Actions

Work Header

¿Qué Vas a Hacer Tan Solo Hoy?

Summary:

Dos tontos que se gustan y se hacen novios

Chapter 1: LA ESCENA DE LA FIESTA

Chapter Text

Sabía perfectamente que me estaba comiendo con los ojos a ese rubio que nunca antes había visto por New Jersey. Había llegado junto a Gerard y Geoff pero aún no nos habían presentado, y menos mal que no porque sentía que iba a vomitar hasta el desayuno.

Él seguía sentado en el sofá, sus ojos olivas fijos en su vaso; y dirán ¿pero cómo sabes el color de sus ojos? Muy simple: acabo de hacer contacto visual con él y mi única reacción fue sonrojarme hasta que mi orejas ardieran. Eso no fue muy adulto de mi parte. 

Me vi obligado a apartar la vista y fingir que la pared era de lo más interesante. Aunque mi cabeza mi cabeza encendía todas sus alarmas con la sola presencia de aquel chico, como si el caos perfectamente acomodado de las hebras rubias me atraparan como los brazos mecánicos del Dr. Octopus. Y sus ojos, maldita sea ya estoy hablando de sus ojos, quisiera ahogarme en ese color olivas y que cubriera las paredes de mi habitación y - suspiro - parezco una quinceañera.

"¿Qué miras tanto, Rayito?" la ebria voz de Gerard me sacó de mi ensimismamiento. Estaba parado junto a mí con una botella en la mano y una sonrisa que olía a problemas.

"Nada. Solo... nada," respondí, intentando sonar casual. Gerard alzó una ceja, claramente no se creía nada de lo que salía de mi boca. Maldita amistad.

"Ven, quiero que conozcas a alguien."

No me moví. Mi estómago se contrajo como si supiera a quien se refería. El pelinegro noto mi vacilación y, como cualquier buen amigo, me arrastró hasta aquella persona. "Por Dios, es solo mi hermano, ya te hablé de él. No muerde, a menos que le caigas mal." dijo soltando una risa al final.

Que bien, ahora resulta que me gusta un chico con complejo de perro rabioso.

Una vez que atravesamos el mar de ebrios y gente bailando, llegamos al sofá donde se encontraba sentado aquel rubio que había llamado mi atención.

"Mikey, este es Ray," dijo Gerard, dándome una palmada en el hombro. Mikey levantó la vista lentamente, deteniéndose en mí por un segundo demasiado largo. 

"Hola," mi voz sonaba demasiado aguda. Mikey inclinó la cabeza ligeramente, como si estuviera evaluándome.

"Hola," respondió finalmente, aunque lo dijo con un tono que lo hacía sonar más como una pregunta que como un saludo. El silencio que siguió fue incómodo, al menos para mí. Gerard, por supuesto, no lo notó o no le importó. "Bien, ahora ya se conocen, me voy a buscar otra cerveza. Pórtense bien," dijo, alejándose sin más. Me quedé ahí de pie, sin saber qué hacer. Mikey volvió su atención al vaso, claramente desinteresado en continuar la conversación. 

Me senté a su lado, esperando apaciguar la tensión, pero solo parecía empeorar. "Entonces..." comencé, tratando de que sus ojos no quisieran asesinarme. "¿Eres nuevo por aquí?" Mikey levantó la vista y bueno, ahí estaban sus ojos mirándome con un deje de sarcasmo.

"¿Qué te hace pensar eso?"

"Bueno, no te había visto antes, y Gerard no mencionó que tenía un hermano, bueno no hasta hoy."

"Sí, bueno, Gerard no menciona muchas cosas." Y otra vez el silencio nos envolvió, comenzaba  a pensar que mi presencia era más una molestia, así que hice lo que siempre hago: preguntar cosas estúpidas.

"¿Eres así de lindo con todos o es solo conmigo?" y antes que de me respondiera, le quite el vaso con cerveza barata de la mano y me tome todo de un sentón. Creo que en mi vida tuve un momento tan humilde como este, donde el chico que empezaba a gustarme, me miraba consternado y yo solo tenia la mirada en un vaso de plástico vacío. Agradecía que la gente no notara esta incómoda situación.

"¿Siempre eres así de idiota o es solo conmigo?" Sentí cómo mi rostro se calentaba. Podía haberme levantado y dejado la conversación ahí. Podía haber fingido demencia y hacer como que nunca dije eso. Podía haber hecho tantas cosas y elegí hacer el idiota frente al chico más lindo que mis ojos vieron. "¿Sabes qué? Olvídalo." y se levantó para marcharse, chocando ligeramente con Geoff que lo miro algo desconcertado y luego a mi.

"¿Qué le dijiste?"

Nervioso conteste "Creo que no le caigo bien...". Geoff solo suspiro y me palmeó el hombro como queriendo motivarme ¿a qué?, realmente no lo sé.

[...]

Un estruendo proveniente de la cocina detuvo el ambiente de la fiesta, entonces vi a Geoff y Mikey correr por la sala hasta dicho lugar. Ni siquiera lo pensé, mis piernas se movieron por instinto hacia la cocina y sentía un hormigueo en la punta de mis dedos.

Guau, creo que soy psíquico. Ah, cierto, es la ansiedad.

Apenas empuje la puerta de la cocina, vi a Gerard sobre la mesada con una botella de vodka en una mano, gritando y riendo como maniático. Claro, es Gerard Way, dramático como solo el puede serlo. Geoff tenia los brazos extendidos en caso de que cayera, completamente acostumbrado a la situación.

"Laaaaaaaaaast niiiiiiite, she saaaaid 'oh baby I feel so down, oh it turn me off when I feel left out'. So I, I turned arround..." Gerard estaba cantando, incluso ebrio cantaba bien el desgraciado. "Oh baby, I don't  care no moooore I know this for suuure, I'm walking out that doooooor"

Mikey se llevó una mano al rostro, claramente avergonzado. "Joder, Gerard..." murmuró mientras avanzaba hacia él. "Bájate de ahí," le ordenó, pero el tono firme estaba cubierto de puro agotamiento.

"¡No!" exclamó el pelinegro haciendo un puchero, como si de un niño se tratara. Amago con la botella para volver a tomar su contenido pero esta se resbaló sus manos. El mundo pareció moverse en cámara lenta. Sin pensarlo, estiré una mano y tomé a Mikey del brazo, tirando de él hacia mí justo a tiempo para evitar que la botella lo golpeara. Mi otra mano, casi por instinto, se apoyó en su espalda, manteniéndolo cerca mientras el estruendo de la botella rompiéndose llenaba la cocina.

Mientras tanto, el mayor de los Way, se inclinó hacia adelante, desequilibrado por la pérdida de su preciado accesorio y cayendo directo en los brazos de Geoff, que había reaccionado lo suficientemente rápido para atraparlo. "Por favor, dime que no hay más vodka en esta casa," murmuró mientras ayudaba al pelinegro a ponerse de pie

Mikey se separó de mí rápidamente, sus ojos olivas me veían confundidos y... ¿molestos? "Estoy bien," dijo, como si quisiera dejar en claro que no necesitaba de mi ayuda.

"Claro, sí, yo solo... reaccioné," respondí, soltándolo al instante y levantando ambas manos en señal de disculpa. Mi corazón seguía latiendo rápido, no porque me preocupara por Gerard, sino porque durante un segundo había tenido a su lindo hermano tan cerca que pude sentir el calor de su cuerpo.

Mientras Mikey recogía los vidrios, ignorándome por completo, Geoff se llevó a Gerard, que había comenzado a llorar. Como un niño pequeño, pensé.

El silencio que quedó era pesado, incómodo. Mikey seguía recogiendo los trozos de vidrio y yo me quedé parado como un idiota, sin saber si debía quedarme o salir corriendo. Observe a mi alrededor buscando algo.

Quizás un vaso desechable funcione... 

"Te dije que puedo solo" estaba irritado.

"E-es para botar los vidrios, alguien puede lastimarse..." mi voz entrecortada denotaba mis nervios. Sentía que iba a fallecer, por Dios, voy a morir si me vuelve a hablar.

Mikey levantó la vista por un segundo, evaluándome con esos ojos olivas que parecían perforar mi alma. Luego suspiró, como si estuviera demasiado cansado para seguir discutiendo.

"Está bien. Dámelo," dijo, extendiendo una mano hacia el vaso desechable que tenía en mi mano temblorosa. Mis dedos rozaron los suyos por un breve instante. Un breve instante que mi cerebro decidió estirar por años luz mientras intentaba no perder la compostura.

Mikey se agachó para recoger más vidrios, ignorándome otra vez, pero yo seguía ahí parado como un idiota. Traté de pensar en algo, cualquier cosa, para romper el silencio.

"¿Estas bien?" pregunté finalmente, sintiéndome un poco tonto por el tema tan obvio.

Mikey bufó, una especie de risa seca que no llegaba a ser divertida. "Sí, ¿por qué no lo estaría?"

"No lo sé, yo solo...", me callé. Sus movimientos seguían siendo precisos, casi mecánicos. Había algo en él, en su forma de moverse y hablar, que me hacía sentir como si estuviera caminando sobre hielo delgado. Pero por alguna razón, no quería irme. Algo me retenía ahí.

Cuando terminó de recoger los últimos pedazos, se enderezó y tiró el contenido del vaso en el tacho de basura con un golpe seco. Luego se giró hacia mí, cruzando los brazos.

"¿Tu solo?" me miraba por encima de sus lentes, expectante a mi respuesta

"¿Solo me preocupo?"

Me sostuvo la mirada por un momento que se sintió eterno, y cuando finalmente habló, su tono era ácido, pero no del todo hostil. "¿Por qué?" dijo, ajustando sus lentes.

Me quedé en silencio, sintiendo cómo el peso de su mirada me aplastaba. Era una pregunta simple, directa, pero no tenía una respuesta clara. O al menos no una que no sonara completamente ridícula.

"No sé..." comencé, y me detuve, sintiéndome patético. Pero sus ojos seguían fijos en mí, esperándome. "Supongo que no quiero que pienses que estoy aquí solo para molestar."

Su expresión no cambió de inmediato. Su mirada me evaluaba meticulosamente, como dudando de sus propias respuestas que su lengua soltaba.

"No pienso eso," dijo finalmente, su tono más bajo, casi murmurando. Luego desvió la mirada, como si de repente la conversación lo incomodara tanto como a mí. Un segundo de silencio. Luego, más suave, añadió: "No estoy acostumbrado a que la gente pregunte."

Mis cejas se alzaron, sorprendido por su sinceridad. "Bueno, no parece que lo necesites," e inmediatamente me arrepentí. "¡digo! Pareces alguien que puede con todo."

Me di una cachetada mental y Mikey dejó escapar un bufido. "Dices eso porque no me conoces," y ahí volvió el gato arisco.

"Entonces, tal vez, debería conocerte," solté sin poder evitarlo.

Tonto. Tonto. Tonto.

Otra vez sus olivas me examinaban, sentía que podía ver mis secretos más vergonzosos.

"¿Siempre eres asi de lindo con los desconocidos?"

"Solo con los lindos," respondí antes de pensarlo, y me di cuenta de que tal vez acababa de cavar mi propia tumba.

El rubio solo negó y dijo "Pues, buena suerte con eso."