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晚上九点四十五分 - 9:45 PM

Summary:

''...Cuando el reloj de la entrada marca las diez menos un cuarto la campanilla en la puerta anuncia que ha entrado alguien.

La presencia de Luo Binghe no importaría en absoluto si Mobei Jun no estuviera detrás sosteniendo un paraguas que derrama nieve por toda la entrada derritiéndose casi al instante por el calor que hace al interior.''

 

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Moshang! HyperventilationAU

Notes:

Hace no mucho me vi Hyperventilation de nuevo y mi mente comenzó a trabajar. Perdón si les arruino la historia.

Work Text:

 

 

 

Quien eligió la música definitivamente no es alguien de buen gusto, de eso no queda duda. Pero este lugar no es famoso por ello, sino por la panceta asada y verduras al vapor del menú. Ahora puede entender el  por qué Shen Jiu se negó a reunirse en otro sitio que no fuera este.

El grupo que lo rodea es tan grande que no puede seguir las conversaciones sin perderse en el camino, por lo que prefiere mantenerse en silencio picando su plato de arroz y solo intervenir cuando alguien lo llama, cosa que al final de las cuentas no sucede demasiado. 

 

Sin Jian Luo a la vista su presencia pasa sin pena ni gloria. No es que eso lo haga sentir mejor de todos modos. Hubo quien incluso preguntó su nombre al saludar, porque  claro que estaba lejos de ser el chico gordo y con aparatos en los dientes que las personas recordaban. 

 

Shen Jiu lo arrastró a la reunión,  él es quien encaja un poco más en este espacio. Extrañamente la  gente  que parecía odiarlo por su boca afilada ahora lo respeta. Cree que el anillo de diamantes en su dedo anular tiene que ver con ello.

Ambos fueron marginados a su manera, Qinghua por ser el gordo sin personalidad y Shen Jiu por llevar uniformes de segunda mano con demasiadas roturas remendadas para pasar desapercibido.

 

21:37 PM.

El reloj apenas nada desde la última vez que revisó y la cerveza ya no tiene una temperatura para al  menos disfrutar de ello. Tampoco quiere pedir otra al  mesero, eso  significaría tener que quedarse más de lo necesario y gastar más dinero del que está dispuesto a usar esta noche.

Alguien hace una broma al otro extremo de la mesa y algunos ríen tan fuerte que otro grupo al fondo del restaurante los manda a callar. 

Agradece que al menos hayan madurado en los últimos quince años lo suficiente para no hacer un revuelo por ello.

 

Si sus matemáticas no fallan podrá disculparse en veinte minutos y será libre; Regresaría a casa en el tren de las diez con quince, tendrá tiempo para planchar el pantalón que utilizará la mañana siguiente en la entrevista de trabajo. La camisa no es un problema. El frío le permitirá utilizar cuello  de tortuga y zapatos cálidos.

Casi puede disfrutar su partida. Pero cuando el reloj de la entrada marca las diez menos un cuarto la campanilla en la  puerta anuncia que ha entrado alguien.

 

La presencia de Luo Binghe no importaría en absoluto si Mobei Jun no estuviera detrás sosteniendo un paraguas que derrama nieve por toda la entrada derritiéndose casi al  instante por el calor que hace al interior.

 

 

 


 

 

 

 

Los ojos de Luo Binghe están enrojecidos  por la vergüenza cuando lo encuentra lavando  sus manos en el baño. Fue Liu algo de primer grado quien le dio aviso esta ocasión y Mobei Jun tuvo que dejar su almuerzo a medio terminar para asegurarse que Binghe no llegara a casa con más golpes de los que estaba recibiendo en las clases de judo a las que el Tío lo estaba obligando a ir quizá un poco harto de ver al blandengue de su hijo siendo acosado por cualquiera que midiera cinco centímetros más que él.

Hay humillación proyectándose en su postura. Por su puesto se va inventar una historia si Mobei le pregunta lo que sucedió. Tampoco es que él necesite una niñera. Suficiente tiene con saber que sus padres han pedido  a los padres de Mobei Jun que cuiden de él mientras están en la escuela.

No es una idea que le entusiasme, pero tampoco dejará que se aprovechen de este idiota solo porque sí.

 

Con la ropa húmeda, Binghe lo sigue a través del pasillo con la cabeza todavía baja y las manos dentro de  los bolsillos.

 

 

– ¡Shang de segundo grado derramó su asquerosa comida en la mochila de Jian Luo! – Meiying llega corriendo con su grupo de amigas disfrutando de alguna manera lo que acaba de decir.

 

– ¡Jajaja! ¿Y ese quién es?

 

– No tengo idea, pero lo escuché en el patio Ella responde mientras se acomoda la falda haciéndola parecer más corta de lo que debería Jian Luo gritó que se arrepentiría ¡Sentí escalofríos cuando lo dijo!

 

– Jajaja… Ya puedo sentir lastima por él – Respondió el otro.

 

 

Mobei Jun sí sabe de cuál  Shang de segundo grado. Es el único chico al que Shen Jiu no parece querer matar si le dirige la palabra. Generalmente es solitario y taciturno. Tal como lo dijeron las chicas del pasillo, es una lástima total que se haya cruzado en el camino con Jian Luo.

 

 

– Apuremos el paso o el profesor Zheng nos dejará fuera – Apresura a Binghe quien simplemente lo sigue. No pasa desapercibido lo mucho que se  frota el lado izquierdo de las costillas.

 

Esa es la última vez que Luo Binghe llega a casa con el  uniforme arruinado.

 

 

 

 


 

 

 

– No dejas de ser un baboso, Luo Binghe.

 

– Perdón Laoshi, hay cosas que no cambian.

 

Incluso con la grosería de su tono al hablar, Shen Jiu parecía divertido con la situación. Si no lo conociera, creería que estaba coqueteando. Sabe que  habrá chismes  sobre esto más tarde cuando la  emoción baje y todos  vuelvan a ser la mierda de siempre. Luo Binghe parece haber perdido la vergüenza en el mismo momento en que sus músculos comenzaron a crecer, porque él ni siquiera está disimulando su obvio  interés hacia Shen Jiu como si no supiera que estaba muy casado.

Yue Qi estará molesto cuando se entere de que su perfecto esposo estaba montando una escena con este chico más joven y atractivo que él. Se tendría que ser un ciego para negar el hecho.

Solo que Qinghua no siente ninguna empatía por el hombre en realidad entonces no va intervenir. Hay algo dentro de su pecho a la que nunca le ha agradado del  todo el esposo de Shen Jiu. Además si a su amigo no le importa, a él mucho menos.

 

Justo ahora lo único que le importa es poder salir de aquí.

 

 

Varios asientos más allá, Mobei Jun parece luchar contra sus ganas de callar a Binghe con el primer objeto que se encuentre a su alcance. Él no bromea pero tampoco se está comportando como  un engreído indiferente o presumido. 

Él a diferencia de Binghe, siempre  se mantuvo en forma. No se esperaba menos del mejor anotador del equipo de futbol. Era popular entre las chicas aunque hasta donde sabe nunca salió con alguien que él conociera. Mobei Jun era el número uno de la clase solamente porque Shen Jiu lo era,  sin embargo la competencia siempre hizo que su nombre fuera  mencionado muy a menudo en sus conversaciones.

 

También fue el primer chico que llamó su atención como  algo más.

 

Con facilidad rechaza la siguiente cerveza que la  persona a su lado  le  ofrece.

Si no va poder salirse con la suya a menos se le debe permitir un momento a solas. Entonces pone de pretexto salir a fumarse un cigarrillo y por alguna razón a todos les viene bien.

 

El aire está increíblemente helado afuera. La nieve se ha intensificado blanqueando casi por completo las azoteas los edificios  a su alrededor, no es nada atípico considerando la temporada en la que se encuentran.

Sus manos tiemblan cuando el cigarrillo por fin enciende. El callejón no hace mucho por cubrirle del viento y sabe que es un suicidio estar al exterior demasiado tiempo. La nicotina tampoco hace demasiado por calmar su ansia. No es que alguna vez haya hecho algo. Qinghua es más bien un fumador social.

 

 

– ¿Tienes uno extra?

 

Odia tener que alzar la mirada para poder encarar a Mobei Jun; odia lo bien que se ve incluso con el cabello arruinado por la ventisca, odia la facilidad con la que la llama enciende su cigarrillo y odia aún más el destello con el que el fuego ilumina la banda dorada en su dedo anular que no pasó desapercibida allá adentro a pesar de que nadie pudo sacarle ni una palabra al respecto de la persona afortunada que usaba la otra sortija. Solo Luo Binghe hizo un comentario sobre lo descomunal que era ella.

 

Algo dentro de su pecho está incomodo por ello.

 

El humo no le está aclarando las ideas, en su lugar deja una sensación nauseabunda que es difícil  de ignorar. Debió irse a casa cuando tuvo la oportunidad. No tiene en realidad ningún motivo real para quedarse. Él no es un Luo Binghe, un Mobei Jun o un Shen Jiu.

Solo es alguien más entre las hojas viejas del anuario.

 

– Tengo que irme – Murmura más para sí mismo.   

 

El último tirón de su cigarrillo resulta más asqueroso que simplemente lo tira esperando a que la humedad de la nieve haga lo suyo.

 

Qinghua no alcanza a dar el  tercer paso antes de que un fuerte agarre en la muñeca lo detenga. Un segundo más tarde lo siguiente que sabe es que su espalda duele cuando Mobei Jun lo empuja contra la pared atrapándolo entre esta y su cuerpo. Qinghua ha crecido unos diez centímetros desde la última vez que se vieron, pero Mobei Jun sigue siendo grande como una montaña y escapar le resulta imposible.

El forcejeo solo hace que el aire escape de sus pulmones tan pronto como abre la boca para reclamar y entonces la boca de Mobei está sobre la suya paralizando cada centímetro de su cuerpo.

Está sorprendido hasta el miedo de como su cuerpo cede como  la cera al fuego dejando que su boca sea invadida por la lengua de Mobei. Algo primitivo se enciende dentro de sí mismo dejándolo vulnerable y dispuesto. 

 

Qinghua se siente abrumado, ebrio, sobrepasado y débil.

 

Luego la parte lógica de su cabeza sale a flote.

Empuja a Mobei con demasiada fuerza haciéndolo retroceder un par de pasos. Salvo por la rojez en su boca Qinghua podría jurar que nada de esto no habría sucedido. Eso de alguna manera lo llena de rabia, probablemente él a estas alturas se vea completamente jodido.

 

 

– ¿Qué estás haciendo? –

 

– ¿Acaso no fuiste tú quien no dejaba de verme allá adentro?

 

 

Tenía años sin sentirse como un ave de presa. Mobei siempre fue el depredador del que siempre quiso mantenerse alejado. Ahora lo tenía de frente a punto de saltar nuevamente para terminar de arruinarlo.

 

 

 


 

 

 

 

Después de la hora del almuerzo, las clases de educación física son las más ruidosas. Mobei Jun las tolera solo porque de verdad disfruta hacer actividad física. Han improvisado un partido de futbol que tiene a más de uno emocionados. Luo Binghe está haciendo un excelente trabajo de arquero y el equipo de Jian Luo tiene una defensa que le ha hecho sudar más de lo que le gustaría.

Han intentado conseguir la victoria con el último gol y todavía no lo consiguen. Si Jian Luo no fuera un imbécil por su puesto lo dejaría ganar, pero nadie quiere perder contra ese imbécil en particular.

 

Casi se siente decepcionado cuando el tiempo los alcanza con la campana llamándolos a regresar al  aula, de todos modos su equipo gana con ventaja de uno y si fuera otro tipo de persona estaría pavoneándose como lo hace  el resto  del  equipo.

 

Está buscando el chaquetín de su uniforme cuando sucede.

 

– ¡Vete a la mierda Jian Luo!

 

El grito de Shen Jiu se escucha quizá hasta el otro edificio. Rápidamente los alumnos se aglutinan en un círculo. La curiosidad lo lleva a unirse a la multitud.

Conoce a Shang Qinghua. Todo mundo lo hace porque evitan al pobre idiota como si fuera una plaga.

Jian Luo está riéndose como un loco mientras Shen Jiu lo encara furioso, cosa que no está ayudando a Shang Qinghua de todos modos.

El chico está intentando detener el sangrado de su nariz y luchando por no ahogarse en el proceso.

– ¿Qué está sucediendo? ¡Jo… Qi, lleva a Shang a la enfermería ahora!

La chica salta por el grito del profesor y su cara no está lejos de expresar desagrado, por su puesto nadie quiere verse involucrado en esto.

 

–  Pero…

 

– ¡Ahora!

 

Ella se queja antes de tomar del brazo al desafortunado Shang Qinghua y obedecer a su profesor.

 

– ¡Shen Jiu! ¿Qué es todo este escándalo?

 

El otro alumno es una furia. Es claro que los amigos de Jian Luo no hablarán en su contra si es que vieron lo sucedido. Y Shen Jiu es lo suficientemente valiente o idiota para gritar la verdad.

 

–  Solo estábamos jugando, Profesor – Se escuda Jian Luo  conteniendo  la carcajada.

 

– ¿Jugando? Está sangrando imbécil.

 

– ¡Shen Jiu! ¡Modera tu lenguaje!

 

– Golpeó a nuestro compañero y lo hizo sangrar sin motivo ¿Y usted me está pidiendo  que modere mi lenguaje?

 

– ¡Todos a su clase! ¡Jian Luo y Shen Jiu a dirección, ahora!

 

 

Entre la emoción y euforia de un chisme nuevo del cual hablar, los alumnos se retiran sin más espectáculo que presenciar.

 

– Jian Luo pateó la bola a propósito. 

 

– Claro que lo hizo, pero seguramente ese Shang hizo algo que lo molestara.

 

–  Yo creo que A–Luo solo jugaba – Dice Qiu Haitang defendiendo como siempre a su mellizo deteniendo la conversación.

 

– ¡Aish! ¿Pero vieron? Fue muy  asqueroso.

 

–  Iré a lavarme las manos. No quiero que haya nada de eso sobre mí.

 

– Jajaja… ¡Eres un exagerado!

 

El grupo de chicos se alejó todavía burlándose por el pasillo.

 

Mobei Jun por alguna razón se sintió molesto el resto de la clase.

 

 

 


 

 

 

 

Las manos se sienten entumecidas por la humedad fría de la pared. Solo el agarre en su cabello impide que su cara golpeé contra la superficie fría.

No sabe qué es lo que provoca el escalofrío, pero tiene que morderse los labios para no gritar. Fuera del callejón las personas pasan ausentes de lo que está sucediendo en la oscuridad de las paredes. La vergüenza lo inunda cuando su polla llorosa da un tirón que humedece más los calzoncillos con la  idea de ser atrapado así.

Mobei Jun está disfrutando esto  de una manera enfermiza, ha escuchado la risa contra su piel cada vez que su cuerpo reacciona cuando lo toca con la punta fría de sus dedos.

 

No tiene la fuerza ni las ganas para luchar contra esto. Está totalmente consciente de que se va arrepentir cuando esto termine,  pero eso es algo por lo que el Qinghua del futuro se debe preocupar.

 

– ¿Cómo es que sigues tan apretado? – Mobei no parece quejarse  por ello.  Sus dedos se mueven con demasiado  entusiasmo en su interior. No le hizo  falta mucho para que encontrara el  punto exacto que lo hace venir si al menos esa fuera su idea, pues parece más interesado en hacer que sufra un poco más que esto.

Qinghua sabe que está duro. Lo sintió contra su cadera cuando le hizo darse la vuelta antes de  comenzar  a follarlo con los dedos.

No se percata exactamente cuánto tiempo es que han pasado aquí afuera pero su piel ya duele por  el frío.  Su teléfono dejó de sonar hace mucho  con el nombre de Shen Jiu en la pantalla y Qinghua…

 

Qinghua no puede pensar con claridad. No cuando los labios le tiemblan de deseo y la  cabeza le da vueltas como en un espiral  del que no sabe si quiere escapar.

Mobei Jun hace un movimiento particular que lo hace gritar y tal vez eso hace al otro hombre a entender en dónde es que se encuentran porque no mucho después los dedos húmedos abandonan su interior dejando con ello una sensación de vacío en el pecho.

Las mismas manos que lo dejaron en este estado inconveniente son las que se apresuran a dejar su ropa en su lugar.

Los siguientes minutos pasan borrosos frente a sus ojos todavía abrumado por el alcohol, el humo del tabaco y la manera en como Mobei lo ha tocado.

Qinghua sabe que ha dejado ir la oportunidad de escapar cuando se monta en el coche que Mobei Jun conduce a la velocidad máxima permitida.

 

 

 


 

 

 

 

Las risas inundan el salón de clases cuando Shang tropieza en su camino a la pizarra. Como es normal él  no dice nada para defenderse. Se detiene frente a la ecuación que el profesor ha escrito y para Mobei Jun ni nadie es sorpresa que no entiende nada de lo que se tiene que hacer.

Las últimas semanas ha visto un poco más de Shang Qinghua contra su voluntad y ahora sabe que si bien no es un mal estudiante, algebra no es su fuerte sino todo lo contrario. Lo relevante aquí es como el  profesor Zheng parece divertirse con ello  llamándolo a participar cada que se presenta la oportunidad.

Shang Qinghua tarda más que los demás siempre en finalizar sus deberes de esta asignatura. Tiene errores de cálculo demasiado obvios que lo ponen de nervios.

Lo ve limpiarse el sudor de la frente y acomodar el armazón de sus lentes en un intento inútil de mantenerlos en su lugar pues están casi inservibles desde que Jian Luo lo golpeó en educación física el mes pasado.

 

– ¿Puede alguien decirle a Shang cuál es el valor de ye?

 

– ¡Cincuenta y tres! – Al unísono respondieron como si de pronto todos fueran expertos en despejar formulas algebraicas.

Shang Qinghua escribió el número rápidamente en un feo garabato antes de volver a su asiento. La clase transcurre sin ningún incidente.

 

 

 

La biblioteca escolar está desactualizada desde hace años, se dice que la última persona que aparentó interesarse por ello fue un político candidato a jefe de distrito quien una vez que ganó las elecciones del periodo jamás volvió a poner un pie por el lugar.

Ahora mismo no está interesado en el material educativo apolillado, sino que busca escapar de Luo Binghe quien no para de preguntar qué es lo que harán para celebrar su cumpleaños.

 

Situaciones desesperadas…

 

Unas voces familiares al otro lado del pasillo  lo hacen detener su paso.  Sentados sobre el suelo  Shen Jiu sostiene un libro de comics mientras Shang Qinghua mira el cuadernillo de algebra con la misma expresión que tiene un viajero perdido tratando de encontrar el norte.

 

– No entiendo ni un carajo – Aunque Shang está hablando en voz baja, la acústica del lugar hace que Mobei pueda escuchar su queja.

 

– Dices eso solo porque no te gusta.

 

– Tu insistencia no hará que cambie de opinión.

 

– ¿Quieres el asqueroso señor Zheng siga molestándote? – Entonces Mobei Jun no es el único que ha notado eso, lo que significa que el tono desinteresado de Shen Jiu pierda poder.

 

–  Sigues con eso, por supuesto que él no…

 

– Eres insoportable, mejor sigue antes de que nos echen de aquí.

 

 

 

 


 

 

 

El departamento de Mobei Jun huele a limpio y es helado antes de que la calefacción comience a funcionar. Es lo único que puede notar para luego ser arrastrado por la muñeca hasta la habitación de Mobei Jun. Aun siente la incomodidad de la ropa húmeda en la entrepierna pero esta queda al olvido cuando es despojado de cada una de sus prendas dejando un rastro de tela hasta los pies de la cama a la que cae sin mucha gracia.

Con el poco pudor que aún le queda intenta cubrir la desnudez de su cuerpo en un intento absurdo que es claro que no funciona.

 

Cuando por fin puede ver a Mobei Jun completamente desnudo frente a él resulta más impresionante de lo que alguna vez fantaseó que pudiera ser. Ahora entiende el motivo por el cual se tomó tanto tiempo en follarlo con los dedos en callejón. Mobei Jun es grande y tan grueso, es tan obvio que va doler como el infierno y solo lo hará más difícil de olvidar.

 

– Quítatelo.

 

– ¿Qué? – La mirada desconcertada de Mobei rompe algo dentro de su pecho.

 

– El anillo, no lo quiero ver.

 

– Claro, no importa.

 

No sabe qué es lo gracioso, pero Mobei Jun se ríe al escuchar la repentina exigencia. Si para él es una tontería, para Qinghua no lo es. Un minuto después la argolla descansa en la mesa de noche junto al paquete de condones que consiguieron antes de llegar haciendo un clic cuando se encuentra con la madera.

Ya no hay nada más en lo que quiera pensar, no cuando Mobei Jun está llenándose los dedos de lubricante y retoma su tarea para separarlo. Aquí no hay nadie que le impida hacer todo tipo de sonidos indecentes. El otro hombre por su puesto disfruta verlo ceder tan fácil que no tiene reparo en hacer de él un montón de nervios que siquiera puede articular que necesita más.

No lo hace correrse, tampoco es que le importe si eso hace que la noche dure un poco más.

 

 

 

 


 

 

 

 

–Mew…

 

– Shhh…

 

– Mew…

 

 

Por su puesto no es descabellado pensar que Shang Qinghua pudiera mantener una conversación con un  gato. Mobei los ha encontrado cerca del contenedor de basura del segundo edificio.

El gato blanco y flaco es claramente un feral sin mucha suerte. Es joven y demasiado confiado para su propio bien. Disfruta de los bocadillos que Shang Qinghua comparte con él. Seguramente se coló por una de las paredes al interior de la escuela. Tiene la fortuna de haberse encontrado con alguien como Shang. No quiere pensar en una situación menos agradable de ver.

 

El gato se frota contra sus piernas y el chico ríe antes de darle el último trozo del bollo de carne.

 

La piel se le eriza con la ventisca que arruina todavía más los rizos desiguales de Qinghua. Su cabello ha crecido más allá de lo permitido en la escuela. Para él comienza a ser molesta la necesidad de buscar con la mirada a Shang y encontrarlo entre el tumulto de alumnos; querer saber si está riendo con algún comentario mordaz de Shen Jiu o  concentrado intentando resolver el cuadernillo de  algebra.

Se sorprende de sí mismo al mantenerse cerca cuando Jian Luo quiere ser un idiota. Si todavía eso no es suficiente, se ha ofrecido demasiadas veces en la clase del profesor Zheng para evitar que lo avergüence frente a la case aunque él ni lo note.

 

No tiene sentido, y eso lo confunde.

 

– Lo siento, eso era lo último.

 

– Mew…

 

–Más tarde conseguiré otro para ti.

 

 

Qinghua se despide del gato con un par de palmaditas en la cabeza y se va en dirección contraria sacudiéndose el trasero de las basurillas que se pegaron a su uniforme por estar sentado tanto tiempo sobre el pasto.

El gato busca migajas entre la hierba y al no encontrarlas camina perezoso al tronco del abedul amarillento por la llegada del otoño. De un salto escala con gran agilidad perdiéndose entre el follaje.

 

 

 

 


 

 

 

Es el completo silencio total lo que despierta a Qinghua. No sabe qué le duele más, si la cabeza o partes del cuerpo que no sabía que pudieran doler.

Ojalá pudiera vestirse con mayor rapidez. La incomodidad solamente retrasa su partida.

 

Sus zapatos todavía están húmedos por la nieve de la noche anterior, sin poder hacer nada al respecto sale del edificio odiando que el aroma que lo envolvió toda la noche todavía lo abraza prolongando su tortura.

 

 

El tren no tarda demasiado. Pudo tomar un taxi en su lugar, pero quiere retrasar la miseria que traerá consigo la llegada a su propio departamento. Al menos el aire frío lo hace pensar en otra cosa que no sea la humedad de los besos que marcaron más allá de su espalda.

Alguien con más prisa que él lo empuja y tiene que apoyarse del pasamano para no estamparse contra la puerta. Se ve a sí mismo en el reflejo de la puerta. Es un completo desastre. Shen Jiu se molestaría de verlo en ese estado tan deplorable.

Su piel arruinada por el alcohol y el viento helado del exterior no hace buena mezcla con las ojeras oscuras debajo de sus ojos. Hay un mechón particularmente descompuesto que su mano intenta arreglarlo al menos un poco, sin embargo eso queda en segundo plano cuando ve el reflejo de su mano izquierda.

 

Debe ser una broma.

 

La ansiedad comienza a golpearlo cuando los dedos la mano derecha se frotan contra la banda dorada que ahora adorna su dedo anular. Es frío contra el tacto y brilla precioso bajo la luz del sol que se eleva en lo alto como si en la noche anterior la nieve no hubiera bañado la ciudad.

Qinghua debe regresar.

 

 

 


 

 

 

 

No siente culpa por el orgullo que le provoca ver la marca debajo de la oreja de Qinghua justo a un lado del lunar que se ha convertido su segundo lugar favorito en el mundo para besar.

Fue precipitado. Mandó al diablo todas sus cartas y apostó a ganar.

En algún momento pensó que estaba cometiendo un error. Sobre todo cuando vio el miedo de Qinghua aparecer en sus ojos después de besarlo.

Mobei Jun se sintió desesperado, fuera de sí mismo y enfermo, Qinghua nunca se apartó dejándolo  hacer de él cuanto quisiera.

 

Aun dormido Qinghua se aferra a las mantas como si no fuera capaz de relajarse completamente. Puede ver las uñas perfectamente recortadas. Se pregunta si las huellas que han dejado en su espalda se irán durante el día,  aunque él preferiría  que no.

 

El reloj marca un cuarto para las siete. Apenas ha podido dormir nada. El cansancio está tomando cada gota de él pero quiere seguir disfrutando de la belleza de Qinghua descansando sobre su cama. Hay algo primitivo en ello. Una especie de  posesividad que no sabía que podía desarrollar, misma que lo hace tomar el anillo de la mesa de noche para colocarlo en el  dedo anular de Shang Qinghua.  Es un poco grande, pero pronto conseguirá  uno a la medida.

Antes de dejarse llevar se viste en silencio, necesita hacer una vuelta a la tintorería, su único abrigo quedó arruinado anoche por la nieve. Si se apura podrá conseguir panecillos de durazno recién horneados de la tienda a unas cuadras de su departamento  y Qinghua podrá quedarse para el desayuno. Hay demasiado de lo que tienen que hablar. 

Una bola esponjosa detiene su partida. El  maullido del gato es un reproche. Por su puesto no lo dejará ir sin que llene su tazón de comida. Siempre es gracioso como pasa de ser perseguido por el felino y después ignorado una vez que es alimentado.

No ha cambiado ni un poco todos estos años.

 

 

 


 

 

 

 

–Claro. No es importante.

 

Las palabras se repiten una y otra vez en su cabeza en un bucle sin fin.

 

Sus piernas queman al terminar de subir las escaleras del subterráneo. Sus pulmones parecen a punto de estallar sobre su pecho.

Las personas que transitan a su alrededor lo miran como  si fuera un bicho raro, otros pocos lo apuran a que deje de obstruir la salida de los torniquetes.

 

Todo le duele y se siente más agotado que nunca. No solo su cuerpo está en su límite sino también su corazón. Duele muy extraño.

 

Para cuando llega al exterior el  sol ya está sobre la acera deshielando el manto blanco que cubrió la ciudad.

 

Luego Mobei está ahí, a solo una calle de distancia como si hubiera esperado mucho tiempo en el mismo lugar. Su cabello se ve imperfecto y Shang Qinghua odia que su corazón se estruje por ello.

 

–  ¡Qinghua, compré el desayuno! – Mobei Jun grita llamando la atención de las personas a su alrededor.

 

Las lágrimas llenan sus ojos y solamente espera que el semáforo cambie a verde antes de cruzar en su dirección.

En el  momento en el que un par de brazos fuertes lo reciben, las  grietas en su alma se parten volviendo polvo todo a su paso listas para rehacerse en piezas nuevas.

 

– Pensé que te estabas yendo para siempre.

 

El  susurro de Mobei en su oído lo  hace sollozar como un niño pequeño. Se aferra al hombre más alto porque no puede ser de otra manera.

 

– Estoy cansado – El susurra cuando ya pasó demasiado  tiempo y vuelve a ser más como  él  mismo.

 

–  Vayamos a casa.

 

Él entrelaza sus dedos en un movimiento tan natural que lo hace suspirar y Qinghua lo sigue. No hay otro lugar en donde quiera estar.