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Lily

Summary:

¿Está mal haber acabado enamorado de esta manera
cuando se supone que yo lo único que debía hacer era cuidar de ella?

¿Está mal?"

 

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Donde Sergio es un padre soltero y se encuentra en apuros cuando su niñera renuncia. Max un maestro de preescolar parece ayudarlo a encontrar una solución.

Notes:

  • Inspired by lily by jack y frany

aquí para que ustedes también la disfruten. Por comodidad mía en la historia Max es mas bajo de altura que Sergio. (Lo siento es que no quiero editar tanto)
Hay menciones sobre el Cáncer en capítulos mas adelantes igualmente tendrá su advertencia cuando el capitulo se publique.
Hay algunas etiquetas que seguramente me faltan. En fin, espero les guste.
La historia original fue todo hecho con ayuda de una amiga llamada Frany, así que a ella también se le agradece la historia, igualmente siempre será mencionada al final del capitulo. Nos vemos

Mi Twitter aquí;
https://x.com/Dani_f1_24?t=X7KO94mv0V8-MxAOIIrOmg&s=09

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Su vida no era muy interesante para ser sincero. Era alguien tranquilo que se encargaba de tal vez regar sus plantas, hacer su comida, sus clases y por supuesto tener un largo tiempo para sí mismo.

No lo mal entiendan, para alguien como Max su vida era reconfortante, algo repetitiva pero no podía quejarse. Tampoco diría que se encontraba con deudas, al contrario, era una persona tan responsable que incluso no muchos lo creían.

El tema de salir con amigos no era algo que le llamara la atención. Recuerda muchas veces negar salidas solamente por interrumpir una de sus actividades con su trabajo.

Hablando de trabajo.... Bueno, él definitivamente era una persona que adoraba su trabajo, muchas personas decían que había nacido para ello y seguramente así había sido.

Después de todo no era sencillo cuidar de niños que aún se encontraban en sus primeros aprendizajes, eran niños que tenían que aprender para poder empezar la primaria totalmente preparados; se requería de paciencia, de tener mucho amor por su trabajo y también en sus alumnos.

Max tenía todo eso y es por ello por lo que era un maestro de preescolar.

Seguramente el más dulce y amable ante los ojos de unos pequeños que se encontraban en pleno crecimiento.

Podía decir sin equivocarse que eso era su vida.... Era su única familia.

Escuchó la voz de los padres que venían a recoger a un niño pequeño.

Sonrió enormemente al ver a un joven padre de cabellos rubios preguntar por Yuki. Era lindo saber que aquel niño tenía el amor de sus dos padres.... Incluso le daba esperanzas en un futuro.

Tal vez... Algún día él podría tener esa clase de familia.

- Yuki, tus padres ya llegaron por ti - avisó con una sonrisa suave a aquel niño que esperaba con su mochila en sus hombros, levantándose apresurado para ir a la salida, siendo recibido por los brazos abiertos de sus padres.

- ¡Adiós, maestro! - escuchó como el pequeño se despedía, moviendo su manita con felicidad antes de marcharse, a lo que Max correspondió el gesto, despidiéndose de igual manera antes de volver a adentrarse al salón.

El salón se encontraba en silencio, asumió que ya todos los niños se habían ido, hasta que la vio a ella.

El rubio de ojos azules se extrañó por eso y claro que la conocía, era la pequeña Lily de cinco años una de sus alumnas más tranquila y cortés. Sabe bien que era algo tímida pero ya tenía su pequeño grupo de amigas con quienes hablaba y jugaba sin causar alboroto.

Se extrañó de verla allí, puesto que siempre pasaban a recogerla temprano, por no decir que suele ser la primera en salir y con esto sabido era claro que ya era un poco tarde.

- ¿Lily? Creí que ya habían pasado a recogerte - se acercó a esta, quien se hallaba sentada con su mochila en brazos, moviendo sus pies de adelante hacia atrás.

La pequeña castaña casi rubia negó, bajando su mirada con tristeza al ya no tener a nadie con quien hablar, sus amigas se habían marchado hace rato y ahora que estaba sola, se preguntaba cuando vendría la niñera a buscarle. Max miró la tristeza de ella y automáticamente supo que debía de hacer algo para distraerla.

- Bueno, ¿Qué te parece si esperamos juntos a que vengan a recogerte? No deben tardar mucho en venir por ti, ya verás que vendrán pronto - Le dedicó una pequeña sonrisa, a lo que Lily le miró, asintiendo un poco mientras la sonrisa se le contagiaba - ¿Quieres que te haga un peinado? - Nuevamente ella asintió mucho más animada que antes - ¿Cuál quieres que te haga?

- ¡Quiero dos trenzas! - Max rio con suavidad, asintiendo antes de colocarse tras la menor, tomando la liga que ataba su algo desordenado cabello por el agitado día de clases, para así quitarla y empezar a peinarla con calma.

Ambos empezaron una pequeña platica, Lily le hablaba a su maestro sobre lo mucho que se había divertido en la clase de ese día y de lo que había aprendido, mientras él escuchaba cada palabra con calma, colocándose principalmente a su nivel para tener una conexión un poco mejor.

El tiempo va pasando, y el rubio comienza a considerar en llamar a los números de emergencia que debía tener cada niño en sus cuadernos, preocupado porque no vinieran a buscarla.

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Por otro lado, aquel hombre de cabello oscuro y rizado se encontraba con su teléfono en mano, notándose realmente molestó y claro que lo estaba, con una justificación viable. La niñera de Lily acababa de renunciar y definitivamente sería un problema encontrar a otra persona.

Sabe perfectamente que sería difícil. Suspira pesadamente y mira la hora.

Se queja al ver qué va tarde. Camina con algo de prisa viendo a su secretaria pasar con unos papeles en mano.

- Diles que la junta se cambiará para dentro de dos horas. Tengo cosas que hacer ahora.

- Señor... La junta es importante... Llevan esperando más de dos meses para hablar con usted. - La joven de cabellos largos intenta hacerlo cambiar de opinión, pero se da cuenta rápidamente que será un poco inútil. Siempre resultaba ser aterrador hablar con él.

Sergio miro unos segundos a la chica y observo el reloj de su muñeca.

- Haz lo que te digo por favor... Llego dentro de dos horas. - Dijo con esa voz tan imponente, se escucha molesto y por supuesto que lo estaba.

Vio a la chica preocupada, aunque terminó por aceptar.

Sergio tomó sus cosas y caminó hacía la salida, llegaría tarde por su hija.

¿No podía simplemente renunciar en la noche aquella niñera? Rodó los ojos llegando al estacionamiento.

Sergio era un empresario importante con tan solo 26 años al igual que también era un padre soltero.

Cualquiera en su muy estrecho circulo lo sabía.

El hijo de Sergio solo era voces por gente que no le conocía por ejemplo su empresa y sus empresarios.

La mayoría pensaría que el joven era un típico empresario que gastaba su dinero en él o chicas que encontraba en cualquier lugar donde bebía.

La realidad es que nadie pensaría que él cometió un "error" tan grande cuando era joven y aun así logro salir adelante.

"La persona que está destinada a ganar lo harán por una razón"

La vida de Sergio es un tanto complicada al ojo público. Lo único que se sabe es que saliendo de la oficina es alguien completamente diferente.

Cualquiera pensaría que trabaja para mantener a alguna chica que tiene en casa y la realidad es que solo trabaja para su hija.

La pequeña más hermosa para los ojos de su padre y seguramente para muchas más personas, no era de extrañarse sabiendo de quienes provenían.

La niña era completamente educada y cortés al igual como lo era su madre. Niña un tanto consentida por su padre, pero no lo suficiente como para ser alguien diferente.

Su padre amaba con toda su vida a la pequeña. Era su princesa y no había cosa que no haría por ella.

Sergio ese hombre empresario realmente reservado con su vida y lo que involucraba a su alrededor.

Hombre de un porté respetable y un físico atractivo he incluso algo llamativo por decir poco.

El hombre de los sueños de muchas...

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Cuando llegó al preescolar miró la hora y suspiró para sí mismo.

Entro a la escuela en busca de su pequeña, recibiendo las miradas de muchas personas, decide ignorar tocando la puerta del salón donde se supone que estaría su hija, decide asomarse para ver si alguien se encontraba ahí y claro que se calma al ver a la pequeña sentada con lo que parecía ser algún maestro.

- ¿Disculpe?

Tocó la puerta algo incómodo estaba acostumbrado a las miradas, pero definitivamente no en un lugar como este. Ve a la pequeña por la ventana la cual parecía algo distraída y muy emocionada claro que sabía de quién se trataba esa linda sonrisa.

Era de las primeras veces que venía a su preescolar sin contar claro algunos cuantos eventos de la menor que nunca se perdía aun así era la primera vez que llegaba a ver bien a sus maestros.

Era claro que también era la primera vez que la iba a buscarla a su escuela. Su rostro seguramente no era muy conocido...

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- Y... ¡Listo! - acabó con las trenzas de la menor, quien se acomodó en su lugar, pasando sus manitos por ambas trenzas, feliz con el resultado de estas, sonriendo de forma amplia por su nuevo peinado.

- ¿Me veo bonita?

- Oh tu siempre eres muy bonita Lily, pero definitivamente ahora lo eres aún más - Se colocó frente a la menor, agachándose para estar a su altura y con su dedo tocó su nariz, provocando que esta riera tierna, a lo que Max sonrió conmovido.

Escuchó el toque a la puerta y una voz masculina, extrañándose por completo para así colocarse de pie y acercarse a la puerta, abriéndola para nada más tener que alzar un poco su mirada y encontrarse con aquel hombre, examinándolo atentamente antes de poder decir algo.

Tragó grueso antes de hablar, era realmente atractivo, pero debía centrarse en su trabajo. No era tiempo de pensar en sus tonterías.

- Buenas tardes, ¿Se le ofrece algo? - Preguntó de manera educada, su sonrisa no estaba presente pero no se mostraba enojado o algo parecido, simplemente era cuidadoso, a los nuevos rostros les tenía cuidado - Si está interesado en recibir algún tipo de información de la administración, le recomiendo mejor que venga en la mañana, a estas horas los de administración ya se han retirado.

Dudaba que se tratara de alguien que buscara a Lily, jamás lo había visto y, además, conocía a la chica que siempre la buscaba, no iba a dejarla a manos de un completo extraño.

Al menos eso pensó.

- ¡Papá! - la pequeña logró escabullirse para salir e ir a los brazos del rubio con el que estaba anteriormente hablando; pensó en detenerla, pero la emoción de la niña era genuina y, por tanto, debía ser cierto.

- ¡Mi Princesa! - Sonrió levemente aquel chico mientras cargaba a la más pequeña dándole unos cuantos besos en sus mejillas en forma de saludo. Escuchó a el chico hablar le miro sonriendo levemente.

- Oh, es usted el padre de Lily... Disculpe, no tenía ni idea - Una sonrisa pequeña apareció en su rostro, había llegado tarde, pero por lo menos no había tenido que llamar para que vinieran por ella.

- No se disculpe... Más bien una disculpa por llegar a esta hora. La chica que siempre viene por Lily me acaba de avisar que no vendrá, me tomó por sorpresa y salí del trabajo lo más antes posible. No volverá a pasar. - Explica tranquilo viendo a la pequeña para bajarla y sonreír. - Ve por tus cosas para irnos...

- No se preocupe, son cosas que pueden pasar, siempre y cuando no se vuelva costumbre - Dice mirando a la pequeña ir a por sus cosas, devolviendo su mirada al pelinegro.

Mira hacia otro lado y aún siente las miradas. Recuerda lo más importante de la tarde... ¿Quién cuidaría a Lily?

- Disculpe puedo hacerle una pregunta un tanto personal... - Ve al joven asentir y es inevitable sentirse más tranquilo- ¿Usted sabe de alguien que pueda cuidar a Lily por un tiempo? Seguramente conoce a la chica que venía por Lily y necesito a alguien que cumpla ese papel al menos por unos días. Ella acaba de renunciar y realmente necesito que la cuiden, aunque sea hoy... No me gustaría contratar a nadie que no sea de confianza porque es mi hija... Creo que lo entiende... Pero si conoce a alguien que me pueda ayudar con eso... Creo que estaría salvándome.

Sonrió levemente observando al maestro, se notaba que era un chico realmente dedicado a su trabajo. Necesitaba alguien completamente parecido a él. Igualmente dudaba que él de alguna manera le gustará cuidar pequeños en su tiempo libre, los maestros también suelen tener hijos en sus casas y extrañamente no lo dudaba de él. Pero aun así quería creer que seguramente tendría buenos contactos para eso.

Max quedó un momento pensativo tratando de recordar, conocía a algunas personas, pero era un tanto complicado.

- Conozco a personas que podrían cuidarla, pero no creo que puedan en este momento al ser tan repentino... - Sería muy complicado conseguir de alguien que aceptara al ser tan de pronto, tendría que ser alguien que estuviera completamente libre.

- ¿Podría cuidarme usted, maestro? - la vocecita de la pequeña hizo que el rubio bajara su mirada para verla, ella ya tenía su mochila en sus hombros y jugaba con sus manos de forma apenada.

- Oh... ¿Yo? - Se señaló a sí mismo, a lo que ella asintió suavemente.

Max alzó su mirada al padre de la pequeña, sin saber exactamente si aceptar o no. No tenía nada que hacer en las tardes por lo que perfectamente tendría tiempo para ello, pero no sabe si el mayor estaría de acuerdo con ello.

- ¡Por favor! - Rogó Lily, juntando sus manitas y mirando con sus ojitos brillantes a Max, quien no iba a soportar no caer ante esa pequeña, no podía decirle que no.

- Bueno, yo podría hacerlo de mientras consiguen a alguien... Pero también depende de si tu padre lo quiere así... - Le dijo a la menor, sonriendo con suavidad.

- ¡Papá! ¿El maestro Maxy podría cuidarme? - Ahora era el turno de rogarle a su padre, mostrando aquellos ojitos brillantes y haciendo un puchero - ¡Él es muy bueno! ¡Me hizo estas trenzas! Y siempre es muy amable con nosotros...

Las mejillas de Max se colorearon ligeramente, riendo suavemente al escuchar a la pequeña.

Sergio escucha la sugerencia de la menor y abre los ojos asintiendo con una sonrisa. Los ojitos azulados de la niña eran su debilidad, sabe perfectamente que no le negaría nada, realmente lo hace muy pocas veces. Podría ser él... Quiere decir... Era su maestro y si Lily confía en el Seguramente es por algo... Es una niña muy tímida y le alegraba que fuera un poco más abierta en esta cuestión.

Tampoco tenía la oportunidad de negarse en esos momentos. Seguramente nadie más encontraría.

- Claro... Es decir, realmente no es difícil cuidar a mi pequeña. Lo único de lo que tendría que ocuparse hoy es sobre la tarea y jugar con ella. - Sería de mucha ayuda si acepta y ese día podría buscar una niñera sin necesidad de preocuparse -Yo llegaría tal vez para las siete de la tarde ella debería estar preparada para dormir a esa hora. Para la comida llegará alguien a hacerla así que no tendría que preocuparse tampoco...

Tomo en brazos a la niña la cuál rápidamente se acomodó en su hombro.

- Si gusta podría cenar con nosotros después de llegar yo. Claro si acepta esto...

Dice con tranquilidad, la sonrisa de aquel hombre aparece sintiéndose calmado. Pensó rápido que prefería cancelar las clases de ballet de la más pequeña por esos días hasta encontrar a alguien.

- Si no es molestia.... No veo porque no - sonríe Max de igual manera, ya podía darse cuenta de que se trataba de un hombre bastante ocupado, pero el apego que tiene su hija a él le hace entender que no la descuida - Sólo déjeme buscar mis cosas y cerrar el aula.

Se adentró por un momento al salón, guardó sus cosas, entre sus libros, sus lentes especiales y aquellos dibujos que los niños de su clase le regalaban. Seguidamente tomó sus cosas y cerró el salón, yendo a depositar la llave en administración y tiempo después volvió con ambos, viendo como la menor hablaba algo emocionada con el pelinegro.

- Bien, todo está listo, ¡Oh! No me he presentado, lo siento, mi nombre es Max, pero los niños me dicen Maxy, es más sencillo para ellos - explica puesto que ya la niña le había llamado de aquella manera, y varios representantes solían dirigirse a él de esa manera creyendo que era su nombre real.
Extiende su mano para estrecharla con él mayor, como era debido, sonriendo con amabilidad. Iba a cuidar de su hija, tenía que presentarse, ¿No?

- Y ¿cómo debería llamarte? ¿Maxy? ¿Max? - Sonríe levemente extendiendo su mano a la del contrario para estrechar con calma. - Un gusto... Mi nombre es Sergio. Padre de esta pequeña... ¿No es así?

- Puede llamarme Max, a menos que usted sea igual a los niños y le resulte más lindo decirme Maxy, en ese caso lo acepto - El nombre de aquel chico le resulto curioso, pero quizás ya muchos se lo habían preguntado y tampoco quería ser una molestia para aquel.

Vio las cosas del contrario y acomodó a la niña de mejor manera para verle. No imaginó definitivamente que aceptaría aun así parecía la vida lo tenía previsto.

No tiene palabras simplemente está feliz.

- Déjeme llevar esto al auto... No quiero ser un descortés.

Max acepta que tome sus cosas, no lo ve necesario, pero le deja, limitándose a seguirle.
Sergio toma las cosas del menor caminando hacía donde se encontraba su auto color negro. Tomo las llaves para abrir la cajuela y dejar las cosas de Max ahí junto a la mochila de la menor.

Bajó a la pequeña de sus manos abriéndole la puerta a los dos para adentrarse poco después.

- La comida debería estar lista ahora que lleguemos. Tiene una merienda en la tarde después de hacer su tarea y jugar. - Habla calmado comenzando a manejar, él solía tener un horario para cada cosa conforme a su hija, reglas algo específicas, pero era porque no le gustaban las cosas que no estaban en orden.

Max por su lado escucha las indicaciones que le da Sergio acerca de la rutina de la menor y se encuentra curioso. - Lily, hoy no podrás ir a las clases. Mañana seguramente sí. Igual puedes practicar en el cuarto.

- ¿Estas en algún tipo de danza Lily? - Se atrevió a preguntar, escuchando la afirmación de la pequeña.

- Cuando crezca, ¡Voy a ser una gran bailarina de ballet! ¡La mejor de todas! - dice con ilusión y emoción, realmente le apasionaba lo que hacía y Max no puede evitar sentirse algo contagiado por esa emoción, enternecido.

Lily tenía aproximadamente tres habitaciones para ella con diferentes "temáticas" Su cuarto de juguetes, su cuarto de ensayo de ballet y su habitación, siempre era gracioso el contraste de su casa y su habitación con los cuartos de la menor.

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El viaje fue rápido y al llegar le entrego una de las copias de la llave de aquella casa.

Max toma la copia de la llave que le entrega el mayor, admirando el interior de esta y apreciando lo grande que era.

Se acercó para bajar todo guiándole a los dos a aquella casa, vio al cocinero y simplemente asintió como saludo.

La casa estaba impecable. Miro al contrario y sonrió un poco dejando la mochila del chico y la de su hija en la sala.

- No hay mucho que decirte de esta parte, aquí mismo está sala y a un lado la cocina, el baño está más al fondo...

Toma la mano de la pequeña y camina por las escaleras, había muy pocas fotografías y la mayoría eran de él y su hija, solo había una que otra con su ex mujer. Cuando llegaron a las habitaciones enseñó un poco de cada una.

- Está es la habitación de juegos y tareas, aquí mismo los dos pueden pasar la tarde. El cuarto de la izquierda es el de ensayo y el del fondo es la habitación de la pequeña. Ya está la ropa que le toca hoy.

Señala cada cuarto abriendo por encima, tenía que irse rápido a trabajar.

- Pueden iniciar comiendo cuando terminé de cocinar Joseph... Lily puede enseñarte todas sus habitaciones.

Señaló dos habitaciones un poco más al fondo y explicó.

-Esa es mi habitación y la de al lado es la habitación de quienes cuidan a Lily. Puedes abrir las ventanas y jugar los dos en el patio si así lo quieren. Nada de dulces y eso es todo...

Max solo escucha las explicaciones sobre donde se encontraba cada habitación.

Le sigue entonces a las escaleras, no se fija mucho en las fotografías, pero en la mayoría hacía falta una presencia femenina.

No iba a ser curioso en ese aspecto, él estaba allí solamente para cuidar de mientras a la pequeña.

- Bien, me ha quedado todo claro - Dice mientras devuelve su mirada al mayor - De igual manera, ¿Podría darme su número? En caso de alguna duda o algo, poder escribirle o llamarle directamente.

Lily aprieta un poco más la mano de su padre, apegándose a él y abrazando entonces su pierna, puesto que tenía la ligera sospecha de que pronto volvería a irse.
Tomo su celular y comenzó a dictar el número. Mientras siente la mano de la pequeña y le aprieta al igual que le abraza, se agacha un poco para tomarla de nuevo en brazos. Sabe que suele ponerse mal cuando no está y es una de las cosas más complicadas de dejarle sola... igualmente regresaría más noche.

Bajaron las escaleras después de darle dos números que eran los que siempre cargaba con él.

Camino con cuidado al lado de Max para ir hacia la puerta, tenía que regresar para atender esas juntas.

- Mi niña... te parece bien si en la noche compro algo para recompensar?... le puedes decir a Max que es lo que quieres y cuando regrese del trabajo lo consigo... Y no estarás sola. ¿Así que... Nada de ponerse tristes está bien?...

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Sonríe levemente animándole. Para besar su mejilla y abrazarle bajándole poco después.

Miro a Max y asintió con calma.

- Gracias por esto. Cuando llegue hablamos de todo, más tranquilos... Por ahora tengo que irme.

Max se encarga de agendar el número y una vez hecho, guarda su celular en el bolsillo de su pantalón. Mira la escena de ambos en silencio, para los niños siempre era muy complicado ver a sus padres irse, pero al menos la pequeña comprendía la situación bastante bien y no se encontraba llorando ni nada parecido.

- No te preocupes, ella está en buenas manos, la cuidare bien - le sonrió al rubio, dejándole entonces marchar, observando como salía de la casa y se dirigía a su auto.

Sintió como alguien tiraba de sus ropas, bajando su mirada para encontrarse con la pequeña, quien extendía sus manitos hacía él; quería que le cargara. No tardó mucho en hacerlo, tomándola en brazos y acomodándola para que así ella pudiera ver a su padre marchar, despidiéndose mientras movía su mano.

Una vez ambos vieron marchar el auto, Max se adentró a la casa, cerrando la puerta con su pie mientras avanzaba por el lugar.

- ¿Maestro Maxy? - la vocecita de la menor se escuchó cercana, aún la llevaba en brazos.

- No tienes por qué decirme maestro aquí, eso es sólo en la escuela - le aclaró con suavidad, a lo que Lily asintió - Sólo dime Maxy.

- ¿Quieres jugar a las princesas conmigo, Maxy? - su vocecita era bajita y tímida, estaba algo apenada, a lo que Max asintió riendo con dulzura.

- Claro que sí, pero antes tenemos cosas que hacer - miró al cocinero, quien le indicó que el almuerzo ya estaba listo, a lo que le agradeció con suavidad - ¿Qué te parece si vamos a comer? - ella asintió, dejándose llevar por el rubio.

Max definitivamente no se esperó acabar allí, pero nunca estaba de más cambiar por un día su rutina, más si era ayudando a alguien....

Aunque definitivamente no pensó que podría cambiar su vida por completo.

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