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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandoms:
Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 12 of Giros de trama
Stats:
Published:
2023-09-15
Completed:
2023-10-06
Words:
5,703
Chapters:
2/2
Comments:
40
Kudos:
1,165
Bookmarks:
148
Hits:
26,146

Inalcanzable

Summary:

Rhaenyra Targaryen nace varón.
Varias cosas cambian, otras no.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1

Summary:

Rhaenyra Targaryen nace varón.
Varias cosas cambian, otras no.

Chapter Text

Aegon Targaryen

No estaba triste.

Que su abuelo estuviera muerto le importaba muy poco.

Que posiblemente fuera asesinado por Rhaegar, su medio hermano, le importaba mucho menos.

Su madre no tenía pruebas, sólo la paranoia y el odio que la consumía desde que Aegon tenía memoria.

En lo que a Aegon respectaba, su madre estaba delirante y su acusación nacía del despecho.

Oh sí, Aegon sabía muy bien que la reina Alicent Hightower, la Madre personificada, había estado bastante enamorada del primogénito del rey. Todavía estaba enamorada, Aegon no era tonto; una mujer que hubiera superado sus sentimientos por un hombre no actuaría como su madre.

Madre y el abuelo habían deseado y esperado que Rhaegar se casara con ella, pero él había estado comprometido con Lady Laena Velaryon desde la infancia, incluso antes de que su madre llegara a la Corte. Rhaegar nunca la había mirado dos veces, Aegon lo aprendió de las sirvientas que les gustaba burlarse de su madre cuando ésta era mala con ellas.

El abuelo había querido acercarlos, que se hicieran amigos de la infancia, pero Rhaegar había estado bastante ocupado con sus deberes de heredero aparente, entrenando y pasando tiempo con el Viejo Rey en su lecho de enfermo. Rhaegar había sido su bisnieto más cercano y el heredero aparente por lo que Jaehaerys Targaryen adoraba su compañía; era tarea para una mujer, pero a Rhaegar no le importó pasar tiempo con el anciano y aprender de él.

Siempre el príncipe perfecto.

Así que no, Rhaegar no se fijó en la madre de Aegon ni siquiera porque ella era la única hija de la Mano del Rey.

Tampoco se fijó en ella cuando Lady Laena huyó con Daemon Targaryen, abandonando a su prometido, su familia y el trono que pudo haber sido de sus hijos.

Muchos dijeron y seguían diciendo que fue un insulto por parte de Daemon, una especia de venganza contra Rhaegar por removerlo como heredero con su nacimiento, otros decían que la venganza era contra el rey, quien había exiliado una y otra vez a su hermano. La gota que colmó el vaso del Príncipe Pícaro fue que el rey lo encarceló como castigo por su participación en los Peldaños de Piedra, por haber aceptado ser nombrado Rey del Mar Estrecho, sin importar que entregara la corona.

Daemon Targaryen y Laena Velaryon no habían regresado a Westeros desde entonces, la princesa Rhaenys era la única que los había visto en todos esos años, volando en Meleys a Pentos para conocer a sus nietas. Lord Corlys no quería saber nada de su hija.

Entonces, cuando Rhaegar se quedó sin novia, sorpresa, sorpresa, el abuelo de Aegon casi tuvo un ataque de furia. Él ya había hecho que su hija se casara con el rey, así que no podía proponerla como nueva prometida.

La princesa Rhaenys intervino con una solución para que los Velaryon siguieran unidos a los Targaryen.

Ser Laenor Velaryon como novio de Rhaegar, fue la nueva propuesta.

Los Velaryon eran conocidos por la capacidad de sus varones para tener hijos de su propio cuerpo, una habilidad mágica que poseían desde los principios de la Vieja Valyria. Habían dejado de practicar el matrimonio entre hombres varias generaciones atrás, cuando la Fe de los Siete proclamó su desaprobación.

El último varón Velaryon en tener hijos fue Vael, el esposo de Aerion Targaryen y un padre de los Conquistadores.

Por supuesto, el rey aceptó.

Rhaegar también lo hizo.

Laenor Velaryon había estado en una nube, si había que creer las burlas de algunos lores mayores que despreciaban las relaciones del mismo sexo. Como si tres cuartos de los lores de la Corte no se hubieran acostado con otros hombres a lo largo de los años, Aegon lo sabía de buena fuente.

El abuelo había estado desesperado. (Si su ambición hubiera esperado un poco más habría tenido el trono en bandeja de plata. ¡Bah! Aegon estaba seguro que aunque su madre hubiera estado soltera, Rhaegar no la hubiera tocado con un palo de diez metros.)

Su madre, desconsolada.

Tan desconsolada que se volvió la peor de las arpías.

Ella había hecho que la Fortaleza Roja se volviera un infierno para Laenor.

Historias de cómo la reina había solicitado que le presentaran a los hijos de Rhaegar, sus nietastros, inmediatamente después del parto, casi obligando a Ser Laenor a hacer un camino de sangre hasta ella.

Por supuesto, Rhaegar, valiente y perfecto Rhaegar, no lo había permitido.

Ignoró las demandas de la reina y se enfocó en la comodidad y cuidado de su esposo e hijas.

La madre de Aegon había estado más allá de la humillación, pero ella no tenía más poder que el príncipe heredero al ser sólo la reina consorte. El rey nunca iba contra las acciones de su hijo mayor, permitiendo que desairara a su esposa. Tal vez él estaba demasiado avergonzado por su rápido matrimonio con su nueva reina y la desaprobación de su primogénito por ello. Incluso podía estar asustado, no un miedo físico o político, más bien sensiblero; el rey no quería perder por completo al único vestigio vivo de la reina Aemma Arryn, su único y verdadero amor.

Pero nada de eso detuvo a la reina piadosa, claro que no.

Criticó a Laenor sobre sus deberes como esposa y cómo estaba fracasando una y otra vez.

Ser Laenor sólo alumbró mujeres.

Una hija tras otra.

Rhaegar no tenía un heredero digno, decían la madre y el abuelo de Aegon.

La razón principal por la que intentaban convencer a Aegon y al reino de que él era mejor candidato para rey.

Aegon no quería ser rey.

La mitad del tiempo ni siquiera estaba consciente –prefería estar borracho a escuchar conscientemente las tonterías de sus familiares.

Bueno.

Había una manera en que le gustaría ser rey.

Rey consorte, en realidad.

Podía sacrificarse por su preciosa sobrina Jacaera.

Rhaegar había declarado que su hija mayor era su heredera y el rey, ese viejo enfermo cuyo amor parecía pertenecer únicamente a los niños de la sangre de Aemma Arryn, estuvo de acuerdo.

Su abuelo no había sido Mano del Rey en ese momento, así que no pudo interponerse. No fue una sorpresa que cuando regresó a la capital y recuperó su cargo, tras el fallecimiento de Lord Lyonel Strong, intentó cambiar la nueva ley.

Fracasó espectacularmente, Aegon se alegraba de decir.

Y ahora estaba muerto, por lo que su madre no podía seguir con su estúpido plan de usurpar a Rhaegar y coronar a Aegon –su abuelo había sido quien tenían los planes y las alianzas, por pocas y menores que fueran.

Ahora, con todo el aborrecimiento del que era capaz el corazón de la reina, tuvo que adaptarse y arrodillarse ante Rhaegar. Mejor dicho, ante Ser Laenor.

(Sería el día más feliz en la vida de Alicent Hightower si pudiera estar a los pies de Rhaegar Targaryen, felizmente arrodillada y dispuesta.)

Días después del funeral de Otto Hightower y que su cuerpo fuera llevado a Oldtown, durante una reunión del Consejo, la madre de Aegon propuso casarlo con Jacaera.

Laenor Velaryon fue el primero en negarse.

No creo que el príncipe Aegon sea adecuado para nuestra hija, Jacaera será reina y necesita a un hombre capaz a su lado, había dicho Laenor.

Aegon se enteró de segunda mano por Aemond, quien había estado presente porque, de hecho, la reunión había sido concertada para discutir un posible compromiso entre él y Lucerys. Su horrendo y tonto hermanito estaba muy enamorado de su segunda sobrina, tanto que fue directamente al rey para pedir su ayuda y lo hizo consciente de la desaprobación de su madre.

Aemond era el hijo favorito de su madre y ella dejó constancia ahí mismo, cuando negó su consentimiento y en su lugar propuso a Aegon para Jacaera. Aegon estaba a favor del giro, pero no estaba contento por la razón mezquina. De cualquier forma, él sería el ganador… si Laenor Velaryon no fuera tan mezquino como la reina.

A decir verdad, no podía culparlo.

Aegon no era el mejor prospecto, era verdad, pero estaba dispuesto a cambiar.

Por otra parte, su madre había sido la primera en menospreciar a las hijas de Rhaegar.

Jacaera había nacido con el color de cabello de la princesa Alyssa y ojos índigos oscuros, casi negros.

Lucerys nació con cabello oscuro, más claro que el cabello de la princesa Rhaenys, pero más oscuro que el castaño de los Arryn, y sus ojos eran una combinación extravagante de violeta y azul.

Jocelyn nación con cabello Targaryen, plateado dorado, y ojos marrones –razón por la cual la nombraron por su bisabuela.

Visenya era la única que lucía completamente valyria, muy Velaryon.

Antes de que ella naciera, la madre de Aegon no se cansó de susurrar aquí y allá que las hijas mayores de Laenor Velaryon eran bastardas y que para nada eran hijas de Rhaegar.

Sus susurros nunca fueron muy creíbles dado que las niñas se parecían mucho a Rhaegar, a la reina Aemma y a la princesa Alyssa. Ahora que eran adultas la semejanza era bastante obvia.

Todas ellas eran bellezas, Targaryen y Velaryon de pies a cabeza, de uno u otro rasgo.

Rhaegar las amaba más que a nada.

Eso era lo que hacía enfadar tanto a su madre, Aegon sospechaba.

Ellas deberían ser hijas de Alicent Hightower porque debió ser ella con quien Rhaegar Targaryen se casara.

Su madre era una perdedora, en eso Aegon se parecía a ella.

 

Aemond Targaryen

—Lucerys.

La mujer más hermosa del mundo dejó de desperdiciar su atención en Tyland Lannister y volteó a mirarlo.

—Tío —saludó cortésmente, sin el brillo y la alegría que siempre le dirigió en la infancia, antes de que Rhaegar y su familia se mudaran a Dragonstone.

Antes de que Aemond fuera cruel con sus sobrinas, demasiado enojado e indignado por su falta de dragón cuando un trio de bastardas tenían dragones desde la cuna.

— ¿Te enteraste? —ignoró la indiferencia con que ella aceptó enredar sus brazos, caminando hacia los jardines y alejándose del Lannister después que Lucerys se despidiera.

— ¿De ti pidiendo mi mano en matrimonio? El tío Aegon no ha dejado de reírse de eso.

El humor de Aemond se agrió, pero se recuperó rápido.

Aegon era un imbécil bien conocido y Aemond sabía que su hermano estaba actuando el doble de insoportable porque también le fue negado un matrimonio con Jacaera.

—Te dije que lo haría —entraron al jardín, donde varias parejas casadas o en cortejo estaban dando paseos propios.

—Y te creí. También te dije que mis padres nunca lo aprobarán.

— ¿Y tú? —giró el rostro para ver directamente a Lucerys.

La opinión de su sobrina era la única que le importaba.

—No lo sé —Lucerys no correspondió su mirada, su expresión casi parecía aburrida —. Un matrimonio entre nosotros tal vez ayudaría a cerrar la brecha entre nuestras familias, como el abuelo tanto desea, pero la verdad es que no eres el mejor pretendiente que tengo. Tampoco estoy enamorada de ti, apenas nos conocemos.

Un ardor corrosivo se instaló en el estómago de Aemond.

No estaba seguro de qué le dolía más, ¿que Lucerys estuviera dispuesta a casarse con él por fines políticos o que ella dejara claro que Aemond no estaba a su altura y que no lo amaba?

—Crecimos juntos.

—Llevamos más tiempo separados —ella finalmente lo miró a la cara —. Dime, ¿eres el mismo niño que recuerdo?

—Todos cambiamos —se tragó una mueca, entendiendo la implicación en su pregunta.

—Sí, pero no cambia lo que sentí cuando nos menospreciaste a mis hermanas y a mí y nos llamaste bastardas. ¿O ya lo olvidaste? ¿Ya no te es insoportable mi presencia? ¿Ya no te asquea el sólo mirarme?

—Lucerys —detuvo sus pasos, disculpas estaban en la punta de su lengua, pero Lucerys continuó con sus palabras.

— ¿Ya no crees que soy una abominación por ser hija de dos hombres? ¿Dejé de ser un pecado a los ojos de los Siete y los tuyos?

Los ojos que adoraba eran fríos, taladrando hasta lo profundo de su alma.

Aemond apartó la mirada.

Era insoportable sentirse tan inadecuado bajo esos ojos, especialmente porque sabía que lo era. Había sido detestable con sus sobrinas, nunca olvidaría las lágrimas que había provocado de ellas, en Lucerys.

Él había sido un niño enojado que creyó las palabras de su madre, ¿por qué no iba a confiar en ella? Su madre era la única persona que lo amaba, además de Helaena… pero Lucerys también lo había amado, ¿no? Y él todavía la lastimó.

Tomó años darse cuenta de su error, los mismos años que miró con envidia y añoranza las cartas que Helaena compartía con sus sobrinas, con Lucerys. Años en que también se dio cuenta de la amargura de su madre, de sus mentiras y cómo todo ello afectó a Aemond y a sus hermanos.

Por eso cuando Lucerys regresó, cuando la vio y el amor se abrió paso fácilmente en su corazón, Aemond se preguntó si se convertiría en su madre. Por eso acudió al rey, por eso fue valiente y pidió la mano de Lucerys.

Ahora quería disculparse, le debía tanto a Lucerys, a todas sus sobrinas.

No logró hacerlo.

Rhaegar los interrumpió —: Luce, mi dulce.

—Kepa —Lucerys sonrió, se soltó de Aemond y fue a su padre.

Vio a Rhaegar acariciar una mejilla y besar la frente de Lucerys, sonreírle suavemente y sostener una de sus manos. El rey nunca fue tan cariñoso con ninguno de los hijos de su segundo matrimonio, ni siquiera Helaena que era su única hija.

—Príncipe Rhaegar —saludó Aemond, tan distante como siempre.

Aegon podía tener recuerdos de Rhaegar jugando y siendo amable con ellos, pero a Aemond no le constaba. Rhaegar era más cercano a Helaena, tal vez una consecuencia de tener hijas, y actualmente había aceptado a Daeron como su pupilo, pero para Aemond no significaba mucho.

Ya no estaba tan seguro de sus intenciones maliciosas hacia Aemond y sus hermanos cuando Rhaegar se convirtiera en rey, sin importar que su madre siguiera repitiendo lo mismo y con más seguridad desde la muerte de su abuelo.

La verdad era que no significaban una gran amenaza para su medio hermano.

Sólo Helaena tenía un dragón.

Ninguno estaba casado, no tenían alianzas más allá de Casa Hightower.

Aegon, la principal amenaza, no tenía dragón ni herederos, ni siquiera una buena reputación, en contraste con Rhaegar que ahora era Mano del Rey. El respaldo de Casa Hightower no significaba mucho en el gran esquema de las cosas cuando Rhaegar tenía al Valle, un reino entero, a sus espaldas, sin mencionar a la Casa más rica de Westeros y siete dragones con jinetes.

La mayoría de estos jinetes de dragones eran mujeres, pero sus sobrinas y la princesa Rhaenys eran feroces y no tenían miedo al campo de batalla. Cada una de ellas fue entrenada con espadas y arcos, cada una de ellas fue instruida en estrategia y cada una de ellas tuvo la educación de un príncipe. No sólo Jacaera fue entrenada como la heredera aparente, todas sus hermanas lo fueron; la educación de las princesas levantó muchas cejas en el reino, pero Rhaegar siempre fue claro en su amor y respeto por sus hijas.

Además, era lógico y entendible, considerando que Jacaera era la heredera aparente al Trono de Hierro, Lucerys era la heredera del Nido de Águilas, Jocelyn sería la Dama de Marcaderiva y Visenya sería la primera dama gobernante de Piedrasangre.

Lord Corlys Velaryon no había sido tímido con su descontento por sólo tener nietas; él las amaba, pero todavía estaba de acuerdo, como muchos, con la tradición de los Siete Reinos de sólo tener varones como gobernantes. Su actitud cambió cuando el rey declaró a Jacaera como la heredera de Rhaegar, aunque le tomó un poco más de tiempo aceptar que si quería que su sangre directa siguiera sentándose en el Trono de Pecios, tendría que ser por medio de una de sus nietas.

Su desanimo le costó a Lucerys, la perla de sus ojos, pues ella fue nombrada la heredera de Lady Jeyne Arryn antes de que Lord Corlys se decidiera. Por nacimiento y por favoritismo, Lucerys debió ser la futura Dama de las Mareas, pero ahora lo sería Jocelyn.

—Príncipe Aemond —Rhaegar lo miró de la misma manera que lo hizo en la reunión con el rey, serio y concentrado, como si estuviera midiendo el valor de Aemond —. Espero no interrumpir nada importante.

Aemond miró a Lucerys, quien lo estaba mirando de la misma manera que Rhaegar.

—No, sólo estaba poniéndome al día con mi sobrina —llevó las manos a la espalda, se enderezó y aparentó indiferencia.

Lucerys frunció el entrecejo y algo parecido a la decepción brilló por un instante en sus ojos.

Aemond se dio cuenta que acababa de volver a equivocarse.

—Ya veo, entonces me llevaré a mi hija. Laenor nos está esperando con tus hermanas para dar la bienvenida a la princesa Rhaenys y Lord Corlys —lo último lo dijo a Lucerys, pero sus ojos seguían sobre Aemond.

Rhaegar lo había estado midiendo y algo en su porte, un cambio sutil en la posición de su cuerpo, dio la impresión a Aemond de que no alcanzó la expectativa.