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Caímos en la oscuridad

Summary:

En medio de crecientes tensiones y con Piltover al borde de la guerra, Viktor y Jayce se ven forzados a confrontar una revelación inesperada que cambiará por completo el curso de sus vidas. Sin embargo, la devastación del ataque al Consejo deja heridas más profundas de lo que ambos imaginan, mientras una sombra oscura comienza a envolver a Jayce, llevándolo por un sendero del que tal vez no haya regreso, arrastrando con él a Viktor.

Con Piltover desmoronándose a su alrededor, ¿será su vínculo suficiente para resistir al caos, o la oscuridad los reclamará para siempre?

Chapter 1: Promesa

Notes:

La historia también está disponible en wattpad:
https://www.wattpad.com/story/384534739-ca%C3%ADmos-en-la-oscuridad-jayce-x-viktor

Chapter Text

La sala del consejo de Piltover se encontraba en un silencio tenso mientras poco a poco los consejeros iban levantando la mano, aceptando  la propuesta de Jayce y Viktor cuando, de repente, un destello cegador iluminó la sala. 

Viktor, que estaba junto a Jayce, observó la cegadora luz blanca entrecerrando los ojos. De pronto, una explosión ensordecedora los sacudió, y el estruendo reverberó por toda la sala del consejo.

Vio en cámara lenta, cómo la explosión provocada por Jinx estaba dejado un rastro de devastación.

Pero mientras la destrucción tomaba el control, y Viktor era empujado por la onda expansiva, su mente viajó atrás, hacia el principio de todo, antes de que llegaran a este punto de no retorno.

...

Jayce y Viktor siempre habían sido opuestos en muchos aspectos, pero juntos se complementaban de manera inusual, eran dos mentes brillantes destinadas a cambiar el destino de la ciudad. Con el tiempo, su relación se transformó, convirtiéndose en algo más que unos compañeros de laboratorio, ahora eran pareja.

La relación entre ellos, había atravesado sus propios altibajos. Viktor era inseguro, siempre temeroso de no ser suficiente para su alfa, especialmente cuando su enfermedad comenzaba a tomar más fuerza con cada día que pasaba. Y Jayce, ahora un consejero de Piltover, estaba cada vez más absorbido por su trabajo y en el progreso de la ciudad.

La enfermedad de Viktor se había convertido en su mayor enemigo. El omega había comenzado a notar los efectos con el tiempo: debilidad, falta de energía, un dolor constante en su cuerpo que ni siquiera sus más avanzadas tecnologías podían aliviar por completo. Jayce había hecho todo lo posible, buscando cura tras cura, pero nada parecía funcionar. La desesperación de ambos era cada vez mayor.

Y entonces, el asunto de la guerra con Zaun comenzó a tomar forma. Las tensiones crecían. Los ojos de Piltover estaban puestos en cada decisión que tomaban los consejeros, y el futuro de la ciudad estaba en juego.

Y para empeorar la situación, un día Viktor confirmó lo que más temía...estaba embarazado.

—Mierda... — murmuró, temblando, mientras se sujetaba la cabeza. Había esperado que no fuera cierto, pero ahora no podía negar la realidad al tener en sus manos la prueba de embarazo que marcaba positivo.

Viktor se había cuidado mucho. Durante su último celo, Jayce le había asegurado que le había suministrado su supresor, y también le había dado la pastilla para evitar estos tipos de "accidentes". Viktor confiaba ciegamente en su alfa, pero Jayce luego le había mencionado que cuando le suministró su supresor , su celo nunca había disminuído, sino que se intensificó más. 

La respuesta más lógica era que el núcleo de Hextech que Viktor había usado en su cuerpo pudo haber interferido con la efectividad de los medicamentos. Era una teoría que rondaba en su mente, pero aún no tenía respuestas claras.

—No puede ser... — se repetía a sí mismo. El miedo lo invadía, un miedo que solo aumentaba con la incertidumbre de una posible guerra que se cernía sobre ellos. ¿Cómo podría estar embarazado ahora, cuando afuera todo parecía estar desmoronándose?

En su laboratorio, rodeado de máquinas y fórmulas, Viktor pasó horas sumido en sus pensamientos, dándole vueltas a cada posible escenario. No podía seguir cargando con este secreto solo.

Finalmente, decidió que debía contarle la verdad a su pareja.

...

Esa noche, cuando Jayce llegó a casa, Viktor ya estaba esperándolo. El alfa entró arrastrando los pies, agotado por el trabajo, con la mirada perdida y las manos llenas de documentos.

—Viktor, ya llegué —dijo Jayce, dejando caer las carpetas sobre la mesa. Su cansancio era evidente.

Viktor estaba en la sala, sentado, mirando al vacío, sus ojos reflejando la ansiedad y el miedo. Cuando el alfa se acercó, notó inmediatamente el estado de su omega a causa del olor ácido de las feromonas que desprendía.

—¿Qué pasa, cariño? ¿Estás bien? —preguntó Jayce, alarmado, mientras se acercaba a él y tomaba sus manos.

Viktor, nervioso, abrió la boca, pero las palabras se quedaron atascadas en su garganta. Pasaron unos segundos en silencio hasta que por fin, habló, con voz temblorosa.

—Jayce... hay algo importante que tengo que contarte.

El otro lo miró con preocupación, su pulso acelerado —Dime, qué pasa —respondió, acariciando las manos pálidas de Viktor con delicadeza.

Viktor se quedó en silencio por unos segundos, mirando a su alfa, luchando contra la náusea y el pánico que lo invadían. Al fin, exhaló profundamente y, en un susurro, confesó.

—Jayce... estoy embarazado.

El silencio llenó el espacio entre ellos, y Jayce abrió los ojos, visiblemente impactado. Viktor, tenso, aguardaba la reacción de su alfa, esperando que se desplomara de la sorpresa o que se molestara. Pero no sucedió ninguna de esas cosas.

En lugar de eso, Jayce lo rodeó en un abrazo cálido y comenzó a dejar suaves besos por todo su rostro, sus manos temblaban mientras sostenían a Viktor con ternura.

—¿Viktor... hablas en serio? —preguntó, con una emoción casi palpable en su voz.

—Sí... —murmuró.

Jayce sonrió ampliamente, su voz se quebró al exclamar —Soy el alfa más feliz de este maldito mundo. Vamos a tener un hijo!

—Jayce...espera —Viktor levantó una mano, colocando los dedos contra el pecho de su alfa, deteniéndolo suavemente. Su mirada se oscureció — ¿Te das cuenta de nuestra situación? ¿Cómo piensas criar un bebé cuando no sabemos si mañana estallará una guerra? Tenemos a una  psicópata desatada, el caos ya ha cobrado vidas en esta ciudad. Y mi enfermedad... — las palabras se le ahogaron en la garganta.

Jayce frunció el ceño, y una sombra cruzó sus ojos. Con voz seria, lo interrumpió — No sigas  — El tono de su voz era firme,  pero el dolor que reflejaba era innegable — Yo...siempre he querido una familia, Viktor. Una contigo.

La expresión del omega se llenó de tristeza, y alzó una mano para acunar la mejilla de Jayce. Sabía que sus próximas palabras iban a romper el corazón de su alfa.

—Jayce... también me gustaría formar una familia contigo, pero ahora no es el momento — Respiró hondo, apartando la vista de la mirada suplicante de Jayce — Lo he pensado mucho...no puedo tenerlo.

Viktor sintió el cambio inmediato en las feromonas de su alfa, un amargor que se mezcló con frustración y dolor. Los ojos del más alto lo decían todo.

—¡¿Cómo... cómo puedes decir eso?! —preguntó Jayce, con la voz rota, sacudiendo la cabeza con incredulidad — ¡Es nuestro hijo, Viktor! No puedes simplemente... deshacerte de él.

Viktor intentó explicarse, su voz un susurro — Jayce, es mejor hacerlo ahora. Si espero, el procedimiento será más complicado y...

Pero Jayce ya no podía soportarlo. Se apartó de su omega, el rostro endurecido por la mezcla de emociones, y salió de la casa sin decir una palabra más, el portazo resonando tras de él.

Afuera, Jayce cerró los ojos y respiró hondo, tratando de calmarse. Las palabras de Viktor lo habían herido profundamente, pero sabía que su omega solo estaba asustado y temía por la vida de su hijo. Y aunque sonara egoísta, Jayce no podía abandonar su deseo. Quería intentarlo. Quería hacer cualquier cosa, incluso enfrentar al caos directamente, si eso le permitía formar una familia con Viktor.

Con una resolución renovada, Jayce decidió que haría lo imposible por ofrecerle a Viktor un mundo seguro para que en el futuro, su omega pudiera vivir en paz junto con su hijo.

Jayce entró nuevamente en la casa, y al instante pudo notar que Viktor ya no estaba en la sala, así que se dirigió al cuarto.

Ahí estaba, recostado en la cama, abrazándose el vientre con una expresión que trata de esconder sus emociones. Jayce suspiró, quitándose los zapatos lentamente, y luego se recostó junto a él, sin decir nada al principio, solo sintiendo la cercanía.

—Viktor... siento haber levantado la voz antes —dijo al fin, apenado.

—Está bien —Viktor no apartó la vista, como si se resistiera a ver el dolor reflejado en los ojos de su alfa— Supongo que es normal que reacciones así después de lo que te dije.

Jayce no lo pensó dos veces, lo rodeó con sus brazos, acercándolo más a su pecho.

—Por favor, Viktor... reconsidéralo —su voz se quebró ligeramente — Te lo suplico. Haré lo que sea necesario para protegerte a ti y a nuestro hijo. No dejaré que nada ni nadie les haga daño.

Viktor se aferró al pecho de Jayce, acurrucándose como si encontrara refugio en él, aunque sus palabras seguían llenas de incertidumbre.

—Jayce, tengo miedo — confesó, su voz un susurro.

El alfa empezó a acariciarle la espalda suavemente y le dio un beso en la frente, uno tras otro, con una ternura que casi deshacía las dudas del omega.

—Prometo que todo cambiará —murmuró Jayce, con la convicción de alguien que nunca había perdido la esperanza — Haré que Piltover sea una ciudad segura para que podamos criar a nuestro hijo sin miedo, para que tú y yo podamos tener la vida que siempre soñamos.

Viktor se quedó en silencio, absorbiendo las palabras de su alfa. Siempre había admirado esa luz en Jayce, esa esperanza inquebrantable, la misma que parecía inspirar a todos en Piltover a creer en un futuro mejor.

Mientras Viktor lo escuchaba, una pequeña semilla de ilusión creció en su pecho. Tal vez, pensó, tal vez tener un bebé ahora no fuera tan descabellado. Al final, el solo imaginar a su hijo en brazos de su alfa hacía que la idea de renunciar a esa oportunidad le pareciera insoportable.

Finalmente, miró a Jayce y asintió lentamente.

—Está bien...—dijo en voz baja, sus ojos reflejando una mezcla de temor pero también de esperanza — No interrumpiré el embarazo.

Jayce dejó escapar un suspiro de alivio, y su rostro se iluminó con una alegría palpable. En ese momento, juró que haría lo imposible para proteger a las dos personas más importantes de su vida.

Desde entonces, la vida de ambos cambió. Jayce intentaba estar pendiente de Viktor y su embarazo, pero con sus responsabilidades como consejero en un momento crítico, a menudo no pasaba tanto tiempo en casa como le gustaría. Viktor, aunque lo comprendía, a veces se sentía solo, sin embargo, cada vez que colocaba una mano sobre su vientre, sentía una conexión que renovaba su fuerza. Aunque dedicaba largas horas al laboratorio, ahora seguía estrictamente su horario de comida, cuidando que su bebé creciera sin complicaciones.

Un mes pasó, y aunque el vientre de Viktor apenas era visible, él ya amaba profundamente a su bebé. Jayce, en ocasiones, había descubierto cómo su omega acariciaba su vientre con una sonrisa suave. Esos momentos de ternura privada entre Viktor y su hijo eran algo que Jayce apreciaba en silencio, sin querer interrumpir ese momento especial.

—¿Estás seguro de que quieres asistir a la reunión del consejo? — le preguntó Jayce una mañana, mientras caminaban juntos por el pasillo — Puedo hablar en tu lugar. Es mejor que descanses.

Viktor negó con una leve sonrisa.

— Jayce, solo tengo casi un mes y medio de embarazo. Aún puedo moverme perfectamente con mi bastón — respondió decidido — Además, esta reunión decidirá el futuro de Piltover y Zaun. Quiero estar presente.

Jayce no pudo evitar sonreír. Sabía que su omega era obstinado, y que tratar de disuadirlo sería inútil. Pero aún así, había algo en su interior que no le dejaba estar tranquilo. Desde que se había despertado aquella mañana, un mal presentimiento no dejaba de rondarle la mente.

La sala del consejo estaba cargada de tensión cuando Jayce y Viktor tomaron asiento y comenzó la reunión.

—Hemos sufrido pérdidas y estamos en un punto crítico en esta guerra contra Zaun. Hoy he venido con Viktor, mi omega y un zaunita, para presentarles una última propuesta de paz — dijo Jayce voz firme resonando en el silencio expectante.

Entonces dirigió su mirada a Viktor, quien asintió antes de tomar la palabra.

—Jayce ha negociado la paz con Silco... a cambio de reconocer la independencia de la ciudad subterránea —anunció Viktor, sus ojos recorriendo a cada uno de los consejeros.

—¿Qué? ¡Es una locura! ¡Debemos detenerlo! —exclamó Cassandra, levantándose con indignación.

El resto de los consejeros siguió su ejemplo, rechazando la propuesta entre gritos de furia. El ambiente era tenso y crítico, pero entonces, Mel Medarda se mantuvo en silencio, reflexionando antes de levantar su mano en señal de apoyo.

—Apoyo la propuesta de paz del consejero Talis — declaró Mel con convicción y luego procedió a explicar sus razones.

Los demás consejeros se miraron sorprendidos. Entonces, uno a uno, lentamente se unieron a ella, aceptando a regañadientes el tratado de paz. Jayce sintió su corazón acelerarse, una chispa de esperanza comenzaba a encenderse en él: al fin, la paz parecía posible.

Justo cuando el último voto de apoyo se alzaba, una sombra siniestra pasó fugazmente frente a las ventanas del consejo. Antes de que alguien pudiera reaccionar, un misil estalló contra la sala. La onda expansiva rompió las ventanas y el estruendo se mezcló con gritos de pánico.

Viktor fue lanzado por el impacto. Aterrorizado, instintivamente se cubrió el vientre con ambas manos, protegiendo desesperadamente a su bebé. La visión de los escombros, el caos y los rostros angustiados congeló el tiempo a su alrededor.

Entonces la esperanza de paz se desvaneció en ese instante, dejando solo el eco de la destrucción y un futuro más oscuro...