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Familia

Summary:

Zoro tiene una hija y un esposo... pero hay algo que aun falta en este cuento.

Notes:

Para el Día 3 de la Zolu Week: Familia

Work Text:

—¡Papi, papi, papi! ¡Buenos días! —una nena como de siete años saltó directo en su futón, intentando hacerle una rara llave de lucha.

—¡Yue! ¿Planeas ganar con un ataque sorpresa? Si que tienes agallas.

El hombre abrazó a su hija y empezó a llenarla de besos, siendo especialmente ruidoso al hacer trompetitas en su cachete. La niña empezó a reírse como siempre lo hacía. Era una niña brillante y risueña, nada que ver con sus padres. Aunque, bueno, Zoro reía de vez en cuando. Nada que ver con papá Law.

—Van a llegar tarde a la escuela, muévanse —dijo Law, observando esa escena con una sonrisa—. Andando.

—Oye papi —llamó Yue.

—¿Qué pasó? —preguntó Zoro, levantándose de una buena vez.

—¿Por qué Papi Law no duerme contigo? Los otros niños dicen que sus papis duermen juntos.

—Porque papá Law y yo tenemos una relación diferente.

—¿Se quieren?

—Sí.

—Pero… ¿es diferente a como los otros papis se quieren?

—Sí, lo entenderás un día… lo importante es que los dos te queremos mucho, ¿de acuerdo?

Relajada con esas afirmaciones, la niña de cabello negro partió a terminar de arreglarse. Zoro se puso de pie para arreglarse. Observó su abdomen, la cicatriz de su parto por cesárea había sanado hace años y aun podía verse una pequeña línea. Aquel había sido un día duro, pero había valido la pena. El cumpleaños de su hija se acercaba y no pudo evitar pensar aun más en el pasado. Así que, obligándose a espabilar, fue al baño a darse una ducha rápida y después se colocó su ropa de profesor con la que daba clases, ropa que era muy ajena a su usual estilo de vivir en ropa deportiva. Entonces buscó sus supresores y encontró que ya se habían acabado. En ese momento, apareció Law.

—Fui por más, aquí están.

—¿Ya te tomaste los tuyos? —preguntó Zoro.

—No me dejarían trabajar en el hospital si no viviera drogado en supresores —comentó Law, con una sonrisa cruel—. Ten más cuidado al avisarme sobre los supresores.

—¿Ya pensaste qué le vas a dar a Yue en su cumpleaños?

—Si se parece en algo a sus padres, querrá un bate de béisbol nuevo y un guante color rojo, ambos ya los compré, ¿y tú?

—Comida, su segunda cosa favorita en el mundo.

—Realmente se parece a sus padres.

Zoro sintió como su pecho se oprimía un poco en ello. A fin de cuentas, era cierto.

[…]

—¡Papi! ¡Papiiiiiiiii! —llamó la niña, feliz de ver a su papá, con una lonchera de color morado—. ¡El profe Luffy dijo que soy la mejor bateadora del salón!

Aquel nombre casi le da un ataque a Zoro.

—¿Quién?

—¡El profe Luffy! Es nuestro nuevo maestro de gimnasia.

—¿Y la profesora…?

—Mmm… algo de mañe… no, mate… ¿matetitad?

Ah, maternidad. Su profesora probablemente se había embarazado.

—¡Yue-chan olvidaste tu chamarra! —llamó una voz.

Y Zoro sabía de quien era esa voz. Su cuerpo entero parecía congelado y electrificado al mismo tiempo. Quería tomar a su hija y salir corriendo. Pero era muy tarde. Ahí estaba él. Se veía más grande y fornido que como le recordaba. Pero esa sonrisa aun brillaba con más intensidad que el sol. Y cuando los ojos de Luffy se posaron en sus ojos, algo dentro de su cuerpo se retorció, algo empezó a punzar, a latir, a agitarse como un desastre natural. Su corazón estaba enloquecido y podía sentir que todo su cuerpo se desquiciaba. La expresión de Luffy también cambió por completo, parecía atónito de ver a Zoro ahí (a fin de cuentas, este se había mudado hace años, pero nunca quiso decirle a donde). Los dos se miraron sin poder decir una sola palabra.

—Yue-chan, después me invitarás a tu cumpleaños, ¿verdad?

—¡Sí! ¿Verdad que sí, papi?

Zoro miró a su hija y no pudo decir lo que realmente quería decir, así que solo asintió. Extendió su mano para tomar la chamarra de su hija y sus dedos rosaron ligeramente los de Luffy, lo que solo agravió su estado actual. “Con permiso”, dijo con un gesto antes de retirarse con su hija. Quería correr, pero mantuvo una actitud calmada e inmutable.

—El profe Luffy me cae muy bien, entiende todos mis chistes y sabe que no hay nada mejor en el almuerzo de carne con arroz —dijo su hija sonriendo—. ¡Y es muy flexible!

—Suena divertido.

—Y es muy muy fuerte, ¡cargó a muchos niños!

—Sí, siempre ha sido… quiero decir, los profesores de gimnasia suelen ser fuertes.

—¿Papi?

—¿Qué pasó?

—Estas… ¿triste? ¿Hice algo malo?

Entonces Zoro espabiló y se forzó a sonreír.

—No, solo estoy cansado, papá ya no es tan joven como antes así que sino comemos pronto se me acabará la batería.

Yue hizo sonidos de robot perdiendo su energía y eso animó a Zoro, que apretó la pequeña manita de su hija en sus manos… ¿qué se supone que debería hacer ahora?

[…]

—Yue me dijo que estás actuando raro —dijo Law, mientras empacaba una maleta, le tocaba estar de guardia en el hospital esa noche—. También me contó de su nuevo profesor… ¿estás bien?

—No he logrado calmarme… me duele la cabeza —Zoro en realidad quería llorar, cosa extraña porque nunca había querido llorar, la ultima vez que lloró fue hace siete años cuando nació su hija y la tuvo en brazos.

—Oye… no pasa nada —Law le acarició la cabeza, lo cual era el máximo gesto de intimidad entre ambos—. Pero quizás… quizás deberías decirle, a fin de cuentas, parece que sus sueños cambiaron en estos siete años… y él…

—No le diré nada, Yue tiene dos papás que la quieren, eso es suficiente… quizás solo está en la escuela de paso mientras algo más sucede.

Law sacudió la cabeza.

—Zoro… te quiero y a Yue, son mi familia, pero yo sé cuanto te lastimó alejarte, la depresión posparto que tuviste fue muy seria… no digo que lo necesites porque sea alfa o alguna porquería así, solo digo que siempre quisiste en una parte de tu corazón que sea él con quien despiertas cada mañana, estoy bien con eso, pero te quiero lo suficiente para querer tu felicidad.

—Eres mí esposo, ¿qué se supone que le diga? “¿Recuerdas que cuando te abandoné y te rompí el corazón fue porque en realidad hui sin decirte que el bebé en mi panza era tuyo todo este tiempo, pero realmente siempre te quise?”

—Con el cabeza hueca solo necesitas decir “te quiero” y estoy seguro de que vendrá corriendo.

—¿Cómo lo sabes?

—Lo conozco.

—Pero y… ¿y si pasara algo? ¿y tú?

—¿Qué soy? ¿Una amante despechada? —Law no pudo evitar sonreír—. El mundo está lleno de opciones, una familia no tiene que ser de dos, además, donde Yue tuvo dos papás ahora puede tener tres. Esa niña será por siempre mi hija. Aunque nos divorciemos y te cases con Luffy, aunque vivamos en unión libre, aunque le digamos la verdad de sus padres biológicos, esa niña siempre será mi hija.

—Eso es cierto, disculpa yo…

—No eres bueno con las palabras cuando se trata de tus emociones, pero entiendo que no quieres lastimarme, y nunca lo harás, porque sé que entiendes la forma en que yo te amo y amo a Yue.

[…]

Su hijo fue un accidente, pero jamás un error. Al menos, en ese momento en el que Zoro estaba sentado en el baño con una prueba de embarazado dando positivo, no pensó que se tratara de un error. El problema era: el padre de ese bebé. Un estudiante de universidad de veintitrés años a nada de graduarse, un alfa que apenas empezaba su futuro. Zoro, un profesor de ya treinta y tres, omega solterón, no tenía nada que ver en el futuro brillante de ese muchacho. Pero las cosas habían sucedido, aunque intentó detenerlo, no pudo hacerlo. Ese chico parecía ser a todas luces su “destinado” como romantizarían los jóvenes. Realmente el concepto de destinados siempre le pareció estúpido, a fin de cuentas, siempre que creía haber encontrado a alguien, resultaba solo ser un romance común y corriente, pasajero.

¿Qué más hay que decir? Luffy siempre mostró interés en él, atracción casi magnética parecía halar de él para siempre terminar pegándose a Zoro. Se tenían estima. La estima de un profesor a un alumno, un futuro colega, ¿cierto? No podía ni debería ver algo más. Zoro se sintió repugnante, un fracaso como adulto. Sí, Luffy ya es un adulto joven, está en edad de empezar una familia si así lo quiere, pero… ¿con un omega viejo como él? La diferencia de edad debe importar en cosas como estas, piensa Zoro. A fin de cuentas, el punto de tener hijos a buena edad es poder disfrutar con ellos y que ellos disfruten contigo, no que tengan que verte ya en tus años decadentes. Porque por más que cuides tu salud, en algún punto la edad te alcanzará… además, ¡es risorio! ¿Zoro siendo padre? No tenía idea de niños, siempre elegía espacios “child-free” para estar (y porque estar cerca de bebés mucho tiempo le hacía lactar cuando era más joven), evitaba los problemas, era alguien con buen carácter para las peores cosas, por no mencionar que estaba a nada de auto proclamarse alcohólico (aunque había bajado mucho su consumo con el paso del tiempo).

No pudo evitar acariciarse el vientre “No es tu culpa, no eres un error… ¿Yo? No podría darte nada y no puedo atar a tu tonto padre a una relación así…”. Genial, ni siquiera existía un ser vivo en su vientre y ya le estaba atribuyendo identidad y sentimientos. Se regañó por hacer algo así. Porque la realidad es que estaba fantaseando, una parte de él se sentía tan apegado a la idea… Y bueno, ¿sería imposible? Todo puede aprenderse en esta vida, ser un buen padre es algo que se aprende y para lo que te preparas, no es como que el instinto realmente se encargue del trabajo duro. Ser omega no es sinónimo de ser padre o madre, puedes concebir, pero eso no te vuelve el rol. Así como hay quienes jamás concibieron y son buenas figuras parentales. Sí, eso es lógico… y aun así la culpa consume a Zoro, porque sabe que está siendo egoísta. “Habrá sido un accidente, pero no un error…”, vuelve a pensar.

Tiene que interrumpir ese embarazo, está a tiempo. Desde “el incidente” ha pasado menos de un mes. Racionalmente, Zoro sabe que no está dañando a nadie al interrumpir ese embarazo. Fue expuesto a videos de “No mami omega esa es mi piernita” como todo el mundo en muchas de los miles de campañas anti derechos para evitar que omegas decisión de su cuerpo, pero siempre se proclamó a favor de la elección y la autonomía, incluso en su tiempo ayudó a estudiantes y les asesoró para que pudieran tener abortos seguros tras pensar bien las cosas. No es algo del otro mundo. Lo sabe, lo sabe. Pero ¿por qué está tan aferrado? No es la primera vez que tiene un embarazo, por lo mismo es que pudo asesorar a otros chicos, pues es un evento que desgraciadamente sigue muy frecuente en la sociedad el que un alfa intente abusar de ti, sea para embarazarte a propósito o no. Recordó ese primer aborto, no resultó complicado, supo de inmediato que no lo quería, y actuó acorde. Aunque aquel alfa desgraciado lo había marcado, aunque todo apuntara a que sus instintos querrían al bebé… todo eso era mierda que le vendían a los omegas. La realidad fue la misma para él: no quería a ese alfa, no quería a ese bebé.

Pero el bebé de Luffy… ¿Por qué eso era algo tan diferente? Podía ver a Luffy en sus memorias, siempre sonriendo, participando en eventos deportivos, haciendo lo mejor que siempre podía. También recordó el incidente. La mirada de Luffy no estaba perdida, era decidida, pero no era la decisión de robarle todo, de poseerlo y despojarle de su dignidad… era la decisión de su propio corazón de por fin intentar arriesgarlo todo para ofrecerle todo a Zoro. Quizás las hormonas hicieron parte del trabajo en hacer tambalear su juicio, pero la verdad es que Zoro quiso a Luffy en ese momento. Su piel ardió como el fuego al ser abrazado por aquel sol, pero estaba bien, si podía soportar las llamas del infierno que seguro le esperarían por haber cruzado las líneas que un profesor decente jamás debería cruzar, entonces las cosas estarían bien. Lo hicieron tantas veces, se supone que habían usado protección, está seguro de ello… pero en algún punto todo fue tan intenso que para cuando despertó ya estaba en la cama de un hotel, limpio, y con Luffy durmiendo plácidamente en sus brazos.

Lagrimas de frustración se aglomeraron en su rostro. “No quiero… no quiero hacerlo”, pero tampoco ataría a Luffy a un destino como ese. “Tiene que vivir, tiene que enamorarse de alguien que le haga feliz, de alguien de su edad, alguien con quien puedan tener una familia como se debe”.

[…]

Es el cumpleaños de Yue y los niños corren por todas partes, hay dos inflables, uno de color rojo y uno verde, pues así los pidió la niña. Algunos maestros están presentes, así como otros padres de familia. Yue fue generosa en sus invitaciones, es como si hiciera amigos a donde fuera, sin importar su edad, carga un encanto imposible de ignorar. Zoro sonríe, porque ha visto eso antes, y un día será la perdición de alguien como fue la de él.

Entonces Zoro es raptado por Luffy, subiendo las escaleras, llegan al cuarto de Zoro.

—Tenemos que hablar —dice Luffy, más serio que nunca.

—¿De qué… tendríamos que hablar tú y yo?

—Law me lo dijo todo.

—¡¿Qué?!

Entonces una cachetada golpeó a Zoro, que apenas pudo reaccionar, notó que Luffy estaba hecho un mar de lágrimas, furia y muchas lágrimas.

—¿Cómo pudiste? ¿A quién pensabas que estabas protegiendo con eso? ¡Me rompiste mi corazón y me alejaste de NUESTRA hija! Cuando supe que estabas embarazado y que te habían comprometido sentí que el mundo se me venía abajo… y, ¿sabes? Tu plan funcionó, intenté dedicarme profesionalmente a los deportes, gané medallas y luego me lesioné, todo eso, cada parte de ese proceso pude haberlo hecho de todas formas con mi esposo y una hija a mi lado, ¡Y una parte de mí nunca te va a perdonar por haberme privado del nacimiento de Yue y los primeros siete años de su vida!

Por fin Luffy perdió la capacidad de hablar y explotó en llanto. Zoro no pudo soportarlo, cayó al suelo y le peso de sus errores lo aplastó. Empezó a llorar y pronto empezó a hiperventilar.

—¿Zoro? Oye… Zoro… ¿Estás bien?

Pero no estaba bien, estaba en medio de un ataque de pánico. Su corazón lo estaba haciendo agonizar, no podía respirar y se sentía tan arrepentido que quería gritar, pero nada salía de su boca. Era cierto, no tenía perdón. “Perdo… Perdoname… L-Luffy…”, apenas decía entre bocanadas de aire.

Luffy le tapó la boca con sus labios. Los dos lloraban, y en algún punto se besaban, mientras Zoro recobraba la calma el dolor de tantos años se aglomeraba y lo dejaba salir en el abrazo que estaban compartiendo. Luffy le sostuvo con fuerza, con cariño, le acarició la cabeza.

—Fui muy duro… pero si no decía eso, estaría enojado toda la vida.

—No me perdones nunca… no me lo merezco.

Entonces Luffy sonrió, aun con los ojos anegados de lágrimas.

—Yo soy el que no se perdona no haberte perseguido… aun así, lo hiciste muy bien, cuidaste a nuestra niña y es una niña amable, generosa, divertida y muy fuerte… no podría haberlo hecho mejor, probablemente te habría hecho las cosas difíciles.

—Yo era un profesor y…

—Lo que hicimos fue… no fue un error, ¿sabes? Pero Torao me explicó con paciencia y muchas palabras que realmente querías protegerme pero que no pudiste renunciar a nuestra niña, porque era nuestra. Eso… eso me hizo muy feliz. Te amo, Zoro… así que déjame quedarme… no sé cuanto tiempo tengamos en el mundo, pero quiero pasarlo con ustedes —Luffy se aferró a él—. ¡No necesitas divorciarte de Law, solo quiero estar aquí! Un papel y un anillo nunca serán un símbolo de que soy tuyo y eres mío… nada lo es, solo saber que me quieres es suficiente…

—Tendremos que explicarle algunas cosas a Yue…

—Podemos hacerlo poco a poco, he aprendido mucho en este tiempo, ya soy más maduro y paciente…

Zoro no pudo evitar reír.

—Zoro… podrías… ¿podrías decirme todo tú?... Sé que Torao me lo explicó, pero…

—Te amo, Luffy, y amo a nuestra bebé, de verdad que sí… pero yo en su momento sentía que no podía ser tan egoísta como para pedirte que fueras un padre cuando apenas estabas descubriendo quien eras en el mundo… pero tampoco pude no tenerla, así que Law me ayudó y acompañó todo este tiempo. Gracias a él pude soportar los días más dolorosos y también me asistió durante algunas crisis… yo también lo amo, pero es diferente, ¿de acuerdo?

—Sí, Torao ya me dijo que la forma en que ama es diferente, y a mí no me molesta, además Yue los quiere a ambos, jamás haría algo tan cruel como hacer infeliz a una niña tan adorable.

—¿Hace cuanto que…?

—Oh, Torao fue uno de los doctores implicados en mi tratamiento tras mi lesión… fue él quien me dijo que había un trabajo disponible como profesor de gimnasia.

Nadie debería subestimar la eficiencia de Trafalgar Law para resolver cosas. Zoro sudó frío, era algo temible ese hombre. Pero también se sintió muy agradecido. Esa era la forma de Law de demostrar amor: sanando. Y había sanado algo que había estado doliendo por años en su corazón.

Quizás tomaría tiempo…

Pero su familia… ahora era una familia más completa, más feliz.

En la foto de graduación de secundaria de Yue aparecen tres papás.

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