Chapter Text
Algunas veces, el multiverso da más de una sorpresa: seres únicos e irrepetibles, realidades convergentes, y amenazas que repercuten a más de un plano de la creación. Pero, a veces, la supervivencia de una tierra destinada a desmoronarse en el olvido es lo más impresionante que puede suceder, además de que esta florece en su propia forma para crear una serie de nuevas historias.
Esta tierra, donde los héroes existieron mucho antes de lo normal y con las limitantes de su era, nos encontramos con una narrativa que parece reverberar en muchos otros universos, puede que sea por su simplicidad o sólo porque es el eco de lo que nunca sucederá en otro sitio y momento.
Diferentes razas convergen en este 1602. Una de ellas, la de los elfos, ha estado en constantes conflictos con los humanos, pero ha sabido perdurar a pesar de todo. Existe una animosidad con los humanos que está siempre al borde de desencadenar en una guerra en la que ninguno de los bandos tendría un claro ganador.
Katherine Elizabeth Bishop, parte de una de las familias reales de elfos más antiguas, viaja en una misión diplomática para extender su ayuda en los problemas del reino cercano. Está en una pequeña caravana, refugiada en el carruaje central en lugar de estar encima de un caballo, como originalmente lo planteó ella cuando vio que no podía zafarse de la responsabilidad. Las palabras de su madre Eleanor eran ley y no había lugar para que ella pudiera decirle que no. Sus deseos de formar parte de la guardia se veían frustrados en cada intento por demostrar que ella podía ser más que una dignataria como el resto de sus antepasados. La misión era importante, pero también sencilla, así que Katherine fue elegida para llevarla a cabo en lugar de su madre; quien pensó que ya era momento de que su hija empezara a familiarizarse con su futura labor. Llevó puesto un particular vestido largo de color morado con detalles dorados, pero ningún arma pues, según su madre, no eran dignas de portar por la realeza.
La travesía de varios días fue tranquila, apenas se habían adentrado en el reino humano que visitarían cuando todos se detuvieron por primera vez desde que empezaron el camino. No parecía nada fuera de lo ordinario: una rama de árbol. El sendero no les era desconocido a los viajantes elfos, pero este no era tan transitado por los lugareños, esto con la intención de no atraer miradas curiosas y salvaguardar la seguridad de todos.
Un descanso del viaje no le vendría mal a nadie y aún seguían dentro del reloj para poder lidiar con un obstáculo como ese. Kate quería aprovechar la oportunidad para bajar unos momentos, pero su acompañante, un académico del reino a quien conocía muy poco le recomendó lo contrario; él era propenso a sobre pensar las cosas y preocuparse de más, pero era cercano a su madre Eleanor y no quería darle una razón para terminar en otra tarea igual cuando volvieran a casa. Así que, resignada, se limitó a entablar conversación con uno de los guardias que se acercó a su ventana.
— ¿Cuál parece ser el problema? — preguntó Katherine como si no supiera ya la razón, pero no supo qué más preguntarle y estaba a punto de dormir de aburrimiento si no hacía algo más que estudiar los papeles que su madre le dio.
— Sólo una rama, majestad — contestó el guardia con gentileza. —Nos tomará un momento moverl-“
Sus palabras se detuvieron inmediatamente cuando se escuchó un estruendo e hizo que el guardia cayera inmóvil al suelo, no sin antes que su sangre salpicara el rostro de la joven y parte de la puerta. Los caballos relincharon de sorpresa y los demás guardias captaron de inmediato lo que pasaba: habían caído en una trampa.
— ¡EMBOSCADA! — gritó uno de los elfos mientras todos se preparaban para lo que venía.
Todo sucedía tan rápido que apenas hubo tiempo de reconocer las amenazas que venían de entre los árboles. Se trataba de hombres armados con mosquetes, aunque con una puntería dudosa tenían el elemento de la sorpresa de su lado y armamento superior, aun así los guardias de la caravana disparaban flechas hacía el lugar del que venían los disparos. Uno pensaría que los elfos estaban en desventaja, pero si por algo eran conocidos era por su puntería con el arco.
Algunas flechas lograron llegar hasta sus enemigos, pero por cada vez que lograban atinarle a un par de los atacantes un elfo caía víctima de una bala. Sus números estaban disminuyendo de manera alarmante y Katherine seguía viendo en shock desde la ventana cómo sucedía todo, al menos hasta que una mano la alejó de la ventana justo a tiempo para evitar una ráfaga de tiros en su dirección. Se trataba de uno de los guardias que aún seguía con vida, tenía una herida en el brazo por lo que tuvo que desenvainar su espada para defenderse. Comandó a Katherine para que usara la otra puerta del coche y huyera mientras los miembros restantes de la caravana le daban un poco de tiempo.
Le tomó un poco más de lo debido espabilarse ante lo que sucedía a su alrededor, incluso trató de llevar consigo a su acompañante, pero este había recibido un tiro en la cabeza que atravesó la cortina de su lado. Sin más que hacer por él y siguiendo los consejos de su compatriota, Katherine decidió irse de ahí. Bajó rápidamente del carruaje entre una multitud de disparos y viendo cómo los elfos restantes repelían el ataque lo mejor que podían. El guardia lastimado le dijo que mantuviera la cabeza baja y que se adentrara en el bosque para perder a los atacantes. Era lo único que podía decirle en esas circunstancias y el mejor plan en el momento.
Katherine trató de contestar que no podía hacer tal cosa, pero vio a otro de los suyos caer tras otro disparo, y tuvo que encontrar fuerzas en sí misma para sólo asentar con la cabeza. El elfo que le ayudó comenzó a guiarla hacia el otro lado del bosque, aquel que no tenía peligro, pues este estaba inclinado y guiaba a una parte en donde no había un camino, sólo más árboles. Ambos empezaron a correr hacía allá, pero, no sin antes de que el guardia anónimo le diese a la joven un arco y flechas pertenecientes a uno de sus camaradas caídos. Si esa sería la última vez que se verían le daría una oportunidad de pelear a ella. La joven elfa aceptó el arma sin chistar y se colgó el carcaj en su espalda.
Sólo quedaban un par de elfos en pie en la caravana cubriéndose de los disparos con los restos de la misma y que fueron dejados a su suerte, mientras Katherine y su último guardián se adentraban en el bosque debajo.
Los dos empezaron a correr entre los árboles con los ruidos de la pelea desvaneciéndose mientras avanzaban, hasta que en un punto dejaron de oírlos. Ninguno sintió confort de ello, pues sólo significaba una cosa: sus compañeros estaban muertos y ahora ellos eran los siguientes.
No sabían dónde estaban y lo único que podían hacer era correr en dirección opuesta al caos. La enorme cantidad de árboles y la dificultad del terreno les dio a esperanza de que los caballos no eran viables para ser usados allí y eso mejoraba un poco sus probabilidades de ser encontrados más rápido, pero no podían huir por siempre.
— Creo que los perdimos — dijo la joven mientras respiraba pesadamente por el esfuerzo y tratando de recuperarse de lo que vio. Si bien ella quería ser guardia esta fue la primera vez que vio morir a alguien enfrente suyo.
Bueno, mejor dicho, fue la segunda.
—No, majestad. Estamos en territorio humano y por eso nunca estaremos seguros — dijo sombríamente el guardia, quien aprovechó el tiempo para hacerse un torniquete debajo de su herida en el brazo.
—¿No se supone que debían escoltarnos al castillo de la reina Hela cuando llegáramos a sus fronteras? — preguntó Katherine divisando el camino por el que llegaron en busca de alguna persona siguiéndolos.
—Estamos en una zona neutral. Estamos a tres días de la frontera. Pocos saben de la misión. Así no habría problemas — dijo el guardia con un gruñido tras apretar un pedazo de tela que pararía la salida de más sangre.
—¿Entonces que fue eso allá atrás? — no era una acusación de parte suya, sólo una sincera pregunta alimentada por frustración y miedo.
—Alguien no quería que llegáramos o más preciso, que usted no llegara.
Katherine quería explicarle que no era así, pues de otra forma, ella sería culpable de las muertes de los suyos. Sólo por nacer bajo el título de su familia. Igual, no planeaba discutir lo contrario pues no tenían tiempo para ello. Incluso si no los veía, era casi seguro que quienes los emboscaron estaban buscándolos.
Caminaron un poco más hasta llegar a un claro en el bosque. Ella seguía con una flecha apoyada contra el arco y el guardia aferrado a su espada, cuando ambos escucharon un crujido adelante suyo. Estaban preparados para lo que fuera, pero el follaje no les permitía ver delante de ellos. Siguieron escuchando a algo acercándose enfrente de ellos y cuando fue inevitable que se encontrarían con aquello sólo podían esperar el ataque. Cuál fue su sorpresa al ver que se trataba de un ciervo que los miró con curiosidad por unos instantes antes de que huyera por su propia seguridad.
El encuentro les dio un muy necesario respiro, que pronto fue interrumpido por un ruido que del hizo recordar a Katherine el infierno del que había escapado momentos antes. El eco del disparo se mantuvo vivo mientras ella vio a su protector caer, la bala le había dado en la garganta, haciendo que él soltara la espalda y tratara en vano de contener la sangre que escapaba demasiado rápido de su cuerpo.
Katherine sólo pudo acercarse y verlo a los ojos mientras ella también pensó en parar la sangre con sus manos, prometiéndole que todo estaría bien, pero esto sólo duró unos segundos antes de que la mirada del elfo se tornara vacía y enfocada hacia la nada.
Ella observó sus manos, ahora empapadas de sangre, preguntándose qué hacer ahora que estaba sola allí. No tuvo mucho tiempo para pensarlo pues escuchó una orden de manera clara que le fue dada a los hombres que habían llegado a donde estaba: atrápenla.
Su arco estaba en el suelo y sólo le quedaba tomarlo y usarlo. La flecha que estaba ya en su mano no tardó en ser colocada y apuntada en dirección de una docena de personas acercándose a ella.
Su entrenamiento nunca contempló blancos que respirasen y ella titubeó en más de una ocasión para soltar la cuerda, cualquier duda moral que tuviera o respeto hacia la vida que mantuviera en su sistema de valores entraron en conflicto, pero con la misma rapidez que cayeron sus guardianes Katherine llegó a una resolución: ella tenía que sobrevivir.
La primera flecha atravesó el campo en un instante y se alojó en el pecho del hombre en el centro, haciendo que cayera de inmediato. Una segunda flecha terminó en el estómago de otro, no matándolo, pero sí eliminando la amenaza. Los hombres tenían sus órdenes y ya sea por temor hacia quien los guiaba o por alguna extraña entrega a su deber no dispararon con sus mosquetes en retaliación, sino que apresuraron la carga.
Un tercero sucumbió a tiro en pecho. Otro se tuvo que refugiar tras haber recibido la suya en el hombro derecho. Los demás se dispersaron entre los árboles para evitar los tiros de la joven, quien comenzó a correr en dirección opuesta mientras disparaba de vez en cuando para mantener la distancia.
El más impulsivo de los atacantes trató de sorprenderla flanqueándola por la izquierda, pero Katherine logró acertar con una flecha al rostro del hombre quien murió al instante y terminó a pocos metros de ella. Por fin pudo ver de cerca a uno de los atacantes. No había nada particularmente fuera de lo ordinario más allá de las ropas que lo cubrían de pies a cabeza, guardando su identidad tras un rojo intenso, pero lo más significativo era una especie de símbolo en su pecho; el de una mano marcada con pintura blanca.
Ella no se detuvo a pensar mucho en lo ocurrido y siguió corriendo.
Su desconocimiento de la región se vio reflejado en pocos momentos pues tras seguir corriendo llegó a un acantilado que desembocaba en un río demasiado lejos como para saltar. Pensó en rodearlo, pero uno de los hombres que la seguía llegó justo detrás suyo, apenas dándole tiempo para reaccionar. La flecha logró salir para alojarse en el pecho del atacante, pero luego de este llegaron un par más que no se arriesgaron como el primero. Una espada golpeó el arco antes de que Katherine pudiera cargarlo y sintió el golpe de algo metálico en la cara que la tumbó y dejó inconsciente.
En su estado, despertaba en momentos y dormía en otros, todo con una neblina cubriendo sus ojos, sólo escuchaba conversaciones a medias que no le daban explicación de lo ocurrido y que la dejaban cada vez más confundida. Despertó más tarde con un fuerte dolor de cabeza al cabo de unas horas y se vio a sí misma imposibilitada para moverse, le habían atado de pies y manos, ¿pero cómo se movía? Estaba en lo que parecía ser una carreta rodeada de hombres vestidos de manera similar y con el mismo símbolo en el pecho.
Trató de revisar sus alrededores, pero pronto se vio detenida por una voz a su lado.
— Vaya, miren quién despertó al fin — no sonaba para nada amigable y se percibía la burla en el tono. — Esperaba que el golpe te mantuviera dormida hasta llegar adónde vamos, pero no importa, se puede arreglar con facilidad, pero no creo medir mi fuerza de nuevo luego de lo que le hiciste a mis camaradas.
Allí fue cuando sintió el filo de una espada deslizándose cuidadosamente sobre su mejilla advirtiéndole de lo que estaba por venir.
El día sólo podía empeorar.
Katherine pensó en qué hacer ahora, pero sus opciones se habían acabado, sólo podía esperar a llegar adonde la estaban llevando y rogar porque su final fuese rápido. En medio de su tormenta mental el transporte se detuvo. No creía que llegarían tan pronto y su corazón casi se detuvo pensando en las posibles explicaciones de todo lo ocurrido, pero al ver en frente suyo notó que seguían en el bosque.
—¿Eso es una rama? — preguntó irritado uno de los numerosos hombres tras ver qué era lo que les impedía avanzar. No podía aprovechar la distracción y huir, sobre todo porque el mismo hombre de antes la seguía vigilando.
Tres de ellos se acercaron al obstáculo, ciertamente esperando algo al inicio, pero ninguno vio nada fuera de lo normal. Empezaron a mover la enorme rama juntos, pero antes de hacer que avanzaran unos centímetros la tierra debajo de ellos se levantó un poco y de ella provino una explosión que mandó a volar a los que estaban encima.
Todos los demás se cubrieron inmediatamente y antes de que supieran qué había pasado se escuchó un disparo, pero este vino de la parte trasera, junto a él se escucharon los gruñidos y quejidos de algunos hombres seguidos de la caída de los mismos al suelo tras escuchar un ruido seco. Katherine no podía ver lo que pasaba, pero escuchó una ráfaga de disparos de parte de sus captores en diferentes direcciones para contrarrestar el ataque. Parecía ser en vano, pues no paraba de escuchar caer a los hombres y sus frenéticos gritos por saber qué pasaba y quiénes lo estaban causando.
Incluso quien la retenía preguntaba lo mismo. Su respuesta vino en forma de un cuchillo hundiéndose en su pecho. Cayó muerto de inmediato y Katherine siguiendo la trayectoria que siguió el arma arrojadiza pudo finalmente ver el origen de todo.
No era un grupo. Era sólo una persona.
Quedaban cuatro enfrente de la carreta y parecían haberse quedado sin balas y decidieron no gastar tiempo una vez que divisaron a su atacante, así que desenvainaron sus espadas. Estaba cubierta con una capa y no dejaba ver nada de su persona, sólo se quedó quieta mientras los demás decidían qué hacer. Hubo un largo silencio en el que parecía todo estar decidido sin decir una palabra.
Dos de ellos se abalanzaron contra la figura quien rápidamente levantó su capa, debajo se veían los cañones de dos pistolas, las cuales disparó al unísono. Ahora sólo quedaban dos. Las pistolas cayeron al suelo y la figura desenvainó dos cuchillos.
Aunque parecía que estaba dándoles una oportunidad, lo que veía Katherine era muy diferente de lo esperado. La figura combatió contra ambos sin titubear, atacando y defendiendo a la vez, sin darles una verdadera oportunidad para contratacar. Parecía casi un baile el cómo se desenvolvía la misteriosa persona en la batalla, quien, aunque de baja estatura, les estaba dando la pelea de sus vidas a los captores de Katherine.
En retrospectiva, tenía sentido. Esta figura no parecía tener refuerzos y ella sola logró acabar con un pequeño grupo de matones, así que sólo era cuestión de tiempo para que esto terminara a su favor.
En un punto de la pelea, la encapuchada dejó incapacitado a uno de los atacantes e hizo una maniobra contra el otro en la que usando su cuerpo dio una vuelta para quedar sobre los hombros de este, atrapando al mismo tiempo uno de sus brazos entre sus piernas, el que tenía una espada. Sin esperar, ella hundió uno de sus cuchillos en la garganta del hombre. El otro se recuperó y trató de ayudar a su compañero, viendo esto, la figura dio una vuelta sobre su eje, dejándose caer y llevando consigo al hombre que tenía atrapado, haciendo que el cuerpo de este chocara con el que venía. Ella, en cambio, aterrizó con la gracia acostumbrada, y mientras su último oponente se levantaba, hizo alarde de sus habilidades girando sus armas entre sus manos.
Esto último enfureció al hombre y se dirigió sin pensarlo mucho en contra de la figura, quien lo bloqueó con un cuchillo mientras dio un corte en el brazo con el otro. Nuevamente, el hombre dejó de lado cualquier estrategia y empezó a lanzar ataques muy fáciles de leer. Estos fueron evadidos sin problema alguno y fueron recompensados con precisos cortes en el cuerpo del hombre, quien tras recibir un corte en la espalda finalmente cayó de rodillas y soltó su arma. La figura no perdió el tiempo y con un corte doble a la garganta terminó la pelea.
Katherine estaba lista para agradecer su buena suerte, trató de agradecerle a la figura lo ocurrido, pero en lugar de dar gracias, de su boca salieron otras palabras:
—¡Cuidado!
Había una persona más, una con un arma apuntando hacia su supuesta salvadora. Hubo poco tiempo para pensarlo y menos aún para actuar, pero afortunadamente sólo estaba atada para no moverse mucho y no para no salir de la carreta, además de que este último captor se posicionó muy cerca de donde estaba. Así que Katherine se abalanzó sobre la otra persona y logró desviar el tiro. Forcejearon un poco, pero al estar maniatada no pudo hacer mucho en el suelo y la elfa recibió un golpe en la cara con la culata del arma.
El resto fue borroso, pero Katherine hizo un intento por permanecer consciente. Vio a la figura correr hacia donde estaban, pateando el arma lejos de las manos de la persona. Luego la golpeó en la cara repetidas veces.
¿Por qué no la apuñaló como los demás?
Estaban batallando, hablando en un idioma al que ella no entendía y en un momento habría jurado que una vez que la figura que rescató ganó el combate usó en contra de la persona una especie de polvillo rojo.
Los ojos de Katherine se sentían pesados y ya no pudo mantenerlos abiertos más. Antes de perder nuevamente la consciencia creyó ver la capucha de la figura revelar una melena rubia en una trenza perteneciente a una mujer que pareció decir algo despectivo en el idioma de antes.
El despertar fue abrupto. Katherine dio varios respiros rápidos mientras su cerebro era forzado a trabajar demasiado rápido para dar sentido a todo. Su sentido de supervivencia seguía en pique por lo que lo primero que hizo fue buscar su arco cerca de ella. No encontró nada, pero se dio cuenta de que la superficie ya no estaba terrosa ni tampoco era de madera, sino suave al tacto, como… ¿tela?
Al ajustar su vista se encontró con que había un techo encima de ella y estaba cubierta con una manta. Al menos seguía con su vestido puesto. Eso era una cosa menos de qué preocuparse. Ahora quedaba la pregunta más pendiente: ¿dónde se encontraba?
Con un gruñido se levantó de lo que parecía y se sentía como una cama. El rostro le dolía y no pudo evitar maldecir en élfico ante esto y el dolor de cabeza que no tardó en presentarse también.
—Eso no se escuchó como un gracias.
Una voz proveniente de su izquierda, cerca de la ventana de donde estaba, se hizo conocer. Cabello rubio en una trenza ligeramente familiar, una blusa blanca con un corsé verde encima, pantalones negros y botas, además de varios cinturones donde era claro que mantenía sus armas. El mismo sentimiento de antes le impidió a Katherine responder con alguna pregunta. En su lugar, tomó el primer objeto que encontró, un candelero con la vela apagada, y lo arrojó hacia la persona. Este iba directo a su cara, pero con su mano desocupada la mujer lo atrapó sin dificultad.
“¡Vaya! Ese fue un buen lanzamiento.” Su acento estaba bastante marcado y dejaba claro que ese no era su lenguaje natal, pero esperaba que la elfa pudiera entenderle dado por el lugar en donde estaban. “No me sorprende que uses tan bien el arco.”
El candelero fue bajado con gentileza y puesto en el marco de la ventana. A pesar de que no presentaba una amenaza inmediata, Katherine no quiso descuidarse y siguió buscando algo más con qué atacar. Encontrando un cuchillo envainado no muy lejos de donde estaba el candelero.
La mujer en la ventana sólo hizo un resoplido frustrado con la nariz, acompañado de un poco de humo del tabaco que estaba fumando con su pipa, pero no hizo esfuerzo alguno por levantarse para detener a la elfa de tomar el arma y apuntarle en su dirección y dejando que la funda cayera de forma poco ceremoniosa al suelo.
—Espero que no pierdas de vista dónde está eso— apuntó la mujer con su pipa casi como regaño.
Katherine parecía sentirse con la suficiente confianza para empezar con su interrogatorio:
—¿Dónde estoy?
—Gracias. Qué bueno que sabes español. Aunque creo que eso era bastante obvio por lo único que me dijiste en el bosque — dijo la mujer sin haberle importado que su propia arma estaba siendo usada en su contra. Inhalando también de su pipa.
—No me respondiste la pregunta — aclaró Katherine sin bajar el arma.
La mujer, que tenía un familiar cabello rubio, sólo exhaló el humo que contuvo momentáneamente formando un anillo con el mismo. Sonrió como si estuviera haciendo un truco para entretener a su compañía, pero al ver que la mirada de la elfa seguía mostrando hostilidad y que no planeaba dejar el arma, se sintió un poco obligada a responder.
—Muy bien. Estamos en una posada — aclaró la rubia mientras vaciaba con golpecitos los restos de su pipa en la ventana, sin importarle en dónde cayeran. — Estás a salvo. Ya no estás atada ni trato de retenerte aquí. Te traje para mantenerlas a salvo.
—¿Mantenerlas?
La mujer de la ventana hizo una moción con su pipa, ahora para que la elfa dirigiera su vista a la derecha. Lo cual ésta hizo con un poco de duda. Allí vio que la habitación donde estaba no tenía una única cama; había otra a su derecha y tampoco era la única persona que la ocupaba. En su lugar había alguien que aún dormía, otra mujer, usando un particular uniforme rojo que Katherine reconoció.
—¿Qué hace ella aquí? — preguntó Elizabeth en una voz demasiado alta.
—Supongo que no tiene caso pedirte que bajes el volumen. Hey, no-— le reclamó la rubia a la elfa al ver que ella cambiaba de blanco y apuntaba con el cuchillo adonde estaba la otra mujer inconsciente. —Descuida, no te puede hacer daño, y no creo que quisiera hacértelo en primer lugar. Le quedan unas horas para que el antídoto haga efecto, así que vuelve a apuntar eso hacia mí. No que puedas hacer algo acostada, pero… — murmuró la última parte no importándole que la pudieran escuchar.
—¿Tú quién eres? ¿Por qué me tienes aquí?
—Creo que ya te dije: para tenerlas a salvo. Francamente, no esperaba encontrarte. Sólo iba por Sonya. La idea era eliminar a los otros miembros de la Mano que estaban con ella y rescatarla. Creo que debí preguntar por qué estarían allí, pero no me importó, ¿sabes? Luego evitaste que me dispararan y simplemente no podía dejarte allí. Yo y mi tonto buen corazón. Aunque fue interesante explicar por qué llegué con dos mujeres inconscientes a pedir una habitación — Parecía explicar todo como si se tratara de un simple accidente o algo incluso más casual. — Hey, pero, ya estás bien. Te ves sana. Puedes continuar con tu camino pronto.”
Elizabeth parpadeó incrédula de lo último que escuchaba y fue lo que la hizo bajar el arma. Ocasionando que la mujer que le explicó todo fingiera soltar un suspiro de alivio.
—¿Qué…?
—Que tan pronto como te puedas poner de pie te puedes ir. No pienso pagar por otra noche aquí. Cuando Sonya se levante, ella y yo seguiremos nuestro camino y tú el tuyo. — Agregó la rubia junto con un guiño de ojo.
—¿De verdad no sabes por qué estaba allí o lo que pasó?
—No y no me interesa. Ya hice enojar a la Mano robando a uno de sus mejores elementos y no quiero saber por qué una elfa estaba a su merced.
—Pe-pero…
—Vamos, no empieces con eso. No me importa lo linda que seas o que estés perdida. No puedo involucrarme. Mis hermanas me necesitan.
Katherine hizo a un lado el comentario y el pequeño tirón que ocasionó en su estómago, pues había cosas más importantes que debía hacer.
—No entiendes. Si lo que dices es cierto. Debo llegar rápido con la reina.
—Oh, ¿eres de la realeza? Debí imaginar que ese vestido no era de una elfa campesina. Aun así, temo que no te puedo ayudar. Te puedo dar direcciones y prestar mi capucha, si eso te sirve. El cuchillo, creo que ese me lo tendrás que devolver.
—Por favor, necesito ayuda. Mi gente y tu gente también.
—Vengo de muy al norte de aquí. Eres la primera elfa que conozco. Esto no me incumbe.
—¿Qué hay de tus hermanas?
—¿De qué hablas?
—No te conozco y entiendo que no quieras meterte — para tratar de razonar con la mujer tomó el cuchillo del filo usando la otra mano y se lo entregó con el mango, el cual la otra aceptó inmediatamente. — Desconozco todos los detalles, pero una guerra entre reinos te dificultaría que encontraras a tus hermanas y creo que la ayuda de todo un país te ayudaría en más de una manera.
La mujer al pie de la cama meditó un poco lo que escuchó, intercambiando la mirada entre el arma y la elfa, y en un momento volteó a mirar a la otra mujer en la habitación, quien aún dormía. Suspiró levemente y se dirigió a donde estaba la funda del cuchillo, la levantó y envainó el arma.
—Así que eres de esa clase de realeza, ¿eh? — dijo de forma un poco burlona la mujer. —Interesante. Muy bien. Te ayudaré. Necesitarás cambio de ropa, de hecho, ambas lo necesitan. Eh….”
Katherine entendió que tendrían que compartir nombres si esperaban que esto empezara a funcionar, así que empezó con el suyo.
—Katherine Elizabeth BIshop.
—Muy largo. Kate Bishop, soy Yelena Belova — Acomodó el arma en su cinturón, jurándose no dejarla al alcance de alguien más que no fuera ella. Por lo que también fue por su otro cuchillo, el que estaba del lado de Sonya. “Tengo que ir al pueblo y tendrás que vigilarla.”
—Oye, yo no-
—Descuida, seguirá así por un rato más, y es mejor que no haya armas cerca. Sólo por si acaso. — Yelena fue hacia la puerta portando una sonrisa que no dejaba tranquila a la elfa y agregó: —Descansa un poco más y si preguntan por comida, pide algo barato.”
Luego de eso, la rubia salió por la puerta dejando a Katherine detrás con un millón de preguntas y una sensación de inseguridad que pudo ser mucho peor de seguir con su plan inicial.
La elfa volvió a desplomarse sobre la cama, preocupada de qué pasaría ahora que estaba en territorio desconocido, junto a alguien que formaba parte del grupo que eliminó a sus compatriotas y trató de capturarla, y dependiendo de una mujer peligrosa que por poco la dejaría a su suerte. Por el momento, sólo cerró los ojos y se imaginó a sí misma de regreso en casa y sin las manos cubiertas de sangre.
