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y me miraste.

Summary:

Numa sonríe y Fernando reza, por lo que fue, por lo que es, y por lo que jamás podrá ser.

Notes:

Primero que nada quiero aclarar que esto no está hecho con ningún fin de lucro, la experiencia de estas personas no me pertenece y tampoco la película en la que la conocí.

Como segundo punto, quiero decir que no escribo esto acerca de, ni pretendiendo conocer a las personas reales que tuvieron que pasar por esto, este fanfic es basado en la película y en los personajes que ahí aparecen, por ende no busco ofender ni nada parecido.

Si este tipo de contenido no es tu taza de té, simplemente da media vuelta y no leas más.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La primera vez que Fernando lo nota, ambos son extraños enfrentándose en un aeropuerto lleno de individuos conocidos y desconocidos, todos masticando despedidas medio entusiastas y aferrándose a valijas medio llenas.

Cruzan miradas por un instante y el jugador de rugby ni siquiera podría asegurar con certeza que el joven misterioso le ha visto. Aún así, sus ojos quedan grabados en las retinas del rubio, en su alma.

Los rayos del sol les pegan de lleno por un momento y la oscuridad sin fondo se transforma por un segundo en universo, cálido y luminoso, suave y acogedor, y cuando él sonríe y las esquinas de sus ojos se arrugan, Fernando cree que ha sido embrujado. Afortunadamente el hechizo se rompe cuando el extraño se da la vuelta para hablar con Gastón, que le pone un brazo alrededor del hombro y murmura palabras incomprensibles en su oído.

Abordando el avión, Fernando cierra los ojos y aprieta sus manos en puño, deseando al desembarcar en Chile no volverle a ver, no cruzar palabras, ni miradas, ni sonrisas, olvidar como se siente querer, como se siente anhelar. Reza por normalidad, por un viaje ameno y un corazón tranquilo.

En la comodidad de la rutina diaria, es fácil olvidar que Dios a veces no responde.



 

 

 


 

 

 

 

Fernando Parrado muere desde el principio; el día es soleado, el futuro brillante y aunque su mente está confundida, su fé le ayuda a superar dudas.

Así que el futuro resplandece durante un segundo, pero al segundo siguiente, Fernando ha muerto.

Un golpe en la cabeza es todo lo que la vida necesita, sus párpados se cierran involuntariamente, el dolor irradiando de su cráneo invade el resto de su cuerpo y los gritos que escapan de la boca de su hermana hacen que sus mejillas se empapen de lágrimas, que su corazón se encoja con dolor y que el aire se llene de arrepentimiento, se quede sin oxígeno.

Después, la nada, tragándoselo entero, robándose la luz y la oscuridad y su mera existencia. Tres días después, sus ojos se abren al horror de una pesadilla en un infierno blanco.

 

 

 

 


 

 

 

 

La segunda vez que Fernando lo nota, es para aprender su nombre.

Lleva exactamente dos días sin moverse, uno de sus brazos mantiene el cuerpo frío de su hermana contra su pecho, ha estado murmurando promesas de libertad en sus oídos, de calidez, de vida. Susana no responde, pocas veces se mueve o reacciona, pero Fernando sigue hablando.

Habla acerca de veranos en Montevideo, de fiestas en la playa, y del tiempo. Del placer que es comer un buen asado una tarde de domingo, de lo fácil que es superar terrores nocturnos con un abrazo. Habla acerca de ese sube y baja llamado vida. Acerca de la felicidad y lo bien que se siente el calor del sol en una tarde de primavera.

El día que Susana exhala su último aliento es el día que aprende su nombre.

Fernando se sienta, su espalda contra el cadaver frío de lo que alguna vez fue un avión, dedos helados reteniendo la memoria de la piel de Susy, inerte, sin vida. Tiene los ojos cerrados porque es incapaz de derramar lágrimas, tiene los ojos cerrados para intentar recordar, para intentar recordarla, como era antes, antes de la nieve, de la sangre, del miedo, y se pregunta porqué las memorias brillan con una calidez con la que los momentos reales no lo hacen, porqué tiene que llenar un altar imaginario con recuerdos deshilachados e historias superpuestas.

Lo siente antes de escucharlo, un cambio en el aire a su alrededor, alguien bloqueando el frío que pegaba de lleno en su rostro, lo escucha antes de verlo. Una voz suave, gentil, una voz valiente y un par de manos envolviéndose temblorosas alrededor de la suyas. Igual de frías, igual de cansadas, poniendo un poco de comida sobre sus palmas.

—Lo necesitas, Parrado —finalmente abre los ojos para verle entonces. Y es la primera vez que sus ojos se enfocan en alguien desde el accidente, un par de pupilas negras le devuelven la mirada, una sonrisa casi cálida en el clima imperdonable, entendimiento, empatía.

Bajando la mirada, descubre dos raciones, sentadas inocentemente entre sus manos, quiere protestar, negarse, Susana ya no está, las raciones son escasas, no es necesario-

Pero él se levanta y Fernando dice lo único que se le ocurre para poder detenerlo un poco más, para seguir mirando a través de sus ojos un poco más, para observar su alma.

—Tu nombre, —el tiempo se congela y él también, detenido en un segundo, mirando sin ver—, ¿cómo te llamas?

Le sonríe entonces una vez más, y los rayos de sol que se escabullen por las rendijas del triste refugio destellan de la manera correcta para actuar una vez más esa escena en el aeropuerto. Hay un universo en sus ojos, hay respuestas a preguntas jamás hechas en las arrugas de su triste sonrisa, hay gentileza, hay valor.

—Numa, —dice finalmente—, Numa Turcatti.

Esa noche Fernando decide que Los Andes no lo van a matar, que el infierno blanco no se los va a tragar; y reza, reza por salvación, por dirección y absolución, reza por amor.

Notes:

¡Mil gracias por tomarse el tiempo de leer! Espero les haya gustado esta pequeña escena perdida.

P.D. Me pueden encontrar en tumblr como @aanon04. ¡Nos vemos!

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