Chigiri? Es el precio de la fama, después de todo —se burló Reo, como si su cara no estuviera aún cubierta por los remanentes de la vergüenza. Chigiri no podía decir que estuviera mejor que él.
—No eres quién para hablar —contraatacó Chigiri, dándole un pequeño golpe en el hombro, aligerando el ambiente. Si acababa de quedar expuesto, no le permitiría creer que era el único—. ¡Se dieron cuenta de lo tuyo con Nagi primero, ¿no?!
El color volvió a estallar en Reo.
—¡N-No lo digas como si fuéramos pareja!
—¡Pero te gusta!
—¡Y a ti, Kunigami, ¿no?!
Se señalaban en la cara mutuamente, y se temía que había adquirido el mismo tono que el rostro ajeno, a juzgar por el calor en sus mejillas. Quizá había subestimado el impacto de tener información como esta, lo hizo hasta que su propio nombre lo golpeó en la cara cual guante blanco. Al menos fue Reo, quien quizá mejor lo entendía, el único que sabía sobre esto.
—¿Están viendo las estadísticas del PXG?
La voz de Nagi los tomó a ambos desprevenidos. Chigiri, por reflejo, volteó la pantalla de la tableta contra sus piernas y, por el rabillo del ojo, notó cómo Reo se había prácticamente abalanzado sobre el genio. Cuando miró por encima de su hombro, pudo ver la palma de la mano de Reo cubriendo toda la cara del impasible Nagi.
—¿Reo? —preguntó el chico, sin afán de sacarse al otro de encima.
—Es mejor que no lo veas, Nagi —explicó sin explicar Reo.
Chigiri estuvo de acuerdo. Si bien, en algún punto pensó mostrarle esto a sus amigos para reír un rato, justo ahora ya no estaba seguro de querer hacerlo alguna vez. Quizá, esta página debía ser oculta en lo más profundo de sus buscadores de momento.
