Chapter Text
꒰ ﹒ “A veces te contempló en una rama, en una forma, a veces horrorosa, en la noche, en el barro, en cualquier cosa, mi corazón entero arde en tu llama. Sé que el cielo entre tus labios me ama, que el aire forma tu perfil de Diosa de oro y de piedra, sola y orgullosa, que nadie existirá si no te llama. Entre tus manos quedaré indefensa, no viviré si no es para buscarte y cruzaré el dolor para adorarte. Pues siempre me darás tu recompensa, que es mucho más de lo que he pedido y casi todo lo que habré querido.” ﹒ ꒱
El sudor corría por su cuerpo entumecido del dolor. En una sala vacía y oscura. La chica de juzgo inútil blandía su espada, ya hace horas, movida por la inspiración de la reciente derrota a manos de aquella «Zenin». El exhaustivo entrenamiento le rompía de dentro hacia fuera ante la realidad de una poca mejoría, sus fuerzas para portar el arma decaían al igual que sus piernas flaqueaban y el suelo pronto se convirtió en lugar de reposo.
Acaricia el frío de la madera y pregunta con su voz gastada:
—¿Por qué a pesar de mi esfuerzo, no puedo ser igual a ella?–
La frustración abundó, y la confianza que alguna vez tuvo en si misma, se esfumó.
— ¿Qué hay de malo en mí?–
Su boca calló lo que lágrimas frustradas delataron. Por mucha determinación que tuviese, se necesita talento para convertirse en un buen hechicero; su mayor carencia.
Aún derramando lágrimas y sangre de sus manos gastadas por el mango de la katana, obtuvo el valor de levantarse una vez más. Seca sus penas con las mangas arrugadas del uniforme para así abandonar la sala. El sol de la tarde le acaricia el rostro, la suave brisa del exterior reconforta la cansada mente de Kasumi, al fin podía respirar hondo, aclararse de inseguridades.
Caminó por los senderos de la escuela, en medio del abrumador silencio, cargando con el único objeto que le distingue del resto. Podía oír sus latidos, las hojas mecerse por el viento, gatos y perros pelear a la lejanía. Le disgustaba esta soledad. La cabeza de Miwa sólo podía pensar en aquella chica que le había vencido tan rápido en el evento. . Maki. Sí. Maki. . Solía olvidar muchas cosas, pero su nombre, su figura, su habilidad, estaba tan grabado en ella que parecía irreal.
En el fondo de su corazón envidia que alguien así, sin energía maldita, pudiera ser tan bueno combatiendo. Le guarda rencor y, al mismo tiempo, desearía ser como ella.
— Miwa.–
No oyó la voz que resonó a sus espaldas. Siguió cabizbaja su camino, tan solo quería ir a casa.
— ¡Miwa!–
La gentil voz se volvió macabra e hizo que respingará del susto, su instinto le hizo huir sin siquiera mirar atrás pero algo (o alguien) le tomó del cuello del uniforme.
— Sálvame, Dios. . .– Pensó.
Allí acabaría todo, sólo podía imaginar que una maldición se coló y ella sería el almuerzo; al menos vivió una buena vida. Aquel estúpido pensamiento se disolvió cuando todo este tiempo fue la profesora Utahime queriendo captar su atención. Lucía molesta; en cambio Miwa sólo sonrió nerviosa. Avergonzada de haber pensado eso. .
— S-señora utahime. . ¡Lo siento, lo siento! Estoy muy cansada y no pude oírla ¡Por favor no me haga nada!– Suplicó clemencia a sabiendas de su mal humor.
Hubo segundos de silencio en que la mirada penetrante de Utahime le hicieron cuestionar si de verdad esto era mejor que toparse con uno de esos mounstros. Todo por haber pensado tanto en esa chica, ahora de verdad la maldecía.
Fue grato el alivio en el corazón de Miwa cuando utahime suspiró cansada y retomó las palabras que quería darle.
— No tienes remedio. . Bien. Tienes una misión, Miwa.– Demandó tras soltar el uniforme de Kasumi. — Espero estés lista-
— ¿¡A-Ah!? ¿¡Una misión!? Eso es. . Uh. . Bueno ¡P-pero mireme! ¡No estoy en condiciones!–
Utahime miró de arriba-abajo a Miwa, tan solo le sacudió algo de polvo que tenía en su uniforme. Si bien lucía cansada, era una misión importante y la falta de hechiceros complicaba las cosas, utahime, con un pesar en el corazón, debió ser recta ante las decisiones dadas por los altos mandos. Tuvo que mantener un semblante rudo.
— Miwa, sé que vienes de practicar, pero no tenemos más opciones. Se te ha convocado a la prefectura de Shizuoka debido a reportes de extrañas desapariciones. Tu misión es la de encontrar a la maldición o razón detrás.-
— ¿¡Shizuoka!? ¡Eso es demasiado lejos! ¿No debería encargarse la escuela de Tokio?– Exclamó Kasumi confundida y algo hastiada.
— Déjame terminar.– Refunfuñó Utahime — Debido a que Shizuoka se encuentra en un inusual punto central, tu compañero será de la escuela de Tokio. Ambos tendrán el objetivo de cuidarse y hallar a la maldición que esté causando problemas. Es fácil, sé que podrás hacerlo, Miwa.–
Miwa, sin poder hacer más, aceptó a regañadientes. Aunque al pensarlo bien, la misión no sonaba mal para distenderse.
Utahime se despidió de Miwa, confía en su capacidad para lograr esta misión, mas no puede evitar sentirse inquieta. Había algo extraño en este pedido de los altos mandos.
Miwa había salido hacia la estación de trenes y, por suerte, alcanzó uno justo a tiempo. Le deparaba un gran viaje; dos, casi tres, horas que podían ser eternas o ser llevadas en un suspiro. Sea como sea, sólo podía ponerse cómoda en algún asiento alejado del barullo; sentada cerca a la ventana junto a su preciada katana.
A medida que avanza el tren, ve los edificios, los árboles, a las personas. Esa normalidad sin preocupaciones más que pensar en qué comer a la noche, despertar para el trabajo o haber hecho los pendientes. Ansía regresar a esa vida tan común, pacífica e ignorante; detesta ser hechicera, esta presión de no saber si habrá un mañana en cada misión. Tal vez ya no tenga cómo dar el paso atrás, entonces debe seguir hacia adelante, seguir esforzándose, ser. . Ser tan fuerte como Maki y así, sólo así asegura ese mañana. Cuando creyó haberse despejado, la chica retorna a sus pensamientos, invade y se pasea por el borde filoso de su mente, se mofa y vuelve a desaparecer.
— Si sigo así enloqueceré. . O creo que ya lo he hecho.– pensó miwa mientras cerraba los ojos.
Al final cayó en el mundo de los sueños, donde podría tener esa vida pacífica, al menos, durante algún tiempo antes de que el tren frenase y el dolor de su frente chocar contra el asiento de enfrente le despertase — ¡Ghahh!– quejió retorciéndose, pero ver la estación destinada le hizo olvidar todo dolor.
Saltó de su asiento y corrió hacia fuera, abriéndose paso entre la gente para respirar el aire fresco con una enorme sonrisa en el rostro pues el viaje no resultó tan largo. Ahora tenía que encontrar a su compañero. Buscó con la mirada alguien que destacase, visualizando a lo lejos una chica con el, aparente, uniforme de jujutsu. No dudó en ir hacía ella, lucía un poco ansiosa por conocerla ¿A lo mejor era nueva? Se moría de ganas por saber.
— ¡Hola! ¿Tú eres. .?– Alegre, le tomó del hombro, pero una cara que jamás olvidaría le haría cortar sus palabras.
— ¿Hm? ¡Oh! Pero si eres tú – Sonó una voz marcada y fuerte — ¡La chica del evento de intercambio! Creo saber tu nombre. . Kasumi ¿Cierto?– Soltó una risilla — O Miwa, algo así, soy mala para diferenciar nombres y apellidos. Es una sorpresa que seamos compañeras esta vez ¿Eh?–
Esto no podía estar ocurriendo, de todos los alumnos que hay en Tokio ¿Por qué Maki tuvo que venir? ¿El mundo no podía verle tranquila ni un momento? El labio de Miwa tembló ante la imponente presencia de Maki, la estación, la multitud, el ruido, todo se fundió en blanco, nadie más que Maki relucía en los ojos de Miwa; El corazón se aceleró y creyó que se desmayaría en ese instante en que por su mente surgieron mil preguntas, mil miedos.
Pero a vista de Maki, resultó ser incómodo. No comprendía la extraña actitud de Miwa, que yacía petrificada. Aquel semblante feliz de volverla a encontrar se transformó en uno confundido, de cierta molestia.
— ¿Miwa?– Dió un pequeños toques en la frente de la muchacha inmóvil — Hola, hola, tierra llamando a Miwa– Siguió dándole toques, hasta hacer una pausa de reflexión — Oye, tú. . ¿No solías llevar una katana?– Preguntó al notar que Miwa vino con las manos vacías.
— ¿Ah?– Resurgió en si cuando su preciada arma fue mencionada, rápido notó que la había olvidado en el tren por la emoción — ¡Aahh! ¡Mierda!–
Maki pasó a un segundo plano cuando de su katana se trató. De prisa miwa dió media vuelta y echó a correr hacia el tren que, para mala fortuna, retomó el curso. No le importó en lo absoluto verse ridícula por las personas murmurantes que le miraban correr detrás del tren y gritar, rogando entre insultos, que se detuviese. Los nervios de perder algo preciado junto a la inseguridad que le transmite Maki hacían que perdiese los estribos.
Sus esperanzas de recuperar la katana cayeron en picada cuando se topó con el final rejado de la estación. Vió al tren irse y desparecer a la lejanía, dejándose caer de rodillas al suelo con una profunda mezcla de amargura y frustración; este día le daba la sensación de que sería muy largo.
Pero entonces un ligero peso se posó sobre su hombro, acariciando suavemente la tela del uniforme. Miwa volteó la cabeza con los ojos entrecerrados a causa del sol eclipsado por Maki y su pícara sonrisa.
— Eres bastante graciosa ¿Lo sabías?– Comentó Maki entre leves carcajadas — Tal vez debiste dedicarte a la comedia en vez de la hechicería.–
La vergüenza que no había sentido al ser juzgada por los demás ahora aparecía en ella. Las palabras de Maki más que ayudarle, le hundieron los ánimos. Miwa siquiera podía verle a la cara, volvió a mirar el suelo, pensativa en qué haría.
Oye el murmullo de la gente recriminando su actitud, ve por el rabillo del ojo esas miradas filosas, llenas de prejuicios, se clavan en su consciencia y la carcomen por completo.
Temía de lo que fuese a pensar Maki, si ya vió cuán inútil es combatiendo, ahora sabrá cuán torpe es también. Deseaba ser tragada por la tierra. La vergüenza marcada en sus mejillas tampoco ayudaban.
— Tsk. Chica, no te vengas abajo tan rápido. A todos nos pasó olvidar nuestras herramientas. . Bueno, a mí no, pero a otros sí.– Maki trató de animar a Miwa palpando su hombro — Mira, te daré mi katana.–
El sonido de la hoja desenvainarse cautivó el oído de Miwa. Titubeó, aunque no pudo resistirse a la tentación de mirar. Al girar, los ojos de la chica brillaron alucinados por el espectacular forjado del arma. El filo de la katana resplandecía por el perfecto pulido. Tan cegador como cautivante.
No es una experta acerca de las herramientas malditas, pero le fascinan. Creía ser demasiado para ella, dudaba acerca de si era correcto aceptar el obsequio. Alguien tan inútil como ella es indigno de portar algo tan majestuoso, al menos, es lo que le hicieron pensar.
— Yo. . Yo lo aprecio, p-pero n-–
Las palabras de Miwa fueron detenidas del susto al sentir la repentina hoja de la katana colocarse sobre su cuello.
La punta sube gentil hacia el mentón, roza su piel y rasga sutilmente sin dañar. Se estremece de la rara sensación que le causa; una fina línea entre el miedo a ser cortada y la terneza de su delicadeza. Había sido tomada por total sorpresa.
Palabras no pudieron salir de su boca, remontada a callar y tragar saliva. Hipnotizada por la incertidumbre del acto por parte de Maki a quien miró atemorizada. Aquella figura indomable y confiada de si misma capaz de opacar al sol detrás suya.
No podía comprender cómo realiza algo así con tanta tranquilidad, expresando nada más que rudeza en su rostro. Envidiaba la superioridad que demuestra sin palabras.
— ¿Por qué dudas tanto? Si alguien te ofrece su arma, tómala sin cuestionar. De lo contrario, ofendes la amabilidad de otros.– Reprochó Maki denotando molestia.
— Ahuh. . ¿Pero cómo podría una inútil portar un arma tan valiosa? No. . No puedo. No creo ser digna de hacerlo.–
La tensión regresó y peor que antes, Miwa cerró los ojos queriendo dejar de pensar. Si tan solo no fuese tan distraída e impulsiva, no estaría metida en esta penosa situación; no sería sermoneada como una niña pequeña.
Maki tuvo razón, la comedia hubiese sido mejor que la hechicería. Incluso seguir liderando equipos de básquetbol habría sido mejor. Odia este constante estrés. Fue ilusa al pensar que algún día podría acercarse un poco al talento de Maki.
Suspiró, todavía sintiendo el filo de la espada, esperó a que todo terminase de una vez y prosiguieran la misión. La espada ser retirada resultó en un alivio pero las palabras de Maki resonarían por su cabeza y harían ver una verdad a la que se rehusaba.
— Eso es lo que todos dicen de tí. La gente dice muchas cosas. Pero queda en tí y sólo en tí, darles la razón. No hay inútiles más que quienes aceptan la debilidad sin aspirar a la verdadera grandeza de su ser.– Recriminó— Puedes aceptar ser una inútil y no agarrar la espada, o agarrarla y elegir quien quieres ser. Tú sabrás.–
Maki pudo marcharse y proseguir el encargo, pudo burlarse, pudo hacer tantas cosas que machacarían el roto orgullo de Miwa y, en cambio, todavía vió en ella el auténtico valor de un hechicero. Más bien, el valor de cualquier persona: La Resiliencia.
A pesar de lo que digan, ella seguía este duro camino cuando la puerta de salida siempre está a disposición. A pesar de todo, Miwa aún se esfuerza y aún tiene el deseo de ser mejor. Quizás ambas tenían bastantes cosas en común.
Miwa miró a Maki en silencio, en sus ojos hubo brillo sin igual, acompañado de una reconfortante sensación que hizo olvidar a esos invasivos pensamientos que quisieron alejarle de sus metas. El labio le tembló pero su boca calló las palabras que no importaban y su mano tomando firme el mango de la katana selló el destino que desea hoy en adelante.
Maki volvió a sonreír del orgullo; no le preocupaba haber dado su katana pues a raíz de su falta de energía maldita, iba bien preparada y siempre contaba con su lanza, guardada en el estuche que carga consigo. Miwa, reincorporada, miró junto a Maki el sol desaparecer a la lejanía. El atardecer podía ser bello, pero la noche complicaría la misión. Ambas sabían que no tenían mucho tiempo.
Prosiguieron a caminar por la ciudad, Maki tuvo más detalles acerca del encargo. Debían dirigirse hacia los bosques que rodean la montaña, allí residen los vestigios de un pueblo abandonado; el sitio ideal para el nacimiento de maldiciones.
Miwa, a diferencia de su compañera, era distraída con las atracciones y colores de la ciudad, casi olvidando la razón porqué vino. Deseosa de poder visitar cada tienda que hubiese allí, aún si no puede comprar nada, le entretiene ver. Sin embargo a medida que avanzaban, las calles se tornaban vacías, sucias, silenciosas. . . Hasta que frente a ellas no hubiese más que las ruinas inhóspitas de hogares consumidos por la naturaleza.
— ¿A-aquí es?– Preguntó Miwa.
— Sí, según el director yaga la gente que viene aquí no suele regresar.–
El ambiente tétrico y desolado incómodo a Miwa. Algo se esconde entre los árboles; Lo sabe. Siente el peso de una mirada asesina clavarse en su nuca a lo cual trata de ignorar. Mantener la serenidad pocas veces resultó tan difícil, lo pesado del lugar ponía a duda la razón del porqué fueron enviadas.
Nada bueno puede salir de un sitio así ¿Y si esa cosa las supera? No. . Morir no era una opción.
Miwa sujeta fuerte el mango de la katana, pero, no pudo evitar que con su mano libre se aferrase a las prendas de Maki. Ella le transmitía seguridad. Hacia calmar a sus nervios. Aunque le inquietase un poco la mirada desconcertada de Maki, siguió firme con el principal objetivo.
Maki quiso decir algo al respecto antes de continuar, no obstante, un ruido proveniente del suelo les alarmó y entonces la tierra fue dividida con el estruendoso alarido de la bestial maldición que yacía descansando a la espera de nuevas presas.
Ensordecidas observaron al ser más horrible que sus ojos alguna vez pudieron presenciar; Semejante a un cienpiés gigante, de al menos treinta metros, emergió de un putrido foso que desprendía nauseabundos olores. Sus patas eran brazos humanos malformados con cuchillas por dedos, de figura alargada y abultada, todavía colgaban de él los pedazos putrefactos de personas inocentes.
Ambas chicas retrocedieron atemorizadas. No sería la primer gran maldición que tendrían que enfrentar, pero esta en especial desprendía una energía horripilante. . . ¿Qué podrán hacer contra algo de tal magnitud?
