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Cheong Mun caminó de la mano a su hermano menor, Cheong Myeong, hasta que se detuvieron frente a las puertas de un edificio blanco de apariencia sencillo. Al costado podían verse algunos juegos infantiles construidos sobre el césped artificial del jardín.
—Esta será la nueva escuela a la que asistirás, Cheong Myeong-ah.
—¿No podemos volver a casa?
—Este lugar será mejor que el anterior, lo prometo. Podrás conocer mucha gente nueva e incluso hacer algunos amigos...
Cheong Myeong frunció el ceño, haciendo un puchero de manera inconsciente cuando sus cejas se fruncieron e incluso tirando de la mano de Cheong Mun conforme lo arrastraron hacia el interior. Las palabras de su hermano cayeron en oídos sordos.
—No quiero conocer gente, no quiero hacer amigos, ¡quiero volver a casa!
Cheong Mun sacó una galleta desde el interior de su chaqueta, logrando que el niño se calmara casi de inmediato mientras masticaba la dulce masa.
—Ya estamos aquí, ¿por qué no darle una oportunidad? —persuadió—. Cuando salgas, incluso podemos ir por un postre antes de volver a casa.
Cheong Myeong frunció el ceño, pero el azúcar artificial era mucho más efectiva para satisfacer su paladar que los dulces tradicionales.
—¿Iremos por un helado?
—Por supuesto.
—¿Con doble sabor?
—... Está bien, sólo por hoy.
El ceño fruncido se aflojó un poco.
—¿También unas figuritas de caramelo?
Cheong Mun se estremeció, sintiendo la descarga de azúcar en su lengua de sólo pensarlo.
—¿Qué te parece un sándwich de fruta en su lugar?
Cheong Myeong abrió sus ojos, apretando sus puños sobre su pecho con aparente preocupación de la manera en que sólo podía ser un acto de chantaje. —Pero hyeong, ¡el sándwich de fruta debe ser acompañado con leche de banana!
Eso es lo que era, chantaje, una habilidad que Cheong Myeong había desarrollado hasta dominarla desde que se conocieron. Porque Cheong Mun era un hombre débil que no podía negarse a las peticiones inocentes de este niño a penas podía llegarle a la altura de la rodilla a su encarnación anterior como el famoso espadachin del Monte Hua.
Volver a conocer a su sajae como un niño pequeño que había sido abandonado le rompió el corazón, e inmediatamente supo que volvería a criarlo para convertirse en el mismo adulto capaz que una vez fue en su vida pasada. Quizás podría cambiar algunas cosas, en retrospectiva, dado el historial de desastres que causó a cada lugar al que fue.
Fue por esa razón que Cheong Mun tomó la decisión de traer a Cheong Myeong a un nuevo jardín de infantes, cuando se dió cuenta de que su sajae no había podido hacer amigos en el anterior.
—Sólo si te portas bien, Cheong Myeong-ah.
—¡Sí, hyeong!
Cheong Mun no tenía muchas esperanzas en la promesa extraída de un niño de seis años con un nivel de autocontrol sorprendentemente similar al de su vida pasada. Quizás lo realmente sorprendente fue lo consistente que resultó ser por el resto de su vida (pasada). Pero esta vez podrían trabajar en ello desde el principio, esa fue la vana esperanza que guardó en su corazón para consolarse.
—Entonces vamos a llevarte a tu salón. Cuando entres, primero debes de...
Así comenzó el recorrido del primer día de clases de un pequeño Cheong Myeong que no sabía nada sobre espadas ni taoísmo.
Cheong Mun se aseguró de llevar a Cheong Myeong a todos los lugares que prometió durante el trayecto de regreso a casa.
Fue después de pagar el helado que finalmente se dirigió a Cheong Myeong con el expreso propósito de averiguar hasta el más mínimo detalle de su vida escolar.
—¿Cómo te fue en tu primer día de clases?
Cheong Myeong levantó la vista de su helado, mirando con ojos brillantes a su hermano al recordar los eventos más emocionantes de su día.
—El maestro nos pidió dibujar algo para que lo coloreara con mis compañeros, ¡entonces dibujé la flor más bonita, hyeong! —Cheong Myeong comenzó a mover las manos, agitando su helado en el aire con emoción mientras intentaba imitar la forma de la flor—. Y el maestro dijo que era el dibujo más bonito que había visto, ¡incluso lo pegó en el centro de la pared!
Cheong Mun escuchó con una sonrisa cada vez más ancha, sin poder evitar reprimir el impulso de acariciar los cortos mechones d cabello azabache entre sus dedos, sintiendo la suave pelusa semejante a las plumas de un pollito bebé.
—Casi todos dibujaron las flores que están en el jardín, ¡pero yo dibujé una de las flores de hyeong!
Cheong Mun sonrió, orgulloso. —¿Dibujaste flores de ciruelo?
Cheong Myeong asintió con entusiasmo. —Sí, eran flores de ciruelo. Incluso les gustó a Jo Geol y a Yoon Jong...
Las últimas palabras fueron más bien un murmullo.
—¿Te agradó tu maestro?
Cheong Myeong apartó la cabeza, repentinamente tímido. —Era bueno...
—¿Y tus compañeros de clase?
Cheong Myeong infló las mejillas, reacio a aceptar que su hermano estaba en lo correcto cuando dijo que disfrutaría de la escuela.
—No eran malos...
—Entonces me alegro, ¿no te gustaría volver mañana también?
El niño arrastró los pies por el suelo, asintiendo con desgana.
—Sólo un día más —se comprometió—. Si me compras otro dulce.
Cheong Mun aceptó con rapidez, su corazón se había aligerado y el peso invisible en sus hombros había desaparecido.
—¿Qué pasó hoy, Cheong Myeong-ah?
Cheong Myeong frunció el ceño hacia el suelo, como si lo hubiera ofendido personalmente, y aunque no habían rasguños ni manchas sobre su persona, Cheong Mun sabía mejor que asumir que eso era suficiente para descartar una pelea.
—Nada —respondió, cambiando su tono ahora que se encontró con su hermano.
Cheong Mun suspiró, decidiendo no comentar al respecto hasta que estuvieran más cómodos, por lo que simplemente tomó su mano y comenzó a caminar.
Incluso después de caminar varias cuadras lejos de la escuela, Cheong Myeong pareció perdido en sus pensamientos, girando la cabeza para mirar hacia atrás antes de fruncir el ceño.
Cheong Mun decidió presionar un poco. —Cheong Myeong-ah, ¿cómo te fue en la escuela?
Los ojos rosados se fijaron inmediatamente en él. —Bien.
—¿Qué hicieron hoy?
—Hoy jugamos afuera, también estaban los niños de la otra clase... —Cheong Myeong hizo un puchero—. Hicimos una competencia, y estaba este niño realmente bonito...
Cheong Mun comenzó a temer que realmente hubiera habido un altercado del que no se enteró, luego se reprendió mentalmente por haber asumido que hubo una pelea, ¡este no es el Cheong Myeong del pasado!
Cheong Myeong continúo narrando. —El maestro dijo que debíamos de hacer parejas, pero Yoon Jong y Jo Geol ya estaban juntos. Así que fui con el niño bonito, ¡pero creí que era una niña!
La mirada de ojos abiertos le suplicó en silencio a Cheong Mun que creyera sus palabras como un cachorro lamentable.
—Tenía el cabello largo —Cheong Myeong hizo un gesto hacia su barbilla—. Y llevaba un moño, ¡realmente parecía una niña! Hyeong me dijo que debía de hacer cumplidos a otros, así que le dije que era muy bonita pero...
Cheong Mun se rió del ceño fruncido de Cheong Myeong, quién agitó sus puños con ira.
—¡Se enojó conmigo! —exclamó—. ¡Después de que fui amable...!
—¿Le dijiste algo más?
—No interrumpas, hyeong —lo silenció—. Él me dijo que se llamaba Dongryong, ¡Dongryong! Qué nombre tan feo...
—No te burles de los nombres de otros, Cheong Myeong-ah.
—Ya lo hice, hyeong.
Cheong Mun suspiró.
—¿Te disculpaste?
—Después de eso trabajamos juntos; ya lo olvidó.
—Por favor, Cheong Myeong, discúlpate.
—... Está bien, hyeong.
Cheong Mun acarició el cabello de Cheong Myeong, evitando las manos pequeñas que intentaron evitar que revolviera su cabello.
—¿Por qué estabas molesto hoy?
—No estaba molesto...
La mirada de Cheong Mun permaneció sin cambios. Cheong Myeong se desinfló.
—Fue divertido. También jugué con esa niña bonita, aunque era un poco callada... Pero todos ellos están en otra clase...
Cheong Mun se preguntó, no por primera vez, ¿no sería bueno si todavía fuera el influyente Líder de la Secta más famosa? Entonces una palabra suya sería suficiente para darle a este niño todo lo que quería.
Pero no había nada que Cheong Mun pudiera hacer, por lo que simplemente sonrió y se permitió tener esperanza.
—Estoy seguro de que se encontrarán más veces en el futuro, sólo sé paciente.
Cheong Myeong asintió, con fácil aceptación.
—¡Hyeong! ¡Hyeong! ¡Hyeooong! —exclamó Cheong Myeong, corriendo directamente hacia los brazos de Cheong Mun mientras gritaba de alegría.
Cheong Mun envolvió el cuerpo de Cheong Myeong con firmeza, deleitándose con las muestras de afecto se intercambiaron con facilidad en esta vida.
El buen humor del niño le resultó contagioso. No pudo evitar reír mientras preguntaba—: ¿Pasó algo bueno, Cheong Myeong-ah?
Cheong Myeong asintió como un pollito picoteando arroz, alejándose del agarre de su hermano para poder deslizar las correas de la mochila en sus hombros para sacar un sobre rojo del interior. No importa cómo se viera, tendría que ser algún tipo de carta para una ocasión feliz, probablemente el cumpleaños de uno de los compañeros de Cheong Myeong, desde que la fecha de nacimiento del niño todavía estaba lejos.
El sobre estaba envuelto en un plástico decorado con confeti en el interior, por lo que no sería raro que se hubiera derramado la mayor parte al extraer la carta, sin embargo, Cheong Myeong telegrafió sus movimientos con un cuidado inusual que le permitió mantener la mayor parte de la decoración intacta. Con entusiasmo, Cheong Myeong le entregó el sobre a su hermano, esperando que lo leyera en voz alta con él.
—¿Dongryong-gun celebrará su cumpleaños pronto?
—¡Si! Dongryong nos las dió en el receso, dijo que ya las había repartido en su clase pero quería que fuéramos también —susurró, mirando discretamente hacia la entrada de la escuela donde otros niños también salían de sus propias clases—. Hyeong, ¿iremos, verdad?
El corazón de Cheong Mun se derritió en ese instante. Al mismo tiempo, tuvo que reprimir las lágrimas que casi derramó. ¿Alguna vez vió esta clase de expresión en su sajae cuando hablaba con otros niños? Sabía la respuesta, aunque no quería admitirlo.
—Por supuesto que sí, Cheong Myeong-ah —respondió—. Todavía faltan algunos días antes de su cumpleaños, ¿qué te parece si pensamos en un buen regalo?
Habrán más ocasiones, juró.
Cheong Mun no podía hacer mucho para ayudar a florecer la incipiente amistad entre estos niños pequeños más que escuchar las historias de Cheong Myeong al finalizar el día, sin embargo, sí podía conseguir el mejor maldito regalo que el chico haya visto alguna vez en su vida.
Cheong Myeong continuó hablando por el resto del viaje sobre las cosas que hizo en su día, lo que planeaban hacer el día de mañana y las cosas que le gustaban a Dongryong. Parecía estar intentando pensar en un regalo para su nuevo amigo, incluso si las opciones que pareció pensar sonaban como una terrible idea, ya que a Cheong Myeong parecía gustarle hacer enfurecer a ese pobre niño.
Pijamada.
Cheong Mun tuvo que buscar el término una vez que Cheong Myeong le pidió permiso para realizar una pijamada en su casa junto a sus amigos. Era un término extraño que no existía en el pasado, o al menos la idea no se expresó de esa manera.
Afortunadamente, ¡Cheong Mun se había hecho amigo de excelentes consejeros! Sus compañeros de trabajo en esta vida parecían estar ansiosos por ofrecerle ayuda en todo lo relacionado con Cheong Myeong. Parecían admirar y sentir pena por un supuesto adolescente huérfano que cuidaba de su hermano menor mientras trabajaba y estudiaba.
Cheong Mun tuvo que fingir que ese era el caso, ya que tampoco le creerían si intentaba explicarles que, en realidad, Cheong Mun podría ser el tatarabuelo de todos ellos. Trabajar y estudiar mientras cuidaba a un niño, para ser sincero, fue más sencillo que ser un Líder de Secta y cuidar de cientos de niños.
Aunque para ser justos, fue Cheong Myeong quien creó más problemas que nadie en ese entonces. El Cheong Myeong de ahora era, afortunadamente, un brote tierno e inofensivo.
Sus compañeros de trabajo explicaron sus experiencias y las cosas que habían escuchado de sus amigos. Le hablaron sobre los juegos, las comidas llenas de chatarra y las risas hasta la madrugada. Cheong Myeong era sólo un niño, por lo que afortunadamente pudo detener el tema cuando comenzaron a hablar sobre los juegos que hacían los adolescentes.
Por favor, ¡que nunca llegue a necesitar esa información!
En cualquier caso, Cheong Mun había preparado el menú para el día, con suficiente comida para alimentar a un escuadrón de batalla y botanas llenas de ese azúcar que le hacía doler las muelas. Hoy era un día especial, así que lo permitiría (últimamente habían muchos días especiales, ¿era tan fácil que alguien encontrara la felicidad?).
También compró cobijas adicionales para acomodar a todos los niños en la habitación de Cheong Myeong. Esperaba que no terminaran abarrotandose en una cama sin espacio para dormir porque a Cheong Myeong le gustaba estirar sus extremidades e incluso golpear a quienes dormían a su lado por la noche sin darse cuenta.
Cheong Mun incluso había hecho una lista tentativa con múltiples juegos en caso de que fuera necesario.
¡Nada podría salir mal!
¡Nada debía de salir mal incluso si moría en el intento...!
Cheong Mun se hizo cargo de su deber de anfitrión con la seriedad de un comandante militar que está a punto de discutir con las fuerzas enemigas para conseguir un armisticio.
Cheong Myeong corrió alrededor de la casa con inquietud. Los pies descalzos resonaron sobre las tablas de madera, alejándose cuando fue a su habitación para conseguir algunos de sus juguetes más preciados y acercándose cuando se escabulló a la cocina para robar algunas golosinas. Estaba tan emocionado que no podía dejar de sonreír, reír y retorcerse con las mejillas sonrosadas.
Finalmente, un poco antes de la hora acordada, el timbre resonó por la casa con más fuerza de la que habrían notado alguna vez antes. Cheong Myeong corrió hacia la entrada con Cheong Mun pisandole los talones para abrir la puerta y recibir a su primer invitado.
Cuando abrió la puerta, la señora Jin sonreía con alegría mientras sostenía el hombro de su pequeño hijo con amabilidad. Cheong Mun reconoció a la madre de Jin Dongryong después de haberla conocido brevemente en la fiesta de cumpleaños de su hijo. Cheong Mun intercambió cortesías con la señora Jin, contento de observar a los niños pequeños que comenzaron una conversación en voz baja al lado de los adultos.
Tuvo que admitir que entendió la razón por la que Cheong Myeong había confundido a Jin Dongryong con una niña la primera vez que ellos dos se conocieron. La señora Jin era una mujer hermosa, y su hijo había heredado todas las curvas suaves de su rostro. Fue desafortunado que su buena apariencia solo pudiera ser objeto de burlas por un niño pequeño que no conocía la diferencia entre hombres y mujeres, ni lo haría nunca, como Cheong Mun descubrió en su vida pasada.
Cheong Myeong susurró al oído de Jin Dongryong en una voz un poco más fuerte de lo que pretendía—: ...Traje otra espada para que podamos luchar, te enseñaré este movimiento que hyeong me mostró ayer, es así...
Jin Dongryong asintió con el rostro lleno de emoción, atento a cada una de sus palabras y gestos como si estuviera a punto de aprender una técnica secreta de alto nivel.
Más tarde, Jo Geol y Yoon Jong llegaron a su puerta, tocando el timbre con una disposición mucho más tímida. Los niños pequeños eran tan adorables que Cheong Mun tuvo que reprimir el impulso de pellizcarles las mejillas. Parecía que habían dejado caer cachorros indefensos en la puerta de su casa con lo bien portados que intentaron parecer frente a él, pero tan pronto como salió mientras fingió estar ocupado, ¡la sala se llenó de risas y peleas!
Yu Iseol, Tang Soso y Hye Yeon fueron una adición bienvenida. Algunos niños eran alegres, otros eran más bien callados e incluso tímidos, sin embargo, todos ellos siguieron sonriendo desde que entraron a su hogar.
Todos estaban muy felices de estar con Cheong Myeong. Y eso era todo lo que Cheong Mun alguna vez había deseado.
Por favor, sé feliz en esta vida, Cheong Myeong-ah.
