Work Text:
Mira la puerta antes de pensar siquiera en tocar el timbre para anunciar su presencia.
Suspira al escuchar las risas y voces alegres ante sus expresiones, felices de celebrar esa noche. Nochebuena. Niega mientras retrocede un par de pasos, sintiendo el crujir de la nieve bajo sus patines. No quiere pasar el resto de la noche escuchando eso, no le agradan, no en ese momento... Solo quiere paz.
Soledad y silencio.
Gruñe para sí mismo al verse cansado por esa sensación, por tan grande peso sobre sus hombros, el cual le taladra los huesos, le cala la consciencia... Le lastima el corazón.
—Maldita sea. —masculla agotado, terminando por alejarse unos metros más hasta que topa con un árbol, su bufanda se engancha en el tronco ante la fuerte y gélida brisa y un montón de nieve le cae en la cabeza ante la misma. Bufa y jala aquella prenda con violencia ante la frustración.
No quiere estar allí, de verdad no soporta la idea de quedarse.
—Lo siento, faker... —insta cuando por fin tiene la bufanda de vuelta en su cuello, mirando de reojo la casa. Tan rápido como llegó se va, empuñando su esmeralda con coraje, casi como si tuviera la fuerza de quebrarla.
Solo quiere largarse. Irse lo más lejos posible de ese sitio, no soporta la idea de mantenerse envuelto en semejante ambiente.
No sin ella...
Jadea frustrado, estrellando de nuevo el jarrón nuevo que Rouge colocó en la chimenea para reemplazar el anterior que tuvo el mismo final. Respira errático mientras mira los trozos de aquella vasija; quiere buscar algo más qué estrellar, pero ya no hay nada a su alcance.
Quiere sacar esa frustración de su interior, necesita hacerlo lo antes posible.
Gruñe furioso, una vez más, jalando la bufanda que protege su cuello, dispuesto a desgarrarla. Mas se detiene, lo hace en cuanto mira bien dicha prenda, recordando cómo es que ahora estaba en sus manos. Recordando quién se la había obsequiado.
Refunfuña y se deja caer sobre el sofá que descansa a sus espaldas, mirando la espléndida tela que resalta a pesar de estar la casa en penumbras. La empuña con fuerza, queriendo arrojarla y al mismo tiempo pegarla lo más posible a su cuerpo.
Todo le frustra con cada segundo que transcurre, le agobia, le harta.
Termina por apegar dicho trapo hacia él, bajando sus orejas en cuanto siente la suavidad de la tela rozar contra su mejilla y el suave olor de quién la vistió antes que él. De nuevo la confusión, otra vez esa sensación tan incómoda, ese sentimiento tan miserable.
Odia sentirlo, detesta sentir su corazón palpitar como loco, su mente pensar en él cada segundo. Le asquea saber a qué punto ha llegado.
A sentirse tan vulnerable frente a su rival.
Apoya sus codos sobre sus piernas y encorva su espalda, frotando su rostro en la palma de sus manos. Ya no quiere esto, no más. Esto lo vence más que cualquier pelea.
Alza el rostro tras restregarlo con fervor en sus manos, topándose con una dulce mirada tras un vidrio. De nuevo el retrato de su amada niña, el cual le mira con felicidad, a pesar de las circunstancias, esa dulzura se mantenía cada día.
Aprieta el puente de su nariz con fuerza y desvía la mirada, no queriendo sentir más la culpa cargarse en su espalda, no ante esa mirada que le sigue al caminar.
—Cómo quisiera que estuvieras aquí... y cumplir eso que te prometí. —gimotea bajito, sintiendo sus ojos picar y cómo sus dientes rechinan ante la fuerza con la que aprieta su mandíbula.
No soporta el dolor que implica ese día, le agota, le agobia. Quiere solo sentirse tranquilo. Quisiera poder cumplir su promesa.
[...] — Mi abuelo me prometió que en navidad iríamos a la tierra. —comentó emocionada, estrujando al pequeño erizo moreno entre sus brazos. Éste sonrió al ver la misma expresión en la niña, compartiendo su emoción —. ¡Podré mostrarte lo lindo que es allá! ¡La pasaremos genial, Shadow!
Baja las orejas en cuanto esa dulce voz retumba en su cabeza, provocando que se encoja en hombros y oculte su rostro en sus manos nuevamente.
— Hablé con tu abuelo —comentó ahora su voz; sostenía la mano de aquella chica rubia, la cual le miraba débil sobre una camilla del hospital en el ARK — , esta navidad no podremos asistir a la tierra, María, lo siento.
Recuerda la cara de su niña, esa faceta triste y las finas lágrimas que se acumularon en sus ojos opacos. Suelta un pequeño sollozo, doliéndole aquella imagen como la primera vez.
— María, linda, no te pongas así. —se apresuró a decir, acariciando los cabellos dorados de la chiquilla — , te llevaré en la siguiente navidad.
— ¿Lo prometes? —inquirió agotada, siseando en un pequeño sollozo.
— Lo prometo...
Termina por arrojar la bufanda que estrujaba hacia el piso, lo más lejos que puede de su vista.
No se siente siquiera digno de pasarla bien ese día, no cuando esa culpa le pesa, una vida, una promesa.
No si ella no está.
—Lo siento... de verdad, n-no sabes cuánto lo lamento. —solloza mientras apoya su espalda en el sofá, buscando cubrir su rostro con sus manos. Siente las lágrimas escapar entre ellas, haciendo cosquillas sobre sus heladas mejillas.
Da un pequeño salto en cuanto escucha la puerta ser tocada, bufando molesto ante tal interrupción. Busca ignorar el desagradable sonido, pero la insistencia en los golpeteos se lo impide, provocando que se levante, limpie sus lágrimas y se dirija sin ánimos a la puerta, la cual abre lento.
—¡Shadow, sabía que te encontraría aquí! —exclama feliz, mostrando esa radiante sonrisa al ser que le miraba entre penumbras. El azul parece no importarle el frío de afuera, ya que solo viste un pequeño gorro además de su típica vestimenta —, ¡vamos a la cena! Te estamos esperando. —le sujeta del brazo y busca halarle con suavidad fuera de la casa, pero el otro se desprende de su agarre, volviendo al interior ante la mirada confundida del menor.
—No iré.
—¿Eh? ¿Por qué no? —inquiere confundido, siguiendo al dueño de aquel hogar hasta el interior de éste.
—No es de tu incumbencia, faker —gruñe, queriendo alejarse lo más posible de esa molesta presencia, mas el otro se lo impide, manteniéndose cerca del bicolor —. Lárgate, quiero estar solo.
Esto le detiene, sorprendido ante las palabras del contrario. Truena la lengua en reproche y se mueve rápido, ante una estela color azul, hasta estar al frente del azabache, el cual se detiene abrupto.
—Nadie merece estar solo hoy. —musita quedito, con sus manos detrás de su espalda y su cuerpo levemente flexionado hacia el contrario.
—Pues yo sí, ¡así que largo! —le empuja y le aparta de su camino, yendo hacia las escaleras que dan al segundo piso.
—No Shadow, tú menos que nadie. —insta, ahora tomando la muñeca del moreno. Le detiene en un pequeño tirón, ganándose la mirada frustrada del azabache, la cual se observa a pesar de la oscuridad —. Anda, quiero verte feliz al menos hoy. ¡Dame una hora y me voy!
Desvía la mirada al ver el rostro suplicante del azul, bufando vencido. Quiere golpearlo y sacarlo de allí, pero no podía, no se atrevía.
—En una hora te quiero lejos de mi casa.
—¡Gracias!
Le lleva a la sala en cuanto Shadow parece no resistirse, teniendo aún esa mirada molesta sobre él.
—¿Y cómo piensas verme... “feliz”?
El azul ríe, yendo a la puerta que aún seguía abierta. Toma dos cajas, una con un moño mal puesto y otra sin decoración alguna. Mete ambas cajas y cierra la puerta con uno de sus pies, buscando en la segunda caja algo. Saca un suéter con un lindo árbol en el centro con sus respectivas decoraciones hechas de botones.
—Con esto. —presiona el hombro y el árbol se ve iluminado por lucesitas, las cuales iluminan el rostro del moreno, junto a ese típico sonido de las series de foquitos. Una canción navideña.
—No me jodas...
—¡Y traje uno para mí! —le entrega el que sostiene a Shadow y saca otro de la caja, el cual tiene a Santa Claus en su trineo. La nariz de Rodolfo brilla y el trineo tiene sonidos de campanitas y los fuertes “Jo, Jo, Jo” del hombre barrigón.
Se arrepiente en cuanto mira la emoción del azul, lo hace, busca la forma en la cual escapar del menor en esos instantes, pero no sabe qué hacer... Solo le queda esperar.
—¡Ves! Así está mucho mejor, esta casa se sentía como un témpano de hielo —ríe mientras frota sus manos frente a la chimenea, la cual ilumina en su totalidad la sala. El moreno permanece sentado en el sofá que ocupaba antes que el menor llegase, ignorando a éste qué habla feliz —, vamos, arriba esos ánimos, ¡es noche buena!
Nada, esa mirada se mantiene tan seria como cuando llegó. Bufa vencido y toma entre sus manos la bufanda que juntó del piso. Sonríe desanimando, él se la había obsequiado.
Termina por sentarse frente al ser de ojos rojos que le observa expectante, con el suéter que le trajo a varios metros de él para evitar que termine sobre su cuerpo.
—Creo que deberías volver, deben estar esperándote para cenar. —comenta con ese mismo tono frío que siempre le ha caracterizado. Sonic niega, terminando por recostarse sobre el sofá, dando sus pies muy cerca de la chimenea.
—Te mentí, no hay cena, siquiera hay alguien de los chicos en Möbius para esta navidad. —dice bajito, mirando la tela de la prenda que sostiene entre sus manos —. Tails y Amy acompañaron a Vainilla y a Cream fuera de la ciudad. Knuckles pasaría la navidad junto a Rouge en Angel Island, Silver y Blaze están en el futuro y los Chaotix están en una de sus típicas misiones en quién sabe dónde. —se encoge en hombros, dejando caer sus manos sobre su pecho antes de suspirar con desánimo.
—Entonces ¿me invitaste a una cena falsa? Pero escuché sonidos en tu casa, habían muchas personas. —se endereza un poco, mirando con duda al azul que solo ríe, nervioso.
—¡Estaba mirando mi pobre angelito! Creo que tenía la televisión demasiado alta. —gira su cabeza y sonríe algo triste, observando al moreno que solo gruñe —. ¿De verdad fuiste a la casa? Wow, no creí que lo harías siquiera.
—Estuve a punto de tocar...
—¿Por qué no lo hiciste? —se apoya en uno de sus codos y endereza su cuerpo, mirando curiosos al azabache. Éste desvía la mirada e imita la acción de azul en su asiento, termina recostado.
—No lo vi correcto. —comenta al aire, mirando el techo.
—¿Correcto? ¿De qué forma? —termina por sentarse en el sofá de nuevo, inclinando su cuerpo y apoyando sus codos en sus rodillas; dispuesto a escuchar, a ser un fiel espectador de todo lo que el moreno se atreviera a decir.
—No lo entenderías. —gruñe con un tono tan apagado que incluso desanima al cobalto. Éste ladea la cabeza, buscando la manera en la cual ayudar a cambiar la faceta del contrario.
—Entonces... Explícamelo, quiero saber... Quiero entenderte. —insiste como es de costumbre viniendo de él. Shadow niega frustrado, sabiendo que no se dará por vencido hasta no obtener lo que quiere.
—Cuando estaba en el ARK, prometí a María que la llevaría a celebrar Navidad, en la tierra... Creo que es obvio que jamás lo cumplí. —se encoge triste, bajando la mirada hasta sus manos, las cuales se entrelazan entre sí ante el frío —. Ella me enseñó todo sobre estas fechas, me contaba feliz cómo festejaba con su familia antes de terminar... Allí. —suspira antes de desviar la mirada, evitando la del contrario —. Me es injusto que yo disfrute y ella no.
La mueca en el menor se vuelve triste, sabiendo lo mucho que al otro le cuesta hablar de ella. No le gusta que se castigue de esa manera, no lo merece.
Se levanta de su asiento y se acerca al sillón que ocupa el moreno, caminando atrás de éste para apoyar sus brazos en el respaldo y mirar al mayor de frente.
—Creo que lo has tomado de forma equivocada, Shadow. —comenta obteniendo la mirada decaída del nombrado —. Estoy seguro que te contaba sobre todo eso con la intención de que tú lo vivieras al estar aquí... Sé que quería que lo disfrutaras como alguna vez ella lo hizo. —deja esa bufanda sobre sus hombros y después apoya su torso sobre la superficie esponjosa que ofrece el respaldo del sofá, mirando la chimenea que gustosa calienta e ilumina el lugar —. Lo que haría si fuera tú, es vivir todo lo que a ella le hubiera gustado... Empezando hoy.
Le regala una sonrisa tranquila, acompañada de unas suaves facciones que reflejan ternura. Se aleja del sofá y camina hacia la otra caja que permanece en el piso, tomando esta con algo de duda.
Shadow le mira caminar, pensativo por las palabras provenientes de su rival y se endereza, terminando sentado de nuevo en su lugar.
¿Disfrutar? ¿Cómo hacer eso después de haberse retraído de todos los buenos momentos que pudo haber vivido? ¿Cómo hacerlo?
¿Con quién?
—Traje algo para ti. —su mirada se alza hasta topar con esas esmeraldas bailarinas, las cuales evitan verle a toda costa. Nota las mejillas del menor en un suave tono rojo y como sus orejas se mueven inquietas. El azul le entrega esa caja con un moño rojo, torcido y a medio pegar, la caja siquiera está envuelta —. Sé que debí dártelo hace mucho, pero jamás vi el momento adecuado. —el bicolor le mira extrañado mientras el otro toma asiento a su costado, admirando ese nerviosismo bastante extraño en el ser azul.
Baja la mirada y abre la caja sin el más mínimo esfuerzo, topándose un álbum de fotos, viejo y algo roto, un par de brazaletes y una pañoleta azul. Todo le es familiar, tanto que le roba el aliento.
—¿De dónde sacaste esto? —pregunta de golpe, bastante molesto; saca el álbum y lo hojea un poco, mirando fotos de esa niña y él —. Sonic, ¿de dónde lo sacaste? —repite, mirando con frialdad al menor.
—En una de las batallas contra Eggman. Al parecer él las encontró después que a ti en el ARK. —Su tono de voz es bajito, parece como si no deseara dejar salir palabras de su boca, pero le es imposible ante esa mirada tan penetrante frente a él. Shadow se siente frustrado, vencido ante el mar de emociones que se le viene encima en ese preciso instante, pero cede, lo hace en cuanto toma esa pañoleta azul entre sus manos.
Era una prenda de su niña, era de ella al igual que todo lo demás.
Era un recuerdo más de María...
—Era de ella —musita cohibido, tragando saliva para evitar que su voz flaquee —, solía usarla cuando su abuelo le mostraba algún nuevo experimento. Según ella, le daba buena suerte. —niega triste, empuñando la pequeña tela con fuerza. Sigue mirando el contenido de esa caja, tomando ahora con cuidado ese par de brazaletes —. El doctor Gerald los hizo para ambos —comenta ahora, con una sonrisa tembloroso mientras extiende ambos frente a él —, solíamos usarlos siempre que ella salía de tratamiento, era la forma que tenía para animarla. Le decía que eran como los míos, que la protegerían y sería igual de fuerte que yo... Solo quería verla feliz.
Baja la cabeza por completo, no queriendo verse débil ante ese erizo al cual le juró odio eterno. Quiere desaparecer y vivir con su culpa lejos de todos... Cómo lo hizo hasta este día.
—Y veo que lo lograste —llama el menor, abriendo con cuidado el álbum sobre el regazo del moreno —, mira lo feliz que está en todas las fotos, esa sonrisa es de alegría pura, Shadow. —muestra una a una las fotografías de un par de páginas, en todas la niña reía, sonreía... Disfrutaba de estar con el moreno y su abuelo —. Ella fue feliz hasta el último día de su vida, hombre... ¡todo gracias a ti!
El azabache cierra sus ojos y frunce el ceño, no sabiendo cómo sentirse en ese instante. La miseria lo abruma a pesar de las palabras ajenas, que solo quiere dejar salir esa tristeza.
De verdad, solo quiere paz.
El menor aparta los objetos que el otro sostiene con recelo y los devuelve al sitio en donde habían permanecido hasta hacía minutos, los aparta todos, queriendo aliviar el dolor del azabache.
—Sé que te sientes culpable de lo que ocurrió con ella —comenta suave, tomando la bufanda que descansa en sus hombros y llevándola de nuevo al cuello del azabache. Éste alza la mirada, se nota vencido. Triste —, pero hiciste todo lo que estaba a tu alcance para que ella fuera feliz. Ahora te toca a ti serlo... —saca la pañoleta que se escapa en parte de la caja, tomando la mano del azabache y colocando ésta en ella; Shadow empuña su mano sobre ella y recibe el suave tacto del menor sobre las suyas, ayudándole a resguardar esa fina tela —. Es lo que ella hubiera querido.
Suspira mirando cómo sus manos se juntan con las ajenas, sintiendo de nuevo ese nerviosismo, ese maldito sentimiento que tanto odia cada que lo tiene enfrente.
—Es lo que yo quiero para ti...
Alza la mirada en cuento lo escucha, notando ese rostro con la mirada baja, admirando al igual que él esas manos juntas. Sonic termina por alzar por igual el rostro, notando a escasos centímetros el ajeno. Sus narices están a punto de chocar, sus ojos se fijan en los otros, admirando el brillo de un par de brillantes esmeraldas y rubíes... Un claro sonrojo baña las mejillas de ambos y el encanto del momento se mira envuelto por la calidez de una fogata encendida.
—De-debo irme —atina a decir el menor, desviando la mirada rápido mientras se aleja, levantándose de su asiento —, ya se acabó el tiempo... —recoge ambos suéteres que están arrinconados en uno de los sofás y se encamina hacia la puerta.
—¿A dónde irás? —pregunta Shadow, mirando la chimenea que consume el último tronco que queda en ese hogar. Sonic se detiene, dándole la espalda al moreno.
—Supongo que a ningún lugar en concreto... Lo menos que quiero es ir a casa y pasármela en el sofá mirando un maratón navideño. —se encoje en hombros antes de girarse un poco hacia el azabache.
Se acomoda la bufanda y deja la pañoleta sobre la caja, colocándose de pie ante la mirada curiosa del azul.
—Quédate... —musita, cruzando sus brazos antes de apoyarse frente al menor en el respaldo del sofá —. Nadie merece estar solo hoy ¿verdad? No en Nochebuena.
Sonríe a la par del otro, sonrisas que perdurarán el resto de la noche, con dulzura, con encanto.
Con la magia propia de un día tan lindo cómo lo era la Navidad.
—Feliz navidad, faker...
Ríe ante dicho mote, mirando al otro con semejante suéter puesto y niega, aún sin creer que haya cedido a él. Todo por verle feliz.
—Feliz navidad, Shadow...
Fin
