Chapter Text
Cuando a Hermês le dijeron que le entregara un paquete a Percy Jackson, se imagino yendo a la casa de la semidiosa o tal vez yendo a su escuela, no el apartamento en el que vivía una de sus antiguas amantes mortales y mucho menos que uno de sus hijos lo recibiera.
— Bueno mierda. — fue lo primero que Connor dijo cuando le abrió la puerta. — No es que no esté feliz de verte, ¿pero no se supone que no deberías estar aquí?
La pregunta no debería de haberle dolido tanto como lo hizo, definitivamente no debía de haberlo hecho, pero se sintió como una puñalada en el estómago para el dios de los ladrones.
— Tengo que entregarle un paquete a Percy. — dijo, balanceando la bolsa en donde se encontraba el regalo que Tritôn había mandado para su hermana.
— Oh. — el dijo, parpadeando. — Espero entonces que no te molesten los momentos cursis. — le dijo como si se compadeciera de él. — Entra.
Su hijo le abrió la puerta y le permitió entrar al departamento.
Hermês inspeccionó el apartamento con la mirada, era lo suficientemente grande como para que lo habitaran cuatro personas y había varios objetos personales regados por toda la sala de estar. Había algunas calcetas y alguna que otra arma dejada tirada entre los muebles, pero lo que más le sorprendió fue un bolígrafo en específico.
— ¿Es esa el arma de Percy? — preguntó, reconociendo bien el camuflaje de la preciada espada de la semidiosa.
— Te dije que te prepararas para momentos cursis. — le dijo, como si dichos "momentos cursis" estuvieran relacionados con la espada.
Cuando Hermês abrió la boca para preguntar la voz de la semidiosa que estaba buscando llenó la sala de estar.
— ¡Travis quédate quieto! — exclamó ella desde una de las habitaciones.
— ¡Pero que ya no aguanto! — Se quejó juguetonamente el mayor de sus dos hijos.
Cuando Hermês se acercó a la habitación de su hijo mayor encontró a su hijo y a Percy demasiado cerca el uno del otro como para que a su tío le gustara si llegara a verlos.
Percy murmuraba en voz baja de mal humor mientras le arreglaba la corbata a su hijo, aparentemente molesta por que Travis no podía quedarse quieto.
El mismo Travis, por otro lado, miraba a la hija de Poseidôn con una adoración cegadora que hubiera confundido a Hermês si no supiera de antemano que su hijo y la hija de Poseidôn eran pareja desde que secuestraron a Artemisa.
Connor pasó a su lado y se coló por la puerta entreabierta mirando a su hermano y a su cuñada con una mirada extreñida, refunfuñando en voz baja.
— Papá vino. — dijo él, haciendo que los otros dos parpadearan y miraran hacia a la puerta.
— Oh. — dijo Travis, antes de darle una de sus mejores sonrisas. — Hola papá. — Saludó el con una mano.
— Hola, supongo. — murmuró Percy, terminando de atar la corbata de su hijo mientras su ceño se arrugaba y terminaba de anudar la corbata de su hijo. — Listo. — murmuró con triunfo.
Travis revisó su corbata perfectamente anudada y sonrió.
— Gracias, mi sirena. — dijo su hijo mientras le dió a la semidiosa un leve, y muy cursi, beso en los labios que Hermês definitivamente no había querido ver.
Hermês ahora comprende la advertencia de su hijo menor.
