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Tu ausencia

Summary:

Ha pasado tiempo desde que Elliot ya no está a su lado. Lo extraña, es difícil despertar y darse cuenta de que él es el único en la habitación.

Notes:

Día 15. Llanto emergente.

Work Text:

Ver el lado vacío de la cama se volvió algo muy doloroso para Leo. 

El tiempo no había sanado su corazón herido debido a la pérdida, más bien tenía la impresión que conforme los días pasaban, el dolor aumentaba a un punto en el que ya no podía controlar las ganas de llorar. 

Se sentía culpable. 

Se culpaba por hacer que fuera el contratista de la cadena Humpty Dumpty, pero estaba en un momento que le causaba mucho desespero. En ese momento no había pensado en las consecuencias que podría traer tomar esa decisión. 

Quería proteger su vida. 

Era su sirviente. Tal vez él lo consideraba un amigo, quién sabe. No fue algo que le hubiera preguntado, pero para que siempre lo defendiera de su familia, tenía que ser por algo que no fuera únicamente por ser su sirviente. Aún así se sentía muy feliz por haberlo conocido, fue así que Leo pudo descubrir más lugares que no fueran el orfanato en el que se quedó la mayor parte de su vida en los restos de una ciudad consumida por la oscuridad. Sin embargo, ahora aquellas memorias felices que tenía junto a Elliot no lograban reconfortarlo y ahora estaba llorando hasta el punto de tener los ojos hinchados y un dolor de cabeza insoportable. 

Era un dolor que no lo podía comparar con el de perder a la persona que más le importaba en el mundo. 

Leo estaba en su habitación observando el techo, como si fuera a encontrar un consuelo. Se mantuvo en una posición recta, respirando despacio. Trataba de mantener las lágrimas que se habían deslizado por sus mejillas. 

Elliot no tuvo por qué haber muerto, él debió de hacerlo en su lugar. Se repetía a sí mismo que no merecía estar vivo, que toda su vida estaba llena de errores. Ya nada lo podía animar. Ni siquiera tocar el piano, le invadía la misma sensación asfixiante por observar ese lugar vacío a su lado. Siempre terminaba agachado, con las manos cubriendo su cara y con las lágrimas cayendo. 

De ninguna manera podía olvidar a Elliot. Lo quería, le agradecía por todo lo que hizo por él, a pesar de que su primer encuentro no inició de la mejor manera. No obstante, siguieron hablando. Tenía que reconocer que el hijo menor de la familia Nightray era diferente a los demás miembros del ducado, era increíble que tuvieran la misma sangre. 

Extendió su mano hacia un lado, acariciaba la sábana. 

—Yo debí morir, no tú —le dijo a la nada. 

Lo peor era que Leo tenía muchas cosas que se quedaron guardadas en su garganta. Quería sepultar sus palabras en un lugar dentro de él y que ya no supiera dónde. Los días sin Elliot se habían vuelto un sufrimiento, se conformaba con ver su espíritu por unos segundos y que le dijera lo mucho que lo extrañaba, todo eso era imposible. Por eso no le quedaba otra opción que hacer el esfuerzo por vivir, tratar de sanar sus heridas y de hacer todas las cosas que él era feliz haciendo. 

Tal vez no se sentiría mejor de un día para otro, pero era una forma de recoger los pedazos de su alma rota y de hacer que Elliot no se decepcionara de él por verlo en un estado horrible. 

—Te… extraño Elliot.

Lo dijo en un murmuro, luego dejó que sus lágrimas volvieran a salir. El llanto era difícil de contener, algunas veces se sentía patético y otras veces liberado. Prefería tener a alguien que lo consolara, pero en la habitación no había nadie. 

Solo escuchaba el ruido del reloj que le decía que el tiempo seguía avanzando, afuera escuchaba los pájaros cantar y el sonido de las ramas de los árboles que se sacudían con el aire. Era triste que ese tipo de cosas ya no podían ser disfrutadas por él. 

Era realmente triste. 

Cuando escuchó los golpes de la puerta, tuvo que recomponerse de forma rápida. Se levantó, se preguntó quién podría ser. Ya había dicho que no quería ver a nadie y nadie trató de indagar sobre sus motivos. Por supuesto que ya los sabían, no fue el único que vio esa escena que terminó con la vida de Elliot. Se limpió los ojos y abrió. 

La persona que estaba enfrente de él era Oz. 

—¿Qué haces aquí? —preguntó en voz baja. 

—Leo, quiero saber cuánto tiempo vas a seguir así. 

Fue firme y directo. No vaciló en ningún momento, era como si ya hubiera preparado con antelación todo lo que iba a decir. Oz entró a la habitación, se podría dar cuenta de que no había ningún desorden. Claro que no, porque en un intento de tener la mente ocupada y contener las lágrimas, se entretenía con lo que fuera. 

—¿Cuánto tiempo estaré así? —repitió, sintiéndose desconcertado. Oz estaba de espaldas, movió las cortinas para dejar que la luz del sol entrara al lugar. 

Leo tenía que reconocer que eso fue un cambio para él. ¿Cuándo fue la última vez que sintió la luz del sol sobre su piel? Sentía calidez, como si estuviera descubriendo algo nuevo. Aunque esto no pudo disminuir la molestia que sentía por la presencia de Oz. En su cabeza solo se reproducían las palabras: “vete”, “¡Acabo de perder a mi mejor amigo!” y “no necesito tu ayuda, déjame solo”. Nada de eso salió de su boca, lo que había entre los dos era silencio. 

—¿Olvidaste lo que pasó? 

—Por supuesto que no, solo pienso que Elliot estaría muy enojado contigo. 

—No menciones su nombre —dijo, volteando para mirar a Oz de una manera tan fría. Apretó los puños, podía sentir su respiración acelerada. 

—¿Por qué? ¿Crees que él estaría bien si te viera ahora? 

—Cállate.

No soportaba que mencionara su nombre porque la culpa no tardaba en invadirlo, le hacía volver a pensar que quien debía de haber muerto era él y no Elliot. Su mandíbula estaba tensa, pero trató de calmarse cuando pensó que Oz tenía razón, definitivamente no le gustaría verlo así. 

—No le gustaría saber cómo estás viviendo ahora.

Esta vez Leo no habló. Tenía muchas cosas qué decir, aunque de su boca no salió ninguna palabra. Quería llorar. Sabía que eso sería algo que terminaría haciendo una vez que Oz saliera de la habitación, lo que dijo lo sintió como si le hubieran creado una herida nueva y que tardaría en sanar. 

Quería que se fuera. 

Quería liberar sus lágrimas. 

Quería dormir y despertar hasta darse cuenta de que todo era una pesadilla y que Elliot seguía a su lado. 

Había muchas cosas que Leo quería en este momento y todas eran solo algo que no se haría realidad. Él siguió sin hablar con tal de contener sus emociones, con tal de que no notara que su voz iba a salir quebrada. Al final, Oz no le pidió una respuesta; pero quería darle una. 

—Todo es mi culpa —murmuró, volteando hacia la ventana. No quería que Oz viera como sus ojos se habían cristalizado—. Yo debí… yo debí… ¡Yo debí haber tomado su lugar! 

Lo último fue dicho casi como un grito, él se tapó la cara antes de dejarse caer en el suelo. Las lágrimas salieron y no hizo nada para ocultarlas. Tenía muchas emociones en su interior que no le importó llorar frente a Oz, solo sintió como se sentó a su lado en silencio. 

—No es tu culpa —respondió para consolarlo, eran las palabras que se había dicho mucho a sí mismo y que todavía no las aceptaba. 

—Lo es. 

—No —dijo con seguridad—. Lo hizo por ti, para protegerte. 

¿Cómo se suponía que tenía que tomar esas palabras? Eso no hizo que dejara de llorar, solo le hizo sentir más culpable. Quizás era algo que tenía que asimilar después de un rato. 

—No tenía por qué haber terminado así… 

No terminó de hablar, solo se pasó las manos por la cara para limpiar sus lágrimas. 

«Me duele que ya no esté aquí». 

No le molestaba para nada el silencio en el que Oz estaba. No era necesario que dijera algo, con su compañía era suficiente. Sabía que no era el único que estaba sufriendo por la ausencia de Elliot. Dio una respiración profunda y lo miró de reojo, parecía que estaba aguantando las ganas de llorar. Era la primera vez que veía esa mirada que mostraba dolor y no la que fingía que no pasaba nada. Leo no hizo ningún comentario, solo en el fondo agradecía porque estuviera junto a él. 

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