Chapter Text
Nueva York ¿Cómo podría describirlo? Bueno, podría decir lo obvio "la ciudad que no duerme", también podría decir que es la ciudad menos silenciosa del mundo. Sofocante, chocante, ruda y, extrañamente, mágica. Sí, es mágica.
Llegué hoy a Nueva York teniendo ya 21 años, vine para investigar un evento que desencadenó la exposición de los yokais en el mundo hace cuatro años, una ciudad donde ellos podían vivir entre los humanos sin ningún tipo de disfraz o con el miedo de que los vendan como muñecos de exposición o mascotas.
Puede ser que esto se vea un poco por su mejor amiga Chizu, quien, tras tener el liderazgo en el clan Neko Ninja, viajó a Nueva York para investigar este raro evento y, ahora, yo la sigo con la excusa de unas pequeñas vacaciones, ella quería que me desligara un poco de mis obligaciones como samurái en ese pueblo de yokais.
Cabe aclarar que, como la ciudad oculta de Nueva York, la nuestra respeta la creencia horizontal de la vida, no vivimos en lugares subterráneos, vivimos en armonía, en una sociedad donde la vida y la muerte siempre esta en el mismo lugar y todo sigue un circulo de la vida, plano y para nada jerárquico. En resumen, nuestros portales y divisiones son como atravesar un espejo y no caer al vacío de una alcantarilla.
Lo que tengo recopilado ahora son informaciones que me ha dado mi mejor amiga Chizu, hace cuatro años un portal místico, que tenía encerrado a unos alienígenas llamados “Kraang”, fue abierto por un clan desaparecido llamado “El clan del Pie”. Anteriormente ya habían hecho sus fechorías despertando una especie de “armadura mística” la cual, gracias a una misteriosa “suerte divina”, fue derrotado. Pongo entre muchas comillas esa “suerte divina” porque se desenmascaró esta suerte y se les dio nombres a los héroes luego de salvar al mundo de una catástrofe. Ellos se hacen llamar “¡¿Mads Dogs?! ¿Qué clase de nombre es ese? ¿Son perros con rabia?” exclamé en una videollamada con mi mejor amiga. Estaba en un avión, por cortesía de mi amiga, me pagó un asiento V.I.P. ¿Siendo sincero? No me quejo. “¿Te estas metiendo con perros rabiosos?”
“Calma conejito, tu estrés va a llenar de pelos el asiento.” Se burló Chizu. “Y respondiendo a tu extraña pregunta al final, no. Por lo que me dijo ese yokai huesudo, los conoce pero solo podía darme el nombre del equipo, que si necesitaba ayuda ellos eran excelentes…desprolijos, algo torpes pero prometen resultados positivos. Parecía muy encariñado.” Ella hablaba mientras leía sus notas. “¿Y que piensas de todo esto?”
“Que me diste la descripción de unos perros…y que esto es una mierda” gruñí sintiéndome extrañado. “¿Hacía falta que mandaras celulares a cada uno de nosotros? Es decir, no los necesitamos. No me quejo del asiento V.I.P del avión pero ¿un celular? ¿En serio? Te ves muy pequeña.” No era bueno usando estas cosas, Chizu nos había regalado a mi y a todos sus amigos celulares. Dice que en Nueva York pagan muy bien por tratos con una tal mujer llamada “Gran Mamá”. Y no crean que ella abandonó su clan, en realidad ella viaja solo unas dos semanas cada seis meses para tomar notas y seguir con sus investigaciones, lo cual, es genial porque nos mantiene actualizados de todo lo que es esta noticia. “Además ¿Cuándo dejarás de buscar? Has basado toda esta investigación durante cuatro años.”
Chizu rodó los ojos “Lo siento, solitario samurái. Pero yo no puedo encargarme de todo esto yo sola, además, en una semana vuelvo al pueblo para poder seguir con mis tareas como líder del clan. No he avanzado en nada porque estoy más pendiente en generar tratos pero realmente necesito encontrar al clan Hamato. Y, por lo que me han dicho, el grupo Mads Dogs sabe del paradero este clan.” Ahora fue mi turno de rodar los ojos.
“¡Entonces hazlo tú! Es decir ¿Porqué debo ir yo ahora?” Una azafata se me acercó, me sorprendí al ver que era una yokai serpiente. Me ofreció agua y acepté cortésmente. Volví mi mirada a la pantalla. “Llama a los perros locos esos y déjame en Japón.”
“Uno: Para que puedas ver más allá de Japón ¿Cómo pretendes aprender más siso lo te quedas en un mismo lugar que salvaste varias veces?” Bueno ella tenía un punto. “Y dos: Aunque sé defenderme sola, no sé a lo que me enfrento. Estaría exponiéndome sola a un grupo fuerte proclamados como “héroes” que salvaron a toda la humanidad de la destrucción e instauraron la paz entre yokais y humanos. ¡¿CREES QUE TENGO OPORTUNIDAD CONTRA ELLOS?! ¡LITERALMENTE PODRÍA OFENDERLOS Y QUIEN SABE QUÉ ME PASARÍA! Ni siquiera Big Mama me ofrece información sobre ellos y tiene una especie de amor y odio con ese grupo.”
Bueno ahora tenía dos puntos que no podía negarme, esto era frustrante. Agradecí el vaso de agua, bebí un sorbo y luego miré a mi mejor amiga a través de la pantalla. “okey, de acuerdo, tú ganas. Agh, eres realmente muy persuasiva.” Chizu soltó una suave risita y, luego de un par de cosas más, terminamos colgando la llamada. Debía descansar, este era mi último avión que me llevaba directamente a Nueva York y agradecía que en los anteriores mi amiga me haya dejado viajar en primera clase. Aunque de seguro gastó demasiado y deberé retribuírselo de alguna u otra forma.
Al llegar a la ciudad, me sorprendió ver que en el aeropuerto había muchísimos humanos y muchísimos yokais, empecé a caminar por una sección y ahí vi a mi amiga, mi mejor amiga con un gracioso cartel que decía “castings de conejos gays”. Rodé los ojos y me dirigí hacia ella, era extraña verla con ropas de ciudad, una remera cuello tortuga negra, una chaqueta de jean bordó y sus jeans eran del mismo color que su chaqueta, salvo sus botas que eran negras. Al verme, me abrazó fuertemente. “¡Imbécil! Creí que te perdiste”
“Nah, en todo caso, tu te perderías” me burlé correspondiendo su abrazo con una risa baja, la miré a los ojos con cariño y suspiré. “¿porqué tanto sentimentalismo? Literalmente nos vimos hace una semana.”
Chizu bufó enojada “ahora no pienso cargar tu bolso. Quería ser una buena amiga.” Me reí ante su reacción y la seguí hacia la salida del aeropuerto. “Hay mucha gente aquí y el lugar es grande, podría ser un Tokio o Shibuya en un día normal.”
Ella rió suavemente. “Bueno, en eso no te equivocas tanto. Pero aquí es un poco más grande. Incluso vas a sorprenderte por lo que te traerá esta ciudad.” Yo la miré extrañado, arqueé una ceja incrédulo y le sonreí.
“ay ajá, no te creo nada” dije y rápidamente me tragué mis palabras al cruzar esa puerta, a penas dirigí mi mirada a la ciudad, supe que estaba lejos de casa, muy, muy lejos de casa.
Chizu se rió de mi cara, me tomó del brazo y me guió hasta un auto que alquiló, allí ella me fue mostrando cada parte de aquella enorme ciudad, estuve viendo cada una de las partes de la ciudad, me sentía realmente emocionado, no podía ocultarlo ¡Era todo tan diferente! Bajé la ventanilla y me dispuse a sacar un par de fotos con el celular. Pude oír la risa de Chizu pero la ignoré, sabía que teníamos trabajo que hacer así que quería disfrutar estos breves momentos de paz antes del trabajo.
Bajamos al frente de un hotel bastante lujoso, al entrar, nos recibieron dos yokais zorros, extrañamente me recordaban a mi amiga Kitsune. Ella me hablaba y yo solo podía admirar cada detalle del hotel, haciendo caso omiso a todos los datos que ella me decía sobre Gran Mamá y cómo funcionaba el hotel.
La miré con una sonrisa nerviosa. “No me oíste ¿Verdad?” preguntó y yo solo asentí como un idiota, ella rodó los ojos y subimos al ascensor. Allí le pidió al botones subir hasta el decimo piso, decidimos quedarnos en silencio, ella parecía concentrada mirando su celular, calculo que estaba buscando algún tipo de información extra. Yo me quedé viendo al botones, era un búho, este notó mi mirada y rápidamente la aparté para fingir que el techo me parecía entretenido.
Al salir, caminamos por el pasillo, yo seguía curioso, las puertas y el pasillo tenían muchos detalles y todo gritaba “dinero” y “lujoso” por doquier. No estaba en Japón, se notaba hasta en el andar de las personas, en la respiración de los yokais y en las pisadas de mi amiga. No sonaban igual, el piso era diferente y su andar parecía ser diferente. Abrió una puerta y yo volví a abrir mi boca sorprendido, claro que no pude sorprenderme demasiado ya que ella me invitó a pasar de forma apresurada y a sentarnos a tomar un poco de té mientras analizábamos nuestra forma de contactarnos con Mads Dogs.
Así que, en resumidas cuentas, aquí estábamos, sentados en almohadones y una mesa china para tomar té en el suelo. Estoy seguro que ella lo consiguió especialmente para sentirse un poco más en casa. Sonreí suavemente ante este detalle y luego volví a concentrarme en ella. “Entonces, lo que tenemos hasta ahora son detalles de los Mads Dogs, por lo que tengo entendido ellos frecuentan un restaurante de este señor llamado “Don Hueso”. Fue él quien me dio la información de este raro grupo.”
Le di un sorbo a mi té y luego miré la foto de Don Hueso “Bueno, le hace justicia a su nombre” Chizu soltó una suave risita y negó con la cabeza. “okey, mira. ¿Te dio el número?”
“Me alegra que preguntes, no. No me dio un número pero sí una dirección.” Me mostró un papel donde tenía anotada la dirección de una calle desconocida para mi y las indicaciones de esperarlos en un callejón en específico. “No he ido aún.”
“¿Hace cuanto tienes esta dirección?” pregunté con una ceja arqueada, la conocía lo suficiente para saber que tenía toda esta información desde hace mucho.
“Tal vez… ¿Dos años? Pero volví a confirmarle la dirección hace un par de días.” Rodeé mis ojos y suspiré con algo de gracia. “¡No me juzgues! Debía seguir investigando sobre el Clan Hamato por mi cuenta antes de pedirle ayuda a ellos. Pero no consigo ninguna pista, solo apellidos como Jitsu, una tal Abril O’Neill y algunas caras disgustadas que me hablan sobre los Mads Dogs, nadie conoce a un tal Hamato. Son muy buenos ocultándose.”
“Okey, cerebrito. Vamos a descansar un momento ¿Porqué no vamos a ese restaurante a comer algo y luego a ese lugar?” Chizu sonrió suavemente, más relajada.
“Me parece bien, el restaurante de Hueso sirve muy buenos platos. Ninguno es japonés pero es bastante variado para comidas yokais y hay una sección de comidas para humanos” Ella se levantó y la miré un momento al notar su mirada analítica. “Y mañana iremos de compras, tus ropas llaman demasiado la atención”
“¿Qué hay de malo con mi ropa? En todo caso ¿No te es incómodo ir con todo eso? Realmente, pareces otra persona y no en mala forma, te ves bien pero… ¿No te incomoda? Eres una ninja” Ella soltó una risa.
“Ya vámonos, Watson. Tenemos trabajo que hacer.”
“¿WATSON? ... ¿Quién es Watson?”
El restaurante era bastante colorido, cuando entramos, un hombre de traje y huesos nos recibió “Hey, gatita! Te recuerdo ¿Vienes a comer o a preguntarme como policía?” Ella bajó las orejas avergonzadas y soltó una risa.
“Tal vez ambas…vengo acompañada de un amigo, se llama Yuichi Usagi” Ella me señaló y yo solo pude analizar al tipo, hice una pequeña reverencia ante él, no estaba siendo formal, no planeaba quedarme tanto tiempo.
“Bueno. Si quieres respuestas podemos negociar, ahora tengo mucha gente por una fiesta pero pocos empleados ¿Sería descortés que tú y tu amigo me ayuden? Prometo recompensarlos con la propina y una buena pizza como cortesía de la casa.”
“Señor, no es por ofender, pero estamos aquí para buscar a un clan antiguo y poderoso. Realmente preferiría que…”
Abruptamente me interrumpió el jefe huesudo mal educado. “Es un cumpleaños de uno de los Mads Dogs, supongo que vienen por eso”
Chizu abrió los ojos sorprendida y me miró a mí, yo negué con mi cabeza pero ella asintió, hicimos piedra, papel o tijera y ella ganó. Gruñí enojado. “Es un sí, señor Hueso. Lo ayudaremos” Dijo como veredicto final. Hueso sonrió y nos invitó a pasar a la cocina, allí había algunos empleados y nos dieron a ambos uniformes.
“Usen esto, sus armas estarán guardadas…” A regañadientes le di mis katanas. “Ejem.” Gruñí de nuevo y le di mi yo-yo. “Bien, ahora. Tus armas estarán allí” Me señaló una puerta, asumo que es su oficina. Asentí ante todas las indicaciones que nos daba.
Cuando nos dejó solos me desprendí el primer botón de mi camisa porque me sentía algo sofocado. Chizu se rió de mi y le mostré la lengua en señal de burla. Estábamos por salir cuando el ambiente cambió abruptamente, todos parecían aún más alegres.
“Llegó el cumpleañero” gritó alguien de forma efusiva, parecía bastante feliz por esto. Asumí que debía ser uno de esos perros locos ¿Qué raza serían? ¿Dóbérmanes? No, esa voz sonó poco grave para un dóberman…aunque tal vez estaba resfriado, es decir, somos yokais ¿no? Nos enfermamos cada cierto tiempo.
“Nardo, deja de gritar un momento.” Dijo otra voz, Chizu y yo miramos hacia la puerta de entrada y abrimos la boca sorprendidos.
Tortugas, eran tortugas. Cuatro tortugas de diferentes especies y…tal vez solo estábamos confundidos, a lo mejor era otro grupo que también celebraba su cumpleaños.
“Oh, vamos hermano. ¡Es el cumpleaños de nuestro pequeño! Tiene ya 19 años.” El tal “Nardo” parecía una tortuga de orejas rojas. Miré a Chizu algo extrañado, decidimos acércanos de forma respetuosa.
“Bienvenidos al restaurante de Hueso. ¿Tienen reservación?” Preguntó Chizu con una sonrisa dulce y felina. Las cuatro tortugas nos miraron extrañados, como si fuéramos humanos o una especie en peligro de extinción. Una imponente tortuga alta y de bandana roja nos miró acercándose un poco.
Chizu quiso gritar del susto al verlo pero se recompuso con una sonrisa nerviosa. El tortuga caimán, por lo que sospecho, nos miró y sonrió ¿amable? “Oww, deben ser nuevos. Soy Rafael, tenemos reservación siempre. Clientes frecuentes si te lo preguntas” Parecía mayor que ellos y amable, el de cinta morada nos miraba con sospecha y el de azul también.
El de morado se acercó al rojo y, con su mirada despectiva, nos miró con algo de superioridad. “Sí… ¿Han leído en la lista algo de los “Mads Dogs”? Somos nosotros, así le gusta ponernos Sr. Hueso. Por lo tanto, si no les importa, me gustaría que nos llevaran rápido a nuestra mesa”
“Donnie!” regañó el más bajo de los tres. “Es mi cumpleaños, sé amable.” Nos miró a los dos con una sonrisita. “Discúlpalo, odia los extraños.”
Chizu y yo parecíamos como si fuéramos idiotas, nos quedamos viéndolos fijamente, luego nos miramos y yo fui el primero en accionar ya que Chizu parecía que le iba a explotar el cerebro. Rápidamente leí la lista, noté el nombre “Mads Dogs” y los guie a una mesa algo apartada pero con un solo asiento semicircular para los cuatro. Notaba que los cuatro no dejaban de mirarme, me hice a un lado para que se sentaran, instintivamente hice una reverencia que duró hasta que se sentaron. El de naranja se sentó al medio, a su derecha se sentó el tal Donnie y el de azul. La tortuga amable llamada Rafael se sentó en el lado izquierdo, supongo que es porque es demasiado grande y este vale por dos. Parecían no querer hablar ante mi presencia. Solté un suspiro y les sonreí con fingida amabilidad. “¿Qué van a pedir?” al de morado parecía no gustarle mi sonrisa porque frunció el ceño de nuevo, aguanté mis ganas de rodarle los ojos y dirigí mi mirada al de naranja, le daba atención al cumpleañero después de todo.
“¡Oh! Queremos cuatro pizzas, las cuatro de carne y hongos, por favor.” Al menos son amables, pensé. Asentí anotando eso en una pequeña libreta. “¿Puedo tomar alcohol?” Arqueé una ceja ante eso.
Levanté mi vista y noté que sus hermanos lo miraban reprobatoriamente. Tragué un poco de saliva. “Eh…si no tienes 21 lamento informarte que no estaría bien por las políticas del lugar.”
“Pero ya tuve 12 años, si le das vuelta forma 21 años.” Bromeó el de naranja, “Nardo” soltó una risotada.
“De verdad, no entiendo tu mente Mickey” dijo el de bandana morada y me miró fijamente. “Gaseosas, nada más. Una coca cola estará bien.” Un pequeño quejido escuché y asentí con esa falsa sonrisa que tenía.
“Bien, les traeré eso.” Me di la vuelta y seguí mi camino lentamente, cuando noté que ya estaba en una distancia prudente, aceleré mis pasos hacia la cocina. Allí estaba Chizu con una mirada perdida. Ambos nos miramos unos segundos para después empezar a reír a carcajadas. “PERROS.”
“¡Lo sé!” contestó Chizu entre risas. Ambos no parábamos de reír, sentía que mi estomago iba a reventar de la gracia que me daba toda esta situación.
Cabe aclarar que esa noche fue de muchas risas, no solo porque el grupo Mads Dogs parecían divertidos en celebrarle el cumpleaños a su hermano más pequeño. Mi primera experiencia como mesero fue sorprendente, gracias a las habilidades como samurái pude ser bastante ágil con las comidas que salían y con Chizu pasaba lo mismo. Ambos estábamos bastantes felices y divertidos, era extraño ser empleados en Nueva York y era extraño conocer yokais tan diferentes a mi mundo.
La hora de cerrar había llegado pero el grupo Mads Dogs seguían festejando y divirtiéndose como nunca. Fui hasta la oficina de Hueso para preguntarle que hacer con los invitados y un llamado me hizo parar en seco. “Hey, Little bunny!” ese maldito apodo. Inhalé y exhalé, me di la vuelta para ver la sonrisa más encantadora del mundo. “Lamento llamarte así, de seguro sonó extraño.” El de orejas rojas parecía divertido por mis reacciones. “Pero no sabía como captar tu atención. Me gustaría que nos trajeras cuatro vasos de agua y unas papas para llevar ¿Puede ser? Prometemos que es nuestro último pedido de hoy.”
Debo admitir que me sorprendió un poco lo intuitivo que era el de bandana azul. Asentí sin emitir sonido y me fui de allí, el silencio de esos cuatro me hizo estar algo en alerta pero decidí ignorarlo. Los yokais hicieron las papas y me las dieron en una caja de cartón, lo puse en una bandeja con seis vasos y una jarra de agua con hielo. Me dirigí a la puerta rogando acabar con esta tortura de ser empleado.
“Cuidado, conejo” Estaba tan concentrado en llevar la bandeja que di un brinco rápido cuando una especie de palo se atravesó entre mis pies. La bandeja salió volando, en el aire, pisé la cabeza del de bandana morada para tomar propulsión, agarré la bandeja aterrizando en la mesa, moví esta intentando agarrar los cuatro vasos y la jarra de agua. Las papas seguían en el aire y lejos de la bandeja, estiré mi pierna y esta cayó justo en el incomodo zapato que usaba, suspiré aliviado de que nada se callera al suelo.
En eso, abrí los ojos como platos, miré a los cuatro y noté que estos me inspeccionaban con la mirada de forma crítica. Chizu, quien había estado limpiando, se acercó y me jaló la pata alejándome de ellos y tirando todo en la mesa. “¿Quiénes son?” preguntó el, ya no tan amigable, cinta naranja.
“Empleados” respondió Chizu nerviosa, era buena mintiendo pero sabíamos que todo el ambiente amistoso había cambiado por completo.
“Empleados” dijo burlonamente el de cinta morada. Sacó una especie de Bō ¿tecnológico? ¡Espera esa cosa brilla! Rápidamente puse a Chizu detrás de mí y la miré fijamente.
“Dile a Hueso que debemos irnos.” Ella entendió y salió corriendo hacia la oficina de Don Hueso. Yo estaba preparado para pelear si era necesario, iba a alinear mis brazos de otra forma pero me enojó el hecho de que la camisa y el chaleco no me dejaran. Gruñí y decidí ponerme en mejor posición dejando que la tela se rasgara un poco. “Mira tortuga, no tengo ganas de pelear.”
“Eso diría un cobarde. Mira, conejo, no estamos familiarizados contigo y tu amiga. De hecho, ninguno de nosotros los hemos visto alguna vez, se nota que son extranjeros.” El de cinta azul se levantó de su asiento poniéndose al lado del de cinta morada. Sacó dos katanas y eso me hizo sonreír. “¿De qué te ríes, conejito?”
Me desprendí un par de botones de mi camisa sintiéndome bastante confiado. “Lo suponía, los ninjas a veces son tan descuidados. Sin ofender Chizu.” Rápidamente pisé una escoba al lado mío y esta voló por el aire, lo agarré justo a tiempo. Los apunté con esta con una sonrisa ladina. “¿Quieres jugar? Jugaremos perrito loco” me burlé de él y su nombre. Ya me habían hartado, quería irme de ese lugar y estaba agotado por estar trabajando sin poder comer algo.
Rápidamente esquivé el ataque imprudente del de morado, le puse la escoba al medio y, aun sosteniéndola con mis manos, me agaché deslizando uno de mis piernas y pateándole el pie a este tirándolo al suelo. Di una vuelta completa y salté dejándolo atrás de mí como una especie de rehén. “Miren, no quiero pelear. Pero parecen muy paranoicos ¿Porqué no nos relajamos y…” Una cadena mística salió volando detrás del de cinta azul y yo pude esquivarlo rápidamente. “Hey ¿Tres contra uno? Eso no es justo.” Noté rápidamente que las cadenas agarraron al de cinta morada para reincorporarlo. “carajo” susurré, no eran tan tontos.
“USAGI” gritó Chizu dándome mis katanas. Solté la escoba y rápidamente fui con ella para recibirlas. Miré a las cuatro tortugas con enojo. “Ya me encargué de Don Hueso” murmuró hacia mí pero eso solo hizo que una katana saliera volando hacia mi y se clavara en nuestros pies.
“¿Qué le hicieron a Don Hueso?” Preguntó el de cinta azul caminado hacia nosotros, con una mirada filosa. Creo que interpretó mal las palabras de mi amiga…solo creo.
Este alzó su mano y se abrió un portal arriba de nosotros. Abrí mi boca sorprendido, allí noté que unas cadenas doradas se abalanzaban hacia nosotros, Chizu me empujó y ambos rodamos por el suelo, rápidamente nos incorporamos corriendo por todo el lugar, escapando de las cadenas y portales extraños.
Harto de esto, me di la vuelta y empecé a ir tras ellos, saltaba cada portal e intentaba que ninguna cadena se me atravesara, di un salto y alcé mis dos katanas, di un giro en el aire y fui directo hacia él haciendo que nuestras katanas chocaran entre sí. Empezamos a pelear entre nosotros dos, al mismo tiempo, Chizu distraía a la tortuga naranja y morada. Los cuatro peleábamos hasta que una gran mano roja nos agarró a los cuatro, nos mantuvo apretados. “Basta.” Era la voz de Don Hueso. “No puedo atender mis llamadas sin que hagan líos ¿En serio? Gracias por ir a investigar y avisarme Rafa.” El mayor de todos asintió y nos soltó.
Yo miré al de bandana azul y este me sonrió de lado, de seguro quería disculparse pero le gruñí en respuesta. “Ouh, conejito. Tranquilo, no debes actuar tan rudo.”
Mis cejas se fruncieron más y apunté con mi katana su cuello. “Cállate o voy a cortar tu cuello.” Realmente estaba enojado, esperaba que se callara al notar su mirada sorprendida.
“Beautiful.” Lo oí murmurar, mis orejas se levantaron sorprendidas y pude notar una sonrisa divertida en su rostro. “Ah, Hueso me alegra de que estes bien.” Se acercó a este dejándome con la espada en el aire y una mirada entre sorprendida y enojada. Quedé un poco hipnotizado por la manera tan “creí que Kitty patitas suaves y Humpty Dumpy habían ido a matarte” dirigí mi mirada a Chizu y esta me agarró rápidamente al notar que iría de nuevo a matarlo. “Pero es bueno saber que nada de eso pasó”
“Sí, sí, Pepino. Pero, otra vez, casi arruinan mi local.” Hueso lo miró reprobatoriamente. “Si no fuera porque tu hermano decidió investigar que fue lo que me pasó estarían matándose entre ustedes como salvajes.” Suspiró frustrado y agarró uno de los vasos para servirse agua. “Ahora sí, necesito la historia completa.”
“Bueno, veras, nosotros estábamos por celebrar el cumpleaños de Mickey y…” El de cinta azul se vio interrumpida por una mano en su boca.
“Ustedes no. Quiero la historia de…ellos.”
¿Hace falta explicar que mientras ellos hablaban Chizu y yo escapamos de allí? Pues eso hicimos y no está saliendo bien. Al parecer la tortuga morada no es lo único tecnológico que tiene en su Bō ¡También en su caparazón! ¡Parece una araña por cómo nos persigue! Claro que no pudimos escapar más tras atravesar un portal que se abrió en nuestros pies.
Nueva York, que ciudad mágica.
