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Se encontraron en la calle. La ciudad es tan pequeña que, aunque discutan y se eviten siempre se encuentran. Kyle suspira al verlo, pero le ofrece la palma de su mano con una sonrisa ligera, otra vez una oportunidad de arreglarlo. Es increíble cómo puede perdonarlo a pesar de la mierda que hace y dice. A veces preferiría dejar su mano pausada en el aire, esperando por siempre. Pero no puede generarse tanto dolor así mismo por mucho que lo cante.
Caminan despacio uno junto al otro, las cosas no están saldadas por completo hasta que llegan allí: al lago Stark´s Pond. Es ese lugar de nuevo, donde hablaban de todo, cuando estaban mal o les pasaba algo hermoso, cuando se contaban secretos o jugaban juntos.
Ahora el agua con su reflejo lo ilumina, el saco beige de su antiguo mejor amigo destaca con el sol de la tarde, su cabello rizado le parece precioso. En serio le tiene mucha paciencia.
Se rasca la cabeza, se mantienen la mirada un rato, la mano de Kyle surge de nuevo esta vez con seriedad. Respira suave en silencio para tomarla con fuerza y la sonrisa del pelirrojo se asoma.
Sabe que ya no son niños perootman una malteada en la cafetería de Tweek para terminar el día. Vuelven a conversar ya que no se reúnen tan seguido. Se sientan uno junto al otro. Los problemas del comité estudiantil, básquet, su banda, la vida de sus hermanos.
Los chistes van y vienen, Stan sonríe, las cosas tienen sentido de nuevo. Estar con Kyle siempre le devolvía la sonrisa, comenzó a contarle las preocupaciones de su vida como si no le hubiera dicho esas cosas horribles días atrás.
—Se que es estúpido preocuparme por mis padres en este punto, pero estoy muy cerca de golpearle en la cabeza con un bate de beisbol. —intentaba decirlo con ligereza, como si realmente no lo pensara a menudo.
Kyle golpeo en el hombro al azabache, cruzaron miradas. Stan exhalo con lentitud.
—Eso no lo voy a permitir. —la mano de Kyle apretó con fuerza su hombro. — Y si pasa Stan, yo me voy a encargar de que todo salga bien.
Se despidieron sonrientes, la discusión se había resulto. Prometieron mensajearse al día siguiente, su alegría no podía ser mayor.
Hasta que pasan los días sin que el teléfono suene. A veces no entiende que pasa por la mente de Kyle.
Las clases han cambiado, los profesores, sus padres, sus compañeros también, por dentro como por fuera, no hay excepción. Ni siquiera él. Hasta el más nervioso logra encontrar la calma, aunque no le crea una palabra a Tweek. En ocasiones ve atisbos de sus antiguos amigos en lo que son ahora, no todo se ha perdido.
Lo observa en los recreos, hablan en ocasiones. En otras el judío le grita que se comporte, le quita las bebidas o el porro para lanzarle una mirada inquisidora. Cartman siempre se ríe de ambos antes de robarle alguna de las dos cosas para tomarlas él.
Le molesta la actuación del pelirrojo, viendo la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Después de todo el mismo Kyle le regala cogollos a la vez que despotrica sobre sus padres.
Quiere volver a acercarse como antes, que su mejor amigo lo mire y le dedique el tiempo que antes le daba. Lo invita de nuevo a su casa. Kyle lo rechaza.
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Las semanas pasan. Le exigen mejorar en sus notas, estudiar y dejar de pavear. Discute con sus padres, el solo quiere tocar, no tiene sentido seguir yendo si no es bueno para nada de eso.
Otra vez es de noche, la vereda se mueve y se vuelve borrosa. Empuja a un vecino antes de caer al piso e insulta todo lo que puede. Es incomprensible que no toque buena música si se esfuerza tanto, hace todo bien. ¿Por qué nada le sale como quiere?
El piso desaparece por completo mientras caen sus lágrimas. No quiere hacerlo.
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Vuelven a encontrarse en la mañana del domingo. Kyle suspira sin decir nada, le patea una pierna.
— ¿Otra vez Stan?
El mencionado se estira en la calle, se quedó ahí dormido. Siente la garganta seca y los brazos dormidos. Lo mira un instante largo. Kyle esta despeinado y con ojeras, seguro se quedó hasta tarde estudiando o de fiesta. Parece enojado.
—¿Kyle?
La expresión del pelirrojo empeora.
—Sos un imbécil. ¿Te vas a quedar ahí todo el día? Vamos. — suena autoritario pero le ofrece su mano para levantarse.
— Hace días que tenías que contestarme, te estaba esperando.
—¿Para hacer qué? ¿Nada? Vamos que no tengo tiempo para estas cosas.
Stan toma su mano con fuerza, le cuesta mantener el equilibrio hasta que Kyle lo estabiliza con su otra mano. Sus rulos y su calor lo desestabilizan, su olor lo golpea en la cara.
—No puedes seguir así Stan. Me preocupas.
Él vomita.
Kyle pasa las siguientes cinco horas cuidando de él, tomando su temperatura y limpiando su vomito entre insultos. Stan apenas lo nota entre la gripe y la borrachera de la víspera. Cuando finalmente entra en razón encuentra a Kyle acariciándole la cara en silencio.
—Sos más que esto Stan.
Media hora más tarde Kyle se va a su casa.
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Sus calificaciones mejoran, el insomnio se mantiene así que compone cada noche. No es bueno. Le gustaría componer algo completamente suyo, algo decente que pueda mostrar a los demás. Se ha dormido con la guitarra entre las manos. Tiene algunas letras para Kyle.
Kenny es su pilar, el crecer lo cambio mucho. Trabaja sin parar y sin quejarse de nada, le sonríe cada vez que se lo encuentra tirado en la calle con su botella. No entiende como puede ser tan fuerte, teniendo la vida que tiene. Stan tampoco entiende porque él no es así, si lo tiene todo.
¿Por qué no puede ser como antes?
Los meses pasan y Kyle a veces se reúnen en su casa para jugar videojuegos o estudiar, pero ya no se queda a dormir. No hay razón real para no hacerlo, son jóvenes, tienen el permiso, se conocen desde siempre. Sin embargo, en su mente resuenan las mismas palabras: “Ya sabes que no es lo mismo de antes”.
Consigue un trabajo con Kenny en un supermercado después de la escuela, usan uniforme y saludan a los clientes en el ingreso al local, les dicen los precios, limpian. Se ríen en el proceso. Kyle lo visita, aunque nunca le preguntó como consiguió la dirección del lugar.
A veces se sonríen fuera del instituto sin saber que palabra articular. Se siente estúpido, tiene la ligera impresión de que a Kyle le sucede lo mismo. Han cambiado.
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Al entrar a la casa Randy lo felicita desde el sillón y le ofrece un porro que tenía encendido en la mano. Stan lo ve confundido, siempre es buena onda cuando fumaba, pero eso era el colmo. Su padre comenzó a asegurar que se veía más despierto y que incluso estaba orgulloso de que lograra mantener ese trabajo pequeño trabajo en el café.
Stan tembló, no sabía que carajo decirle a Randy, este último simplemente comenzó a cantar una canción de Lorde. Shelley entro a la casa para insultar a su padre por estar drogado en vez de trabajar con la plantación.
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Las fiestas en el último año son más recurrentes de lo que había esperado, salir con los chicos era divertido, sin embargo, no recuerda cuando le comenzó a incomodar. Verlos así divirtiéndose, golpeándose, bebiendo y como Kyle no lo busca cuando hace el ridículo.
La música resuena en su caja torácica con un ritmo endemoniado. Toma grandes tragos, baila, besa a cualquiera a lo loco, nadie lo detiene.
Sus amigos se sientan en el fondo a charlar mientras intenta desvincularse de la realidad. Lo pueden mirar desde lejos, ya no son niños y lo que haga menos les puede importar. A veces lo saludan, lo victorean o lo abuchean. Son casi adultos esas cosas no importan más.
Camina por la casa a oscuras, lo empujan, él empuja, busca el baño desesperado.
Una chica de cabello oscuro que bailaba con sus amigas lo mira con desprecio, pero ya no siente vergüenza por ello, pasaron varios años. Que la chupe de hecho.
En un pasillo infinito de personas besándose, justo en el fondo, está su ansiado baño. Junto al baño esta su antiguo mejor amigo besándose con algún otro chico, sin siquiera respirar.
El baño deja de ser su opción en el instante en que el aire escapa de sus pulmones al ver esa escena. El infinito es un tobogán que lo empuja fuera de la casa y lo deposita en un callejón tan oscuro como el mismísimo infierno.
—No importa, no somos niños, ya no es como era antes.
Se murmura mientras se sube la bragueta del jean y se aleja del lugar.
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Se despierta en la habitación de su amigo con un hedor a alcohol y vomito terribles. Kyle lo mira serio de la única forma en que sabe mirarlo desde hace unos años. Stan está acostado, tapado por las sábanas violetas de su mejor amigo, que a su vez está limpiando el vómito del piso con desagrado. La pequeña lampara sobre la mesita de dormir los iluminaba.
—¿Qué mierda hago acá? —el dolor de cabeza le responde solo, lo hizo de nuevo, fue a buscarlo estando borracho. Toca su frente, aún sigue mareado.
—No sé cómo carajo logras subir a mi ventana cada vez Stan…
—Habla más bajo, dios y sabes que siempre encuentro la manera de llegar a…
Una pequeña sonrisa florece en el rostro del mencionado. Es cierto, el encuentra la forma de llegar hasta Kyle, sin importar su ubicación o estado lo alcanza, una habilidad extraña por no decir otra cosa. Esas ideas se cortan al pensar en cómo se besaba con ese chico.
—¿Amigo? Llevas un buen rato en trance.
Ahora lo tenía sentado a su lado con su piyama viejo de Terrance and Phillip, notó como su cabello pelirrojo cae libremente hasta casi tocar sus hombros. ¿Siempre era tan hermoso?
Extendió su mano para acariciar la mejilla de Kyle, que enrojeció de inmediato, pero no se movió. Tenía la piel tan suave y temblorosa.
—¿Estas bien Stan?
Sus ojos parpadeaban demasiado, la luz de la habitación le molestaba, pero sonrío al ver a su amigo confundido.
¿Estaba realmente bien con todo lo que pasaba? Ya no era lo mismo que antes, eso era seguro. Kyle se empezó a remover ansioso, aunque no le negaba el acceso a su rostro, su mirada en silencio le volvía a hacer la misma pregunta. Extendió su otra mano para atrapar por completo el rostro de su mejor amigo.
—Claro que no estoy bien. No estoy bien en ningún sentido. —sabía que su rostro debía verse horrible, sus ojos estaban húmedos.
Con lentitud lo fue acercando a su propio rostro.
Kyle se puso más bermellón todavía, pero no se alejó al sentir como su amigo lo apegaba a su rostro. Sintieron la respiración del otro antes de que sus propios labios se tocaran en un suave baile. Stan le acaricio la mejilla y el chico se separó.
Se miraron mutuamente. Las cejas del judío se cruzaron, pero el temblor y la emoción se filtraban por sus parpados.
—¿Qué carajo fue eso?
—Algo que va a cambiar más las cosas
El pelirrojo le sostuvo la mirada, se notaba la sorpresa y algo más profundo que Stan no lograba alcanzar en ellos. El silencio entre ellos se volvió pesado, Stan extendió su mano para acariciar la mejilla de Kyle. El pelirrojo no se apartó.
—Sabes, hace tiempo que no te veo como antes. —desvió su mirada al piso alfombrado, su corazón latía acelerado— Pensé por mucho tiempo que era una especie de dependencia, sentía que me moría.
La sorpresa fue aún mayor en la mirada del chico.
—Pero me di cuenta de que no era una especie de obsesión extraña, era algo mucho más profundo y doloroso. Verte con otro chico me hizo entender por completo eso. Quiero ser el que elijas, el que beses. —su voz se tornó suave, era liberador decir al fin lo que le atravesaba el alma cada día. —Quiero ser algo más. —finalmente dirigió sus ojos de nuevo a Kyle.
Kyle relajo su rostro, cerro los ojos y toco su propia frente, acariciando el espacio entre sus cejas. El corazón del azabache dio un salto.
—Stan. —su voz salió como un suspiro antes de tomar del rostro al chico y acercarse lo suficiente para tener contacto piel con piel. Los labios suaves de Kyle junto con los secos y mordidos de Stan.
Fue un beso suave y tierno, Kyle acaricio el rostro del azabache con una de sus manos. La calidez del otro lo volvía loco. Stan quería llorar. Stan quería llorar. Seguro su boca tenía un poco de sabor a vomito, ese pensamiento lo hizo tomar distancia.
—Kyle.
La voz del pelirrojo lo interrumpió antes de que pudiera decir otra cosa. Los ojos de Kyle brillaban y supo que todo estaría bien.
—Ya lo sé Stan. Yo también. Sé que las cosas no son como antes y podemos avanzar.
