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Dia 6: Supresor

Summary:

Beelzebub está acostumbrado a lidiar con su molesto hermano gemelo todos los días, Satanás siempre lo molesta en su trabajo en la farmacia local. Un día llega un omega buscando supresores para un celo próximo. Sin embargo, ambos alfas no pueden evitar fijarse de más en ese cliente desconocido.

Notes:

Día 6 del Omegacember de Es de Fanfics

Amo poner a Satanás y Beelzebub como gemelos, nada más que agregar.

Work Text:

Beelzebub observó la sonrisa petulante de su hermano gemelo, quién llevaba varios minutos esperando una víctima en la farmacia en la que trabajaba.

Satanás, como el jodido alfa engreído que era, no dejaba pasar la oportunidad para recordarle que estar cumpliendo un turno en un local de mala muerte como ese era lo menos digno que le había visto hacer en muchos años. No es que pudiera culparlo, Beelzebub había terminado por dejar de lado la propuesta de un buen puesto en la empresa de Hades con la excusa de que necesitaba superarse en su campo de estudio. Como estudiante de medicina, lo primero que debía hacer era familiarizarse con los medicamentos disponibles en el mercado, así que obtener un empleo en una farmacia fue lo primero que se le vino a la mente.

El problema era que su molesto hermano mayor no perdía el tiempo para visitarlo en su trabajo y alardear del tipo de cosas que podía obtener al no tener los mismos principios que Beelzebub.

Cosas, como tener salidas todos los viernes a fiestas en dónde el alcohol era tanto como para tener un coma etílico por el poco control que tenían los universitarios sobre la bebida, eran el pan de su día a día. Por supuesto que Beelzebub solo se dedicaba a rodar los ojos ante la mención de la poca diversión que vivía diariamente, el mismo no necesitaba ese tipo de cosas por más que su gemelo se encargara de repetírselas una y otra vez.

Está bien, él mismo admitía que había pasado demasiado tiempo soltero, pero, considerando que tenía una agenda muy apretada por sus clases en la universidad, lo que menos deseaba era obtener pareja.

Para su fortuna ese día la farmacia estaba solitaria, tanto como podía esperarse de un local a las 9 de la mañana de un lunes. Beelzebub respiró tranquilo por no tener que soportar los comentarios incómodos que Satanás le hacía a los clientes, solo debía quedarse con su gemelo hasta que este decidiera que ya había tenido suficiente de la aburrida rutina de Beelzebub y se marchara a donde sea que fuera donde pasaba su día.

Pero, por supuesto, la desgracia siempre llegaba de una u otra manera a su vida.

La campana de local sonó indicando que había llegado un posible comprador a la farmacia, Satanás levantó la cabeza del mostrador como si esperara ver al futuro receptor de sus bromas, pero en su lugar se encontró con un hombre alto vestido de una manera extraña recorriendo el lugar.

Por el olor supo que no se trataba de un simple beta perdido. ¿Qué hacía un omega a esas horas de la mañana en una farmacia alejada del mundo?

Beelzebub enarcó una ceja esperando que la mordaz lengua de su hermano comenzara con sus habladurías, sin embargo, en su lugar observó, para su sorpresa, cómo los ojos de su gemelo no se despegaron en ningún momento de la figura del omega. Beelzebub exhaló aire, no podía ser que lo viera como un posible ligue. Lo que menos deseaba era escuchar coqueteos a esa hora.

—Te pido por una vez que controles tus hormonas—susurró Beelzebub en un intento de ahorrarse la vergüenza, Satanás, por su parte, hizo caso omiso a la sugerencia y se paró lo más erguido que su cuerpo le permitía—Satanás, por favor...

Y fue en el momento en que sintió el olor que emanaba ese chico, que pudo comprender el porqué del actuar de Satanás.

Un omega a la víspera del celo, ¿Podía ser la vida más increíble?

El aroma que el chico emanaba era parecido a una suave brisa de primavera en dónde el olor de las flores te murmuraba frases esperanzadoras al oído y te adormecía el corazón con palabras bonitas, ese tipo de calidez era propia de un hombre en la plena juventud, pero, según lo que veía, el omega en cuestión ya debía rondar los treinta años. Y considerando que no tenía ningún olor externo pegado a él, era posible que aún no estuviera vinculado con nadie. ¿De verdad alguien con unas feromonas así no tendría una potencial pareja?

—Hola—dijo el chico de los brillantes ojos verdes, con una sonrisa que irradiaba felicidad a los cuatro vientos. La sensación de estar expuesto a la luz solar casi hizo que Beelzebub entrecerrara los ojos. Era demasiado brillante—. Busco supresores de la marca K&Y, de 0.5 miligramos.

Diablos, esa era una prescripción con una dosis muy alta, lo que significaba un celo demasiado fuerte como para pasarlo solo.

—¿Vienes por aquí muy a menudo?—soltó Satanás haciendo que Beelzebub se aclarara la garganta molesto, estuvo a punto de darle un codazo por la intromisión con un cliente desconocido para él, pero se detuvo antes de pasar más vergüenza. El hombre abrió grande los ojos como si estuviera entusiasmado con la idea de ver dos personas iguales.

—Vaya, ¡Gemelos homocigóticos!—habló el omega con más emoción de la que era normal, Beelzebub incluso podía ver a sus ojos brillando de la ilusión por tal descubrimiento, Satanás frunció el señor confundido, pero Beelzebub solo sonrió contento de tener a otro cerebrito en el lugar. Tal vez el omega era un doctor o alguien muy interesado en la medicina—. Es la primera vez que veo unos. Su ADN debe ser increíble, imagina la cantidad de coincidencias genéticas que deben de tener, han de ser el sueño de un investigador.

—Yo me especializo en genética, es una de las materias que estamos viendo actualmente.

—¿Estudiante universitario?—preguntó el hombre de ojos bonitos y Beelzebub sintió la necesidad de regodearse en el rostro perplejo de Satanás, asintió sin perder de vista la sonrisa entusiasmada—. Vaya, aún recuerdo mis días de universidad, me pregunto si estarán viendo los mismos temas que eran populares en su momento.

Satanás rodó los ojos al prever que la conversación estaba yéndose por un camino en extremo aburrido, pero, incluso si el omega frente a él era un nerd sin remedio, no negaría que el interés inicial estaba lejos de desaparecer.

Beelzebub le entregó la caja de supresores cuando menos se hubo dado cuenta, pasó el producto por el código de barras escaneando el precio e hizo el cobro sin ningún problema.

—Es una dosis muy grande para un celo único. ¿Desea llevar suplementos alimenticios para consumir con su pareja?

El olor del omega tuvo un cambio mínimo en el ambiente, tomando una nota un poco amarga ante la mención de una pareja, suponía que era un tema sensible para él.

—No será necesario, lo tengo todo cubierto.

—Aún así, esa dosis es muy fuerte para tomarla seguido. ¿Ha considerado la posibilidad de suspenderla por al menos dos meses? No es recomendable por la cantidad de hormonas que segregan en el organismo si quiere conservar la fertilidad— el omega entrecerró los ojos analizando la situación—. Puede ocasionar descontroles genéticos si eso le hace entrar en razón, se lo digo como estudiante de medicina.

El hombre bajó la cabeza mientras soltaba una risa suave, se notaba divertido por lo que estaba sucediendo.

—No me ligan así muy a menudo, un punto por originalidad—. De acuerdo, pese a su personalidad radiante, no era un ingenuo. Sabía reconocer las señales que se le daban. El omega sacó un bolígrafo de su bolsillo y anotó algo en la factura del supresor, la deslizó por el mostrador y señaló con un dedo—. En una semana me llegará el celo, si para ese momento alguno de ustedes dos está disponible, estoy dispuesto a suspender los supresores por una vez. Lo digo como científico mecánico.

El omega dio un último vistazo al par de gemelos, tomó la caja de supresores y salió por la puerta de la farmacia. Satanás chasqueó la lengua inconforme por no haberle podido sacar un tema de conversación. Susurró algo como un "Entre nerds se entienden" y miró de cerca el número anotado en la factura.

Beelzebub sonrió mirando el nombre arriba del número.

Nikola Tesla... Era un nombre bonito.

Esperen...

¡¿Los había invitado a los dos?!

 

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