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Summary:

Donde Dazai y Chuya fingen estar casados.

✔ Completada.
✿ Respaldo de mi historia, subida también en Wattpad.

Notes:

Advertencia de contenido: la obra contiene menciones leves al uso del alcohol, menciones al suicidio/muerte por parte de Dazai, y contiene la violencia típica con la que se tratan Dazai y Chuya. A pesar del tono ligero de la obra (y, por ende, de dichos elementos), serán elementos recurrentes, por lo que se recomienda la discreción del lector/a.

Chapter 1: Propuesta.

Notes:

Advertencia de contenido: la obra contiene menciones leves al uso del alcohol, menciones al suicidio/muerte por parte de Dazai, y contiene la violencia típica con la que se tratan Dazai y Chuya. A pesar del tono ligero de la obra (y, por ende, de dichos elementos), serán elementos recurrentes, por lo que se recomienda la discreción del lector/a.

Esta advertencia la añadí después, pero me parece igual de válida y gracias por hacérmelo saber. Aquí, los chicos de la ADA tienen bromas pesadas con Dazai, incluso puede parecer que no lo quieren. Si les hace mal o no disfrutan leer esa temática, recomiendo omitir la obra.

Chapter Text

Osamu Dazai dio una respiración profunda mientras se preparaba mentalmente para lo que estaba a punto de hacer. Estaba seguro de que la persona al otro lado de la puerta ya estaba consciente de su presencia -llevaba parado ahí unos veinte minutos- aunque seguramente no sabía las intenciones que tenía. Y, a decir verdad, él tampoco se lo terminaba de creer. Pero a veces era necesario realizar ciertos sacrificios para poder llegar a una meta específica, y en su caso, era intentar ser feliz de una vez por todas.

Había tardado mucho en intentarlo seriamente. Pasó toda su adolescencia creyendo que alguien como él no podría encontrar la felicidad nunca y, cuando comenzó a trabajar en la mafia, creyó que no se lo merecería por todas las atrocidades que cometió. Ese era un pensamiento que todavía era recurrente en su mente. ¿Podría alguien como él redimirse y vivir una vida plena?

Tenía serias dudas, pero esperaba que fuera posible por el bien de su promesa con Odasaku. Probablemente lo más difícil era dejar la mafia con vida, y eso ya lo había logrado. Pasó unos años divagando, pero ahora lo habían contratado en la Agencia Armada de Detectives y empezaba a creer de verdad que podía llevar su vida por el buen camino, a pesar de su retorcida personalidad. Esperaba que, al final del día, sus crímenes palidecieran respecto a todas las cosas buenas que haría de ahora en adelante.

Pero la buena voluntad no borraba el pasado. Era muy consciente de eso. Y, más allá de los dilemas morales que esto conllevaba, le presentaba un problema serio. Sabía que tendría que confesarle al jefe de la Agencia que había formado parte de la Port Mafia, pero evitaría los detalles de sus actividades a toda costa. No sabía si le permitirían seguir con ellos si se enteraran de todo lo que había hecho a tan corta edad.

Sabía que, por la parte formal, estaba limpio. Nadie tenía registros de él, ni siquiera el gobierno, y aunque eso por sí mismo era sospechoso, se explicaría una vez confesara la organización de la que había sido parte. Sin embargo, todavía tenía un cabo suelto que tenía que amarrar a toda costa, razón por la que estaba frente a la puerta en ese momento.

Dazai suspiró, mirando la hora en la pantalla de su celular. Debía darse prisa. Pidió un momento para hablar con Fukuzawa ese mismo día, y la hora de la cita se acercaba. Le diría de su pasado de una vez por todas, pero estaba confiado en que todo saldría bien. Después de todo, aprobó su examen de ingreso a la Agencia. Además, tenía un plan. Pero lo que lo ponía nervioso era lo que estaba a punto de hacer y de lo que dependía todo su plan.

Tocó la puerta, mientras se cuestionaba la decisión que acababa de tomar. Odiaba su estúpido sentimentalismo que lo había llevado a dicha resolución en vez de acabar con el cabo suelto, todo porque apreciaba los pequeños momentos de diversión que tuvo durante su juventud. Momentos que fueron posibles gracias a su pequeño compañero.

—¿Qué quieres? —Preguntó Chuya Nakahara en cuanto abrió la puerta. Dazai no pudo evitar sonreír ante el recibimiento después de pasar dos años sin saber de su existencia.

—¿No tendremos un reencuentro sentimental? —Preguntó Dazai dramáticamente, sin poder resistirse a molestar a Chuya, como siempre lo había hecho. Las viejas costumbres difícilmente mueren, pensó, viendo como el más bajo suspiraba con cansancio.

—Si no me dices qué quieres en menos de diez segundos te cortaré la garganta como regalo por nuestro reencuentro —Amenazó Chuya, mirándolo con cansancio. Gracias a que Dazai pasó veinte minutos parado fuera de su puerta, tuvo el tiempo suficiente para procesar sus emociones respecto al bastardo al que alguna vez llamó compañero y desapareció de la nada una noche, apareciéndose de la misma manera mágica esa tarde frente a su puerta. El shock y la furia ya habían sido superadas, y ahora solo estaba el deseo de que se fuera lo más rápido posible. Lo detestaba, pero siempre había sido así. Eso no había cambiado y al parecer nunca lo haría.

—Recomendaría que te sientes Chuya, es una noticia impactante —Recomendó Dazai, aunque por el tono de voz que usó, el pelirrojo no se lo pudo tomar en serio. Al ver que no haría lo que ordenaba, suspiró—. Está bien. Entiendo que si te sientas nuestra diferencia en altura será mayor y te lastimarás el cuello para verme la cara.

—Tres… dos… —Contó Chuya el tiempo que le quedaba al castaño, mientras sacaba la navaja de su bolsillo. Dazai sintió ganas de sonreír al ver que seguía con la misma navaja guardada en el mismo sitio. Hasta sentía nostalgia.

—¡Está bien, está bien! —Accedió Dazai, colocando las manos frente a él. Aunque la cuenta ya habría llegado a cero, Chuya guardó la navaja nuevamente en su bolsillo. A pesar de su severa mirada, estaba dispuesto a escuchar al más alto; el castaño sintió calidez en su interior, pues parecía que mantenía la consideración con la que siempre lo había tratado sin importarle su personalidad. Dazai dio una última respiración profunda y procedió a hincarse, colocando una mano sobre su pecho y sonriendo ampliamente—. Chuya, cásate conmigo.

Chuya parpadeó una vez. Luego otra. Y otra, tratando de procesar lo que acababa de escuchar. Conocía la personalidad de Dazai mejor que nadie en el mundo, y seguía seguro de eso a pesar de haber pasado separados dos años. Por eso estaba tan extrañado por sus palabras. Sabía que no lo estaba diciendo como una broma, hablaba completamente en serio. ¿Por qué? ¿No era su sueño casarse con una chica linda y cometer suicidio doble con ella? ¿Y no se supone que su odio era mutuo? ¿Entonces por qué le estaba pidiendo esto?

—Dazai —Habló Chuya después de un rato, colocando una mano sobre el hombro contrario, mirándolo fijamente a los ojos—. Si quieres que te mate solo dímelo directamente. No necesitas hacer esto.

—Necesito tu respuesta —Presionó Dazai, y por la falta de brillo en sus ojos supo que hablaba en serio—. Esto define si sigues con vida o no.

—¿De verdad te quieres enfrentar contra mí? —Preguntó Chuya con una sonrisa en el rostro, confiado en que se llevaría la victoria. Si Dazai seguía con el mismo aspecto físico lamentable de siempre después de dos años desaparecido, seguramente no habría entrenado, a diferencia suya, que regularmente se mantenía en forma gracias a todas las peleas en las que tenía que formar parte gracias a su trabajo en la mafia—. Además, ¿Eso qué tiene que ver con casarme contigo?

—Todo —Respondió Dazai, aun con el rostro serio—. Eres el único que conoce todo sobre mí. Sabes más que el propio Mori. Si hay un obstáculo para que pueda trabajar en la Agencia Armada de Detectives, eres tú.

—¿Y a mí que me importa? Me acabas de confesar que trabajas para el enemigo. Yo tengo más razones para matarte —Observó Chuya, cruzándose de brazos—. Además, no entiendo qué tiene que ver el matrimonio.

—Si estamos casados no podrán descubrir nada —Explicó Dazai, aún hincado en el piso—. Así que, ¿Podrías darme el sí de una maldita vez?

—Sigo sin comprender tu plan —Dijo Chuya, realmente confundido. Si bien Dazai siempre lo había sorprendido con sus estrategias, nunca se le había ocurrido algo estúpido, menos a este nivel. Además, se veía determinado a que le dijera que sí, como si no quisiera matarlo. A Chuya no le importaba eso, estaba seguro de que en caso de una pelea sería él quien acabaría con Dazai.

—Le diré al jefe de la Agencia que pertenecí a la Port Mafia —Explicó Dazai.

—Ojalá te despidan —Deseó Chuya, todavía de brazos cruzados, tratando de entender lo que el castaño quería decirle—. Pero tu historial está limpio. No encontrarán nada, aunque se los digas. Así que no entiendo por qué tienes que casarte conmigo.

—El único que podría decir algo para incriminarme y que esté en serios problemas serías tú, Chuya —Siguió explicando Dazai, causando que Chuya levantara una ceja, incrédulo. Por más idiota que fuera su compañero, ni siquiera él se creería una excusa tan tonta.

—¿Y por qué diría algo? Fui tu cómplice muchas veces y yo sigo trabajando en la mafia, no soy imbécil —Respondió Chuya, demostrando que no se terminaba de creer las palabras de Dazai.

—Porque me odias —Respondió el castaño, insistiendo con su pésima excusa—. Tengo que asegurarme de que, aunque se te presente la oportunidad, no hablarás.

—¿Y yo que gano a cambio al casarme contigo? —Preguntó Chuya, decidiendo dejar el por qué a un lado, al menos momentáneamente. Tenía muchas cosas que procesar en ese momento, pero al menos quería sacar el máximo de información para tratar de entender la posición en la que estaba.

—¿No te basta con este atractivo esposo? —Sonrió Dazai, haciendo una pose ridícula. Chuya lo miró con cansancio, viendo cómo su excéntrica manera de ser parecía no haberse ido a pesar de los años.

—Preferiría comer basura antes de llamarte esposo —Respondió Chuya con un tono de voz plano, sin reaccionar demasiado ante la personalidad de Dazai. Con el tiempo había aprendido que era mejor así.

—Igualmente —Sonrió Dazai, como si se acabaran de dar un cumplido—. Imaginemos que, en un caso hipotético, al trabajar con la policía, yo deba dar información de la Port Mafia que nos involucre.

—Tenemos abogados —Respondió Chuya. Incluso él había sido arrestado alguna vez por sospecha de actividad criminal, pero además de que los negocios ilícitos de la mafia estaban bien cubiertos gracias a su brillante jefe, contaban con abogados aliados que los ayudaban a librarse de esas situaciones.

—¿Crees que ellos pueden contra mí? —Chuya guardó silencio. Dazai tenía un punto: ni el mejor de sus abogados podría contra una mina de información tan valiosa como lo era Dazai, quien había sido prospecto para ser el sucesor de Mori y ahora trabajaba para el bando contrario—. Además, ahora sabes dónde estoy y que trabajo para el enemigo, pero soy demasiado valioso como para matarme. Si no das esa noticia en los próximos cinco minutos te acusarán de traición y sabemos que eso no terminará bien para ti.

El silencio de Chuya de alguna manera se hizo más profundo. Ya sabía que ese bastardo venía con un as bajo la manga, y también sabía que no lo delataría ante la mafia, ya fuera por sentimentalismo o porque no le importaba demasiado. Conocer sobre Dazai era un arma de doble filo: podrían ascenderlo, o podrían matarlo por saber demasiado y haber delatado a uno de sus elementos más valiosos, aunque Dazai ya no estuviera en las filas de la organización criminal.

—Así que… —Interrumpió el silencio Dazai, usando un tono exageradamente meloso— ¿Te casarás conmigo?

—Ven más tarde, tenemos que hablar de esto a profundidad —Respondió Chuya con seriedad, aun contemplando las posibilidades dentro de su mente. Tenía mucho en lo que pensar, y el idiota frente a él hacía demasiado ruido como para dejarlo concentrarse.

—Chuya, eso no es un sí —Presionó el castaño, obteniendo un chasquido de lengua como respuesta. El gesto lo hizo sonreír. No importa cuánto tiempo pasara, molestar a Chuya siempre sería su pasatiempo favorito.

—Vete a la mierda —Dijo Chuya, mirando con desdén a Dazai que nunca se había levantado de su posición hincada sobre una rodilla. Esperaba que estuviera adolorido—. No puedo creer que me estés proponiendo matrimonio, estúpido desperdicio de vendajes.

—¿Te despidieron? —Preguntó Chuya con esperanza, a manera de saludo. No podía culparse: si eso pasara significaría que se libró de tener que casarse con la persona a la que más odia en el mundo.

—Claro que no —Sonrió Dazai, burlón. A pesar de que esa era la respuesta que esperaba, Chuya no pudo evitar sentirse decepcionado—. Es una buena señal para nuestro matrimonio.

—Explícame, ¿Por qué tanto afán por casarte conmigo? —Insistió Chuya, cerrando la puerta mientras Dazai entraba a su departamento, mirando todo a su alrededor con curiosidad mientras se abría paso a la sala, como si el espacio fuera suyo. Cuando trabajaban juntos alguna vez Dazai llegó a visitarlo, pero ni siquiera entonces se había adueñado del espacio con tanto descaro como lo estaba haciendo ahora mismo.

—Chuya, yo también preferiría casarme con alguien más. De preferencia una bella mujer con la cual cometer suicidio doble… —Suspiró Dazai mientras se dejaba caer en el sillón de terciopelo, ante la mirada incrédula de Chuya, que estaba en la cocina sirviéndose una copa de vino. Sentía que necesitaba del alcohol: pasó años viendo cómo su entonces compañero coqueteaba con incontables mujeres y aquí estaba, después de desaparecerse por dos años, pidiendo casarse con él. Se acercó a Dazai, pero sin sentarse en el sofá. Podrían haber compartido muchas cosas en el pasado, pero ahora sentía la necesidad de guardar cierta distancia entre ellos—. Pero, legalmente, es perfecto que nos casemos.

—¿Legalmente? —Preguntó Chuya. Tenía un conocimiento básico en leyes, aunque nada más para saber cómo no incriminarse frente a algún policía, especialmente en los raros arrestos de los que era víctima. Así que, prácticamente no entendía a qué se refería Dazai. Él y su estúpida costumbre de hablar crípticamente como si todo el mundo pudiera descifrar sus mensajes.

—Si estamos casados, no estamos obligados a delatar los crímenes del otro —Dejó caer finalmente Dazai, y Chuya por fin entendió todo.

—Ya veo —Observó Chuya, tomando un sorbo de su copa de vino—. Como fuimos compañeros, al estar casados no tendrías por qué revelar nada de mis crímenes, los cuales muchos te involucran. Te estás salvando el pellejo.

—Exacto —Sonrió maliciosamente Dazai, de esa manera en la que lo hacía cuando un retorcido plan se le pasaba por la mente. Chuya pensó en que no extrañó en lo absoluto ver esa expresión—. Es para mi beneficio, pero tú también sales ganando.

Chuya suspiró, sintiéndose aliviado. No es que ese bastardo de repente estuviera enamorado de él o se dejara llevar por los sentimentalismos, era todo parte de una fachada más complicada para poder dejar atrás su turbio pasado y seguir adelante sin que su anterior vida criminal interfiriera con lo que sea que ahora tuviera en mente. Bien por él, pensó Chuya. Y, aunque casarse fuera algo vergonzoso, en realidad podía guardarse el secreto y firmar el papel con el nombre falso que le había otorgado la mafia, sacando provecho de la situación con el mínimo riesgo. Solo sería un problema si Mori se llegara a enterar, pero él no planeaba decirle y su jefe no tenía razones para dudar de uno de sus trabajadores más leales.

—Sólo es un maldito papel —Reclamó Chuya, apretándose el puente de la nariz—. Estoy agotado. ¿Traes el documento, cierto? Dámelo de una vez para firmarlo y descansar.

—No seas así, Chuya. Sólo llevamos tres horas comprometidos —Hizo un puchero Dazai.

—Mientras antes termine, mejor —Respondió cortantemente Chuya. No podía esperar a firmar ese tonto papel y que su excompañero desapareciera otra vez, dándole paz nuevamente a su vida.

—De hecho, te tengo noticias, cariño —Chuya sintió ganas de vomitar al escuchar el sobrenombre. Dazai se lo estaba pasando demasiado bien molestándolo—. Tenemos una reunión con mis padres mañana.

—¿Tienes padres? —Preguntó Chuya con curiosidad. En los cinco años que llevaba conociendo a Dazai jamás había oído hablar de ellos. Lo más cercano que le había conocido fue Mori, que de alguna manera le sirvió como rol paternal, pero Dazai primero se moriría de una vez por todas antes que llamar al médico de esa manera.

—¿Eres idiota? Me refiero al jefe de la Agencia —Rodó los ojos Dazai, como si fuera la cosa más obvia del mundo.

—¿Y yo por qué tengo que conocerlo? —Se quejó Chuya, después de dar otro sorbo a su copa de vino. A este paso, necesitaría terminar con toda la botella para poder lidiar con la situación—. No puedo entrar como si nada a territorio enemigo.

—Me preguntó si alguien de la mafia sabía sobre mi reclutamiento en la Agencia. Por supuesto, le mencioné a mi esposo, aunque le pedí que fuera discreto en eso —Aclaró Dazai, como si por hacer eso ya fuera el hombre más bueno que había pisado el planeta y Chuya no tuviera que preocuparse por las implicaciones que traía tener que ir con el bando contrario.

—¿Por qué querría conocer a tu esposo? —Cuestionó Chuya, con el ceño fruncido. No se imaginaba contándole a Mori que había contraído matrimonio y el jefe le pidiera conocer a su pareja. En todo caso, seguro le advertiría los peligros que una relación de ese tipo implicaba para alguien con su trabajo.

—Tal vez para asegurarse de que no sea un agente encubierto que le va a revelar todos sus secretos a la Port Mafia —Respondió Dazai seriamente, aunque cambió en un instante su semblante, como siempre hacía para restarle importancia a un tema que sí debía tomarse seriamente— ¡O porque quiere asegurarse que estoy con un hombre que me ame!

—De todos los sentimientos que tengo por ti, el amor nunca ha estado en la lista —Aclaró Chuya, tomando otro sorbo de su copa de vino.

—Bueno, pues espero que seas buen actor —Comentó casualmente Dazai.

—¿Qué? —Preguntó con hostilidad, mirando con incredulidad a Dazai. El castaño solamente tenía una pequeña sonrisa juguetona adornando sus labios.

—¿De verdad crees que me dejarán ir si se dan cuenta que todo esto es falso? —Cuestionó de vuelta Dazai, mirando intensamente a Chuya.

—¿A mí qué mierda me importa? —Dijo Chuya, con el ceño fruncido—. Firmar el papel es conveniente para mí, pero no saco ningún provecho en actuar como tu pareja.

—Si no lo haces le diré a Mori que llevamos dos años casados y nunca le dijiste nada —Amenazó Dazai, sacando de una vez por todas el certificado de matrimonio cuya fecha era de dos años atrás, probablemente para hacer más creíble su relación. Por más tonto que sonara, sus palabras tenían peso. No solo significaría deslealtad hacia su jefe, sino que aumentaría las sospechas de que pudo haber sabido dónde había huido Dazai y no le dijo nada a nadie, ni siquiera a su superior. Chuya dio otro largo trago a la copa de vino.

—¿Cómo haremos para actuar como una pareja casada si nos odiamos? —Preguntó Chuya con seriedad, dándole la relevancia al tema que se merecía, aunque no lo podía terminar de creer dentro de sí. Maldecía el día que le asignaron a Dazai como compañero.

—Oh, Chuya —Sonrió con confianza Dazai— ¿Alguna vez algo ha sido imposible para el dúo más temible de todo Yokohama?