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en primavera.

Summary:

En medio de la noche es fácil hacer promesas, es fácil tener esperanza, es fácil tener fe.

Notes:

Primero que nada quiero aclarar que esto no está hecho con ningún fin de lucro, la experiencia de estas personas no me pertenece y tampoco la película en la que la conocí.

Como segundo punto, quiero decir que no escribo esto acerca de, ni pretendiendo conocer a las personas reales que tuvieron que pasar por esto, este fanfic es basado en la película y en los personajes que ahí aparecen, por ende no busco ofender ni nada parecido.

Si este tipo de contenido no es tu taza de té, simplemente da media vuelta y no leas más.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Es inesperado, súbito, helado. Un momento están todos riendo, por primera vez en días olvidándose del infierno blanco en el que están, bajando la guardia a pesar del frío y el hambre. Por un momento Fernando tiene el privilegio de hacer sonreír a Numa una vez más, de hacerle reír, de ver las esquinas de sus ojos arrugarse en alegría por él, al momento siguiente, es imposible respirar.

Nando no puede ver nada, no puede escuchar nada, no puede siquiera moverse o sentir algo que no sea el frío brutal que despiadadamente le roba la calidez a su cuerpo, que lo atrapa en un cascarón de hielo y le roba el aliento. Aún así, trata de mantener la mente clara, de pensar, e intenta inhalar y exhalar con lentitud.

Es posible vivir bajo la nieve. No recuerda donde lo ha escuchado, no recuerda si lo ha leído en una revista, o un libro. Pero es una afirmación que existe, una seguridad que lo mantiene atrapado en el limbo en medio del pánico y la muerte, un consuelo que funciona hasta que la nieve que lo rodea comienza a endurecerse, a cambiar, a envolverse alrededor de su cuerpo y comprimirse contra su pecho.

El único objetivo de la arena blanca es matarlo, dolorosamente, lentamente, y a medida que la presión sobre su tórax aumenta y respirar se convierte en una tarea casi imposible, Nando comprende que su final ha llegado, que si pierde la consciencia no habrá poder humano que pueda salvarlo. Es extraño, en los últimos días ha reflexionado bastante, creyendo que cuando el momento finalmente llegara se iba a ir rogando, gritando, mordiendo y escupiendo, luchando con uñas y dientes.

Creyó que su familia, sus esperanzas perdidas, y toda su vida pasarían frente a sus ojos, que suplicaría a Dios por perdón, por redención. En su lugar está atrapado bajo lo que podrían ser toneladas de nieve, y lo único que puede visualizar es un par de ojos oscuros mirándole con reproche en la nada que le rodea, y repetirse una y otra vez:

Perdóname, me estoy muriendo.

Me estoy muriendo.

Estoy muriendo.

Es entonces cuando siente un peso extraño apoyándose en sus piernas, cuando el cascarón de hielo a su alrededor comienza a quebrarse, cuando un movimiento repetitivo a través de la nieve le grita libertad, y de repente, respira.

 



 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

Una vez que finalmente queda libre, una vez que sus extremidades comienzan a temblar, que su pecho deja de doler, y sus ojos se ajustan a la falta de luz, comienza la carrera contra el tiempo.

Ponerse en movimiento quema, pero aún hay manos intentado salir de entre la nieve, aún hay súplicas rebotando en las paredes del fuselaje, y los oídos de Nando se llenan de los gritos de aquellos que han desenterrado nada más que cadáveres. No hay segundos sobrantes para lamentarse, y aunque su cuerpo ruega por descanso él continúa cavando.

Numa Turcatti, Numa, que estaba cerca de la barrera ahora echa pedazos, al lado de la puerta abombada, donde la nieve se mira más profunda, de donde ya han sacado el cuerpo inerte de Roque.

Es un pensamiento que hace que su corazón lata más rápido, que el pánico finalmente le alcance, hace que ayude a Roberto a sacar el cuerpo de Maspons de entre el derrumbe con más velocidad para seguir abriéndose paso entre la nieve, entre la desesperación.

—Arturo, —es la voz de Inciarte la que llama su atención por encima de las demás, la que le hace alzar la mirada con atención—, ¡ayúdanos a desenterrarles!

Y luego Zerbino, con su voz ronca y temblando del frío.

—Aguantá Numa, ¡Numa te saco!

Fernando no necesita otra confirmación, y así, a pesar de sus dedos rojos y entumecidos, de su respiración agitada y el dolor que envuelve todo su cuerpo, se lanza a la parte trasera del avión sin esperar más.

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

Los frutos del alud son amargos. Llevan un día enterrados ya, pero la evidencia sigue ahí. En los sollozos que no paran, en las súplicas que parecen esperar por algo, en los rezos que suben de volumen cada vez que el fuselaje tiembla y se queja con chirridos agudos que se clavan en sus oídos. Una tormenta de nieve fue suficiente, una tormenta de nieve para llevarse ocho almas, para dejar corazones echos pedazos, una tormenta de nieve que se siente eterna.

Fernando se estremece, y abraza con más fuerza a Numa contra su pecho, quien en ropas más delgadas y después de haber pasado tanto tiempo enterrado bajo la nieve no ha dejado de temblar.

—Hoy es el cumpleaños de Numa, —es la débil voz de Pancho Delgado, que se encuentra compartiendo calor con Roy, la primera en perforar el silencio en lo que bien podrían haber sido horas—, cumple años el treinta de Octubre.

Puede sentir entonces a Numa intentando incorporarse, y aunque el rubio le deja ir, lo sigue de cerca para poner un brazo alrededor de sus hombros, para mantenerle lo más cerca posible. Pero antes de que el castaño pueda abrir la boca, Carlitos ha saltado de su lugar y se ha hincado en medio del fuselaje, formando con la suave nieve algo que parece una tarta blanca.

—Pues me parece que está en orden darle un regalo, —y es Fito a quien escucha, pero Daniel, que yace más cerca de ellos es el que saca un cigarrillo de su tan preciada caja y lo lanza en su dirección general. Fernando es quien lo atrapa, sorprendido de haberlo logrado sin lentes.

El silencio entonces se traga al grupo una vez más, cayendo como una maldición, como poniéndoles en un trance; y una vez que Carlitos regresa a su lugar, la tarta queda olvidad en medio del fuselaje, destinada a derretirse y desaparecer.

—Pasamos lo peor, —el mayor se acomoda una vez más contra Nando para tomar el cigarrillo de entre sus manos, y descansa la cabeza contra el hombro del rubio antes de hablar una vez más, antes de intentar dar esperanza, de darles consuelo—, de ahora en adelante será más sencillo, tiene que serlo.

Y Nando le cree con una fe de la que ya no se creía capaz, hay una seguridad, una calidez que se instala en su pecho y le cala hasta los huesos en formas en las que frío jamás podría hacerlo. Es un milagro, es su milagro. Numa está vivo, y ahí bajo su brazo, pegado a su costado y fundiéndose con sus costillas, Nando puede sentir cada una de sus pesadas respiraciones, cada uno de sus latidos. Y cuando baja sus ojos para mirarle, puede ver con claridad su rostro, las curvas de su nariz y sus pómulos, la forma en que sus pestañas suben y bajan, acariciando sus mejillas con cada parpadeo.

Es real, están vivos, y están juntos.

Esa simple verdad le hace sonreír, le hace dejar salir una risita suave que ocasiona que el mayor mueva su cabeza para verle, una ceja alzada y todo. Y cuando sus ojos chocan, Nando se queda sin aliento una vez más.

—¿Qué pasa?

Y es increíble como una persona puede hacerte sentir tan completo y confundido al mismo tiempo, como alguien puede ser tan imperfectamente perfecto sin darse cuenta, y cuando los latidos de su corazón se aceleran, Fernando espera que el mayor no pueda sentirlos.

—Nada, —responde en un susurro mientras abraza con más fuerza al castaño—, allá afuera, más allá de la nieve, es primavera, ¿sabías?

Esta vez es el turno de Numa de reírse.

—Creo que sé en qué estación es mi cumpleaños, Nando.

—Pues si, pero lo que no sabes es que la próxima primavera estaré comprando tu tarta de cumpleaños, —está afirmación es la que finalmente hace que Numa se acerque más, quizá para seguir conversando, quizá por la calidez que dos cuerpos juntos generan, quizá por la gentileza con la que el rubio le sostiene.

—Vale, ¿pero va a ser de chocolate? —y la forma en que su voz suena tan pequeña cuando hace la pregunta, tan diferente a cómo es cuando intenta consolarlos a todos, hace que a Nando se le apriete el corazón, se le llenen los ojos de lágrimas.

—Por supuesto que va a ser de chocolate, y te voy a invitar a tomar un helado también, podemos pasear por el parque, —susurra como respuesta, aún más bajo y acercando su boca al oído de Numa, estas palabras son solo para él después de todo—, caminar bajo el sol, y acostarnos en el pasto verde bajo algún árbol a mirar las nubes.

Numa se relaja bajo su brazo entonces, cambiando de posición y apoyando su cabeza contra el pecho del rubio, acurrucándose aún más cerca, envolviéndose contra él y respirando hondo. Nando también se recuesta un poco más entonces, y pasando su otro brazo alrededor del mayor, pone además un ligero beso sobre su cabeza.

Es difícil imaginarlo, es difícil recordar cómo se siente el calor de los rayos del sol acariciando su rostro, el sabor del helado y cómo se derrite manchando sus dedos con azúcar, cómo se siente una brisa cálida en un día de primavera, pero Nando lo intenta. Lo intenta e imagina a Numa ahí con él, lo imagina sonriendo, con las mejillas sonrosadas de alegría, saludable y feliz, disfrutando de la vida.

—La próxima primavera entonces, —susurra Numa, y suena como una promesa. Nando no puede hacer más que sostenerle con gentileza, acercarle a su cuerpo con más ahínco, de intentar meterlo a su pecho para protegerle del metal en el cadaver del avión, del frío, de la desesperación y la muerte.

Esa noche cuando Fernando reza, no pide perdón. Espera absolución, pero no pregunta por ella, ¿cómo podría arrepentirse del sentimiento que le crece en las costillas, que le llena los pulmones y le ayuda a respirar? ¿Cómo podría arrepentirse de amar?

No, esa anoche cuando Fernando reza recuerda a la Virgen María postrada en el piso de una iglesia en Uruguay, recuerda sus ojos de madera llenos de lágrimas, su rostro inclinado pidiendo por por piedad, y Fernando pide fuerzas, pide valor, suplica por misericordia, por otro milagro.

Uno más, por favor, una vez más.

Notes:

Quiero agradecerles de todo corazón a quienes dejaron comentarios en el one shot pasado, los leo y re leo, y aprecio mucho, mucho, mucho. Mil gracias por leer y por dejarme saber que les ha gustado. Les aprecio como no tienen idea.

Espero les haya gustado este pequeño trabajo también, me ha costado un poco escribirlo por la escena del alud, pero acá está al final. Una vez más, ¡mil gracias por leer!

P.D. Me pueden encontrar en tumblr como @aanon04. ¡Nos vemos!

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