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Una y otra vez

Summary:

Nadie parece recordar a Naruto a excepción de Sasuke. ¿Se había enamorado de una alucinación acaso?

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

 

Sasuke sonríe sin poder evitarlo una vez que se acomoda en su pupitre, toma su lápiz y comienza a girarlo entre sus dedos distraídamente, quiere volver el rostro al lugar donde Naruto se sienta, aunque sepa de antemano que el pupitre está vacío. El cabeza hueca ese, es incapaz de llegar temprano desde que lo conoció hace un mes.

Un mes.

Cuánto habían cambiado las cosas en tan poco tiempo. Si pudiese definir en que momento se jodió, diría que fue cuando se encontró con sus enormes y expresivos ojos, los mismos que parecieron traspasarle el alma. Él siempre había creído que esas tonterías del amor a primera vista eran un invento, pero ahora no puede menos que aceptarlo como cierto, pues en el instante que cruzaron miradas, sintió como si lo atravesara un rayo. Niega con la cabeza. A él no le quedan esas tontas presunciones baratas del amor, aún así, está enamorado hasta la médula.

Sasuke tiene muy pocos amigos, no es muy afín a la compañía de nadie en particular, su carácter arisco siempre le aleja de todos, y aunque finge indiferencia, la verdad es que se siente solo, terriblemente solo, o bueno, así era antes de Naruto. Esa introspección, le ayuda a entender con estupor y una certeza casi abrumadora, que su corazón estaba desesperado por alguien que hiciera el intento, que lo retara, que no se dejara intimidar por él, que fuera perseverante.

Sonríe de nuevo, esta vez de una forma hermosa, auténtica y sin reparos. Porque si pudiera definir a Naruto en una sola palabra, sería esa: “perseverante”, quizá también unos cuantos adjetivos más, mucho menos decorosos. También debe admitir que el descerebrado ese, besa muy bien, con una maestría que le roba el aliento, que derrumba sus infranqueables murallas y que definitivamente se ha convertido en una adicción.

Suspira, quiere verlo, necesita verlo tanto como respirar, pero no quiere ceder a sus impulsos, se muerde los labios, se acomoda sus hebras ébano detrás de la oreja, juguetea con el lápiz entre sus dedos.

El deseo es más fuerte, el lápiz cae deliberadamente a donde sabe que él debería estar. La sonrisa se borra al encontrarse con un hueco en el aula que a simple vista nunca fue ocupado. El pupitre de Naruto está arrumbado al fondo, cubierto por una gruesa capa de polvo que delata su desuso. Frunce el ceño, no lo entiende. Su desconcierto y frustración puede más que su permanente mutismo, y se dirige a su compañero más cercano.

—Sakura, ¿qué pasó con el pupitre de Naruto?

—¿De qué hablas? —responde aleteando las pestañas de manera coqueta. Sasuke pasa por alto sus intenciones. Un pinchazo de pánico le atenaza el pecho—. Sasuke, ¿estás bien? —inquiere la chica visiblemente preocupada, al ver como el color desaparece del rostro del contrario.

De vuelta en su asiento, Sasuke se fuerza a sí mismo a calmarse. Sakura diría cualquier cosa para acercarse a él, no obstante, no parece ser el tipo de persona que mentiría con algo tan trivial como eso.

Escanea el aula nuevamente al término de su clase de química. Ha perdido la cuenta de las veces que se reprende por no haberle pedido a Naruto su número telefónico o su dirección, es que ni siquiera se le ocurrió pedirle el Facebook (aunque él no use redes sociales). Era Naruto quién irrumpía en la privacidad de su casa, quién se metió hasta en la sopa, quién invadió con seductora sutileza su corazón.

El taller de lectura inicia con la parsimonia ya conocida de Kakashi. El profesor alza una ceja cuando ve a Sasuke acercarse, se da cuenta de que le tiemblan las manos.

—Profesor, dígame, ¿qué le ha pasado a Naruto? —exige más que pregunta, colocando las manos enérgico sobre el escritorio.

El desconcierto en el rostro de Kakashi es evidente, Sasuke reconoce en él, la misma expresión de todos aquellos a los que les ha preguntado por Naruto y entonces, explota.

—¡Naruto Uzumaki! —Se jala los cabellos con impotencia y escupe con la voz quebrada—: Rubio, ojos azules, complexión delgada, risueño y hablador. Ingresó al instituto hace un mes.

Es hasta que escucha su propia respiración agitada, que se da cuenta de que los libros que antes estaban perfectamente acomodados sobre el escritorio, están desperdigados en el suelo. El silencio en el aula es abrumador y sus compañeros le observan como si estuviera loco.

—Sasuke —dice el profesor conciliador, levantándose de su asiento—, vamos a la oficina del director. —Lo toma del hombro, Sasuke se suelta con brusquedad, siente pánico, tiene las mejillas empapadas. Necesita salir de allí.

Sasuke entra a su casa arrastrando los pies, con el corazón latiendo frenético en la garganta, ha corrido más de diez cuadras desde el instituto, por lo que siente los pulmones como rocas calientes, quemándole el pecho. Sin embargo, aquello no explica las lágrimas, que copiosas siguen emanando de sus ojos.

Necesita escuchar desesperadamente la verdad de la única persona que sabe que no le mentiría, y aunque probablemente está ocupado en alguna junta, no puede esperar un segundo más.

Cuando irrumpe en el estudio de su hermano mayor, este inmediatamente se quita sus audífonos y cierra la sesión de zoom, junto con su portátil. Ignora que expresión refleje su rostro para que Itachi haya dejado todo de lado sin rechistar.

—¿Sasuke, que ha ocurrido? —inquiere de rodillas junto a él. Su hermano menor apenas y puede hablar, y sin mediar palabra, Itachi se dedica a abrazarlo con fuerza, masajeando sus omóplatos gentilmente—. Calma, Sasuke.

Después de unos minutos, la respiración de Sasuke parece normalizarse, y sin soltarse del agarre de su hermano pregunta:

—¿Recuerdas a Naruto? —Se aferra a su espalda, temiendo la obvia respuesta.

—¿Por qué es tan importante saber de él? —retruca el mayor, temeroso de decirle a Sasuke que no tiene idea de a quién se refiere, por lo que se inclina por su mejor estrategia, que es indagar antes de contestar.

El cuerpo de Sasuke tiembla en los brazos de Itachi.

—No, no puede ser —solloza sin consuelo—. No puedo estar enamorado de una alucinación. —De pronto, todo le parece demasiado, se suelta con violencia y corre desesperado a su alcoba.

La cabeza le da vueltas, simplemente no puede concebir que nada de eso ocurrió. ¿Cómo pudo no ser real? Lo sentía en la piel, en el corazón, lo ama tanto que duele. Duele tanto que siente que no respira, el estómago se convierte en un hoyo negro que lo consume de a poco, sus piernas flaquean y cae al suelo.

—¡Sasuke, abre por favor!

Los golpes de Itachi en la puerta es lo último que escucha antes de perder el conocimiento.

En algún lugar de su inconsciente, Sasuke logra recrear su primera conversación con Naruto.

—He cruzado océanos de tiempo solo para encontrarte, Sasuke… Madara.*

—¿Alguna vez te ha funcionado eso para tener una cita?

—Lo hizo antes, no veo porque esta vez no. —Naruto ríe rascando su mejilla.

Sasuke observa la escena desde las sombras, como lo haría un espectador, es entonces que lo recuerda, ve a Naruto al pie de un acantilado, pero sus ojos son marrones, su cabello castaño es largo y ondea con el viento del atardecer. Le inquieta la extraña criatura que ve atrás de él.

—¡Hashirama! —grita cuando logra despertar, exaltando a Itachi.

—¿Qué ocurre? ¿Quién es Hashirama? —Itachi humedece un paño y lo coloca en la frente de Sasuke.

—Tengo que salir de aquí, Naruto está en peligro. —Itachi lo toma del brazo, Sasuke se jalonea con fuerza—. Tengo que ir —farfulla desesperado. Hay algo en la mirada de Sasuke que desconcierta a Itachi, finalmente lo suelta.

La luz ocre ilumina los retratos de la familia Uchiha, Itachi observa con mayor atención el que corresponde a su tatarabuelo: Madara.

—Por un momento me pareció… —Niega con la cabeza, descartando su fugaz pensamiento.

Cuando Sasuke llega finalmente a su destino, tiene las manos raspadas, el cabello revuelto y su impoluto uniforme está terroso y lleno de arrugas, esto como única consecuencia de subir una cumbre demasiado escarpada.

Se toma un par de minutos para recuperar el aliento, cuando distingue la silueta de Naruto, sus cabellos dorados enmarcados por la luz tenue del crepúsculo parecen esplender.

El alma regresa al cuerpo, el nudo en su estómago se disuelve, en ese momento corre, corre tanto como se lo permiten sus piernas acalambradas.

Nunca en su vida un abrazo había sido tan profundo, tan necesitado. Crispa sus dedos en la espalda de Naruto, como si temiera que se fuera a desvanecer en cualquier momento.

—Me recordaste, teme. —Las lágrimas de Naruto empapan el cuello de Sasuke—. Me encontraste.

—Claro que sí, tonto. Este era nuestro lugar favorito.

El rostro de Naruto sale de su escondite, y lo besa, se toma su tiempo para saborear sus labios, sus cuerpos se rozan buscando romper la distancia entre ellos. Sin embargo, una quemazón en el cuello de Sasuke lo obliga a apartarse, siente como si tuviera atravesado un hierro al rojo vivo, Naruto también empieza a retorcerse del dolor, doblándose por la mitad, el estómago le arde.

Ambos caen al suelo, sudados. Las olas de fuego al interior de sus cuerpos apenas les permiten abrir los ojos.

—Vaya, vaya —gruñe una voz gutural —. Veo que han logrado deshacerse de la maldición. Es una pena.

De las sombras emerge una bestia, un zorro demonio fornido, con grandes zarpas y fauces gigantescas.

—¿De, de qué hablas? —pregunta Sasuke con dificultad, mientras se intenta poner de pie. El dolor es más soportable.

—Supongo que no lo recuerdas, pero tu vida pasada intentó asesinarme, así que maldije tu amor, condenándote a olvidarlo, y a la persona que más amas a recordarte sin que pueda decir una palabra del embrujo —explica con malicia—. No obstante, veo que es difícil que una maldición surta efecto si se trata de almas gemelas —dice decepcionado, como para sí mismo.

—Pero como nos volvimos a enamorar, decidiste borrar los recuerdos de todos, junto con cualquier evidencia que demostrara la existencia de Naruto. Así que lo secuestraste. —Sasuke curva media sonrisa en una expresión altanera, cruza sus brazos sobre el pecho—. Pero no sirvió de nada, porque pese a tu tonta maldición pude recordarlo.

El zorro gruñe amenazante en respuesta.

—Te, te lo dije, Kurama —Naruto se apoya en el hombro de Sasuke, le cuesta respirar—. Somos el uno para el otro, así hayas borrado los recuerdos de todos, Sasuke y yo estamos destinados a encontrarnos siempre, una y otra vez.

—Que remedio —dice resignado el zorro, mientras su cuerpo se va haciendo traslúcido hasta desvanecerse.

La luna se alza en el firmamento mientras los dedos de Naruto y Sasuke se entrelazan.

—¿Cómo supiste que estaba en este lugar? —pregunta Naruto con curiosidad, al tiempo que observa las luces de la ciudad, por un momento le parece observar el rostro de Madara, impávido y tan arrogante como siempre.

—Ya te lo dije —Sasuke sonríe de lado, también le parece estar viendo a Hashirama a través de los orbes azules—. Este era nuestro lugar favorito, no olvido que aquí me retaste a unas carreras hasta la cima, aquí nos conocimos. Significa mucho para mí. Supongo que el zorro buscaba burlarse de mí, o probar si su maldición podía conmigo.

—Kurama dijo que si no lograbas recordarme antes del ocaso, entonces me llevaría. No iba a permitir que volviera a renacer para encontrarte —dice Naruto alicaído—. Aún así, nunca habría dejado de buscarte. Nunca me habría rendido.

Sasuke sonríe una vez más, las lágrimas amenazan nuevamente con empañar sus ojos, pero esta vez, son una expresión de absoluta felicidad. La maldición se ha acabado.

Ambos ríen al son de las cigarras, se besan, se abrazan.

—Naruto, nunca me olvidaría de ti, ni en esta vida, ni en ninguna otra, te encontraría una y otra vez, sin importar lo que pase —dice Sasuke contra los labios de su amado antes de besarlo nuevamente, aunque se interrumpe al escuchar los gimoteos en la garganta de Naruto—. ¿Qué pasa?

—Eso ha sido lo más hermoso que me has dicho en siglos —chilla con los ojos aguados—. ¿Lo podrías repetir para grabarlo en mi celular?

Sasuke enrojece hasta las orejas.

—Vete a la mierda —farfulla separándose de él—. Debí dejar que el zorro te lleve.

Fin.

Notes:

Bueno, sí bien este fic no es alusivo al cumpleaños de Naruto, no lo quise dejar pasar.