Actions

Work Header

Sobre tulipanes anaranjados y rosas rojas

Summary:

Ese mismo día en la madrugada, la encargada de limpieza entró a la habitación de Checo y se preguntó cómo había llegado un tulipán a un bouquet de flores endémicas brasileñas.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Dí mis razones

Chapter Text

Checo cerró su habitación de hotel de un portazo. Quería romperlo todo, tirar las lámparas, arrojar el florero, destender la cama, aventar los cojines por la ventana. Trató de usar los ejercicios de relajación que había aprendido en terapia, inhalar, exhalar, inhalar.

—¡Maldita sea!—Se agarró el cabello entre los dedos en frustración y empezó a caminar en círculos por la habitación. Su mente trabajando a mil por hora, incapaz de quedarse quieto. Ya había exprimido sus dotes actorales después de la carrera, ante la prensa, ante el equipo, ante Christian que lo había acompañado de vuelta. Incluso tuvo que responder varias llamadas de su familia, afortunadamente en español, si tenía que decir en inglés que todo estaba bien iba a vomitar. Mierda, incluso dejó a su padre solo en el circuito.

El segundo lugar en el mundial de constructores se le escapaba de las manos, el coche no tenía el ritmo, y cuando dice coche se refiere al RedBull en general, no específicamente al suyo como es costumbre. Ni siquiera Max logró meterlo al podio, claro que eso no impidió que le dieran órdenes de equipo con la promesa de devolver la posición si no lograba acercarse. Y todos saben cómo acabó eso. Lo que menos necesitaba era un problema de relaciones públicas.

Sin duda lo que más le quemaba el pecho era la actitud egocéntrica de Max, o debería decir Verstappen, no es como si fueran amigos, ya no. Checo lo tenía en gran estima, pensaba que finalmente había encontrado un compañero que lo apoyara, así como él lo había apoyado. ¿Era incrédulo esperar una buena relación con el neerlandés? Ya había estado en la fórmula 1 más de una década, debería haberlo esperado.

Cuando llegó muchos le habían advertido sobre la fama de Verstappen. Había decidido no creerles y fue la mejor decisión. Encajaron de una manera extraña. Algunas veces las charlas eran incómodas y los silencios cómodos, a veces lo contrario. Todos podían notarlo, el equipo parecía aliviado y la prensa alababa el compañerismo. Checo incluso sintió que una parte de su corazón se romp-.

Una inesperada comezón en la garganta interrumpió su monólogo mental, se la aclaró pero eso solo empeoró la sensación. El ardor había subido por la traquea hasta llegar a la laringe. Tosió con incomodidad, ¿había pasado mal la saliva sin darse cuenta?

Algo obstruía sus vías aéreas. En serio, lo que le faltaba el día de hoy: morir ahogado. Se apoyó de la mesa de cristal en medio de la habitación e hizo un esfuerzo consciente para continuar tosiendo. En algún punto debió poner demasiada fuerza sobre el cristal porque este se deslizó de la base, cayendo al suelo íntegro, no podía decir lo mismo del jarrón. Que dejó sobre el tapete trozos de vidrio y flores.

No prestó mucha atención porque sus pulmones seguían pidiendo aire, se abrazó el pecho y continuó tosiendo, era lo único que podía hacer. Cuando pensó que se iba a desmayar del esfuerzo finalmente expulsó lo que le obstruía la garganta.

Dando bocanadas de aire aliviado se desplomó en el suelo, sus reflejos haciéndole poner las manos antes de caer de boca. De todos modos fue mala idea porque algunos pedazos de vidrio se incrustaron en sus palmas. Mierda, sus manos, las necesitaba para manejar. Bueno al menos no había muerto asfixiado.

Gruñendo se levantó y vio el desastre de flores, agua, vidrio y sangre. ¿Sangre? Se miró las manos y en efecto tenía unas cuantas gotas. No quería lidiar con eso ahora mismo, arrastró sus pies hasta su teléfono y llamó a la única persona que lo aguantaba en estas situaciones.

Jo llegó en menos de cinco minutos con la cara sudada, su entrenador se estaba quedando en otro piso, ¿acaso había subido las escaleras en vez de esperar por el elevador? De cualquier manera Checo ya no tenía energía para pensar, dejó que Jo le lavara las manos, llamara a recepción y lo dirigiera a su habitación para darle un lugar limpio donde descansar. No supo nada más de eso hasta el siguiente día, cuando Alice le llamó a las 8 a.m. para decirle cómo se manejaría la narrativa.

Ese mismo día en la madrugada, la encargada de la limpieza se había preguntado cómo había llegado un tulipán a un bouquet de flores endémicas brasileñas.

•••

Una semanas después, Checo estaba entrenando resistencia con Jo cuando sintió ese ardor familiar en la garganta. Saltó de caminadora y se inclinó sobre sus rodillas. Tratando de aguantar el impulso de soltarse a toser descontroladamente.

—Bro, ¿todo bien? —Le preguntó preocupado su entrenador.

Checo no pudo responder, sus ojos empezando a cristalizarse.

—Si fue mucho esfuerzo vomita, no te preocupes por lo demás.

Finalmente el piloto no lo pudo contener más y comenzó a toser. Una y otra y otra vez. No fue tan doloroso como la primera vez y afortunadamente expulsó lo que le impedía respirar. Parpadeo un par de veces para deshacerse de las lagrimas y volteó hacia arriba, Jo miraba el suelo con el ceño fruncido. Preocupado siguió su mirada y vio tres basuras anaranjadas manchadas de sangre y saliva.

—¿Comiste una quesadilla de flor de calabaza?

Checo lo miró incrédulo. —Estamos en Abu Dhabi, ¿de dónde voy a sacar eso?

—Lo sé, solo que parecen. —Se agachó a recoger una de las cosas que había expulsado Checo pero este le detuvo la mano.

—¿Qué haces? Eso es asqueroso. Déjalo ahí —ordenó el piloto.

—Quiero verlo de cerca —insistió Jo.

—¿Qué tal si es un hongo o comida regurgitada?

—En todo caso es preocupante.

—No, esta es la última carrera, el segundo lugar está en riesgo. Te prometo que llegando a México me hago todos los exámenes habidos y por haber —rogó Checo, no podía dejar que una enfermedad momentánea lo distrajera del objetivo.

—Te arrastraré por todas las especialidades médicas si es necesario.

•••

La carrera fue decepcionante. Hizo lo que pudo y ya está, estaba seguro que si se ponía a analizarlo acabaría en un bucle de pensamientos tóxicos. Así que tomó un trago largo de cerveza y se recostó en el asiento. La fiesta de final de temporada de RedBull estaba en auge, con un famoso DJ tocando en el escenario y personal de todos los equipos liberándose de la tensión de meses de viajes y problemas. Algunos pilotos estaban ahí con sus parejas o amigos. Evitó hacer contacto visual con ellos, en este momento prefería estar solo.

Después de asegurarse que nadie le estuviera prestando atención, dirigió su mirada a la esquina más animada, donde se encontraba M- Verstappen bailando con su novia. Feliz celebrando sus 454 puntos y su segundo título mundial, como si no hubiera pasado nada, como si no hubiera fracturado su relación de compañeros.

Su garganta picaba y, después de dos experiencias previas, sabía que vendría un ataque de tos. Se levantó con rapidez y se dirigió al baño, asegurando la puerta. No alcanzó a llegar a un cubículo, se puso de rodillas y trató de expulsar lo que sea que tuviera en los pulmones. No era precisamente agradable de escuchar o presenciar y agradecía que no hubiera nadie en el baño. O casi nadie. Por el rabillo del ojo vio unos tenis demasiado modernos para su gusto, sus ojos se llenaron de lágrimas y lo que menos le importaba en ese momento era quién lo estaba viendo. Lidiaría con quien fuera cuando pudiera respirar.

Una. Dos. Tres. Checo se puso una mano en el pecho y puso toda su energía en un último intento que esperaba finalmente funcionara. Sintió el esputo viajar por su garganta y ser escupido con fuerza en el suelo. Puso sus dos manos en el suelo e inhaló desesperadamente.

—¡¿Qué mierda?! —Una familiar voz lo hizo alzar lentamente la vista y encontrarse cara a cara con Yuki, con la mano aún en la puerta del cubículo. Ciertamente, qué mierda. Checo se quedó callado inseguro de qué decir, no es como si hubiera tenido tiempo de armar una excusa—. ¿Qué fue eso? ¿Estás bien? ¿Necesitas un médico? Iré por él.

Checo alzó una mano. —No, Yuki. Estoy bien. —Hizo una mueca, hablar lastimaba su ya maltratada garganta.

—Pero parecía que te estabas ahogando y vomitaste sangre y… —El japonés señaló la pila de sangre y cosa naranja. Ambos se quedaron observando el desastre y el menor se acercó y tomó un trozo grande.

—Yuki, no lo toques. Puede ser contagioso.

El piloto japonés ignoró sus palabras y puso su mano bajo el grifo automático, lavando cualquier fluido corporal. Después tomó un pañuelo desechable y lo secó.

—Maldita sea. No puede ser. Joder. くそ

—Yuki, no hablo japonés. ¿Qué pasa?

El chico le puso el objeto naranja en la mano.

—Checo, dime por favor qué piensas que es esto. —Yuki exigió tratando de mantener la compostura.

El piloto mexicano analizó el objeto con sus dedos y lo movió de distintas maneras. Eso era ¿una flor? O para ser exactos lo que quedaba de una, con pétalos faltantes y otros quebrados.

—Um… ¿restos de una flor?

—Entonces tú también lo ves, no lo aluciné —dijo dándose la vuelta y tomando su cabello entre sus dedos en señal de frustración. Reaccionando como si Checo tuviera una enfermedad terminal o algo parecido.

—No estoy entendiendo —señaló Checo buscando respuestas a la actitud de Yuki.

—Vomitaste. Vomitaste una flor. La expulsaste de tus pulmones para ser más exactos.

—Eso no es posible, ¿cómo voy a tener una flor en los pulmones? —dijo obvio Checo.

—¿No fuiste a clases de ciencias naturales?

—Nunca presté mucha atención en la escuela.

—¡¿Quién es?! Oh Checo, qué pasará con tu esposa y tus hijos. Necesitamos encontrar a esa persona y traerla para que solucione lo que causó. Te juro que cuando la o lo vea voy a… —Hizo unas preocupantes señas con las manos.

—Yuki, no te estoy entendiendo. ¿De quién hablas?

—De la persona de la que estás enamorado y no te corresponde. —¿Qué?

—No estoy enamorado de nadie, tengo una esposa y la amo.

—¿Y ella te ama?

—Por supuesto, yo-

—¡Entonces por qué diablos tienes Hanahaki!—gritó Yuki.

—¿Hana- qué?

—Oh maldita sea, soy muy joven para explicar esto. Está bien, empezaré con lo más básico.

Yuki se sentó al lado de él en el piso del baño y evitó su mirada mientras comenzaba a explicar. La enfermedad de Hanahaki es causada por un amor uniteral, donde la persona escupe pétalos y flores cuando sufre de un amor no correspondido. Las raíces de la planta comienzan a crecer en el corazón y los pulmones, aumentando gradualmente con el tiempo. Hasta que eventualmente las flores saturan los pulmones y las vías respiratorias provocando un paro respiratorio.

—¿Me voy a morir?—Checo pensó al borde del pánico. Sus hijos eran muy pequeños para dejarlos sin su padre.

—No, no. Hay opciones. No ha habido una muerte por Hanahaki en Japón en 5 años, el gobierno te obliga a realizarte la cirugía al ser detectada. Pero en otros países es decisión de la persona.

—Vale, entonces me haré la cirugía.

—¿Estás seguro? Perderías todos tus sentimientos y recuerdos con la persona, además de que es posible que nunca te vuelvas a enamorar.

Ni siquiera sabía de quién se supone que estaba enamorado, ¿no sería tan importante si ni siquiera la reconocía? Pero no enamorarse jamás… Checo era una persona muy romántica y le encantaba ser así, tener cenas a la luz de las velas, llevar serenata con un mariachi. Así había conquistado a su esposa, todavía recordaba la emoción juvenil y el pensamiento de que había obtenido su “felices para siempre”. No tenía idea de en qué parte del camino se perdió, porque en vez de tener mariposas en el estómago, tenía flores en los pulmones. El amor le había dado sentido a su vida. Amaba a su familia, a sus amigos, a sus parejas. Se negaba a imaginar una vida tan solitaria y fría.

¿Traicionaría su esencia a cambio de una vida monótona? ¿Seguiría siendo él mismo sin una parte fundamental de su ser?

—¿Cuál es la otra opción? —preguntó, el aire faltándole pero esta vez debido al pánico y la perspectiva de su futuro.

—Morir—soltó el piloto de AlphaTauri y Checo casi se desmaya ahí mismo de no ser porque el japonés volvió a abrir la boca—. O hacer que esa persona te ame de vuelta.

—¿Hacer que me ame de vuelta?

—Que se enamore de ti o te corresponda. Así te curas sin algún efecto secundario. Claro que estás bajo reloj, si ya comenzaste a escupir flores casi completas.

—¿Cuánto tiempo?

—No lo sé, ¿tengo cara de doctor? En los mangas siempre dice que consultes a un especialista y no te autodiagnostiques.

—¿Mangas?

—Y anime, en Asia les fascina el concepto, sacan como 10 películas al año sobre Hanahaki. Demasiado sádico y morboso incluso para mí.

Demasiado sádico para cualquiera. ¿A parte de que su amor no sea correspondido también tienen que sufrir por la enfermedad? ¿Sería Dios tan cruel para dejarlo sufrir a él, que siempre va a misa y reza diario? La flor en su mano que brilla como un hermoso atardecer le contesta. Al parecer lo es.

—No sé que hacer —declaró finalmente derrotado.

—Regresemos el hotel. No estoy en el ánimo de festejar —le sugirió Yuki.

—No te preocupes, puedo regresar solo. No es como si alguien me fuera a extrañar.

—No seas un idio- —Yuki respiró profundamente controlando su impulso de maldecir—. Es decir, me importas Checo, a la mayoría del equipo le importas. Ahora vamos, necesitas un descanso.

Yuki lo ayudó a incorporarse y fue su ancla durante el trayecto hasta la salida, no confiaba en sí mismo para mantenerse de pie. Pidieron un taxi y subieron a la habitación de Checo, donde expresó la necesidad de que lo dejara solo esa noche, Yuki accedió algo reacio y le hizo prometer que lo llamaría si necesitaba algo.

El hombre se desplomó en la cama y empezó a llorar, abrazándose a sí mismo. Pidiéndole perdón a su cuerpo por haberlo metido en este embrollo a pesar de siempre haberlo cuidado adecuadamente. Ni siquiera sabía si podría seguir siendo piloto de fórmula 1. Si el desgaste físico de una carrera se iba a sumar al de la enfermedad, terminando contra los muros por una tos o por falta de fuerza.

Sus lagrimas se secaron a la hora, su cabeza dolía y se sentía solo. No tenía ganas de dormir tampoco, así que abrió YouTube y tecleó Hanahaki, necesitaba obtener la mayor información posible para tomar una decisión. Dio click en buscar.

6,539 resultados
Día #7 después de mi operación por Hanahaki
¿Cómo saber si tienes Hanahaki?
Hanahaki causas y tratamientos
3 claves para entender la infección de Hanahaki
Mi primer amor: una historia sobre Hanahaki Trailer HD
Tratamiento experimental para Hanahaki avanza a fase clínica 2
Tokio, el epicentro para el tratamiento de Hanahaki
¿Cómo nos conocimos? De casi morir por Hanahaki a casarme con ella

Con cada video que veía y cada dato grabado en su cerebro estaba más confundido. Entendía perfectamente el aspecto físico de la enfermedad, el aspecto psicológico era lo inquietante. ¿Cómo sabía su cuerpo que no era correspondido si ni siquiera podía apuntar a una persona y decir que la amaba? ¿Por qué él era el uno en un millón?

Temía el momento en el que tuviera que contárselo a alguien. Sabía que tenía que ir a consulta con un especialista y que no quería hacerlo solo. Tal vez Jo o Xavi pudieran acompañarlo. Pero antes de actuar necesitaba estar 100% seguro de que no era su propia melancolía por estar alejado de su esposa. Verificando la hora en Mexico hizo la llamada, tenía que intentarlo.

Ella le respondió con una cálida sonrisa a través de la pantalla.

—Mi amor, felicidades por una gran temporada. Todos estamos muy orgullosos de ti. Los niños incluso te escribieron una carta —comentó mientras se movía por la cocina y hacía lo que parecían unos sándwiches.

—Gracias, espero verlos pronto. Es de madrugada aquí, solo llamaba para decir que los amo. Te amo.

—También te amo, cielo. Ya descansa, no podemos esperar para verte.—Le mandó un beso por la videollamada.

Checo colgó con una sonrisa falsa, ni siquiera se despidió como debía, sabía que si lo hacía comenzaría a llorar y enfrente de ella y la preocuparía. Era una mujer perfecta, no se merecía ser traicionada así. Checo estaba enojado consigo mismo, cómo diablos se había enamorado de otra persona cuando tenía a la mujer ideal a su lado.

Esperó unos instantes para ver si había funcionado, aunque en el fondo sabía que no lo hizo. Se tuvo que tragar una tos a mitad del te amo. Cosa que le pasó factura porque tosió y la sacó. Esta vez eran solo pétalos, que según decían eran más rápidos y menos dolorosos de expulsar.

Sí, definitivamente estaba arruinado.