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Roo estaba teniendo un día relativamente bueno. No se peleó con su hermana mayor por teléfono y no la obligaron a hacer horas extras en el trabajo. Sí, demasiado bueno para ser real.
Por eso mismo ya estaba preparada para que algo le cagara el día cuando sonó el timbre. Conteniendo un suspiro se acercó a la puerta y miró por la mirada. No había nadie, al menos no a la vista. Soltó el aliento contenido, pensando que era solo una broma.
Ya se estaba alejando de la puerta cuando el timbre volvió a sonar. Se acercó nuevamente y se volvió a fijar si había alguien del otro lado. De nuevo, nadie.
Frunciendo un poco el ceño se alejó de la puerta. Solo que esta vez no llegó ni a dar la vuelta cuando el sonido del timbre, que ya era tocado con molestia, rechinó en sus odios. Arta decidió abrir la puerta de golpe, pretendiendo asustar a quien sea que anduviera de juguetón.
Lo logro, solo que en lugar de los testigos de Jehová muy molestos que esperaba ver se encontró con un niño. Uno pequeño, de pelo rubio, ojos celestes, piel pálida con un rubor natural, de no más de siete años. En sus brazos llevaba un peluche de pato. Estaba asustado por el portazo que Roo acababa de dar y ella no pudo evitar sentirse culpable por eso.
—Hola, pequeño, lo siento mucho por asustarte. ¿Están tus padres cerca? —
El niño no dijo nada. Ahora que la mujer mayor se fijaba bien, había pequeñas curitas y moretones en todo su cuerpo. No parecía que fueran causados por jugar, sino más bien, abuso...
—... Lo siento, tu nombre es Roo, Roo MoningStar ¿verdad? —
Su voz fue casi un susurro, pero al escuchar su apellido, bueno, su antiguo apellido, la mujer se puso sería.
—Sí, ese es mi nombre, ¿necesitas algo? ¿Alguien te mandó a dejarme algo? —
Parecía que al niño le habían sacado un peso de encima, él simplemente se acercó a ella y le abrazó las piernas. Antes de comenzar a llorar a cántaros.
—Déjame quedarme aquí... Por favor, tía Roo...—
Como si una pieza hubiera encajado en el rompecabezas, Roo ya entendía todo. Con cuidado cargó al niño en sus brazos y le dio un besito en el frente.
—Está bien, la tía Roo está aquí para protegerte.—
