Chapter Text
Por lo general, era a los 6 o 7 años cuando se tenían que hacer la prueba para determinar qué tipo de casta serían, lo que definía la clase de cuidados o recomendaciones que tendría que tener de ahora en adelante.
Kaji Ren era un niño callado pero explosivo cuya casta no fue sorpresa para nadie: Alfa.
No es que tuviera presencia en donde se parara o que fuera mucho más alto que el resto de los niños, de hecho su apariencia simple lo ocultaba bien como un beta hasta que mostraba su fuerte temperamento; no hacía falta mucho para hacerlo explotar y arremeter contra quién tuviera enfrente.
Casi siempre estaba solo, no muchos querían acercarse ya que era complicado lidiar con alguien tan fluctuante, muchas veces ni siquiera sabían qué lo hacía enojar así que se convirtió en el niño solitario de la clase.
A veces se le veía estar en los columpios con otro chico de cabello rebelde. Aunque Kaji parecía ignorarlo la mayoría del tiempo.
Las cadenas de los juegos rechinaban tanto, que sólo ese sonido los rodeaba.
Kusumi Yuto solía cubrir su garganta con una bufanda, luego comenzó a portar un cubre bocas para cuidar mucho mejor su salud en un intento por revertir el avance de su enfermedad. Sus pequeños ojos se posaron sobre el otro, que ni siquiera hacía intento por balancearse.
-¿Kaji-kun? –la rasposa voz salió de una lastimada garganta e inmediatamente el nombrado se levantó del columpio, optó por su característica pose de pelea con un pie firme frente al otro y espetó:
-¡¿Por qué hablas?! ¡Nos dijeron que no tenías que hacerlo! ¡¿Acaso estás loco?!
Kusumi alzó los hombros divertido, casi se le escapa una pequeña risita que terminó en un feo ataque de tos.
-¡Ves! –le gritó- Tks… ni siquiera puedes cuidarte.
Se acercó al columpio donde Kusumi trataba de lidiar con su tos para poner su mano en la espalda más pequeña, sobándola lentamente, buscando tranquilizarlo.
-Si te enfermas más me van a regañar porque estoy contigo.
Kusumi se irguió de inmediato, apartó a Kaji con su mano libre mientras la otra seguía en su boca.
-Yo diré la verdad –musitó casi con un hilo de voz, ganándose un coscorrón.
-Que no hables.
Kusumi se rió entre labios y tras afinar su garganta, esperó que algo de voz saliera de ella.
-Mi examen de casta… mañana.
Kaji alzó las cejas sorprendido.
Pese a su apariencia frágil, alguna vez lo vio defenderse derribando a dos o tres niños más grandes que él. Además… la manera en que se anteponía a ese tipo de enfermedad…
-Seguro eres un alfa –dijo Kaji volviendo a su columpio.
Kusumi se limitó a alzar los hombros.
Sin embargo, su prueba sanguínea dio “inconclusa” debido a la cantidad de fármacos que estaba tomando. Por recomendación, debería de suspenderlos al menos dos semanas para que su sistema se desintoxicara y poder tener un resultado determinante, algo que sus padres negaron.
-Lo criaremos como un beta –dijeron-, y esperaremos a la pubertad.
Hablar sobre eso, un hijo con una casta indescifrable y una enfermedad progresiva…
-Nuestra prioridad ahora es que mejores –su padre le despeinó su ya alborotado cabello-, alfa u omega, son cosas que no nos importan, tú eres nuestro hijo y eres amado.
Yuto asintió efusivamente, sorbiendo de su nariz porque estaba a punto de llorar.
-Hay un régimen de supresores que te vamos a dar para que tu casta permanezca dormida –su mamá que yacía sentada a su lado le tocó el rostro, para buscar sus ojos-, la descubriremos cuando seas un poco mayor.
Pellizcó su mejilla sonriéndole, dando un poco de confort.
-Mamá y yo esperamos que no te conviertas en un adolescente rebelde –se rió esperanzado para agacharse en sus cuclillas y poder tomar el rostro de su hijo con su mano-, y lo que decidas ser, serás.
Kusumi no lo resistió más y se abalanzó sobre sus padres en un fuerte abrazo.
Y con un hilo rasposo de voz, dijo:
-Los amo.
Justo como sus padres lo habían decidido, Kusumi continúo con el tratamiento médico logrando detener la enfermedad antes de que se llevara por completo sus cuerdas vocales. Podía hablar, pero no más de dos o tres oraciones así que tuvo que aprender formas nuevas de comunicarse.
Por indicaciones médicas, esas pocas palabras las tenía que guardar para cuando hiciera rehabilitación y así poder recuperar su voz.
La adolescencia llegó; Kusumi seguía siendo un chico tranquilo, noble y amable. Antes de tener un teléfono inteligente se limitaba a gesticular para comunicarse, una manía que aún conservaba, al igual que su amistad con Kaji.
-¿Umh? –preguntó Kaji al sentir que Kusumi tiraba de su chaqueta- ¿para mí?
Yuto le tendió una paleta de caramelo macizo.
-De seguro te la dio una niña –Kaji la tomó, apenas iba a abrirla cuando un chico mayor pasó frente a ellos, llamando su atención, casi siguiéndolo enseguida, Kusumi dio un paso pero fue detenido de inmediato-, espera aquí.
Yuto frunció el entrecejo y exhaló fuertemente molesto.
Cruzó los brazos, limitándose a “esperar” mientras veía a Kaji acercarse tímidamente a ese otro sujeto de dientes afilados.
Gruñó irritado, pateó el suelo e intentaba pensar en otra cosa que no fuera la sensación de ser reemplazado. Pero fue imposible.
Decidió acercarse pero a cada paso que daba, podía percibir un ligero aroma a duraznos en el viento que iba a su dirección, tranquilizándolo, era Kaji que consciente de haberlo detenido, enviaba un poco de su aroma para que entendiera que todo estaba bien.
Pese a eso, Kusumi seguía sintiendo la necesidad de ir y decir algo (porque estaba decidido a hacerlo), pero el tipo de dientes afilados se despidió de Kaji, se giró y se fue, así que Yuto tuvo que afinar su garganta para llamarle la atención.
-Es Hiigari-sempai –susurró sin dejar de ver cómo el otro se perdía al girar en una esquina-, dijo que tenía boletos para un concierto al que quiero ir.
Kusumi se apresuró a tomar su teléfono.
“Nunca lo mencionaste (・_・;) ni el concierto ni a él”
-Oh… –Kaji se giró para retomar su camino-, nos hicimos amigos en Splasface hace poco más de un mes por el concierto que te digo, es todo.
-¿Todo? –susurró con su voz ronca.
-Hay un grupo en Splashface de gente que quiere ir al concierto de The Stampeda y está organizando un camión, por eso lo agregué y estoy tratando de ser su amigo.
-Mmm…
-Me encantaría invitarte pero seguro habrá muchos gritos y no quiero que lastimes tu garganta.
Las mejillas de Kusumi se tornaron rositas, casi olvidando el hecho de que Kaji buscaba a otro.
Volvió a tomar su teléfono para escribir un interrogatorio pero una mano se posó sobre la pantalla, haciendo que lo bajara para mirarlo directamente.
-No tienes nada de qué preocuparte –dijo-, ni siquiera estoy seguro de poder pagar todo eso.
Tomó la paleta que minutos antes le había entregado.
-Es amable conmigo y… aparte de ti, nadie más lo había sido. Quizá por eso me emocioné.
Entonces Kusumi se sintió un poco tonto y enojado consigo.
-Si no supiera que eres un Alfa, me hubiera sorprendido bastante esa actitud posesiva.
Yuto salió de su burbuja de culpabilidad para mirarlo.
“¿Alfa?”
Gesticuló con los labios.
Sin embargo, Kaji no pudo interpretarlo por lo que se limitó a sonreírle antes de llevarse la paleta a la boca.
¿Kaji-kun piensa que soy un alfa?
