Work Text:
Dear Santa…
—Nunca he celebrado navidad…—
Draina abre los ojos al escuchar las palabras de Harriet, estas parecen hacer eco y rebotar en la silenciosa habitación.
—¿Ni con los Weasley? — cuestiona Draina extrañada y el suspiro pesado de Harriet le hace arquear una ceja.
—Me invitan cada año…pero…no me siento a gusto. No son mi familia, son la familia de Ron. — dice la morena, sus brazos estrechando alrededor de Draina cuando esconde el rostro en su hombro. —Son muy amables, pero…me refiero a que la experiencia familiar de las fiestas, yo nunca…mis tíos no me dejaban…ser parte de la familia realmente ¿sabes?
Draina frunce el ceño, pequeñas anécdotas de Harriet le han hecho ver que su vida familiar no es la mejor, y le frustra.
¿Cómo es que esta dulce chica ha pasado tan terrible infancia?
No es justo.
—Tendrás tus propias fiestas, una familia para compartirlas en el futuro… — dice Draina con suavidad, acomodándose en sus brazos para estar de frente. La manta cayó al suelo, pero ninguna se movió para recogerla.
—cuando seas más grande, Harriet… formaras tu hogar, tu familia y podrás festejar las fiestas como tu quieras. —susurra Draina sincera, hablando al cabello de la morena. El aroma de la poción colándose por su nariz. — hasta entonces…podemos pasar nuestras fiestas aquí…tu y yo.
Draina siente a Harriet sonreír contra su hombro, murmurando un suave.
—Solo tu y yo…
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“Creo que eso no se podrá ¿No, Harriet? “
Draina sonríe divertida, apoyada en el umbral de su sala mientras observa divertida al par acostado sobre la alfombra.
Harriet se ríe junto a su hijo, su pequeño Scorpius, quien balbucea palabras a medias mientras traza sobre un papel con su crayón. Su pequeño esta vestido con un mameluco de dragón verde pastel,que hace juego con la pijama completa de dragón verde oscuro de Harriet.
Se ven ridículamente adorables, calientitos y cómodos.
Puede o no que Draina sienta celos, ya que sus dedos están entumecidos del frío, pero ni loca se pone una pijama así.
Para eso puede abrazar a su esposa o a su hijo.
O a los dos.
Con esa cálida abominación de la moda son como cálidos peluches gigantes.
—¿Qué están haciendo? —cuestiona en voz alta, captando la atención del par de individuos.
La indignación.
Hasta ahora se dan cuenta de su regreso.
Podría estar más molesta, algo indignada si no viera el rostro de Harriet y Scorpius iluminarse. Los ojos verdes de su niño brillando emocionado mientras corre hacia ella con sus pasitos cortos.
—¡Mamá! —Chilla Scorpius al abrazar su pierna, su rostro y emoción infantil derritiendo el corazón de la rubia. Draina se inclina para levantar a su retoño, quien le rodea el cuello con ambos brazos y deja un tronado beso en su mejilla.
Por un segundo, Draina cree que va a llorar de lo lindo y cariñoso que es su Scorpius.
—Bienvenida a casa. — susurra Harriet, ahora siendo ella quien deja un tronado beso en sus labios y desliza las manos alrededor de la cintura de Draina.
Al sentir sus mejillas calientes, Draina se maldijo internamente. Nunca se acostumbra a lo cariñosa que puede ser Harriet y siempre le agarra desprevenida.
—¿Cómo te fue en la reunión? — pregunta Harriet con curiosidad, los mechones de su corto cabello balanceándose cuando inclina el rostro.
—Bien… la línea de cremas infantiles parece ir por buen camino, es posible abrir un nuevo almacén para estás pronto. —Cuenta de forma distraída, restándole importancia al asunto cuando Scorpius comenzó a balbucear, agitando un papel frente a ella. Draina lo toma curiosa, observando la enorme cantidad de tachones coloridos. —¿Pasaron la tarde dibujando?
—¿Si…? —Harriet se ríe, dejando un beso en su frente. — Adelantando un poco las tradiciones navideñas…hicimos su carta para Santa. —
Harriet sonríe, como si no hubiera dicho tremenda tontería que hizo a Draina arquear una ceja divertida.
—Harriet, Scorpius apenas tiene un año.
—Eso no significa que no pueda hacerle un lindo dibujo a Santa…el cual guardará en ese bonito álbum de recuerdos de él. —dice la castaña cantarina, dejando otro beso en la frente de Draina antes de apartarse. —Te hice té verde. —
Su voz hace eco desde la cocina y Draina suspira, porque si alguna vez piensa que se casó con una idiota, Harriet le demuestra lo dedicada que puede ser.
Scorpius juega con su cabello, balbuceando con su carita brillante y al mirarlo a los ojos, verdes como los de Harriet, Draina piensa en lo mucho que las cosas han cambiado a través de los años.
Las noches de pesadillas, las largas y dolorosas charlas, los ataques de pánico parecen todas cosas de un pasado lejano, de otra vida de la que costó sudor y lágrimas alejarse.
Pero pudieron hacerlo.
Aunque a veces las dificultades parecían demasiadas, la vida que tiene ahora realmente valió el reto.
Solo que no todo puede ser perfecto.
Recuerda el pánico aquella noche que la prueba dio positiva. Sabía que entre los magos del mismo sexo no es imposible un embarazo, pero lleva de tanta dedicación que los embarazos sorpresa no eran comunes.
Pero por supuesto, Harriet no puede hacer nada tradicionalmente y su absurda cantidad de magia les jugó en contra.
Draina estaba lista para asesinar a Harriet si la castaña empezaba con sus tonterías, sabía el motivo de su divorcio anterior (tiene a Pansy, la mariposa social, como mejor amiga) y le preocupó enormemente cómo reaccionaría a su embarazo.
Preocupación se quedó corto, estaba aterrorizada.
La idea que Harriet la dejará paso más de una vez por su cabeza, y al final, no pudo pasar la noche sin contarle o la ansiedad se la comería viva.
Y Harriet…se lo tomó bien, tan bien que Draina pensó haberse quedado dormida por un segundo hasta que otra conversación incómoda empezó. El pasado había dejado huellas y a la mala tuvieron que aprender la importancia de la comunicación.
Sus inquietudes, sus miedos, sus preocupaciones…todo quedó sobre la mesa esa noche.
Harriet se indignó profundamente cuando Draina admitió su temor de que los abandonara. En su defensa, la castaña tiene el historial de huirle a la maternidad.
Gracias a Merlín sus temores desaparecieron con los meses, Harriet los hizo desaparecer al demostrar día y noche su dedicación en el embarazo y la crianza de Scorpius.
Era gracioso como paso de huir de la maternidad a aventarse de cabeza en esta.
—¿Draina?
La rubia pestañea, la mirada curiosa de su hijo en ella mientras vuelve a sus sentidos.
—Voy—dice con suavidad al volverse hacia la cocina.
Draina sonríe agradecida cuando Harriet le pasa una taza de su té preferido, dejando un beso en la frente de Scorpius antes de comenzar a platicar sobre su día, sobre el bebé, de todo y nada.
Draina sonríe para sí misma, agradeciendo internamente por esta cálida normalidad.
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En la noche, los dedos de Harriet se deslizan de forma distraída sobre el cabello de Draina, quien duerme plácidamente junto a ella.
La castaña no puede dormir.
Su mirada fija sobre el papel doblado en su mesa de noche, el tono amarillento de este delata su antigüedad y las letras casi invisibles por el desgaste del carboncillo.
Sin embargo,Harriet recuerda perfectamente aquella carta.
Fue la última carta que escribió en su infancia, pidiendo el único regalo que quería en su infancia.
“Querido santa…
Por favor, solo quiero una familia, personas que me quieran mucho y yo las pueda querer de vuelta.
-Harriet”
Como esa carta había sobrevivido en sus cosas, no tenía idea.
Pero al ver a la mujer dormida junto a ella, recordar el pequeño retoño de ambas, Harriet sonríe con los ojos llenos de lágrimas
—Gracias, Santa…
