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Escena perdida

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Gen caminaba rápidamente detrás de Chrome, su mente seguía zumbando a pesar de las horas y el camino que lo distanciaba de la mansión de Xeno. El camino fue corto hasta la habitación donde se alojaba Senku. El castaño lo guiaba, le explicaba la situación: Luna lo estaba ayudando en su recuperación y ya se encontraba fuera de peligro.

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Gen caminaba rápidamente detrás de Chrome, su mente seguía zumbando a pesar de las horas y el camino que lo distanciaba de la mansión de Xeno. El camino fue corto hasta la habitación donde se alojaba Senku. El castaño lo guiaba, le explicaba la situación: Luna lo estaba ayudando en su recuperación y ya se encontraba fuera de peligro. Lo habían separado de las habitaciones comunes para su comodidad. Chrome le pidió que no se asustara, que no lo alterara. Les regalaban esa tarde para estar juntos, luego todos tendrían que ponerse en acción, era el tiempo que podían darles.

 

—Es demasiado tiempo de hecho, no sabemos si volverán a atacar, intentaremos idear alguna estrategia nosotros y en unas dos horas te informaremos. —el chico estaba decidido y serio, el disparo que le dieron al general científico, pensó Gen, habría alterado tanto a su amigo que seguiría en un pequeño trance de tensión.

 

—No te preocupes, luego de hablar con él, daré más detalles de todo lo que vi, pero lo principal ya fue dicho.

 

El mentalista intentaba pensar en lo mucho que debía informar, cada detalle que había visto en la maldita mansión de Xeno se repetía como un bucle infinito en su cabeza.

 

—Avísame si necesitan algo, intenta descansar…

—Chrome primero quiero ver a Senku, lo demás puede esperar unas horas

 

Chrome afirmo con la cabeza y lo dejó solo frente a la habitación donde Senku estaba, nadie podía intervenir entre ellos.  

 

Cuando supo que el pasillo estaba por completo vacío, mojo con su propia saliva la manga de su chaqueta morada e intento limpiarse la cara. Respiro un par veces de forma lenta antes de llamar a la puerta.

 

Por suerte una voz débil le permitió avanzar.

 

Allí dentro estaba él, acostado en un tatami improvisado, cubierto de vendas sobre el estómago, su respiración era pausada parecía molestarle cada movimiento que hacía. Una suave capa de sudor lo cubría, por suerte estaba despierto y le dedico una ligera sonrisa.

 

—Mentalista, hola de nuevo.

 

Lagrimas se agolparon en los ojos de Gen, su cuerpo empezó a temblar aún peor que antes a medida que se acercaba con cuidado al rubio.

 

—Menos mal Senku…

 

Se sentó a su lado y sin decirle nada comenzó a tocar su rostro. Senku se giro un poco en su dirección e imito al mentalista, pero con mayor dificultad. El rubio acariciaba los golpes en el rostro del otros, mientras Gen delineaba las marcas de la petrificación de Senku.

Gen se tragaba las ganas de llorar. Los moretones le dolían con solo ser tocados, pero ese sentimiento lo estaba generando el rubio. Era una prueba de que estaba ahí.

 

Sin despegar las manos del rostro del otro Senku volvió a sonreír con algo de dificultad.

 

—Por supuesto que estoy bien, te dije que iba a estar vivo al 10 mil millones por ciento…

 

La piel del rubio estaba seca a pesar de la transpiración que la cubría, su piel estaba más fría de lo usual. El mentalista quería abrazarlo con todas sus fuerzas en un inútil esfuerzo por protegerlo, con la esperanza de que ello curara sus heridas, pero sabía que no era posible. Podía ver las manchas de sangre acumularse en los vendajes por el solo haberse girado para tocarlo también. Comenzó a repetirse en la cabeza las palabras que le había dicho Chrome, el ya esta fuera de peligro y necesita descansar.

 

—Por favor no digas eso, sabes que yo no me lo trago. —acaricio las marcas con lentitud, le siguen pareciendo simples tatuajes. —Tienes que descansar.

 

Senku dejó salir otra sonrisa, más personal y triste, esa que solo le mostraba a él. Dejo de acariciar sus moretones e intento agarrar la cabeza del mentalista por ambos costados, el dolor se filtro en su rostro.

Las lagrimas de ambos comenzaron a fluir en silencio.

 

—Me duele mucho Gen.

 

El mentalista lo abrazo con la delicadeza de un mago, prometiéndose así mismo que no le traería dolor a su amado. Cerro los ojos y sintió que al fin llegaba a casa. Una mano le acaricio la espalda.

 

—Estoy tan cansado Gen, no quiero pensar en nada.

 

—Yo también, pero ya estamos juntos. En serio tuve miedo de que no pudiésemos estarlo más.

 

Las lagrimas cesaron poco a poco, se separaron con cuidado y el mentalista ayudo a que Senku se volviera a acostar. Luego se acostó a su lado, el rubio tomo una de sus manos.

 

—¿Cuánto tiempo tenemos Gen? —su voz salía como un hilo preocupado y cansado.

 

Tuvo que decirle la verdad, contarle la situación del equipo y de sus amigos. Tenían que moverse rápido. Acaricio la mano fría que lo apretaba.

 

—A mi me quedan unas horas antes de volver con los demás, pero vos necesitas más tiempo.

 

Guardaron unos minutos de silencio entre ambos, el barco apenas se movía. El silencio se llenó de una calma que estaban buscando desde hacía tiempo y que tanto necesitaban. El sueño comenzaba a adueñarse del mentalista.

 

—¿Me vas a decir que paso allá? —los ojos del rubio se clavaron en los suyos, estaría herido de muerte y agotado, pero se veía el mismo miedo que reflejaban sus propios ojos. El miedo de perderlo.

Intento sonreír, quería dormir.

 

—Eso me gustaría preguntarte a vos Senku-chan. Prometo contarte todo, pero no ahora.

 

Fue un pacto silencioso, necesitaban paz y el uno al otro. Gen se acomodo un poco más cerca del rubio. Senku cerró los ojos, tenían la certeza de que estaba juntos en ese momento. Y era suficiente.

—Si, descansemos un poco.

—Te amo.

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