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Characters:
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Language:
Español
Series:
Part 3 of Dame una razón para quedarme (encuéntrame otro camino a mi hogar)
Stats:
Published:
2023-07-31
Words:
5,909
Chapters:
1/1
Comments:
1
Kudos:
25
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1
Hits:
221

Historia 3: Prométeme que saldrás de aquí

Summary:

Izuku es Quirkless, pero eso no explica por qué no puede permanecer muerto.

Siempre puede escoger, entre dos puertas. Una para avanzar. Una para regresar (mantenerse vivo).
Hay algunos días en los que no quiere regresar, y mientras más tiempo permanezca en ese cuarto entre dos puertas, piensa que esa parte de él es correcta. Aún tiene una lista de lo que quiere hacer antes, pero cuando viene el momento de empujar… Izuku caerá primero.

(Hogar no ha estado entre los vivos en mucho tiempo).
(Izuku siempre ha sido bueno en salvar a los demás excepto a sí mismo.
Incluso en la muerte, es un milagro).

Notes:

NOTAS DE LA AUTORA:

 

Estoy de vuelta con el angst, pero nadie se sorprende porque eso es todo lo que parezco ser capaz de escribir.
Algún día escribiré algo que no sea puro angst. Algún día. Algunas canciones que siento que siento pueden agregar a la experiencia de lectura (+ descripciones cortas para que puedan escoger las que suenen interesantes):

 

"I Wanted to Leave" - SYML (piano, instrumental)
"Plus tot" - Alexandra Streliski (piano, instrumental)
"The Wisp Sings" -Winter Aid (piano & voz, lenta & suave, melancólica)
"Where's My Love" - SYML (guitarra & voz, también un poco de piano & percusión, atmosférica, lenta, melancólica)
"Feel Good" - Matt Maeson (sólo guitarra & voz, la voz es un poco rasposa, con vibras tristes y cansadas, como si estuvieras cerca de rendirte)
"Fear of the Water" - SYML (piano & voz, suave & melancólica)
"Half the World Away" - AURORA (etérea, acústica)

 

Advertencia: suicidio, referencias a autolesiones, muerte de personaje importante, referencias a negligencia infantil.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

 

 

 

Vivir no es sencillo para Izuku. Por accidente o intencionalmente, vivir ha estado en la lista de cosas que simplemente ocurren. Tiene que vencer las adversidades todos los días que despierta, tiene que encontrar esa voluntad inquebrantable para ser cada mañana. Y así es como ha sido desde que recuerda.

 

 

 


 

 

 

La primera vez que Izuku muere es un accidente.

 

 

 

Es un niño estúpido y desde que fue diagnosticado como Quirkless, su mamá ha sido un poco menos atenta. Mas despreocupada, más dispuesta a hacerse la ciega, más dispuesta a ignorar sus heridas. Es más fácil llamarlo propenso a accidentes y dejarlo de esa forma. No le hace preguntas e Izuku aprende rápidamente que ella realmente quiere escuchar todo que quiere decir de todas formas.

 

 

 

No está viendo las calles mientras intenta cruzarla, sin nadie cuidándolo ya que su madre está observando su teléfono, sin saber que se alejó de ella. Nadie le está prestando atención tampoco así que cuando el carro llega, no se detiene.

 

 

 

Izuku siente el impacto, su pequeño cuerpo volando y después oscuridad.

 

 

 

Un desconocido tiempo más tarde, despierta. El lugar en el que despierta es blanco y vasto, sin un principio o final a la vista. La única cosa en el cuarto son dos puertas.

 

 

 

No está seguro de donde está, pero sabe que quiere regresar a casa. A su cuarto. Donde puede pretender que el día de hoy no ha pasado. Así que deambula hacia las dos puertas. Una luce normal, como la de su apartamento o cuarto. La otra luce normal exceptuando el color imposiblemente negro y la energía que irradia, de algo más profundo, indefinible por sus estándares.

 

 

Izuku no lo duda, yendo a la puerta familiar y abriéndola, caminado a través de ella. Su visión se puso en blanco y cuando abre los ojos, está al otro lado de la calle en la que estaba seguro que había muerto. El auto que lo arroyó está avanzando como si nunca hubiera pasado y su madre no se ha movido.

 

 

Sacude su cabeza. Tal vez lo había imaginado. Después de todo, nadie parece haber reaccionado.

 

 


 

 

La segunda vez que ocurre, pasaron otros cuatro años. Apenas había empezado la secundaria, y él está aún más hastiado, más desilusionado por ello. Está más solo que nunca también, con más cicatrices. Sabe demasiado sobre vendar heridas y cuidar de quemaduras, demasiado sobre cocinar con un presupuesto ajustado y hacer que las cosas duren más.

 

 

Tsubasa y sus amigos están siendo tan malvados hoy. Kacchan le había propiciado unas explosiones pequeñas, pero se fue temprano, gritando cómo estaba dejando a los extras porque tenía que “entrenar”. Sin Kacchan cerca para impresionar, Tsubasa y sus amigos se habían dejado llevar golpeando a Izuku.

 

 

Él cayó y ellos siguieron pateando. No se detenían y aunque no hubiera sido suficiente si solo hubiera pateado, estaban usando también sus quirks. Así que estaba quemado y sangrando, y las patadas incesantes continuaron. Eventualmente sus ruegos para que se detengan se volvieron sollozos y después estuvo silencioso. Después de darse cuenta que Izuku se había callado y estaba flácido, le habían hablado “¡Deku! ¡despierta! ¡No hemos terminado contigo!” pero Izuku había estado tan cansado que sus ojos se habían cerrado, no respondió. Ellos no podían saberlo, pero Izuku no se había desmayado, él había muerto en ese momento.

 

 

Habían pasado años desde que había estado aquí, pero lo reconoce. La habitación vacía. Blanda. Blanca. Es ahí que reacciona, que si había muerto esa primera vez. Y ahora, está muerto, de nuevo. A diferencia de esa primera vez, no entra en pánico, ni está apresurado para regresar a casa.

 

 

No entra en pánico, pero llora. No entiende cómo pueden ser tan crueles para golpear a otro niño hasta la muerte. Él nunca les ha hecho nada.

 

 

 

Está tan solo, que desea no estar solo en este sitio, con los ojos apretados mientras se mece de atrás hacia adelante, con sus rodillas dobladas cerca de su pecho.

 

 

De repente, es asustado por la presencia de alguien más. Alguien desliza sus brazos debajo de sus axilas y lo levanta gentilmente, acomodándolo en un regazo cálido y volteando su cabeza hacia su hombro. Izuku está demasiado enojado para molestarse en pensar en quién podría ser, sólo se aferra al conocimiento de cálido seguro protegido y llora. Una mano acaricia su espalda, susurrando que no hizo nada mal y que fue un niño bueno.

 

 

Cuando sus lágrimas fueron lloradas, finalmente levanta la cabeza – aunque ni por un minuto considera quitarse del regazo de esta persona. Murmura suavemente, “¿Quién eres?”

 

 

Se acurruca aún más mientras tararean, respondiendo, “Soy la muerte, Midoriya Izuku.” En vez de estar asustado, Izuku se siente un poco esperanzado.

 

 

“Estas aquí para buscarme?” ellos lo abrazan un poco más fuerte entonces.

 

 

“No, Izuku. Estoy aquí por me llamaste. La decisión de quedarte o irte es tuya,” señalan a las dos puertas que recuerda vagamente.

 

 

“Oh.” Izuku está dividido. No quería tener que tomar una decisión. Estaba cansado, sólo quería descansar.

 

 

“No tienes que escoger ahora. Puedes descansar, Izuku. Yo me haré cargo de los demás.”

 

 

Izuku confía en ellos y se relaja, deslizándose en el sueño, enterrando su rostro en su hombro, aún cálido y a salvo en su regazo. Mientras se queda dormido se pregunta cuáles son las implicaciones que la muerte sea la que es gentil. Que la muerte fue la que cuida de él, que lo sostiene y dice que lo ha hecho bien.

 

 

es después de estos que casi comienza a desear la Muerte. Es un deseo tonto, pero la Muerte lo escucha de todas formas y sonríe gentilmente.

“Estaré aquí cuando más me necesites.”

 

 

Izuku está patéticamente agradecido mientras se va por la puerta que lo deja despertar de nuevo. Se pregunta si se arrepentirá de su decisión más tarde

 

 

A veces piensa sobre eso, observando a los tejados y sentado en la bañera con dos navajas. Se pregunta si lo tiene en él- pero siempre se retracta al final. Es una pendiente resbaladiza. Si empieza – si de repente tiene la habilidad de ir a ese pedazo de seguridad y santuario a voluntad – no piensa ser capaz de detenerse. Sólo terminará saltando o desangrándose de nuevo y de nuevo hasta que se quede. Esta es una línea que no puede cruzar. (Pero no significa que no se siente aliviado la siguiente vez que muere).

 

 

 

 


 

 

 

 

La siguiente vez que muere, tiene doce años, solo unos escasos meses de cumplir trece. Toma la oferta de la Muerte de descansar antes de regresar, aunque aún no considera quedarse.

 

 

Sabe que sería más fácil, pero algo en él lo regresa al mundo de los vivos, como si anticipara algo que aún no ocurre aún, para lo que necesita estar.

 

 

Aunque no lo detiene de quedarse en esa nada por un rato más. No detiene ese doloroso cansancio o suspiros pesados cuando la personificación de la Muerte que su mente ha conjurado lo abraza.

 

 

Es probablemente una señal de advertencia cuando la Muerte se vuelve una figura paterna.

 

 

 


 

 

 

Su próxima reunión con la Muerte no es tanto un accidente como una oportunidad. Se estaba cansando de estar hambriento y herido todo el tiempo cuando el auto acelerando hacia él, corriendo a través de la intersección e ignorando el signo de alto, él simplemente decidió no prestar atención. Se sintió como un tipo de justicia poética que moriría de esta forma por segunda vez, solo y olvidado. Sin nadie en la intersección, decidió no saltar de lado o moverse más rápido y en cambio continuó, dejando que el auto chocara contra él con un ruidoso crack y thump mientras su cuerpo golpeó el suelo. No estuvo consciente el tiempo suficiente para saber si el coche se quedó para llamar a la ambulancia, pero supuso que no le importaría mucho de cualquier forma ya que lo olvidarían si elegía despertar.

 

 

Cuando abre los ojos, es en el cuarto vacío al que se ha vuelto familiar sin pretensiones, y suave, y en muchos sentidos, con alivio.

 

 

“Hola, Izuku,” la mano de la Muerte roza su hombro. Rápidamente se voltea y abraza al ser por la cintura. Su “hola” es amortiguado por la forma en la que está presionado contra las ropas que parece estar usando.

 

 

El ser regresa el abrazo con fuerza, pero no se va por las ramas, simplemente pregunta, “¿te quedarás?” sus palabras son gentiles pero incitantes, nunca juzgando. El ser acaricia su cabeza y lo hace sentirse tan joven. Como la añoranza de una madre y padre que solían hacerlo (que solían amarlo).

 

 

Mira hacia arriba, a ese rostro que son todos y nadie a la vez, con ojos llorosos y agotamiento irradiando de su cuerpo, “No… no aún. Queda algo en mí. Solo un poco más.” 

 

 

Su sonrisa es suave y cariñosa. “De acuerdo, Izuku.”

 

 

Su voz es tímida y avergonzada cuando pregunta, “¿Estarás aquí cuando lo haga?”

 

 

Envejecen al instante, luciendo diez años más viejos. Tristeza se asoma por su sonrisa, y son firmes cuando dicen, “Si. Lo haré. Y después estaré aquí, el tiempo que me necesites.”

 

 

Izuku no levanta la mirada, pero tentativamente estira su mano para tomar la suya y la aprietan tan pronto como la agarra. Está tan cansado, pero aún sigue esperando, esperando, esperando por el momento adecuado para marcharse. Todo su cuerpo le está diciendo aún no, aún no. Se pregunta cuándo el aún no se convertirá en ya casi ya casi. Se pregunta cuando escuchará si, ahora. Se pregunta si será acompañado con un suave suspiro, como de alivio. Casi no puede esperar. La Muerte se abalanza y se arrodilla, acercando a Izuku para un fuerte abrazo, un poco triste por Izuku, pero tan increíblemente encariñada con él.

 

 

Pero por ahora, en esa nada, Izuku duerme. Descansa y no tiene que hacer nada más que ser. Vivir no es tan difícil en este sitio, pero en este lugar no está realmente vivo de todas formas.

 

 

Cuando le habla, la Muerte aparece. Se queda con él cuando le pregunta e Izuku se acurruca a su lado, con fuerza. Se estiró para tomar su mano, y su agarre es gentil y frágil, pero determinado, como si estuviera asustado de soltarse, pero también asustado de ser apartado. El tiempo pasa volando en ese sitio entre la vida y la muerte. Duerme lo que se siente días, y se recupera lo suficiente para saber que no se desmoronará en las costuras cuando regrese. En el tiempo ahí se siente particularmente feliz, toma la mano de la Muerte y las mece de adelante a atrás, riendo suavemente. Es una escena de la niñez que se escapa de él en cualquier otra parte. está agradecido que al menos ahí, no debe tener otra edad que no sea trece, ni siquiera trece si no puede soportarlo. En sus días oscuros, murmura, “Desearía poder quedarme aquí.”

 

 

Con ojos sabias, seguramente sabiendo su respuesta, la Muerte le responde, “Podrías.”

 

 

Izuku mira arriba y sacude su cabeza, “No puede. No aún. Tengo un poco más dentro de mí. No estoy listo para rendirme.”

 

 

Ella simplemente responde, “Me encantaría tenerte aquí, cuando sea que ocurra.”

 

 

Izuku sonríe antes de fruncir el ceño. “Necesito regresar pronto,” su mirada está hacia abajo mientras habla.

 

 

La Muerte le acaricia la cabeza, sabiendo como siempre y él se desliza por la puerta, suave y tranquilo antes de despertar en la calle alado del sitio donde había muerto. Es el mismo día, tal vez un minuto o dos después de morir, y no hay evidencia de su sangrienta muerte. Nadie parece haberlo visto, lo que hace la vida mucho más fácil. Corre de regreso al edificio de apartamentos, subiendo las escaleras y entra a su departamento.

 

 

Algún día, la vida será amable.

 

 

 


 

 

Él mintió. está agotado y quiere sentirse a salvo de nuevo. No tener que preocuparse. Encuentra un tejado y se avienta de él, sin molestarse por dudar. Seguro en saber que la Muerte estará del otro lado y puede respirar finalmente.

 

 

La oscuridad es calidad y suave, lo sostiene dulcemente. Con gentileza. Me gustaría poder quedarme aquí para siempre.

 

 

 


 

 

 

Después de eso, muere seguido. Una y otra y otra vez. Pierde la cuenta de ello. Es fácil, sólo desvanecerse. Así es como su año teniendo catorce (había celebrado su cumpleaños tirándose de un tejado y pasando su tiempo lejos en esa nada. A salvo, contento, y a salvo en los brazos de la Muerte). A veces preguntándose si alguien puede ver las huellas descoloridas de sus heridas que llenan su cuerpo, las estelas de su propia sangre y moretones.

 

 

Es seguro, lejos del mundo que ha tomado tanto de él. Que lo ha herido demasiado. Es su único consuelo que la Muerte siempre lo espera del otro lado. Que está encariñada con él, y que siempre lo trata como si fuera algo para ser atesorado. Digno de cuidado.

 

 

Sigue eligiendo despertar por pura terquedad, pero incluso él puede sentir que esa aparentemente interminable fuente de determinación se está agotando.

 

 

Se pregunta si la siguiente vez despertará en absoluto. Se pregunta si querrá.

 

 

 

 


 

 

 

Esa es la cuestión con ser Quirkless. Si eres viejo, entonces te las has arreglado en un mundo al que simplemente no le interesas. Las tasas de población de Quirkless siempre están decayendo exponencialmente – es la generación de Inko y aún más la de Izuku la del problema. Si tienes suerte, morirás antes que la gravedad de la falta de quirk te golpeé. Chicos de su edad que sean Quirkless son uno en un millón, al menos. Simplemente significa que – a sus 14 años – Izuku ha vivido lo suficiente para ver al mundo rendirse con él también. Donde la justicia sólo era el fantasma en la máquina y él – joven y quirkless – era una inevitable víctima. Olvidado. Muerto. Y eso estaba bien, de alguna forma. Le hacía más fácil salirse con la suya sin que le hicieran demasiadas preguntas, hacía que las personas lo dejaran solas.

 

 

Hace lo mejor que puede ayudando, haciendo pequeños actos de bondad. Sus actos suceden y pasan desapercibidos, o descubren que es Quirkless y cambian de agradecidos a disgustados. Pero aun así no se detiene.

 

 

La mujer mayor que ayuda a cruzar la calle es extraña, porque sabe que es Quirkless y no lo aleja, y porque sus ojos, negro oscuro y sin esclerótica, miran en lo profundo de su alma. Antes de que se alejara, agradeciéndole, le advierte, “Chico, la Muerte te ama demasiado. Tienes que cortar ese amor antes de que seas arrastrado.”

 

 

No piensa que lo entienda. Está bien, nadie lo entiende. Él ama a la muerte con esa misma ferocidad y la sostiene igual de fuerte. Yo también te amo. El viento alborota su cabello.

 

 

 


 

 

 

 

Se la paso un largo rato limpiando la playa Dagobah entre sus muertes.

 

 

Después de ello, se encuentra a sí mismo regresando a ello. Es el sitio donde siente algo más cercano a paz y satisfacción. Es lo más cercano que puede llegar a su santuario sin morir.

 

 

Se encuentra a si mismo escapándose aquí por las noches, cuando el agua luce oscura e interminable. El agua lamiendo sus dedos, llamándolo mientras tragan las puntas de sus dedos. Se sienta en la arena, moviendo los dedos de los pies y se estira para trazar las oscuras y crecientes olas con sus dedos. Las olas son pequeñas, más como ondas, suaves y punzantes. Las puntas de sus dedos de los pies reciben el mismo tratamiento, desapareciendo y reapareciendo como si fueran comidos por la oscuridad y la forma en la que el agua traga la luz de la luna.

 

 

Se pregunta si está alucinando la forma en la que el agua le susurra, ondas que se elevan con susurros de añoranza y hogar. A veces se pregunta si sería algo malo deslizarse por las olas y dejar que lo arrastren. Si sería tan malo que el agua inundara sus pulmones y todos sus espacios vacíos. Se pregunta si el agua lo ama de la misma forma que él la ama.

 

 

Pero no se detiene en eso. No está listo para rendirse. Aún tiene esperanza, frágil y quebradiza pero aún presente. Sólo esperanza y mucho amor. Incluso si se quiebra. Puedo ser asombroso. Puedo ser un héroe.

 

 


 

 

Tal vez en otro mundo, Izuku. Tal vez no estaba destinado a ser en este.

 

 


 

 

 

Ese día predestinado llega sin alboroto.

 

 

Llega silencioso y sin advertencia.

 

 

En la escuela

Un lirio rojo de araña en su escritorio, normal.

Las palabras talladas en su escritorio, y arrolladas a su cara, normal.

 

 

Pero entonces, Kacchan. “… ¡Toma una zambullida del tejado y reza por un quirk en tu siguiente vida!”

 

 

Eso dolió, y solo se puso peor.

Las quemaduras, el cuaderno.

 

 

Entonces en su camino a casa, el villano de slime. Después, después- All Might, su héroe rompiendo el último pedazo de su ser.

 

 

Al final, no se molesta en quitarse del tejado en el que All Might lo deja. Simplemente se acerca al borde para alejarse lo más pronto posible. Para escapar a su santuario.

 

 

(All Might percibe una sensación de pérdida. Una oportunidad perdida. ¿Pero por qué?

 

 

Golpea el suelo en su espacio seguro, llorando.

 

 

La muerte acuna su rostro gentilmente, “¿Por qué insistes en defenderlos?”

 

 

“¡No son malas personas! Es sólo que la sociedad los hace actuar de esa forma… son buenos… son bueno… no necesitan que mi muerte interrumpa sus vidas.”

 

 

“Izuku, ¿Por qué ellos merecen ser felices y tú no? ¿Piensas que otros chicos sin quirk merecen sufrir de esta forma?”

 

 

Izuku rápidamente sacude la cabeza. La Muerte lo sostiene tan cuidadosamente cuando susurra. “¿Entonces porqué tú sí? ¿Qué merecen ellos que tú no? “

 

 

Oh. Oh. Finalmente, Izuku se siente libre. Liviano y flotando. No les debo nada. No le debo nada al mundo. También merezco ser feliz. Se queda viendo con los ojos abierto a la otra puerta, la que se mantiene cerrada en cada ocasión, incluso cuando no quería más que quedarse.

 

 

No se esperaba que terminara de esa forma, sin preparación y tan rápidamente, pero a la vez tenía sentido. La realización es tan natural una vez que la entiende. Alivio lo inunda antes de iluminarse con júbilo. “¡Vamos, vamos!” y está feliz mientras arrastra a la Muerte con su mano a la otra puerta que todo el tiempo se mantuvo cerrada.

 

 

“¿Entonces estás listo?”

 

 

Izuku sólo sonríe en respuesta, suave y brillante y amorosa. Confiando en que la Muerte lo cuidará, se quedará con él, lo llevará a un mejor lugar. No hay duda mientras abre la puerta, y cede con facilidad, girando fácilmente. No parece haber nada del otro lado, sólo oscuridad. Un vació indefinible que no se siente desalentador o aterrado, sólo suave y calmante. Tararea suavemente para él, como si dijera hola, bienvenido a casa, te extrañé. Mi niño, mi estrella, ¿podrías venir a casa? Te he extrañado, te he extrañado, te quiero. Mi pequeño niño, por favor ven a casa.

 

 

Izuku lo anhela sólo un poco. Ese anhelo se refleja mientras observa a la Muerte, con rostro expresivo y vulnerable. La Muerte coloca una gentil mano, que lo guía, siempre sin fallar, en su espalda, susurrando, “Te tengo, Izuku. Puedes soltarte.”

 

 

(No tienes que romperte por nadie más, nunca más. Puedes estar completo de nuevo.)

 

 

Izuku está contento cuando cierra sus ojos y se deja arrastrar, confiando que la Muerte lo sostendrá cerca y lo amaráamaráamará hasta que las estrellas mueran y el tiempo se detenga. (Y finalmente es bienvenido a casa, durmiendo.)

 

 

 

 


 

 

 

(Quien que conozca a alguien con un quirk sobre la muerte conoce sobre la historia de Midoriya Izuku. Sobre el chico que amó a la muerte imprudentemente y sin límites. Sobre el chico que la Muerte amaba hasta los finales del infinito. Todos sabían, también, sobre el mundo que lo arrojó a los brazos de la Muerte demasiado temprano.

 

 

Él los saluda en silencio, sin ser visto por aquello no conectados íntimamente con la Muerte.

 

 

Todos murmurando calladamente, “Lo siento, Izuku, que el mundo no haya sido cuidadoso con tu brillo.”

 

 

Él les sonríe gentilmente, sacudiendo la cabeza, diciendo con señas “A salvo. Feliz.” Una y otra vez con sus manos.

 

 

Ellos susurran, aún con dolor, “Estoy feliz que ya estés bien.”)

 

 

 

Dicen que la emoción que te sigue cuando mueres con más fuerza en la última que sentiste.

 

 

 

Izuku sólo siente mucho amor.

 

 

Está sonriendo porque no necesitan preocuparse por él. Ahora está a salvo, protegido del resto del mundo. No duele más.

 

 

Después de todo eso, aún tiene mucho amor que dar.

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

Eri sabe cómo ser silenciosa.

 

 

Ella odia al hombre que la desarma, pero a veces piensa que tiene razón, la forma que dice que está maldita.

 

 

Debe de estarlo.

 

 

Duele, todo el tiempo. La separa y la vuelve a unir una y otra vez. Ya no quiere que duela nunca más.

 

 

Hoy su pequeño, pequeño cuarto frío (puertas de acero, con llave, reforzadas. Con barras en las ventanas, una cama y una muñeca desgastada) algo cambió.

 

 

Se esconde en el rincón de su habitación, encogiéndose. Hay un chico. Tiene el cabello verde oscuro y ojos verdes que son suaves suaves suaves y gentiles gentiles gentiles. Eri quiere desesperadamente confiar en él.

 

 

“¿Quién eres?” ella pregunta, voz apenas más alta que un susurro, con la muñeca apretada en sus manos.

 

 

“Mi nombre es Izuku.” Él le sonríe. Es demasiado tarde para Izuku, pero estará condenado si deja que Eri se le escape de las manos. Ella está saliendo de este sitio. Va a vivir por cada momento que él no. Por cada futuro que él no pudo tener.

 

 

“¿Cómo llegaste aquí? ¿Por qué estás aquí?”

 

 

“Yo también fui lastimado,” él susurra, y los ojos de ella se abren más, “así que tuve que ir a otro sitio. ¡Ahora ya estoy bien! Pero puedo visitar a las personas, a veces, a los que son lastimados como yo lo fui.”

 

 

“¿Eres… como yo?” los ojos de Eri se llenan de asombro. “¿A ti también te dijeron que estás maldito?”

 

 

“Los ojos de Izuku brillan con algo indistinguible, “Algo parecido.”

 

 

Eri escucha la puerta empezar a abrirse y observa a Izuku, congelada de miedo, gimiendo.

 

 

“Eri. Eri, mírame. Todo estará bien. No pueden verme o escucharme. Así que me quedaré contigo, ¿de acuerdo? Tampoco puedo tocar nada, así que no sabrán que estoy aquí. Lo estás haciendo muy bien, tienes que tranquilizarte.”

 

 

Overhaul entra, jalándola del brazo, “saldremos hoy.” Es brusco y la agarra con mucha fuerza mientras la arrastra por la puerta.

 

 

Izuku camina al lado de ella, “eres tan valiente, Eri. Sólo tienes que resistir.”

 

 

Sus ojos se dirigieron hacia él y él le sonríe, estirándose para acariciar su cabeza, pero ella no siente nada.

 

 

“Sigue avanzando.” Overhaul demanda, sonriéndole con burla. Eri es empujada hacia adelanta y ella hace lo mejor que puede para mantenerse a la par.

 

 

Él la arrastró por la ciudad. Eri está tan asustada que él lastimará a alguien más. Que le hará daño a ella. “Eri, ¿confías en mí?” Izuku de repente pregunta a su lado. Como prometió, él nunca ha dejado su lado, una presencia inamovible siempre con ella. Eri sabe que es segurogentilseguro y asiente, con ojos muy abierto.

 

 

Él se preocupa por ella demasiado. Eri nunca ha tenido eso antes.

 

 

“Okay, Eri. Cuando yo te diga que te vayas, tienes que tirar tan fuerte como puedas y seguirme. Vamos a correr muy rápido, y será difícil, pero te llevaré a un lugar seguro. Te voy a llevar con un héroe.” Izuku suena determinado pero sus ojos siguen siendo los mismo gentilesamables y Eri parpadea en acuerdo, pero su cuerpo sigue estando tan asustada.

 

 

Continuando tropezando en el agarre de Chisaki, ella deja escapar un quejido de terror mientras él se gira para burlarse de ella. Sacude su cabeza de nuevo, volteándose para continuar arrastrándola. Momentáneamente, mientras se gira, su agarre se afloja un poco. Es suficiente.

 

 

Izuku grita “CORRE.” Eri arrebata su brazo del agarre de Chisaki y corre detrás de Izuku, manteniendo su mirada en su cabello verde. El verde es seguro. Su pequeño cuerpo no puede continuar por mucho tiempo, y se agota rápidamente, pero continúa, sabiendo que Overhaul debe estar detrás de ella, persiguiéndola. Tiene que lograrlo, o no tendrá otra oportunidad.

 

 

Izuku se voltea, con ojos suplicantes, mientras sus pasos se mantienen silenciosos, casi como si flotaran sobre el suelo, “vamos Eri, casi llegamos.”

 

 

Eri está tan concentrada en mantener sus piernas en movimiento que no se da cuenta cuando choca contra alguien.

 

 

Él tiene el pelo rubio, y es alto. Parece ser fuerte, especialmente al recuperarse al chocar ella que corría a toda velocidad. Ella mira a su lado y puede ver a Izuku sonriendo, brillantemente y feliz. De una forma que no había visto antes. Inmediatamente se relaja en respuesta.

 

 

Le dice, “¡Ese es Lemillion! Él será el héroe número 1 algún día, él te cuidará, Eri. No tienes por qué temerle.”

 

 

“¡Woah tranquila! ¿cómo te llamas?” Lemillion la observa, sosteniéndola un poco alejada para poder verle los ojos.

 

 

Abrumada, rompe en llanto, sollozando un pequeño, “Eri.”

 

 

“¡Hey, Eri, soy el héroe Lemillion! ¿sabes dónde están tus padres?”

 

 

Su cuerpo se tensa antes de comenzar a temblar, y Lemllion la observa, preocupado.

 

 

“Vamos, Eri, vayamos a casa,” la voz de Chisaki es enfermizamente dulce, pero ella puede escuchar la furia en ella.

 

 

Ella sacude su cabeza con fuerza, acercándose cada vez más al héroe, susurrando, “Él es un hombre malo, muy malo.”

 

 

Ella observa los ojos de Lemillion endureciéndose. “¿Entonces eres su padre?” Chisaki asiente, con una sonrisa impaciente que es falsa.

 

 

“Si, así que puedes entregármela.”

 

 

Lemillion le sonríe de vuelta, agudamente, “Oh, de inmediato, sólo si me podría seguir a la agencia de Sir Nighteye. Está cerca. Me temo que necesito que mi superior firme antes de que pueda entregársela. Es un… protocolo.”

 

 

“No, no, estoy seguro que puedes dejarlo pasar por esa ocasión. Lo podemos mantener en secreto.”

 

 

Lemillion empieza a retroceder lentamente, levantando a Eri para poder cargarla. “Eri, necesito que te agarres con fuerza de mí, ¿de acuerdo? Cierra tus ojos y no me sueltes.”

 

 

Ella asiente, apretando los ojos con fuerza, observando a Izuku asintiendo alentadoramente por encima de su hombro justo antes de que cerrara sus ojos. El pronuncia un, te amo.

 

 

ella no sabe cómo Izuku puede amar a alguien que conoció apenas hoy, pero de alguna manera ella lo cree. Le da esperanza y fuerza mientras se aferra a Lemillion con fuerza, sintiéndolo moverse, y comenzar a correr, el viento acariciándole su cabello.

 

 

Justo al lado de su oído ella susurra, “No dejes que te toque, duele mucho.” Él sólo aprieta más su agarre como respuesta y corre más rápido.

 

 

Mientras se acercan a la agencia, ella escucha a Overhaul maldecir y su voz se empieza a alejar. Él no puede arriesgarse a seguirlos a una zona con tantos héroes.

 

 

“Ya estamos a salvo,” Lemillion le dice, palmeando su espalda. Eri está tan aliviada, abriendo sus ojos y parpadeando para mirar por encima del hombro de Lemillion y observando a Izuku que los siguió, con ojos brillantes. Eri saluda por encima de su hombro, riendo mientras Izuku le guiña, haciendo como que golpea la espalda de Overhaul.

 

 

Lemillion voltea a ver a todas partes, “¿A quién saludas, Eri?”

 

 

Eri sonríe felizmente, la primera que él ha visto, “¡A Izuku!”

 

 

Izuku saluda a Lemillion a pesar que no puede verlo.

 

 

“¿Izuku? ¿dónde está? ¿quién es?”

 

 

“Está justo ahí,” ella le responde apuntando hacia la derecha y enfrente de ellos, “pero él dice que soy la única que puede verlo y oírlo,” al final de su oración ella asiente “él es el que me dijo que tú eras seguro.”

 

 

“Enserio, ¿huh? ¿Puedes preguntarle su nombre completo?”

 

 

Izuku asiente, “dile que mi nombre completo es Midoriya Izuku.”

 

 

“Dice que es Midoriya Izuku!” Eri repite.

 

 

Lemillion asiente, pensando que era algún quirk ilusorio de algún tipo, pero sin ser capaz de hacer nada excepto voltearse y caminar hacia la agencia dado que Izuku no era hostil y de todas formas no podía ser visto.

 

 

“¿Estaba él contigo? ¿con el hombre malo?”

 

 

“Si,” Eri responde, provocando que Lemillion inhale con fuerza, “¡pero sólo por hoy! ¡él me dijo que te encontrara!”

 

 

Él asiente, confundido, pero considerándolo, con su cabeza dándole vueltas antes de sacudirla y concentrándose en contactar a Sir Nighteye.

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

“Ella me dijo que fue Izuku el que le dijo que se acercara a mí. Y que Izuku está aquí con nosotros, pero sólo ella puede verlo u oírlo.”

 

Sir Nighteye simplemente lo observa, escéptico pero curioso. “¿Cómo dijo ella que se llamaba?”

 

 

“Midoriya Izuku.”

 

 

El detective Tsukauchi entra al salón de conferencias, deteniéndose antes de voltear a verlos, preguntando lentamente, “¿acaso dijiste Midoriya Izuku?”

 

 

Mirio lo observa fijamente, asintiendo.

 

 

“Ese nombre es muy familiar. Necesitamos buscar en la base de datos.”

 

 

Buscan en la base de datos de la policía y en segundos encuentran una coincidencia directa para un caso de persona desaparecida. Es un adolescente, con cabello y ojos verdes. Pecas. Luce como un chico dulce y serio.

 

 

Se miran a los ojos antes de que Mirio se vuelva a preguntar a Eri, “¿Eri, puedes decirnos cómo luce Izuku?”

 

 

Eri asiente con entusiasmo, señalando a alguien invisible al otro lado de la mesa, “¡tiene cabello rizado verde, y pecas! Sus ojos son verdes y sus mejillas lucen como las mías,” responde, poniendo sus manos sobre sus mejillas regordetas y sonría a los pulgares arriba que Izuku le da.

 

 

Tsukauchi exhala con fuerza. No hay duda alguna, con esa descripción, es el mismo chico. Para hacer las cosas peor, es Quirkless, así que por supuesto su caso pasaría desapercibido. Primero, necesitan averiguar si el chico con ello es intangible e invisible debido a un quirk, o si es algún tipo de proyección o ilusión de un quirk.

 

 

Mirando hacia la misma dirección general que Eri, pregunta, “¿estás aquí con nosotros? ¿o es algún tipo de proyección? ¿dónde estás?”

 

 

Izuku responde, “No, no estoy aquí físicamente. ¡Pero está bien!  Estoy a salvo. Ya no me duele, Eri. Solo quiero que sepan que pueden dejar de buscar.”

 

 

Eri sonríe, sabiendo que Izuku está a salvo y sin heridas, antes de voltearse y repetir, “él no está físicamente aquí. ¡Pero está bien! Él dice que quiere que dejen de buscarlo”.

 

 

Sir Nighteye sacude su cabeza, “no sabes si está a salvo, Eri, sólo nos queremos asegurar. Su familia está esperando a que regrese a casa.”

 

 

Izuku niega con la cabeza, retrocediendo un poco, susurrando, “Ya estoy en casa.”

 

 

A Eri no le gusta cómo luce triste. Pisotea con su pie con lo dicho por el héroe y el detective Tsukauchi, sacudiendo su cabeza hacia adelante y atrás, “¡No lo entienden! Izuku me dijo que ya está en casa. No deberían alejarlo de su casa. Él está a salvo ahí. Me dijo que ya no es lastimado, donde está ahora, está mejor.”

 

 

Son sorprendidos por su fuerte respuesta, incluso Lemillion, pero se mantiene firme en su respuesta, “No responderé más preguntas sobre Izuku.”

 

 

Izuku sonríe por su sobreprotección, acercándose para acariciarle su rostro, incluso si ella no puede sentirlo, “Ya me tengo que ir, ¿de acuerdo? Te quiero muchísimo y estoy muy orgullosos de ti. Estarás a salvo ahora, y crecerás para ser una persona maravillosa.” él luce seguro mientras lo dice, creyendo cada palabra. Le hace sentir a Eri ganas de creerlo. Ella no quiere que se vaya, pero sabe que no se puede quedar.

 

 

Duda un poco antes de decirle, “… les puedes decir que, si de verdad me quieren encontrar, deberían buscarme en alguno de los callejones cerca de la base de Overhaul.”

 

 

Eri lo observa con curiosidad, “ese no es hogar.”

 

 

“No, no, estoy en casa, pero mi cuerpo no vino conmigo.” Eri asiente seriamente.

 

 

“Él dice que, si de verdad quieren encontrarlo, deberían buscar en alguno de los callejones alrededor de la base de Overhaul.”

 

 

Lucen un poco sorprendidos por lo que parece una conversación unilateral antes de asentir y pedirle que les muestre el sitio en un mapa. Izuku señala a un punto en específico en el mapa, y Eri coloca su dedo en ese punto para mostrarle a los demás. Le prometen que lo revisarán.

 

 

Desde ahí, comienzan a hacerle preguntas sobre Chisaki y sus hombres. Izuku le sonríe con cariño a Eri una última vez, sabiendo que su trabajo estaba hecho y que Eri está en buenas manos. Se despide de ella, lo que hace que Eri detenga sus respuestas dubitativas a sus preguntas y se despida también, “¡Adiós!”

 

 

 

Izuku coloca una mano en su hombro y ella piensa que la pudo sentir por un momento antes de que desapareciera.

 

 

Ellos se detienen para observarla y ella les explica que Izuku se fue. Por alguna razón, esto los lleva a trabajar con más urgencia.

 

 

 


 

 

 

Después de planear la redada en la base de Overhaul, el equipo de héroes busca diligentemente por los callejones cercanos ya que no hubo señales de Izuku en la base.

 

 

Balanceándose, Eraserhead por poco pasa un callejón antes de ser golpeado por un fuerte hedor a pudrición. Bajándose a investigar, retrocede al ver un cuerpo. Entonces ve sangre seca. Y moscas en el cuerpo podrido. Y, sobre todo, cabello verde, y ojos grandes, vacíos y lechosos.

 

 

Él ha visto cadáveres antes. Este en específico es particularmente vistoso, incluso después de años de experiencia viendo lo peor de lo peor. Es tan joven y violento. Es claro que cayó de la azotea.

 

 

Hablando por su audífono dice, “encontré a Izuku. Mejor dicho, encontré su cuerpo. Está muerto, lo ha estado por al menos una semana, basándonos del estado de su cuerpo.”

 

 

Se escucha una inhalación al otro lado de la línea. “eso significa que estaba muerto antes de que Eri viniera hasta nosotros.”

 

 

“Si, si lo hace.”

 

 

Un millón de preguntas sin respuesta pasan por sus cabezas.

 

 

Se balancea al siguiente tejado para esperar a que las personas lleguen a su ubicación, reacio a molestar el cadáver. En el tejado, encuentra una mochila amarilla. Abriéndola, está vacía a excepción de una hoja de papel y un lirio araña rojo, marchito.

 

 

Escrito en el papel hay sólo una oración:

“Algún día la vida será amable.”

 

 

Eraserhead siente su mano apretando el papel, hablando por su audífono de nuevo, lento y medido. “No creo que Chisaki haya tenido algo que ver con su muerte. Encontré una nota. Creo que saltó.”

 

 

Sin ser visto por él, el adolescente peliverde lo observa desde la azotea de enfrente y sonríe con tristeza, despidiéndose. Una figura hecha de sombras aparece, provocando que la sonrisa triste de repente se ilumine en el rostro del chico

 

 

Izuku espera que esto les dé un cierre a todos. Pidió que la Muerte colocara su mochila y que incluyera la nota y flor así podrían entender.

 

 

(Así tal vez, nadie más sería herido. Así tal vez, nadie más tendría que escapar de la misma forma que él lo hizo.)

 

 

La Muerte lo acerca a ella, tarareando tranquilamente y pasando su mano por su cabello. Se voltea hacia ella voluntariamente y cierra sus ojos, por última vez. Él ya no quiere regresar nunca más.

 

 

Está a salvo cuando está… lejos. Lejos de aquí. Del mundo. Le gusta más cuando ya no está.

 

 

 

Se siente bien ser amado, ser cargado. Incluso si hubiera tenido que morir para encontrarlo.

 

Notes:

NOTAS DE AUTORA:
De hecho había empezado este antes que el fic anterior, pero como que perdí la inspiración en algún punto, y apenas lo terminé y pulí antes de decidirme a publicarlo. El ritmo tal vez se sienta un poco raro porque intenté que fuera un poco más largo, pero no pude encontrar las palabras adecuadas, así que quería simplemente terminarlo antes de que muriera en mis borradores. De todas formas, espero que lo hayan disfrutado.
Tengo un documento monstruoso donde mantengo todos mis borradores e ideas así que créanme cuando les digo que tengo mucho más angst planeado.

También soy una amante del Dadzawa Dadkauchi, pero no tengo ni idea de cómo escribirlo apropiadamente y hacerle la justicia así pueden seguir manifestándose en mis trabajos.