Chapter Text
Estaban rodeados. Los cadentes los tenían contra la espada y la pared. Los tres amigos estaban jadeantes, aguantando, resistiendo, aunque fuera un solo latido más.
Se lo debían.
Ignis estaba plenamente concentrado en su tarea, Gladio embestía a los enemigos con aparente fiereza, pero era más que evidente a ojos vista cada vez estaba más agotado por el sobreesfuerzo, no era para menos, llevaban horas combatiendo.
Prompto resistía a duras penas su propio dolor interno, aunque todos sufrían por el devenir de Noctis, no podía evitar que la herida sangrante de la separación le hiciera casi daño físico. Tenía el corazón paralizado por lo sucedido.
Por lo que iba a suceder.
Debería haber dejado que le dijera lo que iba a decirle antes de entrar a la sala del trono… En aquel instante se sentía tan estúpido.
—¡Prompto! —Gritó Gladio, inmiscuyendo su mandoble entre el joven y el Ferrogante luminoso que atacaba sin cuartel al rubio, parando el golpe mortal a duras penas. —¡Concéntrate! ¡No te distraigas! —Le instó. La preocupación teñía su voz hasta límites insospechados. —¡No puedes morir aquí! ¡Un paso en falso y puede ser el fin!
—¡Eso es cierto, Prompto! —Dijo Ignis a su espalda. —Le has prometido que escucharías lo que tiene que decirte cuando regrese, ¿no es cierto?
El más joven del grupo tragó saliva, mirándolos. Por un instante, pareció que el tiempo se detenía, comprendiendo la verdad: que ambos lo sabían.
Sabían lo que había entre los dos. Las lágrimas pugnaron por salir de sus ojos, pero se resistió, apuntando de nuevo con el arma a sus enemigos.
Solo debían resistir un poco más, se dijo en silencio, cómo un mantra sin fin.
La luz del amanecer llegó tan de repente que casi les desconcertó. Curiosamente, Ignis fue el primero que alzó el rostro, cortando su propia respiración. Podía percibir algo, a través de todos los años de oscuridad en sus ojos. Algo cálido, allí en el fondo, que lo hacía estremecer. Y sabía exactamente que era.
Los cadentes comenzaron a huir despavoridos por la luz solar, que aunque tímida, hacía estragos en sus escamas malditas, en su piel putefactra y entonces, solo entonces, Gladio y Prompto se percataron de la verdad.
Todo había terminado.
Ignis y Gladio se quedaron contemplando como comenzaba a despuntar el amanecer, luego de más de diez años de oscuridad. Prompto, por su parte, se giró sin miramientos hacia palacio, echando a correr. Las escaleras parecían ser una amalgama de infortunios que no le dejaban alcanzar el final, su destino: Noctis.
«Noonononono no. Dime que no es verdad, por favor.» Se decía a si mismo con las lágrimas a punto de verterse por sus ojos, pero resistiéndose a dejarlas en libertad a duras penas, impidiendo por ese hecho que pudiera ver con claridad. Si lloraba se haría real su mayor temor, su perdida. La vuelta del amanecer no sería suficiente para él, porque la luz de su vida se habría marchado y esta vez de forma definitiva.
Aun sumido en su aturullo pudo sentir los pasos precipitados de los otros dos en su carrera contra reloj.
«No por favor.» Tenía tanto que decirle. Tanto que compartir. Quería despedirse si era el caso, lamentando su decisión de horas antes de no haberle escuchado, justo después de haberla tomado. Prompto abrió las puertas de la sala del trono con fuerza, mirando con los ojos desorbitados a todos lados hasta encontrarle.
El corazón se le detuvo en el pecho.
No… no podía ser cierto.
Con la respiración temblorosa y el paso indeciso, se acercó hasta allí, hasta el cuerpo que estaba tendido en el piso. La piel mortecina y la respiración inexistente le hicieron querer morirse con él. Con un sollozo sin contención, se dejó caer al lado del cuerpo de su amado, llorando a lágrima vivía al fin, mientras los otros dos imitaban el gesto en silencio, observando la escena, dándose consuelo mutuo.
—No… no puede ser verdad… —Susurró con la voz ronca, abrazándole, zarandeándole para que despertara, pero en el fondo, sabiendo que era inútil. Sus lágrimas manchaban la tela de su pechera, pero no importaba. Nada importaba ya. Fue consciente de forma vaga que una leve sonrisa decoraba los labios de Noctis, sabiendo, en su último aliento, que había hecho lo correcto, lo que debía. Salvar a la humanidad. Su misión estaba cumplida, incluso a ese precio.
Prompto gritó más fuerte al entender ese hecho: la realidad. Trayéndolo hacia así, meciendo su cuerpo muerto contra él, desconsolado.
—Te quiero… —Susurró, contra su oído. —Siempre te he querido, Noct… Ojalá me hubiera atrevido hace mucho tiempo a decírtelo… —Gimió. Todas las veces en su viaje, o incluso antes, cuando hacían los tontos de adolescentes, había estado eso ahí, pero, temeroso, lo había ignorado.
Ahora nunca sabría que le había querido decir antes de entrar en la sala del trono, quedándose con la duda perpetua atenazándole el corazón por siempre, comprendió mientras lo mecía en su regazo sin consuelo. Le acarició el rostro, buscando su contacto, apartándole el cabello largo de las mejillas, admirando su rostro tranquilo, sintiendo su cuerpo, que a cada instante estaba más frio. Se agachó, robándole un beso.
El último.
—Te amo… —Las lágrimas comenzaron a salir con más fuerza. Ya no le importaba nada. Ni que Gladio e Ignis estuvieran ahí. Ni que el mundo se hubiera salvado. Ni que él se estuviera muriendo por dentro como el cadáver que tenía en sus brazos.
Nada.
Estuvo abrazándole y besándole todo el rato que pudo, por él se hubiera quedado allí hasta el fin de los sidéreos, intentando no romperse por completo, tenerlo cerca todo lo que pudiera aunque fuera de aquella manera y entonces… entonces Noct dio una fuerte bocanada de aire.
Prompto sufrió un sobresalto, casi tirándolo lejos de si por el susto. Todos le miraron con los ojos desorbitados, sin creer lo que veían. Podían ver como su pecho subía y bajaba, como este comenzaba a moverse de nuevo de forma desacompasada y como sus parpados comenzaban a abrirse, primero con un aleteo pesado y, luego intentando enfocar la mirada, encontrándose con la de Prompto.
—¿Qué…? —Tosió, intentando recuperar el aire. —¿Qué ha pasado?
—¡NOCTIS! —Prompto le abrazó con fuerza. Gladio e Ignis se lanzaron también sobre ellos, casi aplastándolos. La mente del monarca, embotada los primeros segundos, miró a su alrededor y terminó por entender.
Recordar.
Había luchado. Luchado contra… Ardyn.
—¿Estoy… muerto? —Dijo con la voz pastosa, sin reconocer su propio tono. Sentía la mente aletargada, igual que su lenga, que parecía ir a descompás de sus dictados.
Promto lloró con más fuerza al escucharle, negando contra su cuello una y otra vez. Viendo que su amigo no podía contestar, miró a los otros dos, que no estaban mucho mejor, Gladio lloraba de forma desconsolada, intentando apartarse las lágrimas sin mucho éxito del rostro, mientras que Ignis le asentía, hablando con voz queda.
Los tenues rayos del amanecer comenzaban a inundar la sala y Noctis sufrió un estremecimiento, entendiendo.
Había estado muerto.
Ignis le contó lo sucedido, mientras Prompto no se separaba de él un solo instante, abrazándole, e incluso besándole delante de los otros. Cuando Ignis terminó su relato, con una sonrisa tierna en el rostro al mirarlos, Prompto tomó su rostro entre las manos, juntando sus miradas, lo volvió a decir.
—Te quiero Noctis. Por favor, nunca más te vuelvas a separar de mi lado. —Dijo con plena sinceridad, sus ojos violáceos eran la viva imagen de la inocencia y la pureza y parecían brillar con luz propia. Los ojos del rey se abrieron de par en par al escuchar sus palabras por fin, largo tiempo aguardadas, ruborizándose por entero. Prompto no le dejó decir una sola palabra más, dado que tomó sus labios entre los suyos, fundiéndose prácticamente en uno.
Noctis le devolvió el beso, al principio de forma reticente, habiéndole pillado desprevenido todo aquello, algo torpe pero luego entregándose al contacto. Sintiendo la piel de Prompto, su peso, su respiración errática ante la situación, su propio corazón loco, vivo, en su pecho.
Había muerto y vuelto a la vida.
Era un sueño maravilloso que nunca se hubiera atrevido a soñar.
