Chapter Text
“Pum, pum, pum”
Piernas veloces y ágiles retumbaba en las cavernas de metal acompañadas por una bolsa de tela andrajosa que golpea a su costado al compás de sus pasos, apenas ahogado por su propio eco y amortiguadas por las zapatillas de tela diseñadas para no hacer sonidos, el pequeño niño corre lo más rápido que puede para alejarse del intruso no deseado.
Oscar, un niño de poco más de 5cm de altura, nació y creció en el motel Knights Inn , un motel acogedor y económico con adornos de caballeros cubriendo las habitaciones, dando la bienvenida a los viajeros que deciden pasar la estadía.
Apenas paso un año desde que perdió a su madre a una edad muy temprana y tuvo que arreglárselas a sobrevivir solo a partir de ahí, las otras familias viven en la otra punta y es demasiado lejos como para arriesgarse a viajar solo en un viaje que podría durar unas cuantas horas, por no mencionar que tampoco sabe bien como llegar allí, es un riesgo bastante grande aventurarse a viajar ente el laberinto de paredes y respiraderos oscuros sin perderse.
Solo, desesperado y hambriento, tuvo que jugársela a la regla rusa de la muerte, tratando de pedir prestado sin ser visto solo para vivir un día más. Las cosas empeoraron en el último mes, insectos y alimañas empezaron a invadir lentamente las paredes donde vive.
Al estar solo haciendo la tarea de mantenimiento y tratando de mantenerse vivo día a día a veces terminaba tan agotado que se le hacía imposible mantener todo a raya.
Ahora le esta pasando factura, corriendo por su vida entre los respiraderos porque una rata gigante, una invasora del motel, lo olió, lo encontró y ahora está siguiendo sus pasos.
Sus piernitas delgadas llenas de adrenalina se mueven tan rápido como su cuerpo se lo permite, sus oídos no pueden escuchar otra cosa que no sea el puso de su corazón latiendo a mil revoluciones por minuto, sus pulmones arden luchando por respirar y sus ojos escanean el largo y oscuro pasillo de metal sin realmente ver, totalmente enfocado para encontrar una salida para el enorme depredador que tiene a sus espaldas.
Escucha el chillido junto con el sonido de las patas de la alimaña siguiéndolo detrás y acercándose cada vez más en la carrera alocada entre la vida y la muerte.
Oscar se está quedando sin escapatoria, un gemido ahogado se le escapa en la garganta y las lágrimas se le escapan de los ojos, volviendo borrosa la vista por momentos mientras sigue corriendo sin rumbo hasta que ve una luz a la distancia, es una de las rejillas que da a una de las habitaciones del motel, eso le da un plan de escapada de último segundo que puede salir o muy bien o muy mal.
Si se escapa a una habitación donde suelen habitar los humanos, puede que la rata deje de perseguirlo y se vaya. Su subconsciente sabe que es un enorme riesgo de que los humanos lo encuentren y lo atrapen, pero no es como si tuviera otra alternativa.
Sin tiempo para pensar claramente e impulsado por el miedo puro para no caer bajo las garras del roedor gigante que está casi encima de su nuca, corre lo más rápido que le permiten sus piernitas hacia la fuente de luz que se filtra en las rejillas de ventilación, con un movimiento tosco y sin gracia, cortesía de la desesperación, salta por entre medio de la rejas medio tropezando entre el metal y haciéndole un profundo tajo en una pierna, cae de bruces al otro lado con un ruido sordo.
Trata de reprimir un grito de dolor convirtiéndolo en un débil gemido, no termina de darse la vuelta para ver el corte que la rata estaba encima de él, el muy atrevido salió a la habitación para reclamar a su presa sin importar si están a la intemperie.
La rata intenta clavar sus sucias y afiladas garras en su piel, pero Oscar usa su bolso como escudo a medias, una de las garras se clava en la bolsa andrajosa rasgando parte de la tela y la otra en el muslo de la pierna ya herida, añadiendo cortes la delicada carne y provocando un lastimero grito de agonía y haciéndole caer de espalda.
Abandona su bolso y trata de darle patadas a las garras de su captor haciendo que lo suelte confundido por la bolsa enmarañosa que obtuvo un cambio, inmediatamente intenta ponerse de pie para correr con su pierna buena dando brincos y tropezando a cuatro patas para alejarse lo más que pueda
-Ayuda… No quiero morir… alguien….- gime al aire entrecortadamente y medio ahogado por las lagrimas.
En ese momento de pánico total, lucha y huida para librarse de su captor, el niño no escuchó ni sintió el par de pasos atronadores que se acercaron hacia el respiradero.
¿¿¿QUE DEMONIOS???
Una voz profunda como un trueno hizo que se congelara por unos segundos, esos segundos fueron eternos al darse cuenta de que había dos humanos enormes que se alzaban a toda su altura a tres pies frente a ellos observando la pelea contra su rival carroñero, ambos vestían enormes botas más grandes que su casa, unos pantalones vaqueros desgastados y unas chaquetas, uno era de cuero y otro de tela, uno tenía ojos color verde esmeralda y el pelo castaño oscuro mientras que el otro tenía ojos color avellana y el pelo más largo, ambos son enormes superando fácilmente los 6 pies de altura, los humanos más grandes que Oscar jamás hubiera visto en su vida.
Después de esos segundos eternos, todo paso demasiado rápido, ve al humano más alto moverse a velocidades que nunca imaginaria agachándose y lanzando una mano hacia su dirección, lanza un chillido de absoluto terror haciendole caer y cruza sus bracitos hacia su cabeza como si fuese su última defensa; la rata que está detrás librándose de su bolsa andrajosa trata de huir de nuevo al respiradero sin éxito.
La mano pasa por encima del pequeño niño y alcanza al enorme roedor como si tuviera mente propia y un objetivo en la mira, rápidamente, el roedor que es diez veces más pesado que el pequeño, es envuelto por dedos largos y poderosos, a pesar de las luchas frenéticas y retorcidas de la rata, es inmovilizado y levantado a velocidades frenéticas.
“¿Así es como voy a morir?”
Presa del pánico, Oscar trata de huir desesperadamente de los humanos hacia el respiradero, da media vuelta y trata de ponerse de pie miserablemente, pero tropieza por el dolor punzante y el mal equilibrio haciendo caer de vuelta de costado
-Por favor, no quiero… no quiero morir… yo… lo siento…-
Unas series de temblores en el suelo ahoga las súplicas del niño y gime débilmente, con sus ojos húmedos y muy abiertos mira hacia arriba. El humano de pelo corto y ojos verdes se había arrodillado sobre él, con una rodilla plantada en el suelo y la otra formando un arco como un puente, la bota más grande que su casa plantada en la alfombra a menos de un pie de distancia, si quisiera podría aplastarlo y no lo sentiría dándole un brusco final, su pecho se arquea hacia delante cubriendo más de la mitad de la habitación y su cabeza se cierne encima con esos enormes e intensos ojos verdes que lo examinan con visión láser, lo hace sentir como si fuese mirado bajo un microscopio haciendo congelarse en el lugar, no puede parar de temblar como una hoja.
Vulnerable
En ese momento la voz de su madre resonó en su cabeza, recordándole todas las lecciones de porque nunca debería se visto, podrían reclamarlo como mascota y ponerlo en una jaula por el resto de su vida, matarlo como si fuese una plaga más o inclusive experimentar con el, se le hace un hielo en el estómago al pensar en todos esos posibles escenarios.
Si no hubiera sido por esa maldita rata nada de esto hubiera pasado, pero parece que la vida decidió jugar en su contra, y ahora no estaría herido, agotado e indefenso en medio de dos gigantes humanos que podrían hacer lo que quisieran con él, las advertencias de su madre se harán realidad y seguro se desharán de él aplastándolo como un simple insecto o tirándolo afuera como si no fuera nada.
Otra voz atronadora llega desde más lejos, haciendo que el humano arrodillado encima de Óscar ladeara la cabeza para responderle, su mente está en shock y pánico como para procesar con claridad lo que están hablando en ese momento.
Aprovecha la distracción para huir, tratando de ignorar las punzadas agonizantes que le dejo la rata y el metal, trata de pararse una vez más torpemente y avanza a trompicones hacia la entrada de la caverna de metal, la voz del humano encima de él retumbó de nuevo y rápidamente una enorme mano baja verticalmente creando un muro de palma y dedos justo enfrente bloqueándole su única salida, provocando que otro chillido de terror se le escape de su garganta, trata de retroceder y cae sobre su trasero cerrando los ojos con fuerza.
Siente algo cálido y correoso comienza a rodearlo por encima de la cintura, abre los ojos para descubrir que un par de falanges más grandes que su cabeza rodean su cuerpo inmovilizado, sus delgados bracitos con un agarre sólido, comienza a levantarlo al aire, dejando que sus piernas colgaran, como si quisiera evitar su pierna herida por asco.
El estómago de Oscar da un vuelco al verse elevarse en el aire sin apoyo adicional, ahora completamente en el aire solo sujeto por esos enormes dedos, se estremece sintiéndose insignificante, lanza otro débil gimoteo de miedo atascado en su garganta, a la vez mira la otra mano que le bloqueaba la salida girarse para quedar con la palma arriba, moviéndose debajo del para recibir a su diminuto pasajero herido.
Desesperado y dando bocanadas de aire que le queman los pulmones por la adrenalina, trata de luchar infructuosamente contra el poderoso agarre, pero no logra mover ni un ápice los dedos que lo rodean, solo queda observar como unas manos que superan todo su cuerpo toman el control total de su vida y deciden que hacer con su destino.
Es colocado suavemente en la palma ahuecada quedando acostado boca abajo, la piel correosa apenas cede bajo su peso y puede sentir el calor de la piel emanar y rodearlo como una manta invisible, un pulso poderoso que mantiene al humano vivo y cada minúscula contracción de sus músculos, haciéndose encogerse instintivamente con un jadeo atascado en la garganta.
Dedos más largos que el se alzan eclipsándolo por completo para rodearlo a la vez que el humano se levanta a toda su altura, sintiendo la fuerza de gravedad empujándolo para abajo con una velocidad vertiginosa, su estómago da otro vuelco a sus pies
Una vez elevado a toda su altura, el humano da media vuelta y empieza a dirigirse hacia la mesa principal de la habitación con largas y atronadoras zancadas, y el segundo humano más alto, el captor de la rata, aparece a la vista del otro lado. de la habitación enfrente de la puerta principal, ahora abierta, escucha el portazo cuando lo cierra y siente que lo mira directamente a pesar de que está oculto por enormes dedos que podrían rodearlo para convertirse tranquilamente en una cueva de piel y nadie sabría que está ahí, siente un escalofrío recorrerlo por la espalda
-¿Cómo está?- pregunta el humano más alto.
El pequeño niño empieza a procesar lentamente las palabras del humano que está alejado, aunque su voz sigue siendo poderosa, la distancia lo amortigua un poco, y también ayuda el hecho de que no está corriendo por su vida, aunque eso no significa que aún esté fuera de peligro
-tiene cortes en su pierna derecha, pero por lo demás parece que está bien- responde el humano que lo tiene cautivo -solo parece asustado- dice mientras se acerca a la mesa, el otro también se pone en movimiento.
Al llegar a la mesa escucha crujidos de papel y otros objetos ser movidos con la mano libre de su apresor, sin notar que sus movimientos se reflejan en la mano en donde está acostado, no lo suficiente como para tirarlo pero si haciendo tambalear levemente como si fuera un mini terremoto.
De repente se siente ingrávido al sentir que la mano baja rápidamente a la mesa hasta apoyarse sobre ella, lanzando otro pequeño chillido de sorpresa y más lágrimas se les escapan de sus ojos.
El humano se sienta en la silla -¿Qué cree que sea Sammy? ¿Un duende? ¿Un hada?- pregunta insensiblemente mientras acerca la mano para examinarlo más de cerca
-No lo se Dean, nunca antes leí algo así, no tiene alas y tiene apariencia de un niño humano- le responde “Sammy” con voz más suave mientras se agacha detrás del hombro de Dean para verlo también
Alza la otra mano para pellizcarle con delicadeza una de sus diminutas extremidades entre el índice y el pulgar, apenas sintiendo sus luchas desesperadas -bueno, cuando le hagamos las pruebas nos dará una pista de lo que es-
Oscar trata de levantarse para alejarse de ambas miradas pero vuelve a caer de costado en la plataforma elástica, se da la vuelta y se arrastra presionando su espalda contra los dedos arqueados que superan su altura con su carita llena de miedo y lágrimas jadeando entrecortadamente, su pequeño corazón late furiosamente como si quisiera salirse del pecho y su voz está atragantada.
Mientras que los humanos “Sammy y Dean” intercambian palabras con su voz poderosa, ve por el rabillo del ojo como la otra mano se dirige hacia el demasiado rápido, apenas puede reaccionar, las yemas de dos dedos aprisiona su bracito delgado, en un agarre férreo e inmutable, lanza otro grito ahogado y lucha desesperadamente por liberarse presionando su mano microscópica hacia el pulgar, puede ver la huella dactilar a detalle que un ojo humano no puede notar, cada uno de los arcos que los forma, apenas se hunde bajo su peso pero se mantiene firme.
Todo el mundo parece congelarse para Oscar cuando escucha “cuando le hagamos las pruebas ”
-N… no… me van a matar… no, no, no, no puedo morir… no quiero…- balbucea, la mente de Óscar empieza a imaginar cosas morbosas que podrían hacerle como disección o descuartizamiento, cosas que le advirtió su madre.
Su cuerpo empieza a temblar incontrolablemente y empieza a hiperventilar.
Esto es demasiado…
Entonces finalmente se rompe como una represa desbordada, jadea entrecortadamente como si le faltará oxígeno y comienza a llorar sin control, su cuerpo colapsa sin fuerza como un muñeco de trapo y se encoge haciéndose una bolita lo más que puede tumbado de costado, presionándose contra los dedos que lo rodean, su brazo ahora libre de los enormes dedos se une con el otro para cubrir su cabeza gacha tratando de hacerse lo más pequeño que puede, ignora profundamente las quejas de su pierna dolorida, pensando que este es su fin, que lo van a matar y mutilar de forma despiadada.
