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Era imposible pasar por alto a Lionel. En todo tipo de aspecto.
No sabía explicarlo bien, capaz pensaba que era porque era uno de los pocos alfas existentes dentro del plantel. Su presencia era imponente y su porte tampoco ayudaba, tenía un cuerpo que le había robado más de un suspiro. No iba a mentirse a sí mismo, desde que lo conoció, quedo flechado con el mayor.
Su amistad, si es que se podía llamar así, fue compleja al principio. Siempre ponía bastante resistencia al conocer a personas nuevas y solo hablaba con sus amigos de confianza pero con Lionel las cosas habían fluido bastante rápido. Se habían convertido en amigos muy de repente.
Si había algo que le gustaba mucho del alfa es que no lo trataba con suavidad, que lo veía como un igual y no como un pobrecito omega. Era consciente que él no era menos valioso por ser lo que era, y el mundo no parecía entenderlo muy bien. Eso mismo también lo preocupaba, que lo veía solo como un amigo.
Lionel trataba a todos una misma forma, él no era la excepción. Le tiró algún que otro palito pero el santafesino parecía no cazaba una. Eso lo terminaba frustrando con rapidez.
Con todo el estrés y sentimientos que una competencia generaba, Pablo sabía que siempre podía confiar en el mayor si es que necesitaba alguien que lo escuchara. Era reconfortante estar a su lado, aspirar su fragante cuerpo con notas amaderadas lograba apaciguar todas sus preocupaciones.
Los días previos a los últimos partidos, un calor familiar se generó en su cuerpo: su celo. Por haber estado cerca del alfa, había llegado de forma inesperada. Debido a su situación, su entrenador le prohibió totalmente salir a jugar en ese estado, quedando confinado en su habitación hasta que su calor terminara.
***
Su sudorosa frente chocaba contra las impolutas sábanas blancas y pequeños jadeos se escapaban tímidamente de sus labios. Presionó su nariz contra la prenda impregnada con el olor que le recordaba a un bosque lleno de pinos.
Mientras aceleraba el movimiento de su mano, no puede evitar pensar en escenarios subidos de tono con su compañero. Simplemente cerró los ojos con fuerza cuando acabó sobre sus dígitos. Una sensación de vacío inundó su pecho, no había consuelo en su mano, quería sentir el tacto ajeno. Como el de Lionel.
Dejó la remera en su mesita de luz para ir a lavarse las manos y se tiró en su cama totalmente rendido, sufriendo su celo en la soledad de su cuarto.
De pronto, unos vitoreos se escuchan en los pasillos, deteniéndose justo frente a su puerta. Fue golpeada repetidas veces, el omega se levantó para abrir y se encontró con Placente, Cambiasso y varios más.
— ¡Pablito! — dijeron algunos al unísono.
— ¿Todo bien? ¿Qué haces que no te estás preparando para la jodita?
Él puede percibir que sus compañeros no están muy sobrios, el olor que despedían sus bocas los delataban, por lo que sonrió amable — No, yo paso la verdad.
— Dale no seas ortiva, ¡Vamo’ a seguir festejando! — dijo Esteban, provocándole un par de risas al menor.
— Bueno, déjenme pensarlo un poco — Todos comienzan a gritar de nuevo y a amontonarse en su puerta.
Un aroma familiar llegó a su nariz, un escalofrío recorre todo su cuerpo haciendo que tambalee un poco. Intentó disimularlo, esperando a que todo el tumulto se alejara de su puerta.
Al cerrar la puerta reposó su cabeza sobre esta, las feromonas de ese alguien hicieron que su cuerpo reaccionara por inercia. Era capaz la primera vez que se había sentido de esa manera. En un momento, la fragancia se esfumó dejando su cuerpo y mente angustiadas.
Pensó si debía ir a la fiesta. Un lugar lleno de feromonas y alcohol… no sonaba tan mal como parecía, pero también esas mismas razones eran lo malo. Cualquier alfa podría aprovechar su estado vulnerable y sabría Dios qué cosas podrían pasar.
Suspiró agotado, podría estar festejando con todos sus compañeros pero su maldito celo le complicaba las cosas. Ya lo había dejado fuera del último partido, merecía disfrutar al menos un poco.
Salió de su cuarto, su guía hacia la fiesta fue el fuerte sonido de los parlantes. La puerta de la habitación estaba abierta y custodiada por Walter, quien al verlo, una sonrisa se le dibujó en el rostro, estrecharon sus manos y el alfa le dijo que disfrutara la joda.
Le pareció raro que el firmatense no se inmutara por sus feromonas ya que Walter era un alfa, y él tampoco se sintió afectado. Terminó restándole importancia.
La euforia de victoria seguía palpable entre sus compañeros. Él también estaba feliz por haber ganado, solo que su cabeza se encontraba en llamas debido a su molesto celo. Necesitaba encontrar a Lionel. De solo recordarlo a él, sus mejillas se calentaron.
Se adentró más hacia la gran habitación que estaba casi en las penumbras. Las únicas luces eran las del baño y los veladores. El fuerte olor de cigarro y alcohol se coló por su nariz, frunció su nariz disgustado, hasta que finalmente divisó la figura del mayor. Estaba hablando con alguien, no lograba ver quien. Se fue acercando poco a poco, algunos de sus compañeros en el camino le ofrecían alcohol pero él los rechazaba cordialmente.
Lionel ya se había percatado de la presencia del menor, pero estaba reacio a acercarse a él, ignorándolo olímpicamente.
Él no entendía por qué huía de él. Por algo que parecía coincidencia del destino, se encontraron frente a frente.
Agradeció para sus adentros y lo saludó como si nada, pero no fue recibido con la misma energía.
— ¿Por qué actuás como si nada hubiera pasado? — El tono neutro en su voz lo terminó de confundir, el alfa no era de enojarse y mucho menos con él.
— ¿Qué?
Y se dio cuenta. Rápidamente recordó que los días previos del partido final no le había hablado por una tonta pelea que tuvieron. Él se había enojado por no poder jugar justamente ese día por culpa de su celo y el mayor terminó siendo afectado por su malhumor. Aclaró su garganta y se sintió un tonto por al haber olvidado de ese pequeño gran detalle.
— Perdoname Lio, ese día se me juntaron un montón de cosas y-y paso lo que pasó.
—¿Y qué serían esas cosas? — le dijo, haciéndose el canchero
Lionel no lo había mirado hasta ese momento, esos ojos azabaches eran su perdición. En sus fosas nasales se colaba el fuerte aroma amaderado haciendo que el calor vuelva, el clima tampoco lo ayudaba. Antes de que alguna palabra saliera de su boca, el mayor le ofreció su vaso. Frunció su ceño.
— ¿Qué es?
— Fernet. — Rápidamente le dio un gran trago pero no se terminó la bebida, estaba sediento — Tenías un poco de sed, ¿No?
El omega asintió sonriente, volviendo a tomar un poco más, no quería sentirse tan nervioso ante la presencia de Lionel.
— ¿Qué te había pasado al final?
— Ah, no es que —tomó aire para soltarlo rápidamente—, mi celo justo llegó un día antes del último partido, Pekerman se dio cuenta y me dijo que no iba a jugar ese día, me enoje mucho, por eso cuando viniste vos…
No pudo seguir manteniendo su contacto visual y bajó la mirada, ahora el pujatense buscaba sus ojos — Estaba tan caliente que terminé tratándote mal injustificadamente, perdoname Lionel.
Sus mejillas ardían al sentir la mirada del mayor sobre él, Lionel meditó su respuesta, una pequeña sonrisa ladina se formó en sus labios, para luego quitarle el vaso de sus manos.
— Te perdono Pablito, no pasa nada.
Terminó de beber el resto del Fernet y soltó un suspiro satisfecho.
Lionel no era ningún boludo, sabía que el omega estaba totalmente embobado con él, como sus ojitos de bambi se emocionaban cada vez que lo miraba. El mayor estaba deleitado con las suaves feromonas ajenas. Pero Pablo parecía no entender que ese sentimiento es mutuo.
El santafesino comenzó a hablar nuevamente, el omega no era capaz de escuchar ninguna de esas palabras, estaba demasiado concentrado en los labios ajenos.
Empezó a pispear el resto de su cuerpo, de vez en cuando volviendo a mirarlo a los ojos, para que no fuera tan sospechoso. Que escándalo de pibe, por Dios. La diferencia de tamaños le dejaba bastantes cosas a la imaginación.
Sin darse cuenta, una sonrisa se formó en sus labios mientras asentía pretendiendo escuchar. Lionel se dio cuenta, y le sonrió de aquella misma manera.
— ¿Qué pasa?
— No-no, nada…— dijo, nervioso. El pánico recorrió su cuerpo con rapidez
— Entonces, ¿por qué me miras así? — volvió a retrucar, picanteando la situación.— ¿Qué me queres dar un beso?
Se río, todavía nervioso, sin saber qué responder… o si debía responder. Sostuvieron sus miradas por unos segundos. Aquellos ojos avellanas buscaban desafiar al más alto, el menor le quitó el vaso y bebió un poco de él – So’ un culiado…
— Seré un culiado, pero vos no me respondiste la pregunta, Pablito — el alfa terminó estando muy cerca de él, siendo capaz de robar todo su oxígeno disponible y lo único que pudo hacer es sonreír, obnubilado por su ser.
— Desde el día que te conocí que te quiero comer la boca.
No pudo despegar la vista de sus labios, Lionel tomó nuevamente del vaso y lo miró directamente a sus ojos, un negruzco profundo que hasta en ese momento lo hacía estremecerse. Lionel internamente estaba hecho un desastre, trataba de que la emoción no lo dominara, agradeció al alcohol que lo desinhibía completamente. Necesitaba retrucar algo ya.
— Ahh bue, ¿Recién me lo venís a decir?
El omega se quedó boquiabierto, pensaba que capaz esa charla terminaria en algo más íntimo y no en una chicaneada — Que pelotudo que sos Lionel.
Le dio la espalda y comenzó a caminar hacia la puerta de la habitación, dispuesto a irse. El alfa rápidamente lo siguió y lo tomó de la mano para detenerlo.
— Da’ Pablito no te me enojes te estoy jodiendo noma’.
— Te digo lo que me pasa y me boludeas, pero dejate de jode’ — Amagó para irse de nuevo pero Lionel lo jaló hacia él.
— Perdoname Pablito. — Sus labios formaron puchero.
No pudo evitarlo y sonrió un poco. Negando, fingió una cara de indignación.
— ¿Si te doy un beso, me perdonas?
Levantó las cejas momentáneamente, de pronto una fragancia amaderada comenzó a infiltrarse por su nariz, dejándolo medio estupido. El alfa le estaba correspondiendo.
— Dale. — El omega se acercó peligrosamente a sus labios pero Lionel lo detuvo.
— No, acá no.
— ¿Cómo que acá no? — No esperó que el alfa se pusiera nervioso. — ¿No te da?
Lionel mordió sus labios, sentía que estaba cediendo ante los instintos del omega.
Él no dejó que dudara mucho más y se acercó al rostro del mayor para iniciar el beso, al posar sus labios con los ajenos su cuerpo se estremeció por completo, el choque de sus pieles se volvió totalmente adictivo, moviéndose sin pausas.
Lionel mordió el labio inferior del castaño, este jadeó y el mayor aprovechó para introducir su tibia lengua dentro de la cavidad de Pablo, entrelazándose en un dulce baile . El alfa tambaleó un poco al sentirse mareado por la nebulosa aromática y el omega clavó sus uñas en los hombros ajenos, dejando un último pico en los labios antes de separarse por completo.
Pablo estaba recuperando el aire mientras Lionel solo lo observaba con una sonrisa, una oleada de calor abrazó el cuerpo del menor y sus piernas flaquean. Las feromonas ajenas lo afectaban de sobremanera y mantener la poca compostura que le quedaba era difícil.
El santafesino acorraló al cordobés contra la pared del hall para seguir con sus besos, envolvió el cuello del mayor entre sus brazos. Nuevamente sintió un hormigueo que recorrió todo su cuerpo al sentir los labios ajenos, era completamente adictivo.
Esta vez fue Lionel quien tomó las riendas del ósculo con un ritmo más lento pero sumamente placentero, recorriendo cada recoveco con pasión, el alcohol y sus salivas se mezclaban deliciosamente.
La temperatura empezaba a aumentar y la ropa era un estorbo, las manos del mayor se colaron por debajo de su remera para acariciar su cintura, el menor rápidamente rompió el beso y puso sus manos sobre el pecho de Lionel.
Miró hacia el costado y comprobó que nadie los estaba viendo, todos estaban en la suya y seguramente demasiado borrachos como para notar lo que estaban haciendo. Sintió como el mayor depositaba besitos por su cuello, hundiendo su nariz para inhalar su intensa fragancia, el almizcle y jazmín perforaban sus fosas nasales.
— ¿No querés ir a otro lado mejor? — dijo jadeante, el mayor asintió y los dos salieron del lugar.
Ni bien cerraron la puerta, se dieron uno que otro piquito. En los pasillos se escuchan sus risitas juguetonas.
— Para, ¿a qué cuarto vamos? — preguntó el mayor.
— Al mío, yo tengo la pieza para mí solo — Lionel observó libidinosamente al menor, quien desvió su mirada debido a su sonrojo.
El alfa rodeó los hombros del omega con su brazo mientras caminaban por los pasillos. Oler las feromonas de Pablo lo terminó de enloquecer, y más ahora al tenerlo cerca, sintiendo su pequeño cuerpo que hervía ante su toque. El también estaba hirviendo, por culpa de ese omega de rulos color chocolate. La tensión e impaciencia en un momento los colmaron y no pudieron evitarlo, necesitaban comerse la boca.
El pujatense tomó el mentón del riocuartense para deleitarse con sus labios, pero este último lo atacó de manera salvaje, lo empujó contra la pared y besándolo así con necesidad. Sus lenguas se entrelazaron ansiosas, las manos del menor recorrieron el cuerpo ajeno sin cuidado. La excitación les empieza a nublar la cabeza, de sus bocas ya salía un ruido obsceno, la saliva entre medio de sus lenguas recorriendo la cavidad del contrario con desesperación.
Pablo cree haber escuchado un ruido y se separó abruptamente, dejando un hilo de saliva que unió sus labios momentáneamente. Las mano del mayor toman su cintura con fuerza, atrayéndolo a su cuerpo.
— ¿Qué te pasa, lindo?
— Creo que viene alguien, soltame Lio – intentó sacar los brazos del alfa pero este se negó rotundamente — Te lo digo en serio, mira si es Pekerman.
— Debe estar re dormido el viejo, vení — empezó a besar su rostro de manera tosca, el ambiente se estaba poniendo bastante pesado gracias al hedor de las feromonas de ambos.
Sonaba razonable. Pablo soltó un suspiro intentando relajarse pero los pasos se sentían más cerca y lo alertaba por completo, nuevamente interrumpiendo los besos.
— La puta madre. — corrió su rostro para ver.
— Seguro es uno de los chicos, no te preocupes. — tomó su rostro, restándole importancia.
— ¡Peor! Qué vergüenza que nos vean así.
Un silencio reinó entre los dos y Pablo vuelve su mirada sobre Lionel, quien no estaba para nada contento, ahora se encontraba tenso al ver como su ceño se fruncía. Percibe como las feromonas de alfa se amargan ligeramente.
— ¿Qué?
— ¿Vergüenza? — Los pasos se aproximaban .
Pablo no entendía por qué el cambio de semblante en su compañero, se exaspera al sentir el sonido más cerca pero en un rápido movimiento, Lionel terminó acorralándolo contra la pared, buscando su mirada, la cual apartaba por la propia pena del momento.
— ¿Ahora te da vergüenza? Bien que nos comimos la boca enfrente de todos, eh.
— Lio…
La situación había escalado demasiado rápido. Lejos de sentirse intimidado, esa posesividad en el tono de Lionel terminó gustándole, pero no supo bien qué responderle. El cuerpo del mayor estaba peligrosamente cerca del suyo, sus caderas casi se rozaban. No era capaz de pensar de manera racional, porque su mente le jugaba en contra y le era inevitable nublarse ante sus instintos más animales.
Scaloni seguía buscando su mirada, hasta que en un momento tomó su mentón para que obligadamente lo mirara a los ojos, una sonrisa de costado se apareció en sus labios.
— ¿Te da vergüenza que te vean conmigo? — preguntó en un susurro
El temor y la excitación recorrían por completo su cuerpo, sus piernas se sentían flojas ante las fuertes sensaciones. Sus caderas chocaron y la entrepierna abultada de Lionel se rozó con la del omega, quien ahogó un gemido.
Lionel lo beso fogosamente, rasguñando sus labios con sus colmillos, y cuando soltó un quejido ante ello, escuchó una risa siendo amortiguada. Su cara ardía, producto del pudor, sentía sus ojos humedecerse al mismo tiempo que su entrepierna.
Verlo actuar de esa manera lo volvía loco y despertaba cosas que jamás había pensado que le podían pasar. Sentía las manos del mayor tocar sin escrúpulos sus muslos para luego dirigirse a sus glúteos, una sonrisa se forma en sus labios.
El aire había comenzado a escasear, por lo que se vieron obligados a separarse. Él jadeó mientras se recostaba sobre el hombro del mayor, quien rápidamente había desviado la mirada, los pasos no se escuchan más. Raro.
— ¿Quién era? — supuso que fue capaz de ver de quien se trataba, levantó la mirada lentamente.
— Era Roman. — dijo con desinterés, mientras volvía su mirada hacia el omega que acaricia su mejilla con cariño.
Pablo hace un ruido, restándole importancia y eso alegra a Lionel, que vuelve a sonreír.
— Capaz es mejor que vayamos a mi pieza rápido, hay que resolver un par de cosas— dice y baja la mirada para ver como los dos están más que emocionados.
Caminaron unos pasos más, finalmente llegando a la habitación del menor, para así entrar con prisa. Al estar detrás de la puerta de madera, ambos suspiraron con tranquilidad.
Las fosas nasales de Lionel fueron atacadas por el fuerte aroma a jazmín y almizcle, la pieza estaba totalmente impregnada de su fragancia. La nariz del mayor intentaba acostumbrarse pero le era inevitable sentirse un poco mareado, por lo que tuvo que darle la espalda al omega.
El mayor, cuando la nariz dejó de arderle, se dio la vuelta y lo miró , completamente embelesado con su figura, sus labios colorados e hinchados por haberse comido su boca y esos ojitos de bambi que lo deseaban con desesperación.
El riocuartense se puso de puntitas para alcanzar los labios ajenos, y el alfa ciñó su cintura, paseando una de sus manos por su esbelta espalda. Luego las metió debajo de su camiseta, que rápidamente fue arrancada de su cuerpo, la tersa piel llena de lunares se sentía caliente bajo su tacto.
Sus lenguas se juntaron nuevamente para empezar un baile pasional. El omega mordía nervioso, sin medir su fuerza, y aquel pequeño hilo de sangre que brotó del alfa se unió con la saliva. Lionel jadeó sobre sus labios, toqueteando cada parte de su torso.
El menor no se quedó atrás, comenzando a frotar sus entrepiernas con necesidad, el deseo corroía cualquier pizca de raciocinio que les quedaba en la cabeza.
Lionel tomó fuertemente sus muslos para cargarlo mientras el menor rodeaba su cuello con sus brazos, sosteniéndose de él .Pablo jadeó al sentir cómo cayó sobre el colchón, siendo inmediatamente atacado por los labios del alfa, quien luego dejó unos besos por su rostro para continuar bajando por cuello, mordiendo ligeramente la zona.
Los besos y mordidas iban directamente hacia el sur. Las manos del mayor eran rápidas y lo terminaron de desvestir. La imagen de Lionel entre sus piernas era algo que le subía los colores a su rostro, se sentía colorado. El mayor levantó su mirada y sonrió.
— Mira como estás… Nos dimos unos besitos y nos frotamos un poco nomás, eh.. — ríe suavemente mientras pone ambas manos en sus rodillas.
— Callate que vos estas igual. — intentó defenderse con cierta agresividad.
Las manos del mayor separaron más sus piernas, pasando una de sus manos por su muslos mientras depositaba un beso sobre su rodilla. Pablo seguía con detenimiento cada uno de sus movimientos, vio como el alfa bajaba y mordía la cara interna de su muslo, se estremeció por el toque tortuoso del mayor.
Cerró los ojos un instante, sintiendo como los labios del mayor se posaban sobre su miembro, para finalmente engullir toda su extensión, su boca para dejar salir su voz rota.
Abrió nuevamente los ojos para deleitarse con la imagen del pujatense moviendo su cabeza de arriba a abajo. En un momento sus miradas se llegaron a cruzar, pero la vergüenza no les dejó sostener el contacto, entonces Lionel aceleró sus movimientos. Sus ojos, por inercia, se cerraron, y su boca se abrió.
— La puta madre Li-Lionel.
Apretó uno de sus hombros con fuerza. Tenía los sentidos a flor de piel y sentía que en cualquier momento llegaría el orgasmo. La lengua del alfa recorre deliciosamente su pija, haciéndolo temblar, tirando su cabeza hacia atrás, soltando un gemido agudo. El omega pudo sentir como se estaba mojando de nuevo y unos dedos intrusos se metían en su entrada, sin cuidado, lo había comenzado a embestir con sus falanges.
— Que mojado que estás, amor — El aliento chocando contra su piel lo estremece —. Es mi culpa ¿No?
El calor, las embestidas y la mirada del alfa sobre él, opacaban cualquier pensamiento lógico y sólo podía sollozar de placer. La voz del cordobés se rompió nuevamente al sentir como la calidez de su boca envolvía su entrepierna. Sus muslos amenazaban con cerrarse pero el mayor clavo sus uñas en ellos para evitarlo. Su cuerpo estaba totalmente sensible y hasta eso le excitaba, sabía que va iba acabar pronto.
— Lionel, Lionel, Lionel. — gimió sin pudor
La semilla del menor se disparó sobre la lengua del susodicho, sin pensar mucho se la tragó todo. Observó a Pablo, que intentaba recobrar el aliento después de ese ansiado clímax, sus ojitos estaban acuosos y sus cachetes húmedos por las lágrimas, sonrió al verlo satisfecho. El omega jadeó al sentir como los dedos abandonan su interior, la sensación de vacío lo dejó inquieto.
Pablo se dio cuenta de que el mayor seguía vestido, le parecía injusto ser el único desnudo. Se acomodó sobre sus codos, mirándolo de arriba a abajo, y sin palabras de por medio, Lionel captó su mirada.
Tiró su chomba fuera de la cama y el rango de vista. De todas formas en lo único en que podía fijarse es el abdomen tonificado de su compañero, decorado por una fina capa de sudor.
Esperó con ansiedad a que bajara esos malditos shorts y liberara su pija de una buena vez pero, en cambio, vio como este salió curioso de entre sus piernas para hurgar su mesita de luz. Escuchó una risa y eso provocó que se sentara en la cama.
— ¿Qué hace mi remera acá? — Lionel lo mira de reojo, Pablo se le acerca por detrás , recostando su cabeza sobre su hombro.
— ¿Qué buscas?
— Forros, no vamos a coger así nomás.
El omega bate sus pestañas fingiendo inocencia.
— Tenes forros ¿No?
Sus manos recorrieron su cintura hacia los bordes del short de Lionel, tironeando peligrosamente de ellos hacia abajo, jugando con los límites del mayor.
— ¿Y qué pensás?
Lionel abrió la boca para responderle pero Pablo lo calló con un beso suave que aspiraba a algo más. Sus manos se infiltraron por debajo de la tela, sintiendo el hinchado miembro bajo su palma. Levantó las cejas momentáneamente, sorprendido por el tamaño. El menor frotó sus dedos sobre la punta en forma de círculos para iniciar el vaivén, Lionel se separó de sus labios para suspirar.
Sintió el tibio aliento de Pablo sobre su piel, su mano ralentizó y aceleró el ritmo de manera inesperada haciendo al mayor jadear. El omega se divertía al ver como reaccionaba el cuerpo del otro.
El calor se empezaba a acumular en su vientre, mecía lentamente su pelvis acompañando los movimientos de la mano del menor.
— M-más rápido, por favor — su voz entrecortada y rota por los gemidos era algo totalmente erótico, acató la orden de inmediato.
Su corazón latía con fuerza mientras observaba embobado toda la escena, el pecho de Lionel que subía y bajaba por su respiración agitada.
Tomó su barbilla para dejarle un casto beso antes de que eyaculara, manchando su mano y sus shorts que no los habían bajado del todo. Lionel se recuperó rápido del clímax y deslizó sus últimas prendas por sus piernas.
Acorraló a Pablo entre su cuerpo y la cama, este abrió sus piernas para que se acomodará mejor entre ellas. Una de las manos del mayor se dirigió hacia su entrada, que rebosaba de su propia lubricación, sabe lo que va a hacer.
— No hace falta.
— Si vos decís…
Los labios del alfa atacaba con salvajemente sus belfos, mientras tomaba su sexo y lo presionaba contra el húmedo orificio, resbalándose fácilmente dentro de él gracias a su lubricación, le fascinaba su pensar que todo ese escándalo era por él.
Ahogó los gemidos del menor contra sus labios, el interior de Pablo lo aprisiona deliciosamente. Sus lenguas se enredaban y ambas dentaduras chocaban entre sí, mientras el omega clavaba con fuerza sus uñas sobre los hombros. Cuando el miembro de Lionel terminó de entrar en él con un fuerte empujón, arqueó su espalda y se separó los labios del mayor para soltar un gemido con dedicación al nombre contrario.
El alfa, jadeando por las nuevas sensaciones, dejó que se acostumbrara a él mientras clavaba su mirada sobre el menor, no podía creer la vista que tenía debajo suyo. Después de unos momentos, empezó a mover sus caderas en un vaivén pausado, arremetiendo suave pero con ansias de incrementar la velocidad.
El golpeteo constante contra su interior le arrancaba gemidos al omega, pero en cierto punto no era suficiente. Quería más de Lionel, ansiaba por más. Pablo presentía como el mayor se estaba conteniendo y se desesperó un poco por ello.
— Lio, más rápido — dijo mientras tomaba su rostro entre sus manos y sus cejas con una expresión de desespero. Junto a un puchero malcriado, terminó rogando por más—, por favor.
Levantó sus cejas ante el pedido del menor y, decidido, tomó la cadera entre sus manos, para empujar contra el menor sin cuidado, saliendo casi por completo para embestir su interior. El omega cerró sus ojos con fuerza, chillando de placer.
El pujatense fue dejando besos por su cara hasta que descendió hasta su cuello, aspirando el olor de Pablo que, a este punto, era como una droga para él. En aquel paso con sus fosas nasales, proporcionó alguna que otra mordida suave. El omega se retorcía debajo de él al sentir sus colmillos rozar provocativamente en aquella zona.
Lionel siguió bajando, encontrándose con los pezones erguidos del menor, succionó uno de ellos mientras el otro era estimulado por su mano libre.
La cantidad de estímulos empezaban a abrumarlo. Entre las estocadas que cada vez se volvían más profundas y Lionel que succionaba sus pechos como si realmente algo saliera de allí, la cabeza le había comenzado a dar vueltas. La imagen era exquisita, tanto que lo daban ganas de llorar.
— Te gusta así, ¿no? — Le susurra a su oído, la profunda voz estremece todo su ser, asiente desesperado, incapaz de pronunciar palabra alguna —, pedazo de trola reventada.
Los grititos de placer que vociferaba Pablo eran música para sus oídos. El pequeño cuerpo de su compañero se retorcía debajo de él. Admiraba como su rostro se deformaba, producto del placer, la forma en la que sus labios lograban crear esos bellos gemidos, las lágrimas que se escapaban traicioneras de sus ojos y el permanente sonrojo sobre su piel.
Cuando finalmente su pija encontró el punto dulce del omega, sintió el pequeño cuerpo vibrar. El alfa arremetió contra la próstata de Pablo, haciéndolo lloriquear. El obsceno sonido de sus pieles mojadas chocando constantemente y el calor abrasador que los rodeaba, era una escena totalmente erótica.
Pablo sintió el típico hormigueo formándose en su vientre y trató de advertirle al mayor pero le fue imposible, todo ocurrió muy rápido. El semen salió a chorros manchando el torso de ambos mientras este intentaba recomponerse, el pujatense atenuó sus movimientos para darle un respiro.
Su pecho bajaba y subía , calmando su respiración, su cuerpo seguía sufriendo pequeños espasmos por el reciente orgasmo.
—¿Ya te cansaste Pablito? — pregunto jadeando, con una sonrisa de costado.
Se mordía la lengua, tenía tantas ganas de responderle que en absoluto, su celo reducía bastante su cansancio, teniendo así un apetito sexual incrementado. El susodicho sonrió para luego largar un suspiro por su nariz, mordiendo su labio inferior.
Era de público conocimiento que los omegas en celo tenían un apetito sexual elevado, Pablo no era la excepción. Lionel estaba saciando muy bien sus necesidades, la noche era larga y hay tiempo para hacer muchas cosas.
— Nunca nadie me había cogido así . — su voz angelical resonó en sus oídos, pero sobre todo esas palabras que había dicho quedaron retumbando como un eco constante dentro de su cabeza.
Pablo, a sus ojos, siempre tenía un aura inocente, de niño bueno que no mataba ni una mosca. Ahora, todo ese semblante se caía a pedazos, de inocente y buenito no tenía nada, buscaba provocarlo con sus palabras de doble filo.
Las feromonas del omega no ayudaban tampoco, le hacían maquinar escenarios donde el cordobés se metía con otros alfas, su mente posesiva y manchada de un carnal deseo lo traicionaba.
— Ah ¿cogiste con otros antes? — Tratando de disimular inútilmente su recelo, Pablo subió sus cejas ante su pregunta pero rápidamente pensó en aprovechar la situación.
— Ay Lio, te pones celoso por pelotudeces… — le dijo entre risitas, el ego del alfa recibió un golpe bajo.
Su entrecejo se frunció, lo agarró por la cintura con fuerza penetrando su interior de nuevo.
— Como que te olvidas que estoy dentro tuyo ¿No? — le dice mientras empezaba a embestir nuevamente, esto toma por sorpresa a Pablo.
Lionel rápidamente atacó su cuello mordiendo con más fuerza, hundiendo sus falanges sobre su piel que seguramente dejaran una marca, tomando con su agarre un nuevo ritmo salvaje que lo hizo volver a gemir.
— ¡Lionel!
Las uñas de Pablo se clavaron en su espalda, gruñó contra su oído, excitándolo más. Sin siquiera recuperarse de su anterior clímax, podía sentir como otro se avecinaba.
El mayor tomó su pene para empezar a bombearlo, acompañando la masturbación con una ronda de estocadas tan fuertes que fue inevitable, Pablo se apretó contra la deliciosa pija del alfa al venirse con fuerza; sus abdómenes quedaron nueva sucios con su semen.
Su cuerpo tembló y su garganta se desgarró en un sollozo de placer, con su cerebro apagándose brevemente por la enorme ráfaga de placer que golpeó su todo su ser. El pujatense se vino unos segundos después del menor, pero el nudo no se produjo, cosa que lo frustró de sobremanera.
Salió del interior del menor, su vista se deleitó con un Pablo jadeante, con su torso profanado con sus propios fluidos y su entrada chorreante de su semen. Ahogó un jadeo y terminó sentándose contra el cabecero de la cama.
El omega sintió como las feromonas de Lionel son casi imperceptibles en el aire, se preocupó y girando su cuerpo, quedando boca abajo. Estaba con los ojos cerrados y eso lo alertó.
— ¡¿Te dormiste?!
Scaloni bufó.
— No.
— Entonces que te pasa.
Lionel abre abruptamente los ojos al sentir el peso del omega sobre su regazo, desvió la mirada. Aimar notó que sus labios formaron un puchero.
— Nada, es que me frustre porque … no te pude anudarte — su cara se tornó roja como tomate.
Pablo quedó anonadado, se mordió el labio por unos momentos, su corazón se derrite de ternura. Busco su mirada, tomándolo por su cachete para que lo viera.
— Ay, Lio – dejo un beso en su mejilla —, no pasa nada. Tenemos toda la noche para que me anudes todo lo que vos quieras, mi amor.
Esto último lo dijo con un tono más bajito. Se besaron como por enésima vez y sus entrepiernas tironearon nuevamente, rozando sin querer, sacándoles así un jadeo. En un momento de atrevimiento, la mano del mayor rodeó los dos miembros para empezar a bombearlos suavemente.
Lionel mordió sin querer el labio inferior de Pablo con sus colmillos, haciendo que suelte un quejido de dolor, la saliva se mezcló con el sabor metálico. El menor seguía gimoteando por la herida y se separaron.
— Me mordiste re fuerte hijo de puta. — sus palabras lo hicieron reír ruidosamente.
— Te duele cuando te muerden el labio pero te rompo el orto bien que lo disfrutás.
El riocuartense intentó responder, pero el ritmo de la mano del mayor se aceleró, reprimiendo así el gemido en sus labios heridos.
— Además… gemis re fuerte Pablito, seguro el ruido llega hasta Argentina.
Su cara ardía de vergüenza — B-Bueno no es mi culpa que tengas el choto tan grande.
Inmediatamente se arrepintió de sus palabras y se ocultó en el cuello del mayor. Sintió su cuerpo vibrar cuando Lionel reprimió unas risitas.
—¿Como dijiste, Pablo?
— No te hagas el boludo, escuchaste bien.
Vuelve a mirar al mayor, su cara era un poema, los ojos entrecerrados que lo buscaban constantemente y sus labios rosados.
Para Pablo, Lionel simplemente era el alfa más lindo que jamás haya visto. Y para Lionel, ocurría lo mismo.
— ¿Te molesta que haga tanto ruido?
— En absoluto – Lionel se acercó peligrosamente a su boca, respirando el mismo aire caliente — Me encanta, no te calles nunca.
El líquido preseminal comenzó a brotar y embadurnar sus pijas, deslizando así su mano con facilidad. Con un beso acelerado, sus lenguas bailaban desesperadas, recorriendo sus cavidades sin cansarse.
Aimar gimió sobre la boca del alfa, sentía que un orgasmo se aproxima y meció sus caderas sobre la mano ajena.
— Alfa, cogeme de vuelta, por favor. — su tono lastimero enternece al alfa que, obviamente acepta su petición.
Dejó de masturbar sus miembros, el omega se sintió insatisfecho por no haber acabado y miró extrañado a Lionel.
— ¿Te cansaste? — Pablo imitó su tono burlón, el aludido esbozó una sonrisa y negó.
— ¿Estas para uno más? — acarició uno de sus muslos suavemente, el menor sonrió victorioso y asiente.
— Ponete en cuatro entonces, lindo.
Pablo acató la orden, esperando con ansiedad el toque del mayor sobre su cuerpo, necesitaba sentir como la pija de Lionel lo llenaba por completo.
Se posicionó detrás del omega. Mordió sus labios, maravillado ante la vista, la figura del menor en cualquier ángulo era divina. Palmó con fuerza uno de sus muslos haciéndolo jadear y enrojeciendo la piel.
Ahora era el de rulos quien mordió sus labios, ante la intrusión del mayor dentro de él pero, es inevitable no gemir. Chocaba contra su ardiente y suave interior, que lo recibía gustoso.
Sus brazos flaqueaban y aunque él no se sentía tan cansado, el cansancio físico le pasaba factura. Bajando sus brazos, su cara chocó contra las suaves almohadas donde ahogaba sus ruiditos, con su pequeño cuerpo sacudiéndose con cada embestida.
— Lionel, la re puta madre.
Quería que no le importara la fiebre, los calambres, o el desgaste físico. Sus hormonas estaban volando por los cielos, las feromonas de Lionel eran como droga para su cerebro; afrodisíaco puro perforaba su raciocinio, esa poronga estaba perforando su interior de verdad.
El sonido húmedo del chapoteo, de la carne golpeándose entre sí, los gruñidos y gemidos del alfa, sus propios gritos lo enviaban a otro plano. Lo único que podía hacer es mover sus caderas por más.
La cabecera de la cama chocaba contra la pared por la fuerza que ejercía el mayor sobre el cuerpo el omega. No iban a detenerse hasta que los dos lograran saciar sus instintos. Con unas embestidas más a su próstata, sentía que estaba apunto de estallar, aprisionó las sábanas entre sus falanges.
Mientras, el alfa dejaba mordidas a lo largo de su espalda, toqueteando todo su cuerpo a su antojo, deteniéndose en sus glúteos, amasándolos para luego darle alguna que otra nalgada.
El omega escuchaba los quejidos de su compañero, hacía caso omiso, eyaculando por la fricción entre su miembro y la cama, sin siquiera tocarse. La almohada, empapada de sudor y lágrimas, lo contiene contra el exquisito climax.
Pablo sollozaba de placer y eso enterneció al Alfa, quien rápidamente rodeó sus delicadas caderas con sus manos, guiando así sus feroces movimientos, arremetiendo contra el orificio del omega que lo tomaba tan bien, era como si hubiera sido hecho para su medida.
— Quiero que seas mio y de nadie más — masculló entre dientes para descender con besos por sus hombros y espalda.
Lionel perseguía con más intensidad su orgasmo. Tomando las hebras castañas, jaló todo el cuerpo del menor contra el suyo. Pablo se limitó a gemir, el caluroso aliento del mayor rozaba contra su piel.
— Aguanta por mí…¿Si? — el menor asiente débil y retoma su posición inicial, siente como el mayor recorre su espalda con sus labios calientes, todo su cuerpo sufre fuertes espasmos, totalmente ignorados por Lionel.
El calor se formó en su entrepierna como magma y sintió un cosquilleo que se dirigió a aquella zona, alertando el comienzo de un nudo, las paredes internas son como terciopelo y simplemente no puede resistirse. Gimió contra el oído del omega para luego hundir su nariz contra su cuello, embriagándose por su aroma.
— Sos mio, mio.
El omega gritó al sentir como su alfa insistía en moverse cuando el nudo apenas se estaba formando dentro de él, cerró los ojos fuertemente ante la nueva sensación. La presión creciente en su vientre lo hizo abrir sus ojos, apreciando como este se abultaba de apoco, descargando el cálido semen en el apretado agujero.
A la par de la hinchazón del nudo, sintió como Lionel hundió sus colmillos sobre su cuello, haciéndolo sollozar. Se paralizó del dolor, la sangre que brotaba de la reciente herida tiñó tímidamente la sábana de rojo.
Todo su cuerpo se debilitó y el alfa pudo presentir aquello, así que sujetó sus caderas con fuerza. Escuchó el llanto de su omega e instintivamente comenzó a lamer la marca, saboreando el gusto metálico de la sangre. Besó suavemente la zona, tratando de apaciguar la angustia de su omega.
Pablo se estremeció al sentir como el nudo se agrandaba en su interior, su vientre se hinchó un poco y se siente totalmente lleno. La unión se deshizo unos minutos después, fue el tiempo suficiente que el cuerpo del menor necesitó para calmarse después de todo lo que sucedió.
El alfa salió de su interior, observando como los restos de sus fluidos rebosaban la entrada de su omega. Se recostó al lado de Pablo, quien estaba totalmente agotado y apenas podía mantener sus ojos abiertos. Lionel, enternecido, posó su mano en la mejilla de amante para acariciarla. Peinó un poco sus rulos y recibió una sonrisa somnolienta del menor.
— Buenas noches, Pablito — dijo antes de depositar un beso sobre su sien.
Aimar cedió ante el sueño y Scaloni antes de acurrucarse junto a él, tomó la sábana y la extendió para taparlos a ambos, atrayendo el cuerpo del menor hacia él. Por más calor que sintiera, solo quería estar cerca suyo. Finalmente, momentos más tarde, cae dormido.
***
Los rayos del sol se colaban entre las cortinas de la habitación, Pablo es obligado a abrir los ojos, parpadeando un par de veces hasta acostumbrarse. Casi todo su cuerpo estaba encima de Lionel, quien seguía dormido, respirando pausado, el pecho subía y bajaba lento.
Quedó totalmente embelesado por la belleza de su alfa, las cejas pobladas, lindas pestañas que adornan sus cerrados ojos, su recta nariz. Sintió una feroz necesidad de tocarlo y de hecho lo hace, contorneando sus facciones con sus dedos, de arriba hasta abajo, llegando a sus belfos, finitos y colorados.
El santafesino finalmente se despertó y sintió como Pablo alejó sus falanges. Atrapado justo en el acto, sus mejillas se enrojecen haciendo sonreír a un somnoliento Lionel.
— Buenos días, lindo — se acercó al rostro del menor y comenzó a llenarlo de piquitos, el omega no opuso resistencia.
— Buenos días…— Pablo posó su mano en el pecho del mayor, pero rápidamente la despegó —, ¡hijo de puta estás hecho un pegote! Eww.
Lionel se sentó en la cama para estirarse un poco, volteando a ver a su pareja que seguía con cara de disgusto. — Y vos tenes una baranda.
El menor lo golpeó con una almohada repetidas veces mientras el mayor comenzaba a reírse.
— Bueno, basta Pablo, no es mi culpa que tengas alto olo-.
La almohada se estampó contra su rostro, haciéndolo caer sobre la cama. El mayor le dio un manotazo y se la sacó, ahora con el arma entre sus manos amago a pegarle y Pablo entre risas se cubrió con sus manos. Lionel no se vio capaz de hacerlo.
— Yo no te pego porque soy buenito.
El omega hace el montoncito con su mano, sonriendo.
— Ay callate.
— Cállame — dice libidinoso, intimidando al menor con sus profundos orbes azabaches. Pablo ocultó su rostro caliente entre sus manos y largó un suspiro.
— No empecemos, por favor.
Lionel salió de la cama para dirigirse al baño de la habitación, prendió la canilla para empezar a llenar la bañera. Mientras tanto, el omega se sentó dificultosamente en la cama, siseando ante la incomodidad, los restos de semen y su propia lubricación se escurrieron entre sus muslos, la necesidad de bañarse se volvió más fuerte. Le dolía el culo y sus piernas seguían un poco adormecidas.
— ¿Te sentís bien? — el mayor se acomodó en el marco de la puerta.
Pablo, al levantar la vista, notó la desnudez del alfa e intenta no darle mucha bolilla, pero el sonrojo en su cara lo delataba.
— Maso, me duele un poco. — al decir esto último, bajó el tono de su voz.
Lionel al final terminó ayudando a su omega a caminar hasta el baño. Antes de entrar a la tina procuró que el agua no estuviese demasiado fría, estaba tibia.
Ya ambos dentro, intentaron relajarse un poco con el agua, el mayor es quien se termina de limpiar primero y el menor toma más tiempo.
— ¿Me ayudas a lavarme la espalda?
El alfa tomó el jabón y lo pasó con delicadeza por la zona para después tirarle agua. Sin que se lo pidiera, comienza a enjuagar el cabello del omega, concentrado en su labor, masajea el cuero cabelludo con todos sus falanges.
Pablo se sentía sumamente relajado y ronroneó contento. Formó con sus manos un pocillo para agarrar agua y terminar de lavarle el pelo, se sentía como un pelotudo haciéndolo pero era capaz de hacer todo por mantener a su omega feliz.
El agua con shampoo que cae se desliza por cuello y toca la reciente marca provocando que el riocuartense soltara un siseo irritado, a Lionel se le escapó una puteada.
— Perdón — susurró para luego soplar suavemente la zona, dejó un par de besos alrededor para compensar la cagada que se mandó.
Se terminaron de bañar y el primero que salió es el alfa, que tomó una de las toallas que había dejado previamente allí. Secó su cuerpo y la envolvió en su cadera, le pasó una a su omega para que hiciera lo mismo. Aprovecharon y se lavaron los dientes.
El omega se quedó viendo su reflejo, admirando la marca que Lionel le había dejado, había visto marcas en omegas pero ninguna que fuera tan reciente. Sintió un cosquilleo en su pecho y sus mejillas se sonrojaron al recordar todo lo que habían hecho ayer.
Al salir se encontró a Lionel poniéndose la remera que le había robado.
— Sigo sin saber cómo terminó esto aca.
Pablo quedó atónito unos segundos tratando de recordarlo.
— Ah, creo que fue una vez que después de un partido te la agarre del bolso… y como estaban todos festejando nadie se dio cuenta.
— ¿Y qué hiciste con la remera?
En realidad ya lo sabía , solo quería molestarlo.
— Ay, que tarado que sos, te seguis haciendo el vivo y te juro que…— el omega se contuvo al ver como el alfa se divertía con su respuesta.
— Ah bue, no te tenía así a vos.
Ambos se rieron.
— Cambiando de tema, ¿tendrás algún short para prestarme?
— Ahí en el cajón debe haber algunos, pasame uno a mi también — señaló dicho mueble.
Aprovechó para ponerse la ropa interior y tomar la chomba de Lionel, comprobando que estuviera limpia y que no tuviese tanto su olor.
— Toma, esto no me lo pongo ni en pedo — le dejo un short deportivo con el logo de su querido River Plate, se rió entre dientes mientras se lo calza.
— ¿Y? ¿Cómo me queda?
Lionel dio una semi vuelta y su mirada inevitablemente se fue a sus apretadas nalgas, claramente no era de su talle. Apretó sus labios para contener reírse.
— Bien, bien.
— Ay, gordo me miraste el culo.
El menor estalló de risa y Lionel fingió indignación. Cuando las carcajadas cesaron, el rugido de sus estómagos les hizo acordar de que tenían que ir a desayunar.
— Vamos yendo al comedor.
— Para culiado... ¿Qué hacemos con esto? — Refiriéndose a la marca. Lionel se encogió de hombros, notó que sobresale bastante del cuello de la chomba.
— Anda así nomás, ya fue.
— Da’ Lionel te lo digo enserio. — dijo mientras se cruzó de brazos
El mayor miró por el cuarto de Pablo, se dio cuenta que en un sillón cercano había una campera y la tomó rápidamente para dársela.
— Apurate que quiero llegar al buffett, tengo una lija.
Al abrir la puerta, se toparon con su entrenador. Portaba una cara de orto y brazos cruzados.
— Tengo que hablar con ustedes, váyanse olvidando del desayuno.
La pareja se miró entre sí e intentaron darle explicaciones a su entrenador entre tartamudeos.
