Actions

Work Header

like a bottle of wine, (enero) sipped away

Summary:

❝𝗹𝗂𝗄𝖾 𝗮 𝗯𝗈𝗍𝗍𝗅𝖾 𝗼𝖿 𝘄𝗂𝗇𝖾, 𝗮𝗎𝗀𝗎𝗌𝗍 (enero) 𝘀𝗂𝗉𝗉𝖾𝖽 𝗮𝗐𝖺𝗒❞

porque Leandro nunca fue suyo para perder, y tal cómo venía con el verano, se iba al comienzo del otoño.
dejándolo en la espera del siguiente verano.

Notes:

sólo no me odien jajjjj

Work Text:

Paulo cerró sus ojos, sintiendo el calor subir por su cuerpo. El sol solía ser muy fuerte y picoso a estas horas del día. Agradeció tener aire acondicionado en su casa, porque sino, no sabría qué hacer.

La idea de que empezara el verano no siempre fue agradable, ya que significaba pasar tiempo con personas que podía evitar fácilmente. Pero, todo eso fue hasta que tuvo casi diez años, cuando conoció a Leandro. Que más que su mejor amigo, era el amor de su corta vida.

Todo de él hacía que su vida fuera más fácil, y desde que lo conoció, supo que no iba a ser otra cosa más que su verdadero amor.

Leandro fue su primera vez en muchísimos sentidos, fue su primer amor (sigue siéndolo), su primer verdadero amigo, su primer compañero de aventuras y noches calurosas escapando de sus padres, escondidos en la ciudad. Fue su primera vez incluso en el mundo del placer sexual, quien le explicó qué era masturbarse e incluso, fue quien lo guió.

Paulo no podía más que estar agradecido de que todo haya sucedido con él, porque era en quien más confiaba. ¿Qué no decían que era mejor que todo pasara con quien más confianza uno tiene?

Se supone que aquél día llegaba Leandro con su familia, ni demasiado temprano, ni demasiado tarde. Aunque para Paulo siempre sonaba fantástica la idea de que llegase para mitades de primavera, sabía lo imposible de aquella posibilidad.

Pero, ¡hey!, lo tendría por tres meses completa y totalmente para él.

Leandro y Paulo, Paulo y Leandro; Paupau y Lean... El dúo dinámico.

"¿En qué nube andas rondando, hijo?" preguntó su madre al verlo tan distraído en medio del patio. "Te va a agarrar un golpe de calor si seguís bajo el sol, vení y ponere protector." le obligó.

"Mamá, puedo cuidarme solito" dijo pero, igualmente fue hasta dónde ella para cumplir aquella órden que le había dicho.

"¿Qué hacías mirando el cielo tan maravillado?" preguntó curiosa.

"Disfrutaba del sol, del calor..." dijo así sin más, concentrado en ponerse protector.

"¿Debería preguntar desde cuando te gusta tanto el verano?" preguntó y suspiró. "Creo que tiene nombre y apellido, y una cara muy pícara." murmuró para sí.

"Estás en cualquiera ma, la verdad." dijo Paulo y negó. "Me gusta estar de vacaciones, el que venga Leandro es un factor que las hace divertidas y deseables." contestó.

"Yo hablaba del que trae el agua... este... ¿Samuel?, pero si vos te referís a Leandro, bueno, no te puedo negar que te ves muy obsesionado con él cada que viene y más cuando se va." dijo y Paulo se rió al oír el nombre que su madre le asignó a su otro amigo, Nahuel.

"Nahuel, mamá, Nahuel Molina" dijo y su madre asintió.

"Es lo mismo, pero no me cambies de tema." dijo, pero Paulo la interrumpió.

"No cambié nada, porque no estábamos en ningún tema." dijo, terminando de desparramar el protector.

"Paulo, hijo, tengo que pedirte..." su atención fue directamente a la hora, se suponía que Leandro debería estar por la calle principal, si sus cálculos eran correctos, y sí lo eran porque nunca fallaban, el tiempo estimado para que llegara estaba por cumplirse. "para la fiesta, ¿no?" preguntó y Paulo negó, urgente. Tenía que correr si quería recibir a Leandro.

"Me voy ma, me acabo de acordar que no compré nada para el postre" mintió, con la furia en la mirada de su madre.

"¡Paulo Exequiel Dybala!" gritó con enojo, sabiendo que era muy probable que su hijo no haya comprado lo necesario. Aunque en realidad sí lo había hecho, sólo necesitaba una excusa para irse sin que le pidieran hacer otra cosa.

Así fue cómo se corrió lo necesario hasta el centro, donde se suponía que estaría Leandro con su familia, su sonrisa pícara y la felicidad al tope de verlo luego de tantos meses de solamente hablar por instagram o whatsapp, exceptuando... excepto que aquel año no habían hablado tanto, no por chat, la mayoría de las veces eran llamadas en medio de la noche. Sus favoritas.

Suspiró con una sonrisa.

"¿Por quién suspiras tanto, Paulo?" preguntó Nahuel, quién parecía sorprendido de verlo en el centro a aquellas horas. "Bah, no es difícil saberlo..." dijo y movió sus cejas sugestivamente.

"Basta Nahuel" dijo y ambos se rieron. "Estoy esperando a que llegue Leandro..." confesó. Nahuel asintió.

"Ya sé" dijo obvio.

Ambos se miraron, Paulo sentía su estómago revoltoso y Nahuel parecía expectante ante la idea de que llegue Leandro, nunca se habían llevado bien, pero eso estaba bien. Compartían un amigo en común, Paulo, y harían lo que fuera para verlo bien.

Aún cuando eso signifique aguantarse mutuamente.

Un ruido de música tipo rock nacional llegó a sus oídos, y Paulo empezó a saltar emocionado. Nahuel sintió que algo podría pasar, y con su negatividad, aseguró que era algo malo.

Cuando el auto llegó a donde se encontraban, de allí bajó Leandro con una sonrisa diferente. Parecía incómodo y felíz al mismo tiempo. Quizás era el calor.

"¡Lean!" dijo Paulo y corrió a él para saludarlo con un brillo que Nahuel no había visto más que cuando era dirigido a Leandro.

"Hola Pau" dijo y Nahuel quiso pegarle tantas patadas cómo pudiese por usar un tono tan indiferente. "Te extrañé loco" dijo y lo abrazó, Paulo parecía a punto de desfallecer, lo que incentivó a Nahuel a quitarlo del abrazo. "Nahuel" dijo y una sonrisa bastante falsa formó sus labios.

"Leandro, ¿qué onda?" dijo sostendiendo a Paulo para que no se tirara como bolsa de papas.

"¿Vas para tu casa?" preguntó Paulo repentinamente. Lean lo miró y suspiró, asintió.

"Sí, pero venimos con el auto cargadisimo. ¿A dónde iban?" preguntó, curioso, evitando el tema. Nahuel evitó rodar sus ojos.

"Al centro, quería ir a ver si habías llegado y de paso comprar algunas cosas. ¿Querés venir?" preguntó, sonriente. Leandro negó.

"No, vayan ustedes. Tengo que ayudar con todo lo que trajimos" explicó. Paulo asintió, decepcionado.

"Nos vemos entonces" dijo Paulo y Leandro asintió, subió al auto y este partió en seguida, no sin antes tocar la bocina cómo una forma de despedida.

"Bueno..." Nahuel comenzó.

"Es tu culpa, le hablaste re mal" dijo Paulo. Nahuel bufó, siempre era lo mismo.

La culpa era siempre de los demás, nunca de Leandro.

"Bueno, Paulo. La próxima ni existo mejor, ¿no?" preguntó retóricamente.

Sus miradas volvieron a cruzarse, pero esta vez no había gracia.

"Nahuel, te estoy hablando en serio." empezó. "¿Qué te cuesta ser bueno y tratarlo decentemente?" preguntó, enojado.

"Chau Paulo, me tenés harto." dijo y se fue, dejándolo solo.

Paulo reconoció para sí mismo que estaba en cualquiera, sí, pero seguía confundido por la actitud tan indiferente de Leandro.

¿Qué carajos te pasa Leandro Paredes?

 

 

♡♡♡

 


La noche cayó rápido, Paulo volvía a ver su reflejo inspeccionando cada detalle de su cabello, vestimenta y, obviamente, que todo pareciera casual y no forzado.

Sonrió, tratando de mostrar una seguridad que no tenía y salió directo a la planta baja de su casa.

Al llegar a la cocina, su padre lo miró y lo llamó para que fuera hasta la parrilla.

"Paulo, por favor encargate de que no se apague el fuego" pidió su padre y Paulo asintió, mientras miraba el fuego arder se dió cuenta que estaba a minutos de ver a Leandro, otra vez. De convivir por tres meses, otra vez.

Su sonrisa fue instantánea, y las ganas y necesidad que tenía de que sucedan hasta sus sueños más profundos y ocultos, se hizo presente.

Tal fue su disociación, que estaban sus padres de vuelta allí, tratando de comunicarle que la familia Paredes no venía en soledad aquellas vacaciones, y si Paulo tan sólo hubiese prestado la debida atención, no se hubiera sorprendido al abrir la puerta y ver a una chica prendida como un pin al brazo de Leandro, junto a sus padres tan sonrientes cómo siempre.

"Paulo, buenas noches" dijeron los padres de Leandro, felices de ver a quien consideraban cómo un sobrino.

"Hola..." murmuró con un sentimiento parecido a la confusión y traición colándose por sus venas.

Nadie pareció notarlo, o no le importó. Esa fue la primera vez que Paulo notó lo poco importante que resultó ser para los demás, incluyendo a Leandro, quién no quitó su mirada de aquella chica perfectamente linda y castaña y hegemónicamente llamada Camila.

Su gesto de asco no pasó desapercibido para su madre, que lo miró con curiosidad.

"¿Qué sucede Paulo?" preguntó, preocupada su madre.

Ahora se preocupa... pensó, qué conveniente.

"Me duele el estómago, creo que comí demasiado para el calor que hace" dijo y todos asintieron.

"Entendible, es imposible no hacerlo con los asados que se manda tu papá" dijo Victor, padre de Leandro. La risa fue grupal, exceptuando por Paulo, quien no se rió, fijando su vista en lo ensimismada que estaba la pareja de la mesa, Leandro y Camila, quienes no parecían preocupados por demostrar que hablar entre ellos era mucho más divertido que cualquier otra cosa que sucediera a su alrededor.

Su bronca fue más allá al tener que verlo directamente, porque tuvo que sentarse en frente de ellos. Lastimosamente, no tenía forma de escapar de aquella situación a menos que...

Dirigió su mirada a lo largo de la mesa.

"Creo que va siendo hora del postre, ¿no?" preguntó y sus padres lo miraron, con una duda en su gesto. "Ya me siento mejor" dijo y la risa se brotó.

"Cómo de chico, el postre siempre fue tu parte favorita" menciona Miriam, madre de Leandro.

"Sí, creo que hay cosas que con el tiempo realmente no cambian..." dijo su padre y asintió. "Bien, anda y compra helado. ¡Pero no podes quedarte hablando con Nahuel, que después llegas para las dos de la mañana!" gritó.

"Eso pasó una sola vez, y llegué a la una y cuarenta y nueve minutos, papá." dijo levantándose de su lugar. Miró distraídamente a donde Leandro y al ver que no se había levantado, comprendió que él no iría. Genial, adiós a su juego.

Desde hacía dos veranos atrás que impletentaron su estúpido juego de: quien dijera la palabra más rara, evitaba pagar el helado de postre y, cómo solía ganar Leandro, Paulo recibía un beso como recompensa.

Parece que hoy no. Y el miedo de que eso no vuelva a suceder, lo invadió mientras hacía el camino de ida y vuelta a su casa.

¿Que acaso no te gusto, Leandro?

 

 

♡♡♡♡

 

 

Los días pasaban y eran exactamente iguales, salvo porque Leandro no parecía dar señales de querer estar con alguien que no sea Camila.

Paulo hacía de todo para llamar su atención, hasta nombraba tanto cómo era posible a su compañero de estudios Enzo (quien sabía que no tenía intenciones con él, estaba en pareja con Julián y eran realmente muy felices y Paulo no tenía intenciones con ninguno de los dos) hasta llegó a nombrar a Cristiano, quien sí tenía sentimientos por él, pero ni al caso; Leandro parecía embrujado por esa chica.

Sus ojos ya no se dirigían a él, sus sonrisas ya no eran por y para Paulo. Ni siquiera su nombre parecía causarle algo más que un asentimiento de cabeza, porque ni un "¿cómo estás?" era capaz de pronunciarle.

Algo en su cabeza le decía que insista, porque ninguna persona obtuvo al amor de su vida tan fácilmente y hasta ahora su relación no había presentado obstáculos, ¿y qué podía hacer más que seguir luchando por su amor? Leandro realmente era su todo, y él estaba convencido que lo que necesitaban era que Camila dejara de interponerse.

Porque, era obvio, era una especie de embrujo, una especie de amarre... Porque Leandro y él se amaban.

Habían pasado por mucho juntos, y no podía eso desvanecerse en... Nueve meses, no, no podía.

Si su amor era real, Paulo pelearía e iría contra viento, tormenta y marea por el.

Dejó su celular en cuanto vió que Leandro entraba al comedor, sorprendido y feliz de que no ande con su garrapata, lo llamó.

"Lean" dijo, tratando de no parecer desesperado. Esperaba haberlo logrado. El mismo se giró, luego de agarrar una botella de agua. "¿Cómo estás?" preguntó, curioso.

"Paulo, hey, bien." dijo y, cuando parecía a punto de irse, Paulo lo frenó.

"Eh, Lean, ¿qué te parece si, no sé, salimos a hacer algo? ¿disfrutar de nuestra juventud?" propuso y Leandro parecía meditarlo.

"Eh, bueno, no suena mal" dijo dudoso. Paulo lo consideró una casi victoria. "¿Cuándo y dónde?" preguntó.

"En lo de un amigo de Nahu, Cuti. Es al otro lado de la ciudad, pero me parecía buena la idea de ir y... bueno... pasarla bien un rato." dijo y Leandro sonrió, haciendo que Paulo sienta esas mariposas enormes en su estómago.

Sonrió, por mí, otra vez.

"Bueno, dale Pau. Me acuerdo del Cuti, era un asesino ese... Ja" su voz parecía nostálgica. Paulo asintió.

"Creí que no te acordabas de él" murmuró. Leandro lo miró y asintió.

"Sí, obvio que me acuerdo, fue el que me dejó rengo por dos semanas. Fue horrible" dijo y Paulo se rió, recordando cómo tuvo que cuidarlo a Leandro esas dos semanas, siendo literalmente su compañero en todo.

"Sí... Qué lástima que no sigas así, al menos en ese momento me hacías caso" dijo y la risa de Leandro fue música para sus oídos.

"Era hacerte caso o quedar en mi cama tirado sin poder moverme, creo que era la decisión más sabia" confesó y Paulo rodó sus ojos.

"Sí, sí, cómo digas Lean." murmuró.

Las sonrisas se convirtieron en unas cómplices, dónde Paulo sintió que algo había mejorado.

"¿Cuándo era?" preguntó, curioso.

"El sábado" informó y la sonrisa de Leandro ya era una confirmación.

"Ahí vamos a estar entonces." decretó y Paulo asintió, felíz.

Leandro y él estaban de vuelta...

 

 

♡♡♡♡♡

 

 

Paulo no estaba felíz.

Cuando invitó a Leandro a la fiesta, y este dijo que iban a estar ahí, creyó que se refería a ellos dos, no a ellos dos y Paulo.

Su enojo creció al ver lo combinados que iban ambos, se sentía el verdadero mal tercio. Lo que hizo que el famoso dicho cobrara sentido; ante situaciones desesperadas, medidas desesperadas.

Tomó su celular, buscó el contacto de Enzo y le mandó la invitación para que fuera a la fiesta junto a Julián (ya buscaría la forma de que Leandro no se entere que estaban en algo) y, cómo medida MUY desesperada, le mandó mensaje a Cristiano.

Esto se tenía que acabar ya, esta chica ya se había entrometido demasiado y... Leandro era suyo, y él era de Leandro. Y si Leandro necesitaba un empujón, él lo ayudaría.

Además, ¿qué ella no notaba que ambos tenían una gran conexión? ¿que cuando se miraban un brillo especial ocupaban sus ojos?

Claramente ella estaba tratando de enamorarlo, y Paulo no tendría problema si no fuera porque ya tenía algo con Leandro desde hace tiempo, y estuvo esperando la oportunidad de empezarlo desde que este lo besó por primera vez.

Casualmente, en una fiesta que organizaba Cristian, o Cuti para los amigos.

Cuando llegaron, bajaron del auto y entraron siendo recibidos por Cuti y Nahuel, quienes parecían realmente sorprendidos al ver a Leandro con una chica. Este la presentó y Cuti los llevó a buscar una bebida, en cambio Nahuel se quedó allí.

"Me lo está tratando de robar, pero yo voy a hacer hasta lo imposible por demostrar que Leandro y yo nos amamos lo suficiente como para afrontar cualquier obstáculo, aún los que se presentan como chicas castañas, hegemónicas y llamadas Camila." soltó y Nahuel negó.

"¿Puedo darte mi más sincero consejo?" preguntó y Paulo dudó, pero asintió de igual forma. "Creo que no es algo platónico lo que le pasa a la tal Camila" dijo y bebió de su vodka.

"Explicate, Nahuel." ordenó Paulo.

"Que para mí, y cualquiera que tenga ojos, Paulo... Están en algo, formal o no, en algo." explicó y resaltó en algo.

"No, es imposible." dijo Paulo. Nahuel lo miró con curiosidad y fastidio. "Leandro me lo habría aclarado, para así no lastimarme, la hubiera besado delante mío, hubiera... Hubiera sido una persona sentimentalmente responsable." defendió. Pero el bichito de la duda, quiera o no, se instaló en él.

Y no lo dejó hasta que llegó Cristiano, con una sonrisa adornando su cara.

Odiaba a Cristiano con todo su ser, pero igualmente fingió su sonrisa, sabiendo que por ahí se encontraba Leandro y cuánto antes lo viera, más rápido iría a por él.

Y efectivamente, en cuanto cruzaron miradas, Paulo elevó una ceja, mostrando confusión y la mirada de Leandro reflejó una molestia que Paulo, internamente disfrutó. Mucho.

Procuró parecer interesado en lo que Cristiano le decía, aunque realmente no sabía ni qué estaba respondiendo, hasta que sintió las manos de Leandro rodeando su brazo derecho.

"Disculpa, tengo que hablar con él un segundo" dijo frío y Paulo evitó suspirar, aunque supo que no lo consiguió en cuanto llegaron a mitad del pasillo, donde no había casi nadie y Leandro lo empujó a la pared, con una mirada furiosa y curiosa. "¿Quién era ese estúpido, Paulo?" preguntó en un tono que debería haberlo asustado, molestado, pero ocasionó lo contrario; le gustó, porque al fin le estaba dando atención. Finalmente no estaba la estúpida de Camila alrededor, queriendo sobresalir con sus chistes o sonrisitas que pretendían ser amistosas.

"Lean" suspiró y sonrió. "¿Qué? ¿te molesta que hable con Cris?" preguntó curioso, mostrándose confundido.

"Paulo" dijo y, realmente no estaba soportando que le hable así y no estén comiéndose la boca. Sus miradas chocaron cómo hacía tanto no hacían y la cercanía se rompió, convirtiéndose en un beso feroz dónde Leandro puso sus manos en la espalds baja y Paulo, para unirse aún más de lo que ya estaban, en su cuello.

Sentía la adrenalina que le producían los besos con Lean, y esta era multiplicada por la sola idea de que Cristiano, Nahuel o Camila los vean, para entonces demostrarles lo muy bien que estaban ambos juntos.

Porque, se estaban besando, su plan había funcionado... ¿Verdad?

Pero... No.

No quería pensar en ese momento, era su momento, el momento que más había esperado durante esos largos diez meses.

Nueve meses sin verlo y uno, en el que lo veía, pero no podía tocarlo, besarlo... Dios, ¿cómo sobrevivió a tanto?

El beso terminó y con ello su adrenalina, suspiró y sintió cómo las manos de Leandro acariciaban su cara con cariño, sonrieron y se miraron y ese brillo había vuelto.

"Dios" murmuró Paulo con los labios rojos de tanta fuerza utilizada, y notó la lastimadura que tenía Leandro y se disculpó.

"No importa, ya está" susurró sobre sus labios, dejando un pico en ellos, haciendo que Paulo se sienta en el cielo, otra vez.

"Lean, yo..." murmuró, queriendo decir lo que tanto había callado por años. Cuando la inconfundible voz de Camila buscándolo resonó en todo el pasillo.

"Para..." dijo y se alejó. "Vos quedate acá." dijo y besó su frente, Paulo asintió con un odio ferviente hacia Camila por interrumpir su momento, pero igualmente aprovechando para pensar todo mejor. Las palabras, la forma... Todo.

Un minuto. Dos minutos. Tres. Cuatro. Cinco y ya al sexto, Paulo caminó hasta cruzarse con la multitud, para ver a unos metros de él cómo Leandro y Camila bailaban tan felices.

Y el corazón de Paulo se quebró, un poquito.

¿Qué sentís, Leandro, por mí? ¿Y por ella?

 

 

♡♡♡♡♡♡

 

 

El lunes siguiente a ese fatídico sábado, Paulo se fue a la costa, dónde podía encontrar verdadera paz.

Allí, cómo en cada lugar que recorría, se acordó de Leandro y cómo si eso lo materializara, escuchó cómo su voz lo llamaba. Entonces, se giró y lo vió.

Estaba hermoso. Demasiado.

Tenía una manta y una heladera, con una sombrilla. Se acercó y cuando estuvo al lado suyo, sonrió y la pregunta quedó implícita. Paulo ni siquiera dudó su respuesta.

"Dale, tengo hambre" dijo y juntos, bajo risas y chistes estúpidos, armaron la sombrilla, colocaron la manta y la heladera con comida dentro.

"Espero que te guste" dijo Leandro y al abrirla, eran sanguches de jamón y queso con mucha mayonesa.

"Me fascina" dijo y su sonrisa contagió a Leandro.

Comieron, juntos cómo cuándo eran chicos de trece o catorce años, escapando de sus padres que imponían su régimen dictador de que recién debían y podían ir a la costa a las cuatro y media de la tarde.

"Extrañaba esto" dijo Paulo mientras esperaba a que Lean terminara su jugada de la escoba del quince. "te extrañé mucho este año, Lean" confesó.

Lean lo miró y sonrió alegre. "Yo siempre te extraño" dijo "no importa si te vi hace unos minutos, te extraño tanto cómo cuando no te veo en meses" confesó y Paulo sintió que era lo más real que le habían dicho en mucho tiempo.

Leandro ganó esa ronda, y la siguiente, y las otras diez que jugaron después.

Todo eso terminó en ellos dos acostados en la manta, viendo el atardecer, juntos. Cómo cuando eran simples adolescentes, que finalizaban su tarde bajo la estrellada noche de verano y besuqueos, al que sus sentimientos no podían más que describir cómo miles de mariposas revoloteando en su estómago, generando picazón en cada parte del cuerpo que el otro rozara, generando una especie de adicción.

Se miraron y las sonrisas y emoción por lo que venía luego del atardecer, atacó el corazón de Paulo.

Se acercaron y Paulo agradeció que no esté ninguna Camila o Nahuel para interrumpir su beso.

Este fue uno más calmo, intenso, pero no feroz.

Más disfrutable, donde Paulo pudo saborear el gusto a queso y mayonesa. Sus cosas favoritas juntas, en uno: Leandro, el queso y la mayonesa.

"Pau" murmuró Leandro y Paulo se alejó y lo miró curioso. "perdón" dijo y Paulo no aguantó más y se lanzó a él, besándolo con necesidad.

Porque esa era toda la demostración que necesitaba.

"Lean" dijo alejándose unos segundos de aquellos labios. "te amo" murmuró y volvió a atacar sus labios, sin querer oír la respuesta, temiendo lo peor.

Pero su respuesta fue devolver aquél beso con mayor intensidad.

Creo que tus sentimientos son claros ahora, pero, ¿qué hay de Camila, Leandro?

 

 

♡♡♡♡♡♡♡

 


Así siguió aquella semana y la siguiente, teniendo entre ellos un rato juntos. Hasta que una cena entre todos volvió a unirlos, pero esta vez invitada la familia de Nahuel, quienes era muy amigos de sus padres.

Su vestuario era muy cuidadoso, esperando impresionar a Leandro, y tenía ya planeado todo lo que iba a decirle a sus padres si los veían muy juntos.

Había llegado el momento, después de tanto tiempo, de confesar todo.

Bajó las escaleras y vió a sus padres junto a los de Nahuel, y recibió en un profundo abrazo a su amigo.

"Estás re bien vestido hoy, che." dijo Nahuel y Paulo sonrió, agradecido.

"Las mejores fechas lo requieren" dijo y Nahuel parecía curioso, pero decidió no emitir opinión, ni preguntar.

El rato hasta que llegaron Leandro y su familia junto a Camila se pasó relativamente rápido, cuando se hizo la hora de sentarse y sus padres lo situaron junto a Nahuel, haciendo que este sonría pero Paulo muestre una mueca.

"Si tan mal te caigo, le digo a Camila que intercambiamos lugar, eh" amenazó Nahuel en un susurro.

"No te atreverías, forro" dijo Paulo esperando que su amigo esté jodiendo.

"¿Vos crees que no?" preguntó curioso y cuando iba a hablar, Paulo le tapó la boca. Todos, incluído Leandro, lo miraron curiosos.

"Nahuel, basta" dijo riéndose, fingiendo hartazgo. Sacó su mano de su boca con rapidez al notar que estaban en público.

"Ay" dijo Nahuel cuando Paulo sacó su mano y se rieron juntos bajo la atenta mirada de todos en aquella mesa.

"¿Comemos?" preguntó su madre y todos aceptaron la idea, el único que no dijo ni pío fue Leandro.

En un momento, luego de comer, Paulo se levantó de la mesa yendo a buscar un poco de vino, decidido a tomar del que más le gustaba a él.

En seguida sintió una segunda presencia, al girarse, se encontró con Leandro mirándolo fijamente.

"¿Así que Nahuel?" preguntó curioso y la sonrisa de Paulo se borró enseguida, sabiendo a dónde iba el comentario.

"No seas boludo, Lean" dijo. "Le pertenezco a una sola persona" dijo y lo miró sonriente.

"Paulo, ¿podrías tra..." la voz de Nahuel se esfumó al ver a su amigo con Leandro. "Creí que habías ido al baño." dijo Nahuel y Paulo lo miró curioso.

"Vino a hablar conmigo"

"Sí, ya voy"

Ambos se miraron, juzgando la respuesta contraria. Nahuel asintió, confundido.

"Bueno" dijo y vio cómo Leandro se iba de allí, dejando a Paulo confundido por aquella excusa tan tonta.

"Nahu" lo llamó y este lo miró, atento. "¿Vos notas algo distinto?" preguntó y Nahuel suspiró.

"Tu pelo está bien y tu vesti..." Paulo negó, sonriente.

"No, no... Me refiero a Leandro y yo." dijo y Nahuel entendió.

"Eh... No" murmuró. "O sea, a él lo veo muy feliz con la chica esta, Camila, y a vos te veo... Cómo que finalmente aceptaste la relación." dijo y Paulo sonrió y negó.

"No están juntos, Nahu" dijo y Nahuel lo miró, curioso. "creo que vamos a tener algo serio por fin, él y yo" confesó, felíz.

"Uh, eh... Pau..." Nahuel comenzó, y cuando Paulo se dirigía hacia el patio, lo detuvo. "Pau, te estoy dando la última oportunidad para que te des cuenta solo, antes de chocarte fuerte contra la pared que se llama realidad." dijo y Paulo suspiró y sonrió.

"Nahu, te juro que sé lo que te digo." dijo y se soltó. "Somos el uno para el otro." chilló. "Cómo la copa para el vino, o el fernet" explicó y, cuando llegaron al patio, vieron a todos bailar entre sí, pero lo que más destacó fue lo felices que se veían todos ante lo cercanos que estaban Leandro y Camila.

"Pau, Nahu, díganle felicidades a Cami y Lean" dijeron sus madres. Nahu lo miró a Leandro con una ceja alzada y Paulo sentía su mundo derrumbarse frente a sus ojos.

"Vamos a ser abuelos" chillaron los padres de Leandro, Miriam y Victor. Quienes adoraban a Paulo, pero como a un sobrino. Jamás cómo algo más.

Y las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos, pero no había más que frialdad en la mirada de quien las provocaba, porque tarde comprendió que realmente no le importaba.

Y nada fue igual, porque su corazón fue destrozado de la forma más dolorosa; porque Leandro se había encargado de armar su ilusión, para romperla y rearmarla en días y entonces dar la última estocada y matar su ilusión, llevándose su corazón y sus primeras veces, incluída su primera ruptura y primer corazón roto.

La persona que más amó, en la que más confió, que más devoción brindó... Terminó siendo quién más lo traicionó, para dejarlo tirado cómo a un pedazo de carne podrido.

Como la sobra.

Las lágrimas caían una tras otra, todas las mañanas, todas las tardes y todas las noches de aquel verano de mierda.

Puteó, lloró, gritó y odió con todo su ser a ese estúpido de linda sonrisa, persuasivo, encantador y mentiroso que había logrado enamorarlo a tal punto de sentir que su mundo se caía si no tenía aunque sea un hola de su parte.

Tenías razón, Nahuel, siempre la tuviste. Aún cuándo me decías que Leandro no era alguien bueno para mí, sí, también tenías razón en ese momento. Qué estúpido que fuí, ¿no cierto?

 

♡♡♡♡♡♡♡♡

 

Se sentó y empezó a llorar, otra vez.

Escribir le servía, siempre ayudó. Así se dió cuenta que lo que sentía por Leandro no era una etapa, o un capricho. Y eso dolía cómo la puta madre, dolía mucho.

Porque, irónicamente, no fuiste nunca nada más que mi simple amigo, mejor amigo, al que le entregué todo por el simple hecho de amarte. De sentirte mío, cuando ni cerca de ello estábamos.

Me pregunto, Leandro, ¿alguna vez sentiste algo de lo que yo? ¿fuí suficiente? Ojalá pudiese preguntartelo sin quebrarme a mitad de camino, pero no puedo. Porque te encargaste de romper hasta la confianza en mí mismo, ja, todavía recuerdo muy bien todo aquello que hiciste, lo muy poco que insististe para que caiga a tus pies.

¿Fue fácil, no? Romper mi corazón, mi confianza, mi amor... ¿Lo fue?

Porque nuestro, lo que sea que hayamos tenido, se esfumó tan rápido... Tan rápido que no logro recordar siquiera cuándo empezó.

Porque tengo el presentimiento de que, realmente, nunca empezó. Porque nunca fuiste mío, Leandro y eso duele muchísimo más.

No te perdí.

Nunca te tuve, nunca pude perderte.

Y que afortunada que es Camila, o eso creo. Porque, aún cuando trato de convencerme que no, muy por dentro, sé que la engañaste tanto cómo a mí.

Sé que a ambos nos fuiste desleales, con la diferencia que a mí hace veranos atrás que me venís diciendo lo mismo, que me venís boludeando, y que no hay nada más que esos meses que nos una, ¿pero con ella? vas a tener algo tan grande y de adultos como un hijo.

Aunque adulto no sos, ni remotamente cerca a eso estás. Porque te falta madurez, tenés veintitres, pero pareces un pibe de trece.

Te odio con todo mi ser Leandro Paredes. Te odio porque no puedo dejar de amarte, porque no puedo dejar de culparme por conformarme con tan poco, porque una mirada, una sonrisa, un hola eran suficientes para ser felíz.

Pero nada me pertenecía realmente a mí. Nunca lo hizo, y nunca va a pasar, ni en mil millones de mis sueños más húmedos.

¿Sabés cuál es mi sueño más profundo y prohibido?: que un día llegues, y sin ningún compromiso más que tu amor más puro hacia mí, decidas quedarte y estar conmigo, con Paulo Dybala, por el resto de lo que dure nuestra conexión.

Pero vos, el mismo con él que sueño todas las noches, te encargaste de destruír mi sueño de la mejor forma: ilusionandome y rompiendo mi ilusión.

Sólo te pido que cuides bien mi corazón, porque está con vos, a mí me dejó desde ese verano hace más de diez años, en el que te fuiste de acá prometiendo volver.

Paulo Dybala


☁︎ fin ☁︎

Series this work belongs to: